Leo las declaraciones de una profesora que dice: “Tengo alumnos de 3⁰ de la ESO que no saben leer. Enseño cosas que yo hacía en quinto de primaria”. Al menos para mí, sorpresa cero. Es el resultado de un sistema pusilánime, que ha comprado las recetas de laboratorio de gentes poco acostumbradas a la briega diaria en el aula, buenista sin límites, entregada a los deseos, exigencias y caprichos de progenitores y alumnos, plegada a los mandatos de interés económico de la OCDE y donde el aprendizaje real dejó de ser importante hace mucho tiempo. Y claro, todo esto acaba teniendo graves consecuencias sociales. O es que nadie relaciona -por ejemplo- está ignorancia sobrevenida de un sistema fallido con fenómenos como el crecimiento de los negacionismos o con aberraciones como que un porcentaje creciente de jóvenes crea que el franquismo fue bueno o muy bueno. Este sistema ha propiciado que la falta de conocimientos (y de falta de compresión, y reducida capacidad de análisis y razonamiento, y carencia de espíritu crítico...) cree un vacío que es rellenado por mensajes simples que llegan de espacios ajenos a la escuela: sobre todo de las redes sociales, internet... Y no tanto porque los adolescentes sean manipulables y no tengan capacidad crítica. La tienen. Sino porque cuando el conocimiento es borroso es más fácil llenarlo por quienes mandan mensajes claros y directos que están diseñados para manipular y adoctrinar. La enseñanza del franquismo en la escuela ha estado y sigue estando llena de ausencias y silencios. Gracias a ello se puede tener el título de la ESO sin saber prácticamente nada sobre el franquismo, sin haber reflexionado sobre qué supone vivir en un país en el que hubo una dictadura hace unas pocas décadas. Sin conocer qué había antes de la guerra ni qué la provocó. Sin saber que vivimos 40 años en un sistema de falta de derechos y libertades. Un alumno puede acabar la ESO habiendo dedicado más tiempo a estudiar el imperio bizantino que la dictadura franquista; conociendo más cosas de Anubis que de Franco; sabiendo más de cómo era la vida en una aldea de la baja Edad Media que de cómo se vivía en los años 40 o 50 en España. Y, claro, cuando un joven apenas sabe nada sobre ese periodo de la historia, cuando apenas ha dedicado tiempo para pensar, preguntar, debatir, interiorizar... cuando nadie, de manera objetiva, le ha hablado sobre una parte de la historia que duele, que debería doler. Sin entender qué significa que no puedas expresar tus ideas en voz alta, qué significa no tener libertad. Sin comprender qué es vivir en un país con censura. Sin saber qué supuso el exilio para quienes se vieron obligados a marcharse. Sin pensar sobre las torturas. Sin reflexionar sobre por qué hay personas asesinadas que siguen enterradas bajo tierra y familiares que las buscan... Entonces, cualquier imbécil le puede convencer de que todo eso era bueno.
