Simone de Beauvoir, en su obra "Plenitud de la vida", anunció que había dejado de creer en Dios. Lo hace con la misma calma con la que uno constata que se ha terminado el café. Sin gran asombro. Cómo un tramite más. No hay angustia, no hay alivio, no hay preocupación. Ojalá pudiera yo hacer lo mismo. Porque yo también he perdido cosas. La fe, sí, pero también la confianza en la política, la creencia en el progreso, la certeza de que el esfuerzo conduce a algún lugar y, a veces, hasta la creencia en el ser humano, que sólo recupero ante la mirada sincera, la voz serena, la paz interior y la mano tendida de muchas personas. Lo malo es que estás pérdidas ya no las vivo con gran asombro. Las vivo, simplemente, como el estado natural de las cosas. La diferencia con Beauvoir es que ella sabía lo que había perdido. Yo, muchas veces, ni eso. Vivimos en una época de desesperanza difusa. No la desesperanza dramática de quien ha apostado todo a algo y lo ha visto derrumbarse. Esa, al menos, tiene dignidad, tiene historia. Es una desesperanza más cotidiana y más insidiosa, la del que se despreocupó de la posibilidad de perder lo que nunca creyó posible perder. Es el rescoldo del que ha visto incontables promesas incumplidas, suficientes ídolos caídos, tantas causas que se corrompieron antes de llegar a ningún sitio. La desesperanza no es gratuita; tiene sus razones. Realmente, mi generación, no ha peleado contra nada ni ha perdido nada en combate pero pierde a chorros lo que creía tener asegurado. Pasa con el amor, del que esperamos tanto que cualquier cosa real resulta insuficiente. Con el trabajo, del que queremos que sea vocación y pasión y propósito y sustento económico, y que acaba siendo algo que inevitablemente defrauda. Con un sistema que te ahoga y te pisa el cuello. Con la política, a la que pedimos tanto que cuando no nos lo da concluimos que toda política es corrupción o promesas incomplidas. Y entonces decimos que todo es una decepción, cuando quizá el problema es que hemos construido un mundo con criterios que ninguna cosa concreta puede cumplir. Beauvoir llegó a la conclusión de que Dios no existe para ella. Nosotros llegamos a la conclusión de que nada merece la pena. Ella encontró libertad en la ausencia. Nosotros encontramos, con demasiada frecuencia, parálisis. Nos han enseñado a esperar que las cosas nos convenzan pero no a comprometernos con ellas. Y las cosas, que son imperfectas y frágiles y temporales, rara vez convencen a quien necesita ser convencido. Esa es nuestra gran tragedia.
Vivir es intentarlo infinitas veces
miércoles, 11 de marzo de 2026
*El Gran Israel del genocida Netanyahu.
Por si hubiese alguna duda de que la de Irán es una guerra provocada por el genocida estado de Israel, con la inestimable ayuda de Trump, sólo tenemos que mirar lo que está pasando en el Líbano. ¿Por qué el estado judío, inmerso en una guerra de grandes dimensiones con Irán "distrae" fuerzas para atacar militarmente a Líbano? La excusa vuelve a ser Hizbulá. Pero Líbano lleva en guerra con Israel desde que se creó en 1948. Hizbulá ni tan siquiera existía. La novedad es que, ahora, el genocida Israel no sólo mata musulmanes, ahora también asesina cristianos. Novedad relativa, porque hace año y medio 21 personas ya murieron en un bombardeo israelí contra una aldea de mayoría cristiana ubicada en el norte del Líbano, donde, desde que se iniciaron los ataques contra Irán, Israel (dopado con las armas que le proporciona EE.UU.) ya ha provocado 570 muertos y 759.000 desplazados. La penúltima barrabasada de Israel la ha sufrido la comunidad cristiana de la ciudad de Tiro. El 90% de los cristianos se han ido ya, conforme los bombardeos israelíes se cebaban en la mayor ciudad de la región fronteriza del Líbano. El resto se mantiene concentrada en una esquina de la ciudad antigua, atenazados por el miedo después de la muerte de dos cristianos a manos de las fuerzas de Tel Aviv, incluido un conocido sacerdote -muy cercano a los cascos azules españoles- cuando ayudaba a afectados por un ataque anterior. Morir bajo las bombas mientras intentaba ayudar a un feligrés. El Papa ha expresado su "profundo pesar por todas las víctimas de los bombardeos, por las numerosas personas inocentes, entre ellos muchos niños, y por quienes las ayudaron, como el padre Pierre El-Rahi, sacerdote". La excusa de Israel es Hizbulá, como Hamás lo fue en Gaza, pero la realidad es que hace años que Israel quiere anexionarse la parte sur del Líbano. Los ataques israelíes, que pasan casi desapercibidos por los dirigidos a Irán, han provocado ya una crisis humanitaria y el desplazamiento de miles de personas, incluyendo un éxodo de cristianos del sur del Líbano, donde muchas de sus propiedades e iglesias han sufrido daños o destrucción total. Es evidente que cuando Israel se apodere del sur del Líbano, hasta los cristianos les molestarán a estos supremacistas en su objetivo de construir el "Gran Israel", ese concepto político-religioso defendido por la ultraderecha israelí que busca expandir las fronteras del Estado basándose en interpretaciones bíblicas de la "Tierra Prometida". Esta estupidez incluiría la totalidad de Cisjordania, Gaza, sur del Líbano, partes de Jordania, Siria, Irak y Egipto. Así que tenemos más genocidios a la vista.
