La subida de VOX en las encuestas electorales es inversamente proporcional al interés real que este engendro político tiene por los problemas reales de la gente. La paradoja es que cuanto más maltrata la ultraderecha a la clase trabajadora y media baja, más apoyo recibe de ellos. Supongo que es el resultado de una combinación de ignorancia, voluntad autolesiva, carencias cognitivas y servilismo genético social. Supongo que el mismo tipo de gente que hace 200 años expresaban aquello de "lejos de nosotros la peligrosa novedad de discurrir", exigían ¡Pan y toros! o gritaban ¡Vivan las caenas!, son los "muertos de ideas" que hoy votan a Vox para que los machaque mañana. Cuando un puñado de fulanos desenganchó los caballos de la carroza real de Fernando VII y se ataron ellos mismos para jalarla al grito de “¡Vivan las cadenas!”, escenificaron lo que quería gran parte de un pueblo iletrado y sometido a los señores y la Iglesia: cargarse la Constitución de 1812 y devolver el poder absoluto al corrupto, felón e imbécil de turno. Cambiar lo desconocido por lo viejo; el liberalismo por el Antiguo Régimen; la oportunidad por la atrofia; el poder ser por el miedo. Pues parece que hemos vuelto a eso. Hace unos días, el Congreso dio luz verde a la revalorización de las pensiones con el único voto contrario -¡sorpresa!- de los de Abascal. Por otro lado, el escudo social y el decreto para topar precios en situaciones de emergencia fue tumbado por PP, Junts y Vox. Es la alianza de las derechas contra los trabajadores. Es el anuncio de lo que harán cuando gobiernen. Lo que ya hicieron antes: congelar pensiones, no subir salarios, retirar ayudas a los parados, empeorar las condiciones de trabajo, abaratar el despido, fomentar el trabajo-salario basura, empeorar la sanidad y educación pública, favorecer a los que más tienen y, por supuesto, rebajar impuestos a los ricos. ¿Cuáles de estas medidas creen los "tiesos" que van a mejorar su vida? La estulticia no tiene límites. Podemos oír a gente que aplaude al humorista Manu Sánchez por su discurso a favor de los público e, inmediatamente, decir que van a votar a los fascistas que a diario lo insultan y amenazan en cuentas de ultraderecha. Porque su idea -que se enteren los incautos- es destruir lo público y hacer una España al servicio de los "señoritos". Me ahogan los síntomas de esta decadente y necia sociedad. Enferma y masoquista, egoísta, servil con los poderosos y complaciente con los imbéciles. A veces pienso que el problema no es el miedo, es la que falta de agallas. Es el perro que aceptan que lo encadenen para que le den de comer las sobras. No me duele cuando nos insultan de Despeñaperros para arriba llamándonos vagos, flojos o incompetentes, porque no es en absoluto cierto. Me duele lo que siento en mi propia tierra, que se nos hincha el pecho cada vez que hablamos de ella pero que la hemos convertido en el paraíso de arrieros, acémilas y sinvergüenzas.
sábado, 28 de febrero de 2026
viernes, 27 de febrero de 2026
*Puaf, que cultura
La cultura Puaf es la defendida por los peores habitantes del planeta, por aquellos que niegan el cambio climático y proponen el regreso sin complejos a las energías fósiles, a contaminar con total libertad, con empeño y deleite, aunque reviente el mundo, mueran todas las especies y el ser humano quede reducido a ejemplares sueltos refugiados en ciudades subterráneas. Es igual que los ríos dejen de tener vida, incluso que carezcan de agua, da lo mismo que los árboles desaparezcan, enfermen o queden como reliquias en los jardines botánicos, es indiferente que sólo las ratas, las moscas y los humanos seamos los únicos seres vivos de la Tierra, no importa nada porque aquí se trata de aplicar los principios del neodarwinismo a las personas, es decir sólo subsistirán, en un mundo superpoblado, los más cabrones, los más miserables, los más hideputas, quedando extinguidos para siempre aquellos que muestren empatía hacia los que sufren o padecen necesidad
*Cultura Puaf
*Creer y no poder.
Posiblemente, para mí desgracia, yo no creo en dios. Bueno, últimamente ya ni en casi nada. Recuerdo tomar la primera comunión, que fue casi la última, pensando el tremendo teatrillo de pseudocanibalismo que era aquel rito. Comer el cuerpo de Cristo y beber su sangre. ¡Qué barbaridad!. Después fui comprobando como se podía convertir la fe en una simple superficialidad, un "culto a los oropeles", acentuando la importancia de joyas, quincallas y perifollos, convirtiendo la relación con Dios en una especie de contrato mercantil donde se intercambian favores por promesas. Reniego del cristianismo de "escaparate", de la fe vivida solo a través de tradiciones externas, procesiones pomposas, romerías festivas o el lujo en ornamentos litúrgicos. Es un cristianismo estético y materialista disfrazado de una falsa espiritualidad sentimentaloide. Ello con la necesaria complicidad de unos adeptos, en su mayoría, totalmente ignorantes de los principios básicos que sustentan su fé. No tengo intención de ofender a nadie por sus creencias pero me parece tremendamente ridículo venerar a una -o muchas- imágenes antropomorfas centrándose en sus valores estéticos, en la opulencia de sus ornamentos, en su supuesto carácter milagroso, la excesiva devoción a objetos materiales (imágenes, medallas, reliquias)... Todo esto está a un paso del culto politeísta y la idolatría. Me niego a creer que la tremenda complejidad del universo y nuestra propia existencia se explique a partir de una carpintería en Nazaret. En fin, que nunca he podido elegir creer y eso me ha dejado solo y desamparado frente a la certeza de un mundo cruel y una especie humana deleznable y destructiva. Ser escéptico y descreído es un inconveniente a la hora de echar las culpas a otro ente de nuestras calamidades, sea una deidad o muchas, sea la magia o una alineación de planetas (¡menuda poyada!). No, hombre, no. Ya está bien de pensar que las cosas pasan "porque Dios quiere", "gracias a Dios", que "Dios quiera o no lo quiera", "que es su voluntad". De ignorar su responsabilidad en guerras con miles de muertos o accidentes con decenas de fallecidos pero agradecerle supuestos, indemostrables y hasta ridículos milagros con ánimo de lucro. Toda la responsabilidad sobre lo que nos pasa recae en nosotros, en el prójimo y en el azar, no podemos culpar a nadie más ni buscar consuelo en el cosmos para descargarnos y sentir que algo más grande nos dirige. Es una actitud irresponsable e infantiloide. Quedamos así como simples animalitos, que nacen y mueren, sin sentido ni propósito.
*Salvar al soldado Borbón
Estamos en plena operación de rehabilitación del Emérito con vistas a su "regreso triunfal". El montaje se inicia con la visita de Aznar con el rey emérito en febrero, publicando una imagen en redes sociales donde lo ensalza como el "Rey de las libertades y la democracia" en España. Ya sabemos qué significado real tienen estos términos para quién sigue manteniendo que en Irak había armas de destrucción masiva o qué ETA fue la autora intelectual de los atentados del 11M. Pura bazofia. Pero entre truhanes anda el juego y el Borbón ha buscado ayuda entre sus afines ideológicos de menor exigencia ética. La desclasificación de los archivos del 23F es otro paso en la operación, bien aprovechada por ciertos sectores políticos para intentar rehabilitar la imagen de Juan Carlos. Los "papeles" que lo involucran en el golpe de estado han volado. Feijóo, en su papel de felpudo, ha aprovechado la desclasificación para pedir su regreso del emérito a España. En un mensaje en la red social X, Feijóo afirma que "sería deseable que el Rey Emérito regresara a España para pasar la última etapa de su vida con dignidad y en su país", destacando su supuesto papel en el 23F. Esta petición no es aislada: el PSOE, siempre tan servil a la Corona, no se opone, aunque marca distancias: "la decisión de si regresa o no a España depende exclusivamente de él", ha dicho el gobierno y que nunca se le ha impedido volver. ¿Dignidad? ¿Para quien lleva toda una vida de mentiras e indignidades? ¿En su país, ese al que ha defraudado fiscalmente y traicionado teniendo cuentas en paraísos fiscales? Juan Carlos I no merece un regreso triunfal; merece un juicio por sus actos. Todos. Su implicación en el 23F -ampliamente demostrada por historiadores, periodistas y biógrafos independientes- es solo la punta del iceberg de una vida marcada por el abuso de poder, el desenfreno sexual y la corrupción económica. Hablemos claro: sus escándalos sexuales evidencian que es un putero compulsivo. Según informes del Ejército español, entre 1976 y 1994, mantuvo relaciones con "2.154" mujeres. No le fue fiel a la reina Sofía ni en su luna de miel. Esta adicción al sexo no es anécdota; es un patrón de abuso de privilegios que lo convierten en un personaje indigno. Peor aún son sus escándalos económicos, que revelan a un ladrón que saqueó fondos públicos y privados. En el golpe de Estado el rey no fue un héroe, fue un oportunista que traicionó a sus secuaces cuando vió que no tenían un apoyo masivo y que aprovechó para salvar su corona cuando el plan se torció. Como su abuelo, como su bisabuela, como otros Borbones impresentables, éste se merece el exilio auto impuesto. El pueblo español no debe aceptar su regreso. Juan Carlos I es un golpista, un putero y un ladrón que debería ser juzgado, no rehabilitado. Basta ya de blanqueo: su legado es de vergüenza, no de gloria. Pero claro, el pueblo español ha sido siempre servil, tiene políticos expertos en genuflexión, unas enormes tragaderas y, ahora, está entregado al populismo radical de derechas. De hecho, no está ya de vuelta porque el PP no está en el poder. Pero, tranquilos, que su impunidad está asegurada. Y si Franco resulta ahora que es bueno, Juan Carlos será declarado rey ejemplar con poderes de superhéroe y seguiremos pagándole sus caprichos y sus vicios.
jueves, 26 de febrero de 2026
*Mierda mediática
El lema clásico del periodismo y los medios de comunicación, especialmente en radio y televisión, de "informar, formar y entretener" parece que se ha trocado por el de desinformar, deformar y envilecer. En el actual campo de la información hay barra libre para cualquier basura mientras sirva a los intereses de los grandes poderes y de sus sicarios. Disfrazada bajo la máscara de la libertad de expresión, se ha instalado una maloliente libertad de mentir, calumniar, insultar y engañar: una bien engrasada maquinaria de manipulación. A su servicio encontramos un diligente ejército de pseudoperiodistas y opinadore que son en realidad troles con patente de corso. Dedicados en cuerpo y alma a proclamar el evangelio del neoliberalismo autoritario y la privatización de todo lo que se menee, son curiosamente beneficiarios de suculentas subvenciones públicas otorgadas por sus marionetistas. Maravillosa ilustración de esa colaboración público-privada en la que tanto creen las derechas. A los periodistas conservadores honrados les debe doler ver cómo esta fauna degrada un oficio a priori hermoso, anegándolo en un lodazal de miseria moral. Pero logran que las falacias y falsedades que repiten machaconamente acaban calando, dejando huella en la mente. Las vomitan a diario, machaconamente, para que no subsistan dudas. Por otro lado, lo que no aparece en sus medios no existe. Las plataformas mediáticas ejercen un monopolio del discurso, consiguiendo que solo se hable de aquello a lo que dan cancha. Independientemente de que se trate de exageraciones, semiverdades o mentiras cochinas, pues hace tiempo que la verdad y el periodismo sellaron su divorcio. Su plan de choque se basa en cuatro pilares: "Todo va mal, todo se hace mal, vamos al desastre" como método de asaltar el poder; la desregulación del sector privado; la privatización de cualquier servicio público rentabilizable; y el recorte sin precedentes de la fiscalidad de ricos y grandes empresas complementado con acentuadas podas del gasto público. Eso por por no hablar de la incesante labor de blanqueo del fascismo puro y duro, transformado por la magia catódica en centroderecha. Así va el mundo.
