Comienza el acelerón final de una campaña electoral que se inicio ya hace casi cuatro años. Eso quiere decir que se reforzarán los bulos, la manipulación, los ataques, la indecencia moral, los insultos... El pistoletazo de salida lo ha dado Ayuso, la mayor bocazas del reino, echando mano de su manual trumpista para proyectar la sombra del pucherazo. Esto va de, si yo gano, es por la libertad del votante, pero si pierdo es fraude electoral. Los medios que trabajan incansablemente en favor de las derechas han tocado a rebato. En A3 Vicente Vallés arrancó su contribución a la causa con un editorial que no tenía nada de periodismo y si mucho de propaganda. Hasta el punto de hacer suyo el término favorito de las derechas para referirse a un gobierno legítimo: "Sanchismo". Por su parte, Canal Sur arrancaba sus informativos con una polémica cabecera sobre el adelanto electoral, consistente en una colección de acusaciones a Sánchez que coincidían milimétricamente con el argumentario de ataques de las derechas a éste. Con la vorágine que se avecina sería conveniente que el votantes que desee huir del sectarismo y no comportarse como un hooligans ideológico, espulgase entre la avalancha de mentiras y exabruptos que nos esperan. Tendremos doble taza de crispación y juego sucio. La campaña electoral será una pelea de estiércol plagada de golpes bajos. Los que dicen eso de ¡Por fin! "Por fin, decidirán los españoles”, ha dicho Feijóo (como si en 2023 hubieran decidido los miembros de la Asociación de Mariachis del Estado de Jalisco), no tendrán mucho interés en explicar su programa. Pero hay que estar atentos porque, de vez en cuando, se les suelta la lengua. Como le ha pasado al ultraderechista de Vox, José María Figaredo, que ha dicho que "Vox defiende una reforma hacia la privatización de las pensiones". Como hizo hace unos días Feijóo al anunciar que permitirá que las mutuas -sostenidas económicamente por las empresas- den el alta en las bajas médicas. Como acaba de hacer Ayuso al decir que su Gobierno utilizará "todos los instrumentos jurídicos" a su alcance para recurrir los decretos de vivienda. Es decir, que hará todo lo posible para que nada intente resolver el problema de la vivienda. De hecho, en lo que al alquiler se refiere, ni PP ni Vox proponen nada que no sea la derogación de la norma de vivienda, rechazar el control de precios, las zonas tensionadas o dar beneficios fiscales a los propietarios. Vox propone derogar la Ley Integral de Violencia de Género, las leyes LGTBI y la ley trans, así como sustituir el Ministerio de Igualdad por uno de Familia. También plantea eliminar la actual legislación sobre el aborto. En fin, que conviene dejar de escuchar a los charlatanes de feria y pararse a leer información fiable. Porque está gente "promete y promete hasta que te la mete".
Vivir es intentarlo infinitas veces
martes, 6 de octubre de 2026
Del ignorante al estúpido.
Dijo Umberto Eco que "el siglo XXI será recordado por convertir la estupidez en espectáculo". Por eso es tan corriente que veamos a tanto ignorante aplaudir a rabiar a los payasos. La sensación de que la sociedad actual padece un "adormecimiento intelectual" -no me atrevo a llamarlo acipotamiento cognitivo, por temor a quedarme corto- no es infundada. No es producto de ninguna evolución natural, ni de un accidente. Es el resultado de dinámicas estructurales muy bien diseñadas. Todo empieza con la devaluación del esfuerzo intelectual que se impone ya desde la escuela, incapaz de conseguir con sus estrategias que el alumnado descarte el conocimiento por "aburrido" o "complejo". Así, la pérdida del hábito de leer textos largos o seguir razonamientos complejos va debilitando el "músculo" del pensamiento crítico. Ni siquiera hace falta prohibir los libros si logras que la gente prefiera no leerlos porque está demasiado ocupada consumiendo entretenimiento hiperestimulante y trivial. Es notorio que el ocio pasivo ha sustituido en gran medida a la reflexión activa. Después, las grandes plataformas digitales hacen su trabajo. Estas no buscan educar, sino retener al usuario para obtener beneficios. Para lograrlo, los algoritmos priorizan el contenido que genera reacciones emocionales primitivas (indignación, odio, morbo, risa fácil) por encima del pensamiento crítico o el análisis profundo. Esto reduce drásticamente nuestra capacidad de concentración y análisis. Finalmente, y de forma paradójica, tener acceso a toda la información del mundo