¡Harto, oiga! Estoy harto. Harto de que, vaya donde vaya, esté obligado a cargar a mi espalda con un coach motivacional. Uno lee los periódicos o ve los noticiarios -los que todavía conservan algo de honestidad- y cree que se ha desatado el Armagedon, que ya está aquí el Juicio Final. El acabose, vamos. Y, después, parece que, para compensar, tienes que ir por la vida con una banda sonora que no para de exigirte sonreír, disfrutar, amar, soñar. Pero, coño, si yo solo he salido a tomar el sol. Entro a una cafetería. A lo lógico, a tomarme un cortado, y tampoco. La taza, al parecer, tenía incluida la oferta de desarrollar mi potencial creativo, emocional y psicosocial pero no me habían avisado y he chupado la cuchara después de mover el café. Miro las paredes y es peor. Todo está atiborrado de mensajes salvadores para conseguir mi transformación integral: "Sonríe cada día". "Vive cada instante". "Sueña sin miedo". Decido hacer caso y no acompañar el café con una tapa de boquerones en vinagre. Echo de menos cuando los únicos carteles de los bares prohibían escupir, tirar papeles al suelo o cantar flamenco Eran objetivos concretos, asumibles y alcanzables, no como ahora. Miro el envoltorio del azúcar y más de lo mismo. Escrito con esa letra de persona que ha dejado su trabajo para enseñar caligrafía en Instagram leo "Todo merece la pena si te hace reír". Pienso en un abuelete "escoñándose" en la acera. Me niego. Reivindicó el derecho a tener un día de mierda. Salgo de la cafetería convencido de que cómo no he salido de allí reconciliado con mi niño interior he hecho un uso indebido del establecimiento. Voy a convocar una huelga general contra la dictadura del optimismo injustificado y el marketing de la carencia. Estoy hasta el gorro de que para venderme un chorizo de segunda atiborrado de conservantes y potenciadores de sabor me hablen de la infancia añorada, del valor de la familia, de lacrimógenas nostalgias, de drama y superación y otras chorradas de marketing emocional. Al final la positividad tóxica y la mercantilización de la felicidad generan una enorme desconexión con la realidad de la experiencia humana. Provocan frustración y no sirven para nada. De lo contrario no habría tanta gente encabronada tomando café o una caña con un platito surtido de embutidos El Pozo. Me parece mucho más honesto ese anuncio radiofónico de las "Zapatillas Avutarda" que dice: "Las zapatillas deportivas Avutarda patrocinan a la selección nacional de salto lateral. Las zapatillas Avutarda son zapatillas para ganadores. Si no llevas unas Avutarda, eres un perdedor. Un miserable. Un desecho social. Una piltrafa humana. Das pena. Compra unas Avutarda, haz el favor" Mucho más honesto que esas servilletas que son como una ruleta rusa en papel de fumar de doble capa: sacas una del dispensador y te revela cómo debes vivir ese día. Sacas otra y cambia todos tus propósitos vitales. Las servilletas de antes no limpiaban la grasa. Éstas, tampoco, pero hay gente a la que le ayudan a aceptar la mancha con más alegría.
