martes, 30 de diciembre de 2025

El pisito del tieso de Vox

Yo no sé qué va a pasar cuando el votante "tieso" de VOX se percate de que cualquier cosa que se deje en manos de la codicia capitalista se convierte en un "bien de mercado", que esto va de favorecer a los poderosos y que a él lo encontraron en la calle, por mucha pulserita rojigualda que adorne sus muñecas. Cuando necesite una vivienda le dirán que en nombre de la libertad y la patria deben, primero, proteger los derechos de los caseros de España, esa casta parasitaria que se lucra traficando con el derecho fundamental a una vivienda digna. Le contarán la trola de la autorregulación del mercado, lo más parecido a un atraco con rehenes, y echarán la culpa a los inmigrantes de las "divertidas" consecuencias del difícil acceso a la vivienda: descenso de la natalidad, inversión de la pirámide de población, colapso de toda la actividad económica que no esté asociada a la especulación inmobiliaria, precarización de una generación arrojada al pluriempleo con el único objetivo de malvivir en un piso compartido, aumento exponencial del consumo de psicofármacos... Y, en el colmo de la desvergüenza, cuando en España hay casi 4 millones de viviendas vacías y cerca de medio millón de pisos turísticos, dirán que el problema es la falta de oferta de vivienda y la solución empezar a recalificar hasta el suelo de las aceras porque "aumentar el parque inmobiliario hará que bajen los precios". Se nos está poniendo cara de comienzos de los 2000, antes del reventón de la burbuja inmobiliaria. Para colmo, el tieso que le ríe la gracia a los fascistas, tendrá que aguantar a la recua habitual de necios que se hacen llamar economistas liberales contándoles que los "bolcheviques" quieren acabar con la propiedad privada. Y claro, en muchos salones de barrio obrero, gente que compró un pisito VPO hace 30 años y que le subvenciona a sus hijos la mitad del pago de su habitación con moho en las esquinas, empatizará con los pobres señores de los fondos buitre. Que "los pobres" no tienen quien les defienda.

Trumpfascista

A punto de cumplirse el primer cuarto de siglo del milenio, la "Vieja Europa" se está convirtiendo en la "Chocha Europa". No pinta nada en un mundo que no es otra cosa que un choque de poder entre bandas de matones. La idea de "Europa" es un sainete. Descartada la unidad política, lo único que queda es un inmenso Mercadona. Las naciones europeas siempre han estado a hostias entre ellas desde que se fundaron y sus peores enemigos están dentro, representados por el fascista Orbán y adláteres. Así la Unión Europea no es más que un fiestuqui de banqueros, empresarios y usureros que, mientras suena la Novena Sinfonía de Beethoven, silban ante la limpieza étnica en los Balcanes, apoyan el saqueo bancario de Grecia y jalean el desahucio del estado del bienestar. Ahora, mientras, nos hablan de Putin, el nuevo Lucifer, ese chungo de marca mayor que va de la homofobia a la masacre pasando por el polonio, le ríen las "gracias" y agachan la testuz ante el Bufón americano, ese que te ningunea, te chantajea, te pone aranceles, te aparta de negociaciones de paz como si fueses imbécil, te niega el visado, te obliga a comprarle armas hasta que te arruines, te sabotea dos gasoductos en Noruega o te quiere okupar Groenlandia. Y, como tragamos, el mamarracho que dirige la Casa Blanca como si fuera un puticlub está golpeándose el pecho como un gorila encabronado y a un paso de iniciar la visita a cualquier país levantando la pata y meándose en la escalerilla del avión para marcar territorio. Europa es el felpudo de un payaso hipernarcisista que quiere convertirse en emperador mundial, de un niñato iracundo de 79 años que tiene muchas ganas de hacer historia a fuerza de eructos y un sonajero nuclear en las manos.

