lunes, 26 de octubre de 2026

Nuevos horizontes

En este mundo convulso que nos devora, uno no sabe si puede permitirse un atisbo de optimismo. Uno no sabe si ese runrún que recorre calles y plazas de media Europa es un signo de que algo está cambiando o el precursor de una nueva decepción, como lo fueron la cascada de primaveras que se sucedieron desde 2010: las primaveras árabes, la Revolución Naranja en Ucrania, la de los paraguas en Hong Kong, el movimiento Occupy Wall Street y hasta el 15M. Superada la sorpresa inicial el Sistema se recompone y acaba liquidando el impulso social. Hoy, casi es peor, porque tenemos "actores cínicos" que consiguen que los protagonistas de las protestas no identifiquen correctamente el origen de los problemas y acaben proponiendo como solución algo peor: un populismo autoritario de derechas que rechaza la idea misma del cambio y la protesta social. Lo vemos en Francia, donde, desde 2018, cientos de miles de chalecos amarillos terminan sus protestas contra el establishment y corren a coger la papeleta de Marine Le Pen. Pero hay que agarrarse a un clavo ardiendo. Más allá de la omnipresencia de la extrema derecha en la esfera pública, de sus discursos racistas y de esta atmósfera guerra civilista y casi genocida que no dejamos de respirar, las multitudes siguen resistiendo. Hoy ya no se trata solo de un rumor, basta con mirar las noticias que vienen de Francia, Italia, Portugal, Albania, Serbia... para ver a gente luchando por sus derechos, rompiendo con las inercias de un presente que, hasta ayer mismo, resultaba demasiado dócil para quienes tienen el poder. Conviene, al menos, escuchar atentamente lo que acontece. Aunque sólo sea para estar prevenidos contra los falsos relatos que lo combaten. Lo vemos en España donde, en comparación con Francia, las protestas parecen organizadas por la plataforma de alumnos de educación infantil para exigir le suban la paga semanal. Pero basta que grupúsculos radicales o gamberros que se hacen pasar por antisistema para pasar una buena noche saqueando franquicias actúen, para que los sindicatos de policía ultra hablen de España como del "paraíso de la delincuencia" y los líderes de la derecha y sus medios se apresuren a criminalizar las protestas, las definan como cortadas para extender el desorden y el vandalismo, o las acusen de ser el reflejo de la izquierda extrema, por supuesto, a las órdenes de Sánchez. Esta gente va camino de declarar a los "Yayoflautas", que se manifiestan en defensa de las pensiones, como organización peligrosa de carácter criminal y conexiones con el terrorismo internacional. Por eso es bueno que frente a las narrativas que cancelan el futuro o lo sumen en una distopía clasista, machista, racista y antidemocrática, nos comprometamos con la transformación social. En un momento en que los regímenes bélicos se imponen en el mundo, en una fase en la que el capitalismo y las extremas-derechas sellan su alianza contra las personas migrantes y castigan a la mayoría con precariedad y miseria, sería bueno que ayudáramos a construir líneas de resistencia, pensamientos distintos, horizontes utópicos y herramientas críticas que permitan imaginar un futuro más allá de este sistema que nos lleva al enfrentamiento, el fascismo y la destrucción.

