La cultura Puaf es la defendida por los peores habitantes del planeta, por aquellos que niegan el cambio climático y proponen el regreso sin complejos a las energías fósiles, a contaminar con total libertad, con empeño y deleite, aunque reviente el mundo, mueran todas las especies y el ser humano quede reducido a ejemplares sueltos refugiados en ciudades subterráneas. Es igual que los ríos dejen de tener vida, incluso que carezcan de agua, da lo mismo que los árboles desaparezcan, enfermen o queden como reliquias en los jardines botánicos, es indiferente que sólo las ratas, las moscas y los humanos seamos los únicos seres vivos de la Tierra, no importa nada porque aquí se trata de aplicar los principios del neodarwinismo a las personas, es decir sólo subsistirán, en un mundo superpoblado, los más cabrones, los más miserables, los más hideputas, quedando extinguidos para siempre aquellos que muestren empatía hacia los que sufren o padecen necesidad
Vivir es intentarlo infinitas veces
viernes, 27 de febrero de 2026
*Cultura Puaf
*Creer y no poder.
Posiblemente, para mí desgracia, yo no creo en dios. Bueno, últimamente ya ni en casi nada. Recuerdo tomar la primera comunión, que fue casi la última, pensando el tremendo teatrillo de pseudocanibalismo que era aquel rito. Comer el cuerpo de Cristo y beber su sangre. ¡Qué barbaridad!. Después fui comprobando como se podía convertir la fe en una simple superficialidad, un "culto a los oropeles", acentuando la importancia de joyas, quincallas y perifollos, convirtiendo la relación con Dios en una especie de contrato mercantil donde se intercambian favores por promesas. Reniego del cristianismo de "escaparate", de la fe vivida solo a través de tradiciones externas, procesiones pomposas, romerías festivas o el lujo en ornamentos litúrgicos. Es un cristianismo estético y materialista disfrazado de una falsa espiritualidad sentimentaloide. Ello con la necesaria complicidad de unos adeptos, en su mayoría, totalmente ignorantes de los principios básicos que sustentan su fé. No tengo intención de ofender a nadie por sus creencias pero me parece tremendamente ridículo venerar a una -o muchas- imágenes antropomorfas centrándose en sus valores estéticos, en la opulencia de sus ornamentos, en su supuesto carácter milagroso, la excesiva devoción a objetos materiales (imágenes, medallas, reliquias)... Todo esto está a un paso del culto politeísta y la idolatría. Me niego a creer que la tremenda complejidad del universo y nuestra propia existencia se explique a partir de una carpintería en Nazaret. En fin, que nunca he podido elegir creer y eso me ha dejado solo y desamparado frente a la certeza de un mundo cruel y una especie humana deleznable y destructiva. Ser escéptico y descreído es un inconveniente a la hora de echar las culpas a otro ente de nuestras calamidades, sea una deidad o muchas, sea la magia o una alineación de planetas (¡menuda poyada!). No, hombre, no. Ya está bien de pensar que las cosas pasan "porque Dios quiere", "gracias a Dios", que "Dios quiera o no lo quiera", "que es su voluntad". De ignorar su responsabilidad en guerras con miles de muertos o accidentes con decenas de fallecidos pero agradecerle supuestos, indemostrables y hasta ridículos milagros con ánimo de lucro. Toda la responsabilidad sobre lo que nos pasa recae en nosotros, en el prójimo y en el azar, no podemos culpar a nadie más ni buscar consuelo en el cosmos para descargarnos y sentir que algo más grande nos dirige. Es una actitud irresponsable e infantiloide. Quedamos así como simples animalitos, que nacen y mueren, sin sentido ni propósito.
