Las palabras no son neutras. Las palabras y las frases que utilizan las élites políticas y económicas neoliberales intentan que la ciudadanía se comporte de ciertas maneras que a ellos les conviene, sobre todo para que adopte opiniones y comportamientos sin que los poderosos tengan que ejercer la fuerza de manera obvia. El lenguaje es la primera y más necesaria arma del capitalismo neoliberal. Las élites económicas y políticas logran dominar a la población mediante el lenguaje, consiguen perpetuar y extender una visión única, acorde con los intereses que persiguen. Ellos son los que elaboran el marco desde el que la sociedad contempla los problemas que atañen a la sociedad. A través de las estrategias lingüísticas de los poderosos, la población ha llegado a creer -por ejemplo- que este tiempo de gran enriquecimiento de unos pocos es, en realidad, una crisis, de la que todos (las clases medias, los pobres o los precarios) somos igual de responsables. Con la puesta en marcha del mayor eufemismo neoliberal, las "reformas estructurales", se trató de justificar el mayor atraco en contra de las clases medias trabajadoras. Y lo consiguieron al lograr que muchos ciudadanos aceptasen medidas que benefician a los perversos intereses del capital a costa de los trabajadores. El perverso lenguaje neoliberal lo contamina todo. Han hecho del eufemismo el elemento troncal de su discurso en el intento por diluir mediante la palabra el duro efecto que sus medidas generan en la mayor parte de la población, sobre todo en la parte más vulnerable. Hablan de "flexibilización laboral" para referirse a prácticas que recuperan viejas formas de explotación de trabajadores. Para ellos flexibilizar es igual a precarizar. Hablan de "modernización del Estado" para justificar su adelgazamiento a favor de la empresa privada. Hablan de "colaboración público-privada" para maquillar el desvío de fondos públicos para beneficio del interés privado. Hablan de "empleo de calidad" para referirse a las condiciones laborales cada vez más precarias basadas en contratos indefinidos que valen igual que el papel mojado. Llaman "ajustes estructurales" a los recortes salvajes. Llaman "acomodamiento de precios relativos" a la espiral inflacionaria. Llaman "deslizamiento tarifario" al brutal aumento de las tarifas de servicios públicos y privados". Para ellos no existe la desigualdad, prefieren hablar de "dispersión de ingresos". Hablan de "Libertad Inmobiliaria" para referirse a convertir la vivienda en una máquina de extracción de rentas. Llaman "independencia financiera" a hipotecarse hasta las cejas para comprar pisos que otros no podrán comprar jamás. Presentan a los enfermos como sujetos que "abusan del sistema". Muchos eufemismos esconden claras manipulaciones como "rescate", un término para esconder la entrega de dinero público para solventar los problemas causados por la incompetencia o las malas prácticas especulativas del sector privado. “austeridad” o “deuda”, la normalización de la precariedad laboral, extender la culpabilidad entre quienes son despedidos y van a parar al paro o gobernar en base al miedo son algunos de los aspectos analizados por la autora. Para ellos "austeridad" significa la reducción brutal del gasto público, la contracción del Estado de bienestar y el recorte de servicios sociales básicos como salud y educación. "Cambio climático" es una obsesión de la izquierda que ésta ha convertido en una agenda ideológica. "Pensiones insostenibles" no es otra cosa que el intento de privatizarlas. "Libertad de expresión" significa derecho a difamar. "Pensar distinto" es justificar negacionismos y mierdas fascistas. "Derecho de opinión" es tener patente de corso para crispar en las tertulias". Y así todo. Con lo fácil que es llamar a las cosas por su nombre: hijos de puta a los tenofachas; genocida sionista al Estado de Israel; guerra de exterminio a la guerra táctica; imbéciles a los negacionistas o habilidad con dos pulgares y ni un dedo de frente a la digitalización.