Vivir es intentarlo infinitas veces
lunes, 16 de febrero de 2026
sábado, 14 de febrero de 2026
Espinosa de las Monterías
Los ilusos que de verdad se creen que la ultraderecha quiere encaramarse al poder para mejorar la vida del "pueblo", deberían de leer un poco y dejar de inyectarse en vena la bazofia propagandística y las continuas mentiras que salen de la boca de esta gente. Ellos hacen una política en negativo: Todo está mal, todo es un desastre, todo se hunde. La culpa la tienen las minorías, los que no piensan como ellos -si a lo que hace esta gente se le puede llamar pensar-, por eso berrean continuamente contra los inmigrantes, contra el feminismo, contra los que hablamos de cambio climático... Nunca les oirás, en sus arengas políticas, preocuparse en positivo por las cosas que dan de comer -de vivir- al "pueblo". No los encontrarás nunca entre los partidarios de subir salarios o pensiones, de garantizar los derechos de los trabajadores, de proteger la educación o la sanidad pública... Y cuando abren la boca para hablar de sus propuestas (de las reales, no de esa pócima fantástica que como charlatanes de feria venden para que les votes) se les ve el plumero, se les nota su naturaleza de lobo debajo de su falsa piel de cordero y es para echarse a temblar. Es lo que ocurre con el tema de las pensiones. Desde hace ya tiempo, el ultra Espinosa de los Monteros ha iniciado una campaña contra las pensiones públicas. Según él y su mentalidad ultraliberal, el sistema de pensiones español es potencialmente insostenible y lo compara con una "estafa piramidal". Y vaticina que ni las generaciones actuales ni las futuras pueden esperar recibir una pensión bajo el sistema actual. La inquina del hijo del marqués de Valtierra contra las pensiones públicas viene de lejos. En 2023 acusaba en el Congreso a los defensores de revalorizar las pensiones conforme al IPC de "comunistas". Imagínese el iluso pensionista votante de VOX lo que ocurrirá cuando la actualización de su pensión dependa de esta gente. No, estos amantes de "su" buena vida, no quieren quitar "paguitas" a los inmigrantes, a los pobres o a tu madre que cobra una pensión asistencial para que tú vivas mejor. No, estos "salvadores" de la patria lo que quieren es machacar las pensiones y todo gasto público para no pagar impuestos y que el dinero disponible para lo que a ellos les interesa sea más. Y, si las pensiones públicas no son viables, ¿cuál es la solución? Pues, después de reducir el gasto "improductivo" (según ellos) del Estado, el déficit y la deuda pública (¿no te suena esto de los recortes masivos?), la panacea está en que te hagas un plan privado de pensiones... desde el mismo día de tu nacimiento. Sólo tienes que tener un capitalito inicial de 3000 euritos, depositarlos en una cuenta indexada, un producto de inversión diseñado para replicar el comportamiento de un índice bursátil de referencia y esperar 65 años a que esa banca benéfica sin ánimo de lucro que tenemos, esa bolsa y esos mercados nada volátiles, esos fondos de inversión que son la recreación económica de Teresa de Calcuta y la llamada "magia" del interés compuesto, te produzcan una rentabilidad anual sostenida del 7,2 % en términos reales, lo que significa que dicho rendimiento ya descuenta el efecto de la inflación, con lo que te jubilarás con una pensión vitalicia de 3.000 euros mensuales. ¿Qué puede fallar? Qué se lo pregunten a los chilenos, cuyo sistema de pensiones privadas implantado en los años 80 por Pinochet fracasó estrepitosamente, produciendo limosnas en vez de pensiones y obligando a volver al sistema público. Pero, Don Espinosa de "las Monterías", ¿y si no tengo esos 3000 euros?. Pues entonces es que serás un pobretón y, como a todos los pobretones sólo te queda trabajar por un salario de mierda hasta que revientes. O, ¿quién crees tu que va a realizar los trabajos de los inmigrantes cuando los expulsemos?
