lunes, 10 de agosto de 2026

Las vacaciones no son lo que eran

¿Qué necesidad tenemos de joderlo todo? En estos días de asueto estival a uno le apetecería salirse del guion de la prisa, del agobio, de la crispación. Pero, coño, es que no te dejan y, mires donde mires, no puedes dejar de poner la lupa en las miserias cotidianas que nos rodean por todas partes. Hubo una época en la que irse de vacaciones era algo tan ridículamente sencillo y revolucionario como desaparecer y desconectar. No dabas explicaciones a nadie ni tenías que demostrarle nada a nadie. Bastaba con encontrar un rincón con sombra, una poza con agua fresca, abrir un libro en papel, echarte una siesta de tres horas sin remordimientos, hincharte a cervezas y volver a tu casa con la certeza absoluta de haber desconectado el cerebro. Ahora parece que salir a descansar sin mostrarle un show al resto del planeta es un fracaso social. Sales de vacaciones como el que va a una competición, como el que movilizan al frente de batalla. Tienes la sensación de que los lugares de vacaciones ya no son lo que eran. Ahora todos están mucho más petados. Hay gente en las playas, en la montaña, en cualquier capital europea, en los pueblos... ¿De dónde sale tanta gente?Y todo está mucho más preparado para sacarnos los cuartos. En las playas hay épicas batallas por la sombra y por la arena. La guerra de las sombrillas habla de la masificación del turismo. Hay más gente, menos espacio y la sensación de que todo está petado. Pero también cuenta que hemos convertido las vacaciones en otra carrera. El apartamento hay que reservarlo antes de Navidad, la mesa en el restaurante días antes, un taburete en el chiringuito es un tesoro y reservar una paella en cualquier sitio es una heroicidad. Pero si hay que hacer largas colas hasta para el helado en el paseo marítimo. Las calles de cualquier lugar turístico son un estruendo de chancletas y miles de cámaras de móvil te rodean por cualquier parte. Ahora la gente no va a descansar. Vacacionar requiere estrategia, planificación, madrugones, largas esperas y bulla en cualquier parte. Es la misma ansiedad con la que vivimos el resto del año, solo que en chanclas y con un look imposible. ¡Cómo hemos cambiado! Antes nos valía con la neverita y los filetes empanados en la playa. Ahora queremos que las vacaciones sean una experiencia única y viral, pero nunca están a la altura de lo que hemos pagado. Por eso casi siempre decepcionan. Antes volvías de vacaciones, revelabas las fotos y las enseñabas. Ahora no has salido del portal y ya has subido tres selfies. Y, al volver, acumulas miles de fotos que aburrirían al Santo Job. Al final, la mejor historia para contar es la bronca por ese metro de playa que te llevó a partirle el palo de la sombrilla en la cabeza a ese neopijo rural que quiso ponerte la toalla dentro de la sombra de tu parasol con publicidad de cervezas El Águila.

domingo, 9 de agosto de 2026

¿Austeri qué?

Basta con quitarse las gafas del sectarismo ideológico y mirar un poco para darse cuenta que los pactos de PP y Vox nos salen caros, muy caros. En la Andalucía del falso Juanma Moreno empiezan a mostrar su cara. Los pactos han convertido la gestión pública en una operación de propaganda. Juanmita presume de austeridad mientras multiplica los altos cargos para beneficio propio, creando nuevos puestos de confianza y entregando competencias sensibles a la extrema derecha, mientras que miles de personas esperan una cita médica, una valoración de dependencia, una plaza residencial o una respuesta eficaz frente a la violencia machista. PP y VOX hablan de eficiencia mientras derivan recursos hacia "sus" empresas privadas; invocan la defensa de los ciudadanos mientras debilitan o privatizan los servicios públicos. La factura de esa contradicción la pagan siempre los mismos: las clases trabajadoras, las mujeres amenazadas, las personas mayores, quienes padecen enfermedades graves y las familias sin capacidad económica para "comprarse" una solución privada. El nuevo gobierno andaluz mantiene 13 consejerías, pero incorpora 13 altos cargos más. La explicación oficial es que se trata de una reorganización necesaria. Sí, necesaria para crear trece nuevos sueldazos, más los de asesores, secretarios, jefes de comunicación... que aquellos conllevan. Todo para tener contenta a la ultraderecha. Dicen que lo hacen para que la Administración funcione mejor pero se callan que ello implica menos medios y servicios públicos. El propio informe económico y financiero de la Consejería de Presidencia, contempla un incremento de costes de 2,7 millones de euros por las nuevas vicepresidencias y puestos eventuales, además de 730.000 euros por nuevas direcciones generales y cargos en consejerías. ¿De dónde sale el dinero? De la llamada “desdotación” de plazas y de la "minoración de otras partidas presupuestarias". O dicho de otra manera: "Quítalo del servicio a los ciudadanos y dáselo a VOX para que estén contentos y nos mantengan en el gobierno". La propaganda habla de "adelgazar la Administración" pero la realidad es otra: se recortan trabajadores y servicios mientras se multiplican los altos cargos. Se predica austeridad para los servicios públicos pero se practica la generosidad con el aparato político. En Madrid no se adopta una sola medida para paliar el problema de la vivienda, pero se le compra con el dinero de los madrileños un ático de lujo a su presidenta. Total, si sólo son 6,3 millones de euros de nada.