Vivir es intentarlo infinitas veces
viernes, 31 de julio de 2026
jueves, 30 de julio de 2026
El campo está "abandonado""
Dicen muchos "agricultores", de esos que en su vida han doblado el lomo, que nunca han pisado un terrón recién salido de un surco, que sólo recorren su finca subidos en su todo terreno, que al "campo lo tienen abandonado" y por eso arde. Que si no fuera por ellos... Leo que "le retiran 70.000 euros de la ayuda por Joven Agricultor a una joven". Ello tras una inspección rutinaria en la que la chica, que guiaba a los inspectores, se perdió 20 minutos buscando su propia finca; la tuvieron que guiar a través del móvil; demostró no tener ni idea de lo que allí se producía ni de qué trámites tuvo que hacer para pedir la subvención; ignoraba que obligaciones adquiría; dijo que lo que quería era comprarse un tractor y -además- se descubrió que tenía una farmacia. Leo que "la Guardia Civil investiga a un alcalde de Vox como presunto responsable del incendio de Guadalajara por cosechar en su finca cuando estaba prohibido". Leo que "la Guardia Civil ha detenido a dos personas como presuntos responsables del incendio de Almorox, en Toledo". Estaban soldando una estructura metálica en su finca y provocaron el fuego. Ese día el riesgo de incendio era extremo y esa actividad estaba prohibida. Leo que "el operario de una empresa de maquinaria provocó el gran incendio de Ávila". Su empresa fue contratada por una asociación de ganaderos local para abrir un camino para las vacas. No se podían hacer esos trabajos pero alguien no podía esperar. Leo que "Ayuso se compra un ático de seis millones". Mientras dice que no hay dinero para los bomberos y los tiene sin contrato y a 1.300 euros al mes, ella se gasta seis millones en un ático de lujo frente a la vivienda de sus padres. En el incendio de Madrid, Ayuso se quitó de enmedio. Ahora Feijoo sale a justificar lo que ha pasado con no sé qué mierda de estos "nuevos fuegos torbellino" que ni él mismo entiende. Quizá hubiera sido mejor que hubiese salido a esclarecer cómo es que el gobierno de Ayuso desvió más de 40 millones destinados a la prevención de incendios forestales y la mejora del servicio de bomberos para gastárselos en vaya usted a saber qué otras "prioridadades": Reclutamiento de curas. Informes sobre los derechos de los no nacidos. Más contratos con la Quirón. Circuitos de Fórmula 1. Hospitales de la Señorita Pepis. Clases para que los niños aprendan a poner banderillas. Obra pública faraónica. Publicidad institucional. Áticos de lujo... El campo no está abandonado, está en manos de irresponsables.
Qué pereza pensar
Hay que reconocer que el "Sistema" es muy inteligente. Tanto, que se esfuerza en que seamos más tontos cada día. Por supuesto, en beneficio propio. Cualquier experto en psicología sabe que buscar explicaciones complicadas genera ansiedad, que sobrepensar nos fatiga. La solución del sistema es sencilla: "No te compliques la vida, no pienses. Ya pensamos nosotros por ti". El resultado es la banalización y la simplificación excesiva de la realidad, producto de una cultura rápida que premia el consumo inmediato y cómodo de mensajes. Las redes sociales, la prisa diaria y la sobreinformación reducen los temas profundos a frases cortas o etiquetas vacías. Se prefiere ver un vídeo corto o escuchar un podcast que leer. Y, si lees, mejor quedarse en el titular o, como mucho, en la entradilla. Tenemos prisa por consumir datos sin buscar el trasfondo. Se fomenta la cultura del estímulo rápido: Los formatos visuales cortos premian el entretenimiento antes que el análisis. Esto induce a la pereza intelectual, a tolerar que piensen por ti. Resulta más cómodo repetir un lema simple que estudiar un problema difícil. La condición actual de los medios de comunicación parece ser la de la hipersimplificación para el consumo inmediato, la llamada “tiktoktificación” del discurso. Para el Sistema no somos únicamente consumidores de información; nos ha convertido en yonkis de una forma muy concreta de información: aquella que ofrece la recompensa inmediata de creer que comprendemos un mundo extraordinariamente complejo mediante explicaciones extraordinariamente simples. Da igual que la base sea la verdad o el bulo. Como toda adicción, esta también modifica nuestros hábitos. Cada nueva dosis de contenido breve reduce progresivamente el umbral de atención