Hubo un tiempo donde, sin esperarlo, algún desalmado, o iluso, o tonto del culo, te mandaba un mensaje y te advertía que si no lo reenviabas a siete personas, encendías tres velas negras y sacrificabas un cabrito, una desgracia caería sobre tu familia. Nunca lo hice. Respeto mucho a los cabritos. Lo malo es cuando cumplen años. Pero alguna vez tardaba en conciliar el sueño barruntando alguna desgracia. Ahora el mismo tipo de mensaje lo emite por las redes alguien con micrófono inalámbrico que te explica cómo alcanzar la salud ideal, el estado físico óptimo, la libertad financiera, el sueño de tu vida y la felicidad plena. Lo que más me conmueve es la cantidad de buena gente que hay en internet preocupadísima por todos nosotros. Gente que podrían estar en las Maldivas disfrutando de su exitosa vida, pero prefieren encerrarse en una habitación para evitar que yo compre mal un piso en Torrelodones. Lo que no entiendo es por qué estos fulanos se ven en la obligación de meterme el miedo en el cuerpo, amenazarme y convencerme de que soy un alma de cántaro: "Si tienes más de 40 años y no estás haciendo esto, tienes un problema". "Si no inviertes ahora, dentro de 10 años te acordarás de este vídeo". "Tres alimentos que jamás deberías dar comer". "Ni se te ocurra hacer ésto si quieres tener buena salud" Coño, que está gente parece que se postula para anunciar en exclusiva el Apocalipsis. Yo navego cinco minutos para llenar el rato y salgo convencido de que estoy asesinando al Planeta, despilfarrando mis ahorros, arruinando mi vida social y desayunando algo que probablemente me matará antes del jueves. Por qué tengo que aguantar a estos pelmazos que dedican su existencia a enseñarme a ordenar mi casa, elegir mi ropa, dormir, caminar, respirar, hacer la compra o colocar bien los huevos. En la nevera, me refiero. Temo el día en que aparezca un tipo mirándome fijamente en la pantalla para advertirme: "Llevas toda la vida usando mal el papel higiénico". Y después lo ilustre con un vídeo tutorial. Toda la vida han existido los charlatanes, esos que recorrían las ferias vendiendo elixires capaces de curar la calvicie, el reuma, el mal aliento, el mal de ojo, alguna tristeza y hasta el mal de amores. Los modernos charlatanes son triunfadores, visten a la moda, tienen asesores y algoritmo, curso prémium, grandes intereses y un ego gigante. Pero, como los antiguos, son unos expertos sacamantecas. Porque quizá el interés, el negocio, nunca fue enseñarnos a vivir mejor, sino conseguir que pensemos que llevamos toda la vida haciéndolo mal. El miedo vende estupendamente, sobre todo cuando después te venden también la solución. Esto, los políticos desalmados lo saben a la perfección.
Vivir es intentarlo infinitas veces
martes, 1 de septiembre de 2026
Desalmados
domingo, 30 de agosto de 2026
Pensiones
Lo de la oposición política en España es un chollo. Para llegar al poder sólo tienen que sentarse a esperar ver pasar el cadáver del actual gobierno. No tienen por qué tener una alternativa de gobierno, ni un programa político. Su programa es, exclusivamente, un furioso y faltón antisanchismo. Su programa está convenientemente oculto. No hablan de él para no asustar a los incautos que están dispuestos a votarlos y que serán los primeros en sufrir sus consecuencias. El "Perro" es su capa de prestidigitador, la coartada que les sirve para que nadie vislumbre lo que pretenden hacer. Pero, de vez en cuando, su torpeza o el afán de protagonismo de sus gurús económicos, hace que se les escape alguna "perla". Lo vemos, con frecuencia, con el tema de las pensiones. Repiten, hasta aburrir, su mantra de que "son insostenibles". En su modelo, claro. Resulta curioso que para una gente a la que la economía sostenible se la trae al pairo, en relación con las pensiones la "sostenibilidad" les obsesiona. Sus soluciones son para echarse a temblar: aumentar la edad de jubilación, elevar los años de cotización y, sobre todo, privatizar el sistema. Sus principales argumentos son medias verdades que, utilizadas arteramente, se convierten en mentiras. Ahora la han tomado con la cuantía de las pensiones en España, como si éstas fueran un "regalo" excesivo. Tildar