Vivir es intentarlo infinitas veces
sábado, 7 de noviembre de 2026
viernes, 6 de noviembre de 2026
Peña y la hija de puta de su hija
Uno podría pensar que nadie se arriesgaría a hacerse daño viendo cómo se lo ha hecho otro antes. Pero, claro, estamos hablando de la sociedad en la que vivimos. Una sociedad donde los procesos electorales han adoptado las lógicas del libre mercado, los partidos practican el marketing político y el ciudadano acepta la mercantilización de la democracia. En este sentido muchos políticos son meros vendedores, sus promesas funcionan como mercancia y los electores son simples consumidores. Es fácil verlo: las campañas electorales son proyectos publicitarios, los debates políticos profundos se sustituyen por eslóganes pegadizos, videos en redes sociales de pocos segundos trufados de exageraciones, medias verdades y bulos. Lo importante son las narrativas emocionales diseñadas para captar la atención en un mercado saturado de información. Y, como en todos los mercados, hay charlatanes, trileros y timadores expertos en vender humo, mercancía averiada o, incluso, capaces de estafarte en la venta. Gentuza que, además, tiene mucho éxito en una sociedad plagada de sectarios, ilusos, ignorantes, gentes polarizadas, adultos asustados, jóvenes desorientados, obreros desclasados... En menos de un mes estamos convocados a votar. Sería buena idea ver lo que los equivalentes ideológicos a nuestros candidatos están haciendo en sus países. Sería bueno que la gente pensara en la situación económica y social a la que Trump -el ídolo de las derechas patrias- ha arrastrado a su país para darse el monumental batacazo en las elecciones de medio mandato. Sería bueno que la gente pensara por qué en la Argentina de Milei -el amiguísimo de Abascal y Ayuso- en apenas seis meses ha aumentado la pobreza un 4,1% hasta afectar ya a uno de cada tres argentinos. Sería bueno que la gente supiera por qué acaba de dimitir el presidente de Paraguay, Santiago Peña, un político que tiene a Trump como referencia y confiesa admiración mutua con Milei. Otro de esos políticos que forma parte de ese club de las derechas radicales americanas que están llevando a sus países al marasmo. El señor Peña ha dimitido tras la crisis desatada por el cierre de uno de los mayores bancos del país, donde dos de cada tres paraguayos tenían su dinero. Tras esto, tres detallitos para que la gente reflexione: Peña entregó a este banco -privado, por supuesto- millonarios recursos de organismos públicos. Peña había mantenido con este banco vínculos patrimoniales a través del grupo que la controlaba. Curiosamente retiró todos sus activos en él hace unos meses. Y, por último, la quiebra del banco ha dejado a miles de paraguayos sin pensión. Y lo que es peor, el Instituto de Previsión Social, que gestiona el sistema de pensiones de la mayoría de los trabajadores del país, mantiene inversiones por unos 355 millones de dólares en este banco. Esta suma equivale alrededor del 9% de la cartera total. Ese dinero de las pensiones seguramente ha volado y dibuja un futuro muy negro para los pensionistas. Ese modelo es el qué proponen nuestras derechas. Peña es amigo personal y aliado del líder de Abascal. Y, lo mejor de todo, la hija del presidente, Constanza Peña, ha encontrado la solución al problema: ha publicado un tuit donde aparece con una camiseta en la que reclama "poner impuestos a los pobres". Cuando las barbas de tu vecino...
jueves, 5 de noviembre de 2026
Cristi-anos
Corría el año 2022. Congreso. Todos los grupos parlamentarios apoyaron encargar al Defensor del Pueblo la investigación de los abusos sexuales a menores en las instituciones de la Iglesia Católica española. Menos Vox, claro. La cosa ha ido a peor y ahora el PP se alinea en este tema sin fisuras con la ultraderecha. Lo confieso: de cuando en cuando escarbo en el vertedero mediático de la ultraderecha y muerdo algún canapé de esa fosa séptica. Total, hasta Ulises bajó al inframundo para consultar al adivino Tiresias y conocer cómo regresar a Ítaca. Uno se entera de cosas fabulosas en esos estercoleros digitales. Por ejemplo, que allí