necesario para enfrentarnos a ideas complejas que exigen tiempo, matices e incertidumbre. ¿Cuál es el problema? Pues que los fenómenos sociales, económicos y ambientales que requieren nuestra atención rara vez caben en vídeos de treinta segundos. Consiguen así que pensar deje de ser un proceso y pase a convertirse en un gesto. Cada vez más gente asume ideas como si de un dogma de fe se tratase. La desinformación, la manipulación, el bulo, encuentran entonces un terreno especialmente fértil y deshumanizar al adversario resulta extraordinariamente sencillo: deja de ser una persona para convertirse en una caricatura. La espectacularización del debate público está empobreciendo la conversación y el propio universo de ideas de esta sociedad. La presencia en las tertulias de mercenarios ideológicos y de advenedizos de la opinión; el abuso de lemas y eslóganes; la apropiación que muchos periodistas hacen del las consignas o argumentario de los partidos para conformar su opinión; el tono crispado que se utiliza..., favorecen procesos de radicalización y la sustitución del razonamiento por las emociones menos elaboradas, favoreciendo el componente de animalidad. La complejidad y el pensamiento crítico son percibidos, cada vez más y por más gente, como irrelevantes, anacrónicos o incluso inútiles, tildando a intelectuales, divulgadores, analistas y científicos de soberbios. "¡A mí me va a decir éste lo que tengo que pensar"¡, dicen los ignorantes más soberbios. Y, acto seguido, se amorran a su móvil para que el algoritmo les ofrezca una recompensa inmediata en forma de dosis de dopamina en el siguiente contenido corto o video viral, eliminando cualquier interés por profundizar en cualquier tema. Porque profundizar exige interés por el conocimiento y la verdad, tiempo, esfuerzo y la posibilidad incómoda de descubrir que uno estaba equivocado.
miércoles, 29 de julio de 2026
Ser tonto es una condición.
Ser tonto es una condición. Ser imbécil es una decisión. Si los bosques gritaran mientras se consumen, quizá algunos se darían cuenta de lo imbéciles que son. Pero solo crepitan. Y ese sonido, al parecer, no compite con la estéril y cansina bronca política o con el último estúpido gurú de internet explicando que la Tierra es plana, las vacunas enferman y el cambio climático es una conspiración para vender coches eléctricos y una alucinación de los "ecohistericos y su agenda ideológica". Menudos mostrencos. No saben que detrás de cada gran incendio no hay terreno: hay siglos, hay tiempo, hay equilibrio natural. Hay vida. Cada gran incendio calcina nuestra salud y nuestro futuro. De estos necios sólo escuchamos frases pronunciadas con la seguridad de quien jamás ha dejado que un dato científico le estropee una absurda opinión. Están tan al margen del conocimiento que "creen" -ellos no piensan, sólo creen- que su opinión tiene salvaguarda legal, "saber" no. "Los incendios siempre han existido" ululan, pero no aportan ni un solo dato, no ofrecen ningún matiz no aportan ninguna explicación. La diferencia entre una persona informada y un negacionista es que la primera cambia de opinión cuando aparecen las pruebas; el segundo cambia de canal, pero no su soberbia de ignorante. Ante un incendio está gente sólo ve el paisaje y su repercusión en el turismo o el negocio agrario, porque tratan los bosques como si fueran decoración para monetizar o nicho de negocio. Ni se les ocurre pensar que cuando arde un bosque no solo desaparece la vegetación: Se esfuman también insectos, anfibios, aves, mamíferos, hongos y microorganismos que sostienen un equilibrio del que depende, entre otras cosas, nuestra comida. También desaparece una inmensa fábrica biológica que captura dióxido de carbono y produce oxígeno. Ni se les ocurre pensar que en un incendio se pierde la infraestructura natural que limpia el aire, retiene y regula el agua, enfría el clima y hace posible la vida. Sólo están pendientes de sus estúpidas ideologías y del. dinero. Dinero para hoy, miseria para mañana. La naturaleza no lee comentarios en X ni vota en las urnas pero es víctima de esos negacionista que basan su andamiaje mental en unos cuantos vídeos de cuarenta segundos y un "cuñao" con conexión a internet. Y se suman a esa rémora de borregos que aplauden al lobo, que además de mirarlos con hambre y desprecio, no tiene vergüenza.
España arde por los cuatro costados.
