miércoles, 11 de febrero de 2026

El triunfo de los monicacos

Estoy cada vez más convencido de que el ser humano está retrocediendo en su camino evolutivo a favor de sus reflejos de primate más primitivos, premiando a los machos alfa que se levantan soberbios sobre sus cuartos traseros dándose sonoros golpes en el pecho igual que gorilas ebrios de poder, mientras otros muchos los siguen como monicacos. Sólo así puede explicarse que tanta gente apoye las políticas que, de manera evidente y sistemática, le perjudican en forma de recortes en servicios básicos. ¿No es evidente que las políticas que interesan a la élite de los poderosos son contrarias a las que interesan a la mayoría? Y, sin embargo, navegamos una ola donde la mayoría perjudicada vota mayoritariamente a los representantes del grupo de las élites. Votan a partidos cuyas políticas formalizan y generalizan la desigualdad, restringen el acceso a la riqueza y limitan las oportunidades reales de ascenso social. Partidos que ya ni tan siquiera se molestan en diseñar o explicar programas, simplemente se aúpan al poder y comienzan a aplicar políticas para el beneficio exclusivo de la élite. Su interés -por mucho que digan lo contrario- consiste en atacar al Estado, presentándolo como un ente corrupto e ineficiente que hay que "adelgazar". La trampa es perfecta: hablan de reducir impuestos, sobre todo los  que mayoritariamente deberían pagar los más ricos y, simultáneamente, degradan el servicio público. Al tiempo que el sistema público se queda sin recursos, ellos, los ricos y los oportunistas con contactos, ofertan de manera privada los mismos servicios que el Estado ha dejado de prestar. Salud, educación, cuidados; todo se convierte en una mercancía. Pero como el objetivo del negocio privado no es resolver los problemas de la población, sino maximizar sus beneficios, los problemas no tardan en aparecer. La población se da cuenta que las cosas no funcionan pese a lo que le han contado. Se da cuenta de que no llegan a fin de mes a pesar de tener un empleo a tiempo completo, de que las bajadas de impuestos son calderilla para su bolsillo, que la bajada de impuestos se hace a costa de desmantelar lo público, de que ellos son incapaces de costearse un sistema privado que, en el fondo, tampoco funciona si no tienes una cuenta corriente de seis cifras. Las cuentas, sencillamente, no salen. Pero antes, para evitarse problemas, la maquinaria de los poderosos crea chivos expiatorios. Hay que entregar un culpable en bandeja de plata para evitar que el ciudadano se pregunte por qué su hospital no tiene médicos -aunque lo gestione el partido al que vota- o por qué su alquiler consume el 70% de su salario. ¿Y por qué funciona ésto? Da igual, baste saber que es un mecanismo de control social basado en el miedo y la proyección: robar a la población, degradar su calidad de vida y decirle, con una sonrisa o un grito furioso, que la culpa es de otro, aunque este no tenga control alguno sobre los mecanismos que empeoran su vida.