ha facilitado la manipulación. Al estar inundados de datos, fake news y opiniones sectarias, el cerebro se satura. Ante el cansancio informativo, la sociedad tiende a creer lo que alinea con sus prejuicios (sesgo de confirmación) en lugar de verificar los hechos. Esto nos ha llevado a la era de la estupidez. La inteligencia retrocede mientras los más imbéciles se encumbran. La estupidez instalada en la sociedad es, además, el arma más eficaz de los poderosos. Para controlar a los ciudadanos es preciso atemorizarlos (robos, ocupaciones, "invasiones"...) y mantenerlos en la ignorancia. Un país que cuente con un pueblo instruido, saludable y con carácter es mucho más difícil de engañar. Y de gobernar. Por eso los gobiernos populistas embrutecen a los pueblos, alimentan sus emociones más primarias, inoculan odio y suplantan el liderato genuino por clientelismo. El poder mundial, compuesto por una banda de sociópatas, ya no necesita como antaño de golpes de Estado. Hoy con el internet, los smartphones, las redes sociales y las plataformas audiovisuales, entre otros elementos utilizados como “método de dominación”, les alcanza y sobra para lograr sus objetivos y mantener sometidas a sociedades enteras que viven en un eterno y vejatorio letargo. Podemos creer que el mundo está lleno de estúpidos, que nunca antes había habido tantos incultos, estúpidos y dementes rondando por el planeta. Pero no creo que sea así. No creo que el número haya sufrido un gran avance en términos porcentuales. Lo que ocurre es que ahora los medios y las redes los han visibilizado, les dan voz y hasta los empoderan. Esta terrible incitación ha provocado que el estúpido se lance al mundo a gritar a los cuatro vientos lo estúpido que es. Asimismo, se ha topado con la sorpresa de que no es tan estúpido como creía o le habían dicho, pues hasta el más idiota de los hombres es capaz de encontrar un coro de estúpidos que le dan «like», lo retuiteen, lo sigan y hasta lo voten. El hecho de contar con una camarilla de estúpidos no hace que el nivel de estupidez sea menor; simplemente, donde antes había un estúpido diciendo estupideces, ahora hay mil, cien mil, un millón o varios millones dándolas por buenas. Hay un fino hilo que une la falta de conocimiento, la manipulación, el adoctrinamiento y la estupidez. No en vano, el mayor triunfo del adoctrinamiento es que el oprimido replique el discurso de su opresor.
lunes, 5 de octubre de 2026
Solidaridad a la carta
domingo, 4 de octubre de 2026
¡Qué peligro tiene Maricarmen!
Sería para mondarse de la risa si no fuera porque convencen a toda una legión de "tragacionistas": ilusos, cándidos, párvulos, pánfilos y pardillos dispuestos a creerse cualquier imbecilidad. Y sabiendo que estos especímenes abundan, tanto la oficialidad como la tropa de las huestes de las derechas han sacado toda su artillería para hacerle el caldo gordo a sus señores. Se trata de inventar mentiras, propagar bulos, sobredimensionar las cosas o retorcer la realidad con el único objetivo de ridiculizar, desprestigiar, vilipendiar y atacar a personas, grupos o colectivos que molestan a sus intereses. La primera en el punto de mira fue la ya famosa Maricarmen. Rápidamente salieron voces y medios dispuestos a machacarla: que si había tenido toda la vida para ahorrar, que si era mala vecina, que si dejaba compras a deber, que si viajaba… y hasta que iba al bingo. El Español, ese bodrio pestilente que se hace pasar por periódico, dedicó un reportaje entero a recoger testimonios de supuestos vecinos y comerciantes para desprestigiarla. Sólo queda que Ayuso y Tellado la vinculen con ETA. La ola de ataques, empujada desde "esos" programas de Cuatro, Telecinco y A3 que se han convertido en punta de lanza de las derechas, continuaron contra otros posibles desahuciados o los que pretendían ayudarles, caso de James Rhodes. Después llegó el turno de la acampada de Sol y comenzó la búsqueda del temible "lado oscuro" de sus "invasores": Porros, cervezas, basura, suciedad, falta de aseo, tensión, radicales... Cualquier cosa servía para dibujar una especie de Mad Max del radicalismo bolivariano-comunista en pleno kilómetro cero de la amada Patria. Almeida se apresuró a denunciar que en la acampada había armas de destrucción masiva: "adoquines", "cuchillos de grandes dimensiones" y hasta un peligroso hornillo. Después aparecieron las fotografías: cuchillos junto a trozos de pan y hummus y adoquines usados como contrapesos de las tiendas