Cristofascistas

Para saber lo que se nos viene encima sólo hay que echar un vistazo a EE.UU. El otrora gran defensor de los derechos y libertades (eso, al menos, se creen ellos), entregado al neofascismo trumpista, trabaja incansable para desmantelar el rigor intelectual y científico, el espíritu humanista y hasta la decencia. Están creando un estado totalitario basado en las ideas más radicales del cristofascismo neoliberal. Su objetivo es anular, borrar, expulsar a los que ellos definen como sus enemigos. Estos son todos los que discrepen de sus ideas. Su bandera es "recuperar la grandeza de América" chantajeando, amenazando y obligando a postrarse al mundo ante los intereses de una América imperial. Pero han empezado por su propia casa. Están en la labor de erradicar a las personas con conductas -según ellos- desviadas: homosexuales, inmigrantes, laicistas, proabortistas, feministas, progresistas, musulmanes e, incluso, a los que ellos llaman, peyorativamente, "cristianos nominales", refiriéndose a quienes no se acogen a su interpretación perversa de la Biblia. A quienes se resisten a integrarse en su alienante movimiento de masas se los condena afirmando que suponen una amenaza para la seguridad, prosperidad, salud y la higiene del país y de la familia. Todos serán purgados. Según ellos se debe convertir o reprimir a los "desviados". Y ahí entra todo. Los medios de comunicación desviados, las escuelas desviadas, las universidades desviadas, las ideas políticas desviadas, los gobiernos y los jueces laicistas desviados, así como la iglesias desviadas, que se reformarán o cerrarán. Han comenzado la marcha hacia una distopía aterradora. No son una masa no pensante a las órdenes de un bufón con mala leche. Son el anuncio de una edad muy oscura donde se viola gravemente el derecho internacional, se laminan los derechos y libertades adquiridas, se persigue a inocentes, se tritura a los vulnerables. El poder usa ya sin control alguno herramientas "legales" para espiar, detener, negar el habeas corpus y torturar o asesinar a los propios ciudadanos estadounidenses. Muchos creen que el nuevo fascismo es para ellos una tabla de salvación material y emocional. Pero la ideología a la que prestan apoyo es despiadada y no dudará en purgarlos cuando ya no sean útiles a sus intereses.

domingo, 28 de diciembre de 2025

Depresión blanca

Me acabo de enterar de que lo mío tiene nombre. Se llama depresión blanca o blues navideño. Ocurre que, en llegando estas "fiestas", estás ya deseando que acaben. Te debates entre el flojo entusiasmo y la impostura, tus anémicos objetivos navideños se desvanecen como una pastilla efervescente y, por más que lo intentas, no eres capaz de reunir fuerzas suficientes para buscar la "magia" que posee al personal. Me desespero. La evasión a través del sueño no funciona. Pienso, incluso, para ocupar mi mente, practicar una de esas coreografías de pilates gratuito de YouTube repetidas en bucle. Pero, qué va. Mi procrastinación navideña no tiene límites, mientras mi mente divaga por las más oscuras emociones a las que he dado rienda suelta desde que vi el primer anuncio con Papá Noel. Leo que la "depresión blanca" está considerada como un síndrome con una serie de síntomas asociados como la tristeza, el insomnio, la ansiedad o ataques agudos de pesimismo. Te cuesta que la positividad obligada e impostada no te lapide villancico a villancico. La televisión, Twitter, Instagram, Pinterest, los pódcast, las camisetas, los jerseys navideños, las pegatinas, las tazas de café, los azucarillos, las vallas publicitarias y hasta los cojines de los cojones te invitan a vivir la Na-vida-d a tope. Y, encima, esa exigencia de alegría se multiplica mediante el bombardeo de tradiciones antiguas y nuevas, compras compulsivas y luces de colores que -digo yo- pretenden iluminar la oscuridad que todo ser humano lleva encima. Vamos a ver, que a mi me parece que está fetén que los adultos quieran en estas fechas volver a ser niños pero, coño, no niños malcriados, no tontos de baba, no ilusos sin remedio. Pero, sobre todo, que llegado un momento vuelvan a ser adultos responsables y no gañanes despreocupados. Porque cuando veo a uno de estos especímenes, que por lo general se mueven en manada, pienso: ¿Y si el comportamiento "patológico" no fuese el mío sino la alegría desmedida y sin razón y la despreocupación infantiloide ante la realidad que nos rodea? Y algo me susurra en la oreja: "Ho, Ho, Ho". Y dejo de malgastar energía en entender tanto desbarre para dedicarla a encontrar las palabras adecuadas que me permitan mantenerme a flote.

Problemas, digo paridas, mentales.

Ya sabíamos que los ricos también lloran. Ahora constatamos, con todo lujo de detalles, que los famosos también "sufren"... problemas de salud mental. Es lógico. En una sociedad que premia la confesión pública, el dolor ya no es algo que se lleva dentro, sino algo susceptible de convertir en marca y vender. La moda está ahora en estar todo el día “gestionando emociones” y no parar de hablar de tus problemas mentales como si estuvieras en la consulta del psicólogo. Y ya sabemos que los famosos son, como la familia real, gente normal, pero también muy dados a "facturar". Así se ha creado un espacio en el que el fervor confesional y la pseudociencia memificada son la base de una nueva fiebre social. El famoso vende sus problemillas mentales como vende colonia. Ha surgido una industria en torno a la idea de que todo es ansiedad, vista como algo que el individuo posee, airea, narra y cura como signo de triunfo personal. Vamos, lo que se llama mercantilización del dolor. Y como los famosos crean tendencia, sólo hay que darse una vuelta por las redes para ver cómo cualquier "creador de contenidos" de tres al cuarto pone cara tristona, hace pucheros, llora y reformula síntomas de agotamiento psíquico con gran recompensa algorítmica. Y, de ahí, a las estanterías de todo a cien de cualquier librería, abarrotadas desde libritos de autoayuda hasta manuales de sanación y análisis neurop. Y le dan a todos los palos, incluso a los que no sabías que existían: la menopausia como base de la inadaptación social, la ansiedad matemática, el liderazgo corporativo inauténtico, las trágicas formas en que un sistema nervioso destrozado dicta la elección de pareja... Menos mal que los más acomodados pueden elegir entre una oferta de seminarios VIP y talleres dedicados a "neutralizar los recuerdos traumáticos y conectar con el yo interior" o hacer un crucero de siete días por el Adriático, donde algún gurú de moda da una conferencia sobre cómo combatir el impacto del trauma en tu bienestar. Y todo por 7.000 miserables eurillos. El problema lo tienen aquellos cuyo cansancio psíquico no es la clase de agotamiento que se va con una buena semana de sueño, un paréntesis en tu carrera o un retiro en una isla del Índico. Su cansancio deriva de su agotamiento físico y de estar muerto de miedo todo el día porque no sabes cómo te irá mañana intentando sobrevivir. La pobreza es una mierda.