todos son catoliquísimos. Supongo que la misa de los domingos va en el mismo pack estético que la gomina y el fachaleco y alguno se persignará porque le conjunta con el polo de spagnolo. Siempre ha habido "hideputas" que se han aferrado a la cruz para justificar la espada o arribistas que se mearían en la sangre de los mártires si eso les conviniese. En fin, esas marquesas de mantilla el jueves santo y patada en el culo a la criada siguen procesionando. Ninguna novedad, oiga. Lo que sí me ha sorprendido es que los amigos de la patria irredenta tengan entre sus habituales un batallón ensotanado, señores ungidos con los santos óleos que por la mañana te predican desde el púlpito el amor al prójimo y por la tarde hostigan a los menas. Son los que dan la bendición a la señora que acusa al muchacho que se abrazó a la cooperante de Cruz Roja de querer meterle la cara entre las tetas. Dicen que está gente tiene tachado el pasaje de los evangelios que dice eso de: en "tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui extranjero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me asististeis, en la cárcel y vinisteis a visitarme". Por comunista. Esta gente cree que uno puede cometer todos los crímenes de este mundo, pero tendrá el favor de Cristo si pone en el programa electoral que está contra el aborto, la eutanasia y que no lo llamen matrimonio. Así son ellos de simples. Y de cínicos. Que ese Dios en el que no creo me perdone, pero entiendo que hay algo profundamente despreciable, algo hediondo y repugnante, en aquellos que tienen el mandato divino de amar al prójimo pero no respetan el dolor ajeno, en quienes lo minimizan o lo desdeñan, cuando no lo festejan. Es, qué se yo, un tufillo de putrefacción, como de cadaverina, que les sale por la boca al mismo tiempo que sus rebuznos. Ese olor es muy pegajoso, y una vez se te mete en las ropas se te queda en las carnes. No se va, por mucho incienso que enciendas, por mucho fervor que sientas al paso de tu cristo favorito o por mucha medalla del Rocío que cuelgues del espejo retrovisor junto a la cinta con la bandera de España. Y ten cuidado que un día te vas a matar, que tanta medalla, tanta bandera y tanto tarrito de ambientador te tapa la luna del coche y te resta visibilidad.
miércoles, 4 de noviembre de 2026
Mirar detrás
Vivimos en un mundo donde nadie repara en si estás bien o tienes problemas, pero todos se fijan en si has engordado o cómo te sienta el peinado. Quizá deberíamos aprender a mirar más allá de lo que ven los ojos. Con razón se dice que no hay mayor ciego que el que no quiere ver. Atravesamos momentos donde ésto es más verdad que nunca. Porque vamos por la vida embistiendo como los toros, entrando al trapo, siguiendo el primer engaño que nos ponen delante. Tal vez el mejor antídoto contra esa ignorancia elegida que nos domina consiste simplemente en mirar más allá de lo visible, intentar ver qué hay más allá del decorado que nos presentan. Tras la tragedia de Urda ha vuelto a pasar: una legión de tertulianos, opinadores, periodistas de trinchera, predicadores mediáticos, expertos de bandera, politicastros de vocación poltronera y gentes varias siempre dispuestas a adaptar los acontecimientos, la realidad y hasta la verdad a su fé ideológica, se han esforzado en que veamos lo que a ellos les interesa y han sembrado el campo de flechas apuntando a "sus" culpables. Estos suelen tener un nombre y ese nombre, qué casualidad, coincide con el de sus opositores ideológicos. Para mucha gente ya no merece mirar más allá. Para qué, si ya tienes tú chivo expiatorio. Pero mientras, se esfuerzan en mostrar dolor, consternación, conmoción, indignación... Y, por supuesto, tras referirse a las víctimas, amplían el marco de su solidaridad a todos los usuarios del ferrocarril, a todos los que necesitan viajar, a los que trabajan con los que viajan, a los que hacen negocio con los que viajan y a todo aquél que pueda darles su voto. Pero, ¿vemos lo que hacen detrás del escenario? Me temo que no. Lo cierto es que toda esa gente "afectada" se convierten rápidamente en sus víctimas. En la de políticos desaprensivos, empresas