sábado, 11 de abril de 2026

•La nueva barbarie

Los que no viven absorbidos por alguna "ventana" tecnológica; los que, al menos de vez en cuando, enderezan las cervicales y miran alrededor, se dan cuenta: la barbarie está ganando. No la barbarie antigua, la de las hordas salvajes, la que conquistaba, saqueaba y pasaba a cuchillo. No, la actual es más sofisticada: viste traje de marca, cotiza en bolsa, tiene cuenta en Islas Caimán y vota fascismo. Es la barbarie que se mea en las normas de derecho internacional, la que pisotea los derechos humanos, la que replica por interés económico guerras ilegales, la que destruye el planeta con hojas de cálculo, mata con algoritmos y celebra la miseria ajena con champán francés. En Silicon Valley diseñan aplicaciones para que no tengas que mirar a los ojos a ningún trabajador y veas las miserias que el sistema crea. En las salas de juntas de las multinacionales se aplaude cuando suben las acciones después de despedir a miles de empleados. Esta es la nueva barbarie: eficiente, optimizada y con excelente marketing. Antes la barbarie podía disfrazarse de misión civilizadora; el saqueo, de progreso; el genocidio, de liberalización. Ahora ha cambiado el relato Pero el efecto es el mismo. Tienen el planeta en llamas, la desigualdad en máximos históricos, la democracia convertida en parodia, pero siguen pretendiendo convencernos de que la concentración obscena de poder es meritocracia, que la explotación infinita es crecimiento, que el orden será el resultado del caos que siembran, que el fascismo es liberalismo democrático, que el cambio climático no existe, que se preocupan de tu  futuro mientras devoran tu presente. Han conseguido que ya no podamos debatir entre sistemas económicos alternativos pues sólo reina el suyo. Ya no podemos elegir entre revolución o reforma porque sus reformas nos llevan al pasado. Ahora la única resistencia posible es la de intentar defender los últimos restos de vida civilizada, la posibilidad misma de mantener lo común, lo público, lo compartido, lo que no es sólo negocio, frente a una barbarie que avanza sin siquiera necesitar una ideología clara. Aunque la sombra del fascismo lo sobrevuela todo y todo lo envenena. El tiempo se agota. Los científicos nos dan una década para cambiar el rumbo del cambio climático. Los economistas honestos advierten de que la próxima crisis hará palidecer a la de 2008. Los sociólogos documentan cómo se deshilachan los lazos que nos mantienen juntos. Los psicólogos ya no saben cómo decir que las aplicaciones de nuestros móviles están calcinando nuestras mentes. Los fascistas afilan sus cuchillos.

viernes, 10 de abril de 2026

•Imbéciles y gilipollas

Carlo M. Cipolla publicó hace algunos años un corto ensayo llamado "Leyes de la estupidez humana". Decía Cipolla que siempre infravaloramos el número de imbéciles que nos rodea. Que no llega a ser infinito, pero sí muy elevado. Y que, además, no le damos importancia suficiente al poder para hacer daño que tienen esos imbéciles, sobre todo porque el imbécil, a veces, por su propia estupidez, actúa en contra de sus intereses. Totalmente de acuerdo. En todo caso, yo hablaría no sólo de imbéciles sino también de gilipollas. Trump apareció el otro día en un balcón junto a un florero, perdón junto a Melania, y un conejo gigante. A nadie le pareció raro. Como tampoco nos extrañamos cuando empezó a sacarse aranceles de su bragueta neoliberal y a invadir países a voleo. Nos hemos habituado a ver sus bailecitos patéticos y sus gestos y muecas grotescas. Es un esperpento que se rodea de gente de su nivel, como un vicepresidente tan inepto como engreído o un secretario de Guerra que habla como un niño de seis años. El problema es que la peña no se toma en serio el peligro que esconde esta escoria y cuando todo acabe mal dirá, como en aquel chiste de Gila: "Me habéis matado al hijo, pero lo que me he reído". Trump es un portento: en Venezuela reemplazó el chavismo por el chavismo sin Chavez. En Irán ha cambiado el régimen de los ayatolás por el régimen de otros ayatolás. Este imbécil pasa de expresarse como si fuera un niño de primaria con retraso cognitivo a hacerlo como un chulo matón de taberna: "Abrid el puto estrecho, locos bastardos o el infierno os espera". Mientras, amenaza e insulta a diario a sus aliados, incluso a nivel personal, vitupera a todo el que osa criticar sus acciones y, ahora, ultraja hasta a los que ayer le daban su apoyo incondicional, sin faltarle tiempo para amenazar con "arrasar toda una civilización en una sola noche". A cambio, nos aboca a una crisis económica de incalculables consecuencias. Su megalomanía, excesos verbales, estilo de gobierno basado en la humillación de adversarios y su populismo autocrático y globalmente lesivo lo ponen a la altura de ese monstruo que fue Calígula. Menos mal que Rajoy, otro inepto con el mismo nivel discursivo que un repetidor de 3º de Diversificación, ha venido en su ayuda al decir que "Trump tiene razón". Es lo que pasa cuando el juez García Castellón no te imputa por corrupción porque no sabe quién demonios pueda ser el "M. Rajoy" de los papeles de Bárcenas. O cuando el mismo García Castellón -que casualidad-  hace lo mismo con el caso Kitchen, pese a que unos audios de Cospedal lo involucran de lleno. Te acabas creyendo un genio intocable cuando sólo eres un imbécil que no sabe ordenar correctamente en una frase sujeto, verbo y predicado. Y ojo, porque el próximo gallego en Moncloa promete mejorar la apuesta.