lunes, 9 de febrero de 2026

La culpa es de Mordor

El avance de la ultraderecha comienza cuando los medios de comunicación generalistas empiezan a incorporar en su agenda y a normalizar los temas que a aquella le interesan, además de abrir las puertas -en nombre de un falso pluralismo- a periodistas de trinchera, opinadores o ex políticos que comparten los mismos postulados políticos que la ultraderecha, haciendo que se difunda y se presente como alternativa válida la visión del mundo que tienen esos partidos que la representan. En cualquier caso, el elemento clave para entender por qué funciona la propaganda y las mentiras de la ultraderecha es que ésta dice ofrecer soluciones: simplistas, inaplicables o directamente falsas, pero se perciben como soluciones. Y, sobre todo, promete una suerte de seguridad para ciertos miedos que existen y se propagan entre amplios sectores de la población. Como las soluciones, ésta es una seguridad ficticia, una construcción inventada. Es una especie de Arcadia feliz donde supuestamente, bajo las condiciones que ellos imponen, todos (todos los que ellos aceptan) estaríamos mucho mejor, viviríamos en armonía y prosperidad, no habría conflictos y cenaríamos perdices todas las noche. A partir de ahí se genera una gran falacia: racismo, xenofobia, homofobia, aporofobia..., componentes todos muy negativos, se convierten en expresiones positivas por el simple hecho de que ellos consideran que pueden dañar su imaginaria armonía. Y mucha gente piensa: "En realidad estoy defendiendo mi identidad, en realidad estoy cuidando a los míos". Pero donde se comienza a construir esa idea de Arcadia es en la idealización de un pasado imaginario. "Con nosotros vas a tener un mundo como el que era", dicen. La pregunta es ¿el que era cuándo? Porque hay una mezcla muy rara, un Frankestein histórico: un poco de edad media, pero sin las heces en la calle y sin la gente muriendo a los 20 años por tuberculosis. Un poco de "con Franco se vivía mejor", pero sin subdesarrollo, sin hambre, sin piojos, sin analfabetismo, sin dos millones de emigrantes, sin falta de libertades. Y al mismo tiempo elegir a conveniencia cuál fue el mejor momento de la historia de España, el mejor momento de la historia de tu país: “cuando éramos exitosos y nos iba bien como país y éramos grandes y nos respetaba el mundo y nadábamos en la abundancia y criábamos las perdices más gordas del mundo”. Qué más da que esa sociedad nunca existiese realmente, que se añore lo que nunca fue. Pero es algo que funciona muy bien, eso de querer vivir en el mundo de El Señor de los Anillos y pasarla bien porque bueno, estamos derrotando a Mordor, que son esos del otro lado de la colina que vienen a romper mi armonía. Pero para personas que combinan la frustración con el miedo y se van cebando de tendencias autoritarias, con odio, con desprecio por el otro y demás, funciona muy bien ese tipo de mentira. Y creen que les cuesta llegar a fin de mes, que su salario es una mierda, que sus hijos no pueden pagarse un alquiler y vivirán peor que ellos, que los servicios públicos se deterioran o que su futura pensión pende de un hilo, por culpa de los que llegan de fuera a romper una armonía inexistente.

Tecnología y epidemia ultra

Cuando uno lee a Peter Thiel, el gurú de Silicon Valley que trabajó mano con mano con Elon Musk, te explicas muchas cosas. Ya en 2009, Thiel publicó un artículo en el que defendía que la democracia y la libertad no son compatibles. Él cree que, a partir de la universalización del voto, el mundo ha caído en una decadencia interminable. Thiel dice que, desde que las mujeres pueden votar y los beneficiarios del Estado de bienestar también, el Estado se ocupa de cosas de las que no tendría que ocuparse. De ahí viene -según él- el gasto que no sirve, la malversación, la decadencia económica y por consiguiente -según él- la decadencia moral. Y propone construir otro tipo de sociedad donde la democracia no sea la que la que rija. Thiel planteaba en ese artículo que tal vez la solución a todo esto es la tecnología, que la tecnología puede suplantar a la política. Él defiende que la política no es la solución a ninguno de los problemas. Y no cree que haya que convencer a la gente de eso: lo que hay que hacer es desarrollar tecnologías para que esto cambie y punto. Trump es la bisagra fundamental para entender ese último paso en connivencia con políticos que no lo son. Él es la punta de lanza de la oleada ultra. Hemos llegado ya a la fase de la normalización de esa epidemia. Y en el fondo de todo esto está el miedo, la falta de de rumbo, la incertidumbre, la idea de que no hay futuro. Pero, al final, la gente se da cuenta de que la han vuelto a engañar: Trump está inmerso en una sucesión continua de derrotas electorales en prácticamente todas las elecciones menores que se han celebrado desde hace un año. A lo mejor, allí, la gente se empieza a dar cuenta que detener y encarcelar a un niño de cinco años para deportarlo no es una anécdota, sino una manera de entender el mundo.

 

 

Medios y ultraderecha.

