Escribió Sartre en los años cuarenta que el infierno son los otros. Afortunadamente, no pudo ponerlo en Twitter porque alguien, sin duda, le habría respondido: “MAS INFIERNO ERES TU, SUBNORMAL”. Lo cierto es que vivimos rodeados de necios y no hay nada que podamos hacer al respecto. No se puede huir de ello, no existe un Edén libre de idiocia. La idiotez es ubicua y se ajusta escrupulosamente al principio de entropía, repartiéndose equilibrada y uniformemente entre la población mundial. Incluso -estoy seguro- si te mudas a una isla desierta, antes o después, para tu sorpresa, aparecerá un idiota allí a joder la marrana. Este fenómeno, por salud mental, estamos obligados a obviarlo en nuestro día a día. ¿Cómo, si no, podríamos vivir sabiendo que nos íbamos a encontrar idiotas a cada paso? La evolución, sabia y piadosa, ha permitido que nuestro cerebro desarrolle una estrategia para soterrar esta certeza. Este mecanismo de defensa consiste en rodearnos de idiotas afines. Los fachas con los fachas. Los nacionalistas con los nacionalistas. Los catedráticos con los catedráticos. Así, al oír nuestras idioteces en boca de otras personas, hallamos consuelo y reafirmación. A nosotros nos ha tocado vivir la tiranía de los "tontobabosos" de las redes, llamados -por esa idiotez de nominar todo en inglés, como si fuésemos huérfanos de idioma- haters o trolls. Son una variante de los idiotas. Son idiotas molestos, huelemierdas. Son idiotas metomentodo con mala leche que creen que el mumdo no puede vivir sin sus estúpidas y babosas opiniones. Esta clase de idiotas se encaraman a cualquier red para, bandera en mano, linchar a periodistas, humoristas, músicos, escritores, artistas o gente anónima que no piense como ellos. Se desviven por imponer su ideología, sus creencias, sus gustos y tradiciones y gustan de brear a los que, con sus opiniones, importunan su supremacismo mental. Les encanta hablar de libertad, pero el verbo que más conjugan es el de prohibir. Son personas aparentemente normales que, sin embargo, se indignan con una opinión, una certeza científica que les importuna, una ficción, un chiste o se ofenden por una foto o una rima. Es la suya una idiotez especialmente peligrosa porque, si triunfa, y está triunfando, hará del mundo un lugar más uniforme, más gris, más triste, más encabronado. Claro que tal vez nos esté bien empleado. Por idiotas.
Vivir es intentarlo infinitas veces
domingo, 11 de enero de 2026
Un paso más hacia el totalitarismo.
Vemos un vídeo -otro más- donde agentes armados de EE.UU. "asesinan" a un ciudadano. Está vez ha sido un agente del Servicio de Control de Inmigración en el contexto de una protesta por las redadas a inmigrantes. Vemos como el agente saca su arma y le descerraja tres disparos a una mujer. Uno por cada uno de los tres niños de los que era madre. Trump se apresuró a acusar a la víctima de resistirse, de ser una terrorista (de nuevo el comodín del terrorismo para justificar la ejecución impune de lo que sólo son víctimas) y a la "izquierda radical" de estar detrás del suceso. Ya, ni se molestan en buscar nuevas excusas. La retórica que convierte a la víctima en amenaza sigue siendo eficaz. Sirve para deshumanizar, para enfriar la empatía, para que la gente piense: “algo habrá hecho”. Esa frase es el cemento de la impunidad. Cuando se instala, cualquier muerte es justificable. Lo ocurrido no es una tragedia accidental, ni una mala decisión en un segundo de pánico. Es el resultado de un aparato de poder al que se le ha dado carta blanca y que se ha acostumbrado a actuar impunemente. Cuando un agente sabe que puede apretar el gatillo y que, pase lo que pase, alguien arriba se encargará de justificarlo, el problema deja de ser individual. Se vuelve estructural. Esto no va de orden, ni de ley. Esto va de imponer una forma de entender la vida en la que la muerte