miércoles, 26 de agosto de 2026

Meta, nos la mete.

Meta nos la mete. La compañía ha acordado, tras un acuerdo con los fiscales, pagar casi 17.000 millones de dólares para cerrar un juicio masivo en Estados Unidos que la acusaba de diseñar plataformas adictivas para menores. Sin embargo, la compañía niega haber cometido una infracción o ser culpable. Esta gente piensa que todos somos tan idiotas como los millones de personas a las que sus productos han abducido y que tragan con todo. Tras el acuerdo las acciones de Meta subían más de un 3 % en Wall Street. Ello supone un incremento en el valor de mercado de la compañía de aproximadamente 40.000 a 50.000 millones de dólares. Estos insaciables tecno oligarcas ganan hasta cuando parecen perder. Según varios estudios, los menores de 12 a 18 años muestran niveles de bienestar mucho más bajos si pasan de las cinco horas diarias en redes sociales. A esa edad, para tener la autoestima en tu sitio antes bastaba con conseguir la validación de los amigos del "insti" que no era fácil. Ahora hay que sumar la que dan los likes de unas redes dominadas por un montón de influencers que te recuerdan en cada "reel", con dosis de falsa humildad, que tú no eres tan especial como ellos, que sólo eres el mierda que les permite vivir del cuento. Es de juzgado de guardia. Los expertos en cargarle a la escuela lidiar con cualquier morlaco con el que no saben qué hacer claman por potenciar la educación digital. Yo creo que es, simplemente, problema de educación. De los menores y de los padres. Éstos no pueden darle un móvil a un chaval con el pensamiento crítico en construcción esperando que no pase nada cuando, cada vez más adultos están enganchados a las redes. Empecemos por dar ejemplo, que se supone que los mayores sí tenemos criterio para no dejarnos abducir por los aparatitos. Y, ojo, que tampoco se trata de demonizarlo todo, rescatemos lo que hay de positivo en las redes y arrojemos a la basura al lugar que le corresponde. Sin olvidarnos de tirar después de la cadena.

Poner t8tulo

Vivimos tiempos de zozobra, incertidumbre y miedo. Muchos elementos se conjugan para provocar este estado: la Razón es ninguneada, la ignorancia crece como la espuma, el resentimiento se generaliza, algunos trabajan incansablemente para  privarnos de memoria e identidad y prosperan los patrocinadores del odio y la violencia. Solo una auténtica educación - objetivo cada día más lejano- daría al traste con la moldeabilidad de una opinión pública peligrosamente encauzada. Haría falta algo similar a aquella "paideia" griega que era cultura y no aprendizaje práctico, como ahora. Parte de la población mira con recelo todo lo que huele a inquietud intelectual, hecho abonado por el populismo informativo. La desmesurada atención a lo "viral", lo friki, lo conflictivo, el ruido y la furia o a las historias contadas por idiotas establece las condiciones ideales para el irracionalismo más delirante. Dedicar horas y horas a asuntos llamativos, sean o no ciertos, tengan o no asiento racional, acaba por producir adicción en la audiencia. De agitar escándalos más o menos reales con tal de captar feligreses a crearlos de la nada, el paso es más pequeño de lo que parece. Si a esta carencia generalizada de ética profesional se añade el oligopolio mediático que reina en nuestro país, podríamos pensar que el pluralismo informativo está herido de muerte y que a él siguen el ideológico y, a medio plazo, el político. La tecnología, convertida en la nueva teología, coopera gustosamente en el vaciado de las mentes. Algunos creen que vamos hacia una sociedad del desconocimiento. Pero es peor: en esa ya estamos. Ahora vamos a la del pseudoconocimiento. Las personas creen saber mientras chapotean en la charca de la ignorancia más supina. La presunción de veracidad de los mensajes que llegan a través de los cachivaches electrónicos es dogma de fe. Su poder, sin ningún tipo de escrúpulos ni menos aún de control, consigue imponer cualquier versión de los hechos, por estrafalaria que sea. El simulacro, el engaño y la estafa intelectual constituyen el único horizonte accesible a una masa suficiente para mantener sujeto al rebaño. Por la mañana una idea parece ser descabellada. Al mediodía esa idea parece ignominiosa. A primera hora de la tarde, apta para ser debatida. A última hora de la tarde ya está asumida, y al caer la noche se torna obvia. Una vez, y otra, y otra, y otra. Hasta el aburrimiento y la desesperación.

