sábado, 23 de mayo de 2026

Mirar el pasado.

La Primera Guerra Mundial fue, en gran medida, un conflicto por el dominio colonial, el resultado de la feroz competencia entre las potencias por expandir sus imperios en África y Asia. Sin despreciar el papel jugado por el nacionalismo. Jean Jaurès, el líder socialista francés que estaba haciendo todo lo posible por evitar la guerra, fue asesinado por un ultranacionalista el 31 de julio de 1914. El 4 de agosto Francia entra en la guerra. La lección es clara: para ir a la guerra, antes hay que eliminar a quienes se oponen a ella. En 1917 la revolución triunfó en Rusia. Pero su ideología ya corría por las venas de buena parte del cuerpo social europeo. Para derrotarla, la burguesía alentó el crecimiento del ultranacionalismo totalitario. La revolución fue cercenada por la socialdemocracia, aliada al nazismo, en Alemania; por el fascismo en Italia o por regímenes reaccionarios en Hungría y otros países del Este. En España, en 1936, el golpe militar no se produjo porque hubiera una revolución inminente. No había un plan insurreccional preparado. Fue el propio golpe, al romper el Estado republicano, el que desencadenó la "revolución": ocupaciones de tierras, colectivización de fábricas, entrada de los anarquistas en el gobierno..., mientras los comunistas llamaban a la moderación. El golpe no se hizo para evitar una revolución sino para garantizar el mantenimiento de los privilegios de la burguesía industrial, los grandes propietarios agrarios, el ejército o la Iglesia. Fue la brutal reacción de una derecha fascistizada para recuperar el poder en manos del Frente Popular. Deberíamos aprender de todo esto. Porque esos conflictos no han desaparecido. El nacionalismo, la tentación de la guerra como solución, el auge del fascismo... Tenemos que mirar al pasado, no como un cementerio de errores ajenos, sino como un laboratorio de posibilidades no cerradas. Debemos aprender del cielo de las utopías y de las ruinas de los fracasos. El pasado no está muerto y ni tan siquiera es pasado. Está ahí dispuesto a devorarnos.

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