de inocentes es aceptable. Esto va de eliminar lo que no se acepta, lo que no se quiere ver, lo que estorba: inmigrantes, ciudadanos que protestan, voces que se alzan contra tus injusticias... Esto va de una manera de actuar donde lo que menos importa es la víctima. Lo que urge es cerrar la escena cuanto antes, culpar a la víctima y justificar al verdugo. Ahí entra en juego otro tipo de violencia, la más silenciosa: el relato. La versión oficial no busca convencer, busca cansar. Repetir una mentira hasta que discutirla parezca inútil. Lo verdaderamente inquietante es la naturalidad con la que se asume que ciertas vidas pueden descartarse sin que el sistema se detenga a pensar. No hay conmoción institucional, no hay pausa, no hay autocrítica. Todo sigue funcionando como si nada. Eso es lo peligroso. No el disparo, sino la normalidad que lo rodea. Esa es la normalización que hasta de sus acciones más monstruosas logran los fascismos. Si basta con estorbar, con decir "no”, con ponerse delante, para que la respuesta sea letal, entonces la ley deja de ser un marco común y pasa a ser un privilegio. Cuando el poder puede mentir sin rubor, negar auxilio sin consecuencias y cerrar filas sin rendir cuentas, ya no estamos ante una democracia, ni tan siquiera defectuosa, sino ante un sistema totalitario que ha normalizado la violencia como herramienta de gestión.
sábado, 10 de enero de 2026
La Riviera Boreal
Estoy de acuerdo con Saramago cuando decía: "No es que sea pesimista, es que el mundo es pésimo". Y añado: "Y peor que se va a poner". Las anteojeras que nos han colocado y la perpetua flexión cervical a la que nos obliga la contemplación de nuestros móviles, nos impiden ver más allá de nuestro ombligo. Y, claro, se nos escapa lo más evidente. Un sujeto anaranjado, afectado por un grave Trastorno Narcisista de la Personalidad agrede militarmente y secuestra al presidente de un país soberano y, en vez de hablar de la "ejecución" de las normas del derecho internacional, entramos al trapo de discusiones bizantinas: que si Corina o Delcy; que si es más dictador Maduro o Trump; que si democracia o petróleo; que si Zapatero fuma... El sátrapa, un tipejo en el que es imposible distinguir honestidad de chulería, despejó una de las incógnitas: ¡Y una mierda, libertad! A mí lo que me mueve es el negocio.Pero Venezuela es sólo el teatro de guiñol para distraer a los niños. Un picoteo. El plato principal, la madre del cordero, es Groenlandia. Gaza y Venezuela han servido para demostrar a Trump que nadie moverá un dedo cuando se apodere de ella. Pero el "plan" es antiguo y tiene lógicas conexiones: apoderarse del petróleo, quemarlo para hacer negocio, incrementar las emisiones de CO2, acelerar el cambio climático y, con ello, el deshielo del Ártico, favorecer con ello el saqueo de los recursos de Groenlandia, abrir así nuevas rutas marítimas, dominarlas y adelantarse así a Rusia y China. La comunidad científica advierte ya sobre las terribles consecuencias de quemar las ingentes reservas de crudo de Venezuela. A las que habría que sumar los 31.400 millones de barriles de Groenlandia. Aunque lo que más interesa al íncubo del subsuelo groenlandés son las materias primas estratégicamente críticas como uranio, gas natural, níquel, cobre, oro, grafito y tierras raras Para plantar cara a China. Pero para hacerse con ellos se necesita que el hielo desaparezca, proceso que depende del calentamiento global. Y todavía hay menos que no entienden la cruzada ultra contra las energías renovables y su negacionismo del cambio climático. Además, cuando en Arizona, Florida, Texas, California o Nevada, los veranos sean como un asador de pollos, Groenlandia será un lugar ideal para convertirlo en un resort turístico a lo bestia: La Riviera Boreal, donde los nuevos siervos europeos podrán sobrevivir sirviendo a sus amos yankees.
