Tras la segunda guerra mundial, y de la mano de la socialdemocracia, el Estado de Bienestar facilitó el desarrollo económico y la cohesión social, procurando décadas de paz y prosperidad. Ahora, y de la mano del fascismo y las derechas radicales, llega el Estado del Malestar, un estado continuado y sostenido de crispación y encabronamiento muy útil para alcanzar el poder y terminar de desmantelar el susodicho estado del bienestar. El mayor problema es que, junto a éste, son la democracia y el Estado de derecho los que corren riesgo. A esta gente solo le interesa el Estado para apropiarse de él y enriquecerse. Hay muchos ilusos que no se enteran que hoy están en juego la libertad, la igualdad, la justicia social y el trabajo decente si llegan al poder los títeres de la internacional fascista, profundamente antidemócratas ellos. No hace falta ser un lince para darse cuenta del daño que la derecha y la ultraderecha pueden hacer a la clase trabajadora y a la media que depende de una nómina. ¿Ya no se acuerda nadie de la reforma laboral de 2012, hecha al dictado de la CEOE por el PP? Entonces congelaron los salarios y las pensiones o incluso las bajaron, acordaron no subir los salarios y atacaron la carrera profesional de los empleados públicos. También desestabilizaron la contratación con interinos y eventuales. Subieron los impuestos a la clase trabajadora y a las personas autónomas para bajárselos a los ricos. Son datos que están en el Instituto Nacional de Estadística a disposición de quienes quieran leer. Ya lo hicieron y lo repetirán si llegan al poder se lo han prometido a la CEOE, al poder judicial, a los bancos, a las personas ricas y al sistema financiero, sin olvidar los fondos buitre. Fue la gran obra del último gobierno de la derecha: el empobrecimiento de la clase trabajadora y el inicio del desmantelamiento del Estado del bienestar, apoyado por sus aliados del neoliberalismo. Ya lo han hecho y volverán a hacerlo. Lo han demostrado en el Congreso, votando sistemáticamente en contra de la subida del salario mínimo o de las pensiones. Allí donde gobiernan están ya desmantelando poco a poco la enseñanza y la sanidad pública por la vía de la privatización directa o los conciertos. Ya saquearon la hucha de las pensiones y lo volverán a hacer porque uno de sus sueños húmedos es privatizar las pensiones para mayor gloria de la banca y los fondos de inversión. Esta gente es de la cuerda ideológica de Milei, el que rechaza de forma absoluta el Estado de bienestar, al que considera una "herramienta socialista, inmoral y empobrecedora" y afirma que la justicia social es "una cuestión de ladrones".
Vivir es intentarlo infinitas veces
lunes, 28 de septiembre de 2026
¡ Que se jodan!
Son manipuladores, sectarios en estado puro, odiadores a tiempo completo y carecen de un ápice de empatía. Son carroñeros profesionales. Los mismos que mandaron reporteros a la DANA de Valencia que fueron pillados manchándose a posta de barro para ganar audiencia. Los mismos que han convertido en plató de televisión las playas de Ceuta se han lanzado desde el primer momento a la yugular de Maricarmen. Ahí está, por ejemplo, ese engendro mediático que congrega frente a la pantalla, de lunes a viernes a lo más florido de las derechas extremas patrias. Me refiero a "Horizonte", que considera que la "invasión" mediática de la Dana o de Ceuta estaba bien, pero esto de acompañar a Maricarmen no. Supongo que su temor es que el "caso Maricarmen" vaya a distraer a la gente de su interés exclusivo en la labor de acoso y derribo al gobierno. En el programa se aseguró que el desahucio estaba "organizado" para ser "instrumentalizado" y criticaron la presencia de cámaras en la vivienda. "La han utilizado de todas las formas", decía otra Carmen, la Porter, mientras que otro tertuliano, el ultra Carlos Cuesta, decía que "la culpable de lo que le ha pasado a Maricarmen es Maricarmen". Por su parte, el ultraderechista Vox, con su gracejo habitual, ha publicado un indignante tuit en el que dice: "Si se llamara Morocarmen, tendría casa". Lo prueba el hecho de que Abascal, con esa cara de moro que tiene y el no haber trabajado ni cotizado nunca al margen de la política, disfrute de un casoplón valorado en un millón de euros. Como siempre, estos aguerridos personajes, con sus títulos no reglados de Técnico Superior en Mentiras e Infamias y sus másteres en Inoculación Masiva de Odio, han prendido en redes la mecha para que los canallas con banderita muestren su naturaleza