Cada vez más gente queda atrapada por el "capitalismo de identidad", ligado a las redes sociales y que conduce a un exhibicionismo que puede ir de lo antiestético a lo grosero, de lo irracional a lo estúpido. A veces es signo de ignorancia y hasta de desesperación; y en el mejor de los casos, la resignación de incluir la identidad en redes sociales, perfiles laborales y demás plataformas por mera supervivencia. Como resultado de todo esto surgen personalidades narcisistas, por adorarse, gustarse y recrearse en su propia contemplación, donde el selfie, resulta como la opción más popular. Por ello, no es de extrañar que este hábito domine la comunicación social y por tanto sea ya, algo inherente a nuestro YO. El narcisismo nos invade a consecuencia de la globalización de las redes, la inmediatez y la fugacidad, que conducen a un individuo egoísta y despreocupado de su pasado y su futuro. Llegó así la era del hedonismo y el individualismo fruto del desencanto y la desconfianza hacia todo. Llegamos así a la estupidez suprema: se rechaza la verdad para abrazar el bulo; se niega la ciencia para validar el negacionismo; se margina a los que saben para dar voz a los ignorantes. El narcisismo ha abolido lo trágico y aparece como una forma de apatía que mantiene una profunda indiferencia hacia el mundo, donde no preocupa el futuro, solo interesa el presente y el yo. Pero es un presente putrefacto que convierte en normal y aceptable la superficialidad y la bellaquería de políticos impresentables, reyes campechanos, celebridades y estrellas del fútbol. Perdidos y hundidos en la más profunda decepción de nuestros ejemplos a seguir, asimilamos y adaptamos sus comportamientos. Paradójicamente el exhibicionismo nos lleva al aislamiento y a la descomposición de nuestro ser social, cada vez más individualista, al YO que no sabe mirar más allá de su ombligo; el que salva su culo y el que venga detrás que arree. El YO que, sometido a la basta cantidad de información, estímulos y tareas, es capaz de creerse todo y de no creerse nada, o más bien, el YO narcisista, que solo cree lo que le interesa creer y que defiende su razón, aunque eso lo convierta en un fraude.
Vivir es intentarlo infinitas veces
lunes, 9 de marzo de 2026
sábado, 7 de marzo de 2026
*Anguita y el presente
"Estados Unidos ha vivido siempre de depredar, de robar, de matar. Ha intervenido en donde ha querido, ha hecho lo que le ha dado la gana, ha quitado y ha puesto gobiernos. Lo ha hecho, además, con un discuso que a mí me resulta pueril, propio de mentes poco inteligentes si no fuese porque tienen bomba atómica. El discurso de Bush sobre la lucha del bien y del mal, sobre que América está llamada a..., me recuerda a un tal Adolfo Hitler", que afirmaba lo mismo con Alemania. Sólo hay que comparar el "América tiene que..." con el "la raza aria tiene que...". Y no olvidemos una cosa: todos los fascismos se caracterizan por su simplificación: el bueno y el malo. El bien contra el mal. Y, además ¿quién es el malo? Pues lo dice EE.UU. Sus presidentes pusieron en marcha el concepto de "guerra preventiva": Dicho de otra manera: yo pienso que usted me va a atacar. ¿Qué razones tengo? Ninguna, pero no sé, se lo veo en la mirada, lo intuyo. Por tanto, yo le declaro la guerra a usted. ¿Y por qué? Porque es terrorista". (Palabras de Julio Anguita en una entrevista que le hizo Jesús Quintero en el año 2003).
Pero, ¿qué es terrorismo? ¿Quién lo define?. Pues el poderoso, el canalla, el psicópata, el genocida. Quienes han destrozado el marco de diálogo y negociación creado tras la segunda guerra mundial; quienes desprecian la legalidad internacional; quienes burlan la autoridad de organismos internacionales como la ONU o el Tribunal Penal Internacional; quienes tienen capacidad -y la utilizan- de asesinar cuándo, dónde, cómo quieran y a quién quieran; los que secuestran a jefes de estados soberanos, los que perpetran matanzas indiscriminadas asesinando a miles de civiles; los que bombardean escuelas y hospitales; los que asesinan a periodistas en zonas de guerra; los que amenazan con incursiones militares a sus vecinos; los que utilizan el hambre como arma de guerra; los que pretenden quedarse con territorios de sus propios aliados; los que rezan para matar más y mejor; los que entierran vivos a los soldados enemigos; los que asesinan impunemente a trabajadores humanitarios en una proporción jamás vista en ningún otro conflicto armado... Qué poco han cambiado las cosas en 23 años.