viernes, 7 de agosto de 2026

Riles

Pero, ¿qué mierda de mundo estamos creando? Con veintipocos años, un chaval empieza a imprimir brazos con una impresora 3D en su casa para personas amputadas. Poco después pública en redes una entrega de sus prótesis en Kenia. A partir de ahí le llueven las críticas, los comentarios desagradables y hasta los insultos: "¿Por qué te vas fuera si aquí también hay gente que lo necesita?", "primero ayuda a los tuyos", "¿y en España qué?", "¿te van los negritos?. Comentarios como éstos sólo pueden provenir de un inmenso montón de mierda. La poca tolerancia hacia quienes lo necesitan solo por haber nacido en otro lugar del mapa por absoluta casualidad sólo puede ser producto de auténticos sociópatas. Son, además, ignorantes patológicos. Les da igual saber o no que el 33% de las prótesis que el chaval fabrica se quedan aquí. Estoy seguro que estos imbéciles de mala baba no habran ayudado nunca a nadie. Ni a extranjeros ni a compatriotas. Ellos solo saben joder a los demás. Seguro que no tienen "riles" de criticar que una empresa española exporte a Kenia o fabrique en Marruecos, pero que un proyecto social cruce fronteras despierta en sus obtusas mentes sospechas y hasta xenofobia disfrazada de patriotismo. Esta gentuza es incluso capaz de dar un "me gusta" a un colega que fue a Kenia a pintar la fachada de un colegio para subirlo a Instagram, pero se encabronan si un chaval va a entregar algo que allí no existe: una prótesis funcional para alguien que nunca pudo agarrar un vaso de agua. En fin, no quiero calentarme porque se que la gente mezquina, como las alimañas, siempre ha existido. Los cretinos certificados muestran patrones universales pero, sobre todo, son reconocibles por su aplastante mediocridad, su mala leche innata y por tener la lengua muchísimo más larga que el conocimiento.

martes, 4 de agosto de 2026

Puto móvil

Las plataformas online pueden contribuir a la sensación de integración social. ¡Ya! También generan la percepción de tener multitud de amigos. Pero se trata, en la mayoría de los casos, de una simple agregación de contactos que no reemplazan las amistades más o menos íntimas, las auténticas. Se enmarcan en la instantaneidad y sus vínculos son frágiles, cuando no superficiales, inconsistentes o falsos. Por ello acaban generando sensación de vacío: de soledad entre la multitud. Se busca pertenencia, pero lo que se obtiene es una popularidad efímera en base a "me gustas" o a comentarios vacíos. Vivimos en el móvil. Agazapados y sumergidos en la pantalla que nos conecta con el más allá y nos desconecta del más acá. Somos yonkis del aparatito. Parafraseando a Quevedo (el poeta, no el rebuzna frases con rima facilona) "somos hombres a un móvil pegados". En solo una década, hemos pasado de caminar con los cinco sentidos, de observar a nuestro alrededor, de mirarnos a la cara y de prestarnos atención, a movernos cabizbajos y ausentes de la realidad presencial. Incapaces de despegar los ojos de las interfaces tecnológicas más de cinco minutos. Y, entre mirada y mirada al móvil, se nos va la vida.

