lunes, 16 de marzo de 2026

Infantilización social

Una mesa. Dos parejas de adultos. En plena cena "los cuatro" miran compulsivamente sus móviles. Comunicación cero. Hemos normalizado que cincuentones se vistan como quinceañeros y ejecuten ñoñas coreografías en redes sociales. Adultos jóvenes que se derrumban ante el mínimo contratiempo vital; universitarios que van a revisión de notas con sus padres; cuarentones que consumen videojuegos a diario; políticos que actúan como matones de patio de colegio. ¿Qué ha pasado con la madurez? ¿Nos estamos convirtiendo en una sociedad infantilizada? Parece claro. Nuestra cultura occidental fomenta la infantilización. Lo hace a través de mecanismos económicos y culturales que se encuentran en las familias, en el mercado, en la escuela, las universidades y en la política. Los adultos evaden responsabilidades. Siempre hay que echarle la culpa de lo que nos pasa a algo o a alguien. Mejor si no nos cae simpático. Se prioriza la gratificación instantánea y se depende de estímulos constantes. Este comportamiento está impulsado por la sobreprotección parental, el consumo digital y un marketing que glorifica la inmadurez y dificulta la toma de decisiones autónomas. Como resultado, la sociedad se vuelve más maleable, emocionalmente volátil y menos capacitada para enfrentar desafíos colectivos. La sobreprotección familiar impide el desarrollo de habilidades críticas para enfrentar la realidad. Es una fábrica de inútiles, de lloricas, de gente enrabietada cuando no consigue lo que quiere. Las redes sociales y el entretenimiento promueven la búsqueda de placer inmediato, la gratificación exprés y el rechazo al esfuerzo prolongado: el suelo de cualquier niño. La publicidad y los medios idealizan la juventud perpetua, convirtiendo el consumo irreflexivo en un sustituto de la madurez y la plenitud vital. Con todo esto la sociedad se está estancando en la eterna adolescencia, el ser humano es cada vez mas renuente a establecer compromisos a largo plazo y vive en busca del sueño de ser un eterno Peter Pan. Esto, además, es un filón para una parte del espectro político, que entiende que una población que reacciona principalmente a estímulos emocionales (miedo, rabia, odio) es más susceptible a la manipulación, el populismo y las soluciones simplistas. Esto es así, te guste o no, así que no me hagas pucheros. Bueno, os dejo, que empiezan los dibujos animados.

domingo, 15 de marzo de 2026

222 años de guerras

EE.UU. ya no puede engañar a nadie: ha estado en guerra 222 de sus 239 años de existencia como país, es decir, solo 17 años sin conflicto armado declarado, intervención exterior o campaña bélica en curso. No es una anomalía puntual. Es un patrón estructural. La narrativa oficial habla de libertad, democracia y defensa del "mundo libre". Pero la realidad es otra. Estamos ante una potencia que desde sus orígenes convirtió la violencia en política exterior permanente y el negocio armamentístico en columna vertebral del sistema. El complejo militar-industrial no es una metáfora, es un modelo económico. Desde hace un siglo su presupuesto de defensa no ha dejado de crecer. ¿Defensa?. Trump, por una vez, ha sido honesto y ha cambiado el nombre de este departamento por el de guerra. El presupuesto de Defensa de EE.UU. en 2025 fue de 850.000 millones. Trump propone elevarlo hasta llegar a 1,5 billones de dólares en 2027. Mientras tanto, en el interior, millones de personas sin acceso a sanidad universal, educación endeudada y pobreza estructural. Es la guerra como prioridad presupuestaria y como horizonte político. EE.UU. fue responsable del 42% de las exportaciones mundiales de armas entre 2019 y 2023. Vende a monarquías autoritarias y a gobiernos que vulneran derechos humanos. Y luego habla de democracia. Cada una de sus intervenciones se justifica con un nuevo enemigo. El comunismo en los años 50. Drogas en los 80. Terrorismo en los 2000. Competencia estratégica en la década de 2020. El discurso cambia. El mecanismo permanece. Pero detrás de cada una de sus guerras está el negocio de sus grandes empresas, sobre todo las petrolíferas y las de armamento. Su relato -comprado por la derecha mundial- insiste en que se trata de "intervenciones humanitarias" u "operaciones de estabilización". Pero la historia reciente muestra otra cosa: Estados fragmentados, destrozados, regiones desestabilizadas, guerras civiles y generaciones marcadas por la violencia. Hablan de paz desde portaaviones nucleares. Hablan de libertad con bases militares en más de 70 países. Hablan de derechos humanos mientras financian conflictos y bloqueos que asfixian poblaciones enteras. Hablan de acuerdos mientras colaboran en genocidios e inician guerras ilegales. Es una arquitectura. Y tiene nombre: imperialismo, sostenido por intereses económicos y legitimado por un falso relato de superioridad moral. Su guerra de Irán, a medias con Israel, es una guerra preventiva... para evitar la guerra. Atacan y destruyen Irán... para "liberarlo". Su maquinaria no para: siempre sumando muertos, para control el petróleo y someter a quien se oponga a tus deseos. Es la vieja guerra por el poder y el dinero. Y la pagamos todos.