*Otro 8 de marzo
El almanaque me resulta tedioso. Es un bucle interminable, un cansino "déjà vu", un castigo de Sísifo, el año de la marmota hecho agenda. Menos mal que recoge días como el 8 de marzo que te llevan a reflexionar, a valorar, a tomar partido. Con la que está cayendo, que son chuzos fascistas de punta, celebrar el 8 de marzo es más necesario que nunca. Quizá sea que cuando oigo hablar a un fascista siempre pienso (yo soy más de pensar, ellos de gritar consignas) que lo correcto es lo contrario. Ellos están "cansados" (bueno, ellos dirían "hasta los huevos", que es más testosterónico) de feminismo y de "feminazis". Creen que no son necesarias las políticas de igualdad, que el feminismo ha ido demasiado lejos, que la violencia de género no existe. Y, como son lerdos y mentirosos por naturaleza, debemos pensar lo contrario. Ellos, desde su visión patriarcal y "macho supremacista" de la vida, piensan (con perdón) que el feminismo es un problema. Pero el problema, aquí, en Afganistán, en Israel, en Arabia Saudita o en la América trumpiana, es el machismo. El problema de los hombres no es el feminismo. Parece una obviedad, pero conviene recordarlo. El feminismo es sólo un inconveniente, una incomodidad, una china en el zapato para los machistas. Parece una obviedad, pero conviene recordarlo porque el "facherio" y el "macherio" (todo facha es machista, pero no todo machista es facha) cada 8 de marzo vuelve a sentar al feminismo en el banquillo de los acusados. Es cansino ver cómo las fuerzas retrógradas de este país se empeñan en seguir sometiendo al feminismo a cuarentena y a mantenerlo bajo sospecha, negándose a que sea una conversación de sentido común. Hoy la ola reaccionaria ha encontrado en el discurso antifeminista un filón para fomentar y canalizar el malestar de muchos hombres, especialmente jóvenes. Han puesto en marcha una industria de la misoginia, dopada por los algoritmos, que les bombardea con miles de mensajes que fomentan el resentimiento y el agravio. Un ecosistema que alimenta la desconfianza hacia el feminismo, culpándolo de su baja autoestima. El resultado está a la vista. Miles de jóvenes, y no tan jóvenes- identifican el feminismo -y en muchos casos a las propias mujeres- como el origen de sus problemas: la precariedad, la soledad, la ansiedad, las dificultades materiales... Pero el mundo facha ya nos tiene acostumbrados a esto: para ellos, por ejemplo, la culpa del cambio climático la tienen los ecologistas. Así que conviene celebrar el 8 de marzo para recordar que sigue siendo necesario reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres, condenar la violencia contra la mujer o respetar la diversidad sexual. Pero también para afirmar que no compramos la mercancía tóxica y averiada de la extrema derecha y que estamos comprometidos con un mundo más libre y justo.
viernes, 6 de marzo de 2026
*Trump y el diablo
Es difícil encontrar una imagen más inmoral y obscena que la de Trump en el Despacho Oval rezando rodeado de pastores evangélicos. Podría titularse: "A Dios rogando e inocentes asesinando". Sólo puede definirse como un vomitivo espectáculo político-religioso. Es la religión convertida en escenografía de poder y propaganda para adular a un psicópata. Son los mismos que dicen que Irán es un régimen satánico dirigido por fanáticos religiosos. Lo más parecido a un aquelarre o a una liturgia inquisitorial. La reunión fue organizada por la "Oficina de Fe de la Casa Blanca". Sólo la existencia de un órgano como este demuestra el carácter irracional y putrefacto de la administración Trump. Las ideas religiosas de este energúmeno son otra muestra de sus taras mentales, su enfermizo narcisismo y su depravada moral. Su referencia es la Biblia "Dios bendiga a los Estados Unidos", también conocida como la Biblia de Trump, llamada así porque él mismo la promocionó en 2024, vendiéndolas a 60 dólares. El libro es un engendro propagandístico, sectario, manipulador y ultranacionalista. Incluye textos "patrióticos" estadounidenses como la Constitución o la Declaración de Independencia. El resto es una antología o compilación de textos, algunos de ellos manipuladoramente incompletos, en el ámbito de la religión civil estadounidense y el trumpismo, una edición de la versión King James de la Biblia cristiana y textos relacionados con la fundación y la política de EE.UU. ¡Apesta a panfleto ultra de tintes pseudo religiosos! Por su parte, la relación entre Trump y gran parte de la base evangélica blanca en Estados Unidos es también obscena. Estos líderes religiosos de abultada cartera le han prestado un sólido apoyo político, ignorando sus repetidas polémicas, escándalos sexuales, mentiras reiteradas y el uso de un lenguaje que muchos considerarían obsceno u ofensivo. Su apoyo es incondicional frente a los escándalos del sátrapa, con el argumento de que "todos somos pecadores" o han minimizado sus comportamientos al centrarse en sus logros políticos. Incluso tras la difusión de grabaciones con comentarios obscenos en 2016 o las condenas por abuso sexual en 2023, la lealtad de este grupo no se ha visto mermada. Algunos líderes evangélicos, en su estulticia, han defendido a Trump comparándolo con figuras bíblicas como el rey David, argumentando que Dios puede utilizar a personas imperfectas o "pecadoras" para lograr fines divinos. En el fondo es una relación mercantil. A cambio de su apoyo Trump les "regala" el nombramiento de jueces conservadores, la lucha feroz contra el aborto, la defensa de la "libertad" religiosa y el traslado de la embajada estadounidense a Jerusalén.