España arde por los cuatro costados. Arde como todos los años, pero más que todos los años, peor que todos los años, porque las medidas para prevenirlo no se toman como debieran. Porque se prefiere invertir en otras cosas. Porque se privatiza lo público para beneficiar a la empresa privada. La mayoría de los medios aéreos para extinción están en manos del "cártel de los incendios" que consiguió la exclusividad del servicio gracias a mordidas. Un histórico consejero del PP valenciano fue condenado por participar en una trama corrupta para alterar la adjudicación de los contratos de extinción de incendios en el sector de la navegación aérea. Porque no se limpian los bosques amparándose en la mentira de que la ley lo prohíbe. Porque el 70% de la propiedad de montes está en manos privadas y a sus dueños "nadie les dice lo que tienen que hacer en su casa". Porque el cambio climático -ese que muchos niegan- está aquí y corre más que el propio fuego. Porque a los bomberos forestales se les contrata temporalmente por cuatro perras y se les mantiene con convenios caducados y sueldos congelados desde hace años. Porque las empresas privadas que los contratan no les dan formación, no les proporcionan el material adecuado ni los medios necesarios. Porque los partidos de la derecha están firmando pactos para rechazar lo que ellos llaman "agenda ideológica medioambiental". Porque la forma adecuada para prevenir y extinguir incendios demandarían una inversión pública alta y constante en un momento en el que la mayoría de la población babea ante las promesas de bajar impuestos. Mientras, los responsables hibernan en sus despachos con calefacción invirtiendo en iluminaciones, fiestas y cabalgatas. En verano, encienden su aire acondicionado y rezan para que no haya incendios y, si los hay, se afanan en construir un relato, con su cinismo iletrado, y una iconografía mórbida para una sociedad palurda que se traga casi todo. Se desplazan al lugar de incendio, lo bastante lejos para que no les afecte el calor y el humo, y allí se afanan en lucir palmito con un "outfit" especial para incendios. Allí comienzan también a sacudirse sus responsabilidades e intentar cargarlas en la espalda de otros. Bueno, algunos como Abascal pasan los incendios criticando desde su yate en la costa asturiana y apoyando a su alcalde acusado de provocar un incendio en Guadalajara por incumplir las normas. Y Feijoo, el día que se ampliaba la emergencia nacional por los incendios a Toledo -además de Ávila y Madrid- se fue a Santiago a pasar el día del apóstol, para después mostrar su supina ignorancia o su amor por la mentira -o ambas cosas- culpando a "leyes restrictivas" de impedir el desbroce y la prevención, algo que defiende la extrema derecha y desmienten ilustres juristas, ingenieros de montes, expertos en gestión forestal y, en general, la gente decente y bien informada.
martes, 28 de julio de 2026
Hasta el moño de egoístas
Estoy hasta el moño. Me crispa. Me hastía verlos. No sé si os habéis fijado, pero en este mundo hay mucha gente y muy pocas personas. Cada vez más gente vive en un eterno "su majestad el bebé"; es decir, que vivimos rodeados de adultos que no quieren abandonar la fantasía narcisista de haberlo sido todo para sus padres. Con tanto narcisista es imposible que esta sociedad viva en armonía. Hemos creado una sociedad egoísta, en el mal sentido de la palabra, si es que la palabra egoísta tiene alguna acepción que no sea creerse el centro del Universo. El nuevo deporte nacional es quejarse. De todo. Con un aire de superioridad moral, un tono de enojo e irritación y un trasfondo de populismo barato. Vivimos los incendios forestales más graves y extensos de la historia. Ninguna sorpresa para los que les duele la boca de advertir sobre las consecuencias del cambio climático. Ese que muchos de los que ahora se quejan con la yugular hinchada niegan. Esos que aprovechan la presencia de una cámara para quejarse de todo: "Nos han dejado solos. Nos han abandonado. Nadie ha venido a ayudarnos. Nadie hace nada". Eso pese a que en la zona están presentes más medios que nunca para intentar controlar un fuego incontrolable, que afecta a decenas de miles de hectáreas con frentes de decenas de kilómetros. Ahora se ha dado un paso más: se ha emprendido un ataque inmisericorde contra los bomberos, contra los mandos