viernes, 13 de febrero de 2026
Ayuso la grotesca
De existir, estoy seguro que el premio a la persona más necia, engreída, soberbia, tóxica y narcisista del orbe, se lo darían a Ayuso. Y, acto seguido, iría rauda a ofrecérselo a Trump después de sacarle brillo y besarle el culo. Su última y provocadora payasada ha sido anunciar la entrega de la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid a Estados Unidos. Es decir, a Trump. Debe ser su forma de agradecer su entrada en el "club MAGA" -ese club ultraderechista que odia a Europa y la democracia- en un acto -más bien aquelarre ultra- celebrado en la mansión del presidente de Estados Unidos en Florida. Estuvo allí acompañada por fascistas declarados como Javier Negre o Milei, ese psicópata enloquecido al que también le dió esa medalla. El único objetivo político de Ayuso parece ser "joder" a Sánchez, aunque para ello tenga que hacer el más espantoso ridículo, como decir que EE.UU. recibe la medalla por "ser el faro del mundo libre”. Por muchos incondicionales que esta payasa tenga, sólo es un personaje infame, grotesco y ridículo que solo destaca cuando utiliza su conocido tono macarra, zafio y grotesco. Lo grotesco de alguien como Ayuso está tanto en la naturaleza de lo que dice como en cómo lo dice en cuanto le ponen un micrófono al alcance de su boca y un auditorio dispuesto y absorto a escuchar sus típicos clichés, mentiras y topicazos superficiales de tono provocador y chulesco. Ayuso es un pelele disfrazado de líder político, dibujado como un payaso, manipulado como un muñeco de guiñol, como un bufón que busca el aplauso fácil de sus recalcitrantes y la pleitesía de su prensa a sueldo. Me parece que en ella confluyen, desde la soberanía infame hasta la autoridad ridícula, todas las gradaciones de lo que podría llamarse la indignidad grotesca y ridícula del poder. En un contexto político como el nuestro, herido de superficialidad, crispación y falta de visión, Ayuso es paradigma de la falta de altura de la cultura política y del estado de la ética de muchos de nuestros políticos.
Clase media como constructo
Llamémosla, Antoñita la Fantástica, cree que sus padres, policía municipal y limpiadora, eran clase media porque pudieron criar a tres hijos, tener un utilitario, pagar vacaciones modestas y comprar un pisito VPO de 70 m². Tenían todo lo básico, pero nada sobraba. Había esfuerzo, ascensor social, fe en el estudio. Ella consiguió ser maestra y ascender un peldaño en la escala social. Ahora -cree ella- es clase media "premiun". Pero no se da cuenta de que todo eso describe una coyuntura histórica, no una clase social. La clase no se define por si puedes ir a la playa una semana al año, tener un piso hipotecado o conducir un SUP de renting. Se define por tu posición en el sistema productivo. Y eso no es una opinión ideológica, es economía política básica, como bien saben los que declararon la muerte de la lucha de clases y venden, para engatusar a ilusos que, hasta el límite de los barrios de chabolas, todo es clase media. La cosa es muy sencilla de entender: Si tus ingresos dependen exclusivamente de vender tu fuerza de trabajo a una persona, empresa o institución que te paga un salario y si, al dejar de trabajar, tu sustento desaparece, eres clase trabajadora. Te guste o no. Y si el término te parece un insulto, tienes un problema: eres un clasista que no tiene donde caerse muerto. También puedes optar por hacerte "emprendedor" y autoexplotarte como autónomo, pudiendo así presumir de que eres empresario, un status especial, "la leche" en materia social. La confusión está en tomar el consumo como criterio de clase. Coche, ropa, vacaciones... Pero el consumo es efecto del salario. Llamarse clase media por poder consumir ciertos bienes es adoptar una creencia social, no una categoría económica. Ahí entra algo más profundo: la falsa autopercepción. Los parapetos del Estado del Bienestar, la asistencia médica y la educación universal, tener un móvil en la mano, un coche financiado, un armario petado de ropa low cost, unas rayban de imitación, pagarse unos días en la playa o frecuentar un restaurante del montón, piensan algunos que les acredita como clase media. Ahora muchos piensan que la clase media está siendo destruida. Pero la verdad es que buena parte de quienes se creyeron clase media nunca dejaron de ser trabajadores asalariados. Lo que no puede ser más digno. De lo que no se dan cuenta es que su percepción solo demuestra que, cuando el Estado regula y redistribuye, la vida del asalariado puede parecer otra cosa. Pero cuando los mercados comienzan a fagocitar las defensas de un estado del bienestar que aspiran a destruir, la percepción de que las cosas van bien se hunde. Y si la ultraderecha se encarama al poder la clase media aspiración al, simplemente, implosionará.
