martes, 27 de octubre de 2026

Se ha perdido el respeto a la autoridad

Escucho una de esas eternas tertulias en las que, a partir de unas imágenes, varios titulares sesgados en distintas direcciones, las declaraciones de portavoces políticos de probada indecencia moral y la contribución de unos tertulianos que creen saber de todo pero, en el fondo, sólo son ecos de su territorio ideológico, se destripa un problema para llegar a una clara solución, a ninguna y a la opuesta a la primera, todo a la vez. Hablan de la violencia vivida en las últimas algaradas disfrazadas por algunos de manifestaciones. Entre estúpidas teorías, certezas sin base alguna, soplapolleces varias, dimes y diretes, se llega a la conclusión de que hay tantos responsables de la violencia como tertulianos y que aquellos se reparten según su filiación ideológica, de la misma manera que la adscripción partidista de los opinantes. Al final me hicieron llegar a la conclusión de que la culpa de la violencia la tenía la izquierda radical, la derecha radical, Pedro Sánchez, el tándem Feijoo-Abascal, los "podemitas", los agitadores ultras, la policía infiltrada, los excesos policiales, la inacción policial, los sindicatos, algunos medios de comunicación, los inmigrantes, los concentrados en Sol, la falta de mano dura, Rusia, Israel, China, el ejemplo francés, la ignorancia, las redes sociales, David Broncano, Isabel Ayuso, Irene Montero, Lamine Yamal y un señor de Murcia que pasaba por allí.

Andalucía, como siempre.

Empezó siendo el resultado de la mirada sesgada de los viajeros románticos. Llegó despues la imagen estereotipada cultivada por el franquismo, que redujo Andalucía, una región compleja y llena de matices, a un cliché simplista ligado al "carácter alegre", la gracia superficial, la fiesta continua, la gastronomía, la devoción religiosa, el folklore y hasta la "pereza simpática". Para consolidarlo ayudó mucho ese deje vanidoso, casi narcisista, con tintes servilistas y derivaciones hacia el comportamiento histriónico que define a tantos andaluces. Y, finalmente, llegó ese engendro propagandístico con objetivos mercantilistas que es la promoción turística, para convencernos de que vivimos en un paraíso idílico. Y, claro, después llega el tío Paco con las rebajas. Esta vez ha sido un estudio del INE sobre la calidad del vida en el Estado español, que posiciona a Andalucía como la comunidad autónoma con peor calidad de vida sólo tras Canarias. Así que el mito de que las cientos de horas de sol, el "salero", la fiesta y la buena comida son la cura infalible para la felicidad y la calidad de vida se resquebraja. Al menos en Andalucía. Algún alma de cántaro ha descubierto que, más allá de esa fórmula de la felicidad basada en lo meteorológico y la idiosincrasia del territorio, se esconde una losa pesada que provoca un malestar arraigado en quienes habitan el territorio: las condiciones materiales y la calidad de los servicios públicos que definen el día a día de los andaluces. ¡Qué sorpresa! Junto a Extremadura, seguimos a la cola de la renta media en España: las ocho provincias andaluzas se encuentran entre las 15 con menor renta neta media por habitante de España. Es más, las tres provincias con menos ingresos anuales por habitante son andaluzas: Almería, Huelva y Jaén. El 83,7% de los municipios andaluces registran rentas consideradas bajas. De hecho, 16 de los 20 municipios más pobres de España son andaluces. Igual ocurre con el PIB per cápita. Y, para no cansar, diré que 8 de los diez barrios más pobres de España son andaluces. Además de encabezar la lista de paro en el Estado español Andalucía es también de las comunidades donde más porcentaje de asalariados hay con salarios bajos. En cuanto a Salud Andalucía se encuentra entre las cuatro con menor puntuación. Encabezamos la lista de comunidades por tiempo medio de espera quirúrgica. Junto a Madrid, compartimos la cola de relación entre centros de atención primaria y habitantes. Y lo mismo podemos decir de las camas hospitalarias por habitante. En cuanto a la calidad del entorno y medioambiente, el estudio sitúa a Andalucía como la comunidad con menor puntuación. Y, finalmente, ocupamos el puesto 14 -de 17- en cuanto a nivel medio de las pensiones. Durante años, la derecha culpó de esta situación a los gobiernos socialistas autonómicos, aunque en Madrid gobernaran ellos. En 2019 el PP ocupó el poder en Andalucia. Pronto hará casi 8 años. Pero las cosas siguen igual, por mucho que el PP utilizara el eslogan "Andalucía Avanza" en las elecciones andaluzas de 2022 para destacar que la región progresaba bajo su gestión. Las mejoras económicas producidas no se desvían un ápice de las producidas a nivel nacional pero ya sabemos que algunos son expertos, por ejemplo, en atribuirse el mérito cuando baja el paro y "endiñarle" la responsabilidad al "Perro" cuando sube. Dentro de nada las derechas tendrán el poder omnímodo. Vamos a ver si cambia algo. A mejor, me refiero. Y en términos reales, no en lo que refleja la propaganda de los charlatanes.