de campaña. Por suerte no apareció una olla exprés, porque habría tenido que intervenir la OTAN. Después le llegó el turno al portavoz del Sindicato de Inquilinas: Supuestamente, su familia tiene dinero y vínculos con la nobleza. Algunas webs pasaron directamente a llamarlo "el marquesito". Tal es el peligro que la chavalería, representada por violentos comandos de ultraderecha y el líder neonazi de desokupa, han tenido que ofrecerse a pasarse a "limpiar" la plaza a base de hostias. En el fondo todos ellos, de Iker Jiménez y su bocazas compañera, a Eduardo Inda, pasando por Antonio Naranjo, Nacho Abad o Ana Rosa Quintana, sólo son una banda de mafiosos, unos mercenarios a sueldo de quienes destrozan la vida de los españoles para forrarse. Ellos lideran a toda esa gorda de odiadores que solo buscan acojonar a quien ose levantar la voz contra sus intereses con un mensaje: iremos a por ti. En resumen: que España está amenazada por una anciana que jugaba al bingo, un "marquesito" que pide que la gente pueda vivir en una casa, radicales, porros, adoquines, hummus y hasta la ETA. De hablar del precio de la vivienda ya, si eso, otro día.
sábado, 3 de octubre de 2026
Lo han vuelto a hacer
Lo han vuelto a hacer. Las derechas (la radicalizada del PP, la fascista de Vox, la independentista catalana de Junts y la de "a ver cómo está hoy el día" del PNV) han votado en el congreso en contra de los derechos básicos y los intereses de la mayoría social. Los populares, en situación de encefalograma político plano, se han opuesto este viernes a aprobar los decretos de vivienda con el mismo argumentario de siempre: echar la culpa del problema a Sánchez mientras esconden sus gravísimas responsabilidades en el tema; avivar el miedo diciendo que las medidas sólo iban a "destruir" el mercado del alquiler y perjudicar a los inquilinos; agradar a su vivero electoral asegurando que votaban en contra para "proteger a los propietarios"; guiñar un ojo a los fondos buitre diciendo que los decretos "creaban inseguridad jurídica a los propietarios"; anunciar su mágica solución, es decir, la "construcción de un millón de viviendas" (para que la compre, ¿quién, los que no tienen dinero para pagar un alquiler o los que quieren participar del negocio de los alquileres?... Un imaginario que recuerda mucho al ya empleado con la reforma laboral o con la subida del Salario Mínimo. Por cierto, en la Argentina de Milei -el ídolo de Ayuso y Abascal- el Salario Mínimo se acaba de bajar a 219 euros. ¡Fachapobres patrios, id poniendo vuestras banderas a remojar! Para saber lo que puede hacer un gobierno de las derechas cuando dentro de poco alcance el poder solo hay que echar una mirada a Portugal. Allí, el gobierno de derechas, para -dice- "devolver la confianza al mercado", (léase, servir a los intereses de las alimañas financiero inmobiliarias) pretende "aumentar la oferta de inmuebles" liberalizando alquileres, eliminando topes de precio y dándole poder a los propietarios para que decidan sobre importe de fianzas y duración de los contratos. Es decir, darle todo el botín a los propietarios y no hacer rehenes. Lo que acaba de hacer Portugal es dar el primer paso para afianzar por ley el modelo de vivienda basado en la especulación y el libre mercado sin excepciones ni límites, que es lo que persigue la derecha en toda Europa. Y ello en un momento donde, según el Instituto Nacional de Estadística portugués, en los dos primeros trimestres de 2026 el precio de la vivienda ha aumentado casi un 35%. Está claro lo que quieren. Mientras, aquí, la patronal, uniendo fuerzas con las derechas, amenaza con llevar a los tribunales una posible huelga general por la vivienda. Su argumento, el mismo de siempre: el paro sería inoportuno y dañino para los intereses del país (léase, los suyos), dañaría la "frágil" economía, destruiría empleo y, la mejor y más cínica: una huelga causaría perjuicios al ciudadano. Porque, claro, las molestias que pueda causar un paro de 24 horas es "mucho peor" que el problema de la vivienda que asfixia el presente y oscurece el futuro de miles y miles de personas. Y, para cerrar el círculo, me jugaría un potosí a que algún tribunal celoso de proteger el "estado de derechas", algunos de esos donde sus miembros cobran retribuciones que superan el sueldo del presidente del Gobierno en más del 30%, declaran la huelga ilegal para "proteger los intereses de los ciudadanos". Tengo dudas de si son más cínicos o más desvergonzados.