domingo, 25 de octubre de 2026

No queda honestidad

Cuando recordamos a los políticos que prendieron la mecha neoliberal en los años 80, con independencia de cual fuese su perfil ideológico y los destrozos que hicieron en el estado del bienestar, hay que reconocer que estaban a años luz de los mostrencos que actualmente personalizan esta corriente política. Margaret Thatcher, Ronald Reagan, Helmut Kohl y hasta George Bush, padre, podían ser unos halcones, tener poca empatía social o actuar con mano de hierro contra los más débiles, pero mantenían el tipo, "sabían estar", entendían que debían guardar un mínimo respeto al adversario, acataban la cortesía institucional. No eran dados a perder las formas, a ser maleducados. Y, por supuesto, procuraban evitar mostrarse groseros, ser faltones o recurrir al insulto público. Pero, como muestra de que el mundo está dándose la vuelta como un calcetín -yo digo que está involucionando-, ahora la realidad es radicalmente distinta. Hace apenas 20 años no podía pensarse que alcanzasen el poder determinados políticos con una catadura moral tan lamentable, como los Trump, Netanyahu, Bolsonaro, Abelardo de la Espriella, Milei, Bukele, etc. Realmente produce auténtico pavor que el destino del mundo esté en manos de estos personajillos desquiciados y descerebrados. Son auténticos psicópatas, que carecen de conciencia y empatía. Tienen como marca personal ser maleducados, descorteses, groseros, engreídos, obscenos, irrespetuosos, desatentos, ordinarios, mentirosos, falaces, farsantes, tramposos, cínicos, desvergonzados, deshonestos, arrogantes, soberbios, hipócritas, cínicos, desleales... Parecen estar encantados violando las más mínimas reglas de educación y las normas sociales más básicas, sin culpa o remordimiento alguno, faltándoles las cualidades que les permiten a las personas vivir en armonía con sus semejantes. Y, lo peor de todo, es que estos energúmenos son elevados al poder gracias al voto de millones de personas que creen que son los que mejor los representan. Hay algo muy obsceno en que un lunático desquiciado que clonó a su perro y manifesta que mantiene comunicación con el original mediante una médium y que su perro muerto le da consejos, dé un discurso ante un nutrido grupo de "selectos patriotas españoles" y que éstos aplaudan a rabiar las groserías y los insultos dirigidos al presidente de su país, le hayan o no votado. Porque, de paso, insultó a millones de españoles y algunos de sus periodístas ¿Qué mierda de patriotas son estos? Que el presidente del Senado, un señor que no representa únicamente a un partido político ni a sus votantes, sino que preside una de las dos cámaras de las Cortes y, por tanto, representa a una alta institución, al margen de ideologías, permaneciera allí riéndole las gracias a un energúmeno estúpido y vulgar que insulta a millones de españoles muestra a qué nivel de degradación ha llegado la política española a semejanza de la internacional. Lo que las leyes no prohíben, debería prohibirlo la honestidad. Pero es ya tan escasa.

sábado, 24 de octubre de 2026

Palos

Este mundo parece haberse dado la vuelta. ¿Quién dijo que no se puede vivir sin valores? Basta con sustituirlos por emociones primarias, cuanto más irracionales, mejor y ser capaz de comulgar con ruedas de molino. Es verdad que podemos ir 4.800 años atrás en el tiempo y leer lo siguiente en una tablilla asiria: "En estos últimos tiempos, nuestra tierra está degenerando. Hay señales de que el mundo está llegado rápidamente a su fin. El cohecho y la corrupción son comunes". Pero ésto solo demuestra que los rasgos negativos de la naturaleza humana han estado ahí siempre. Pero lo de ahora es distinto, porque tiene dimensiones globales, un alcance inusitado y está pudriendo hasta las raíces más profundas. Es como si algo llevase tiempo anulando inteligencias y conciencias a la vez que cubre el suelo de un manto de pólvora. Quizá por eso esté ocurriendo que algo pasa todos los días, pero un día cualquiera, algo prende y todo estalla. Comienza por algo banal para los que dominan y deciden sobre nuestras vidas. Algo que, de haberlo sabido, quizá habrían tratado de evitar: el desahucio de una anciana, por ejemplo. Quizá podrían haber tapado algunos agujeros en los institutos de Saint-Denis, invertido en algún aparato de aire acondicionado, puesto algún parche. No ser tan descarados en el deterioro planificado de los servicios públicos. Si lo hubieran sabido. Pero sus algoritmos, su inteligencia artificial y sus expertos en tratamiento de los datos que nos roban a diario son incapaces de anticipar algunas reacciones de la naturaleza humana. Están muy seguros de su poder, sobre todo del que creen infalible poder de la mentira. Cómo entender, si no, que Borja Semper para explicar el uso de un vídeo hecho con inteligencia artificial que falsea la realidad para atacar a su adversario político diga que es una forma "de decir la verdad a la gente". Ahora resulta que falsear y manipular es una forma de decir la verdad. Pero es más fácil de entender. El problema que el individualismo que nos atenaza nos ha hecho creer que nuestras ideas, por el simple hecho de ser, se convierten en verdades absolutas. Y el que no tiene ni idea propias se las compra al primer charlatán que pasa. No habría gran problema si la cosa quedará ahí, pero es que el siguiente paso es imponerle a los demás nuestra verdad. Y, si no podemos, silenciar la suya. Como sea. Y eso me preocupa. Mucho. Porque en los últimos días he vuelto a ver imágenes de un pasado que creí no volvería: Los mismos gestos de pánico, las misma muecas de dolor, repetidos en calles y plazas de todo el continente. Estos gestos ocupaban los rostros de profesoras y profesores zurrados, estudiantes zurrados, vecinos parando un desahucio zurrados, zurradas las personas varadas en Ceuta, manifestantes antifascistas, activistas de las acampadas, un abuelete que pasaba por allí. Cuando, de joven, terminaban las carreras ante los "grises" surgía el comentario: "están drogados". Quizá hoy, muchos de ellos, también lo estén: De fascismo. Lo cierto es que volvemos a ver, y no son videos fake, un chaparrón de golpes, un descosido de balas de goma, ojos a la virulé, marcas de porra, días de antiinflamatorios e impunidad, mucha impunidad policial. No deja de pasar, una y otra vez. Cuando no es el deterioro de la sanidad es una escuela inhabitable, es un vivienda inalcanzable, es un contrato de mierda, es un salario que no da, es el precio del transporte o de la luz, son las ciudades que expulsan, los paisajes transformados por el lucro, las mujeres amenazadas. ¿Cómo no va a protestar la gente? Pero esa violencia parece señalar algo terrible, como si se estuviera abriendo un camino. Los palos de octubre parecen dirigirse a algún punto en el que, ante la inminente llegada de ultraderecha, las reivindicaciones sólo pueden recibir palos como respuesta.