Servilismo del PPOX

Hace unos días el genocida ejército israelí detuvo durante casi una hora a un sargento español desplegado como casco azul en la misión de la ONU en el sur de Líbano. El militar formaba parte de un convoy que transportaba alimentos y suministros a compañeros indonesios. Es un paso más en la escalada de flagrantes violaciones del derecho internacional por parte del sionismo. La detención ilegal del soldado español solo terminó tras la enérgica protesta diplomática de España, que exigió explicaciones inmediatas. La ministra de Defensa lo describió como un incidente y un agravio inaceptable. Tan inaceptable como la reacción de PP y VOX. Ante un hecho tan grave -un soldado español, uniformado bajo bandera de la ONU, retenido por fuerzas extranjeras en territorio de misión-, cabría esperar de los autoproclamados "patriotas" de Vox y el PP una condena rotunda, una defensa sin fisuras de la soberanía, la dignidad y la integridad del ejército que representa a España. Sin embargo, lo que hemos presenciado es el silencio de VOX y una minimización vergonzante por parte del PP. Su portavoz parlamentaria tuvo la ocurrencia de equiparar la detención con un control de tráfico: "Yo he estado retenida en controles de tráfico más tiempo", dijo. Frivolidad y desvergüenza absoluta. Vox, por su parte, ha optado por el silencio sepulcral por parte de Vox: Ni un tuit, ni una nota de prensa, ni una declaración. Lo mismo es que siguen de vacaciones y sin trabajar. El partido "más patriota del universo", cuando un soldado español es humillado, guarda un silencio elocuente. Un silencio que, como la frivolidad del PP, grita servilismo y vasallaje hacia los poderosos y un alineamiento incondicional con el sionismo, incluso cuando ese agrede directamente a España.Este no es un incidente aislado. Es su "modus operandi". El "patriotismo" de Vox y PP solo vale cuando no choca con sus afinidades ideológicas. Defienden a capa y espada la "seguridad de Israel" aunque esté país humille a un soldado español. Entonces miran para otro lado. Hablan de "soberanía" y "orgullo nacional", pero ante un agravio real a la bandera y al uniforme que dicen defender, se convierten en mudos servidores. Un soldado español retenido. Una nación agraviada. Y dos partidos que, en vez de alzar la voz, bajan la cabeza. Ese es el verdadero rostro de su patriotismo de cartón piedra. Como siempre, dicen una cosa y hacen lo contrario.

miércoles, 8 de abril de 2026

•Dualidad de la Humanidad.

