¡Extra, Extra!, "Elon Musk se ha convertido oficialmente en el primer trillonario del mundo". Como era de esperar, periódicos, cadenas de televisión y revistas de negocios plagadas de periodistas que buscan la recompensa del paraíso neoliberal, lo tratan como un logro histórico. Un monumento a la meritocracia. Un triunfo del genio. Prueba de que el capitalismo recompensa el talento. Con perdón: ¡Y una mierda!. Tenga el dinero que tenga, Elon Musk es un sociópata, un enfermo narcisista, un miserable y un fascista. Cuando me dicen que alguien se hizo rico gracias al trabajo duro, siempre pregunto: "¿De quién?". Y supongo que el nuevo rico es de los que interpretan mal la famosa frase del castigo divino al hombre atribuida a Dios en el Génesis y leen: "Te ganarás el pan con el sudor "del de enfrente". Un billón de dólares no es una medida de talento. Es, más bien, una medida de poder. Diría más, de abuso de poder. Nadie crea un billón de dólares. Un billón de dólares representa el trabajo de incontables trabajadores: mineros, ingenieros, técnicos, conductores, obreros, programadores, limpiadores, empleados de almacén..., cuyo trabajo colectivo se transforma en riqueza privada. El multimillonario aparece al final del proceso, se atribuye el mérito y se queda con la mayor parte del beneficio. Detrás de cada billón hay un ejército de trabajadores. Detrás de un billón hay, además, un sistema económico, político y social que permite que un individuo se apropie de la riqueza creada por millones de personas. Esta es la parte que los aduladores nunca mencionan. Nunca lo harán. Porque cuando los trabajadores exigen salarios más altos, nos dicen que no hay dinero. Cuando los hospitales necesitan financiación, no hay dinero. Cuando las escuelas públicas se deterioran, no hay dinero, aunque la enseñanza privada se amorra a la teta del Estado. Cuando las pensiones peligran, cuando las familias no llegan a pagar el alquiler, cuando otras no llegan a fin de mes, de repente no hay dinero. Sin embargo, de alguna manera hay siempre suficiente para el primer trillonario y muchos mileuristas "comprenden" que haya políticos que se apiaden de estos pobres ricos y prometan bajarles los impuestos.
Vivir es intentarlo infinitas veces
lunes, 15 de junio de 2026
domingo, 14 de junio de 2026
La política para mi
Dice una genial frase de Groucho Marx que "la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados". La ultraderecha se ha apropiado la idea y la ha ampliado con otro concepto: "La política es el arte de obtener el dinero de los ricos y el voto de los pobres con el pretexto de proteger y beneficiar a los primeros de los otros. Personalmente, lo que menos me gusta del actual panorama político es como ha normalizado la mentira, la grosería y la falta de respeto como estrategias para alcanzar el poder. Me molesta, primero, por una simple cuestión de educación, pero, además, porque este uso del insulto y la descalificación personal eclipsa los debates de fondo, no supone beneficio alguno para la ciudadanía y sólo busca anular al adversario, convirtiendo la confrontación en un triste y barriobajero espectáculo que degrada a las instituciones públicas y a la misma sociedad. Lo que nos ofrecen estos gañanes travestidos en políticos es la negación de la educación y de la cultura, tanto por la degradación que hacen del "otro" como por su lamentable expresión oral que, con muy pocas excepciones, sólo muestra la negación de toda decencia con sus términos vulgares y grotescos. Un degradante espectáculo para los que concebimos la política como un ejercicio de servicio a la comunidad regido por la honradez, la dignidad y la honestidad, destinado a luchar, arañar con lo que quede de conciencia y de recursos para lograr el objetivo de ser decentes, es decir, de respetar a los otros, y respetarnos a nosotros mismos como comunidad. Y respetar a nuestros semejantes significa valorarlos como seres humanos, sin prejuicios ni discriminación de ninguna clase, de lo contrario, a nuestros hijos y nietos, les entregaremos un mundo deshecho, sin futuro, y enseñándoles que lo único que vale es pisotear al "otro".