El bloqueo como causa de pobreza
Después del revés sufrido por los opositores venezolanos y sus correligionarios españoles a manos de Trump, que ha preferido mantener al frente del "negocio" a la número dos de Maduro en nombre de la "libertad" de quedarse con el petróleo, la prensa ultradefensora de los venezolanos "de bien" se ha apresurado a hacer lo que mejor sabe: imponer un relato basado en falsedades, medias verdades y cómplices silencios para arrimar el ascua a su sardina. La crisis de Venezuela es una realidad innegable por documentada: pobreza, escasez, migración masiva, inseguridad alimentaria, deterioro de los servicios públicos..., pero las narrativas sobre ella se politizan para servir a espurios intereses. El ejercicio, ahora, consiste en usar la estadística para mostrar el precipicio al que el Chavismo ha llevado al país. Un dato, sobre todos, llama la atención: los plumillas destacan su "escandalosa" tasa de mortalidad infantil: ¡22‰!. Un dato. Cuando Hugo Chávez accede al poder, ésta era del 29 ‰. Cuando lo deja, había bajado al 15 ‰, y a partir de ahí inicia un crecimiento sostenido. El objetivo es demostrar que el Chavismo ha llevado a Venezuela a la ruina absoluta, pintando el país pre-bolivariano como un paraíso terrenal de prosperidad y estabilidad. Pero esta narrativa dista mucho de la realidad. Antes de Chávez (1999) Venezuela tenía unos niveles alarmantes de pobreza y desigualdad y falta de acceso a servicios básicos: en 1999, casi el 67% de la población se encontraba en situación de pobreza, con un 35% en pobreza extrema, alcanzando el desempleo al 14.5%, de acuerdo con fuentes del Departamento de Estado de EE.UU. Y su economía era altamente dependiente del petróleo, que beneficiaba principalmente a una élite corrupta y a empresas extranjeras. Pero, sobre todo, se olvida que el deterioro tiene mucho que ver con 27 años de acoso político, sanciones económicas, el estrangulamiento de su industria petrolera y las confiscaciones de activos por parte de EE. UU., sobre todo desde 2016, cuando Trump accede por primera vez a la Casa Blanca. Las "sanciones" limitaron drásticamente los recursos del Estado, provocaron desabastecimiento, dispararon la inflación, la reducción del gasto público, el deterioro de la sanidad y servicios esenciales, y, con todo ello, se disparó el malestar social y la emigración. Llamadme loco pero, a lo mejor, el desastre económico de Venezuela no sólo tiene que ver con el corrupto gobierno de Maduro. Que se lo pregunten a los cubanos, que llevan 65 años sometidos a un bloqueo económico, financiero y comercial total por parte de EE.UU.
El frío mata
Este sistema tiene por objetivo que las cosas funcionen bien..., para los de arriba. Promete orden, seguridad, crecimiento, estabilidad. Promete protegernos a todos. Pero cuando los recursos no llegan se señala al más débil y se le deja atrás. Sin drama. Sin ruido. Sin culpa. Aunque la muerte esté de por medio. Pero más obscena que la muerte me parece la tranquilidad posterior. El modo en que la noticia se consume rápido, pierde significado, se archiva, se olvida. Y no es cuestión de magnitudes. ¿Quién se acuerda ya del genocidio en Gaza?. Damos las cifras de muertos, asépticamente, y se nos anestesia la conciencia. Es como si el número, como concepto abstracto, amortiguara la violencia del hecho. Como si sumar cadáveres fuera una manera decente de ordenar la tragedia. Llega una ola de frío y en Barcelona mueren dos personas. Mientras, se iluminan fachadas, se calefactan terrazas y se anuncian pistas de patinaje sostenibles. Pero todo es normal. La culpa la tiene el frío. Como la pudo tener el cha-cha-chá. El frío llega, paraliza y busca a quién sobra. Y lo normalizamos. Acudimos para ello a un lenguaje que ayuda a anestesiarlo todo: “Era una persona sin hogar”. Suena neutro. Como si el hogar se hubiera extraviado solo. Se deja caer que hay dispositivos de