sábado, 14 de marzo de 2026

Ganar tiempo y salud mental.

Vengo de un barrio de infancia donde los chavales no éramos los lectores más ávido, de libros. Nos conformábamos con los tebeos. Los otros eran un lujo en casas donde no cabía una estantería. Tampoco éramos los más preocupados por el bienestar común. Quizá porque eso del bienestar, al propio me refiero, era una entelequia que ocupaba un puesto mucho más bajo que el de comer todos los días. Los chavales, un día estaban jugando a la lima, persiguiendo gatos o apedreándose con los de cuatro calles más arriba, y al día siguiente pasaban a trabajar de aprendiz para seguir sobreviviendo. Sin embargo, al no existir Facebook, Instagram, TikTok o Twitter no era posible pasar de 6 a 12 horas diarias “matando neuronas” viendo -perdón, consumiendo- "contenido" que otros crean para lucrarse. Esta formidable pérdida de tiempo es, sin embargo, propia de nuestra sociedad ahora y afecta a todas las edades. La consecuencia inmediata es el retroceso del pensamiento crítico. Si puedes ver en segundos un vídeo que confirme o desmienta lo que piensas, ¿para qué vas a reflexionar? Otros ya lo hacen por ti. ¿Por qué dudar de lo que ves con tus propios ojos y gastar tiempo en considerar si tiene sentido? Y el algoritmo consigue fácilmente que "pienses" (porque esa es la función del algoritmo, dictar pensamiento) que son "esos de en frente" quienes mienten constantemente, quienes propagan bulos y desinformación. En niños y adolescentes esta dinámica puede afianzarse de forma permanente. En una etapa de absorción, de ósmosis de modas, extremadamente sensible a los estímulos externos, el consumo adictivo de “información‑basura” sin reflexión puede consolidarse como la única forma de entender la realidad. Lo he comprobado directamente. Ya ocurre con frecuencia también entre adultos de mi generación. ¿Dónde nos llevará la siguiente? Confieso que tengo miedo de lo que estamos viviendo en primera persona, porque no soy capaz de vislumbrar cómo la polarización cada vez más extrema que vivimos pueda retroceder. La escalada degenerará -lo está haciendo ya- en violencia. Cada vez más gente está polarizando el debate para recuperar o ganar terreno, para tener razón. Pero esa razón que huye de los argumentos y que no necesita de la inteligencia, porque esa es la naturaleza de nuestra sociedad ahora. Tengo para mí que la razón se compone de verdades que hay que decir y verdades que hay que callar. Pero en ese binomio nunca entrará la mentira. Parafraseando a Montesquieu digo que, cuando hablo con alguien que arrincona en su discurso la razón, es decir, con un imbécil, prefiero darle la razón rápidamente antes que escucharlo. Puede pensarse que así pierdo. Pero, por el contrario, gano. Tiempo y salud mental.

viernes, 13 de marzo de 2026

Masoquismo en estado puro.