*Jóvenes y materialismo
No me gusta generalizar. No es justo. Pero percibo que un gran porcentaje de jóvenes carecen de orientación, de interés, de valores éticos, de empuje. Esto les está reservado a minorías. En los demás prevalece la apatía, el vivir al día, el no querer complicarse la vida, las ganas de divertirse exclusivamente. Leen poco o nada; piensan poco o nada; y, para ellos, el sexo, los amigos, las videoconsolas, los conciertos masivos, botellones y otras drogas son la expresión de lo que se puede aspirar en este mundo. Porque, a lo mejor, la culpa no es sólo suya. No esperan tener un trabajo digno (los contratos basura son otro éxito del gran capital) ni se les facilita el ser independientes con la suficiente garantía laboral como para permitirse formar una familia o tener su propia vivienda (su precio inasequible, un nuevo éxito del gran capital). Sin duda, esto explica bastantes de sus actitudes escapistas -suicidios incluidos-, aunque no se pueden justificar por ello. Pero no solamente los jóvenes. Estamos al límite en un barco que se hunde. Pero la conciencia de la mayoría de los pasajeros (nosotros) duerme. Sonámbula, anda metida en lo material, el consumismo, el hedonismo irresponsable, atrapada en las tradiciones religiosas y mundanas, ausentes de valores espirituales, y en la información bazofia que se le suministran a diario por los medios. Pero la conciencia puede despertar. ¿Cómo hacerlo después de la traición social que mantiene el neoliberalismo en todo el planeta?… Despertando la conciencia mediante la práctica de las leyes espirituales. Hay muchos caminos para llegar al mismo destino; la cuestión es que cada uno busque el suyo para finalmente transformarse en alguien más noble, más desinteresado, más divino y menos “humano, demasiado humano”.
miércoles, 25 de febrero de 2026
*Suicidio climático
Para los científicos más prestigiosos y expertos en este tema -al contrario de lo que ocurre con los charlatanes de barra de bar, los desalmados políticos de derechas radical y los cuñaos varios, hemos llegado al límite.el cambio climático está aquí y es tan irreversible como sus catastróficas consecuencias. Sólo queda actuar para retrasar las y minimizar el desastre. El problema es que hay políticos entregados a la causa del populismo extremo y la estupidez, mientras otros sólo se preocupan de hacer cálculos electorales. Todos ellos se hallan extremadamente presionados -algunos con gusto- por los poderes del gran capital mundial y local y por las diferentes mafias (cada vez más próximas a los anteriores). Así, los políticos sucumben a sus presiones, convirtiéndose en meros conseguidores de obras públicas y gestores del gran capital multinacional de la energía, las industrias químicas, farmacéuticas, de alta tecnología y la construcción. Son rehenes de los grandes grupos financieros y bancarios que -junto a los anteriores- pagan tantas de sus campañas electorales y les permiten mantenerse en el poder. Así, el capitalismo globalizador ha triunfado en todas partes (globalización no es otra cosa que la mundialización del poder de los ricos), pero sus consecuencias son aterradoras por lo que tienen de políticas suicidas, crisis social e imposición de modelos ideológicos y culturales que favorecen el desarme moral de las sociedades. En España conocemos cada vez mejor las consecuencias de la violencia climática: Danas recurrentes, alternancia de sequías extremas e inundaciones cada vez más frecuentes, prolongadas olas de calor, olas de incendios cada vez más voraces... La revista Nature acaba de publicar que los horribles efectos de la DANA de Valencia fueron fruto del cambio climático. El tren de borrascas que acaba de inundar Andalucía y destrozar cultivos e infraestructuras en el último mes son también, probablemente, efecto del cambio climático. Nuestras infraestructuras están dando muestras de dificultades de adaptación a estas condiciones meteorológicas inéditas, porque fueron proyectadas para circunstancias "normales”. Quizás solo sea coincidencia que el carril partido en Adamuz esté en la zona de España que sufre las olas de calor más intensas del continente. Un estudio de la Universidad de Mannheim y el Banco Central Europeo nos muestra que España es el país europeo más vulnerable a las pérdidas económicas debidas a los fenómenos asociados al cambio climático, acumulando más de la cuarta parte de la factura de la UE de 43.000 millones de euros. Y subiendo. Este dinero podría usarse para mantener y mejorar nuestras infraestructuras. Sin embargo, la respuesta del PP y Vox no puede ser más irracional y suicida. El PP acaba de certificar por escrito su giro negacionista afirmando en su documento marco para pactar con Vox que “Rechazamos las políticas climáticas que destruyen empleo, encarecen la energía y expulsan a la industria.” Da igual que esté demostrado que las políticas climáticas crean empleo neto, estén abaratando la energía a niveles desconocidos antes en España y en Europa y estén generando toda una nueva industria alrededor de las renovables y la economía circular. Todo vale para acceder al poder pero lo acabaremos pagando todos. Y muy caro.
martes, 24 de febrero de 2026
*Papanatas e iluminados.
Definitivamente los necios, ignorantes y engreídos, sin principios ni moral, han asaltado el poder. Al parecer con el doble objetivo de satisfacer sus caprichos y jodernos a todos. En su desvergüenza no se cortan un pelo en soltar bravatas y emitir opiniones y sentencias que oscilan entre la estupidez y la chulería, pero que producen siempre vergüenza ajena. Ahí tenemos a Trump. Cualquier narcisista, en su necesidad de admiración, atención constante y validación de su importancia, habla de si mismo o presume de sus logros. Él ningunea a la comunidad internacional, insulta a otros mandatarios, secuestra jefes de estado o amenaza con intervenciones militares. Ahora reclama atención con la posibilidad de una operación militar contra Irán. El Pentágono le ha advertido de los riesgos de una operación que podría convertirse en una intervención prolongada y con múltiples bajas estadounidenses. Su respuesta ha sido "desmentir", con una mentira, la existencia de discrepancias internas y asegurar que, si decide ir a por ello, sería "una victoria fácil". Como si de un partido de fútbol o una mano de parchís se tratase. Cero preocupación por las víctimas que ello produciría. Ni propias ni, mucho menos, ajenas. El mismo día, el embajador de EE.UU. en Israel, Mike Huckabee, un "pájaro" que ejerce de pastor bautista, causa un enorme revuelo diplomático al defender que el Génesis es un contrato con el pueblo elegido que avala la violación del derecho internacional. Y para que no quepa duda de su estulticia mental y su nula empatía con las víctimas, añade: "Estaría bien si se lo quedaran todo". Este tipejo, avalado por el propio Trump, defiende la estúpida canallada de que el derecho bíblico de los judíos, el "pueblo elegido", a quedarse con la llamada Tierra Prometida. Este cenutrio entiende que el Génesis es un contrato de propiedad en toda regla y puede cumplirse. Es decir, antepone un estúpido derecho celestial por encima del derecho terrenal de otros pobladores, como los palestinos. Para qué queremos normas de derecho internacional pudiendo echar mano de la ridícula interpretación que de un texto bíblico pueda hacer un papanatas que se cree, como su jefe supremo, un iluminado.
lunes, 23 de febrero de 2026
*Tiempos de anormalidad y caos.
Si algún término puede definir la época que vivimos ese es el de caos, real o simulado , que ese es otro tema. Pero el caos no es un accidente, es el campo de batalla favorable donde el liberalismo salvaje ha decidido librar la batalla por el futuro. Y va ganando por goleada. Día a día van abonando el caos. El objetivo es borrar la normalidad, tal como la conocíamos, y sembrar el camino de problemas que nos envuelvan y atosiguen para que lo establecido se desmorone, los paradigmas colapsen y la incertidumbre se convierte en la única constante. Un paso previo es estimular la sensación de desorden. Para ello la realidad se mezcla con la ficción y la posverdad en las noticias y en las redes sociales. Ambas se utilizan para lanzar fake news, ganar elecciones o normalizar realidades paralelas generadas por la inteligencia artificial al servicio de un tecnofeudalismo que redefine el trabajo, el ocio, las relaciones sociales y hasta las conciencias. Sus dueños diseñan los algoritmos "configurando" el escenario que más les favorece. Y este no es otro que un estado creciente de incertidumbre y caos. Las redes sociales se están volviendo incompatibles con un sistema democrático y unas relaciones sociales saludables. Esta es la esencia de nuestro tiempo. No es que hayan interrumpido la normalidad, es que la han desmantelado. El caos no es un accidente, es una condición necesaria. Nuestros tiempos se escriben con la gramática de la fuerza y el argumento de la mentira. La concentración violenta de los bienes globales en manos de una minoría es el objetivo. Los ciudadanos libres empiezan a ser una ficción. La mayoría apuesta por una falsa libertad basada en el consumo y el capricho de sus pulsiones y se entrega, en su condición de siervo, a los antojos de su señor.
*¿Eternidad?, menudo planazo
A veces estoy tentado de envidiar esa fe irracional que busca consuelo en otra vida. Sin embargo, pronto derivó a pensar que la muerte no deja de ser lo que da sentido a nuestra vida. Sin ese término la existencia sería un "sin vivir" tremenda y eternamente aburrido. ¿Qué sería de la felicidad sin mediar las desdichas o de las alegrías sin conocer las penas? Concebir un estado en que no sentimos ni experimentamos padecimiento alguno no me parece ningún planazo. Al parecer cuando nos anestesian severamente ni siquiera soñamos. Eso parece ser la muerte, solo que ya no volvemos a despertar. Nadie ha dado testimonio directo de lo que ocurre al morir. Desde el más allá me refiero, pues no me fío de los que cuentan que vieron "luces" desde el más acá. Todo indica que con la muerte volvemos al origen previo a nuestro nacimiento, dado que perdemos la conciencia. Lo único demostrable es que la vida es el único paraíso que tenemos garantizado, pese a nuestro empeño por convertirlo en un infierno. No entiendo el concepto materialista de la "salvación" y siempre he considerado más meritorio comportarse bien sin esperar ninguna recompensa en diferido por ello. Transferir a una dudosa eternidad la resolución de las injusticias, nunca me ha parecido algo muy juicioso y es algo de lo que únicamente se han sólido beneficiar los poderosos, al sofocar con esa promesa posibles revoluciones. Reitero que una beatitud eterna sin sufrimiento ni preocupaciones no me parece un planazo. En el "mercado" del más allá algunas religiones prometen cosas más tangibles y concretas como 72 vírgenes. Pero nadie que esté en sus cabales u obsesionado por acabar con su sufrimiento, tiene prisa por abandonar este valle de lágrimas. Ni siquiera quienes aguardan verse recompensados por sus buenas obras y cuentan con entrar en el reino de los cielos.
*Lo que quiero
Creo que el problema de mucha gente es que no sabe lo que quiere. Yo lo tengo claro. Yo lo que quiero es levantarme todos los días sin sobresaltos. Quiero no vivir días históricos ni que a cada hora no haya una "Última hora". Quiero dejar de etiquetar y de que me etiqueten. Quiero no seguir engañándome y que los demás tampoco se dejen engañar. Quiero huir de los que sólo hablan para imponerte su sectaria manera de entender el mundo. Quiero sobremesas hablando de libros, de viajes, de aventuras, de sueños o de bricolaje. Quiero que los teatros se llenen y los parlamentos se vacíen de teatro. Quiero que la gente vea la tele para formarse o para entretenerse, no para dejarse adoctrinar o para encabronarse. Quiero relatos más humanos y menos épicos. Quiero manifestaciones donde la gente acuda con el lema "Por ellos" y no que coree el "A por ellos". Quiero que nadie me dicte lo que tengo que pensar, que decir, que hacer o que sentir. Quiero que los opinadores esclerotizados dejen de opinar. Quiero que el Gran Hermano me deje de observar. Quiero que nadie se flipe por salir en el Tik Tok. Quiero que dejemos de perder tanta energía en temas estúpidos. Quiero que la represión se le aplique a los represores. Quiero que se castigue a los que usan el nombre de la Libertad en vano. dejar de vivir semanas decisivas. Quiero balcones con macetas, no con banderas. Quiero aburrirme. Quiero dejar de estar en un bar escuchando a gente insultando a otra gente. Quiero que haya más celos que recelos. Quiero que la astucia no sea la virtud de los que mandan. Quiero que los extraños dejen de velar por mis intereses. Quiero más autocrítica. Quiero menos prietas las filas. Quiero pasos atrás y escuchar más aquello de "vamos a hablar". Quiero que los que no quieren la paz me dejen en paz. Quiero pensar que vivo en el mejor país del mundo porque aquí está la gente más humana y solidaria. Quiero que lo más seguro de mi patria no sean sus fronteras. Quiero que mi patria sean mis amigos y la gente buena. Quiero que los salvapatrias se salven ellos solos, que es lo que ya acostumbran a hacer. Quiero dar menos vivas a las patrias y más vivas a los novios. Quiero que nacer en un sitio sea una casualidad y no te dé derecho a ser más que nadie. Quiero descansar en paz mucho antes de que a alguien se le ocurra deseármelo cuando ya no pueda oírlo.
