miércoles, 29 de julio de 2026

Ser tonto es una condición.

Ser tonto es una condición. Ser imbécil es una decisión. Si los bosques gritaran mientras se consumen, quizá algunos se darían cuenta de lo imbéciles que son. Pero solo crepitan. Y ese sonido, al parecer, no compite con la estéril y cansina bronca política o con el último estúpido gurú de internet explicando que la Tierra es plana, las vacunas enferman y el cambio climático es una conspiración para vender coches eléctricos y una alucinación de los "ecohistericos y su agenda ideológica". Menudos mostrencos. No saben que detrás de cada gran incendio no hay terreno: hay siglos, hay tiempo, hay equilibrio natural. Hay vida. Cada gran incendio calcina nuestra salud y nuestro futuro. De estos necios sólo escuchamos frases pronunciadas con la seguridad de quien jamás ha dejado que un dato científico le estropee una absurda opinión. Están tan al margen del conocimiento que "creen" -ellos no piensan, sólo creen- que su opinión tiene salvaguarda legal, "saber" no. "Los incendios siempre han existido" ululan, pero no aportan ni un solo dato, no ofrecen ningún matiz no aportan ninguna explicación. La diferencia entre una persona informada y un negacionista es que la primera cambia de opinión cuando aparecen las pruebas; el segundo cambia de canal, pero no su soberbia de ignorante. Ante un incendio está gente sólo ve el paisaje y su repercusión en el turismo o el negocio agrario, porque tratan los bosques como si fueran decoración para monetizar o nicho de negocio. Ni se les ocurre pensar que cuando arde un bosque no solo desaparece la vegetación: Se esfuman también insectos, anfibios, aves, mamíferos, hongos y microorganismos que sostienen un equilibrio del que depende, entre otras cosas, nuestra comida. También desaparece una inmensa fábrica biológica que captura dióxido de carbono y produce oxígeno. Ni se les ocurre pensar que en un incendio se pierde la infraestructura natural que limpia el aire, retiene y regula el agua, enfría el clima y hace posible la vida. Sólo están pendientes de sus estúpidas ideologías y del. dinero. Dinero para hoy, miseria para mañana. La naturaleza no lee comentarios en X ni vota en las urnas pero es víctima de esos negacionista que basan su andamiaje mental en unos cuantos vídeos de cuarenta segundos y un "cuñao" con conexión a internet. Y se suman a esa rémora de borregos que aplauden al lobo, que además de mirarlos con hambre y desprecio, no tiene vergüenza.

España arde por los cuatro costados.

España arde por los cuatro costados. Arde como todos los años, pero más que todos los años, peor que todos los años, porque las medidas para prevenirlo no se toman como debieran. Porque se prefiere invertir en otras cosas. Porque se privatiza lo público para beneficiar a la empresa privada. La mayoría de los medios aéreos para extinción están en manos del "cártel de los incendios" que consiguió la exclusividad del servicio gracias a mordidas. Un histórico consejero del PP valenciano fue condenado por participar en una trama corrupta para alterar la adjudicación de los contratos de extinción de incendios en el sector de la navegación aérea. Porque no se limpian los bosques amparándose en la mentira de que la ley lo prohíbe. Porque el 70% de la propiedad de montes está en manos privadas y a sus dueños "nadie les dice lo que tienen que hacer en su casa". Porque el cambio climático -ese que muchos niegan- está aquí y corre más que el propio fuego. Porque a los bomberos forestales se les contrata temporalmente por cuatro perras y se les mantiene con convenios caducados y sueldos congelados desde hace años. Porque las empresas privadas que los contratan no les dan formación, no les proporcionan el material adecuado ni los medios necesarios. Porque los partidos de la derecha están firmando pactos para rechazar lo que ellos llaman "agenda ideológica medioambiental". Porque la forma adecuada para prevenir y extinguir incendios demandarían una inversión pública alta y constante en un momento en el que la mayoría de la población babea ante las promesas de bajar impuestos. Mientras, los responsables hibernan en sus despachos con calefacción invirtiendo en iluminaciones, fiestas y cabalgatas. En verano, encienden su aire acondicionado y rezan para que no haya incendios y, si los hay, se afanan en construir un relato, con su cinismo iletrado, y una iconografía mórbida para una sociedad palurda que se traga casi todo. Se desplazan al lugar de incendio, lo bastante lejos para que no les afecte el calor y el humo, y allí se afanan en lucir palmito con un "outfit" especial para incendios. Allí comienzan también a sacudirse sus responsabilidades e intentar cargarlas en la espalda de otros. Bueno, algunos como Abascal pasan los incendios criticando desde su yate en la costa asturiana y apoyando a su alcalde acusado de provocar un incendio en Guadalajara por incumplir las normas. Y Feijoo, el día que se ampliaba la emergencia nacional por los incendios a Toledo -además de Ávila y Madrid- se fue a Santiago a pasar el día del apóstol, para después mostrar su supina ignorancia o su amor por la mentira -o ambas cosas- culpando a "leyes restrictivas" de impedir el desbroce y la prevención, algo que defiende la extrema derecha y desmienten ilustres juristas, ingenieros de montes, expertos en gestión forestal y, en general, la gente decente y bien informada.