infame y miserable. "Sinvergüenza", "aprovechada", son algunos de los apelativos que le dedican estos mensajes de odio, que se apuntan a las teorías conspiranoicas que la sitúan como una "cortina de humo" del Gobierno, todo acompañado de la difusión de fotografías falsas y bulos. Con su bola de cristal con la que todo lo ven -menos su propia estupidez-, aseguran sin pudor que Maricarmen "tiene más dinero que el fondo buitre" o que "se ha pegado una vida a todo tren". Seguramente quienes escriben ese tipo de cosas dirán que no están odiando a nadie, que simplemente comparten su opinión. Pero, ¿qué otra cosa iba a ser, si no es odio, esta incapacidad de empatizar con una señora de 87 años que ha perdido la casa en la que vivió durante 70 años, pero sí hacerlo con una empresa que solo busca más beneficio? Seguramente es otra de las características de esas derechas fascistoides: odiar visceralmente a los vulnerables. Son los herederos de aquella Andrea Fabra, la diputada del PP que gritó "¡que se jodan!" en el Congreso. Fue en 2012, y lo hizo justo cuando Mariano Rajoy estaba anunciando un recorte en las prestaciones de los desempleados. Muchos fachaobreros serán pronto víctimas de ese "que se jodan". Pero mientras ser un sinvergüenza y reconocerlo en redes se percibe como fresco, sincero y original
domingo, 27 de septiembre de 2026
Invasores
sábado, 26 de septiembre de 2026
Prensa de mierda
Un reciente informe elaborado por la Universidad de Oxford concluye que los medios comunicación de España son los menos creíbles de los once países consultados en Europa. Corren malos tiempos para la prensa. A la de verdad me refiero, no a esos engendros manipuladores al servicio de espurios intereses que se han multiplicado con el desarrollo de la prensa digital. Nada es casual. Trump ningunea, maltrata, insulta de manera directa y veta a periodistas porque no le gusta la cobertura crítica que realizan sobre su presidencia. El "agente naranja" ha ido creando un circuito informativo de comunicadores afines abriendo la puerta a plataformas de comunicación afines a su Gobierno y de duro perfil ultraconservador. El presidente de Colombia ya ha anunciado que no habrá ruedas de prensa de las entidades del ejecutivo que no sean autorizadas por él. Espriella tiene un largo historial como acosador profesional de periodistas. Cualquier investigación u opinión contraria a sus intereses termina en largos procesos, audiencias, amenazas y embargos. Tras la difusión de datos oficiales negativos sobre la evolución de la economía argentina, Milei tuiteó, en mayúsculas: “Periodistas de mierda, después se quejan cuando les digo que son mierdas humanas que se la pasan mintiendo. Son basuras repugnantes”. En España, la Asociación de la Prensa de Madrid muestra su inquietud por los reiterados ataques que sufren los periodistas al informar en concentraciones públicas. Esas repletas de banderas. Cualquier periodista que esté en la calle, con un micrófono, puede recibir insultos, empujones, patadas y amenazas. Sólo por llevar un micrófono de un canal que no gusta a los energúmenos. Mientras, miembros de Vox amenazan con entrar en la radiotelevisión pública "con motosierra o con lanzallamas" y echar a los trabajadores "a patadas". Detrás de la ofensiva ultra contra el periodismo que no les es afín encontramos, además de hrand s empresas y grupos políticos, a numerosos especímenes que, guiados por una combinación de sectarismo y mala fe, se dedican a generar un estado informativo diseñado para respaldar los desmanes del Sistema que pretenden instalar de manera exclusiva y perpetuar. Ese modelo "desinformativo", que gira en torno a alimentar un estado continuado y creciente de crispación, es el preferido por las élites y el que, gracias a sus muñidores, cala en más gente. Tenemos así una sociedad cada vez más desinformada, más engañada, más manipulada y más crispada. Muchos políticos y sus sicarios los tertulianos se permiten eludir toda responsabilidad ética y, desde luego, el deber de decir verdad. Su único objetivo es sustituir el estado de derecho por el estado de derechas. Son expertos en presentar la injusticia como un mal menor y en engañar a los ilusos. Mientras la prensa objetiva y libre mengua, en todos los foros se permite a nulidades soltar necedades y asnadas sin que nadie denuncie su estulticia. El nivel del debate ha alcanzado profundidades abisales de manipulación y la mentira se ha convertido en la reina de las fiestas. Lo pagaremos claro.