domingo, 22 de febrero de 2026
*Preguntas
Decía José Manuel Caballero Bonald que "el que no tiene dudas es lo más parecido a un imbécil". Ahí lo dejo. Pero, desde luego, yo no confío en la gente que sólo tiene certezas, en los que no creen necesario hacerse preguntas. Aunque, a veces, pienso si preguntar sirve para algo. Me refiero a preguntar sin más. Sabiendo no solo que no tienes la respuesta, sino que, quizás, ni siquiera quieres encontrarla porque te da miedo. Incluso que eso no es lo importante ahora, que no es tiempo de preguntas y respuestas sino de actuar. Porque lo que ocurre, fundamentalmente, es que no las hay. Respuestas acertadas. Certeras. No hay. Aún así me pregunto. ¿Por qué impacta más el sufrimiento de una persona que el de un pueblo? ¿Dónde se enganchan los sufrimientos ajenos que nos duelen? ¿No es, en realidad, la historia de la humanidad una historia de masacres? Preguntas. ¿Cuántos gritos son necesarios antes de decir basta? ¿Cuántos silencios? ¿Por qué siempre tengo la sensación de que, ante una agresión, hubo alguien que no contribuyó a frenarla? ¿Desde cuándo la injusticia puede contar con multitudes? Preguntas. ¿Se puede vencer al odio? ¿Tiene más fuerza el odio o el amor? ¿Cuál ayuda más a la vida? ¿Cuál regala más noches de insomnio? ¿A quién?. No sé. Quizás. No sé. Tal vez. Preguntas. No hay respuestas. Sólo un balbuceo. Otra pregunta. Un titubeo. El balbuceo de una pregunta. Fundamentalmente titubeante. Una pregunta certera. Sin respuesta. No cualquier pregunta. Una que plantea dudas. Vacilaciones. Pero la gran pregunta es si el balbuceo de una pregunta sirve para algo. Tal vez. Quizás. Pero así no vamos a ninguna parte.
viernes, 20 de febrero de 2026
*Guardiola
María Guardiola se ha convertido en una campeona de la genuflexión. La elección ha sido fácil: gobernar o mantener tus principios. Eso, si es que alguna vez los ha tenido. Di que sí, Guardiola. Qué importa el feminismo. Qué importan tus palabras del pasado, tus principios y tus línea rojas. A la política se ha venido a gobernar, como sea, al precio que sea. Olvídate de tus antiguas declaraciones, de aquella dignidad impostada. Debían ser las hormonas de la política novel. En 2024 ya rebajaste tus exigencias éticas respecto a la ultraderecha. Entonces disfrazaste de "responsabilidad" lo que sólo fue una reducción voluntaria de tus estándares morales. ¡Al carajo tus principios de responsabilidad! Ocupar los salones de La Casa del Río bien vale una misa al diablo. Ahora, directamente, te has bajado las bragas. Para conseguir cerrar un acuerdo de gobierno, afirmas que tu feminismo es el feminismo que defiende Vox. Claro que si, ese feminismo que acabas de abrazar es como el antirracismo del ku klux klan (con X de Vox), el veganismo de los caníbales o el pro judaismo de los nazis. Qué lejos quedan, Guardiolita, aquellos días en que -decías- te resistías a dejar entrar el Gobierno "a quienes niegan la violencia machista". ¿Qué será lo próximo, Guardiola? En 2024 Vox rompió contigo porque aceptaste el reparto de menores no acompañados desde Canarias. Seguro que recuerdas las bazofia propagandística de Abascal: "No seremos cómplices ni de los robos, ni de los machetazos, ni de las violaciones". Entonces, tú clamaste "contra quienes están deshumanizando a los inmigrantes, contra los discursos que pretenden enfrentar a la sociedad utilizando a los más vulnerables". ¡Qué bonito! Pero, sigue haciendo memoria, Guardiola. También denunciaste a aquellos que "tiran a la papelera la bandera LGTBI". Ahora, tú y tu PP ultra, os plegáis ante una ultraderecha inmisericorde. Abascal se burla de las profesoras que padecen los chavales, esas que tratan de inculcar unos mínimos valores anti machistas. Adoctrinar, lo llama él. ¿A quién defiendes ahora, Guardiola? Ya sólo te falta decir, leyendo el guión de VOX, que te parece bien que la Gestapo, digo el ICE de Trump, deporte de un centro de migrantes a un bebé de dos meses que llegó vomitando y con bronquitis. Cosas veredes.
jueves, 19 de febrero de 2026
El fascismo prospera en sociedades trastornadas
Sucedió hace casi un siglo y vuelve a suceder ahora. La ultraderecha para llegar al poder necesita crear sociedades trastornadas por una combinación de odios, miedos imaginarios y confusionismo ideológico. Es una ideología que sólo prospera en terreno abonado por el trastorno colectivo: sociedades desorientadas, desesperanzadas por la incertidumbre y manipuladas por una maquinaria discursiva que sustituye la complejidad por la simplificación demagógica y la mentira. Ningún proyecto autoritario nació de la estabilidad. De ahí su obsesión por fabricar enemigos imaginarios: amenazas que no existen pero que logran resultar más reales que los hechos. La ultraderecha no necesita que exista un problema. Ya lo crea ella. Primero se inventa el peligro, después lo exagera con su propaganda y lo hace, no sólo real, sino prioritario para mucha gente. Cuando los demás partidos acuden a desmentir, matizar o rectificar, ya es tarde: la sociedad ya ha aceptado el terreno sobre el que se libra la batalla, con la inestimable ayuda de los medios ultras, los falsamente equidistantes y los que contribuyen a blanquear el fascismo. Las redes y los medios, necesitados de polémica continua, funcionan como altavoces voluntarios de la ficción. Cada réplica, cada comentario indignado, es una confirmación del guion. Y en el centro del escenario, los inventores del problema contemplan cómo el resto de actores giran en torno a su creación. La ultraderecha ha logrado colonizar el espacio del debate. La incertidumbre, abre una grieta en la realidad, la ultraderecha introduce su oferta de falsas certezas consoladoras mezcladas con una nostalgia por un pasado que nunca existió. Y lo hace siempre con un lenguaje de guerra cultural que niega toda racionalidad, apropiándose del léxico democrático para fines reaccionarios: llamar libertad a la explotación, patriotismo a la intolerancia, y sentido común al odio sistemático. La ultraderecha prescinde de razonar, de debatir, de convencer. Ellos sólo quieren aumentar el trastorno social hasta que la democracia pierda su sentido para liquidarla. Y lo están consiguiendo.
martes, 17 de febrero de 2026
*Síndrome de burnout ciudadano
Últimamente detecto a mucha gente cansada. Es un cansancio producto de su agotamiento mental, que se manifiesta en irritabilidad, negativismo, desmotivación, ansiedad, incluso aislamiento. La base de su malestar es, simplemente, el hecho de vivir en este mundo y en esta época. Son ciudadanos "quemados". No tienen grandes problemas. Sólo tienen conciencia política aderezada con un poco de coherencia, un buen chorro de responsabilidad y una pizca de ética. Es comprensible. Te dispones a comer y enciendes la tele para ver las noticias. Y aquí empieza la espiral "destructiva". Abren con “Nacional”. Hablan de inmigración. Políticos sin escrúpulos vomitan eslóganes y consignas que no contienen ni un ápice de humanidad. El pulso y la respiración se empiezan a acelerar. ¿Cómo todavía hoy alguien puede relacionar color de piel y delincuencia? ¿Desde cuándo salvar a gente en alta mar es un delito?. Sientes asco. Pasan a vivienda. La irritabilidad va en aumento. Cuentan como mucha gente que trabaja ocho, diez horas, cinco y seis días a la semana, no puede ni comprar ni alquilar vivienda. Cuando exponen las causas y los mismos políticos de antes presentan sus soluciones, sientes que te toman el pelo. ¡Falta vivienda. Hay que construir!, proclaman. Pero, ¿cómo pueden mentir tan descaradamente cuando en España hay 3,8 millones de viviendas vacías y 400.000 pisos turísticos legalizados? No quieren resolver el problema de la vivienda sino seguir alimentando el negocio inmobiliario. Las noticias avanzan. Listas de espera. Centros de salud saturados. Falta de personal. Urgencias desbordadas. Atención primaria exprimida. Aulas masificadas. Profesorado quemado. La Dependencia atascada... ¿Es que sólo tu ves como merman los servicios públicos? Y, por si fuera poco, llegan los “liberales” de plató y de redes con su ruido perpetuo, presentando los impuestos como “robo”, los recortes como “eficiencia”, la 'libertad" como justificación de los canallas. Y la culpa siempre mirando hacia abajo. Todo ello adornado con noticias sueltas para repasar los pilares del catecismo del miedo: inseguridad ciudadana, precios, okupación... Cuando llega el tiempo de "internacional", el terror aumenta: Ya no hay respeto a las normas del derecho internacional, ni voluntad de acuerdos, nl de convivencia pacífica, la “seguridad” se esfuma, cada vez más países se entregan al veneno de la ultraderecha. Todo se descompone. Hasta "el tiempo" produce desasosiego. Es un "suceso" más, mientras prosperan los negacionistas del cambio climático, los medios "conservadores" dan más credibilidad a un tipo que predice con las cabañuelas y los ultras acosan y amenazan a los meteorólogos. Termina el informativo y te quedas con una mezcla rarísima: cansancio, irritabilidad, tristeza, cinismo, ganas de discutir, de gritar y ganas de desaparecer. Es el síndrome de burnout del ciudadano. Ese que surge de de ver cómo se normaliza lo que debería ser intolerable.
lunes, 16 de febrero de 2026
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Hace un tiempo me reenviaron un vídeo. En él aparecía dos jóvenes. Uno comenzaba diciendo (aproximadamente): "Ahora lo chulo es ser facha". Mientras, su colega, con aire de matón y brazo en alto, añadía a gritos: "Sí, orgullosos de ser de VOX. Odiamos a los "imigrantes" (sic), queremos que se "piren" de nuestra patria, igual que los maricones y las putas feminazis". Lo primero que pensé fue: Han sustituido la voz por la coz. Pero después me dije: "Les conozco". Del instituto. Hace unos años. Eran dos chavales que, según el día, intentaban "porculizarte" la clase o pasaban desapercibidos en ella, siempre apáticos, indolentes, mal hablados, de orgullosa ignorancia y de una rebosante mediocridad. Por el vídeo era evidente que se habían convertido en hienas del rencor. Supongo que era su forma de evitar reconocerse como unos "mierdas integrales" (Por lo menos es lo que a mí me demostraron
Y más a los compañeros a los que acosaban). Supongo que gente así necesita víctimas a las que pisotear para sentirse superiores a alguien, para creer que escapan del último escalón de la escoria social. Su ideario es un batiburrillo de contradicciones, un ideario simple basado en el racismo, la homofobia, el clasismo, el rechazo al feminismo y al diferente, al cambio climático o todo lo que suene a ciencia, a conocimiento que "yo no tengo" y otros si, y abrazando la exaltación al macho y a la patria, a la ley del más fuerte, al individualismo, la competitividad feroz y la necesidad de mano dura. La misma que siempre ellos han rechazado. ¡Pufffff! Un cóctel irracional asentado en su analfabetismo funcional, en su desconocimiento total de la historia y los fundamentos ideológicos, que los lleva, por ejemplo, a hacer el saludo nazi, a decir que aman a una patria de la que desconocen su historia, su geografía, su cultura... ¡Pero que mierda de amor es ese que se tiene a algo de lo que no se sabe nada! Hoy ser rebelde, es ser reaccionario sin fundamentos. ¿Qué hemos hecho para crear semejantes energúmenos? Quizás delegar responsabilidades. O aceptar como inmutables determinadas situaciones. Así, a chavales como éstos no los ha educado nadie. Bueno sí, los ha acabado educando la jauría de las redes. Y, por este camino, pronto las elecciones serán como la elección de delegados de clase cuando se presenta el alumno chungo, disruptivo, bocón, chulito, sacamantecas, ignorante y engreído. Su victoria estaba casi asegurada gracias a una curiosa mezcla de falsa rebeldía, miedo, pretendida broma y estúpida fascinación.