emergencia, que funcionan albergues, que se dedican recursos para evitar que los desgraciados se mueran de frío. Los medios preguntan sólo cuando hay titulares. Pero eso no es preocupación, es maquillaje. Porque los protocolos que se activan son un camelo. ¿Quién iba a pensar que un "sin techo", perdido en la calle, no iba a estar bien informado de un protocolo municipal puntual? Y todos llegamos a la misma conclusión: La culpa es del fallecido. Y Santas Pascuas. Nadie se preguntará por qué no tenía un techo, por qué estaba en la calle, cuántas puertas se le cerraron antes de que el frío hiciera su trabajo, por qué una persona muere de frío cuando hay gente que calefacta las casetas de sus perros. Esto no va de meteorología. Va de capitalismo salvaje, un sistema que habla de eficiencia, de inversiones, de protocolos, de ayuda. Pero el resultado es siempre el mismo: hay vidas que no compensan la inversión. Vidas que no entran en el cálculo. Vidas que, si desaparecen, no alteran el balance. El frío, el hambre, la guerra, no matan de manera fulminante. Matan siempre lentamente, con tiempo, con silencio, con permiso de los que pueden evitarlo. Mientras sigamos mirando hacia otro lado porque nos incomoda pensar que nada hacemos ante lo evitable, estaremos aceptando, sin decirlo en voz alta, que hay vidas prescindibles.
viernes, 9 de enero de 2026
Para Pepe Aumente
En el camino de la vida, hay un lugar y un tiempo para cada cosa. En su naturaleza está que haya viajes que se emprenden, ciclos que se cierran, caminos que se inician y otros que concluyen.
Hoy toca cerrar una etapa, pero no para olvidarla sino para fijarla en la sección de recuerdos agradables. Hoy toca acompañar a Pepe Aumente hasta la puerta de su jubilación y alegrarnos con él.
Pepe, hoy te despedimos, sí, pero también te celebramos, te apreciamos, te atesoramos y te agradecemos. Aunque gratitud es una palabra pequeña para todo el esfuerzo, empeño y dedicación que has puesto durante tantos años, dejándote -seguro- jirones de tu piel en el intento. Y pasa que, cuando el agradecimiento es mucho, las palabras suelen ser pocas para expresar todo lo que uno siente en su corazón.
Siempre hemos admirado tú templanza, tú paciencia y tu dedicación. Pero también tú valor para aceptar retos difíciles. Y el empeño que has puesto en superarlos.
Nos consta que durante muchos años te has dedicado, no solamente a enseñar, sino también a educar a tus alumnos. Has trabajado para ayudarles, para marcarles un camino, para guiarles.
Sabemos que has sido más de guiarles que de conducirlos, de aconsejarles que de imponerles. Que has apostado por dar más sentido a su vida escolar, por mejorar sus vidas en alguna manera.
Tú voluntad inquebrantable de creer en ellos, incluso cuando a veces dudaban de ellos mismos, ha sido inspiradora para muchos de nosotros. Por eso te has ganado nuestro respeto y admiración.
Has sido de esos maestros que, con cada palabra, intentaba enseñar, no solo a pensar, sino también a creer en las propias capacidades, haciendo que tus clases fuesen siempre una puerta abierta hacia un mundo lleno de posibilidades.
Has sido de los que han creído que había que enseñar con la actitud, con el ejemplo, con el gesto y la palabra. De esos profesores que pueden cambiar vidas con la mezcla correcta de tiza y desafíos.
Tú sabes bien, porque lo has puesto en práctica, que la mejor parte de la enseñanza es tocar los corazones de tus pupilos y eso -estamos seguros- permanecerá contigo, como un tesoro, por el resto de tu vida.
Ahora que te toca guardar los trastos -porque maestro seguirás siendo siempre-te queremos dar las gracias por tu empeño en enseñar con el corazón, además de con la mente. Gracias por ser más que un maestro, por ser un guía, un compañero, en el viaje del conocimiento para tantos jóvenes. Gracias porque los maestros como tú no solo enseñan, inspiran y cambian vidas para siempre.