lunes, 26 de octubre de 2026

¿Qué es votar?

Uno de los mayores errores que siguen cometiendo mucha gente sensata es el de pensar que votar es un acto racional, es decir, un acto que el ciudadano realiza en defensa de sus intereses, un acto incluso ético de dar su confianza a los representantes que cree más honestos y eficaces. ¡Qué error! El acto de votar en demasiada gente no es ya un acto racional, por el contrario, es un acto que mezcla emociones simples, sentimientos, en gran parte manipulados, apuestas simplemente estéticas o una ideología de todo a cien. Es, utilizando un término inglés, un "feeling", que podría traducirse por un sentimiento no meditado, incluso no muy bien auto-comprendido, que en todo caso posee una fuerza mayor que un voto razonado y reflexivo. "Programa, programa, programa", decía Julio Anguita. ¡Qué tiempos! Pero hoy los programas no se los lee prácticamente nadie. ¿Para qué, si hasta el payaso más imbécil puede acabar ganando? Pero, ¿de qué nos extrañamos? Desde siempre ha habido gente poco dada a pensar y que, por tanto, prefiere que se piense por ellos, ahí tenemos las religiones monoteístas, llenas de mitos y mentiras, llenas de sentimientos, de ideologías, que son ideas empaquetadas, a veces bien intencionadas, pero pensadas para los que necesitan una fé prêt-à-porter. Hoy es muy fácil engañar a la gente, pero muy difícil convencerla de que la han engañado. Ante este panorama, el voto se convierte en algo simplemente identitario: "voto a los míos", o como diría la mafia "a uno de los nuestros", aunque haya detrás un genocidio, aunque ni siquiera se sepa siquiera definir qué es una mujer. Se vota también por odio, aunque no se sepa muy bien la razón de ese odio. Se vota incluso por anhelar ser quién no se es. Y, a quién se vote es lo de menos. Se aplica aquél aforismo atribuido al secretario de Estado de Franklin D. Roosevelt, Cordell Hull, que dice: "es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta", y listo. Y así es como se encumbra a políticos cuya idea de futuro es la de mejorar el futuro para ellos y convertirnos poco a poco en un país de cazurros y mamporreros. Construir una sociedad, no liberal, sino pre-liberal, marcada por la desigualdad (oportunidad de negocio lo llaman ellos), la impunidad (libertad lo llaman ellos), con el apoyo no de la justicia, sino de la "gusticia", o sea, la justicia a gusto de los que realmente detentan el poder. Qué bueno sería que la gente aprendiera a pensar por si misma.