No saber leer y admirar el franquismo
Leo las declaraciones de una profesora que dice: “Tengo alumnos de 3⁰ de la ESO que no saben leer. Enseño cosas que yo hacía en quinto de primaria”. Al menos para mí, sorpresa cero. Es el resultado de un sistema pusilánime, que ha comprado las recetas de laboratorio de gentes poco acostumbradas a la briega diaria en el aula, buenista sin límites, entregada a los deseos, exigencias y caprichos de progenitores y alumnos, plegada a los mandatos de interés económico de la OCDE y donde el aprendizaje real dejó de ser importante hace mucho tiempo. Y claro, todo esto acaba teniendo graves consecuencias sociales. O es que nadie relaciona -por ejemplo- está ignorancia sobrevenida de un sistema fallido con fenómenos como el crecimiento de los negacionismos o con aberraciones como que un porcentaje creciente de jóvenes crea que el franquismo fue bueno o muy bueno. Este sistema ha propiciado que la falta de conocimientos (y de falta de compresión, y reducida capacidad de análisis y razonamiento, y carencia de espíritu crítico...) cree un vacío que es rellenado por mensajes simples que llegan de espacios ajenos a la escuela: sobre todo de las redes sociales, internet... Y no tanto porque los adolescentes sean manipulables y no tengan capacidad crítica. La tienen. Sino porque cuando el conocimiento es borroso es más fácil llenarlo por quienes mandan mensajes claros y directos que están diseñados para manipular y adoctrinar. La enseñanza del franquismo en la escuela ha estado y sigue estando llena de ausencias y silencios. Gracias a ello se puede tener el título de la ESO sin saber prácticamente nada sobre el franquismo, sin haber reflexionado sobre qué supone vivir en un país en el que hubo una dictadura hace unas pocas décadas. Sin conocer qué había antes de la guerra ni qué la provocó. Sin saber que vivimos 40 años en un sistema de falta de derechos y libertades. Un alumno puede acabar la ESO habiendo dedicado más tiempo a estudiar el imperio bizantino que la dictadura franquista; conociendo más cosas de Anubis que de Franco; sabiendo más de cómo era la vida en una aldea de la baja Edad Media que de cómo se vivía en los años 40 o 50 en España. Y, claro, cuando un joven apenas sabe nada sobre ese periodo de la historia, cuando apenas ha dedicado tiempo para pensar, preguntar, debatir, interiorizar... cuando nadie, de manera objetiva, le ha hablado sobre una parte de la historia que duele, que debería doler. Sin entender qué significa que no puedas expresar tus ideas en voz alta, qué significa no tener libertad. Sin comprender qué es vivir en un país con censura. Sin saber qué supuso el exilio para quienes se vieron obligados a marcharse. Sin pensar sobre las torturas. Sin reflexionar sobre por qué hay personas asesinadas que siguen enterradas bajo tierra y familiares que las buscan... Entonces, cualquier imbécil le puede convencer de que todo eso era bueno.
sábado, 14 de febrero de 2026
Espinosa de las Monterías
Los ilusos que de verdad se creen que la ultraderecha quiere encaramarse al poder para mejorar la vida del "pueblo", deberían de leer un poco y dejar de inyectarse en vena la bazofia propagandística y las continuas mentiras que salen de la boca de esta gente. Ellos hacen una política en negativo: Todo está mal, todo es un desastre, todo se hunde. La culpa la tienen las minorías, los que no piensan como ellos -si a lo que hace esta gente se le puede llamar pensar-, por eso berrean continuamente contra los inmigrantes, contra el feminismo, contra los que hablamos de cambio climático... Nunca les oirás, en sus arengas políticas, preocuparse en positivo por las cosas que dan de comer -de vivir- al "pueblo". No los encontrarás nunca entre los partidarios de subir salarios o pensiones, de garantizar los derechos de los trabajadores, de proteger la educación o la sanidad pública... Y cuando abren la boca para hablar de sus propuestas (de las reales, no de esa pócima fantástica que como charlatanes de feria venden para que les votes) se les ve el plumero, se les nota su naturaleza de lobo debajo de su falsa piel de cordero y es para echarse a temblar. Es lo que ocurre con el tema de las pensiones. Desde hace ya tiempo, el ultra Espinosa de los Monteros ha iniciado una campaña contra las pensiones públicas. Según él y su mentalidad ultraliberal, el sistema de pensiones español es potencialmente insostenible y lo compara con una "estafa piramidal". Y vaticina que ni las generaciones actuales ni las futuras pueden esperar recibir una pensión bajo el sistema actual. La inquina del hijo del marqués de Valtierra contra las pensiones públicas viene de lejos. En 2023 acusaba en el Congreso a los defensores de revalorizar las pensiones conforme al IPC de "comunistas". Imagínese el iluso pensionista votante de VOX lo que ocurrirá cuando la actualización de su pensión dependa de esta gente. No, estos amantes de "su" buena vida, no quieren quitar "paguitas" a los inmigrantes, a los pobres o a tu madre que cobra una pensión asistencial para que tú vivas mejor. No, estos "salvadores" de la patria lo que quieren es machacar las pensiones y todo gasto público para no pagar impuestos y que el dinero disponible para lo que a ellos les interesa sea más. Y, si las pensiones públicas no son viables, ¿cuál es la solución? Pues, después de reducir el gasto "improductivo" (según ellos) del Estado, el déficit y la deuda pública (¿no te suena esto de los recortes masivos?), la panacea está en que te hagas un plan privado de pensiones... desde el mismo día de tu nacimiento. Sólo tienes que tener un capitalito inicial de 3000 euritos, depositarlos en una cuenta indexada, un producto de inversión diseñado para replicar el comportamiento de un índice bursátil de referencia y esperar 65 años a que esa banca benéfica sin ánimo de lucro que tenemos, esa bolsa y esos mercados nada volátiles, esos fondos de inversión que son la recreación económica de Teresa de Calcuta y la llamada "magia" del interés compuesto, te produzcan una rentabilidad anual sostenida del 7,2 % en términos reales, lo que significa que dicho rendimiento ya descuenta el efecto de la inflación, con lo que te jubilarás con una pensión vitalicia de 3.000 euros mensuales. ¿Qué puede fallar? Qué se lo pregunten a los chilenos, cuyo sistema de pensiones privadas implantado en los años 80 por Pinochet fracasó estrepitosamente, produciendo limosnas en vez de pensiones y obligando a volver al sistema público. Pero, Don Espinosa de "las Monterías", ¿y si no tengo esos 3000 euros?. Pues entonces es que serás un pobretón y, como a todos los pobretones sólo te queda trabajar por un salario de mierda hasta que revientes. O, ¿quién crees tu que va a realizar los trabajos de los inmigrantes cuando los expulsemos?
viernes, 13 de febrero de 2026
Ayuso la grotesca
De existir, estoy seguro que el premio a la persona más necia, engreída, soberbia, tóxica y narcisista del orbe, se lo darían a Ayuso. Y, acto seguido, iría rauda a ofrecérselo a Trump después de sacarle brillo y besarle el culo. Su última y provocadora payasada ha sido anunciar la entrega de la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid a Estados Unidos. Es decir, a Trump. Debe ser su forma de agradecer su entrada en el "club MAGA" -ese club ultraderechista que odia a Europa y la democracia- en un acto -más bien aquelarre ultra- celebrado en la mansión del presidente de Estados Unidos en Florida. Estuvo allí acompañada por fascistas declarados como Javier Negre o Milei, ese psicópata enloquecido al que también le dió esa medalla. El único objetivo político de Ayuso parece ser "joder" a Sánchez, aunque para ello tenga que hacer el más espantoso ridículo, como decir que EE.UU. recibe la medalla por "ser el faro del mundo libre”. Por muchos incondicionales que esta payasa tenga, sólo es un personaje infame, grotesco y ridículo que solo destaca cuando utiliza su conocido tono macarra, zafio y grotesco. Lo grotesco de alguien como Ayuso está tanto en la naturaleza de lo que dice como en cómo lo dice en cuanto le ponen un micrófono al alcance de su boca y un auditorio dispuesto y absorto a escuchar sus típicos clichés, mentiras y topicazos superficiales de tono provocador y chulesco. Ayuso es un pelele disfrazado de líder político, dibujado como un payaso, manipulado como un muñeco de guiñol, como un bufón que busca el aplauso fácil de sus recalcitrantes y la pleitesía de su prensa a sueldo. Me parece que en ella confluyen, desde la soberanía infame hasta la autoridad ridícula, todas las gradaciones de lo que podría llamarse la indignidad grotesca y ridícula del poder. En un contexto político como el nuestro, herido de superficialidad, crispación y falta de visión, Ayuso es paradigma de la falta de altura de la cultura política y del estado de la ética de muchos de nuestros políticos.
Clase media como constructo
Llamémosla, Antoñita la Fantástica, cree que sus padres, policía municipal y limpiadora, eran clase media porque pudieron criar a tres hijos, tener un utilitario, pagar vacaciones modestas y comprar un pisito VPO de 70 m². Tenían todo lo básico, pero nada sobraba. Había esfuerzo, ascensor social, fe en el estudio. Ella consiguió ser maestra y ascender un peldaño en la escala social. Ahora -cree ella- es clase media "premiun". Pero no se da cuenta de que todo eso describe una coyuntura histórica, no una clase social. La clase no se define por si puedes ir a la playa una semana al año, tener un piso hipotecado o conducir un SUP de renting. Se define por tu posición en el sistema productivo. Y eso no es una opinión ideológica, es economía política básica, como bien saben los que declararon la muerte de la lucha de clases y venden, para engatusar a ilusos que, hasta el límite de los barrios de chabolas, todo es clase media. La cosa es muy sencilla de entender: Si tus ingresos dependen exclusivamente de vender tu fuerza de trabajo a una persona, empresa o institución que te paga un salario y si, al dejar de trabajar, tu sustento desaparece, eres clase trabajadora. Te guste o no. Y si el término te parece un insulto, tienes un problema: eres un clasista que no tiene donde caerse muerto. También puedes optar por hacerte "emprendedor" y autoexplotarte como autónomo, pudiendo así presumir de que eres empresario, un status especial, "la leche" en materia social. La confusión está en tomar el consumo como criterio de clase. Coche, ropa, vacaciones... Pero el consumo es efecto del salario. Llamarse clase media por poder consumir ciertos bienes es adoptar una creencia social, no una categoría económica. Ahí entra algo más profundo: la falsa autopercepción. Los parapetos del Estado del Bienestar, la asistencia médica y la educación universal, tener un móvil en la mano, un coche financiado, un armario petado de ropa low cost, unas rayban de imitación, pagarse unos días en la playa o frecuentar un restaurante del montón, piensan algunos que les acredita como clase media. Ahora muchos piensan que la clase media está siendo destruida. Pero la verdad es que buena parte de quienes se creyeron clase media nunca dejaron de ser trabajadores asalariados. Lo que no puede ser más digno. De lo que no se dan cuenta es que su percepción solo demuestra que, cuando el Estado regula y redistribuye, la vida del asalariado puede parecer otra cosa. Pero cuando los mercados comienzan a fagocitar las defensas de un estado del bienestar que aspiran a destruir, la percepción de que las cosas van bien se hunde. Y si la ultraderecha se encarama al poder la clase media aspiración al, simplemente, implosionará.