domingo, 2 de agosto de 2026

Ceuta

Aunque la gente tiene mala memoria, lo ocurrido hace unos días en la frontera entre España y Marruecos no es nada nuevo. Ya ocurrió algo similar en mayo de 2021, cuando Marruecos abrió deliberadamente los controles y dejó entrar a miles de personas como represalia diplomática por la acogida de un líder saharaui en un hospital español. Y ocurrió también mucho antes. Lo siento por los que aburren con su frase "con Franco, esto no pasaba". En octubre y noviembre de 1975, el rey Hassan II de Marruecos organizó el paso de unas 300.000 personas civiles hacia la frontera del Sáhara español para exigir la soberanía del territorio. A aquello se le llamó la Marcha Verde y supuso la "entrega" del Sáhara Occidental a Marruecos. Después llegaron años donde Juan Carlos I y Hassan II se consideraban mutuamente como hermanos. Y pelillos a la mar. Lo ocurrido en la frontera de Ceuta el 31 de julio no es espontáneo, es un pulso político del infame rey de Marruecos que no ha surgido de la nada. España lleva desde 1992, con gobiernos del PSOE y el PP, externalizando el control de su frontera sur en la policía marroquí, y desde entonces esa dependencia se ha pagado cara. Cada vez que el rey de Marruecos tiene problemas internos, quiere presionar en las negociaciones con Europa, no le gustan los acuerdos de España con sus vecinos, o quiere dinero, sucede algo parecido. El 31 de julio se celebraba el 27 aniversario del acceso al trono del rey de Marruecos. ¡Qué casualidad! La mayoría de los que han cruzado la frontera son jóvenes marroquíes, los que más molestan al régimen marroquí. ¡Qué casualidad!  Unos días antes el gobierno español firmó un acuerdo con  Argelia -rival histórico de Marruecos- que, entre otras cosas, confirma a Argelia como el principal proveedor de gas de España y abaratará este producto. En contra de los espurios intereses de EE.UU. Días después, la frontera de Ceuta se desborda. ¡Qué casualidad! Las críticas más duras contra el gobierno español por lo sucedido han venido de EE.UU., Israel, la fascista Meloni, Elon Musk y los "patriotas españoles". Marruecos consolidó su posición internacional gracias a los Acuerdos de Abraham impulsados en el primer mandato de Trump, que llevaron a Estados Unidos e Israel a reconocer su soberanía sobre el Sáhara Occidental. Ambos países son los mejores aliados de Marruecos. Sus líderes, los que tienen más cuentas pendientes con Sánchez. ¡Qué casualidad! Meloni saca pecho de su mano dura migratoria y aprovecha lo de Ceuta para amenazar con romper Schengen. Se le "pasa" que desde 2021 han entrado de forma irregular en Italia 478.600 personas, más del doble de llegadas irregulares que a España. Meloni tiene elecciones presidenciales en pocos meses. ¡Qué casualidad! En España las derechas radicales, sus medios afines y algún tonto suelto, no cejan en su intento de forzar el adelanto de elecciones. Aprovechan cualquier cosa. Y esta semana lo hemos vuelto a ver. En cuanto miles de personas cruzaron la frontera de Ceuta no necesitaron datos, ni contexto, ni memoria, les bastó una imagen impactante y un titular. La maquinaria ya estaba lista para repetir el mismo mantra de siempre: “nos invaden por culpa de Sánchez”. “Sánchez es un traidor". "Sánchez, corrupción”. Feijoo culpa a Sánchez de la "invasión" a Ceuta y dice que conocía la amenaza desde principios de semana. Entonces, ¿por qué él no lo hizo público para evitarlo? Aparte de un mentiroso patológico y un estadista de chichinabo, éste tío no es más tonto porque él no quiere.

sábado, 1 de agosto de 2026

Bares y esperanza de vida.

Expliqué mil veces a mis alumnos que España, desde el punto de vista geográfico, es un país de contrastes. Pues anda, que desde el humano. Somos capaces de lo mejor y de lo peor. España es líder mundial en donación de órganos desde hace más de treinta años, sostiene uno de los sistemas públicos de salud más admirados del planeta, y se espera que alcance para 2040 la esperanza de vida más alta de la Tierra. A partir de ahí... Sorprende que España tiene más bares que camas de hospital: unos 260.000 bares frente a unas 140,000 camas hospitalarias. O sea, un país mejor equipado para servirte una caña que para hospitalizarte. Un país frívolo. Un país, aparentemente, condenado. Aquí hay un misterio. Y los misterios, a diferencia de los problemas, no se resuelven: se habitan. Pero aquí nos adaptamos a todo. El himno nacional no tiene letra oficial; así que, en los estadios, la gente simplemente lo tararea con un lo,lo,lo. Además, por vagos, nos conformamos con poco: Diseñamos una bandera con tres franjas y repetimos un color. La pregunta obvia sería: ¿cómo es posible que un país que dedica tanto tiempo a estar sentado en un bar viva tanto y tan bien? Pero es que el bar español es algo más que un establecimiento de despacho de bebidas. Los pubs ingleses cierran por miles cada año. Las cafeterías americanas fueron reemplazadas por los drive-through, esa metáfora perfecta de una civilización que ya no se detiene ni para comer. O dieron paso a esa ñoñez de urbanita a la última que son los Starbucks. En España, contra todo pronóstico, contra la lógica del rendimiento, contra el dogma de la productividad, contra el algoritmo sacamantecas, mantiene abiertas las puertas de los bares. Es verdad que el bar español ha perdido alguna de sus virtudes. Ahora, en ellos, ya no se lee el periódico -ni en ellos no en ningún lado-, ni se puede echar una partida en la máquina de pinball, ni hacer dibujos con el pie en el serrín para absorber la humedad los días de lluvia. Pero queda esa convicción no escrita de que la vida sin bar, sin plaza pública, sin sobremesa, sin ese vermut que no lleva a ninguna parte, sin esa primera caña del día, no es vida más eficiente. Es simplemente menos vida. El bar nos inocula "malas costumbres": beber como norma social, tapear, comer tarde, alargar la sobremesa, porque la mesa es un altar, no una estación de recarga. En tiempos de anillos que miden el sueño; relojes que cuentan los pasos, las pulsaciones, miden la tensión arterial, la temperatura corporal, la glucosa en sangre...; de dietas diseñadas por inteligencia artificial; de gimnasios empetados..., el bar es una "rara avis" que escapa al control de una industria de la longevidad que promete añadir años a la vida de personas que hace tiempo dejaron de preguntarse para qué la quieren. Creo que las sociedades más obsesionadas con la salud son, con frecuencia, las más enfermas de soledad. Y en los bares se combate esa enfermedad moderna. Bueno, menos los memos que comparten la mesa de un bar para dedicarse a mirar el móvil.