las pensiones de “demasiado generosas” es una perversión del lenguaje diseñada para reconvertir un derecho en una limosna que apenas sirva para amortiguar la miseria. Se apoyan en una verdad: En España la diferencia entre el último salario y la primera pensión roza el 80%, mientras que en otros países de nuestro entorno apenas llega al 60%. Lo que no dicen, lo que ocultan, es que los países con los que nos miden tienen sueldos medios y mínimos muy superiores a los nuestros: 77.000 euros anuales, Luxemburgo frente a los 33.000 euros en España. Eso, en el mejor de los casos. Y, claro, el 80% de un salario bajo da como resultado una pensión miserable. Pero lo más miserable es el último paso que han dado: decir que es injusto que un pensionista cobre más que una persona que está trabajando. Me ahorro los exabruptos. Sólo dos cosas. Primero, el problema no es el nivel de "algunas" pensiones, es la mierda de salarios que paga esta gente. Y, segundo, lo más asqueroso es que estos sembradores de odio lo único que pretenden es enfrentar a los jóvenes con los pensionistas. Pretenden que éstos se sientan culpables y agachen la cabeza para mirar abajo, a su propia sombra, mientras siguen anestesiando a jóvenes y no tan jóvenes con grandes dosis de patrioterismo barato envuelto en un frenesí de banderas rojigualdas; todas ellas, por supuesto, made in China. Pero esto no va de patrias, va de patrimonio de los más ricos.
viernes, 28 de agosto de 2026
Lo de Ceuta
jueves, 27 de agosto de 2026
Los héroes ya no son lo que eran
La antigüedad griega fue un tiempo mítico poblado de héroes de virtudes sobrenaturales, ya fueran los dioses homéricos, un Hércules de fuerza legendaria o el épico Ulises. Sus "herederos" clásicos: Alejandro Magno, Julio César, Adriano, Marco Aurelio... bajaron ya un escalón. Se humanizaron y entreveraron virtudes y defectos. En la edad media el referente, el modelo a seguir, fue el caballero medieval, hombre fuerte y aguerrido con un código moral basado en la lealtad, el valor, el sacrificio, la defensa de los débiles y unas virtudes morales intachables. Pero pasaron del heroico Roldán o el mítico Arturo al "loco" Don Quijote. La cosa se degradó con los monarcas feudales, primero, y los absolutos después. Y, a partir de ahí... El gran héroe del siglo XX es un antihéroe. Quizá por eso nos gusta, Cantinflas, Mortadelo y Filemón, Mr. Bean, Homer Simpson o Torrente. Y claro, pasa lo que pasa, que llegan las elecciones y votamos al primero que pasa, sea este un esperpento zafio, maleducado, narcisista, ruin y miserable como Trump, un economista lunático, despeluchado y sacado de una escena de La masacre de Texas como Milei, o un fantoche caribeño con ínfulas de tiktoker como De la Espriella. Nunca tantos candidatos políticos han parecido tan idiotas, tan malas personas y con tan mala leche. La gente vota más con el culo que con la cabeza. Por eso los gobiernos de medio mundo se van llenando de millonarios disfrazados de plebeyos. Son los capos neopopulistas que no acaban de creerse como hay gente que los aupa al poder para que los machaquen. Pero ahora, el que se lleva el gato al agua es el político zote y descerebrado que habla como algunos personajes de "La que se avecina", que usa un lenguaje de campechanía suburbial que confunde al votante que acaba creyendo que es de su cuerda. Ahora lo importante es regar el discurso público de boutades tabernarias, estupideces varias, ideas irracionales, mentiras a tutiplén y comentarios chulescos. Ahí tenemos a otra mediocre ilustre, la señorita Ayuso, que ejerce de chulapa castigadora vitalicia cada vez que le ponen delante un micrófono. Ahí están sus grandes aportaciones a la teoría política: "Me gusta la fruta", "Chao, pescao". Eso epata al moderno ciudadano cuya ignorancia le hace tener corazón de súbdito, que cree que la élite son los otros, la "Izquierda caviar" y que aborrece a esos "hijos de burgueses" que van de sabiondos por la vida. De ahí, a gritar "Que vivan los idiotas", hay sólo un paso. Y, mientras, esta gente está dispuesta a creer a la Marquesa de Quirón si les dice que los inmigrantes solo vienen a España a robarnos los áticos.
Hacer turismo no es viajar.