jueves, 12 de febrero de 2026
Infraestructuras y cambio climático
Aquí somos muchos de acordarnos de Santa Bárbara sólo cuando truena. Somos expertos en saber más que nadie a toro pasado; en despotricar contra lo que hasta hace dos minutos no nos importaba en absoluto; en señalar a los responsables de no tomar medidas y, acto seguido, ignorar e incluso atacar a los que las proponen; de tomar por el pito de un sereno y despreciar a los expertos mientras les reímos las gracias a los sabiondos y a los negacionistas. ¡Así nos va! Los expertos -gente que sabe de lo que habla porque lo ha estudiado- en infraestructuras de movilidad llevan años advirtiendo de los riesgos del clima extremo en las infraestructuras de transporte, de sus impactos económicos y sociales y de la necesidad de adaptarlas pistas -desde su planificación- a condiciones meteorológicas que, por el cambio climático, serán cada vez más frecuentes, intensas y destructivas. Los nuevos expertos en infraestructuras ferroviarias, vía comentario de "cuñao enterao" ávido de señalar culpables, seguramente desconoce que las altas temperaturas que alcanzamos en las cada vez más frecuentes olas de calor están comprometiendo la resistencia de miles de kilómetros de vías férreas, diseñadas y construidas bajo parámetros climáticos que ya no corresponden con la realidad actual. La culpa la tiene la expansión térmica del acero, acentuada cuando con una temperatura ambiente de 40⁰ a la sombra el raíl puede rozar los 100⁰. En estas condiciones se producen deformaciones estructurales que comprometen tanto la seguridad como la eficiencia del transporte ferroviario. Esta sobredilatación puede alcanzar dimensiones críticas que provocan el pandeo de las vías, conocido técnicamente como "serpenteo". Las altas temperaturas aconsejan incluso reducir la velocidad, pero dile tu a un "enterao" que su Ave va a llegar con retraso por el calor, verás la que te cae. Ya en 2021, Adif analizó la eficacia de pintar de blanco tramos de carril para evitar su deformación por altas temperaturas. De aplicarse, habría quién exigiría que se pintasen con la bandera de España. Tras el tren de borrascas que nos ha azotado el escenario de muchas carreteras es deplorable: baches y socavones que revientan neumáticos, pavimentos resquebrajados, calzadas hundidas, rocas y grandes sedimentos dispersos sobre el asfalto... La destrucción de los caminos sólo en Andalucia, afecta a una veintena de localidades -115.000 habitantes-, según el cálculo que ha hecho la Junta. A nivel nacional, la DGT mantiene cortadas por inundaciones y desprendimientos un total de 179 carreteras. Se necesitarán millones de euros para restaurar las vías, un trabajo que demandará mucho tiempo, entre dos y tres años. Quién siga creyendo que esto no tiene nada que ver con el cambio climático, una de dos, o es imbécil o un fanático ideológico. Lo primero que ha exigido Vox en Aragón para formar gobierno es frenar y revertir las políticas frente al cambio climático. Que cada uno saque conclusiones.
miércoles, 11 de febrero de 2026
Ay-USA
Primero fue el mejor bocata de calamares de la Troposfera. Después llegaron la mística experiencia de tomarte un "relaxing cup of café con leche" en la Plaza Mayor, los torreznos más sabrosos de todo Occidente, las mejores cañas de España y la avenida con más catetos por metro cuadrado para ver musicales en su ciudad. Ahora ya se habla del Cristo más grande del mundo, el mejor Cañón del Colorado y el más guay premio de fórmula uno. Y en ese incesante esfuerzo de expansión cultural de 'Madriz", ahora llega "Madrilucía" (término tan "currado" como Madring para llamar al corto-circuito de su F1), la celebración de una Feria de Abril en el distrito de Villaverde, localidad -como todos sabemos- donde sus habitantes usan a diario el sombrero cordobés y se mueren por el rebujito, las sevillanas, los caballos jerezanos, el pescaíto frito y los vestidos de gitana. Esto pasa porque a Ayuso se le quedan cortos los límites de su Comunidad y quiere extenderlos hasta el barrio de Triana. Yo animo a Ayusita la fanática, digo la fantástica a seguir ampliando fronteras. Total, ya lo dijo esta filósofa de puesto de mercadillo a todo un léuro: "Madrid es España dentro de España. ¿Qué es Madrid si no es España?". Así, y dado que Madriz reúne lo mejor de España y recibe con los brazos abiertos a toda clase de gente (salvo las excepciones étnicas y religiosas de rigor), lo lógico sería centralizar allí la Tomatina, los Moros y Cristianos, las Hogueras de San Juan, bajar el Descenso del Sella por el Manzanares, correr los Sanfermines por la calle de Alcalá, celebrar la final del carnaval de Cádiz en el Movistar Arena, el traslado del Cristo de la Buena Muerte y Mena en la Plaza de Colón, la Romería del Rocío en El Retiro, la Tamborrada de San Sebastián en la calle Preciados y la Rompida de la Hora de Calanda en el Congreso de los Diputados. Total, lo mismo que en cualquier pleno pero Con menos ruido. Con las Fallas habrá que tener mucho cuidado, no vayan a hacer un ninot de Almeida y acaben quemando el original. Y, ya puestos, importar la Copa América de Vela al lago del Retiro y la ascensión del Everest a Peñalara. Así la gente se olvidará del cúmulo de pruebas que demuestran que el criminal protocolo que favoreció la muerte indigna de 7.291 ancianos en las residencias de Madrid fue conocido y autorizado por una Ayuso que se negó a medicalizar las residencias. O pasará por alto el cínico y vergonzoso proceder de su partido ante el supuesto acoso de su alcalde de Móstoles a una compañera. O no se enterará de que la Comunidad de Madrid acaba de perdonar los 71 millones de euros que Quirón y Ribera Salud deberían pagar por -alucina- sus pacientes que han sido atendidos por la sanidad pública.
El tazón de Bad Bunny
Dado que es un hecho trascendental cuyas consecuencias tienen un alcance mundial, yo ya sabía que el 2 de febrero se celebraba en EE.UU. el Día de la Marmota que, por supuesto, no seguí. Lo que se me escapó es que el 8 de febrero se disputaba otro evento de carácter capital como es la final de la Super Bowl. Se comprenderá que a mí, una competición de fútbol americano, llamada además "Super Tazón", me importa un carajo. Pero después me entero de que durante el descanso, usado como cebo para multiplicar la audiencia, iba a actuar un tal Bad Bunny, el "rey del trap latino" y figura global del reguetón. Confieso que de este "rey" y su música yo sé lo mismo que del de Esuatini. Pero si hasta creí que su nombre era Bugs Bunny, como el conejo. El caso es que el puertorriqueño aprovechó para -dicen- lanzar un contundente mensaje reivindicativo a favor los países latinos y en contra de la fascista política migratoria de Trump. Pero si hasta se ha llegado a decir que fue "uno de los mejores discursos políticos de nuestro tiempo" y ha hecho babear a muchos progresistas. Para mí, que se diga que un tipo vestido de fantoche con un traje exclusivo diseñado por Zara y un reloj de 75.000 euros, ha llevado a cabo un acto de "resistencia contra el divisionismo, un triunfo cultural para los latinos y un golpe simbólico al presidente Donald Trump", me parece exagerado. E intentar convertir a Bunny en un icono de rebeldía y transgresión al sistema, ridículo. Bunny no es un azote del sistema; es un producto multimillonario de la industria musical. Dejando de lado su fortuna -no creo que tener dinero sea incompatible con ser progresista- es un producto de mercado que no cuestiona el régimen que lo amamanta. Además, gran parte de sus letras perpetúan la cosificación y denigración de las mujeres -perras, para él- y las reduce a fantasías sexuales masculinas en un género ya plagado de misoginia. Más allá de "mensajitos rebeldes" su música fomenta una alienación consumista, donde el hedonismo vacío y la hipersexualización venden discos, no conciencia social.
El triunfo de los monicacos
Estoy cada vez más convencido de que el ser humano está retrocediendo en su camino evolutivo a favor de sus reflejos de primate más primitivos, premiando a los machos alfa que se levantan soberbios sobre sus cuartos traseros dándose sonoros golpes en el pecho igual que gorilas ebrios de poder, mientras otros muchos los siguen como monicacos. Sólo así puede explicarse que tanta gente apoye las políticas que, de manera evidente y sistemática, le perjudican en forma de recortes en servicios básicos. ¿No es evidente que las políticas que interesan a la élite de los poderosos son contrarias a las que interesan a la mayoría? Y, sin embargo, navegamos una ola donde la mayoría perjudicada vota mayoritariamente a los representantes del grupo de las élites. Votan a partidos cuyas políticas formalizan y generalizan la desigualdad, restringen el acceso a la riqueza y limitan las oportunidades reales de ascenso social. Partidos que ya ni tan siquiera se molestan en diseñar o explicar programas, simplemente se aúpan al poder y comienzan a aplicar políticas para el beneficio exclusivo de la élite. Su interés -por mucho que digan lo contrario- consiste en atacar al Estado, presentándolo como un ente corrupto e ineficiente que hay que "adelgazar". La trampa es perfecta: hablan de reducir impuestos, sobre todo los que mayoritariamente deberían pagar los más ricos y, simultáneamente, degradan el servicio público. Al tiempo que el sistema público se queda sin recursos, ellos, los ricos y los oportunistas con contactos, ofertan de manera privada los mismos servicios que el Estado ha dejado de prestar. Salud, educación, cuidados; todo se convierte en una mercancía. Pero como el objetivo del negocio privado no es resolver los problemas de la población, sino maximizar sus beneficios, los problemas no tardan en aparecer. La población se da cuenta que las cosas no funcionan pese a lo que le han contado. Se da cuenta de que no llegan a fin de mes a pesar de tener un empleo a tiempo completo, de que las bajadas de impuestos son calderilla para su bolsillo, que la bajada de impuestos se hace a costa de desmantelar lo público, de que ellos son incapaces de costearse un sistema privado que, en el fondo, tampoco funciona si no tienes una cuenta corriente de seis cifras. Las cuentas, sencillamente, no salen. Pero antes, para evitarse problemas, la maquinaria de los poderosos crea chivos expiatorios. Hay que entregar un culpable en bandeja de plata para evitar que el ciudadano se pregunte por qué su hospital no tiene médicos -aunque lo gestione el partido al que vota- o por qué su alquiler consume el 70% de su salario. ¿Y por qué funciona ésto? Da igual, baste saber que es un mecanismo de control social basado en el miedo y la proyección: robar a la población, degradar su calidad de vida y decirle, con una sonrisa o un grito furioso, que la culpa es de otro, aunque este no tenga control alguno sobre los mecanismos que empeoran su vida.
lunes, 9 de febrero de 2026
La culpa es de Mordor
El avance de la ultraderecha comienza cuando los medios de comunicación generalistas empiezan a incorporar en su agenda y a normalizar los temas que a aquella le interesan, además de abrir las puertas -en nombre de un falso pluralismo- a periodistas de trinchera, opinadores o ex políticos que comparten los mismos postulados políticos que la ultraderecha, haciendo que se difunda y se presente como alternativa válida la visión del mundo que tienen esos partidos que la representan. En cualquier caso, el elemento clave para entender por qué funciona la propaganda y las mentiras de la ultraderecha es que ésta dice ofrecer soluciones: simplistas, inaplicables o directamente falsas, pero se perciben como soluciones. Y, sobre todo, promete una suerte de seguridad para ciertos miedos que existen y se propagan entre amplios sectores de la población. Como las soluciones, ésta es una seguridad ficticia, una construcción inventada. Es una especie de Arcadia feliz donde supuestamente, bajo las condiciones que ellos imponen, todos (todos los que ellos aceptan) estaríamos mucho mejor, viviríamos en armonía y prosperidad, no habría conflictos y cenaríamos perdices todas las noche. A partir de ahí se genera una gran falacia: racismo, xenofobia, homofobia, aporofobia..., componentes todos muy negativos, se convierten en expresiones positivas por el simple hecho de que ellos consideran que pueden dañar su imaginaria armonía. Y mucha gente piensa: "En realidad estoy defendiendo mi identidad, en realidad estoy cuidando a los míos". Pero donde se comienza a construir esa idea de Arcadia es en la idealización de un pasado imaginario. "Con nosotros vas a tener un mundo como el que era", dicen. La pregunta es ¿el que era cuándo? Porque hay una mezcla muy rara, un Frankestein histórico: un poco de edad media, pero sin las heces en la calle y sin la gente muriendo a los 20 años por tuberculosis. Un poco de "con Franco se vivía mejor", pero sin subdesarrollo, sin hambre, sin piojos, sin analfabetismo, sin dos millones de emigrantes, sin falta de libertades. Y al mismo tiempo elegir a conveniencia cuál fue el mejor momento de la historia de España, el mejor momento de la historia de tu país: “cuando éramos exitosos y nos iba bien como país y éramos grandes y nos respetaba el mundo y nadábamos en la abundancia y criábamos las perdices más gordas del mundo”. Qué más da que esa sociedad nunca existiese realmente, que se añore lo que nunca fue. Pero es algo que funciona muy bien, eso de querer vivir en el mundo de El Señor de los Anillos y pasarla bien porque bueno, estamos derrotando a Mordor, que son esos del otro lado de la colina que vienen a romper mi armonía. Pero para personas que combinan la frustración con el miedo y se van cebando de tendencias autoritarias, con odio, con desprecio por el otro y demás, funciona muy bien ese tipo de mentira. Y creen que les cuesta llegar a fin de mes, que su salario es una mierda, que sus hijos no pueden pagarse un alquiler y vivirán peor que ellos, que los servicios públicos se deterioran o que su futura pensión pende de un hilo, por culpa de los que llegan de fuera a romper una armonía inexistente.