¿Cuándo van a darse cuenta los ilusos de que lo que hacen los que ellos creen sus salvadores es empujarnos a todos al abismo? Todo comenzó con la crisis financiera de 2008. Mientras la gente trabajaba más, cobraba menos, perdía sus casas, se iba al paro y se empobrecía, lograron que, en vez de correrlos a gorrazos, fuéramos nosotros los que pagáramos la "fiesta" de los bancos. La solución benefició a los ricos y abrió la veda para disparar la desigualdad económica en todo el mundo. ¡Y, encima, nos votan!, se dijeron los poderosos, que sorprendidos y envalentonados se dedicaron a dar vueltas de tuerca una tras otra. Y cuanto más aprietan más apoyo reciben. Miremos a los EE.UU. de Trump. El empleo “irregular” es algo corriente. Los trabajadores a media jornada y los temporales están atrapados en una red de empleos de bajos salarios y cero seguridad. Triunfan los contratos de cero horas y la dependencia de trabajos basura ocasionales, temporales, a media jornada, para ir tirando. Los trabajos estables son un lujo, accesibles, con suerte, con una cara titulación universitaria y buenos "padrinos". Aún así, la destrucción de empleo es imparable, elevando la tasa de paro a máximos no vistos en años. La expulsión de inmigrantes sólo genera Shitty job (trabajos de mierda) que nadie quiere. Sólo en febrero 2026 se destruyeron más de 100.000 empleos. La contratación se ha desplomado para los licenciados a medida que los despidos aumentan y la IA asume los trabajos de cuello blanco más rutinarios. El trabajador americano, el nacido en USA, se ve empujado a la explotación y a condiciones laborales que casi violan la dignidad humana. Se ha normalizado el exceso de trabajo y hay una tendencia al aumento de muertes por burnout y al desplome de la salud mental. La cifra de estadounidenses sin amigos se estima ya entre un 8% y un 12%. La tasa de natalidad ha alcanzado mínimos históricos. La gente se casa más tarde e incluso entonces la suma de dos salarios no alcanza para sostener económicamente un hijo. La vivienda requiere dos salarios sólo para acceder a ella y los costes de la sanidad se disparan al tener un hijo. La educación es allí la menos "de todos y para todos" desde hace décadas. Todo esto nos suena ya por aquí. Y eso que aún tenemos un escudo social importante. El mismo que algunos quieren dinamitar machacando los servicios públicos, privatizándolos, eliminando "paguitas", reduciendo irracionalmente impuestos o favoreciendo a los ricos. Esos son los que apoyan las políticas de Trump. Los que no hacen sino subir en las encuestas. Masoquismo en estado puro.

La naturaleza nos hará llorar

Cuando ya hemos consumido el primer cuarto del siglo XXI, cuando el analfabetismo está prácticamente erradicado, -por lo menos en occidente– cuando hasta el más pobre tiene un smartfone con conexión a internet, donde podría contrastar toda la información que quisiese para evitar que le engañen, ¿cómo puede suceder que setenta y siete millones de almas hayan puesto en la Casa Blanca a un putero, un pederasta, un mafioso que tenía que estar en la cárcel? ¿Cómo es posible que los argentinos hayan metido en la Casa Rosada a un imbécil que toma las decisiones después de meditar con el espíritu de su perro muerto? ¿Cómo es posible que en Austria, que fue la principal sucursal del nazismo, ya no recuerden lo que fueron las SS? ¿Cómo explicamos que los fundadores del fascismo hayan aupado al Quirinal a una fascista? ¿Quién puede entender que húngaros y polacos que sufrieron en su piel los dos totalitarismos apuesten por gobiernos totalitarios? Y qué decir de la derecha británica, que enseñó democracia a toda Europa y que ahora ha vendido su país al fascismo mas rastrero y mentiroso con las consecuencias que ya sabemos de ruina económica tras el brexit. ¿Cómo es posible que un país que vivió cuarenta años bajo la bota de un dictador sangriento como Franco, apueste por una derecha que lo admira y protege? ¿Cómo es posible que tanta gente confíe su futuro a personajes fanáticos, que huelen de lejos a odio y mentira, que no llegan a dominar la técnica de colocar sujeto, verbo y predicado uno detrás de otro para formar una frase coherente; gente de encefalograma plano incapaz de ver más allá de su ombligo? Quizá sea el gen de la estupidez, la obra final de Diós para castigar la soberbia, la ecpatía, el egoísmo extremo, la falta de remordimientos, el narcismo, la deshonestidad, la envidia, el odio. Cuentan que hace dos mil años en Palestina, un tal Pilatos quiso soltar a un inocente, pero el populacho "eligió"a Barrabás”, un criminal confeso. Todos los conocían. Nadie les engañó. Eligieron -dicen- crucificar a Jesús de Nazaret. Dos mil años después seguimos sin aprender nada, y sus seguidores menos. Siguen eligiendo a bribones, sinvergüenzas y miserables, prefiriendo odiar que amar al prójimo y aplaudiendo a genocidas y responsables de crímenes contra la humanidad. La naturaleza hace bien su trabajo, y como buena madre, nos hará llorar. A todos.