viernes, 31 de julio de 2026

Eufemismos

Las palabras no son neutras. Las palabras y las frases que utilizan las élites políticas y económicas neoliberales intentan que la ciudadanía se comporte de ciertas maneras que a ellos les conviene, sobre todo para que adopte opiniones y comportamientos sin que los poderosos tengan que ejercer la fuerza de manera obvia. El lenguaje es la primera y más necesaria arma del capitalismo neoliberal. Las élites económicas y políticas logran dominar a la población mediante el lenguaje, consiguen perpetuar y extender una visión única, acorde con los intereses que persiguen. Ellos son los que elaboran el marco desde el que la sociedad contempla los problemas que atañen a la sociedad. A través de las estrategias lingüísticas de los poderosos, la población ha llegado a creer -por ejemplo- que este tiempo de gran enriquecimiento de unos pocos es, en realidad, una crisis, de la que todos (las clases medias, los pobres o los precarios) somos igual de responsables. Con la puesta en marcha del mayor eufemismo neoliberal, las "reformas estructurales", se trató de justificar el mayor atraco en contra de las clases medias trabajadoras. Y lo consiguieron al lograr que muchos ciudadanos aceptasen medidas que benefician a los perversos intereses del capital a costa de los trabajadores. El perverso lenguaje neoliberal lo contamina todo. Han hecho del eufemismo el elemento troncal de su discurso en el intento por diluir mediante la palabra el duro efecto que sus medidas generan en la mayor parte de la población, sobre todo en la parte más vulnerable. Hablan de "flexibilización laboral" para referirse a prácticas que recuperan viejas formas de explotación de trabajadores. Para ellos flexibilizar es igual a precarizar. Hablan de "modernización del Estado" para justificar su adelgazamiento a favor de la empresa privada. Hablan de "colaboración público-privada" para maquillar el desvío de fondos públicos para beneficio del interés privado. Hablan de "empleo de calidad" para referirse a las condiciones laborales cada vez más precarias basadas en contratos indefinidos que valen igual que el papel mojado. Llaman "ajustes estructurales" a los recortes salvajes. Llaman "acomodamiento de precios relativos" a la espiral inflacionaria. Llaman "deslizamiento tarifario" al brutal aumento de las tarifas de servicios públicos y privados". Para ellos no existe la desigualdad, prefieren hablar de "dispersión de ingresos". Hablan de "Libertad Inmobiliaria" para referirse a convertir la vivienda en una máquina de extracción de rentas. Llaman "independencia financiera" a hipotecarse hasta las cejas para comprar pisos que otros no podrán comprar jamás. Presentan a los enfermos como sujetos que "abusan del sistema". Muchos eufemismos esconden claras manipulaciones como "rescate",  un término para esconder la entrega de dinero público para solventar los problemas causados por la incompetencia o las malas prácticas especulativas del sector privado.  “austeridad” o “deuda”, la normalización de la precariedad laboral, extender la culpabilidad entre quienes son despedidos y van a parar al paro o gobernar en base al miedo son algunos de los aspectos analizados por la autora. Para ellos "austeridad" significa la reducción brutal del gasto público, la contracción del Estado de bienestar y el recorte de servicios sociales básicos como salud y educación. "Cambio climático" es una obsesión de la izquierda que ésta ha convertido en una agenda ideológica. "Pensiones insostenibles" no es otra cosa que el intento de privatizarlas. "Libertad de expresión" significa derecho a difamar. "Pensar distinto" es justificar negacionismos y mierdas fascistas. "Derecho de opinión" es tener patente de corso para crispar en las tertulias". Y así todo. Con lo fácil que es llamar a las cosas por su nombre: hijos de puta a los tenofachas; genocida sionista al Estado de Israel; guerra de exterminio a la guerra táctica; imbéciles a los negacionistas o habilidad con dos pulgares y ni un dedo de frente a la digitalización.