Nuevos horizontes

En este mundo convulso que nos devora, uno no sabe si puede permitirse un atisbo de optimismo. Uno no sabe si ese runrún que recorre calles y plazas de media Europa es un signo de que algo está cambiando o el precursor de una nueva decepción, como lo fueron la cascada de primaveras que se sucedieron desde 2010: las primaveras árabes, la Revolución Naranja en Ucrania, la de los paraguas en Hong Kong, el movimiento Occupy Wall Street y hasta el 15M. Superada la sorpresa inicial el Sistema se recompone y acaba liquidando el impulso social. Hoy, casi es peor, porque tenemos "actores cínicos" que consiguen que los protagonistas de las protestas no identifiquen correctamente el origen de los problemas y acaben proponiendo como solución algo peor: un populismo autoritario de derechas que rechaza la idea misma del cambio y la protesta social. Lo vemos en Francia, donde, desde 2018, cientos de miles de chalecos amarillos terminan sus protestas contra el establishment y corren a coger la papeleta de Marine Le Pen. Pero hay que agarrarse a un clavo ardiendo. Más allá de la omnipresencia de la extrema derecha en la esfera pública, de sus discursos racistas y de esta atmósfera guerra civilista y casi genocida que no dejamos de respirar, las multitudes siguen resistiendo. Hoy ya no se trata solo de un rumor, basta con mirar las noticias que vienen de Francia, Italia, Portugal, Albania, Serbia... para ver a gente luchando por sus derechos, rompiendo con las inercias de un presente que, hasta ayer mismo, resultaba demasiado dócil para quienes tienen el poder. Conviene, al menos, escuchar atentamente lo que acontece. Aunque sólo sea para estar prevenidos contra los falsos relatos que lo combaten. Lo vemos en España donde, en comparación con Francia, las protestas parecen organizadas por la plataforma de alumnos de educación infantil para exigir le suban la paga semanal. Pero basta que grupúsculos radicales o gamberros que se hacen pasar por antisistema para pasar una buena noche saqueando franquicias actúen, para que los sindicatos de policía ultra hablen de España como del "paraíso de la delincuencia" y los líderes de la derecha y sus medios se apresuren a criminalizar las protestas, las definan como cortadas para extender el desorden y el vandalismo, o las acusen de ser el reflejo de la izquierda extrema, por supuesto, a las órdenes de Sánchez. Esta gente va camino de declarar a los "Yayoflautas", que se manifiestan en defensa de las pensiones, como organización peligrosa de carácter criminal y conexiones con el terrorismo internacional. Por eso es bueno que frente a las narrativas que cancelan el futuro o lo sumen en una distopía clasista, machista, racista y antidemocrática, nos comprometamos con la transformación social. En un momento en que los regímenes bélicos se imponen en el mundo, en una fase en la que el capitalismo y las extremas-derechas sellan su alianza contra las personas migrantes y castigan a la mayoría con precariedad y miseria, sería bueno que ayudáramos a construir líneas de resistencia, pensamientos distintos, horizontes utópicos y herramientas críticas que permitan imaginar un futuro más allá de este sistema que nos lleva al enfrentamiento, el fascismo y la destrucción.