desaprensivas, gentes desaprensivas. Desde el día de la tragedia vemos a pasajeros indignados porque un vuelo a Andalucía cuesta de pronto 380 euros, o porque un viaje en autobús o coche compartido casi duplica su precio. Lo mismo pasa con los precios de los hoteles. Algunos de aquellos políticos tienen la jeta de denunciar el "abuso" de quienes se aprovechan de una tragedia. Y ahí, precisamente ahí, es donde conviene mirar detrás y atrás. Lo mismo ocurrió tras el accidente de Adamuz. Entonces, el Gobierno intentó evitar la subida especulativa y abusiva de los precios presentando una iniciativa parlamentaria. Y, oh, sorpresa, la derecha y la extrema derecha lo impidieron con su voto en el Congreso: El 26 de febrero, la iniciativa fue derogada tras ser rechazada por 177 votos en contra, los de PP, Vox y Junts. Los argumentos de la oposición se centraron en tildar la medida de "intervencionista" o negar directamente la existencia de abusos en el mercado. Tras el accidente de Urda y el corte de la línea Madrid-Andalucía, la situación se repite porque las derechas se opusieron a que la administración tuviese la herramienta legal para intervenir. Porque esta gente puede jurar y perjurar que quiere ayudarte pero, a la hora de la verdad, para ellos el mercado es sagrado y cualquier intento de impedir la subida abusiva de precios, la especulación con la vivienda o la inflación de los productos básicos es -para ellos- "comunismo, así que "agua y ajo". El Gobierno ha anunciado que volverá a llevar la norma de limitación de precios al Congreso. ¿Apostamos quién va a votar en contra?
Contradicción y cinismo en estado puro
Tras la necesaria dimisión de Óscar Puente, Ester Muñoz, portavoz del PP en el Congreso, ha sido la primera dirigente de su partido en reaccionar: "Ha llegado 116 muertos tarde", ha dicho. Esta señora pertenece al mismo partido que no pidió nunca la dimisión de Mazón por las 234 víctimas de la Dana. Este señor tardó más de un año en abandonar la presidencia de la Generalitat, protegido en todo momento por su partido. Lo hizo cinco días después del funeral de estado en que fue increpado por las víctimas que, en realidad, fueron las que lo obligaron a irse. Mazón dejó la presidencia, pero no su escaño. Conserva las prebendas de todo expresident de la Generalitat y, además, su partido le premiaba con un puesto en la comisión del reglamento de la cámara (otros 600 euros mensuales más a la saca) que nunca se ha reunido. El PP tampoco ha pedido nunca la dimisión de Ayuso por los 7291 fallecidos en sus residencias vinculados a su inhumano y criminal protocolo durante el COVID. Es más, se ha opuesto en todo momento a abrir una comisión de investigación sobre el tema con el apoyo de Vox. Eso sí, ahora, el partido de ultraderecha asegura que "va a hacer lo imposible" para que Puente "pague ante un tribunal por cada una de las 116 muertes" de los accidentes de Adamuz y Urda. Todo es cuestión de encontrar un juez "sensible" a sus ideas. Pero Vox también dice cosas que nos deberían preocupar. Y mucho. Si ya es estúpido que Feijóo pida a los sindicatos que "reconsideren" la huelga general, que él considera que está convocada "contra la oposición" -caso único en el mundo,- y "es un grave error" tras el accidente de Toledo (pues todos sabemos que el accidente ha hecho bajar los precios y ha resuelto el problema de la vivienda), Vox da una vuelta de tuerca y bordea la inconstitucionalidad, el fascismo más rampante y el matonismo al amenazar Abascal a los sindicatos por la huelga general del 11N y advertirles que "si la mantienen y el PP y Vox llegan al poder, "tomaremos nota". La frase suena a amenaza antidemocrática, a política de miedo, a listas negras, y anuncia lo que estos partidos harán cuando lleguen al poder con derechos considerados como el de huelga. Pero, para mí, lo más cínico es que el líder de la ultraderecha diga que la huelga atenta contra el derecho del ciudadano al uso de los servicios públicos cuando sus políticas están destinadas a machacar esos servicios y, a la vez, apoyan la huelga de maquinistas. Contradicción y cinismo en estado puro.