Feliz año nuevo

Pues ya ha llegado el momento de iniciar una nueva órbita alrededor del Sol. Hemos sobrevivido a las Fiestas, comido nuestra ración sexagesimal de uvas, deseado un año próspero y feliz... Ahora hay que ponerse a la tarea de creernos que empieza algo nuevo, una nueva aventura, una vida nueva. ¡Casi ná! Y atiborrarla de nuevos y buenos propósitos. E intentar no arruinarlos a las primeras de cambio. Y tener claro que el 3 de junio ya no es momento de felicitar el año nuevo. Y acordarse el 7 de enero de retrasar la báscula 3 Kg para no deprimirse. En fin, dedícate a perseguir tus sueños este 2026 . Y si no los alcanzas... consuélate, ¡al menos adelgazas!. Mi truco para que el nuevo año no me decepcione es, primero, saber que es un error esperar que algo te sea otorgado y que, si quieres algo, tendrás que salir a buscarlo. Y, después, creer firmemente que nuestro destino no está en manos de ningún Dios, de ninguna Providencia, de ninguna estrella, sino en nosotros mismos. Nuestro gran error es que recibimos el nuevo año recorriendo nuestra vida, habitación por habitación, elaborando una lista de cosas por hacer, de sueños por perseguir, de deseos por satisfacer, de grietas por remendar. Y lo hacemos, también, intentando olvidar, queriendo deshacernos de la mochila del pasado, quemando nuestras naves. Tal vez este año, para no frustrarnos, deberíamos recorrer las habitaciones de nuestras vidas, no en busca de automejoras, sino pensando cómo podemos contribuir a mejorar la existencia de los que nos rodean. Quizá eso nos haga más felices a nosotros mismos. En fin, no te plantees el vano esfuerzo de mejorar un año entero, escribe en tu corazón que, de lo que se trata, es de mejorar cada día de ese año. Y ánimo, que ya sólo nos quedan 930 millones de kilómetros para empezar una nueva "vuelta". Así que ¡Feliz vuelta al Sol 2026!

sábado, 27 de diciembre de 2025

Derrotados

Lo confieso: soy un raro. A lo largo de mi vida me han llamado de todo. Últimamente me han llamado "comunista" o "ateo". Lo hacen como insulto. Lo hacen ignorantes que no saben nada del comunismo. Los que serían incapaces de fundamentar mínimamente sus propias creencias. Ya sabemos que el insulto es la única arma del ignorante ante la falta de argumentos. Soy un raro porque no necesito adoptar sentimientos identitarios colectivos para saber quién soy. Soy un raro por sostener que para ser un auténtico comunista, o un auténtico cristiano, hay que ser muy valiente. En cambio, para ser un fascista basta con ser muy cobarde. Yo sólo soy uno de esos que admira a los que se levantan cada día a las seis de la mañana para tratar de sobrevivir. Uno de los que ven coraje en los que se levantan a diario aunque estén cansados, aunque tengan miedo, aunque les duela todo el cuerpo y toda la mente, aunque les duele la vida todos los días, porque no tienen alternativa. De los que creen que el cenit de la meritocracia está en los que tienen dificultad para llegar a fin de mes. En los que tienen dificultad para llegar al final de la vida. Soy de los que desconfían de los que sólo tienen certezas, porque yo sólo tengo dudas y preguntas. Soy el iluso que siempre estará con los pequeños y las minorías. Soy de los que aman las cosas que a nadie le importan ya. Soy de los que no renuncian a sus ideas o sus valores pese a saber que pertenece al grupo de los derrotados, que soy uno más de los restos del naufragio global. Soy de los derrotados de largo recorrido. De los que no podemos evitar estar del lado de los perdedores porque tenemos memoria. De los que sólo pueden aspirar a volver vivos de todas las derrotas.