viernes, 25 de septiembre de 2026
Nuevo verano
Stephen King está a punto de tragarse sus palabras cuando dijo aquello de "Ningún verano dura eternamente". El nuestro, el climático, con los datos en la mano, va ya camino de ocupar la mitad del año. El verano que conocíamos ya no existe, ya no es igual, ya no existirá. No me refiero solo al verano expresado con datos, con características cuantificables. No, me refiero al que nos ha acompañado a lo largo de nuestra vida y cuya liquidación hay que asimilar. Seguimos "amando" el verano porque nos trae a la memoria las largas vacaciones escolares, los largos días de juegos con los amigos, la vuelta al pueblo, la aventura de los campamentos de verano, la diversión en playas y piscinas, la conquista de más tiempo en la calle, los primeros escarceos amorosos... y hasta el aprendizaje sentimental que del verano hemos sacado de películas, series y libros que hemos consumido hasta desde que éramos niños. Pero, claro, el clima ha descarrilado. Tenemos mares con temperaturas desconocidas, noches en las que es imposible conciliar el sueño, meses de ausencia de lluvias. Prados ajados donde siempre eran verdes. Sesenta días con temperaturas de más de 40º. Pesadez. Gente que se encierra en casa durante horas al "calor" del aire acondicionado. Incendios pavorosos que no cesan. Masificación por todas partes. Precios en escalada continua. Llevamos años acumulando desgracias climáticas. Y lo que está por venir. A mí, antes, me gustaba el verano. Me bastaba para defenderme un abanico, caminar por la sombra, agua fría y un ventilador de ruido adormecedor. Pero ahora, mientras tecleo esto esperando que la temperatura baje de los treinta y muchos, rezo para que termine. El verano me agota. Quiero dormir sin empapar las sábanas. Quiero dejar de estar preocupado por si algún familiar se vuelve a desplomar de camino al supermercado. Quiero poder salir de casa al caer la tarde sin tener que refugiarme en un local refrigerado. Quiero no tener que dejar de salir a hacer ejercicio por la mañana porque a las 10 ya es imposible estar en la calle. ¿Ha llegado acaso el momento en el que temamos al verano?, ¿en el que no queramos que llegue o deseemos que se acabe en breve? ¿No se trata acaso de un enorme expolio de nuestras vidas? Pero todavía abundan los estúpidos negacionistas que, sofocados y sudorosos, te sueltan ese pobrísimo argumento, esa "poyada" de "toda la vida de Dios ha hecho calor". Estoy a punto de empezar a responder a esta frase con esta otra: "Pues en alguna de esas olas de calor es donde a ti se te frieron la mitad de tus dos neuronas"
jueves, 24 de septiembre de 2026
Maricarmen
Hay imágenes que explican un país mejor que cien discursos. Hay sucesos que simbolizan por sí solos la mierda de mundo que hemos creado. La imagen de una mujer mayor expulsada por policías -como si fuese una delincuente- de la casa donde ha pasado casi toda su vida, es una de ellas. A Maricarmen la sacaron de su casa en camilla. Tiene 87 años y llevaba viviendo allí hace 70 años. Toda una vida. Pienso en lo que debe ser mirar por última vez "tu vivienda" y dejar tus cosas dentro, al comprender que ya no podrás volver más. Decimos "vivienda" con demasiada facilidad. Para algunos sólo son metros cuadrados, contratos, negocio, beneficios, renta. Pero una casa es también el lugar donde estuvieron tus padres, donde se desarrollaron los lazos familiares y donde has aprendido a vivir con quienes faltan. Maricarmen pagaba alrededor de 500 euros al mes. El fondo buitre llegó a pedirle 2.650, una cantidad imposible de asumir para casi todo el mundo. Nunca dejó de pagar la renta. Incluso apareció una persona dispuesta a cubrir la diferencia y la deuda para que pudiera quedarse. Pero no había ninguna voluntad de negociar. Querían echarla. Sé que existen el sacrosanto derecho de propiedad. Sé que los jueces tienen que dictar sentencias