sábado, 13 de junio de 2026
Literatura
Me gusta la literatura que no acaricia, que no acompaña amable, que no ofrece consuelo; que se queda en el lugar donde la palabra todavía duele porque no ha sido domesticada. No debería dejarse al arbitrio de lo fugaz la frágil sustancia del lo narrado. La literatura no tiene que estar hecha de imágenes brillantes, sino de pensamiento en carne viva, ese que respira, se equivoca, retrocede y vuelve a intentar decir lo que pretende. Debería existir una ética del lenguaje. No todo vale. No todo puede decirse de cualquier manera. No todo debe decirse. O mejor dicho, no todo merece la pena decirse. La literatura debería enseñar las formas de estar en el mundo. Entiendo que es un objetivo incómodo, porque no acepta atajos. Porque no embellece lo que no lo es. Porque no convierte el libro en un lugar amable, pero si en un lugar verdadero. En tiempos de ruido, la buena literatura no grita. Resiste, como resisten ciertas telas: sin romperse, pero sin ceder. Y tal vez por eso permanece. Porque no busca gustar. Busca otra cosa: sostener un pensamiento y una mirada limpia cuando todo alrededor invita a cerrarla. Busca descubrír la fuerza, el dolor y el amor, la belleza y la resiliencia de un lucha justa y necesaria. Desde el río hasta el mar, desde la honestidad y el trabajo, a la solidaridad y la entrega. La pluma del escritor debería ser como la aguja que borda sobre la tela la memoria y el amor de un cuerpo y una mente que resisten, hilo a hilo, como quien escribe un poema sin papel. Y en el interior, el mundo. Todo libro debería abarcar ambos lenguajes —el del hilo y el de la palabra— y los dos alzarse contra el odio, la indiferencia, el egoísmo, la insolidaridad, la guerra, contra el olvido impuesto, contra cualquier forma de violencia humana. Amar, entonces, es resistir: cuidar del otro, del cercano y del distante, como quien protege un bordado antiguo que aún late, rojo y vivo, bajo la historia herida. Qué placer leer cosas como: "Qué tremendo engaño eso del esfuerzo, esa república dialéctica de que nos hace libres el trabajo cuando es fácil darse cuenta de que todo son daños colaterales, o una pequeña muerte cotidiana que produce tan sólo desánimo de lucro". En fin, que sólo busco que un libro acompañe la soledad buscada, que no se niegue a utopías ni quimeras, que remanse el flujo de la vida aunque revoluciones el pensamiento.
viernes, 12 de junio de 2026
El truco de la inmigración
Desde hace más de 500 años los países occidentales se han dedicado a esquilmar los recursos naturales de los "países pobres" y, en "sus" colonias, utilizaron mano de obra forzada o esclava para enriquecer a sus élites, empobreciendo así a aquellas. El reparto arbitrario de fronteras (como en la Conferencia de Berlín para África) destruyó estructuras sociales e impuso divisiones que provocaron conflictos étnicos y civiles que duran a día de hoy. Cuando terminó el colonialismo clásico, el capitalismo impuso el neocolonialismo económico, donde las instituciones financieras internacionales y los tratados de libre comercio a menudo favorecen a las empresas occidentales, manteniendo a los países en desarrollo como simples proveedores de materia prima barata. Y, por si fuera poco, los intereses geoestratégicos, económicos y políticos de las potencias occidentales han provocado continuas intervenciones militares, directas o indirectas, en regiones como África, Medio Oriente o América Latina, que desestabilizaron gobiernos para instalar corruptas dictaduras, dañaron infraestructuras y crearon crisis humanitarias que forzaron migraciones masivas. Solo tenemos que pensar en Irak, Siria, Libia, Líbano, Afganistán o muchos países de África o América Latina. Gobiernos y grandes multinacionales occidentales siguen saqueando los recursos de estos países y, a cambio, dejamos a sus poblaciones a merced de la miseria, la violencia y el dolor. Ahora, empujada por el auge de la miserable e inhumana ultraderecha, Europa restringe sus posibilidades de entrada, endurece las condiciones de estancia y admite los procesos de expulsión masiva. Pero hasta los más recalcitrantes adeptos de la estúpida teoría del Gran Reemplazo, saben que, aunque solo sea como mano de obra barata, los inmigrantes son imprescindibles. Ellos se debe al descarado uso de la inmigración con fines electoralistas. Pero también a algo que no nos cuentan: No es solo que "no quieran que lleguen". Es que, sobre todo, "no quieren que salgan". Las políticas extractivas neocoloniales exigen mantener en los países pobres grandes bolsas de mano de obra necesitada para que sea muy barata. Y si la bolsa se desinfla las empresas neocoloniales tendrían que subir los salarios. Además, los inmigrantes que trabajan en países que reconocen derechos laborales, son un mal ejemplo para los que se quedan. Y, por último, las remesas de los inmigrantes favorecen la posibilidad de crear "bolsas de resistencia" en hipotéticos conflictos laborales. Malas noticias para las empresas saqueadoras. Así, a los emigrantes de ahora, los náufragos de la globalización, los echamos de aquí para que puedan ser más y mejor explotados allí. Privatización de las fronteras, criminalización del migrante, subcontrata en países vecinos y un cínico mensaje: lo hacemos para mejorar la vida de los nacionales. Quizás por eso han pulverizado el estado del bienestar, machacan los servicios públicos, se oponen a la mejora de salarios o pensiones, sueñan con retrotraer los derechos laborales a los años 60 o no mueven un dedo para solucionar el problema de la vivienda. A ver si la gente se entera de que el enemigo viaja en yate o avión privado, no en patera.