martes, 25 de agosto de 2026

Pensamiento mágico

El claramente fallido sistema educativo decidió priorizar las ciencias y la tecnología por encima de las humanidades debido a la presión del mercado laboral y la búsqueda de empleo inmediato. El error está en aceptar la separación artificial entre las humanidades y las ciencias, pues ello perjudica al pensamiento crítico, ya que ambas disciplinas se complementan en la búsqueda del conocimiento humano. Fruto de ello es el imparable avance de la vuelta del "pensamiento mágico", esa forma de interpretar la realidad basada en la ignorancia y en la falta de pruebas científicas, donde se asume que las creencias, los deseos, pensamientos o actos propios pueden influir directamente en el mundo exterior sin una relación de causa y efecto real. Resulta descorazonador comprobar cómo, en pleno siglo XXI, el más retrógrado pensamiento mágico continúa disfrutando de un gran predicamento entre buena parte de la población. Leo que el arzobispo de Granada "moverá" un Cristo desde la catedral hasta la basílica de la Virgen de las Angustias para que proteja a los granadinos "de los terremotos". Pero tonto no es. No lo hará de forma inmediata, que sería lo lógico en pleno enjambre sísmico, y ya nos quedaríamos tan tranquilos. No, qué va. Lo hará en septiembre. Así da tiempo a que se termine de liberar la energía acumulada en el interior de la corteza terrestre por el choque o fricción entre las placas tectónicas. Además lo hará coincidir con la festividad de la Santa Cruz y el "voto anual de acción de gracias" al Cristo de San Agustín -que ostenta el título de protector de la ciudad- el 14 de septiembre. Pero ¡ay!, ha cometido un error. Resulta que el Cristo de San Agustín no es especialista en terremotos. Esa categoría municipal sí que la tiene la citada Virgen de las Angustias que, además, es Patrona de la ciudad. Y ya se sabe: donde hay patrón no manda marinero, por muy Cristo que sea. Ya sabemos que, para la iglesia tradicional, las catástrofes naturales son "castigos" a una sociedad pecadora. Ahí lo dejo. Resulta, además, que el mayor seismo afectó a la capital el día 15 y muchos piensan que cómo fue posible, siendo ese el día de varias Vírgenes populares. Sí, amigos, pero no es el día de la de las Angustias, que no hubiera permitido que en su festividad hubiera daños en su zona de control tectónico. Aquí hay, está claro, un problema de competencias divinas y de exclusividad geográfica. Cómo dirían los granadinos más piadosos y malafollás "A mí qué pollas me da, que tomen mucho por culo los otros por no tener de patrona a nuestra Vigen de las Angustias”. En fin, que la pugna entre la magia municipal de Cristos y Vírgenes contra la tectónica de placas está servida. Y me temo que pocos se molestarán en aprender algo sobre la mecánica de la tectónica de placas, pero la procesión del Cristo de San Agustín estará petada de gente que creerá que, ahora sí, está protegida contra los terremotos.

lunes, 24 de agosto de 2026

La amigdala

Ante tantas cosas que se nos antojan inexplicables, quizá la explicación sea: "Es la amígdala, estúpido". Personalmente estoy fascinado. Tanto darle vueltas a las cosas y resulta que la respuesta a tantas dudas la tenían los neurocientíficos. Dicen estos que el estrés crónico y la dificultad para concentrarse forman parte de la experiencia cotidiana de millones de personas. Y esto, dicen los expertos, tiene consecuencias políticas directas pués -afirman- "las personas con tendencia a la ansiedad o a reaccionar de forma impulsiva bajo el estrés son más propensas a sentirse atraídas por ideologías autoritarias cuando perciben el mundo como amenazante o inestable". Parece así que los fachapobres de pulsera, o mejor, su neurodivergencia, les impide darse cuenta de que la verdadera amenaza son las ideologías autoritarias ante las que se postran siguiendo este proceso: la amígdala -el sistema de alarma del cerebro– se activa ante el miedo y la percepción de amenaza e inhibe el pensamiento crítico de la corteza prefrontal. Bajo este estado de debilidad neurológica, las personas se convierten en terreno abonado para las narrativas apoyadas en el miedo y en la neolengua apocalíptica, violenta y deshumanizadora de los líderes de las asilvestradas derechas y ultraderechas. En conclusión, la democracia depende de la salud cerebral de la ciudadanía y de su capacidad para mostrar espíritu crítico. Si este se esfuma crece entonces el reflejo tribal alimentado en parte por el algoritmo: el nosotros contra ellos, el instinto de la manada, la búsqueda del macho alfa -yo prefiero llamarlo alfalfa– que debe proteger al grupo. Hay, pues, una razón biológica más que ideológica en la patética subrogación de algunos humanos a ese pleistocénico autoritarismo de quienes han llegado a la política para destruir lo que tanto nos ha costado construir.