conforme a ley. Sé que la policía debe hacer cumplir las resoluciones judiciales. Nadie necesita explicármelo. No entro en que haya jueces siempre dispuestos a favorecer a los poderosos, a los de su cuerda ideológica. Sé que hay policías siempre dispuestos a mirar para otro lado ante los ultras violentos pero muy dispuestos a apalear contundentemente a los que protestan contra las injusticias. Lo que necesito que me expliquen es cómo hemos llegado a aceptar que el cumplimiento de un procedimiento pueda terminar dando quizá un golpe definitivo a una anciana de 87 años. ¿En qué momento dejamos de mirar a la persona sobre la que cae una decisión? Y esto lo veo en Madrid, lo veo en Ceuta, lo veo mire a donde mire. Me conmueve que sus vecinos pasaran la noche junto al portal. Que se negaran a dejarla sola. Por cierto, dónde estaban los de la preferencia nacional. Dónde estaban los que denuncian las "paguitas" a inmigrantes "mientras su abuela cobra una pensión mínima". Dónde están los que le faltan horas para manifestarse con sus banderas españolas exigiendo restablecer la normalidad en Ceuta. Dónde están los que se quejan del coste de la vivienda pero callan ante la compra de áticos de lujo. Dónde están todos esos que hacen gala de ser seguidores de las enseñanzas de Jesús de Nazaret. Me preocupa que en un país sembrado de patriotas de banderita la última barrera entre una anciana y su desahucio fuera un pequeño grupo de ciudadanos durmiendo en la calle. A Maricarmen la sacaron de su casa en camilla. Dentro quedaron sus cosas. Fuera quedamos nosotros, obligados a decidir cuánto tiempo vamos a ser capaces de sentir vergüenza por el mundo que hemos creado.
miércoles, 23 de septiembre de 2026
Reglas monásticas
Capítulo 1 Definir el tipo de monje que queremos ser. Cuatro clases de monjes: (1) Cenobitas, que son los que viven en un monasterio bajo la autoridad de un abad; (2) Anacoretas, o ermitaños, que después de una larga prueba en el monasterio viven una vida solitaria; (3) Sarabaítas, que agrupados de dos en dos o de tres en tres, viven sin estar sometidos a ninguna Regla establecida o algún superior legítimo, (4) Giróvagos, una clase de monjes errantes cuya vida se la pasan viajando de un monasterio a otro, sin más beneficio que el descrédito de la profesión monástica.
Capítulo 2 describe las condiciones necesarias que debe tener el abad y le prohíbe hacer en el monasterio discriminación de personas con la excepción de los méritos de cada cual, advirtiéndole al mismo tiempo, que deberá responder de la salvación de las almas que ha tenido bajo su cuidado.
El Capítulo 3. Define los órganos de gobierno de la Comunidad y establece la convocatoria de los hermanos a consejo para tratar todos los asuntos de importancia para la comunidad.
El Capítulo 4 resume las obligaciones de la vida cristiana en 72 preceptos a los que se denomina "instrumentos de las buenas obras", y que están basados principalmente en la Escritura, bien de forma espiritual o literal.
El Capítulo 5 prescribe la obediencia pronta, alegre, y absoluta al superior en todas las cosas legítimas, y la define como el primer grado de la humildad.
El Capítulo 6 trata del silencio, recomendando moderación en el uso de la palabra pero esto no significa que se prohíban las conversaciones saludables o necesarias.
El Capítulo 7 trata sobre la humildad, virtud que es dividida en doce grados o escalones en la escala que conduce hacia el cielo. Son los siguientes: (1) temor de Dios; (2) represión propia de la voluntad; (3) sometimiento de la voluntad al superior; (4) obediencia en las dificultades y en las mayores contrariedades; (5) la confesión de las faltas; (6) conocimiento de la propia indignidad; (7) preferir a los demás antes que a uno mismo; (8) evitar rarezas; (9) no hablar a destiempo, (10) evitar la risa indecorosa; (11) represión del orgullo; (12) humildad en el porte externo.