martes, 28 de julio de 2026

Hasta el moño de egoístas

Estoy hasta el moño. Me crispa. Me hastía verlos. No sé si os habéis fijado, pero en este mundo hay mucha gente y muy pocas personas. Cada vez más gente vive en un eterno "su majestad el bebé"; es decir, que vivimos rodeados de adultos que no quieren abandonar la fantasía narcisista de haberlo sido todo para sus padres. Con tanto narcisista es imposible que esta sociedad viva en armonía. Hemos creado una sociedad egoísta, en el mal sentido de la palabra, si es que la palabra egoísta tiene alguna acepción que no sea creerse el centro del Universo. El nuevo deporte nacional es quejarse. De todo. Con un aire de superioridad moral, un tono de enojo e irritación y un trasfondo de populismo barato. Vivimos los incendios forestales más graves y extensos de la historia. Ninguna sorpresa para los que les duele la boca de advertir sobre las consecuencias del cambio climático. Ese que muchos de los que ahora se quejan con la yugular hinchada niegan. Esos que aprovechan la presencia de una cámara para quejarse de todo: "Nos han dejado solos. Nos han abandonado. Nadie ha venido a ayudarnos. Nadie hace nada". Eso pese a que en la zona están presentes más  medios que nunca para intentar controlar un fuego incontrolable, que afecta a decenas de miles de hectáreas con frentes de decenas de kilómetros. Ahora se ha dado un paso más: se ha emprendido un ataque inmisericorde contra los bomberos, contra los mandos y los miembros de la UME, contra miembros de las fuerzas del orden y protección civil. Los que despotrican -algunos- lo hacen en un estado de tensión y nerviosismo. El fuego ha afectado a sus propiedades, sus negocios, sus pueblos. Pero no todo vale. Mucha gente pretende encontrar dos coches de bomberos delante de su casa, para proteger su propiedad, sus vehículos, sus animales... Mucha gente pide medios, muchos más medios. Y que éstos estén a su disposición. Todo el mundo pide: más medios, más servicios, más personal, más ayudas, más todo. Pero casi nadie quiere dar. Todo el mundo se queja de los impuestos, y muchos votan a los que prometen reducirlos. Todos exigen que se prevenga, que se haga, pero se quejan cuando se les imponen obligaciones. Las derechas, esas que incumplen sus obligaciones respecto a las políticas forestales, las que congelan presupuestos para tal fin, las que maltratan laboralmente a los bomberos forestales -esos a los que exigen que arriesguen su vida por un contrato temporal de 1300 euros- ofrecen como única aportación que se eleven las penas a los que provocan incendios. Pero, ay... A las dos de la tarde se inició el incendio forestal de La Mierla, en Guadalajara. Unas horas antes Rubén Marchamalo cosechaba cereal en su finca, al lado del pinar. Fue visto hablando con el conductor de un camión del grano mientras la cosechadora estaba trabajando. Al día siguiente las autoridades señalaron a la cosechadora de cereal de los Marchamalo como responsable del inicio del del fuego que acabó calcinando 35.000 Ha (el 95% dentro de un parque natural). Días después se convoca una concentración anónima en defensa de Marchamalo, el alcalde de VOX de Robledillo de Mohernando. Porque esa gente que acusa a otros de no hacer nada tiene muy claro que, a ellos, "nadie les va a decir lo que pueden o no pueden hacer" en sus casas, sus fincas, sus pueblos.