*Salvar al soldado Borbón
Estamos en plena operación de rehabilitación del Emérito con vistas a su "regreso triunfal". El montaje se inicia con la visita de Aznar con el rey emérito en febrero, publicando una imagen en redes sociales donde lo ensalza como el "Rey de las libertades y la democracia" en España. Ya sabemos qué significado real tienen estos términos para quién sigue manteniendo que en Irak había armas de destrucción masiva o qué ETA fue la autora intelectual de los atentados del 11M. Pura bazofia. Pero entre truhanes anda el juego y el Borbón ha buscado ayuda entre sus afines ideológicos de menor exigencia ética. La desclasificación de los archivos del 23F es otro paso en la operación, bien aprovechada por ciertos sectores políticos para intentar rehabilitar la imagen de Juan Carlos. Los "papeles" que lo involucran en el golpe de estado han volado. Feijóo, en su papel de felpudo, ha aprovechado la desclasificación para pedir su regreso del emérito a España. En un mensaje en la red social X, Feijóo afirma que "sería deseable que el Rey Emérito regresara a España para pasar la última etapa de su vida con dignidad y en su país", destacando su supuesto papel en el 23F. Esta petición no es aislada: el PSOE, siempre tan servil a la Corona, no se opone, aunque marca distancias: "la decisión de si regresa o no a España depende exclusivamente de él", ha dicho el gobierno y que nunca se le ha impedido volver. ¿Dignidad? ¿Para quien lleva toda una vida de mentiras e indignidades? ¿En su país, ese al que ha defraudado fiscalmente y traicionado teniendo cuentas en paraísos fiscales? Juan Carlos I no merece un regreso triunfal; merece un juicio por sus actos. Todos. Su implicación en el 23F -ampliamente demostrada por historiadores, periodistas y biógrafos independientes- es solo la punta del iceberg de una vida marcada por el abuso de poder, el desenfreno sexual y la corrupción económica. Hablemos claro: sus escándalos sexuales evidencian que es un putero compulsivo. Según informes del Ejército español, entre 1976 y 1994, mantuvo relaciones con "2.154" mujeres. No le fue fiel a la reina Sofía ni en su luna de miel. Esta adicción al sexo no es anécdota; es un patrón de abuso de privilegios que lo convierten en un personaje indigno. Peor aún son sus escándalos económicos, que revelan a un ladrón que saqueó fondos públicos y privados. En el golpe de Estado el rey no fue un héroe, fue un oportunista que traicionó a sus secuaces cuando vió que no tenían un apoyo masivo y que aprovechó para salvar su corona cuando el plan se torció. Como su abuelo, como su bisabuela, como otros Borbones impresentables, éste se merece el exilio auto impuesto. El pueblo español no debe aceptar su regreso. Juan Carlos I es un golpista, un putero y un ladrón que debería ser juzgado, no rehabilitado. Basta ya de blanqueo: su legado es de vergüenza, no de gloria. Pero claro, el pueblo español ha sido siempre servil, tiene políticos expertos en genuflexión, unas enormes tragaderas y, ahora, está entregado al populismo radical de derechas. De hecho, no está ya de vuelta porque el PP no está en el poder. Pero, tranquilos, que su impunidad está asegurada. Y si Franco resulta ahora que es bueno, Juan Carlos será declarado rey ejemplar con poderes de superhéroe y seguiremos pagándole sus caprichos y sus vicios.
jueves, 26 de febrero de 2026
*Mierda mediática
El lema clásico del periodismo y los medios de comunicación, especialmente en radio y televisión, de "informar, formar y entretener" parece que se ha trocado por el de desinformar, deformar y envilecer. En el actual campo de la información hay barra libre para cualquier basura mientras sirva a los intereses de los grandes poderes y de sus sicarios. Disfrazada bajo la máscara de la libertad de expresión, se ha instalado una maloliente libertad de mentir, calumniar, insultar y engañar: una bien engrasada maquinaria de manipulación. A su servicio encontramos un diligente ejército de pseudoperiodistas y opinadore que son en realidad troles con patente de corso. Dedicados en cuerpo y alma a proclamar el evangelio del neoliberalismo autoritario y la privatización de todo lo que se menee, son curiosamente beneficiarios de suculentas subvenciones públicas otorgadas por sus marionetistas. Maravillosa ilustración de esa colaboración público-privada en la que tanto creen las derechas. A los periodistas conservadores honrados les debe doler ver cómo esta fauna degrada un oficio a priori hermoso, anegándolo en un lodazal de miseria moral. Pero logran que las falacias y falsedades que repiten machaconamente acaban calando, dejando huella en la mente. Las vomitan a diario, machaconamente, para que no subsistan dudas. Por otro lado, lo que no aparece en sus medios no existe. Las plataformas mediáticas ejercen un monopolio del discurso, consiguiendo que solo se hable de aquello a lo que dan cancha. Independientemente de que se trate de exageraciones, semiverdades o mentiras cochinas, pues hace tiempo que la verdad y el periodismo sellaron su divorcio. Su plan de choque se basa en cuatro pilares: "Todo va mal, todo se hace mal, vamos al desastre" como método de asaltar el poder; la desregulación del sector privado; la privatización de cualquier servicio público rentabilizable; y el recorte sin precedentes de la fiscalidad de ricos y grandes empresas complementado con acentuadas podas del gasto público. Eso por por no hablar de la incesante labor de blanqueo del fascismo puro y duro, transformado por la magia catódica en centroderecha. Así va el mundo.