Los Capítulos 8-18 se ocupan de la regulación del Oficio Divino, el Opus Dei u Horas Canónicas, a lo que "nada debe anteponerse", siete diurnas y una nocturna. Un orden detallado referido al número de Salmos, etc., para recitar en invierno y en verano, los Domingos, los días laborables, los días festivos, y en otros tiempos.
El Capítulo 19 destaca la reverencia que hay que tener en presencia de Dios.
El Capítulo 20 señala que la oración comunitaria debe ser breve.
El Capítulo 21 estipula la elección de decanos por cada diez monjes, y prescribe la forma en que serán elegidos.
El Capítulo 22 regula todo lo relacionado con el dormitorio como, por ejemplo, que cada monje tiene que tener su propio lecho y que dormirá con hábito, con el fin de que estén dispuestos a levantarse sin dilación, y que una lámpara deberá arder continuamente en la estancia durante toda la noche.
Los Capítulos 23-30 se ocupan de las infracciones contra Regla y establecen un sistema graduado de faltas: en primer lugar, amonestación privada; luego, reprensión pública; después, exclusión de la comunidad durante la comida y en todas partes; después, azotes y finalmente, expulsión; sin embargo, a esta última no se debe recurrir hasta que hayan fallado todos los intentos de remisión del culpable. Incluso en este último caso, el proscrito debe ser admitido de nuevo si así lo desea, pero tras la tercera expulsión, al fin, se le denegará toda posibilidad de retorno al monasterio.
Capítulo 33 prohíbe poseer nada en propiedad sin autorización del abad, quien, sin embargo, está obligado a proporcionar todo lo necesario.
El Capítulo 34 establece una justa distribución de lo anterior.
El Capítulo 35 ordena el servicio de las cocinas del que ningún monje queda dispensado.
Los Capítulos 36 y 37 decretan el cuidado de los enfermos, los viejos, y los niños. Se tendrá con ellos una cierta atenuación del rigor de la Regla, ante todo en materia de alimentación.
El Capítulo 38 prescribe la lectura en voz alta durante las comidas, obligación que será llevada a cabo por los hermanos cada semana, realizándose con edificación para el resto. Para cualquier cosa que se necesite durante las comidas se usarán signos, de tal manera que ninguna voz interrumpa la del lector. El lector comerá con los servidores después que la comunidad haya terminado pero le esta permitido tomar antes un refrigerio para disminuir el cansancio de la lectura.
Los Capítulos 39 y 40 regulan la cantidad y calidad de la comida. Se permiten dos comidas diarias, con dos platos de comida guisada, cada una. Cada monje recibe una libra de pan y una hemina (n. del t, medida que equivaldría aproximadamente a medio litro de vino) de vino por día. La carne queda prohibida excepto para los enfermos y los débiles, y el abad tiene potestad para incrementar la asignación diaria cuando lo considere conveniente.
El Capítulo 41 establece las horas de las comidas, que variaran según la época del año.
El Capítulo 42 manda la lectura de las "Conferencias" de Casiano o algún otro libro edificante al atardecer antes del oficio de completas y ordena que después de esta, se observe el más estricto silencio hasta la mañana siguiente.
Los Capítulos 43-46 cuentan las faltas menores como el llegar tarde a rezar o a las comidas y se establecen varias sanciones para estas infracciones.
El Capítulo 47 impone la obligación del abad de llamar a la comunidad a la "obra de Dios" en el coro, y la designación de los que van a cantar o leer.
El Capítulo 48 recalca la importancia del trabajo manual y ordena el tiempo que se le ha de dedicar a diario. Este varía con la estación pero claramente nunca debe ser inferior a 5 horas diarias. El horario en el que se debe rezar las menores de las "horas del día" (Prima, Tercia, Sexta y nona), rige en parte las horas de trabajo, y el abad está preparado no solamente para revisar todo el trabajo sino también para que los oficios se encuentren adaptados a la respectiva capacidad de cada uno.
El Capítulo 49 trata de la observancia de la Cuaresma, y recomienda algún tipo de renuncia personal voluntaria para este período, con la aprobación del abad.