martes, 3 de noviembre de 2026
Capitalismo libidinal
La invención de la suma
Se ha hecho viral un mensaje, miles de veces reenviado por WhatsApp, que te presenta como inexplicable y extraordinario -sucede sólo una vez cada mil años, te dicen- el que si al año en que naciste le sumas tu edad te da como resultado el año en curso. La mayoría de la gente se queda misteriosamente sorprendida: Han descubierto ¡la suma!. Con cosas como ésta uno se explica por qué los bulos corren como la pólvora, por qué hay cada vez más negacionistas de lo evidente, porque la ultraderecha avanza imparable a base de mentir. La gente se cree todo lo que le echen. Y lo hace porque no se para un momento a pensar, a analizar y a sacar conclusiones propias. Eso lo aprovecha como nadie la extrema derecha. No lo inventaron ellos pero lo aplican a la perfección y sin vergüenza alguna. El mecanismo es simple: se parte de hechos reales que preocupan a la gente, como que los precios no paran de subir, que los sueldos no llegan, que la vivienda es ya un lujo, que los jóvenes no pueden emanciparse... Todo eso es verdad, y por eso el anzuelo funciona. La mentira no está en los hechos que sirven de base para fabricarla, está en la búsqueda de culpables y, todavía más, en la solución. Usan la misma lógica del timo: se parte de algo real, se dan cifras altas que nadie contrasta, se establece un agravio comparativo y se busca una víctima a la que señalar. Ahí está el truco, pero antes de pensarlo la gente ya ha mordido el anzuelo. El truco consiste en desviar la culpa. El discurso ultra busca siempre los culpables hacia abajo y hacia fuera. Que los precios se disparen, que el precio de la vivienda esté por las nubes, que los sueldos sean bajos..., para los ultras, no tiene nada que ver con un capitalismo salvaje, con unos ricos insaciables, con un sistema especulador, con unos bancos sacamantecas, con los rentistas que fijan el precio del alquiler, con los fondos buitre, con un empresariado explotador... No, que va. La culpa la tienen los de abajo, los que son más pobres que tú. Y te dicen que tu eres cada vez más pobre por culpa del inmigrante mantero, el menor tutelado, la vecina con hiyab, el enfermo que cobra una paga de invalidez, la "paguita" que recibe el señor de 58 años al que ya nadie quiere contratar o esas falsas pagas que dicen los ultras que reciben los inmigrantes nada más llegar. Y tu no te preocupas en saber si es verdad. Porque, además, te dicen que es tu última oportunidad para "salvar España". La prisa anula la posibilidad de pensar. Ningún timador quiere que consultes a tu hijo antes de comprarle lo que te ofrece; ningún agitador quiere que compruebes si lo que dice el vídeo es verdad antes de compartirlo. La prisa es la condición del engaño. Pero nada de esto sería tan eficaz sin la maquinaria que lo distribuye. La extrema derecha ha perfeccionado la jugada. Primero desacredita a la prensa que no le baila el agua, a los jueces no afines, a los científicos, a cualquier experto independiente. Después ofrece, como única fuente limpia, sus propios canales, sus agitadores con micrófono que se hacen pasar por periodistas, sus vídeos basados en la manipulación y la mentira. El engaño tiene niveles. En el sótano, Telegram y los canales cerrados, donde se fabrica el material y se organiza la gente. En los pisos principales, X, TikTok, los reels, el vídeo corto que el algoritmo premia cuanto más indigna. En el último piso, el dirigente político que recoge lo que ha subido y lo legitima con su firma. Y en el ático, como eco, los medios que lo amplifican para condimentar su relato. El 29 de noviembre muchos votarán con el móvil todavía caliente en la mano, después de morder todos los anzuelos con la carnaza que la extrema derecha les ha echado. Sin pararse a pensar qué de lo que le han vendido es verdad o es mentira. Pero ya será tarde porque en ese momento su billetera ya estará en el bolsillo del carterista.