Dijo G. K. Chesterton que "el viajero ve lo que ve y el turista ve lo que ha ido a ver". Y yo añado: y a veces ni eso. Seguimos hablando de viajar pero urge distinguir entre viajar y hacer turismo, pues cada vez más estos conceptos se parecen como un huevo a una castaña. Las mejores muestras que concentran historia, arte y cultura en el mundo, llevan camino de terminar convertidas en un monstruoso parque temático. Constantemente vemos el ir y venir, sin rumbo ni meta propia, de masas informes de cuerpos apelotonados a través de cualquier monumento o conjunto monumental. De los destinos de sol, playa y excesos gastronómicos y etílicos, mejor no hablar. Hoy cualquier sitio es válido para los rebaños itinerantes de turistas, esa marea de visitantes que no prestan la más mínima atención a lo que están viendo. Siempre, móvil en mano. Exquisitas exposiciones; lugares sagrados, religiosos o no; imponentes monumentos o espectaculares paisajes, son frecuentados con el mismo espíritu con el que se pasea por Ikea una tarde de sábado. El recuerdo, en Auschwitz, es mancillado a diario por multitudes ignorantes. Y la zona de acceso al Everest parece la cola para subir a una atracción de feria. Y todos, todos los que participan de la jauría, creen estar viviendo una experiencia única. Por mucho que se intente ocultar o disfrazar, es patente que la industria turística, cuando solo persigue la obtención rápida e intensa de lucro, es un factor depredador y desestabilizador. Aun así, hay almas falsamente cándidas que se extrañan de que en algunos lugares estén hasta el gorro de turismo. En este panorama atroz convergen la carencia de educación y de neuronas de muchos turistas, la insensatez de una hostelería dispuesta a cualquier abdicación moral en busca del euro, y la dejación de funciones de unas autoridades a las que en este tema solo parece preocupar el número de pernoctaciones y el correspondiente gasto per capita. Y siempre están ahí los aciagos predicadores de siempre que exigen a los damnificados por la plaga de pisos turísticos y demás lacras ligadas a este azote que sufran en silencio por el "bien" de la economía nacional. Y esos otros que mandan callar a los trabajadores que sufren las indignantes condiciones laborales que rigen en este tan puntero sector de la economía, con el sólido argumento de que "la gente no quiere trabajar". Antes, el turista sólo se llevaba recuerdos. Ahora sólo deja huellas, masificación, suciedad, ruido, problemas y hartazgo de mucha gente.
miércoles, 26 de agosto de 2026
Meta, nos la mete.
Meta nos la mete. La compañía ha acordado, tras un acuerdo con los fiscales, pagar casi 17.000 millones de dólares para cerrar un juicio masivo en Estados Unidos que la acusaba de diseñar plataformas adictivas para menores. Sin embargo, la compañía niega haber cometido una infracción o ser culpable. Esta gente piensa que todos somos tan idiotas como los millones de personas a las que sus productos han abducido y que tragan con todo. Tras el acuerdo las acciones de Meta subían más de un 3 % en Wall Street. Ello supone un incremento en el valor de mercado de la compañía de aproximadamente 40.000 a 50.000 millones de dólares. Estos insaciables tecno oligarcas ganan hasta cuando parecen perder. Según varios estudios, los menores de 12 a 18 años muestran niveles de bienestar mucho más bajos si pasan de las cinco horas diarias en redes sociales. A esa edad, para tener la autoestima en tu sitio antes bastaba con conseguir la validación de los amigos del "insti" que no era fácil. Ahora hay que sumar la que dan los likes de unas redes dominadas por un montón de influencers que te recuerdan en cada "reel", con dosis de falsa humildad, que tú no eres tan especial como ellos, que sólo eres el mierda que les permite vivir del cuento. Es de juzgado de guardia. Los expertos en cargarle a la escuela lidiar con cualquier morlaco con el que no saben qué hacer claman por potenciar la educación digital. Yo creo que es, simplemente, problema de educación. De los menores y de los padres. Éstos no pueden darle un móvil a un chaval con el pensamiento crítico en construcción esperando que no pase nada cuando, cada vez más adultos están enganchados a las redes. Empecemos por dar ejemplo, que se supone que los mayores sí tenemos criterio para no dejarnos abducir por los aparatitos. Y, ojo, que tampoco se trata de demonizarlo todo, rescatemos lo que hay de positivo en las redes y arrojemos a la basura al lugar que le corresponde. Sin olvidarnos de tirar después de la cadena.