*Jóvenes y materialismo
No me gusta generalizar. No es justo. Pero percibo que un gran porcentaje de jóvenes carecen de orientación, de interés, de valores éticos, de empuje. Esto les está reservado a minorías. En los demás prevalece la apatía, el vivir al día, el no querer complicarse la vida, las ganas de divertirse exclusivamente. Leen poco o nada; piensan poco o nada; y, para ellos, el sexo, los amigos, las videoconsolas, los conciertos masivos, botellones y otras drogas son la expresión de lo que se puede aspirar en este mundo. Porque, a lo mejor, la culpa no es sólo suya. No esperan tener un trabajo digno (los contratos basura son otro éxito del gran capital) ni se les facilita el ser independientes con la suficiente garantía laboral como para permitirse formar una familia o tener su propia vivienda (su precio inasequible, un nuevo éxito del gran capital). Sin duda, esto explica bastantes de sus actitudes escapistas -suicidios incluidos-, aunque no se pueden justificar por ello. Pero no solamente los jóvenes. Estamos al límite en un barco que se hunde. Pero la conciencia de la mayoría de los pasajeros (nosotros) duerme. Sonámbula, anda metida en lo material, el consumismo, el hedonismo irresponsable, atrapada en las tradiciones religiosas y mundanas, ausentes de valores espirituales, y en la información bazofia que se le suministran a diario por los medios. Pero la conciencia puede despertar. ¿Cómo hacerlo después de la traición social que mantiene el neoliberalismo en todo el planeta?… Despertando la conciencia mediante la práctica de las leyes espirituales. Hay muchos caminos para llegar al mismo destino; la cuestión es que cada uno busque el suyo para finalmente transformarse en alguien más noble, más desinteresado, más divino y menos “humano, demasiado humano”.
miércoles, 25 de febrero de 2026
*Suicidio climático
Para los científicos más prestigiosos y expertos en este tema -al contrario de lo que ocurre con los charlatanes de barra de bar, los desalmados políticos de derechas radical y los cuñaos varios, hemos llegado al límite.el cambio climático está aquí y es tan irreversible como sus catastróficas consecuencias. Sólo queda actuar para retrasar las y minimizar el desastre. El problema es que hay políticos entregados a la causa del populismo extremo y la estupidez, mientras otros sólo se preocupan de hacer cálculos electorales. Todos ellos se hallan extremadamente presionados -algunos con gusto- por los poderes del gran capital mundial y local y por las diferentes mafias (cada vez más próximas a los anteriores). Así, los políticos sucumben a sus presiones, convirtiéndose en meros conseguidores de obras públicas y gestores del gran capital multinacional de la energía, las industrias químicas, farmacéuticas, de alta tecnología y la construcción. Son rehenes de los grandes grupos financieros y bancarios que -junto a los anteriores- pagan tantas de sus campañas electorales y les permiten mantenerse en el poder. Así, el capitalismo globalizador ha triunfado en todas partes (globalización no es otra cosa que la mundialización del poder de los ricos), pero sus consecuencias son aterradoras por lo que tienen de políticas suicidas, crisis social e imposición de modelos ideológicos y culturales que favorecen el desarme moral de las sociedades. En España conocemos cada vez mejor las consecuencias de la violencia climática: Danas recurrentes, alternancia de sequías extremas e inundaciones cada vez más frecuentes, prolongadas olas de calor, olas de incendios cada vez más voraces... La revista Nature acaba de publicar que los horribles efectos de la DANA de Valencia fueron fruto del cambio climático. El tren de borrascas que acaba de inundar Andalucía y destrozar cultivos e infraestructuras en el último mes son también, probablemente, efecto del cambio climático. Nuestras infraestructuras están dando muestras de dificultades de adaptación a estas condiciones meteorológicas inéditas, porque fueron proyectadas para circunstancias "normales”. Quizás solo sea coincidencia que el carril partido en Adamuz esté en la zona de España que sufre las olas de calor más intensas del continente. Un estudio de la Universidad de Mannheim y el Banco Central Europeo nos muestra que España es el país europeo más vulnerable a las pérdidas económicas debidas a los fenómenos asociados al cambio climático, acumulando más de la cuarta parte de la factura de la UE de 43.000 millones de euros. Y subiendo. Este dinero podría usarse para mantener y mejorar nuestras infraestructuras. Sin embargo, la respuesta del PP y Vox no puede ser más irracional y suicida. El PP acaba de certificar por escrito su giro negacionista afirmando en su documento marco para pactar con Vox que “Rechazamos las políticas climáticas que destruyen empleo, encarecen la energía y expulsan a la industria.” Da igual que esté demostrado que las políticas climáticas crean empleo neto, estén abaratando la energía a niveles desconocidos antes en España y en Europa y estén generando toda una nueva industria alrededor de las renovables y la economía circular. Todo vale para acceder al poder pero lo acabaremos pagando todos. Y muy caro.