A esa hora, según eldiario.es, Ricardo Jiménez, alcalde de La Mierla (PSOE), coincidió con Marchamalo a 500 m de la finca. El alcalde de VOX 

lunes, 27 de julio de 2026

Puto internet

Somos una especie que ha basado buena parte de su desarrollo en la comunicación. Esto podría ser una ventaja en un momento donde la información circula como nunca. Pero la información es como un cuchillo, que puede servir, al mismo tiempo, para untar mantequilla o rebanarle el cuello a un semejante. Hay mucha gente que cree que el ecosistema que habita en internet es un territorio de libertad y son ellos los que toman las decisiones. Nada más lejos de la realidad. Las plataformas digitales convierten la aparente libertad de elección en un sofisticado mecanismo de control: creemos actuar espontáneamente cuando, en realidad, nuestras preferencias son moldeadas por sistemas cuyo modelo de negocio consiste en captar nuestra atención y mercantilizar nuestros datos. Pero hay algo peor: lo que mucha gente cree que les ayuda a relacionarse, en realidad les aísla. Antes de las redes la presencialidad era la norma, nuestra identidad dependía en parte de la validación directa de los demás y moldeábamos el yo a partir de las interacciones y de las respuestas inmediatas que nuestro comportamiento generaba en quienes nos rodeaban, entrando así en una negociación constante con el colectivo. Si tenías un comportamiento reprobable para el grupo, eras rechazado y acababas cambiando de conducta o buscando otro grupo. Ahora, en el espacio digital, seguimos reuniéndonos, "debatiendo" e informándonos, pero lo hacemos dentro de infraestructuras cuya arquitectura y normas son definidas por actores privados. Y, a menudo, interactuamos con completos desconocidos, gentes de toda ralea y condición: De gente educada a auténticos gañanes, de personas equilibradas a increíbles energúmenos, de individuos francos a otros falsos, interesados, faltones o, directamente, sociópatas. Y, para colmo, el tecnofeudalismo se comporta como una oligarquía global de empresas que controla el flujo y la propiedad de los datos. En la práctica, ello implica decidir quién es visible y de qué manera lo es, premian unos comportamientos comunicativos y penalizan otros, favorecen determinadas ideologías sobre otras... ¿Dónde está en estas condiciones la libertad? Yo te lo digo: en el infantil imaginario de esa gente que cree que a la defensa de derechos se va cabalgando sobre un unicornio rosa.

Calor ha hecho toda la vida"

"Calor ha hecho toda la vida". "Sequías ha habido toda la vida" "Llover a cántaros ha llovido toda la vida". "Incendios ha habido toda la vida" ¡Gilipollas ha habido toda la vida, pero es que ahora...! Los negacionistas de que las cosas cambian son expertos en no escuchar a los que saben, pero muy dados en prestar oídos a los imbéciles, a los irresponsables, a los que tienen intereses para negar la mayor. El negacionismo irresponsable, con su rechazo consciente de datos científicos comprobados y buscando frenar soluciones o proteger intereses propios, está ya rozando la criminalidad. Usan mensajes falsos o contradictorios para confundir a la gente. Difunden bulos, faltan conscientemente a la verdad e imponen un relato falso o distorsionado, pues cuando se crean y propagan mensajes falsos o contradictorios, lo que se busca es confundir a la gente e invitarla a dudar de la verdad. Y, todo ello, para proteger beneficios económicos o políticos a corto plazo. El negacionismo climático activo, el revertir políticas verdes, está liderado por el muy "masculino" movimiento MAGA (recordemos el “perfora, nena, perfora” de Trump) y seguido por los partidos de ultraderecha, que buscan una imposición de una visión arrogante, muy dañina para la mayoría, que no tiene nada que ver con la ciencia, la verdad o la realidad que nos circunda. Es una postura animada por intereses económicos e ideológicos. Es una profunda irresponsabilidad, intolerable. Es fascinante la capacidad que tiene la ultraderecha para camuflar la irresponsabilidad bajo eufemismos y mentiras. Mentir está en su ADN. Se quema el bosque, mueren personas. Pero en lugar de hablar de negligencia administrativa, de recortes, de decisiones políticas erróneas, nos dicen que la culpa la tiene otro. El negacionismo climático es la versión institucional de taparse los ojos ante un camión que viene de frente. No es ignorancia inocente. Es estrategia. Implica recortar en prevención, desmantelar brigadas, boicotear leyes, intentar anular normativas, mentir, mentir, mentir, avisar a otros y mirar para otro lado. Significa priorizar el presupuesto de propaganda sobre el de bomberos. Se repite un guion que conocemos de memoria. Primero, se ridiculizan las alertas científicas. Después, se criminaliza al ecologismo. Más tarde, se improvisa una respuesta tardía y precaria. Y por último, se exportan responsabilidades. Y hasta otra.

