martes, 11 de marzo de 2025

Europa se va a la mierda

Europa se va a la mierda. Quizás el mundo entero se va a la mierda. O lo mandamos nosotros con las decisiones de la mayoría, pues nunca la democracia fue tan eficaz arma de suicidio político. En todo caso, qué más da. La inepta y acomodada élite política europea, esa que hasta ayer sostenía políticas austericidas que arrojaron a tanta gente en brazos del populismo ultra, está dispuesta a gastarse una "pasta gansa" en armamento, que será detraida -que nadie lo dude- de las partidas de destino social. Pero si hasta Reino Unido -que es europeo sólo a ratos- y Macrón -al que le da igual porque le quedan tres días- claman con mandar tropas a Ucrania al compás del ritmo de tambores de guerra. Pero yo no me preocupo, porque vivimos en el país con más "cuñaos" capaces de solucionar los grandes problemas. Es el caso de Paco, camarero, que se sienta en el sofá aflojándose el elástico del chándal mientras grita libertad. O Luis, que en la barra del bar explica a sus amigos como liquidaba él al ejército ruso con su escopeta de balines. O Carlos, tornero fresador, que no llega a atarse los zapatos pero suplica que le presten un fusil para frenar al "comunismo". O Paqui, que está de baja por un padrastro, pero que es partidaria de un ataque nuclear preventivo contra Rusia. O Ignacio, un adorador nocturno que no ve que sólo mandando armas se solucione nada y es partidario de las vigilias de oración. O Arturo, tertuliano testosterónico, que enseña la foto de una gachí ucraniana con un rifle y dice que seguro que ella no dice todos, todas y todes. O Santi, que no quiso hacer la mili, pero que presume de que el solo resistiría al ejército ruso, chino y coreano, armado sólo de un hueso de jamón y la bandera de Borgoña. O Carmelina, jubilada de toda la vida, que cada mañana se atrinchera en su butacón para absorber todo tipo de calamidades, miserias e imágenes morbosas, mientras le pide a Dios que mate a todos los comunistas. O Secundino, taxista, que tras acomodar el lazo de la bandera de España en el retrovisor, te dice que le dan ganas de coger su escopeta de caza e irse a Kiev, pero no sabe por dónde se va, y además, se acuerda que ayer intentó colgar un cuadro y se machacó un dedo de un martillazo. En fin, que ya hay un runrún en los taburetes de los bares que sólo puede acabar en la formación de una nueva División Azul, compuesta por batallones de cretinos y columnas de botarates. Pero cuando los vayan a reclutar dirán: yo, la verdad, me iría a la guerra, pero es que me parte la tarde. ¡Qué sofoco!

Desmontando simplezas

Vivimos momentos en los que es necesario desmontar simplezas que hacen mucho daño. Por ejemplo, el nazismo no fue producto del delirio de un loco sin más, ni mucho menos. Sus delirios hubiesen sido imposibles sin el apoyo activo de una mayoría de alemanes y la colaboración de miles y miles de personas en los países ocupados. Tampoco se puede sostener que los actuales líderes ultras se hagan con el poder del Estado a través de astucias engañando a una población que oficia de víctima involuntaria. Aquí sólo se engaña el que se quiere engañar. En su momento se creyó que la I guerra mundial sería la última guerra. Veinte años después estalló la segunda. Al acabarse se creyó conseguida la victoria definitiva de la libertad y que los fascismos nunca volverían a gobernar. Tras la caída de la Unión Soviética se certificó el triunfo "definitivo" de la democracia liberal, los derechos humanos, bla bla bla... En todos los casos el optimismo derivaba de la idea de la racionalidad del ser humano, así como la creencia en la evolución natural hacia la libertad y el progreso a través de una marcha lineal del tiempo. ¡Cuanto error! El último es considerar que la victoria de Trump es sólo una anomalía política. ¿Dos veces ya? ¿No hay responsabilidad alguna en sus millones de votantes? ¿No mueve a reflexión que este tipo se haya rodeado de fascistas y sea ahora mismo la referencia y apoyo de todos los ultras del mundo?. A poco más de un mes de su toma de posesión, el desconcierto se ha convertido en espanto. Ahora, como antes, ha estallado la racionalidad. Vuelven a primar las adhesiones incondicionales, se piensa con las tripas y es fácil seducir con falsas promesas de gloria. Las razones han dejado paso a las creencias -por estúpidas que sean-, que no son refutables, porque no se ajustan al criterio de la verdad, que ahora es irrelevante porque la gente busca seguridad, certezas y un sentimiento de identidad aceptable. Y la mejor identidad se consigue frente al enemigo, aunque todo esto nos lleve al umbral del infierno.