Hemos vuelto a la Luna. Bueno, nos hemos dado un paseo fotográfico por su periferia, que no es lo mismo. Para muchos es un nuevo hito para la Humanidad, otro hecho más que incluir en los anales de la Historia. Para mí es un símbolo de cómo, en tantas cosas, vamos para atrás como el cangrejo. ¡Vamos a ver!, que sí, que a mí también me fascina apreciar la grandeza del ser humano desafiando a la naturaleza, imaginando, descubriendo, ampliando fronteras. Aunque después las llenemos de muros, de vallas de alambre espinoso y pongamos el cartel de "Reservado el derecho de admisión". Es humana esa fascinación por explorar lo desconocido, por superar los límites, por conocer más, por aprender, por ser cada vez más sabios, más capaces. Lo malo es cuando uno escucha al mandatario más poderoso del mundo decir cosas como "Abrid el puto estrecho, locos cabrones, o vais a vivir en el infierno. Voy a volar todo por los aires y apoderarme del petróleo". Ahí reniega uno de su especie y le gustaría tener la nobleza de un lobo estepario. Cuesta aceptar que el mismo ser que es capaz de explorar el espacio, se está destruyendo a sí mismo y está destruyendo el Planeta. Paso por la puerta de un colegio y me pregunto ¿Cómo le explicamos a estos "enanos" que podemos llegar a la Luna pero somos incapaces de darnos una vida digna y en paz en la Tierra? ¿Cómo hacerles comprender que la ciencia, la tecnología y todo el saber adquirido ha mejorado nuestras vidas, pero que también gran parte de todo este aprendizaje se usa para someternos, controlarnos o destruirnos de una manera más eficiente; que somos capaces de curar enfermedades, de construir artefactos increíbles, de transformar el mundo y poner todos sus recursos a nuestro servicio?. Y a la vez, que usamos un alto porcentaje de toda esta sabiduría para hacernos daño, para el beneficio de unos pocos. Es la dualidad del ser humano, capaz de lo mejor y de lo peor. De la ternura y de la tortura. Y esto es jodido de asumir, pero más todavía de explicar a quien empieza a ser consciente de que vive en este mundo, de que forma parte de esa especie, de que le va a tocar elegir bando. O te comprometes y eres solidario o te sumas a los egoístas. O asumes responsabilidades o refuerzas el bando de los irresponsables. O apoyas la democracia o votas a la ultraderecha. Así es el mundo: siempre hay a quienes les va bien jodiéndole la vida a los demás. Hace unas semanas, las bombas mataron a casi 200 niñas en una escuela. Hay gente con cáncer que no puede ser tratada en su país porque no tiene seguro médico, niños encarcelados y deportados por ser inmigrantes o pasando hambre en una Gaza destruida. Pero, chicos y chicas, no ha importado gastarnos casi 100.000 millones de dólares para fotografiar en directo la cara oculta de la Luna. Esa que, sospecho, no quiere ni mirarnos a la cara.

•El oro es tiempo.

Cada vez oímos a más gente pronunciar esa frase tan de moda de 'No me da la vida". Lógico si tenemos en cuenta el ritmo de vida imparable y fugaz que nos han impuesto y hemos aceptado. Vivimos a diario en una espiral infinita de aceleración. Asumimos con normalidad horas, meses de trabajo extenuantes, compromisos y planes autoimpuestos. Hacemos grandes y pequeños sacrificios para llegar a todo. Y no tenemos tiempo para todo. El tiempo se ha convertido en un privilegio, sobre todo en las grandes ciudades. Pero el tiempo también está disponible. Sólo es cuestión de sacar la cartera y comprarlo. Si quieres ahorrar tiempo al cruzar tu ciudad, abres una app, pagas y solicitas un coche privado; si quieres saltarte días o semanas de espera para que te atiendan en tu centro de salud, pagas un seguro privado y te atienden antes; si optas por estudiar un grado o una FP de difícil acceso, pagas a una entidad privada que te ahorra meses de espera. Si puedes pagar un alquiler en el centro de la ciudad, es probable que te ahorres muchas horas semanales en desplazamientos hasta tu centro de trabajo. Esta dinámica es extrapolable a los cuidados, la salud, la educación, las actividades extraescolares y a la mayoría de los servicios que vertebran nuestra vida. Si quieres tiempo, paga para que te cuiden a los niños, para que se hagan cargo de tus mayores, para que te ordenen y limpien la casa, para que te traigan la compra a casa, para que te gestionen todo tipo de papeles y asuntos, para que un profesor particular "ayude" con los deberes a tus hijos, para que te sirvan la comida en un restaurante y no tengas que pisar la cocina, para contratar a un coach especialista en organización y gestión del tiempo. Si tienes dinero podrás tener más tiempo para hacer escapadas de fin de semana, tomarte vacaciones cuando te apetezca, organizar fiestas, acudir a conciertos en cualquier sitio... No es descabellada la idea de pagar por algunos de estos servicios; de hecho, algunos resultan accesibles para la mayoría. Pero si lo que quieres es tiempo de calidad, eso ya es algo realmente exclusivo. Tener tiempo "para tu" es un deporte de riesgo que consiste en costear su acumulación para poder elegir cómo invertirlo. Todo muy "economicista". Para aspirar a una “vida buena”, es necesario pasar por caja. Es evidente que, en este modelo, a menor nivel de renta, menor libertad de elección y, por tanto, menor tiempo de calidad. Si no tienes dinero te toca dedicar más tiempo al cuidado de los hijos, a las tareas domésticas, a autogestionar tus asuntos, a hacer colas interminables, frecuentar salas de espera abarrotadas en centros de salud, rellenar listas de espera... Y esperar que, los que sí tienen tiempo, quieran reducir la jornada laboral, mejorar la conciliación, las ayudas a la dependencia, los permisos por maternidad..., y dejar de machacar los servicios públicos.

