domingo, 1 de marzo de 2026

Poema de Pablo de Olavide

 ¡Oh día grande de la luz eterna!

¡Día sin fin!, la noche en ti no alterna,

quizá va a despuntar tu primer rayo,

yo te espero sin ansia ni desmayo;

se acabarán mis males pasajeros,

y empezarán los bienes verdaderos.


Yo aspiro a un trono de inmortal grandeza,

trono que nunca acaba cuando empieza,

y debo con mis méritos ganarlo;

yo he sido delincuente, debo expiarlo.

Yo me dirijo a celestial destino,

fuerza es sufrir las penas del camino.


¿Qué importa que esta vida deleznable

se pase en la amargura,

si de vida mejor y perdurable

puedo ganar con ella la dulzura?

El mal dura muy poco, y con la muerte

en corona de gloria se convierte

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