Una de las razones del auge de la ultraderecha tiene que ver con la nefasta confluencia de dos agentes: Por un lado la erosión de unos medios que han ido abandonando el rigor, la objetividad, el análisis independiente y hasta el compromiso con la verdad para plegarse al vicio de buscar el clic, ese “a ver qué barbaridad van a decir” para recibir más impacto. Y, por otro lado, una derecha ultra que ha entendido perfectamente que la verdad y el debate sosegado no venden y se ha convertido en una máquina de producir fango y miseria moral para alimentar a ese periodismo que, no sólo compra su relato y le sirve de altavoz, sino que a través de sus contratos de publicidad le somete a vasallaje. Proliferan así medios de comunicación militantes, activistas, que muchas veces están financiados por los partidos de ultraderecha, que promueven sus ideas, sus narrativas y disfrazan de noticias, de información, de datos, de estudios, las posturas ideológicas y las mentiras que sirven de andamiaje político a estos partidos. Estas son las que alimentan al electorado que apoya a la ultraderecha, ávido de leer más sobre las cosas con las que ya estaban de acuerdo previamente: ese es el sesgo de confirmación. Además, las redes sociales han acabado confundiendo información, comunicación y propaganda. Ya no hace falta el medio de comunicación para generar un discurso masivo, y la ultraderecha tiene la oportunidad de ir más allá, de alcanzar capas sociales que antes se le escapaban porque la tecnoligarquía es esencialmente ultra. Pero los medios de comunicación siguen siendo esenciales para crear focos de atención y servir de altavoz. Por eso, partidos como el PP están alimentando con fondos públicos a  pseudomedios, medios de la extrema derecha donde militan los principales agitadores: Vito Quiles, Bertrand Ndongo, Javier Negre, Eduardo Inda... Son medios como Periodista Digital, Estado de Alarma, OkDiario o The Objective, entre otros, regados con abundante dinero público por Ayuso, o Almeida. Pero están alimentando un monstruo, como acabamos de comprobar en Aragón. Allí el PP, en un alarde de estupidez política, no sólo ha comprado muchos de los postulados de VOX, sino que ha invitado a su meeting de fin de campaña al ultraderechista Vito Quiles. Resultado: aunque ha ganado las elecciones, ha perdido dos escaños, mientras que la ultraderecha dobla su representación. Ya sólo les queda auto disolverse e integrarse en el partido de extrema derecha.

sábado, 7 de febrero de 2026

Algoritmo rima con Tecnofeudalismo.

El problema vuelve a ser la ignorancia. Quien no ve un precipicio no tiene miedo de despeñarse por él. Un niño pequeño jugará sin precauciones con una pistola cargada porque ignora el terrible daño que le puede causar. “¿Y a mí qué me importa que el algoritmo sepa antes que yo lo que me va a gustar?”. Esto, ahora mismo, lo puede decir cualquiera. El peligro ni tan siquiera se intuye. Como el móvil es mío, como es una idea de mi cerebro la que elige una red, una aplicación, una página, como es mi dedo el que clikea..., creo que soy yo quien controla la situación. Ni tan siquiera intuimos el peligro. Lo primero que necesitaríamos es darnos cuenta de lo que está pasando. Qué es el algoritmo, qué hace, cómo funciona, cómo está cambiando la manera en que funciona nuestro cerebro. Básicamente el algoritmo está diseñado para que a un sitio digital venga mucha más gente y se quede mucho más tiempo. Al principio se enseñaban gatitos juguetones y poco más. Ahora la cosa es más compleja. Y más perversa. Pero los humanos, que somos muy poco "espabilaos, creemos que los efectos malévolos de este engendro sólo tienen que ver con los contenidos. Pocos entienden que esos contenidos eran -al menos al principio- lo de menos. Porque el algoritmo, en realidad, se dedica a conseguir que nuestros cerebros, poco a poco, vayan funcionando como a sus dueños les viene bien. Comienzas a procesar como a la máquina le conviene. Y los resultados están ahí. Miramos a los adolescentes y nos causa pena, vértigo, miedo, lo que les está pasando. El ciberacoso, el aumento de las agresiones sexuales, el empoderamiento del machismo, el hipermaterialismo, la pérdida de empatía, su absoluta dependencia de las redes, nos sumen en congoja; pero, sin llegar a tanto, es igual de triste descubrir que son incapaces de leer entero un artículo de un periódico, mantener la atención más de unos minutos o comprender procesos sencillos, interrelaciones, causas y consecuencias de los hechos... Y, llegados a este punto, políticos sin escrúpulos, que conocen y utilizan la mecánica del algoritmo, la emplean para troquelar votantes que jamás hubieran comulgado con sus intereses y alimentar un ambiente de polarización, de crispación, de enfrentamiento, de violencia verbal, de odio. Y a muchos esto les facilita la vida. Qué maravilla, no estar obligado a pensar, a tener ideas propias, poder vivir sin tener que tomar decisiones, sin asumir responsabilidades porque siempre hay alguien a quien echar la culpa. !¡Quién quiere una enclenque conciencia humana, si tiene dentro un poderoso algoritmo que lo justifica. En fin. Es el tecnofeudalismo. No es solo el futuro de internet, son nuestras vidas y son demasiado valiosas como para dejarlas al siniestro vaivén de los algoritmos. Pero muchos ya han vendido su alma a los oligarcas tecnofachas con lo que ellos conlleva.