*Móviles y libros.
Intenta no desviar la mirada hacia tu móvil buscando la última y más estúpida declaración de Ayuso, o el último meme de los bodrios de programas de Iker Jiménez, o la última y manipulada polémica estéril en X. Verás entonces que estamos aquí porque el mundo se está cayendo a pedazos y gran parte de la sociedad sigue aplaudiendo y jaleando las memeces que le sirven como espectáculo. Mientras discutimos, por octavo año consecutivo, si España se hunde o si tenemos que echar a los inmigrantes, nos están robando la cartera y el futuro. Antes esto exigía una oleada de algaradas callejeras con cócteles Molotov. Aunque lo más revolucionario que se ha inventado es el libro. Ninguna revolución se ha hecho con el estómago lleno. Ahora podríamos decir que ninguna se hará con el móvil en la mano, porque quien sale a la calle con el móvil en la mano tiene las manos atadas, el estómago lleno y la cabeza vacía. Un libro llena la cabeza cuando no es para pasar el rato sino cuando es un ladrillo. Y ya sabemos que los ladrillos pueden servir, según el caso, para levantar muros o para reventar escaparates. Todo depende de quién tenga hambre y de qué y de quién tenga miedo y de quién. El móvil no te dejará ver más allá de lo que quiera el algoritmo. El libro, por el contrario, te limpiará la mirada y te hará ver claro. Dijo Brecht que "la perra que parió al fascismo sigue en celo" . Y ha parido de nuevo, aquí en nuestros barrios. En todos. Hoy la "bestia" de fauces ensangrentadas ya no necesita uniformes, ahora lleva traje a medida, preside partidos, se disfraza de comunicador, gestiona fondos buitres, sonríe en Instagram y legisla desde los despachos con la bandera rojigualda en la muñeca. Por eso el libro resulta tan urgente. No porque leer cure el fascismo, que no lo hace, porque si lees el Mein Kampf estamos apañados, sino porque para parar un tanque hace falta saber distinguirlo de una ambulancia y dónde coño golpearlo. Conviene apagar las manipuladoras pantallas y encender un libro para abrir la carne, para que veamos la infección que afecta a nuestra realidad. Ya está bien de indocumentados propagando bulos, de ignorantes opinando. Porque no se limitan a opinar. Después, van y votan como si supiesen qué están haciendo, como un dulce -y estúpido- acto de recuerdo entrañable. Aquí la nostalgia no es inocente, es un producto de marketing para chavales y adultos desnortados que echan de menos una dictadura que no vivieron o no recuerdan correctamente, alimentados por youtubers andorranos y políticos fachas que dicen aquello de "esto con Franco esto no pasaba". Y tienen razón, con Franco no pasaba que pudieras leer, incluso esto, sin que te partieran la cara en la DGS. Pero eso es exactamente lo que muchos quieren que regrese. Eso sí, han cambiado los tanques por las togas, la censura previa por la manipulación más escandalosa, la Brigada Político-Social por la "Policía Patriótica", la "paz" del miedo por el culto al Mercado, ese dios que exige sacrificios humanos en el altar de la precariedad, al que todos rezamos cada vez que aceptamos condiciones de mierda porque "es lo que hay". Pero no les basta: el fascismo necesita un chivo expiatorio, un hueso que tirarle al perro hambriento para que muerda al vecino en vez de al amo. Y ahí entra el racismo, el odio al pobre, al diferente. Son las tripas del monstruo mediático, cómo se cocina el odio en los platós de televisión, cómo se sirve la mentira en bandeja de plata en los matinales plagados de tipejos como Ana Rosa o Nacho Abad, cómo consiguen que la víctima se convierta en objetivo. La maquinaria está engrasada para que odies al que llega en patera y ames al que te desahucia, para que admires al que se va a Andorra para no pagar impuestos y desprecies al que propone subir las pensiones. Acabaremos lapidando inocentes arrojándoles los móviles antiguos.