Los Capítulos 50 y 51 contiene normas para los monjes que están trabajando en el campo o de viaje. Tratarán de unirse espiritualmente, lo mejor que puedan, con sus hermanos del monasterio en las horas prescritas de oración.
El Capítulo 52 ordena que el oratorio sea utilizado únicamente para fines devotos.
El Capítulo 53 se refiere al tratamiento de los huéspedes, a los que ha de acogérseles como "al propio Cristo". La hospitalidad benedictina es un rasgo que a lo largo de todas las épocas ha sido característica de la orden. Los huéspedes serán recibidos por el abad o su delegado, y durante su permanencia estarán bajo la protección especial de un monje designado para este fin, pero no se reunirán con el resto de la comunidad salvo con una autorización especial.
El Capítulo 54 prohíbe a los monjes recibir cartas o presentes sin autorización del abad.
El Capítulo 55 regula la vestimenta de los monjes. Será suficiente en cantidad y calidad y estará adaptada a las condiciones del clima del lugar, de acuerdo a la discreción del abad, pero al mismo tiempo debe ser tan sencilla y barata como conforme con la propia economía. Cada monje tendrá un vestido de recambio que le permita el lavado y cuando salgan de viaje recibirán ropas de mejor calidad. Las ropas viejas se destinarán para los pobres.
El Capítulo 56 señala que el abad comerá siempre con los huéspedes.
El Capítulo 57 prescribe la humildad de los artesanos del monasterio, y si sus productos son para vender será mejor un poco más barato que su precio normal de mercado.
El Capítulo 58 impone las normas para la admisión de nuevos miembros, que no deben ser demasiado fáciles. Esta materia había sido regulada por la Iglesia desde hacia tiempo, pero en lo principal el esbozo de San Benito se adhiere a ella. El postulante pasa primero un corto tiempo como huésped; después es admitido al noviciado, donde bajo el cuidado del maestro de novicios, su vocación será puesta a prueba; durante este tiempo será siempre libre de marcharse. Si pasados los doce meses de probación, aún persevera, podrá ser admitido a los votos de Perseverancia, Conversión de costumbres y Obediencia, mediante los cuales el mismo se vincula de por vida al monasterio en el que profesa.
El Capítulo 59 permite la admisión de niños en el monasterio bajo ciertas condiciones.
El Capítulo 60 regula el lugar de los sacerdotes que puedan desear incorporarse a la comunidad. Tienen mandado dar a todos un ejemplo de humildad, y únicamente pueden ejercer sus funciones sacerdotales con el permiso del abad.
El Capítulo 61 estipula la recepción de monjes forasteros como huéspedes, y su admisión si desean incorporarse a la comunidad.
El Capítulo 62 establece que la preeminencia en la comunidad estará determinada por la fecha de entrada, el mérito de vida o por nombramiento del abad.
El Capítulo 64 ordena que el abad sea elegido por los monjes y que lo sea por su caridad, celo y discreción.
El Capítulo 65 autoriza, si es necesario, el nombramiento de un prepósito o prior, pero advierte que este está totalmente subordinado al abad y podría ser amonestado, depuesto o incluso expulsado en caso de mala conducta.
El Capítulo 66 estipula la designación de un portero, y recomienda que cada monasterio sea, en la medida de lo posible, autosuficiente, para evitar la necesidad de intercambio con el mundo exterior.
El Capítulo 67 da las instrucciones sobre el comportamiento de los monjes que sean enviados de viaje.
El Capítulo 68 manda que todos procurarán cumplir alegremente todo lo que se les ordene por muy difícil que pueda parecer.
El Capítulo 69 prohíbe a los monjes defender uno a otro.
El Capítulo 70 les prohíbe pegar a otro.
El Capítulo 71 anima a la comunidad a ser obedientes no solo con el abad y sus prepósitos sino también unos con otros.
El Capítulo 72 es una breve exhortación al buen celo y a la caridad fraterna.
El Capítulo 73 es un epílogo en el que se declara que esta Regla no se ofrece como un ideal de perfección, sino como simplemente como un medio hacia la piedad y está dirigida principalmente a los que se inician en la vida espiritual.