viernes, 6 de febrero de 2026

Redes y mayores.

Una conocida de 80 años, móvil en mano,e interpela sobre "eso que quiere hacer Sánchez de prohibir que los jóvenes tengan móvil para que no puedan informarse". Esta persona tiene serias dificultades para manejarse con las funciones básicas de su smartphone. No sabe mandar o leer un Whatsapp, hacer una búsqueda de Google, encontrar la galería, modificar un solo ajuste y apenas acierta a encontrar a alguien en la agenda o contestar con prontitud a una llamada. No entiende este nuevo mundo y necesita una continua tutela digital. Aunque, me temo, que los mismos que se la prestan también tutelan sus ideas a través de las torticeras y sectarias explicaciones que de la actualidad política le dan. Ante la pregunta me limito a explicarle de qué va eso de las redes, poniéndole el ejemplo de Twitter, "o X como lo llama su dueño, Elon Musk, el hombre más rico del mundo", le digo. "Twitter -continúo- es como un foro que te permite casi gratuitamente interactuar con todos los demás usuarios, enviando y leyendo mensajes de texto cortos, incluir imágenes y vídeos. Vamos, un gigantesco patio de vecinos, el paraíso del chismorreo. Una mezcla entre radio macuto, la ventana indiscreta y el debate de la Isla de las Tentaciones. Un lugar de barra libre de mensajes, opiniones, comentarios...". 'Entonces -me dice- como en todo patio, se oirá más a la que más grita, a la más arrabalera, a la que parece que tiene menos que hacer..., y habrá muchas peleas". "Pues sí -le contesto- lo peor es que ese patio tiene un dueño, que impone las normas, decide quién puede y quién no puede hablar y dirige los temas de conversación. Al final, esta X es un lugar pensado para amplificar los discursos de odio y la polarización y donde un factor manipulador llamado algoritmo promueve a la extrema derecha sin ningún filtro ni moderación. Ahora, además, sabemos que la inteligencia artificial de X (tuve que hacer un inciso para explicar eso) favorece la sexualización de niñas y promueve el acoso o la pedofilia. Y termino diciéndole: En general las redes, todas, presentan peligros: exposición a contenido tóxico, ciberacoso, difusión de desinformación y bulos y el riesgo de infectarse con virus a través de enlaces maliciosos. Su uso excesivo, además, se asocia con ansiedad, depresión, problemas de autoestima, autoimagen, cognitivos y trastornos del sueño". "Por Dios -me dice-, esto no tiene nombre". "Sí -le digo-, se llama Enshittification, que se traduce como mierdificación, y es la reducción de la calidad de los contenidos de una red hasta convertirse en... en una auténtica mierda. Y, por cierto, cuando te digan que el móvil sirve, al menos, para aliviar la soledad de los mayores, que sepas que según un reciente estudio el tiempo que pasamos interactuando con amigos o familiares en la red se ha desplomado en los últimos años. A todas las edades". Tras ello depositó, con asco, el móvil sobre la mesa. Pero dejándolo al alcance de la mano. Por si acaso.