Tecnología y epidemia ultra
Cuando uno lee a Peter Thiel, el gurú de Silicon Valley que trabajó mano con mano con Elon Musk, te explicas muchas cosas. Ya en 2009, Thiel publicó un artículo en el que defendía que la democracia y la libertad no son compatibles. Él cree que, a partir de la universalización del voto, el mundo ha caído en una decadencia interminable. Thiel dice que, desde que las mujeres pueden votar y los beneficiarios del Estado de bienestar también, el Estado se ocupa de cosas de las que no tendría que ocuparse. De ahí viene -según él- el gasto que no sirve, la malversación, la decadencia económica y por consiguiente -según él- la decadencia moral. Y propone construir otro tipo de sociedad donde la democracia no sea la que la que rija. Thiel planteaba en ese artículo que tal vez la solución a todo esto es la tecnología, que la tecnología puede suplantar a la política. Él defiende que la política no es la solución a ninguno de los problemas. Y no cree que haya que convencer a la gente de eso: lo que hay que hacer es desarrollar tecnologías para que esto cambie y punto. Trump es la bisagra fundamental para entender ese último paso en connivencia con políticos que no lo son. Él es la punta de lanza de la oleada ultra. Hemos llegado ya a la fase de la normalización de esa epidemia. Y en el fondo de todo esto está el miedo, la falta de de rumbo, la incertidumbre, la idea de que no hay futuro. Pero, al final, la gente se da cuenta de que la han vuelto a engañar: Trump está inmerso en una sucesión continua de derrotas electorales en prácticamente todas las elecciones menores que se han celebrado desde hace un año. A lo mejor, allí, la gente se empieza a dar cuenta que detener y encarcelar a un niño de cinco años para deportarlo no es una anécdota, sino una manera de entender el mundo.
Medios y ultraderecha.
Una de las razones del auge de la ultraderecha tiene que ver con la nefasta confluencia de dos agentes: Por un lado la erosión de unos medios que han ido abandonando el rigor, la objetividad, el análisis independiente y hasta el compromiso con la verdad para plegarse al vicio de buscar el clic, ese “a ver qué barbaridad van a decir” para recibir más impacto. Y, por otro lado, una derecha ultra que ha entendido perfectamente que la verdad y el debate sosegado no venden y se ha convertido en una máquina de producir fango y miseria moral para alimentar a ese periodismo que, no sólo compra su relato y le sirve de altavoz, sino que a través de sus contratos de publicidad le somete a vasallaje. Proliferan así medios de comunicación militantes, activistas, que muchas veces están financiados por los partidos de ultraderecha, que promueven sus ideas, sus narrativas y disfrazan de noticias, de información, de datos, de estudios, las posturas ideológicas y las mentiras que sirven de andamiaje político a estos partidos. Estas son las que alimentan al electorado que apoya a la ultraderecha, ávido de leer más sobre las cosas con las que ya estaban de acuerdo previamente: ese es el sesgo de confirmación. Además, las redes sociales han acabado confundiendo información, comunicación y propaganda. Ya no hace falta el medio de comunicación para generar un discurso masivo, y la ultraderecha tiene la oportunidad de ir más allá, de alcanzar capas sociales que antes se le escapaban porque la tecnoligarquía es esencialmente ultra. Pero los medios de comunicación siguen siendo esenciales para crear focos de atención y servir de altavoz. Por eso, partidos como el PP están alimentando con fondos públicos a pseudomedios, medios de la extrema derecha donde militan los principales agitadores: Vito Quiles, Bertrand Ndongo, Javier Negre, Eduardo Inda... Son medios como Periodista Digital, Estado de Alarma, OkDiario o The Objective, entre otros, regados con abundante dinero público por Ayuso, o Almeida. Pero están alimentando un monstruo, como acabamos de comprobar en Aragón. Allí el PP, en un alarde de estupidez política, no sólo ha comprado muchos de los postulados de VOX, sino que ha invitado a su meeting de fin de campaña al ultraderechista Vito Quiles. Resultado: aunque ha ganado las elecciones, ha perdido dos escaños, mientras que la ultraderecha dobla su representación. Ya sólo les queda auto disolverse e integrarse en el partido de extrema derecha.
sábado, 7 de febrero de 2026
Algoritmo rima con Tecnofeudalismo.
El problema vuelve a ser la ignorancia. Quien no ve un precipicio no tiene miedo de despeñarse por él. Un niño pequeño jugará sin precauciones con una pistola cargada porque ignora el terrible daño que le puede causar. “¿Y a mí qué me importa que el algoritmo sepa antes que yo lo que me va a gustar?”. Esto, ahora mismo, lo puede decir cualquiera. El peligro ni tan siquiera se intuye. Como el móvil es mío, como es una idea de mi cerebro la que elige una red, una aplicación, una página, como es mi dedo el que clikea..., creo que soy yo quien controla la situación. Ni tan siquiera intuimos el peligro. Lo primero que necesitaríamos es darnos cuenta de lo que está pasando. Qué es el algoritmo, qué hace, cómo funciona, cómo está cambiando la manera en que funciona nuestro cerebro. Básicamente el algoritmo está diseñado para que a un sitio digital venga mucha más gente y se quede mucho más tiempo. Al principio se enseñaban gatitos juguetones y poco más. Ahora la cosa es más compleja. Y más perversa. Pero los humanos, que somos muy poco "espabilaos, creemos que los efectos malévolos de este engendro sólo tienen que ver con los contenidos. Pocos entienden que esos contenidos eran -al menos al principio- lo de menos. Porque el algoritmo, en realidad, se dedica a conseguir que nuestros cerebros, poco a poco, vayan funcionando como a sus dueños les viene bien. Comienzas a procesar como a la máquina le conviene. Y los resultados están ahí. Miramos a los adolescentes y nos causa pena, vértigo, miedo, lo que les está pasando. El ciberacoso, el aumento de las agresiones sexuales, el empoderamiento del machismo, el hipermaterialismo, la pérdida de empatía, su absoluta dependencia de las redes, nos sumen en congoja; pero, sin llegar a tanto, es igual de triste descubrir que son incapaces de leer entero un artículo de un periódico, mantener la atención más de unos minutos o comprender procesos sencillos, interrelaciones, causas y consecuencias de los hechos... Y, llegados a este punto, políticos sin escrúpulos, que conocen y utilizan la mecánica del algoritmo, la emplean para troquelar votantes que jamás hubieran comulgado con sus intereses y alimentar un ambiente de polarización, de crispación, de enfrentamiento, de violencia verbal, de odio. Y a muchos esto les facilita la vida. Qué maravilla, no estar obligado a pensar, a tener ideas propias, poder vivir sin tener que tomar decisiones, sin asumir responsabilidades porque siempre hay alguien a quien echar la culpa. !¡Quién quiere una enclenque conciencia humana, si tiene dentro un poderoso algoritmo que lo justifica. En fin. Es el tecnofeudalismo. No es solo el futuro de internet, son nuestras vidas y son demasiado valiosas como para dejarlas al siniestro vaivén de los algoritmos. Pero muchos ya han vendido su alma a los oligarcas tecnofachas con lo que ellos conlleva.
viernes, 6 de febrero de 2026
Redes y mayores.
Una conocida de 80 años, móvil en mano,e interpela sobre "eso que quiere hacer Sánchez de prohibir que los jóvenes tengan móvil para que no puedan informarse". Esta persona tiene serias dificultades para manejarse con las funciones básicas de su smartphone. No sabe mandar o leer un Whatsapp, hacer una búsqueda de Google, encontrar la galería, modificar un solo ajuste y apenas acierta a encontrar a alguien en la agenda o contestar con prontitud a una llamada. No entiende este nuevo mundo y necesita una continua tutela digital. Aunque, me temo, que los mismos que se la prestan también tutelan sus ideas a través de las torticeras y sectarias explicaciones que de la actualidad política le dan. Ante la pregunta me limito a explicarle de qué va eso de las redes, poniéndole el ejemplo de Twitter, "o X como lo llama su dueño, Elon Musk, el hombre más rico del mundo", le digo. "Twitter -continúo- es como un foro que te permite casi gratuitamente interactuar con todos los demás usuarios, enviando y leyendo mensajes de texto cortos, incluir imágenes y vídeos. Vamos, un gigantesco patio de vecinos, el paraíso del chismorreo. Una mezcla entre radio macuto, la ventana indiscreta y el debate de la Isla de las Tentaciones. Un lugar de barra libre de mensajes, opiniones, comentarios...". 'Entonces -me dice- como en todo patio, se oirá más a la que más grita, a la más arrabalera, a la que parece que tiene menos que hacer..., y habrá muchas peleas". "Pues sí -le contesto- lo peor es que ese patio tiene un dueño, que impone las normas, decide quién puede y quién no puede hablar y dirige los temas de conversación. Al final, esta X es un lugar pensado para amplificar los discursos de odio y la polarización y donde un factor manipulador llamado algoritmo promueve a la extrema derecha sin ningún filtro ni moderación. Ahora, además, sabemos que la inteligencia artificial de X (tuve que hacer un inciso para explicar eso) favorece la sexualización de niñas y promueve el acoso o la pedofilia. Y termino diciéndole: En general las redes, todas, presentan peligros: exposición a contenido tóxico, ciberacoso, difusión de desinformación y bulos y el riesgo de infectarse con virus a través de enlaces maliciosos. Su uso excesivo, además, se asocia con ansiedad, depresión, problemas de autoestima, autoimagen, cognitivos y trastornos del sueño". "Por Dios -me dice-, esto no tiene nombre". "Sí -le digo-, se llama Enshittification, que se traduce como mierdificación, y es la reducción de la calidad de los contenidos de una red hasta convertirse en... en una auténtica mierda. Y, por cierto, cuando te digan que el móvil sirve, al menos, para aliviar la soledad de los mayores, que sepas que según un reciente estudio el tiempo que pasamos interactuando con amigos o familiares en la red se ha desplomado en los últimos años. A todas las edades". Tras ello depositó, con asco, el móvil sobre la mesa. Pero dejándolo al alcance de la mano. Por si acaso.