Pederastas de Cristi

En 1941 un seminarista mexicano creó una organización religiosa que se convirtió, según palabras de Juan Pablo II, en “una guía para la juventud”: los Legionarios de Cristo, uno más de los movimientos ultraconservadores que vivieron su apogeo durante el pontificado de Wojtyla. Éste, en 2004 pronunció un encendido discurso laudatorio dirigido a los Legionarios con motivo del 60⁰ aniversario de la ordenación sacerdotal de su fundador, al que se dirigía como "querido padre Maciel", y al que agradecía su "misión al servicio del Evangelio". Pero, ¡ay!, detrás de esa fachada misionera funcionaba un infierno en el que su fundador y muchos de sus seguidores abusaron de cientos de menores. Sin embargo su poder financiero logró que el propio Vaticano encubriese los abusos de Maciel durante 50 años. En 2019 una investigación interna de los "Legionarios" reconoció que 175 menores fueron víctimas de 33 sacerdotes de la congregación y asumía 60 abusos a menores del propio Maciel. Pero se sospecha que puede haber miles de casos de abusos, violaciones y maltrato. Hace unos días sabíamos que un sacerdote del elitista colegio Highlands School El Encinar, situado en La Moraleja y dependiente de los Legionarios de Cristo, ha sido detenido como presunto autor de agresiones sexuales a varias niñas. El cura ultracatólico ejercía como capellán en Primaria y Secundaria y también daba clases. El arresto de este cerdo se produjo tras una denuncia de abusos sobre una niña de seis años. Hoy sabemos que el pederasta ejerció en el pasado de secretario de, nada más y nada menos que Marcial Maciel, el fundador de la orden. El director del colegio aseguraba que no constaba "ningún antecedente de conductas inapropiadas contra menores" por parte del cura, pero lo cierto es que fue expulsado de la iglesia por el papa Benedicto XVI por su implicación en abusos sexuales a decenas de menores. Nada cambia, ni la presencia de sacerdotes pederastas en la orden ni su labor sistemática de encubrimiento. Quizá la única novedad es que se demuestra que estos pederastas también son heterosexuales.

OTAN NO, BASES FUERA

Se nos antojan tiempos de melenudos, porretas, gafapastas, libertarios con sandalias, pacifistas con felpa, estudiantes de filosofía y letras y "progres" de diverso pelaje, aquellos años donde, por primavera, se convocaban marchas bajo el lema "OTAN no, bases fuera". Pero los ultras se han empeñado en apoderarse, incluso, de los lemas izquierdistas del pasado. Así, hace unos días, Musk, ese enfermo mental con mala baba aupado a perro guardián de Trump (auguro que se acabarán mordiendo mutuamente las pelotas) vociferaba (estos fachas no saben hablar "como las personas") que quiere que EE.UU. salga de la OTAN y así poder ahorrarse el "pagar por la defensa de Europa". Esta gente ya sólo está dispuesta a pagar a sus putas, pero no a sus queridas a las que maltratan. Hubo una época donde creímos que el tío Sam defendía las libertades y la democracia porque años antes sus chicos se habían dejado la vida en las playas de Europa en una guerra donde, no lo olvidemos, le obligó a entrar el bombardeo de Pearl Harbor. Fue así como les regalamos 275 bases militares en Europa. Pero, tras votar a un degenerado como Trump, lo que hay que hacer es echarlos, aunque sólo sea porque nos van a arruinar con el dineral que exigen y porque los americanos de hoy respaldan a un tipo partidario de la razón de la fuerza y de repartirse el mundo con otros fascistas. A Vance, el vicepresidente americano más joven -y quizá más necio- de la historia, lo ha enviado Trump a asustar a Europa. Esta gente se cree el nuevo «sheriff» dispuesto a imponer su alternativa ultra mientras los demás les besamos el culo. Vance es como su jefe: eurófobo, populista, negacionista, defensor de Putin y adalid del nuevo fascismo. Persigue a los abortistas y ateos como un macartista, y da la vara a los europeos con la "libertad de pensamiento". No sé si estos tipos son más cínicos o más imbéciles. Lo que les molesta de Europa es que es el único bastión en el que se mantienen algo del Estado de Bienestar, los derechos humanos y esa "porquería" woke que tanto odian. Por eso cargan contra el feminismo, el ecologismo o cualquier forma de diversidad. Son mentirosos redomados. Son la trinidad imperial, de la mano de los oligarcas digitales, que quiere pulverizar las democracias y convertirlas en ceniza. Tal vez para aparecer en la tele, como su secretario de estado, con una cruz de ceniza sobre la frente.