martes, 7 de abril de 2026

•Redes para atrapar yonkies

Existe una amplia evidencia documental, técnica, testimonial y hasta judicial que demuestra que las plataformas de redes sociales están diseñadas para maximizar el tiempo de permanencia, lo que genera adicción. Una reciente sentencia en California habla abiertamente de “diseño adictivo". Es la primera vez que la justicia reconoce que no estamos ante un uso problemático individual, sino ante productos diseñados para generar ese problema. Los algoritmos están diseñados para captar y retener la atención el mayor tiempo posible, porque de ello depende su negocio. No se trata simplemente de que se “use demasiado el móvil”, sino de que interactuamos con sistemas diseñados para que no podamos dejar de hacerlo. El mayor problema es que las redes sociales han pasado a ser, por encima de la familia o la escuela, el principal espacio donde los jóvenes construyen su identidad, se informan y se relacionan. Las consecuencias ya son visibles: Ansiedad, baja autoestima, frustración constante por no alcanzar ciertos estándares y una necesidad casi permanente de validación externa. Pero hay más: las plataformas también están influyendo en cómo los jóvenes entienden el mundo. En España, cerca del 80% consume información política a través de TikTok, Instagram o YouTube, donde prima lo emocional, lo visual y lo inmediato, sin análisis ni verificación, y donde la ultraderecha campa a sus anchas. No, la deriva de muchos jóvenes hacia la extrema derecha no es un accidente ni una simple “mala influencia”. Es el resultado de un ecosistema digital que monetiza la frustración, explota la inseguridad y convierte el malestar en ideología. Las plataformas no solo capturan atención: moldean emociones, ordenan deseos y, poco a poco, empujan a miles de jóvenes hacia relatos reaccionarios que les prometen identidad, fuerza y una explicación fácil para su rabia. Les dicen quién tiene la culpa de su frustración: el feminismo, las mujeres, la izquierda, los inmigrantes o el “sistema”. Esa lógica no educa; intoxica. No ayuda a madurar; radicaliza. El trabajo ya está casi hecho y las consecuencias las sufriremos pronto.

•Los del sí a la guerra

Salvo para los que todavía nos indignamos ante las ignominias, para el resto "lo de Irán" es una noticia molesta más, algo que les importa poco porque sucede lejos. Y a otros. Ellos prefieren atacar a su gobierno porque no apoya a unos genocidas, aunque ello afecte a sus bolsillos. Se encuentran cómodos apoyando a un psicópata sólo porque es el mayor símbolo de los poderosos y sus intereses. Les importa poco tragarse nauseabundos relatos e infantiles justificaciones. La narrativa inicial era que los ciudadanos iraníes podrían rebelarse contra el régimen talibán al descabezarlo. Ya sabemos que hace meses EE.UU. financió la entrega de armas a los disidentes iraníes. Pero los daños infligidos a las infraestructuras iraníes y el asesinato selectivo de sus dirigentes no ha dado pie a ninguna restauración democrática. No es eso lo que se busca. A Trump la "libertad" del pueblo iraní o el sometimiento de sus mujeres le importan lo mismo que un inmigrante latino. Este tipejo desprecia la cultura y evita cualquier mínimo esfuerzo de su pobre intelecto en pésima forma. Su escuálida mentalidad no da para mucho. Él prefiere ejercer a tontas y a locas un poder inmenso y ponerlo todo patas arriba siempre que obtenga beneficio económico. Lo hemos visto en Gaza, en Venezuela. Lo veremos en Cuba. Cada vez que Trump habla con los periodistas la borrachera del poder acentúa el narcisismo de su talante infantiloide y le hace creer que sus caprichos debe cumplirse como por arte de magia, pese a quién pese, sufra quien sufra, muera quien muera, sencillamente porque su dopada industria militar y su costosísimo ejército puede imponerlos al mundo. Que alguien se oponga a sus caprichos le parece algo totalmente inadmisible a este nuevo Calígula. Europa molesta a Trump y sus secuaces porque son el último baluarte del Estado de bienestar, pues esto vulnera esa cosmovisión trumpista que desprecia lo público en aras de la propiedad privada. Prefiero ser un europeo independiente que el cipayo de un un pollo sin cabeza, que actúa frenética e irracionalmente dando tumbos porque no hace ningún plan que no pase por incrementar el propio patrimonio, saqueando los recursos propios y ajenos. La prisa que Trump tiene por acabar con la guerra de Irán, o simplemente con Irán, tiene que ver con que los drones iraníes de bajo coste se interceptan con misiles tan sofisticados como carísimos. Y eso -gastar dinero- molesta mucho a sus incondicionales, como demuestra la caída en picado del índice de popularidad del sátrapa americano. Y eso, para un narcisista patológico, es insultante. Y peligrosísimo para todos.