jueves, 12 de febrero de 2026
Infraestructuras y cambio climático
Aquí somos muchos de acordarnos de Santa Bárbara sólo cuando truena. Somos expertos en saber más que nadie a toro pasado; en despotricar contra lo que hasta hace dos minutos no nos importaba en absoluto; en señalar a los responsables de no tomar medidas y, acto seguido, ignorar e incluso atacar a los que las proponen; de tomar por el pito de un sereno y despreciar a los expertos mientras les reímos las gracias a los sabiondos y a los negacionistas. ¡Así nos va! Los expertos -gente que sabe de lo que habla porque lo ha estudiado- en infraestructuras de movilidad llevan años advirtiendo de los riesgos del clima extremo en las infraestructuras de transporte, de sus impactos económicos y sociales y de la necesidad de adaptarlas pistas -desde su planificación- a condiciones meteorológicas que, por el cambio climático, serán cada vez más frecuentes, intensas y destructivas. Los nuevos expertos en infraestructuras ferroviarias, vía comentario de "cuñao enterao" ávido de señalar culpables, seguramente desconoce que las altas temperaturas que alcanzamos en las cada vez más frecuentes olas de calor están comprometiendo la resistencia de miles de kilómetros de vías férreas, diseñadas y construidas bajo parámetros climáticos que ya no corresponden con la realidad actual. La culpa la tiene la expansión térmica del acero, acentuada cuando con una temperatura ambiente de 40⁰ a la sombra el raíl puede rozar los 100⁰. En estas condiciones se producen deformaciones estructurales que comprometen tanto la seguridad como la eficiencia del transporte ferroviario. Esta sobredilatación puede alcanzar dimensiones críticas que provocan el pandeo de las vías, conocido técnicamente como "serpenteo". Las altas temperaturas aconsejan incluso reducir la velocidad, pero dile tu a un "enterao" que su Ave va a llegar con retraso por el calor, verás la que te cae. Ya en 2021, Adif analizó la eficacia de pintar de blanco tramos de carril para evitar su deformación por altas temperaturas. De aplicarse, habría quién exigiría que se pintasen con la bandera de España. Tras el tren de borrascas que nos ha azotado el escenario de muchas carreteras es deplorable: baches y socavones que revientan neumáticos, pavimentos resquebrajados, calzadas hundidas, rocas y grandes sedimentos dispersos sobre el asfalto... La destrucción de los caminos sólo en Andalucia, afecta a una veintena de localidades -115.000 habitantes-, según el cálculo que ha hecho la Junta. A nivel nacional, la DGT mantiene cortadas por inundaciones y desprendimientos un total de 179 carreteras. Se necesitarán millones de euros para restaurar las vías, un trabajo que demandará mucho tiempo, entre dos y tres años. Quién siga creyendo que esto no tiene nada que ver con el cambio climático, una de dos, o es imbécil o un fanático ideológico. Lo primero que ha exigido Vox en Aragón para formar gobierno es frenar y revertir las políticas frente al cambio climático. Que cada uno saque conclusiones.