martes, 10 de marzo de 2026
*El negocio de Irán
Por si no había suficientes problemas y crisis, y por si los niveles de violencia verbal y crispación no fueran ya insoportables, ahora tenemos un nuevo frente: la guerra de Israel -porque esta es la guerra de Israel con la ayuda de EE.UU.- contra Irán. Suele decirse que se sabe cómo empieza una guerra pero no como termina. Pero, ahora, el inicio de algunas guerras es tan complejo que no sabemos dónde está. Hace cuatro años se inició la guerra de Ucrania. Algún día sabremos el papel jugado por EE.UU. en las "provocaciones" para que Rusia actuase. Después logró, a través de las sanciones, que Europa redujese su dependencia energética de Rusia para que aumentase la compra de su petróleo y gas natural, mucho más caro que el ruso. ¡Menudo negocio para EE.UU. Menuda "ruina" para Europa!. Nada más iniciarse este año, EE.UU. interviene en Venezuela, "requisa" su petróleo y lo vende en el mercado internacional. El siguiente paso es llevar la guerra a Irán, sabiendo que ello provocaría el cierre del estrecho de Ormuz (por él circula diariamente una quinta parte del comercio global de petróleo, así como el 20% de los metaneros), alterando el mercado de petróleo y gas y disparando su precio. Esto lo pagamos casi todos. "Casi" porque el que ya se está lucrando con toda esta situación es el sector de hidrocarburos estadounidense, principalmente sus compañías gasistas -muy "mimadas" por Trump- que se van a beneficiar porque, vendiendo el mismo volumen de gas a Europa, ya han multiplicado el precio de su gas por cuatro. Goldman Sachs, conocida firma experta en sacar provecho en situaciones de caos global, ya habla de probables aumentos de hasta el 130% del precio del gas en Europa y de más de 1.000 millones de dólares a la semana en beneficios extraordinarios para las empresas americanas como consecuencia del conflicto. Además, más del 80% del gas y del petróleo del golfo Pérsico, hoy cerrado al paso de buques, tienen como destino Asia. China es la principal damnificada. ¡Negocio redondo!: te lucras con la guerra, perjudicas económicamente a tus principales rivales comerciales (China y la UE), disparas el negocio de tus empresas de armamento y, con los beneficios extras, financias la última chulería militar de Israel en su objetivo de machacar a los árabes para hacerse con "el Gran Israel". Y después tocará levantar el gran resort del Caribe sobre las ruinas de Cuba, que Trump tiene que agradar también a sus empresas constructoras, hoteleras y fondos de inversión. Y Europa, lamiéndole la bota.
