martes, 31 de marzo de 2026

•Patrioterillos

Hay gente que va de "buena gente". Lo que ignora es que, en la burbuja en la que vive, buena gente es sólo la que no pertenece al conjunto de los ignora, desprecia y odia. Ellos van de "gente de bien", de patriotas, de defensores de los valores -dicen- tradicionales, los valores cristianos. Pero en el fondo son sólo el felpudo voluntario de los poderosos. Gente que le bajaría con ilusión la pensión de viudedad a su abuela sólo por agradar al potentado, al rico. Y solo porque eso es lo que a él le gustaría ser. Por eso les imita. Son los que se presentarían voluntarios al puesto de "liquidador" de contratos, subcontratados, a prueba, a media jornada -doce horitas- para "sanear la empresa", aunque ello suponga degollar el poder adquisitivo de cientos de familias. Son esos que se proclaman cristianos pero callan cuando el sionismo genocida impide en Jerusalén celebrar al patriarca católico, la máxima autoridad de esa religión a la que dicen pertenecer, una celebración tan importante como la del Domingo de Ramos. En el fondo son gente que, lejos de cultivar el amor al prójimo, viven odiando a todos los que no creen en sus dogmas religiosos o políticos de bidet neoliberal. Son gente que esta semana se enfunda el traje de ver procesiones o presume de mantilla para visitar sagrarios, que exaltan el fervor popular y el costumbrismo español mientras celebran los aranceles contra España o apoyan las matanzas de Israel. Son gente a las que no les importa su gente. Quiero decir, ni su vecino, ni su primo, ni los aceituneros de Jaén, ni las mariscadoras de Cambados, ni los artesanos de Talavera, ni la gente que sufre las políticas de recortes en la España que otros vacían, ni los currantes de astilleros de Cádiz, ni los que tienen hasta callos en la ojeras por la ansiedad de vivir apelotonados en las grandes ciudades. Eso mientras que, como buenos cipayos, defienden al empresario explotador, al autónomo corrupto y a los grandes tenedores de viviendas. Solo son usurpadores miserables de patriotismo estético y egoísta, de bandera de "los chinos" y pulserita de mercadillo. Son sumisos de escasa formación que han encontrado en cuatro referencias carroñeras a la "españolidad" una forma de atacar a quienes viven de verdad la cotidianidad española. Son fieles perritos que corren a lamer los zapatos de su amo esperando que les deje acurrucarse a sus pies. Son los que proclaman que todo depende de la voluntad de Dios pero que en caso de catástrofe se apresuran a cargar las responsabilidades al político del bando contrario. Son gente gregaria, patriotas fingidos de ombligo superlativo, mediocres que intentan adjudicarse méritos de otros por el método de colgarse una pulserita. Ya lo dijo Schopenhauer: "Todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en el patriotismo, ese último recurso, de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad.

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