y los miembros de la UME, contra miembros de las fuerzas del orden y protección civil. Los que despotrican -algunos- lo hacen en un estado de tensión y nerviosismo. El fuego ha afectado a sus propiedades, sus negocios, sus pueblos. Pero no todo vale. Mucha gente pretende encontrar dos coches de bomberos delante de su casa, para proteger su propiedad, sus vehículos, sus animales... Mucha gente pide medios, muchos más medios. Y que éstos estén a su disposición. Todo el mundo pide: más medios, más servicios, más personal, más ayudas, más todo. Pero casi nadie quiere dar. Todo el mundo se queja de los impuestos, y muchos votan a los que prometen reducirlos. Todos exigen que se prevenga, que se haga, pero se quejan cuando se les imponen obligaciones. Las derechas, esas que incumplen sus obligaciones respecto a las políticas forestales, las que congelan presupuestos para tal fin, las que maltratan laboralmente a los bomberos forestales -esos a los que exigen que arriesguen su vida por un contrato temporal de 1300 euros- ofrecen como única aportación que se eleven las penas a los que provocan incendios. Pero, ay... A las dos de la tarde se inició el incendio forestal de La Mierla, en Guadalajara. Unas horas antes Rubén Marchamalo cosechaba cereal en su finca, al lado del pinar. Fue visto hablando con el conductor de un camión del grano mientras la cosechadora estaba trabajando. Al día siguiente las autoridades señalaron a la cosechadora de cereal de los Marchamalo como responsable del inicio del del fuego que acabó calcinando 35.000 Ha (el 95% dentro de un parque natural). Días después se convoca una concentración anónima en defensa de Marchamalo, el alcalde de VOX de Robledillo de Mohernando. Porque esa gente que acusa a otros de no hacer nada tiene muy claro que, a ellos, "nadie les va a decir lo que pueden o no pueden hacer" en sus casas, sus fincas, sus pueblos.
A esa hora, según eldiario.es, Ricardo Jiménez, alcalde de La Mierla (PSOE), coincidió con Marchamalo a 500 m de la finca. El alcalde de VOX
lunes, 27 de julio de 2026
Puto internet
Somos una especie que ha basado buena parte de su desarrollo en la comunicación. Esto podría ser una ventaja en un momento donde la información circula como nunca. Pero la información es como un cuchillo, que puede servir, al mismo tiempo, para untar mantequilla o rebanarle el cuello a un semejante. Hay mucha gente que cree que el ecosistema que habita en internet es un territorio de libertad y son ellos los que toman las decisiones. Nada más lejos de la realidad. Las plataformas digitales convierten la aparente libertad de elección en un sofisticado mecanismo de control: creemos actuar espontáneamente cuando, en realidad, nuestras preferencias son moldeadas por sistemas cuyo modelo de negocio consiste en captar nuestra atención y mercantilizar nuestros datos. Pero hay algo peor: lo que mucha gente cree que les ayuda a relacionarse, en realidad les aísla. Antes de las redes la presencialidad era la norma, nuestra identidad dependía en parte de la validación directa de los demás y moldeábamos el yo a partir de las interacciones y de las respuestas inmediatas que nuestro comportamiento generaba en quienes nos rodeaban, entrando así en una negociación constante con el colectivo. Si tenías un comportamiento reprobable para el grupo, eras rechazado y acababas cambiando de conducta o buscando otro grupo. Ahora, en el espacio digital, seguimos reuniéndonos, "debatiendo" e informándonos, pero lo hacemos dentro de infraestructuras cuya arquitectura y normas son definidas por actores privados. Y, a menudo, interactuamos con completos desconocidos, gentes de toda ralea y condición: De gente educada a auténticos gañanes, de personas equilibradas a increíbles energúmenos, de individuos francos a otros falsos, interesados, faltones o, directamente, sociópatas. Y, para colmo, el tecnofeudalismo se comporta como una oligarquía global de empresas que controla el flujo y la propiedad de los datos. En la práctica, ello implica decidir quién es visible y de qué manera lo es, premian unos comportamientos comunicativos y penalizan otros, favorecen determinadas ideologías sobre otras... ¿Dónde está en estas condiciones la libertad? Yo te lo digo: en el infantil imaginario de esa gente que cree que a la defensa de derechos se va cabalgando sobre un unicornio rosa.