Shopping militar

"Naturalmente, la gente común no quiere la guerra. Es comprensible. Pero, después de todo, son los líderes del país quienes deciden. Y siempre es sencillo arrastrar al pueblo. Siempre se puede doblegar al pueblo. Es fácil. Lo único que hay que hacer es decirle que lo están atacando y denunciar a los pacifistas por falta de patriotismo y por poner en peligro al país. Funciona de la misma manera en todas partes”. Para los despistados, estas palabras son del nazi Hermann Göring. Fue un sujeto despreciable, un monstruo, un genocida, pero era un tío listo. Y lo peor, en este tema llevaba razón. Solo tenemos que estar atentos a las noticias para saber que, empujados por otro sujeto despreciable como Trump y temerosos de lo que pueda hacer un tercer monstruo, como Putin, los europeos han decidido irse de shopping para comprar bombas y con qué tirarlas. Me gustaría tener esa mansedumbre aldeana, ese freno mental que te impide degradar con furia incluso las más burdas opiniones de los más crueles e imbéciles seres humanos. Benditos sean los que así obran. Pero yo me cago en esa patulea de degenerados que resultan tan seductores que logran difundir con gran éxito sus poco respetables sinrazones en noticiarios y redes. Total, que Europa se va de shopping al Corte Inglés de las bombas como una Pretty Woman a la que ha seducido el putero tocinero que reside en el Capitolio. Que Europa anuncie su rearme -como si hasta ahora sólo hubiéramos podido defendernos con un palo- a mí, en lo más íntimo, me inquieta, porque no soy de los que aprecian el olor a napalm por las mañanas. Y además me duele como europeísta, algo que comenzó como una forma de no ser tan español, tan vasallo de aquella España de miedos, cuarteles, odios, misas y vergüenzas. Entiendo el miedo de la gente. Lo que no entiendo es su falta de pensamiento crítico, que aplauda el rearme sin caer en la cuenta que los tropecientos mil millones que nos va a costar la broma tiene que salir de algún sitio; que este "noble" rearme de la vieja Europa le va a costar al año a España lo mismo que dedica a sanidad, educación y dependencia juntas; que no repare en que las bombas se echan a perder si no las usas enseguida, como la vitamina de los zumos de las madres, y habrá que reponerlas con frecuencia tirando de los catálogos que nos ofrece el tío Sam, que ahora ya no nos protegerá sino que, por el contrario, nos chulea con quedarse con la mitad de los recursos de Ucrania o de okupar Groenlandia. Pero si hasta Reino Unido ofrece  jovencitos británicos para mandar a Ucrania para animar el cotarro y favorecer a su amo americano. Aunque ya veréis como casi todos los británicos que vayan voluntarios al frente serán de piel morena. Tan difícil es adivinar que con esto vamos a sacrificar médicos, maestros, barrenderos, bomberos, biólogos, ingenieros, veterinarios, cuidadores y lo que haga falta para pagar el shopping que nos han programado este finde contra Rusia. Y cuando todo empeore la gente se cabreará más todavía y correrá a buscar la papeleta de Vox, que lo mismo seguirá estando financiado por Putin. Mientras, poneos guapos que nos vamos de compras.