ESPERANZA

"Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera", escribió Neruda. Es el más bonito canto que conozco a la esperanza, el único bien común de todos los seres humanos. Hasta los que todo lo han perdido, la poseen aún. Y, sin embargo, hasta eso pretenden ya arrebatarnos. La esperanza, más que un estado de ánimo es una tabla de salvación personal, una necesidad vital tan corta como la vida, y tan larga como la eternidad que a veces parecen tener los pozos en los que nos sumergimos. Pero la esperanza no puede ser fruto de un deseo ilusorio, inoperante e irracional. Por contra, debe nutrirse de la introspección, de la reflexión intima entre el tiempo perdido, el tiempo recobrado y el tiempo esperado. Debe estar cercana al límite de nuestras fuerzas y convencida de que éstas siempre pueden elevarnos si se lo exigimos. En estos momentos la esperanza sólo es válida si estamos convencidos de la belleza de la vida, de la grandeza de la inteligencia humana y de nuestra superioridad sobre el miedo. Y ahí está el problema, porque la esperanza y el miedo no pueden ocupar el mismo espacio. Por eso debemos aprender a invitar a una a quedarse y a el otro a marcharse. Y también a controlar nuestros deseos porque la esperanza proviene del deseo: del deseo de amor, del deseo de expresarnos, del deseo de libertad. Cuanto más enraizado esté ese deseo, mayor será la capacidad de la esperanza de transformar el futuro, de presentarlo esplendoroso e infinitamente deseable. La esperanza tiene el poder de transformar nuestro corazón, de apaciguar nuestra ansia, de hacer soportable el presente y reforzar nuestra voluntad de luchar cuando se violan nuestros derechos. Pero debemos rechazar la falsa esperanza de los fantaseadores, en los que prevalece la inacción e incluso la opción de huir y retirarse del mundo, para abrazar la esperanza que nos empuja a pasar a la acción. La esperanza es el océano para el rio, el sol para los árboles, y el cielo para nosotros. Por eso no puede entender que ni el bocazas de Trump, ni el maquiavélico Putin, ni el obseso Bukele, ni el sociópata desquiciado Milei, ni ninguno de esos mentirosos compulsivos y traidores a la decencia que pueblan los populismos, puedan ser esperanza para nadie.

jueves, 12 de marzo de 2026

Tontropía

Es urgente que, basándose en la evidencia de la sobreabundancia de tontos en el Planeta, alguien establezca el principio de "tontropía", basado en la segunda ley de la memodinámica. Tal principio establece que en un mundo acipotado, el desorden (o la falta de inteligencia) aumenta o permanece constante en función de la cantidad de tontos que pueblan el sistema. Es decir, que en el universo el tonto se inclina espontáneamente del orden al desorden. Digo todo esto después de leer la noticia de que un hombre lleva ya cinco años poniéndose parches de nicotina para dejar el tabasco. En todo caso los tontos abundan. Quizá de ahí venga la frase de "ser más tonto que Abundio". Cómo, si no, explicar que tanta gente con un trabajo de mierda, un sueldo de mierda, una capacidad de ahorro de mierda, un patrimonio de mierda y, en definitiva, un futuro de mierda, se trague su dignidad para defender contra toda lógica que es clase media. Si en este país la competencia matemática alcanzase los estándares normales, mucha gente revisaría sus cuentas y descubriría que está más cerca de ser pobre de pedir que de poder comprarse el Rolex que usa Alcaraz de diario, para lo que necesitaría su sueldo completo de tres años. A no ser que fuese concejal del PP y tuviese la suerte de que le "tocase" un chalet de protección oficial  En fin, todavía no es el fin del mundo, pero yo te aconsejaría -si de verdad eres clase media- que vayas gastando tus ahorros. Total, si EE.UU. bombardea escuelas porque, por experiencia, sabe que es el lugar favorito para esconderse de peligrosos terroristas, quién te dice que mañana no reventará con un misil tu Mercadona de confianza pensando que esconde armas de destrucción masiva. Que, también. Sólo tienes que visitar los pasillos de ultraprocesados con altos contenidos de azúcares, grasas saturadas y harinas refinadas. Pero así es este mundo, que te promete que conocerás el amor pero te oculta que sólo lo encontrarás dentro de una caja de polipropileno en la que pone Ferrero Rocher. Y cuando te enteras que en química las iniciales del Polipropileno son PP, entonces confirmas que la sombra de la Internacional Reaccionaria es muy alargada.