Halloween

Es evidente que las cosas ya no son lo que eran. A la altura de mes que estamos y todavía no nos sale Halloween por las orejas. Pero viendo como está el patio es comprensible: Francia en llamas, Italia sacando sus cañones de agua a la calle, Albania con ganas de que se la ponga en el mapa y Portugal, Grecia, Bélgica o Polonia en camino; el genocida Israel iniciando su primera fase de aniquilación de Cisjordania y anunciando un plan para destruir a Irán -y jodernos a todos- al que se apunta Trump, que también avisa que a Cuba le tocará pronto; la ultraderecha -esa que apoya a todos estos sociópatas- entronizándose en cada vez más países; unos líderes políticos mundiales que han convertido su actividad en un estercolero..., no me extraña que esa catetada infantiloide de Halloween quede en segundo plano. Y, con este panorama, Fakejóo, arrastrado por los sindicatos ultras de nuestras "aguerridas" fuerzas del orden, quejándose de que en España la izquierda está desatando la violencia en las calles. Porque claro, los antidisturbios están para lo que están: lucir uniforme, empujar brutalmente por la espalda a las maestras, apalear sin miramientos a los que reclaman derechos y proteger la libertad de expresión de los agitadores ultras. Así pasa que 80 antidisturbios perfectamente organizados y pertrechados se enfrentan a 30 mozalbetes vestidos de negro que les lanzan objetos (proto terroristas de extrema izquierda los llaman ellos) y el resultado es de 80 "abnegados policías" llorando porque tienen pupita. ¿Éstos son los que quieren declarar la guerra a Marruecos "si hiciera falta"? Los acampados de Sol han preguntado si molestan, porque de lo contrario queda protestar a la francesa e ir a quemar el ayuntamiento. Ayuso no ha contestado, ocupada como estaba en rociar toneladas de ambientador desde el balcón de su despacho, no se sabe si para disimular el olor a zorruno de los acampados o apagar la peste a fascista enloquecido que ha dejado Milei. Y, mientras, los partidos de izquierda han sido incapaces de ponerse de acuerdo en el cambio de hora. Teniendo en cuenta que el eslogan utilizado por la coalición de izquierdas Frente Amplio es el lema "Es la hora", la cosa no pinta bien. El que no tiene perdón divino es Sánchez que ha conseguido que millones de señoras lleven días agobiando a sus maridos con la pregunta: "¿Y tú por qué no eres presidente y me defiendes delante de los simpatizantes de tu partido en un acto de precampaña? Seguro que es por no besarme en público" Y, para rematar, la legión anuncia que va a sustituir su cabra por Vito Quiles. En fin, con este panorama, quién necesita Halloween para asustarse.