lunes, 9 de marzo de 2026
*Capitalismo de identidad
Cada vez más gente queda atrapada por el "capitalismo de identidad", ligado a las redes sociales y que conduce a un exhibicionismo que puede ir de lo antiestético a lo grosero, de lo irracional a lo estúpido. A veces es signo de ignorancia y hasta de desesperación; y en el mejor de los casos, la resignación de incluir la identidad en redes sociales, perfiles laborales y demás plataformas por mera supervivencia. Como resultado de todo esto surgen personalidades narcisistas, por adorarse, gustarse y recrearse en su propia contemplación, donde el selfie, resulta como la opción más popular. Por ello, no es de extrañar que este hábito domine la comunicación social y por tanto sea ya, algo inherente a nuestro YO. El narcisismo nos invade a consecuencia de la globalización de las redes, la inmediatez y la fugacidad, que conducen a un individuo egoísta y despreocupado de su pasado y su futuro. Llegó así la era del hedonismo y el individualismo fruto del desencanto y la desconfianza hacia todo. Llegamos así a la estupidez suprema: se rechaza la verdad para abrazar el bulo; se niega la ciencia para validar el negacionismo; se margina a los que saben para dar voz a los ignorantes. El narcisismo ha abolido lo trágico y aparece como una forma de apatía que mantiene una profunda indiferencia hacia el mundo, donde no preocupa el futuro, solo interesa el presente y el yo. Pero es un presente putrefacto que convierte en normal y aceptable la superficialidad y la bellaquería de políticos impresentables, reyes campechanos, celebridades y estrellas del fútbol. Perdidos y hundidos en la más profunda decepción de nuestros ejemplos a seguir, asimilamos y adaptamos sus comportamientos. Paradójicamente el exhibicionismo nos lleva al aislamiento y a la descomposición de nuestro ser social, cada vez más individualista, al YO que no sabe mirar más allá de su ombligo; el que salva su culo y el que venga detrás que arree. El YO que, sometido a la basta cantidad de información, estímulos y tareas, es capaz de creerse todo y de no creerse nada, o más bien, el YO narcisista, que solo cree lo que le interesa creer y que defiende su razón, aunque eso lo convierta en un fraude.
sábado, 7 de marzo de 2026
*Anguita y el presente
"Estados Unidos ha vivido siempre de depredar, de robar, de matar. Ha intervenido en donde ha querido, ha hecho lo que le ha dado la gana, ha quitado y ha puesto gobiernos. Lo ha hecho, además, con un discuso que a mí me resulta pueril, propio de mentes poco inteligentes si no fuese porque tienen bomba atómica. El discurso de Bush sobre la lucha del bien y del mal, sobre que América está llamada a..., me recuerda a un tal Adolfo Hitler", que afirmaba lo mismo con Alemania. Sólo hay que comparar el "América tiene que..." con el "la raza aria tiene que...". Y no olvidemos una cosa: todos los fascismos se caracterizan por su simplificación: el bueno y el malo. El bien contra el mal. Y, además ¿quién es el malo? Pues lo dice EE.UU. Sus presidentes pusieron en marcha el concepto de "guerra preventiva": Dicho de otra manera: yo pienso que usted me va a atacar. ¿Qué razones tengo? Ninguna, pero no sé, se lo veo en la mirada, lo intuyo. Por tanto, yo le declaro la guerra a usted. ¿Y por qué? Porque es terrorista". (Palabras de Julio Anguita en una entrevista que le hizo Jesús Quintero en el año 2003).
Pero, ¿qué es terrorismo? ¿Quién lo define?. Pues el poderoso, el canalla, el psicópata, el genocida. Quienes han destrozado el marco de diálogo y negociación creado tras la segunda guerra mundial; quienes desprecian la legalidad internacional; quienes burlan la autoridad de organismos internacionales como la ONU o el Tribunal Penal Internacional; quienes tienen capacidad -y la utilizan- de asesinar cuándo, dónde, cómo quieran y a quién quieran; los que secuestran a jefes de estados soberanos, los que perpetran matanzas indiscriminadas asesinando a miles de civiles; los que bombardean escuelas y hospitales; los que asesinan a periodistas en zonas de guerra; los que amenazan con incursiones militares a sus vecinos; los que utilizan el hambre como arma de guerra; los que pretenden quedarse con territorios de sus propios aliados; los que rezan para matar más y mejor; los que entierran vivos a los soldados enemigos; los que asesinan impunemente a trabajadores humanitarios en una proporción jamás vista en ningún otro conflicto armado... Qué poco han cambiado las cosas en 23 años.