Fachapobres

Sin duda, el producto mejor acabado del neoliberalismo es el obrero de derechas. Éste se ha convertido en un producto de masas, el sistema lo ha moldeado y perfeccionado tanto que se ha convertido en un esperpento digno de ser exhibido en un museo. Son los "fachapobres", esos individuos que, en sentido estricto no lo son porque ni son ni actúan por sí mismos, sino que son un producto elaborado por la factoría de fachapobres que el capitalismo ha distribuido por el mundo, y que ha conseguido interiorizar primero, para defenderlos después, todos y cada uno de los elementos dialécticos que tradicionalmente han ido vertiendo los fachas naturales, es decir, los facharicos. La pregunta es: ¿cómo es posible que alguien defienda, a veces de forma vehemente, cosas, situaciones e ideas que objetivamente obran en contra de sus propios intereses? Pero, toda esta troupe, ¿qué son? ¿Desclasados? ¿Ignorantes dispuestos a autolesionarse? ¿Actualizaciones masificadas y replicantes del tradicional carajote de toda la vida que no sabe lo que es una clase social y, por tanto, ignora a la que pertenece. Seguramente son el resultado de un sistema educativo fallido y del impacto que provoca esa arma de destrucción cultural masiva, que se aloja en las redes sociales, que es el algoritmo diseñado y controlado por los dueños de la sociedad, un arma que opera sobre unas mentes a las que convenientemente se las educa para el letargo cognitivo. El resultado de este modelo acultural sobrepasa la tradicional e inherente al capitalismo división social, para adentrarse en algunos casos en ese peligroso territorio cultivado por los fascismos que desemboca en la violencia, primero verbal y después física, contra quienes no aceptan ese marco de hegemonía de la ignorancia. Son estos malos tiempos para el sentido común, el sistema ha puesto de moda al "canalla" como paradigma y parece que sobramos quienes aún guardamos un mínimo de sentido común y de decencia, pero adónde puñetas vamos a ir, tenemos que seguir aquí, no conviviendo sino enfrentándonos a toda esta excrecencia intelectual y moral.

Proyecto monasterio

 Reglas monásticas

Oportunidad para discutir algunas de las virtudes y prácticas esenciales para la vida religiosa tal como la entendió: enfatizó consideraciones tales como la caridad, la pobreza, la obediencia, el desapego del mundo, la distribución del trabajo, los deberes mutuos de los superiores e inferiores, la caridad fraterna, la oración en común, el ayuno y la abstinencia proporcional a la fuerza del individuo, el cuidado de los enfermos, el silencio y la lectura durante las comidas.

muy perturbado por la conducta de los monjes que se dedicaban a la ociosidad con el pretexto de la contemplación, y a petición suya, San Agustín publicó un tratado titulado De opere monachorum en el que demuestra por la autoridad de la Biblia, el ejemplo de los apóstoles, e incluso las exigencias de la vida, que el monje está obligado a dedicarse a trabajos serios. En varias de sus cartas y sermones se encuentra un complemento útil a su enseñanza sobre la vida monástica y los deberes que impone. En su tratado, De opere monachorum, inculca la necesidad del trabajo, sin embargo, sin someterlo a ninguna regla, la obtención del sustento lo hace indispensable. Los monjes, por supuesto, dedicados al ministerio eclesiástico observan, ipso facto, el precepto del trabajo, de cuya observancia se dispensan legítimamente los enfermos.

caridad y pobreza

II: oración

III: las formas de ascetismo

IV: castidad y custodia mutua

V: No consideres nada como propio, ni siquiera a ti mismo.

VI: Perdón de los delitos.

VII: autoridad y obediencia

VIII: Exhortación a observar la regla

Capítulo 1 define cuatro tipos de monjes:

Cenobitas, aquellos "en un monasterio, donde sirven bajo una regla y un abad".

Anacoretas, o ermitaños, que, después de un largo entrenamiento exitoso en un monasterio, ahora se las arreglan solos, con solo Dios para su ayuda.

Sarabaítas, que viven juntos de grupos de dos o tres, o incluso solos, sin experiencia, gobierno ni superior, y por lo tanto sin regla propiamente dicha.