Los que ya han perdido

Todavía no ha empezado la campaña electoral y ya se vislumbran los primeros perdedores. En primer lugar, en un contexto de fuerte, continua e interesada polarización y crispación política, la verdad, la honestidad y la confianza son las primeras derrotadas. Pero es igual porque cada vez hay más gente que parece preferir el autoengaño y el voto autolesivo. Por otra parte, un Podemos amortizado que se cree -sin fundamento alguno- que va a capitalizar las acampadas por la vivienda, ha decidido morir matando y se ha negado a cerrar un acuerdo global para presentar candidaturas conjuntas. A partir de ahí, los reinos de taifas. Por aquí, Adelante Andalucía ha decidido tirar "palante" en solitario. Extrapolando los datos de las elecciones andaluzas, eso les daría tres escaños en el Congreso. Ni para formar grupo parlamentario propio. El coordinador general de Izquierda Unida, que ya ni se acuerda en qué confluencia se dejó sus siglas, considera un error la multiplicación de candidaturas y ha admitido que en la izquierda existe un "problema de egos" y ha lamentado la penetración de "valores neoliberales e individualistas" en su espacio político. Asumir una cultura de la renuncia - ha dicho- sería un buen paso. Más claro el agua. Pero, para mí, el mayor de los derrotados es el sector moderado del Partido Popular. Y todo gracias a ese mediocre de "Fakejóo", ese tipo que se bajó del yate de un narcotraficante y se vino para Madrid en 2023 como una figura de consenso llamada a representar "la moderación" (las risotadas resuenan hasta en las colonias de pingüino Emperador de la Antártida) y reconquistar el "Centro", pero que ha terminado haciendo que la diferencia entre PP y VOX sea irreconocible. Por si a alguien le quedaban dudas, el partido anunció que la número dos por Madrid sería Cayetana Álvarez de Toledo, la marquesa que no es de Vox porque no quiere. La XIV marquesa de Casa Fuerte es otra de esas ultrapatriotas de hondísimas raíces españolas: heredó el marquesado de su padre, un aristócrata francés, y su "mala uva" -dicen- de su madre argentina. Credenciales más que suficientes para estar en la cúpula de Vox. Por cierto, fue Ayuso la que hace unas semanas encabezó la propuesta a favor de Cayetana. Otra bajada de pantalones de Feijoo, sabiendo que, entre las dos, se cargaron a Casado. Curiosamente, la que comienza a perder pie es Ayuso. Más lerda, más sociópata, más mentirosa, grosera, soez e injuriadora que nunca, está en guerra abierta con la comunidad educativa, los sanitarios, los bomberos y cualquier cabeza pensante que trabaje en los servicios públicos que ella está machacando. Se burla y ataca a los que quieren soluciones para el problema de la vivienda. Es la única -hasta Abascal se ha quitado de en medio- que ha recibido con euforia a un Milei que ya ha conseguido que dos de cada tres argentinos le culpen de la grave crisis que arrastra a millones de argentinos a la pobreza. Un tipejo que, en pleno debate sobre las pensiones, llega a España a insultar -como todos los de su calaña, no da para más- al presidente, cuando él eliminó cientos de miles de pensiones -ya solo 180 mil lo eran por discapacidad- y tiene a su país con una pensión media de 360 euros (unos 894 euros menos que en España). Ayuso sabe que su principal activo es su perpetua confrontación con Sánchez. "Eliminado" este, ¿cómo va a seguir reinando en los medios? A lo mejor los que la "titiritean" tienen un plan. ¿Y si Vox le come la tostada al PP y Feijóo acaba siendo un monigote en manos de Abascal? ¿Será entonces el momento de defenestrarlo y encumbrar a la princesa de Chamberí con la Marquesa como mano derecha?

 