jueves, 5 de marzo de 2026
*Abusón Trump
Salvo para los que le adoran, le tienen por ejemplo o comparten sus podridas ideas, no cabe duda de que Trump es, además de un canalla, un psicópata. A los psicópatas no hay que tenerles pena. Es verdad que son individuos con un trastorno de la personalidad y que actúan de forma impulsiva, pero también de manera consciente y calculadora para obtener poder y control, viendo a las personas como simples instrumentos para alcanzar sus caprichos. A este miserable no le importa nada el dolor ajeno, no tiene un ápice de empatía. Trump es ese ególatra maleducado que piensa que Dios creó lo mejor del mundo para él, dejando la basura para el resto de la humanidad. No sé si es tonto o es listo, ni me interesa. Está claro que es un tipo primario, un gorila sin evolucionar al que sólo complace la riqueza y el poder sobre los demás. Para él y los que apoyan sus tropelías no existe la esperanza, ni la utopía, ni los derechos, ni tan siquiera las leyes. El "bien" le trae al fresco, sólo le interesa la supremacía de los ricos de su raza y la de su Biblia, libro que sigue justificando tanto sus decisiones como las del genocida de su amigo de Israel. Ellos sólo creen en un Dios vengativo, diabólico, psicopático, incapaz de amar. Un Dios que bendice la violencia como recurso de los más crueles para imponerse. Lideran el odio a la cultura, al conocimiento, a la diversidad, a la verdad, a la ternura. Sólo profesan el amor a la riqueza, la crueldad y al abuso, por mucho que se les llene la boca del nombre de Dios para salvar "su" idea de la Civilización. Trump no cree absolutamente en nada más que en su Dios y en el dinero, aunque en realidad es lo mismo. Sueña con un mundo libre de homosexuales, hispanos, negros y orientales, "zurdos", gentes que no fueron creados a imagen y semejanza de su Dios y que, por tanto, son una amenaza para su obra. Hitler también quería salvar la civilización occidental poniendo a Europa entera bajo el mando de una raza blanca superior que sabía lo que convenía a todos: a unos morir, a la inmensa mayoría sufrir y a una minoría disfrutar de los bienes terrenales. Quizá Trump no lo sabe, pero quienes manipulan a ese niñato abusón, primario, maleducado y cazurro, sí: Saben que la única manera que tiene su país de seguir siendo el amo es matando, asesinando a mansalva, en cualquier país del mundo, sin escrúpulos, sin remordimientos, sin mesura. Para eso está él ahí, para acabar con el Derecho Internacional, con la Democracia y los Derechos Humanos.
miércoles, 4 de marzo de 2026
*Crónica de una agresión
Sucedió como suceden siempre las infanias: cuando Irán estaba sentado a la mesa de negociaciones, dispuesto a utilizar la diplomacia para evitar la guerra, las bombas ya estaban cargadas. Ha sido la crónica de una traición anunciada que vuelve a escribirse con sangre sobre el polvo de Oriente Medio. Se hablaba de negociación, pero EE.UU. e Israel pensaban en destrucción. Trump, el fascista y Netanyahu, el genocida, esa hidra de dos cabezas que se alimenta del petróleo ajeno y del supremacismo propio, no conocen otra diplomacia que la del asesinato. No hubo ultimátum. Hubo, simplemente, la decisión de Israel de destruir Irán, otro país árabe, otro país comprometido con la causa palestina. Como ya se destruyó a Líbano, a Irak, a Libia, a Siria. Es el sueño húmedo del sionismo asesino, aderezado con abundantes barriles de petróleo barato. Y, mientras, las empresas americanas de armamento haciendo caja, porque el 5% del PIB de cada uno de los países miembros de la OTAN se les queda corto. Había que darse prisa. Había que aprovechar el efecto de las "revueltas populares" en Irán, esas revoluciones de bandera, esos teatrillos financiados por la CIA para debilitar al régimen y dar cancha al neofascista Reza Pahlaví. Ya contaban con el apoyo incondicional de la ultraderecha internacional, de las acomplejadas y serviles potencias europeas y de esta sociedad de principios derrotados y moral cínica y turbia. A esta sociedad no le gusta Irán. Pero no porque sea un régimen totalitario, teocrático y represivo. No le gusta porque no es una democracia liberal, es decir, sometida a los plutócratas; porque hay turbantes y no corbatas; porque rezan a un Dios que no es el Mercado ni la Socialdemocracia. Prefiere que gane el imperialismo, el que bombardea sin negociar, el que no se inmuta tras asesinar a 150 niñas, el que te chantajea, te amenaza, te desprecia, te somete y te vende el petróleo y el gas que roba mucho más caro que lo que marca el mercado. Así es la gente que se somete a esos sátrapas que habitan los salones climatizados donde no se huele la sangre de los pueblos.