Giróvagos, que, para no tener que someterse a la vida regular de los monjes cenobitas, vagan de un monasterio a otro sin destino definido

une de por vida al monasterio de su profesión.

El Capítulo 59 permite la admisión de niños al monasterio bajo ciertas condiciones.

El capítulo 60 regula la posición de los sacerdotes que se unen a la comunidad. Deben dar ejemplo de humildad, y solo pueden ejercer sus funciones sacerdotales con el permiso del abad.

El Capítulo 61 prevé la recepción de monjes extraños como invitados y su admisión a la comunidad.

El capítulo 62 trata de la ordenación de sacerdotes dentro de la comunidad monástica.

El Capítulo 63 establece que la precedencia en la comunidad estará determinada por la fecha de admisión, el mérito de la vida o el nombramiento del abad.

El Capítulo 64 ordena que el abad sea elegido por sus monjes, y que sea elegido por su caridad, celo y discreción.

El Capítulo 65 permite el nombramiento de un preboste, o anterior, pero advierte que debe estar completamente sujeto al abad y puede ser amonestado, depuesto o expulsado por mala conducta.

El Capítulo 66 nombra a un portero, y recomienda que cada monasterio sea autónomo y evite las relaciones con el mundo exterior.

El Capítulo 67 instruye a los monjes sobre cómo comportarse en un viaje.

El Capítulo 68 ordena que todos traten alegremente de hacer lo que se les ordena, por difícil que parezca.

El Capítulo 69 prohíbe a los monjes defenderse unos a otros.

El Capítulo 70 les prohíbe golpearse entre sí.

El Capítulo 71 alienta a los hermanos a ser obedientes no solo al abad y sus funcionarios, sino también entre ellos.

El capítulo 72 exhorta brevemente a los monjes al celo y la caridad fraterna.

El Capítulo 73 es un epílogo que declara que la Regla no se ofrece como un ideal de perfección, sino simplemente como un medio hacia la piedad, destinada principalmente a los principiantes en la vida espiritual.

Es indecente decir que España es un país fallido.

Cada tragedia tiene dos víctimas. La primera, siempre, las personas que pierden la vida y sus familias, a quienes nada ni nadie podrá devolver lo arrebatado. La segunda aparece después, casi de inmediato: la verdad, maltratada, agredida y sepultada bajo el ruido, la demagogia y el oportunismo. Ante cualquier tragedia que conmociona a España, da igual que sean inundaciones, incendios, accidentes ferroviarios o tragedias humanitarias, no tardan en aparecer los de siempre. Los que, sin esperar a que haya investigaciones, sin datos y sin el más mínimo respeto, proclaman que "España es un desastre", que "todo funciona mal, que "somos un país fallido". Lo dicen con una ligereza insultante, como si el dolor ajeno fuera una buena oportunidad para cargar contra un gobierno y ajustar cuentas ideológicas. Vaya por delante que afirmar que España es un caos es una falsedad. España es un país moderno, con buenas infraestructuras y medios suficientes. Y eso es producto de la labor de gobiernos de diferente signo desde que estamos en democracia y del esfuerzo de la sociedad española. Toda. España, pese al relato interesado que algunos intentan imponer, es un país con instituciones sólidas, con profesionales cualificados y con una capacidad de respuesta que merece respeto, no linchamiento preventivo buscando réditos electorales. Es obsceno usar a las víctimas de desastres como munición política. Es obsceno convertir la desesperación y el duelo en un arma arrojadiza. Es obsceno debilitar deliberadamente la confianza colectiva para sacar tajada del dolor ajeno. España no necesita agitadores del desastre permanente. Necesita rigor, serenidad y respeto. Necesita que se colabore ante los desastres, que exista lealtad institucional, que se investigue hasta el final y se depuren responsabilidades si las hay y, sobre todo, que se acompañe a las víctimas con humanidad, no con consignas ni titulares incendiarios. España no es perfecta. Ningún país lo es. Pero no es el país fallido que algunos necesitan que sea para justificar su discurso. Criticar es legítimo. Manipular el dolor, no. Exigir responsabilidades es necesario. Mentir, manipular, exacerbar los ánimos, sembrar desprecio, no. Ante cualquier desastre hay que colaborar, acompañar a las víctimas y exigir verdad. Lo demás es ruido.Y el ruido, cuando nace del oportunismo, no es valentía: es indecencia.