martes, 24 de marzo de 2026

§No me lo creo

¿Pero qué nos habíamos creído? ¿Pensamos de verdad que el hecho de estar en manos de locos no iba a tener ninguna consecuencia? ¿De dónde narices parte la ingenua creencia de que delegar el poder en figuras inestables, extremistas o irracionales no va a tener consecuencias catastróficas?. La Historia nos dice que dejar el liderazgo de un país en tales manos suele llevar a crisis profundas, desmantelamiento de instituciones y sufrimiento. El problema deviene de que la gente no se entera de que todos los asuntos importantes suelen tener soluciones complejas y multifactoriales. Pero no le digas eso a nadie para convencerle, porque le "complicas" la vida y le induces a pensar que es cortito de entendederas. Por eso buscará a quien le dé la solución sencilla y rápida, aunque sea más falsa que un billete de tres euros. Y así acabamos creyendo que de los problemas que enturbian nuestro futuro tienen la culpa los inmigrantes, las feministas, la igualdad, el ecologismo y el toro que mató a Manolete, pero nunca los que dirigen el cotarro. Como los niños, necesitamos que nos cuenten cuentos para poder dormir o cerramos los ojos para no ver a los monstruos. No ansiamos la verdad, sino certezas, aunque no existan. Y la certeza total es la marca del idiota. Las decisiones de Trump no son sólo un apartado en la sección de "internacional" desde el momento que sus "guerras comerciales" nos encarecen la vida, perjudican nuestras exportaciones o dañan a nuestras empresas. Su apoyo a Israel contra Irán ya se ha colado en nuestra cesta de la compra y en el recibo del banco y aligeran nuestra cartera. La guerra de Irán ya ha disparado el coste energético. Eso actúa como un acelerador de partículas sobre la inflación -que se dispara- encareciéndolo todo, hasta los fertilizantes que terminan determinando el precio de los garbanzos. Además, ha aterrorizado a los mercados financieros: el Euríbor ha comenzado a escalar y, con ello, a encarecer las hipotecas. Las bolsas ya han empezado a darse los primeros batacazos. Las previsiones de crecimiento económico se recortan. La logística internacional enfrenta un escenario crítico y ya se habla de desabastecimiento de componentes estratégicos. Las aseguradoras han comenzado a aplicar primas de riesgo bélico sobre barcos y aviones, un sobrecoste que termina repercutiendo en el precio final de productos tecnológicos, textiles e industriales. Y, por si fuera poco, las medidas anticrisis, que suponen importantes rebajas fiscales y ayudas directas a transportistas, agricultores, ganaderos y pescadores, suponen una reducción de los ingresos del Estado y un aumento de los gastos, con el consecuente efecto negativo sobre la inversión y las políticas sociales. Pues nada, a disfrutar de lo votado.

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