viernes, 23 de octubre de 2026

A vueltas con los ignorantes

Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción. Es la ignorancia la que permite abusar de la credulidad y de la inexperiencia de personas ajenas a todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la permisividad por la libertad, el nacionalismo barato por el patriotismo, la venganza por la justicia. Qué ironía: los ignorantes son los que gritan más fuerte, y los que saben muchas veces callan para no desgastarse o evitar ser atacado. Los idiotas, con su confianza ciega. Los que piensan, con dudas irresolubles. Líderes que no lideran, pues son vasallos de sus señores, masas que los siguen sin preguntar, y voces críticas silenciadas por el ruido del conformismo. El fascismo no se nos está colando protegido por un manto de invisibilidad sino por uno de ruido interesado. Vivimos una epidemia de ceguera, mental y emocional. Ciegos son los que no cuestionan, los que no se informan, los que prefieren entretenimiento barato a conocimiento profundo. Noticias falsas, conspiraciones, negacionismos, líderes orgullosos de su necedad... Y ciudadanos comprándolo todo. La sociedad del conocimiento no existe, ésta es la sociedad de la ignorancia. Las diferencias entre lo que unos y otros creen que es verdadero o falso se han acentuado y eso ha dividido a la sociedad. En primer lugar por una ideología neoliberal de la elección que nos ha hecho altamente individualistas. Las autoridades tradicionales, desde los líderes sociales a los padres, los profesores o los científicos, han perdido la autoridad y esto ha abonado el terreno para que todo el mundo tenga la impresión de que puede crear su propia verdad. Aunque ésta sea una soberana mierda. Los medios de comunicación y las redes sociales han alimentado esa paranoia y disfrutan provocando emociones a través de las mentiras, las teorías de la conspiración, las noticias falsas... dirigiendo la ira hacia el otro lado del espectro político, hacia quienes creen en otra cosa. La ignorancia ha cambiado. Hoy no es sólo la ausencia de conocimiento, sino la incapacidad de construir un conocimiento eficaz. Antes, la ignorancia era algo vergonzoso y tendía a ocultarse. Ahora, la conversación global permite que una cantidad masiva de ignorantes se reúna a través de las redes sociales y se convierta en una voz, en una fuerza. Y eso la ha vuelto agresiva. Aunque tengo que reconocer que cada vez es más difícil no ser ignorante. ¡En tantas cosas! Reconozco, incluso, que a veces uso la ignorancia para desconectar. Pero siempre es mejor reconocerse ignorante que redundar ignorando que lo eres. Antes, el ignorante era como una estrella ténue que escondida tras el fulgor de otras más vivas era difícil de distinguir. Ahora el ignorante es un tonto con balcones abiertos a la calle por los que sale un ruido insoportable.

jueves, 22 de octubre de 2026

Un loco baboso insultando

El portavoz nacional de Seguridad, Inmigración y Asuntos de Interior de Vox, Samuel Vázquez -policía condenado a 10 meses de cárcel por delito electoral. Ese es el nivel del partido fascista-, ha señalado que entre sus medidas de "reemigración"está la expulsión de España de los inmigrantes que cometan delitos. Afortunadamente vivimos en un país donde si llamas hijo de puta al presidente no pasa nada, juicios éticos aparte. Aunque si lo dices del rey... ¡ay!". Pero, ¿los reyes no eran como uno más? El problema está cuando, en plena campaña electoral, un tipo zafio, patán y endiosado; un sociópata de libro; un gañán con menos modales que un gorrino, viene -invitado por sus correligionarios ideológicos- a España para insultar a su presidente, a un importante porcentaje de españoles y al 95% de los periodistas. Con la ultraderecha hemos normalizado muchas cosas. Y eso es lo que nos espera. Pero no debería ser tolerable que un fulano enloquecido, sin educación ni vergüenza, venga a tu país a insultar a la gente. A este tipo no le basta con ser un mentiroso compulsivo. Él no confronta datos, simplemente miente como un bellaco e insulta. Es un maleducado, un macarra, un mamarracho que vocifera hablando de "estúpidos incompetentes y zurdos empobrecedores", olvidando que está llevando a Argentina a unos niveles de pobreza desconocidos previamente. Por si no fueran suficientes los insultos al presidente, sus votantes y cualquiera que no comparta sus excrecencias mentales, a una periodista de la Cadena SER le respondió así: "Es una visión propia de gente corta intelectualmente y miserables políticos... Vale para tu caso" Que digo yo que el problema quizá esté en que la gente no se pone a su nivel y, ante tanta grosería, no le parte la cara. No se evitaría que siguiese siendo un imbécil con mala baba pero, al menos, se pararía a pensar un poco antes de insultar. Por ejemplo, dudaría en decir tan alegremente que "el 95% de los periodistas son delincuentes". Cree el ladrón que todos son de su condición. Me resulta especialmente inquietante que Vox y Ayuso (tanto monta, monta tanto) vean buena la estrategia de traerse a Milei en plena campaña para insultar a medio país y a casi toda la profesión periodística, por mucho que halla periodistas que están encantados con él. Ya sabemos que no hay nadie más cobarde que el que se aprovecha de su poder para dañar a los demás. Por otra parte, que dictadura esta española más rara en la que se le permite a la gente insultar públicamente a la madre del "tirano" y decir todo tipo de barbaridades sin consecuencia alguna. O dejar entrar en el país a un tipejo malencarado que se sabe que viene a desafiar al "dictador" e insultar a millones de españoles. Y, lo peor, con el aplauso de otros muchos. Qué mundo más extraño este donde los Milei, Trump, Netanyahu, Abascal o Ayuso de turno hablan en nombre de la libertad y la democracia. Pero la historia ya nos enseñó que el fascismo, a falta de ideas, sólo sabe insultar a los que no comparten sus ideas.