jueves, 5 de febrero de 2026

Musk, Durov, iros a la mierda

Corría el año 2007. Durante la sesión de clausura de la XVII Cumbre Iberoamericana en Chile. Hugo Chávez atacaba al expresidente José Mª Aznar, llamándolo fascista. Zapatero defendió la legitimidad de Aznar y pidió respeto, pero Chávez continuó interrumpiendo. El hoy rey emérito se dirigió entonces a Chávez, de manera poco diplomática, y le espetó el ya famoso ¡¿Por qué no te callas?! Ay, qué tiempos aquellos cuando había españoles que defendían a otros españoles de la mala educación y los insultos de un extranjero, aunque no coincidiesen ideológicamente con ellos. No han pasado veinte años y ahora los españoles que presumen de patriotas, no sólo no defienden, o por lo menos afean y censuran las formas, sino que aplauden y se suman a los ataques que un sociópata salpicado de escándalos dirige hacia el presidente de su país. Lo mismo hace la "prensa patriótica": utilizar los insultos del tecnofacha como palanca para seguir su campaña total contra Sánchez. Por eso, para compensar la balanza, tenemos que echar mano de los comentarios que sobre el tema hacen los extranjeros sin interés directo sobre el tema. Gente diversa, muy diversa y poco sospechosa de intereses partidistas en el tema. Así, el rector de la Universidad de Oxford, William Hague, ha dicho al respecto: "Las redes sociales se están volviendo incompatibles con un sistema democrático saludable". Hague es, además, una figura histórica del Partido Conservador británico. ¡Cuanto tiene que aprender la derecha española! Salvo que su su carácter democrático sea solo una pose. Otro británico, David Pearce, un prestigioso filósofo, respecto a los insultos de Musk ha dicho: "El primer ministro español, Pedro Sánchez, fue elegido democráticamente. No es ni un tirano ni un traidor. Las redes sociales tradicionales están inundadas de desinformación y provocación". El ex primer ministro de Francia, Gabriel Attal, ha dicho que Francia fue pionera en la protección de los menores frente a la influencia de las redes sociales, y que España sigue ese mismo camino. Recalcó que la salud de los niños no puede convertirse en moneda de cambio para ningún país, sin importar la presión de los gigantes tecnológicos". Por otro lado, Martina Navratilova, icono del tenis femenino y activista de la lucha por los derechos de las mujeres y las personas homosexuales a lo largo de su vida, por lo que ha sido ridiculizada, insultada, acosada y vejada en redes durante años, se ha limitado a compartir las declaraciones de Sánchez, añadiendo un escueto: "Bravo!!!!". En fin, resulta tan ridículo como cínico que un tipejo como Musk, que respaldó al partido ultraderechista Alternativa para Alemania y va por ahí haciendo en público el saludo nazi, acuse de "fascista" al presidente español, con el apoyo del ultraderechista Abascal. También Pavel Durov, cofundador de Telegram, ha atacado a Sánchez, advirtiendo en un mensaje a los usuarios de esta red, que las regulaciones que pretende impulsar el Gobierno de España "amenazan" sus "libertades en internet" y se pretende convertir el país "en un estado de vigilancia bajo el pretexto de protección. Yo, haciendo uso de mi libertad en internet, he respondido amablemente al mensaje no solicitado de Durov, diciéndole: "Sin conocerme de nada, ¿quién coño te crees tu para considerar que tienes derecho a meter tus narices en mi vida mandándome un mensaje? Y he acabado aconsejándole sobre en qué conducto interno de su anatomía podría alojarlo. Eso sí, sin actitud.