El cuento del alquiler.
Pues sí, niños, corría el año 1988 cuando un señor bajito y con bigote que hablaba catalán en la intimidad aprobó la Ley del Suelo, que liberalizó prácticamente todo suelo que no estuviera protegido para impulsar la construcción a gran escala. Todo un negocio. Pero claro, sólo tiene sentido construir si la gente compra. Ahí llegaron los bancos a echar una mano. Sí querías una casa sólo tenías que ir a un banco. Allí, un señor muy amable te daba el total de la hipoteca, más un dinero para los impuestos e incluso para comprar un coche o reformar. Además, te regalaba una olla exprés. Y si tenías dudas te invitaba a su casa a comer. Aprobaban créditos sin comprobar la estabilidad laboral ni la solvencia real del cliente. Ante tantas facilidades la demanda de compra de vivienda se disparó, el país se lleno de grúas, las constructoras echaban más horas que un reloj y, por supuesto, los precios comenzaron su escalada. Después llegó la crisis de 2008 y las dificultades para pagar la hipoteca. Entonces, al señor amable del banco lo escondieron debajo del mostrador y pusieron a otro con cara de perro que mandaba cartas anunciándole a la gente que se quedaban con el dinero que habían pagado, le quitaban las casas y, aún así, seguía teniendo una deuda con el banco. Además, nos convencieron a todos de lo mucho que ellos perdían. Nos asustaron con la idea de que si quebraban perderíamos el dinero de nuestras cuentas y con la ayuda de sus secuaces políticos lograron que el Estado absorbiese las pérdidas del complejo inmobiliario-financiero que habían creado, nacionalizando una enorme bolsa de "activos tóxicos" -pisos devaluados- que engrosaron el llamado "banco malo". Se podrían haber utilizado para crear un sistema de vivienda pública, muy necesario en un momento en el que los desahucios asolaban el país. Pero en esto llegó un tal M. Rajoy -que algunos jueces siguen sin saber quién es- que entre escándalo y escándalo de la Gürtel, los papeles de Bárcenas, la creación de la "policía patriótica", las llamadas a los amiguetes jueces y recoger sobres con dinero negro, se le ocurrió revender los pisos del banco malo a precio de saldo. Para atraer compradores el Estado incentivó el negocio de los “megacaseros” con ventajas fiscales y regulaciones a medida. Resultado, aterrizaron los buitres y grandes fondos de inversión empezaron a comprar vivienda al por mayor. Eso beneficio también a una amplia franja de rentistas de clase media. Y como el negocio de la venta de pisos flojeaba y cada vez más turistas buscaban alojamiento barato, se les ocurrió que el siguiente nicho de negocio podía ser el alquiler, preferentemente corto, sin barreras y con precios disparatados. -"Abuelita, abuelita, que cantidad de pisos más grandes tienes" -"Para sangrarte mejor". El resto de la historia ya la conocéis. Y ahora, los cachorros del señor del bigote nos venden que la solución al problema de la vivienda es volver a construir como si no hubiese un mañana. Y es verdad. Para muchos, no lo hay.
viernes, 2 de octubre de 2026
Poema
La ausencia siempre quema
y en tus manos anida su memoria.
Recordar es una tabla de salvación.
Olvidar es morir dos veces.
Cuando alguien se va
todo te parece áspero,
todo te parece vacío y gris,
como esa espesa niebla que te habita.
Galopa en su caballo el tiempo,
intenta hacer la tormenta que te encierres
en su guarida oscura
para intentar cerrar tus ojos a la viva
claridad que te sostiene.
Es entonces cuando debes recordar
que cuando alguien se va, no se va solo,
se lleva parte de tu alma
para confeccionar sus alas.
De esta manera es como puede volar junto a tí.
Y tras sus primeros aleteos
expirarán en los campos del olvido
los versos como azucenas,
volarán los besos como amapolas,
y levantarán el vuelo las inquietudes que hoy te anidan.