domingo, 25 de octubre de 2026

No queda honestidad

Cuando recordamos a los políticos que prendieron la mecha neoliberal en los años 80, con independencia de cual fuese su perfil ideológico y los destrozos que hicieron en el estado del bienestar, hay que reconocer que estaban a años luz de los mostrencos que actualmente personalizan esta corriente política. Margaret Thatcher, Ronald Reagan, Helmut Kohl y hasta George Bush, padre, podían ser unos halcones, tener poca empatía social o actuar con mano de hierro contra los más débiles, pero mantenían el tipo, "sabían estar", entendían que debían guardar un mínimo respeto al adversario, acataban la cortesía institucional. No eran dados a perder las formas, a ser maleducados. Y, por supuesto, procuraban evitar mostrarse groseros, ser faltones o recurrir al insulto público. Pero, como muestra de que el mundo está dándose la vuelta como un calcetín -yo digo que está involucionando-, ahora la realidad es radicalmente distinta. Hace apenas 20 años no podía pensarse que alcanzasen el poder determinados políticos con una catadura moral tan lamentable, como los Trump, Netanyahu, Bolsonaro, Abelardo de la Espriella, Milei, Bukele, etc. Realmente produce auténtico pavor que el destino del mundo esté en manos de estos personajillos desquiciados y descerebrados. Son auténticos psicópatas, que carecen de conciencia y empatía. Tienen como marca personal ser maleducados, descorteses, groseros, engreídos, obscenos, irrespetuosos, desatentos, ordinarios, mentirosos, falaces, farsantes, tramposos, cínicos, desvergonzados, deshonestos, arrogantes, soberbios, hipócritas, cínicos, desleales... Parecen estar encantados violando las más mínimas reglas de educación y las normas sociales más básicas, sin culpa o remordimiento alguno, faltándoles las cualidades que les permiten a las personas vivir en armonía con sus semejantes. Y, lo peor de todo, es que estos energúmenos son elevados al poder gracias al voto de millones de personas que creen que son los que mejor los representan. Hay algo muy obsceno en que un lunático desquiciado que clonó a su perro y manifesta que mantiene comunicación con el original mediante una médium y que su perro muerto le da consejos, dé un discurso ante un nutrido grupo de "selectos patriotas españoles" y que éstos aplaudan a rabiar las groserías y los insultos dirigidos al presidente de su país, le hayan o no votado. Porque, de paso, insultó a millones de españoles y algunos de sus periodístas ¿Qué mierda de patriotas son estos? Que el presidente del Senado, un señor que no representa únicamente a un partido político ni a sus votantes, sino que preside una de las dos cámaras de las Cortes y, por tanto, representa a una alta institución, al margen de ideologías, permaneciera allí riéndole las gracias a un energúmeno estúpido y vulgar que insulta a millones de españoles muestra a qué nivel de degradación ha llegado la política española a semejanza de la internacional. Lo que las leyes no prohíben, debería prohibirlo la honestidad. Pero es ya tan escasa.

sábado, 24 de octubre de 2026

Palos

Este mundo parece haberse dado la vuelta. ¿Quién dijo que no se puede vivir sin valores? Basta con sustituirlos por emociones primarias, cuanto más irracionales, mejor y ser capaz de comulgar con ruedas de molino. Es verdad que podemos ir 4.800 años atrás en el tiempo y leer lo siguiente en una tablilla asiria: "En estos últimos tiempos, nuestra tierra está degenerando. Hay señales de que el mundo está llegado rápidamente a su fin. El cohecho y la corrupción son comunes". Pero ésto solo demuestra que los rasgos negativos de la naturaleza humana han estado ahí siempre. Pero lo de ahora es distinto, porque tiene dimensiones globales, un alcance inusitado y está pudriendo hasta las raíces más profundas. Es como si algo llevase tiempo anulando inteligencias y conciencias a la vez que cubre el suelo de un manto de pólvora. Quizá por eso esté ocurriendo que algo pasa todos los días, pero un día cualquiera, algo prende y todo estalla. Comienza por algo banal para los que dominan y deciden sobre nuestras vidas. Algo que, de haberlo sabido, quizá habrían tratado de evitar: el desahucio de una anciana, por ejemplo. Quizá podrían haber tapado algunos agujeros en los institutos de Saint-Denis, invertido en algún aparato de aire acondicionado, puesto algún parche. No ser tan descarados en el deterioro planificado de los servicios públicos. Si lo hubieran sabido. Pero sus algoritmos, su inteligencia artificial y sus expertos en tratamiento de los datos que nos roban a diario son incapaces de anticipar algunas reacciones de la naturaleza humana. Están muy seguros de su poder, sobre todo del que creen infalible poder de la mentira. Cómo entender, si no, que Borja Semper para explicar el uso de un vídeo hecho con inteligencia artificial que falsea la realidad para atacar a su adversario político diga que es una forma "de decir la verdad a la gente". Ahora resulta que falsear y manipular es una forma de decir la verdad. Pero es más fácil de entender. El problema que el individualismo que nos atenaza nos ha hecho creer que nuestras ideas, por el simple hecho de ser, se convierten en verdades absolutas. Y el que no tiene ni idea propias se las compra al primer charlatán que pasa. No habría gran problema si la cosa quedará ahí, pero es que el siguiente paso es imponerle a los demás nuestra verdad. Y, si no podemos, silenciar la suya. Como sea. Y eso me preocupa. Mucho. Porque en los últimos días he vuelto a ver imágenes de un pasado que creí no volvería: Los mismos gestos de pánico, las misma muecas de dolor, repetidos en calles y plazas de todo el continente. Estos gestos ocupaban los rostros de profesoras y profesores zurrados, estudiantes zurrados, vecinos parando un desahucio zurrados, zurradas las personas varadas en Ceuta, manifestantes antifascistas, activistas de las acampadas, un abuelete que pasaba por allí. Cuando, de joven, terminaban las carreras ante los "grises" surgía el comentario: "están drogados". Quizá hoy, muchos de ellos, también lo estén: De fascismo. Lo cierto es que volvemos a ver, y no son videos fake, un chaparrón de golpes, un descosido de balas de goma, ojos a la virulé, marcas de porra, días de antiinflamatorios e impunidad, mucha impunidad policial. No deja de pasar, una y otra vez. Cuando no es el deterioro de la sanidad es una escuela inhabitable, es un vivienda inalcanzable, es un contrato de mierda, es un salario que no da, es el precio del transporte o de la luz, son las ciudades que expulsan, los paisajes transformados por el lucro, las mujeres amenazadas. ¿Cómo no va a protestar la gente? Pero esa violencia parece señalar algo terrible, como si se estuviera abriendo un camino. Los palos de octubre parecen dirigirse a algún punto en el que, ante la inminente llegada de ultraderecha, las reivindicaciones sólo pueden recibir palos como respuesta.