Feminismo y Feijoismo

Las declaraciones de Feijoo a propósito del 8M han acabado siendo un reflejo del propio personaje: un esperpento. En pocos minutos ha elaborado un catálogo sublime de estupideces a base de ideas de una condescendencia insultante para las mujeres, paternalismo patriarcal a tiempo completo y cuñadismo de reunión de "machos de bien" frente a una barra de tasca de barrio. Dice que el feminismo “de verdad” es “por el que lucharon nuestras abuelas y madres". Por supuesto obvia decir que nuestras madres y abuelas tuvieron que soportar el machismo patriarcal intrínseco de la sociedad de la época y la discriminación sistémica aplicada por el franquismo contra las mujeres. Este tipo con cara de comercial de Santa Lucía obvia referirse a las medidas draconianas que en la dictadura incapacitaban legalmente a las mujeres, convirtiéndolas en dependientes de sus maridos, padres o del Estado. No recuerda que la libertad de asociación fue un derecho negado por el director a las mujeres. Olvida que necesitaban el permiso de sus tutores varones para trabajar y había muchos trabajos de los que estaban legalmente excluidas. El franquismo prohibió a las mujeres practicar deportes o entrar en cualquier centro o club deportivo sino era solo para mujeres; abrir una cuenta bancaria, comprar una vivienda, viajar sola sin permiso del marido... Pero si hasta una delirante ley dictaminaba que los hijos eran del padre, y punto. El señor Feijoo, incapaz de condenar el franquismo, acepta un régimen cuyo objetivo era adoctrinar mujeres conformes y dóciles al sistema político y al hombre. Y tiene la jeta de expedir certificados de autenticidad para ser feminista. También dice este doctor de la hermeneútica feminista que la izquierda manipula a las mujeres, cosa que sólo es posible si tienes la idea de que éstas son seres cortos de entendederas, sin criterios propios, mentalmente dependientes y, por todo ello, manipulables. ¡Demencial! Y no tiene precio su idea de que "hay que celebrar el Día de la Mujer, pero no puede haber un día de la mujer, son todos los días". ¡Frase de cuñado con el palillo de la tapa de bravas entre los dientes! Podría haberse adornado con otras como: "¿Para cuándo un día del hombre?"; "Ahora todo es machismo"; "el feminismo de odiar al hombre no me representa"; "cómo voy a ser machista si tengo madre y hermanas"; "A mi alrededor no veo brecha salarial ni techos de cristal"; "Ni machismo, ni feminismo, igualdad". Pero si dijo eso de "feministas eran las de antes" y, de paso, aprovechó para sacudir al gobierno aprovechando el día de la mujer. Vox, en esta lucha, ni está ni se le espera. En todo caso sigue estando enfrente. Pero si hasta cuando se alcanzan las 1.300 mujeres asesinadas por violencia machista -desde 2003- sigue negando la violencia de género. Pero ellos quieren mujeres como Dios manda, sumisas, calladitas y tontas. De lo contrario son "marimachos", envidiosas, locas o feminazis.

Todo se compra, todo se vende

La gran desgracia de este mundo en este momento es que todo lo que vemos, todo lo que sucede, todo lo que tenemos, ansiamos y esperamos está hilvanado por el hilo del mercado. Todo se vende, todo tiene un precio, todo se compra. Todo. Aunque no sea intercambiado por dinero. Hablo de la idea de que todo es consumible y que ese consumo radica en el poder, y que ese poder nace de la voluntad y del ego. Apenas hay rastro de ética ni noción de comunidad en este razonamiento tan descarnado. El problema es que lo que nos hizo y nos hace humanos tiene que ver con la creatividad, con la solidaridad, con la colaboración, con la protección de los más débiles, con el desarrollo espiritual... Ni rastro del materialismo, ni rastro del consumismo. Mucha gente ya no es siquiera capaz de vivir plenamente una experiencia cualquiera, tan sólo la consume. Hasta la más inocente de las vivencias se convierte para muchos en una cáscara hueca porque no tiene un sentido que la integre en la sabiduría humana. Y no hablo de conocimiento, tan consumible también, sino de sabiduría, que comporta profundidad, criterio, entrañamiento, reflexión y discernimiento; experiencia compartida y dialogada, pues somos seres sociales. Pero no hay sabiduría en convertir todo en un objeto que sirve a nuestras necesidades y caprichos. Pero si hasta hay gente capaz de votar a un partido de ultraderecha o explícitamente fascista para consumir su autoritarismo como herramienta para satisfacer privilegios o para castigar -que es otra forma de intercambio utilitarista sin aprendizaje- a lo que le es ajeno. Podemos consumir una ideología para convertirla en el eslogan de una camiseta. Podemos consumir palabras para desfigurarlas: libertad, patria..., o para vaciarlas de contenido: fraternidad, respeto, amor al prójimo... Podemos consumir un planeta, el único planeta; podemos consumir nuestras relaciones personales, familiares o de amistad en redes sociales. Podemos consumirlo todo. Hasta podemos consumir la vida en fuegos fatuos, inalcanzables, porque no tenemos el suficiente dinero para comprar todo aquello que los hace brillar. Pero también podemos elegir no hacerlo. Dejar de acumular trofeos en forma de logros personales, títulos enmarcados, hijos sobreexpuestos, amigos y conocidos en una agenda, selfis en museos, pisos para especular; dejar de alimentar la narración capitalista del estatus para enfocarnos en lo que nos hace humanos. La mejor metáfora de nuestro tiempo es la de gente que invierte dinero en comprar dinero que le hará ganar más dinero. Pero el dinero no puede comprar el tiempo, ni la inteligencia, ni la bondad. Ni la vida.