jueves, 5 de febrero de 2026
Musk, Durov, iros a la mierda
Corría el año 2007. Durante la sesión de clausura de la XVII Cumbre Iberoamericana en Chile. Hugo Chávez atacaba al expresidente José Mª Aznar, llamándolo fascista. Zapatero defendió la legitimidad de Aznar y pidió respeto, pero Chávez continuó interrumpiendo. El hoy rey emérito se dirigió entonces a Chávez, de manera poco diplomática, y le espetó el ya famoso ¡¿Por qué no te callas?! Ay, qué tiempos aquellos cuando había españoles que defendían a otros españoles de la mala educación y los insultos de un extranjero, aunque no coincidiesen ideológicamente con ellos. No han pasado veinte años y ahora los españoles que presumen de patriotas, no sólo no defienden, o por lo menos afean y censuran las formas, sino que aplauden y se suman a los ataques que un sociópata salpicado de escándalos dirige hacia el presidente de su país. Lo mismo hace la "prensa patriótica": utilizar los insultos del tecnofacha como palanca para seguir su campaña total contra Sánchez. Por eso, para compensar la balanza, tenemos que echar mano de los comentarios que sobre el tema hacen los extranjeros sin interés directo sobre el tema. Gente diversa, muy diversa y poco sospechosa de intereses partidistas en el tema. Así, el rector de la Universidad de Oxford, William Hague, ha dicho al respecto: "Las redes sociales se están volviendo incompatibles con un sistema democrático saludable". Hague es, además, una figura histórica del Partido Conservador británico. ¡Cuanto tiene que aprender la derecha española! Salvo que su su carácter democrático sea solo una pose. Otro británico, David Pearce, un prestigioso filósofo, respecto a los insultos de Musk ha dicho: "El primer ministro español, Pedro Sánchez, fue elegido democráticamente. No es ni un tirano ni un traidor. Las redes sociales tradicionales están inundadas de desinformación y provocación". El ex primer ministro de Francia, Gabriel Attal, ha dicho que Francia fue pionera en la protección de los menores frente a la influencia de las redes sociales, y que España sigue ese mismo camino. Recalcó que la salud de los niños no puede convertirse en moneda de cambio para ningún país, sin importar la presión de los gigantes tecnológicos". Por otro lado, Martina Navratilova, icono del tenis femenino y activista de la lucha por los derechos de las mujeres y las personas homosexuales a lo largo de su vida, por lo que ha sido ridiculizada, insultada, acosada y vejada en redes durante años, se ha limitado a compartir las declaraciones de Sánchez, añadiendo un escueto: "Bravo!!!!". En fin, resulta tan ridículo como cínico que un tipejo como Musk, que respaldó al partido ultraderechista Alternativa para Alemania y va por ahí haciendo en público el saludo nazi, acuse de "fascista" al presidente español, con el apoyo del ultraderechista Abascal. También Pavel Durov, cofundador de Telegram, ha atacado a Sánchez, advirtiendo en un mensaje a los usuarios de esta red, que las regulaciones que pretende impulsar el Gobierno de España "amenazan" sus "libertades en internet" y se pretende convertir el país "en un estado de vigilancia bajo el pretexto de protección. Yo, haciendo uso de mi libertad en internet, he respondido amablemente al mensaje no solicitado de Durov, diciéndole: "Sin conocerme de nada, ¿quién coño te crees tu para considerar que tienes derecho a meter tus narices en mi vida mandándome un mensaje? Y he acabado aconsejándole sobre en qué conducto interno de su anatomía podría alojarlo. Eso sí, sin actitud.
No sabemos ser ricos
Al problema de la falta de memoria se une el de que no sabemos gestionar "ser ricos". Uno recuerda cuando sólo había un plato en la mesa y una fruta. Cuando merendábamos pan con aceite y azúcar. Cuando una jícara de chocolate, de vez en cuando, era un regalo y un helado o un pastel un lujo. Cuando no hartarnos de comer nos hacía delgados y bajitos. Cuando los pantalones -sin marca- llevaban rodilleras y los jerseys coderas. Cuando mucha ropa era heredada de nuestros hermanos y hacíamos la comunión con el traje de nuestros primos. Cuando casi nadie llegaba a fin de mes, a veces ni a fin de día, porque todo eran estrecheces. Cuando la sala de juegos era tu calle y ésta era tu casa. Cuando tus vecinos eran una extensión de la familia porque solían estar ahí para lo que hiciese falta cuando las carencias venían, que era muy a menudo, porque hoy por mi y mañana por ti. Cuando no éramos clase media, cuando casi todos comíamos lo mismo porque no había otra cosa, cuando no teníamos envidia porque las casas del barrio -menos las de cuatro gatos- eran casi todas iguales, con las mismas carencias, con el mismo frío, con las mismas goteras, con la despensa semivacía, con las orejas llenas de sabañones, los calcetines zurcidos y los zapatos rozados. Cuando éramos así de poca cosa, pero éramos también muchísimo más generosos, comprensivos y solidarios porque siempre se dependía de alguien. Sin embargo, conforme más tenemos, más egoístas somos, más avariciosos, más insolidarios, más clasistas, más brutos, más ignorantes, sin más ambición que tener más coches, más autos, más trajes, más mierda.
Oponerse a lo que te beneficia
Hemos llegado a tal punto de idiocia que mucha gente, por razones de seguidismo ideológico, se opone y brama contra medidas que concuerdan perfectamente con sus valores. Lo estamos viendo a cuenta del anuncio de Sánchez de que prohibirá en España el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años. A partir de ahí, la derecha y sus más acérrimos seguidores -de nuevo- se han envuelto en la falsa, falsísima bandera de la libertad para oponerse frontalmente a la medida, atacar groseramente a quien la propone y alinearse con una mamarracho extranjero que le insulta porque podría afectar a su jugoso negocio. Pero, seamos serios y apartemos del análisis las cuestiones ideológicas. Como profesor llevo años advirtiendo de los estragos que las redes están causando en los más jóvenes: ansiedad, irritabilidad, adicción, depresión, trastornos del sueño, baja autoestima, pérdida de atención, deficiencias cognitivas, bajo rendimiento académico, problemas de carácter... Sólo esto -que muchos padres saben y sufren- debería ser suficiente para estar a favor de tomar medidas. Pero es que, además, cualquiera que tenga un smartphone puede comprobar que las redes sociales son un apestoso sumidero de desinformación, manipulación, bulos, incitación al odio, ataques personales intolerables, acoso, amenazas y chantajes, introducción a la ludopatía, pornografía de todas clases... Cualquier persona normal sabe perfectamente que estas figuras son en la mayoría de los casos claros delitos penales que serían perseguidas de oficio si no estuvieran inscritas al mundo digital. ¿Por qué oponerse entonces a que también lo sean en éste? ¿Quizá sea porque los dueños de las redes ya han conseguido manipular nuestra forma de percibir la realidad haciendo que aceptemos situaciones que dañan a la sociedad pero engordan sus cuentas corrientes? Sin embargo, prohibir el acceso a redes es como ponerle puertas al campo, salvo que se materialice la correcta identificación de los usuarios. Y eso indigna a los fanáticos de la supuesta libertad. Los mismos a los que no les importa que las grandes empresas digitales sepan de ellos en cada momento dónde están, qué hacen, que gustos tienen, que compran, que leen, cuáles son sus ideas y hasta cuál es la marca de papel con la que se limpian el culo. La razón de la indignante impunidad en redes, con su lógico efecto contagio, es el anonimato que predomina en ellas. Y este es el asunto vertebral que habría que corregir si de verdad se quiere conseguir que se expulse de ellas a los delincuentes que las utilizan para delinquir. Así que si no se quiere prohibir, la única solución al problema sería establecer la obligación de que todos los usuarios de las redes estén fidedignamente identificados. En Australia, está medida ya ha obligado a Meta, por ejemplo, a eliminar cerca de 550.000 cuentas en sus redes en sólo unas semanas, lo que demuestra la magnitud del problema. ¿Están dispuestos los gigantes digitales a soportar esta sangría de usuarios y beneficios? Claramente, no. Eso explica la virulenta reacción de Elon Musk, recurriendo al insulto, o la del dueño de Telegram enviando un mensaje manipulador a todos sus usuarios. Ellos tienen el poder. Y la gente salta cuando ellos lo mandan, aunque ellos contribuya a dañar la personalidad y salud mental de sus propios hijos. ¡Qué servilismo! ¡Y qué triste!
miércoles, 4 de febrero de 2026
Tecnofachas
Dice Sánchez que hay que actuar contra los delitos en las redes sociales. ¿Pero qué dice este hombre? Qué pasa ¿que los robos de datos, el estímulo del odio, la xenofobia, la violencia machista, la pornografía infantil..., va a resultar que son ahora delitos?. El problema es que se ha dejado actuar a los fachotecnócratas y nos han comido la tostada. Y ellos ha pasado por una dejadez absoluta de las instituciones, una paleta fascinación por la infinitud virtual y ese simulacro de libertad, tan falso como patético, que tanto gusta a la ultraderecha y acompleja a las democracias. A las plataformas tecnológicas y a los dueños de las redes sociales se les ha dejado hacer negocio desde el mismo día de su nacimiento; sin leyes, sin normas, sin valores, sin democracia, sin límites. Y lo han hecho a costa de todos nosotros. Y ahora nos lamentamos, porque comprobamos que sólo ganan ellos y el mundo es un lugar mucho peor para una inmensa mayoría. La ultraderecha europea, que presume de patriotismo pero se somete al vasallaje trumpista actuando de lamebotas, han sido los primeros en rasgarse las vestiduras en un nuevo aquelarre fascista. Santi, que es vago hasta para copiar nuevas ideas, ha recurrido, como con la educación sexual en los colegios, a decir que el Gobierno quiere adoctrinar a nuestros hijos suplantando a las familias. Feijoo, de momento, no ha dicho nada. Posiblemente porque le han soplado que algunas encuestas dicen que más del 80% estarían de acuerdo con el control. Pero dadle tiempo. Bastan tres segundos después de que hable Ayuso
Chat promoción
Con la que está cayendo - y la que nos va a caer- deberíamos de abandonar el estéril campo de batalla del enfrentamiento de opiniones -que, al menos para mi, no son lo mismo ni tienen el mismo valor que las ideas-, pues en él solo fructifica la tirantez vital (ya no soporto el término crispación. ¡Me crispa!). Soy más partidario del "vive y deja vivir" que del "sacarse las tajadas". Del aceptemos que "ca' cual es ca' cual" y allá cada cual con sus opiniones. En materia de opiniones sólo hay dos cosas que me "incomodan": que alguien intente meterme con calzador y sin miramiento una opinión que no le he solicitado; y que aquellos que se pasea públicamente, de micrófono en micrófono, diciendo todo lo que le viene en gana terminen diciendo que "no hay libertad de expresión". Me parece ridículo. Por eso creo que hay que dejarse de duelos de opiniones y reivindicar las frases absurdas (o no) como medida de higiene mental y mejor arma frente a la irracionalidad que nos domina. Quizás sea la única manera seria de relajar el ambiente.
Aquí dejo varias propuestas. Algunas seguro que las conocéis. No están sujetas a opinión. Como mucho, a réplica con otra frase, pensamiento o aforismo absurdo (o no):
No renuncies a tus sueños, sigue durmiendo / Contra el hambre, come / El tiempo sin ti es sólo empo / El que ríe el ultimo piensa más lento / Me da mucha rabia que hablen cuando interrumpo/ Muchos de los que afirman que tienen la conciencia tranquila sólo tienen mala memoria / Algunos puede parecer que tienen pensamientos profundos, pero en realidad solo estan pensando en qué comerán hoy / La vida es aquello que pasa mientras buscas wifi / Necesito ir al oculista, pero no veo el momento /¿Una dieta equilibrada es un pastel en cada mano? / Odio ser bipolar, es algo maravilloso / Por favor, no interrumpas mientras te ignoro / Soy responsable de lo que digo, no de lo que entiendas / Madurar es estar triste y no publicarlo en Facebook / No soy un inútil total, sirvo de mal ejemplo / Si no puedes convencerlos, confúndelos / Eres tan tonto que se están empezando a dar cuenta hasta tus amigos / La esclavitud no se abolió, pasó a ocho horas diarias / La primavera está harta de El Corte Inglés / La inteligencia te persigue, pero creo que eres más rápido /¿Hasta dónde se lavan la cara los calvos? / Hombre invisible busca mujer transparente para hacer lo nunca visto / Luchar por tus derechos está bien, pero mejor es comer croquetas. ¡Dónde va a parar! / Estado civil: Cansado / ¡No pasa nada! Y si pasa, se le saluda. ¡Malditos cabrones, pero que jodidamente feos sois todos! (Carta de San Pablo a los adefesios). Y recordad siempre que cada uno de nosotros somos únicos. Absolutamente igual que todos los demás.