Halloween

Es evidente que las cosas ya no son lo que eran. A la altura de mes que estamos y todavía no nos sale Halloween por las orejas. Pero viendo como está el patio es comprensible: Francia en llamas, Italia sacando sus cañones de agua a la calle, Albania con ganas de que se la ponga en el mapa y Portugal, Grecia, Bélgica o Polonia en camino; el genocida Israel iniciando su primera fase de aniquilación de Cisjordania y anunciando un plan para destruir a Irán -y jodernos a todos- al que se apunta Trump, que también avisa que a Cuba le tocará pronto; la ultraderecha -esa que apoya a todos estos sociópatas- entronizándose en cada vez más países; unos líderes políticos mundiales que han convertido su actividad en un estercolero..., no me extraña que esa catetada infantiloide de Halloween quede en segundo plano. Y, con este panorama, Fakejóo, arrastrado por los sindicatos ultras de nuestras "aguerridas" fuerzas del orden, quejándose de que en España la izquierda está desatando la violencia en las calles. Porque claro, los antidisturbios están para lo que están: lucir uniforme, empujar brutalmente por la espalda a las maestras, apalear sin miramientos a los que reclaman derechos y proteger la libertad de expresión de los agitadores ultras. Así pasa que 80 antidisturbios perfectamente organizados y pertrechados se enfrentan a 30 mozalbetes vestidos de negro que les lanzan objetos (proto terroristas de extrema izquierda los llaman ellos) y el resultado es de 80 "abnegados policías" llorando porque tienen pupita. ¿Éstos son los que quieren declarar la guerra a Marruecos "si hiciera falta"? Los acampados de Sol han preguntado si molestan, porque de lo contrario queda protestar a la francesa e ir a quemar el ayuntamiento. Ayuso no ha contestado, ocupada como estaba en rociar toneladas de ambientador desde el balcón de su despacho, no se sabe si para disimular el olor a zorruno de los acampados o apagar la peste a fascista enloquecido que ha dejado Milei. Y, mientras, los partidos de izquierda han sido incapaces de ponerse de acuerdo en el cambio de hora. Teniendo en cuenta que el eslogan utilizado por la coalición de izquierdas Frente Amplio es el lema "Es la hora", la cosa no pinta bien. El que no tiene perdón divino es Sánchez que ha conseguido que millones de señoras lleven días agobiando a sus maridos con la pregunta: "¿Y tú por qué no eres presidente y me defiendes delante de los simpatizantes de tu partido en un acto de precampaña? Seguro que es por no besarme en público" Y, para rematar, la legión anuncia que va a sustituir su cabra por Vito Quiles. En fin, con este panorama, quién necesita Halloween para asustarse.