miércoles, 11 de febrero de 2026
Ay-USA
Primero fue el mejor bocata de calamares de la Troposfera. Después llegaron la mística experiencia de tomarte un "relaxing cup of café con leche" en la Plaza Mayor, los torreznos más sabrosos de todo Occidente, las mejores cañas de España y la avenida con más catetos por metro cuadrado para ver musicales en su ciudad. Ahora ya se habla del Cristo más grande del mundo, el mejor Cañón del Colorado y el más guay premio de fórmula uno. Y en ese incesante esfuerzo de expansión cultural de 'Madriz", ahora llega "Madrilucía" (término tan "currado" como Madring para llamar al corto-circuito de su F1), la celebración de una Feria de Abril en el distrito de Villaverde, localidad -como todos sabemos- donde sus habitantes usan a diario el sombrero cordobés y se mueren por el rebujito, las sevillanas, los caballos jerezanos, el pescaíto frito y los vestidos de gitana. Esto pasa porque a Ayuso se le quedan cortos los límites de su Comunidad y quiere extenderlos hasta el barrio de Triana. Yo animo a Ayusita la fanática, digo la fantástica a seguir ampliando fronteras. Total, ya lo dijo esta filósofa de puesto de mercadillo a todo un léuro: "Madrid es España dentro de España. ¿Qué es Madrid si no es España?". Así, y dado que Madriz reúne lo mejor de España y recibe con los brazos abiertos a toda clase de gente (salvo las excepciones étnicas y religiosas de rigor), lo lógico sería centralizar allí la Tomatina, los Moros y Cristianos, las Hogueras de San Juan, bajar el Descenso del Sella por el Manzanares, correr los Sanfermines por la calle de Alcalá, celebrar la final del carnaval de Cádiz en el Movistar Arena, el traslado del Cristo de la Buena Muerte y Mena en la Plaza de Colón, la Romería del Rocío en El Retiro, la Tamborrada de San Sebastián en la calle Preciados y la Rompida de la Hora de Calanda en el Congreso de los Diputados. Total, lo mismo que en cualquier pleno pero Con menos ruido. Con las Fallas habrá que tener mucho cuidado, no vayan a hacer un ninot de Almeida y acaben quemando el original. Y, ya puestos, importar la Copa América de Vela al lago del Retiro y la ascensión del Everest a Peñalara. Así la gente se olvidará del cúmulo de pruebas que demuestran que el criminal protocolo que favoreció la muerte indigna de 7.291 ancianos en las residencias de Madrid fue conocido y autorizado por una Ayuso que se negó a medicalizar las residencias. O pasará por alto el cínico y vergonzoso proceder de su partido ante el supuesto acoso de su alcalde de Móstoles a una compañera. O no se enterará de que la Comunidad de Madrid acaba de perdonar los 71 millones de euros que Quirón y Ribera Salud deberían pagar por -alucina- sus pacientes que han sido atendidos por la sanidad pública.
El tazón de Bad Bunny
Dado que es un hecho trascendental cuyas consecuencias tienen un alcance mundial, yo ya sabía que el 2 de febrero se celebraba en EE.UU. el Día de la Marmota que, por supuesto, no seguí. Lo que se me escapó es que el 8 de febrero se disputaba otro evento de carácter capital como es la final de la Super Bowl. Se comprenderá que a mí, una competición de fútbol americano, llamada además "Super Tazón", me importa un carajo. Pero después me entero de que durante el descanso, usado como cebo para multiplicar la audiencia, iba a actuar un tal Bad Bunny, el "rey del trap latino" y figura global del reguetón. Confieso que de este "rey" y su música yo sé lo mismo que del de Esuatini. Pero si hasta creí que su nombre era Bugs Bunny, como el conejo. El caso es que el puertorriqueño aprovechó para -dicen- lanzar un contundente mensaje reivindicativo a favor los países latinos y en contra de la fascista política migratoria de Trump. Pero si hasta se ha llegado a decir que fue "uno de los mejores discursos políticos de nuestro tiempo" y ha hecho babear a muchos progresistas. Para mí, que se diga que un tipo vestido de fantoche con un traje exclusivo diseñado por Zara y un reloj de 75.000 euros, ha llevado a cabo un acto de "resistencia contra el divisionismo, un triunfo cultural para los latinos y un golpe simbólico al presidente Donald Trump", me parece exagerado. E intentar convertir a Bunny en un icono de rebeldía y transgresión al sistema, ridículo. Bunny no es un azote del sistema; es un producto multimillonario de la industria musical. Dejando de lado su fortuna -no creo que tener dinero sea incompatible con ser progresista- es un producto de mercado que no cuestiona el régimen que lo amamanta. Además, gran parte de sus letras perpetúan la cosificación y denigración de las mujeres -perras, para él- y las reduce a fantasías sexuales masculinas en un género ya plagado de misoginia. Más allá de "mensajitos rebeldes" su música fomenta una alienación consumista, donde el hedonismo vacío y la hipersexualización venden discos, no conciencia social.