Anton Chejov
Antón Chéjov, posiblemente el escritor que más capacidad ha demostró para captar la esencia de la vida cotidiana, dijo que “la felicidad no existe. Lo único que existe es el deseo de ser feliz". El escritor ruso formuló así una idea que hoy resulta sumamente incómoda: la felicidad no es un estado alcanzable, sino una aspiración constante, casi siempre frustrada, que empuja a los seres humanos a seguir adelante. Nada más y nada menos. Lo evidente es que los personajes que pueblan las obras de Chéjov son como la mayoría de los hombres y mujeres actuales, que sueñan con otra vida, con otro lugar o con otro tiempo, pero que rara vez logran materializar ese anhelo. Todos deberíamos entender que el deseo de ser feliz no es una antesala de la plenitud, sino una condición permanente, lo que parece demostrar que aquella no es nunca alcanzada. Cualquier persona "normal" -aunque empiezo a pensar que este espécimen es ya una rara avis- desea amar más, vivir con más sentido, escapar de la rutina o encontrar un sentido a su vida, un bienestar y una una paz que siempre parece pospuesta. Desea, pero raramente alcanza, al menos de forma plena y permanente. Por eso, la felicidad, entendida como un punto de llegada, queda descartada. En su lugar aparece una dinámica mucho más realista: la del ser humano moviéndose entre expectativas, frustraciones y pequeñas epifanías que nunca terminan de cuajar en un final feliz. Aunque, evidentemente, hay grados muy distintos de expectativas y exigencias. En cualquier caso deberíamos aprender de Chéjov y no buscar edenes inexistentes, redenciones milagrosas ni finales de cuento cerrados, sino proyectar una mirada honesta sobre la fragilidad humana. Pero, claro, en una época obsesionada con el bienestar -que, a menudo, se confunde con la felicidad-, la autoayuda y la búsqueda permanente de nuevas experiencias, la reflexión de Chéjov suena casi subversiva, pues plantea que el problema no es no ser felices, sino creer que deberíamos serlo todo el tiempo. Una frase apócrifa atribuida a Abderramán III, cuando tenía 70 años y estaba en el lecho de muerte, dice: "he anotado los días de pura y auténtica felicidad que he disfrutado: suman catorce, y no todos seguidos". Quizá no se trate de alcanzar la felicidad, al menos todo el tiempo, pues eso es utópico, sino de entender qué hacemos con ese deseo constante de serlo. Y procurar no dejarnos arrastrar ni que nadie lo manipule en beneficio propio.
Elon el sociópata
Elon Musk mira mucho últimamente a España, lo cual nos debería preocupar, y mucho. Ya en Davos dijo que las zonas de la "España Vaciada" serían ideales para convertirse en la "central eléctrica de Europa". A esta gentuza las personas les importa una soberana mierda. Con empatía cero, una absoluta falta de respeto y una pasmosa capacidad de meter sus narices en lo que no le importa, este tipejo no ve vidas ajenas sino beneficios económicos. Hace unos días, demostrando que trabaja poco, se dedicó de nuevo a meterse donde nadie le llama y criticó la regularización de inmigrantes que ya están en España pero aún sin papeles. Y, la última, ha sido insultar al presidente del gobierno español tras su anuncio de que España va a prohibir el acceso a redes sociales a los menores. Esto último le escuece directamente como dueño de la red X, la antigua Twitter, que él ha convertido en un lugar pestilente y nauseabundo, es decir, un reflejo de si mismo. Convendría recordar quién es Musk, el tipo al que su biógrafo lo llamó "psicópata" después de una sesión fotográfica en Auschwitz donde "no le importó en absoluto lo que presenció". Musk es el tipejo que describió la empatía como un "error en el sistema" de la civilización occidental. El que hizo el saludo nazi en la investidura de Trump. El empleado que explota, maltrata e insulta a sus empleados. Un imbécil que ha llamado a un hijo "Techno Mechanicus" y a otro le ha puesto el nombre de la contraseña del Wifi. Este monstruo es un sociópata de libro. Un ser despreciable, un misógino, un negacionista, un mentiroso compulsivo, un narcisista enfermizo. Es un antimodelo que, desafortunadamente, es aplaudido, entre otros, por Abascal y sus militantes de la ultraderecha. El problema es que este fachotecnócrata tiene mucho poder, sobre todo desde que compró Twitter para poder dominar la comunicación y el acceso a la gente más joven y la más ignorante, perdón, con menos "posiblidades". Porque es más fácil leer un mensaje o un vídeo que pensar, es más fácil rezar que leer. Musk es la cumbre de la colonización fascista de los medios de comunicación, es el gran muñidor del secuestro de las redes por la extrema derecha, que tiene, especialmente a los chavales, encantados con su discurso manipulador. Por eso Musk y Abascal coinciden en el insulto a cualquiera que quiera poner límites a la ola reaccionaria en redes sociales que empuja a la ultraderecha al poder mientras machaca la mente de los jóvenes.
martes, 3 de febrero de 2026
Guerra cognitiva.
La gente no lo sabe pero estamos en guerra. No es una guerra convencional, es la guerra cognitiva. Según fuentes de la OTAN, ésta se define como: “El conflicto en el que la mente humana es el campo de batalla y cuyo objetivo es el de cambiar no solamente lo que la gente piensa, sino también cómo actúa, lo que, llevado a cabo con éxito, moldea e influye en las creencias y comportamientos individuales y grupales". En su forma extrema tiene el potencial de fracturar y fragmentar a toda una sociedad, de modo que ya no tenga la voluntad colectiva de resistir a las intenciones del adversario. Pero, ¿quién nos ha declarado esta guerra y por qué? Pues el ultraliberalismo para, por un lado, obtener el control individual y colectivo de las sociedades y, por otro, eliminar toda alternativa antisistémica, especialmente el progresismo en todas sus formas. Con ese fin, está en curso un despliegue de operaciones de adoctrinamiento anti-alternativas y de disciplinamiento a los dogmas del libre mercado, que se implementan principalmente a través de las redes digitales. Distintos expertos advierten de las funestas consecuencias (algunas ya muy visibles) de esta guerra: desde la pérdida de la voluntad colectiva y la fractura o implosión de una sociedad, hasta diversos niveles de autodestrucción individual y colectiva, pasando por daños irreversibles en el funcionamiento mental de las personas. Esta guerra acaba teniendo un carácter civil, pues es fundamental en ella la militarización de la opinión pública. De ahí el ambiente de polarización y crispación extrema. Sus armas son muy diversas. Se ha llegado incluso a desarrollar nuevas disciplinas, por ejemplo, la agnotología, que es la ciencia de la producción de la ignorancia. Sus instrumentos son muy variados, desde el fomento de ludopatías o la dependencia de las redes sociales, que subyugan el intelecto con ideas obsesivas, temas estereotipados y circunstancias triviales, hasta la manipulación informativa para conseguir que intervengan más los estímulos emocionales que el uso de las neuronas. Además, mucha gente ya es incapaz de distinguir la información del relato interesado o la simple propaganda; la realidad de la ficción; la verdad de la mentira. Ésta se ha convertido en palanca de la manipulación social. Esto último se verifica cotidianamente en el campo de la información, donde las noticias falsas o la difusión de datos apócrifos se han posicionado como una forma de hacer comunicación. Igualmente, una batería de inexactitudes, datos sesgados, opiniones interesadas, "olvidos" y ocultaciones, figuran como elementos constitutivos de una información especulativa y militante. "El objetivo es lograr que el "enemigo" se destruya a sí mismo desde adentro, dejándolo incapaz de resistir, disuadir o desviar nuestros objetivos”, dice un estudio de la OTAN. Los procedimientos para fomentar la autodestrucción y la polarización extrema son variados, pero se priorizan aquellos destinados a fragilizar los procesos organizativos y de unidad social, acelerando las divisiones preexistentes o introduciendo nuevas, propiciando el enfrentamiento entre los diferentes grupos que conforman una sociedad y el incremento constante de la polarización. Con el recurso a la agnotología y el individualismo se persigue el desinterés en lo colectivo, principalmente en la política, pero también en lo social e incluso en las expresiones culturales que no se organizan desde el mercado. ¿A qué todo esto explica muchas cosas?
lunes, 2 de febrero de 2026
La AVE: despilfarro y ruina.
Llevo años diciendo, ante la mirada entre incrédula y compasiva del personal, que el modelo de la Alta Velocidad en España es un despilfarro, un soberano disparate. Esto me ha debido crear una sólida fama de "rarito", de zumbado, de aguafiestas. Pero, ¡tengo datos!. El problema es que mucha gente sabe de infraestructuras ferroviarias lo mismo que la vaca que mira asombrada pasar el tren. Y, lo peor, ignora que el mundo ferroviario en España es una larga historia para llorar. La construcción de la red la hicieron compañías privadas, de capital mayoritariamente extranjero, para responder a sus intereses, especialmente mineros, y no a los nacionales; que no hubo un plan general sino que se construía a tramos, muchas veces inconexos, que la "cagamos" con la elección del mayor ancho de vía; que nos pegamos un tiro en el pie con el diseño centralizado que aún hoy mantenemos; que las compañías privadas, cubiertos sus intereses, dejaron de invertir y nos legaron una red tercermundista; que la guerra civil fue el remate para la red; que el franquismo, con la falta de inversiones, nos legó un ferrocarril obsoleto y con pésimo servicio; que, desde los tecnócratas, todos los sucesivos gobiernos apostaron por el transporte por carretera abandonando a su suerte el ferroviario; que cuando PSOE y PP se obsesionaron con la Alta Velocidad se comenzó a abandonar y cerrar líneas ferroviarias convencionales por todo el país, dejando -al margen de los grandes corredores- a amplias zonas sin servicio ferroviario. Sin que nadie dijese ni pío. Y llegó la obsesión por la Alta Velocidad. El resultado fue una red de casi 4.000 km de longitud (casi tantos como Francia y Alemania juntas), con otros 1.661 en construcción. Lo ya construido nos ha costado 57.000 millones de euros y el coste total será de unos 73.148 millones. El coste por km de AVE construido es de unos 16 millones de euros. Presumimos de ser el país con mayor red de Alta Velocidad de Europa, pero no pensamos en que eso hay que mantenerlo a base de dinero: cada km de AVE anualmente cuesta 120.000 euros en su mantenimiento. Y un último dato para la reflexión: la única línea de AVE rentable en Europa es la de Lyon – París. Todas las españolas son deficitarias. El coste de billete de Lyon – París es casi tres veces el de Madrid – Barcelona. ¿Tendrá algo que ver?. Todos los informes económicos nos dicen que el AVE es una ruina económica. ADIF tiene una deuda de unos 25.000 millones de euros. Todo el mundo pide, exige, se queja. Todos queremos buenos servicios, que funcionen como un reloj; que haya puntualidad... Pero, ¡ay!, después nadie quiere aflojar el bolsillo. Todos queremos tener donde vivimos lo mejor. Y los políticos prometen Aves, aeropuertos, polideportivos, centros culturales, iluminaciones navideñas de ensueño... Pero se nos olvida que la función del político es servir a la sociedad dando buenos servicios sanitarios, educativos, de asistencia... Y que cada euro invertido en cuestiones no esenciales se retrase de una mejor inversión en las que sí lo son.
domingo, 1 de febrero de 2026
¿Culpable, yo?
Nos gusta buscar culpables. De lo que sale mal. De lo que nos frustra. De los anhelos que no se materializan. De los sentimientos no correspondidos. De la incomprensión. O de que la vida se perciba de maneras distintas. Culpables de que la realidad no sea como nos gustaría. De que el tiempo no vaya a nuestro ritmo, y a veces toque esperar. Tener alguien a quien señalar, contra quien dirigir nuestro enfado, decepción o crítica parece que al menos permite pensar que las cosas podrían ser distintas. Más aún, que deberían ser distintas, y si no lo son, es por culpa de quienes no actúan como tendrían que hacerlo. La asignación de culpas permite convertir la frustración en algo más manejable, al poder descargar contra alguien nuestro malestar. Entonces convertimos la decepción en enfado, en reproche (público o silencioso), y en algunos casos, en conflicto. Y demasiadas veces también, puestos a repartir culpas o asignar responsabilidades, nos cuesta empezar por nosotros mismos. Asumir las propias opciones también es importante. Y la auto-crítica es necesaria. Para no andar pensando que es el universo -o los demás- quien conspira contra uno. En todo caso, aunque es posible que en algunas ocasiones sí podamos incidir en la responsabilidad que alguien tiene, ya seamos nosotros mismos u otros, muchas veces no hay culpables. No hay responsables. Y no hay mala intención detrás de esa realidad esquiva. Es, sencillamente, que nosotros no somos el centro del mundo. Y que la realidad es más compleja que nuestras expectativas. Es que las personas somos diferentes y no siempre podemos amoldarnos a las expectativas ajenas.