jueves, 11 de junio de 2026
Oficio: apuntalar fragilidades.
Lawfare español not is diferent
El caso de Lula da Silva en Brasil es el ejemplo perfecto de "lawfare": acabó en la cárcel en 2018 por cargos de corrupción que le impidieron competir en las elecciones pero, luego, el Tribunal Supremo anuló las condenas por la parcialidad e irregularidades en el proceso. El "trabajo ya estaba hecho". Procesos similares de "guerra jurídica" vimos también contra Dilma Rousseff, Cristina Fernández de Kirchner, Gustavo Petro o Evo Morales. El modus operandi es siempre el mismo: operaciones desarrolladas al unísono por parte del poder judicial, la cúpula del ministerio fiscal y la policía judicial, con el apoyo incondicional de grandes medios del país y -que curioso- la colaboración de diversas agencias del Gobierno de EEUU. ¿A qué me suena a mi esto?. Aquí hay un interés evidente por derribar al presidente del gobierno, sea como sea. La técnica de lawfare aplicada en América Latina y que parecen seguir también los jueces en España, consiste en la apertura de juicios a partir de informes policiales indiciarios y confusos –o directamente poco fiables– cuyos autos de acusación por lo general carecen de pruebas determinantes de los delitos de que acusan, mientras que están repletos de afirmaciones rimbombantes de culpabilidad desde sus primeras líneas. La filtración a medios de comunicación afines de dichos informes policiales y autos judiciales, la participación de instituciones internacionales en las investigaciones o el sensacionalismo de las diligencias de entrada y registro, son usadas hasta la saciedad. Se establecen, además, conclusiones urgentes de culpabilidad a partir de meros indicios, optando por juicios inquisitoriales basados en suposiciones, de la Policía Federal, en Brasil, o de la UCO o la UDEF, en España. Para los interesados en que los procesos prosperen, el resultado final es lo de menos, pues saben que la "pena de telediario" desgasta más al adversario. Tampoco importan salvaguardas procesales como el principio contradictorio, la presunción de inocencia, el debate entre las partes, o la garantía de un juez imparcial. No, qué va. La culpabilidad está previamente decidida y el objetivo es crear un clamor de venganza en la sociedad que lleve indefectiblemente a la condena moral y política del acusado. En el proceso penal del espectáculo, el uso de la suposición prevalece en detrimento del conocimiento, el discurso usado tiene por objetivo agradar a las masas receptivas, los hechos son presentados con tintes sensacionalistas, como un duelo entre el bien y el mal y, para atender a los deseos de la audiencia, el juez puede castigar a "los malos". El objetivo es obtener una condena anticipada a través del shock social. El partido de Podemos fue laminado políticamente a partir de 33 querellas judiciales contra él o sus principales dirigentes. Hasta 2023 el Tribunal Supremo ha archivado un total de 29 querellas y las que siguen abiertas correrán la misma suerte. Pero el trabajo ya está hecho. Hoy Podemos está amortizado, igual que Baltasar Garzón, igual que el ex Fiscal general del Estado. Pronto lo estarán también Zapatero y Sánchez.