Como todos los buenos maestros permanecerás para siempre en los corazones de muchos de tus alumnos, porque reconocerán que has entregado mucho de tu tiempo y tu talento para ayudarles.
Ahora que emprendes tu regreso a Itaca puedes mirar hacia atrás con orgullo por todo lo que lograste. Ahora llega el momento de recordar y relajarse, pero también de mirar hacia el futuro con alegría y satisfacción, sabiendo que no pocas veces has logrado reemplazar una mente vacía con una mente abierta, como la tuya.
Ahora podrás saborear los muchos recuerdos que has creado a lo largo de los años mientras disfrutas cada momento de tu vida y los muchos días por venir.
El tiempo, como un río caudaloso y salvaje, nos arrastra y nos moldea según su designio. Pero en nuestro interior, residen nuestros anhelos, y con valentía, podemos forjar nuestro propio camino. Así que no receles del tiempo, y menos del tiempo nuevo. Acepta sus giros y sus nuevos retos, y crea una nueva historia que merezca ser contada
Hoy recibes el mejor regalo que da la jubilación: ser dueño de tu propio tiempo. Y con ello, tus saberes y tú imaginación, podrás dedicarte a buscar los tesoros que más te ilusionen a tiempo completo. ¡Disfrútalo!. Te lo mereces.
Una nueva especie
A lo mejor no es la polarización. A lo mejor no tiene nada que ver con la moral, ni tampoco se trata de una patología global que pudre a la sociedad. A lo mejor no es ya una parte estructural de un sistema que alimenta y se basa en la desigualdad. Ni tan siquiera que ésta favorezca la corrupción y, para cerrar el círculo, a la polarización misma. A lo mejor es que la evolución conduce a la especie humana por un camino aciago. A lo mejor es que, como en la novela "La máquina del tiempo", ya existen dos especies humanas: los que vivimos en la utopía de buscar un mundo mejor y los nuevos "Morlocks", criaturas ignorantes, egoístas, brutales, que depredan irracionalmente el medio y explotan a los primeros. El prototipo de los Morlocks es Donal Trump, un espécimen que, pese a portar chaqueta y corbata está asilvestrado, como demuestran sus continuos excesos gestuales, su lenguaje corporal propio de un mandril, su engorilamiento psíquico o su gusto por ejecutar pantomimas y danzas tribales para regocijo de su tribu. Si el Homo Erectus se cubría ya la cara con pigmentos para sus expediciones de caza, el Homo Trumpus (primo hermano del Homo Netanyahus) se embadurna la jeta con espray naranja y se peina a portazos. Esta nueva especie ha logrado el cenit evolutivo en su empeño en exterminar especies, desertizar hábitats y aniquilar congéneres. Su mayor avance ha sido anular cualquier rastro de conciencia moral. Al Homo Trumpus le apetece el petróleo del otro lado del mar y no se corta un pelo: va, le suelta un garrotazo a su dueño, y se lo queda. Toda esa farfolla de la diplomacia y el derecho internacional se la trae al fresco. Eso es cosa del pusilánime Homo Progre. Un atraso. A su primo, el Homo Netanyahus, le da por arrasar Gaza y se porta exactamente igual que Gengis Kanh incendiando las estepas asiáticas, asesinando niños y aplicando la brutalidad y el terror. Muchos lamentan el grotesco espectáculo de contemplar a este homínido cítrico dando saltitos, ejecutando estúpidos bailes, haciendo mohines insólitos, insultando a jefes de estado, periodistas, personas con discapacidad y, en fin, haciendo el imbécil, pero olvidan que lo han votado millones de compatriotas y lo aplauden muchos más millones de homínidos fuera de su tribu, encantados con la exhibición de poderío irreflexivo que supone dejar el botón rojo al alcance de semejante botarate. Desde luego la inteligencia artificial lo tiene fácil ante el patético estado de la natural.