*Otro 8 de marzo
El almanaque me resulta tedioso. Es un bucle interminable, un cansino "déjà vu", un castigo de Sísifo, el año de la marmota hecho agenda. Menos mal que recoge días como el 8 de marzo que te llevan a reflexionar, a valorar, a tomar partido. Con la que está cayendo, que son chuzos fascistas de punta, celebrar el 8 de marzo es más necesario que nunca. Quizá sea que cuando oigo hablar a un fascista siempre pienso (yo soy más de pensar, ellos de gritar consignas) que lo correcto es lo contrario. Ellos están "cansados" (bueno, ellos dirían "hasta los huevos", que es más testosterónico) de feminismo y de "feminazis". Creen que no son necesarias las políticas de igualdad, que el feminismo ha ido demasiado lejos, que la violencia de género no existe. Y, como son lerdos y mentirosos por naturaleza, debemos pensar lo contrario. Ellos, desde su visión patriarcal y "macho supremacista" de la vida, piensan (con perdón) que el feminismo es un problema. Pero el problema, aquí, en Afganistán, en Israel, en Arabia Saudita o en la América trumpiana, es el machismo. El problema de los hombres no es el feminismo. Parece una obviedad, pero conviene recordarlo. El feminismo es sólo un inconveniente, una incomodidad, una china en el zapato para los machistas. Parece una obviedad, pero conviene recordarlo porque el "facherio" y el "macherio" (todo facha es machista, pero no todo machista es facha) cada 8 de marzo vuelve a sentar al feminismo en el banquillo de los acusados. Es cansino ver cómo las fuerzas retrógradas de este país se empeñan en seguir sometiendo al feminismo a cuarentena y a mantenerlo bajo sospecha, negándose a que sea una conversación de sentido común. Hoy la ola reaccionaria ha encontrado en el discurso antifeminista un filón para fomentar y canalizar el malestar de muchos hombres, especialmente jóvenes. Han puesto en marcha una industria de la misoginia, dopada por los algoritmos, que les bombardea con miles de mensajes que fomentan el resentimiento y el agravio. Un ecosistema que alimenta la desconfianza hacia el feminismo, culpándolo de su baja autoestima. El resultado está a la vista. Miles de jóvenes, y no tan jóvenes- identifican el feminismo -y en muchos casos a las propias mujeres- como el origen de sus problemas: la precariedad, la soledad, la ansiedad, las dificultades materiales... Pero el mundo facha ya nos tiene acostumbrados a esto: para ellos, por ejemplo, la culpa del cambio climático la tienen los ecologistas. Así que conviene celebrar el 8 de marzo para recordar que sigue siendo necesario reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres, condenar la violencia contra la mujer o respetar la diversidad sexual. Pero también para afirmar que no compramos la mercancía tóxica y averiada de la extrema derecha y que estamos comprometidos con un mundo más libre y justo.
viernes, 6 de marzo de 2026
*Trump y el diablo
Es difícil encontrar una imagen más inmoral y obscena que la de Trump en el Despacho Oval rezando rodeado de pastores evangélicos. Podría titularse: "A Dios rogando e inocentes asesinando". Sólo puede definirse como un vomitivo espectáculo político-religioso. Es la religión convertida en escenografía de poder y propaganda para adular a un psicópata. Son los mismos que dicen que Irán es un régimen satánico dirigido por fanáticos religiosos. Lo más parecido a un aquelarre o a una liturgia inquisitorial. La reunión fue organizada por la "Oficina de Fe de la Casa Blanca". Sólo la existencia de un órgano como este demuestra el carácter irracional y putrefacto de la administración Trump. Las ideas religiosas de este energúmeno son otra muestra de sus taras mentales, su enfermizo narcisismo y su depravada moral. Su referencia es la Biblia "Dios bendiga a los Estados Unidos", también conocida como la Biblia de Trump, llamada así porque él mismo la promocionó en 2024, vendiéndolas a 60 dólares. El libro es un engendro propagandístico, sectario, manipulador y ultranacionalista. Incluye textos "patrióticos" estadounidenses como la Constitución o la Declaración de Independencia. El resto es una antología o compilación de textos, algunos de ellos manipuladoramente incompletos, en el ámbito de la religión civil estadounidense y el trumpismo, una edición de la versión King James de la Biblia cristiana y textos relacionados con la fundación y la política de EE.UU. ¡Apesta a panfleto ultra de tintes pseudo religiosos! Por su parte, la relación entre Trump y gran parte de la base evangélica blanca en Estados Unidos es también obscena. Estos líderes religiosos de abultada cartera le han prestado un sólido apoyo político, ignorando sus repetidas polémicas, escándalos sexuales, mentiras reiteradas y el uso de un lenguaje que muchos considerarían obsceno u ofensivo. Su apoyo es incondicional frente a los escándalos del sátrapa, con el argumento de que "todos somos pecadores" o han minimizado sus comportamientos al centrarse en sus logros políticos. Incluso tras la difusión de grabaciones con comentarios obscenos en 2016 o las condenas por abuso sexual en 2023, la lealtad de este grupo no se ha visto mermada. Algunos líderes evangélicos, en su estulticia, han defendido a Trump comparándolo con figuras bíblicas como el rey David, argumentando que Dios puede utilizar a personas imperfectas o "pecadoras" para lograr fines divinos. En el fondo es una relación mercantil. A cambio de su apoyo Trump les "regala" el nombramiento de jueces conservadores, la lucha feroz contra el aborto, la defensa de la "libertad" religiosa y el traslado de la embajada estadounidense a Jerusalén.