Ola triunfos derecha

Asistimos, en medio mundo, a una cadena imparable de victorias electorales de la derecha. Pero detrás de ese giro a la derecha creo que se esconden, más que una conversión ideológica, la ira, el miedo, la inseguridad y una profunda crisis de la democracia. Y la ignorancia. Las políticas educativas animadas desde la OCDE, con su visión economicista, el fomento de conceptos empresariales en la escuela pública, la reducción del currículo y la priorización de mecánicas de evaluación sobre el aprendizaje real, han hecho bien su trabajo. Para entronizar gobiernos de derechas radical ya ni tan siquiera se necesitan buenos líderes. Basta presentar a un imbécil, a un narcisista enfermizo como Trump; a figuras excéntricas y de extrema derecha como Bukele; a sociópatas enloquecidos como Milei; a personajes rastreros y serviles como Corina Machado o a mediocres que sólo sirven de florero político, como el "hijo del cura", para hacerse con el poder. La izquierda lo tiene difícil. Quien vive con miedo, inseguridad o un exceso de incertidumbre, es menos receptivo a los mensajes sobre justicia social. Sobre todo en un mundo forjado a golpe de individualismo y cada vez más egoísta. Los populistas autoritarios ofrecen un relato más sencillo: orden inmediato, un enemigo visible, "prioridad" para quien los vote, uniformidad, fronteras cerradas... El relato es falso pero la gente prefiere comprar la promesa del paraíso que les será otorgado sin mover un dedo. El éxito electoral de la derecha tiene muchas causas. Surge de la ignorancia, de una educación deficiente, de la manipulación informativa, del sometimiento a las redes, del cansancio ante la corrupción y de la sensación de que nadie escucha a la gente común. Muchos ciudadanos no votan necesariamente por "amor al puño de hierro". Votan porque llevan décadas sintiéndose ignorados. La opción autoritaria entra precisamente en ese vacío y promete lo que los partidos tradicionales ya no parecen poder ofrecer: control, claridad y orden. Pero nadie se pregunta a cambio de qué. Los medios de comunicación y las redes sociales desempeñan un papel muy importante. El panorama mediático en muchos países está fuertemente concentrado en manos de grupos económicos y élites políticas. Así, las voces conservadoras, favorables al mercado y contrarias a la izquierda suelen tener más peso en el debate público. A veces, casi un monopolio. Muchos influencers, que viven muy bien de monetizar todo lo que hacen, difunden ideas de derecha en internet y desprecian la cultura. Las redes sociales son decisivas en este sentido: para un alto porcentaje de la población el lodazal de las redes sociales constituye la principal fuente de noticias. Donde ganan las derechas populistas las instituciones se debilitan, los derechos y las libertades se recortan y la ira se acumula. La democracia sigue funcionando en la superficie, pero por debajo se resquebraja. Tras las elecciones una mitad gana por poco, la otra queda atrás con resentimiento y se siente excluida mientras se aplican políticas revanchistas, contrarias al interés público, xenófobas, homófobas... Lo que queda es división, estancamiento económico y bloqueo político. Las élites ganan y los demás pagan las consecuencias. A veces, de manera irreversible. Trump acaba de anunciar, bajo la apariencia de una medio broma, que se presentará a un tercer mandato. Eso lo prohíbe su constitución. Pero, qué más da.

viernes, 24 de julio de 2026

cha, cha, cha

Los más estúpidos niegan el cambio climático o, al menos, opinan que el aumento de la temperatura global, el incremento de catastrófes como sequías o inundaciones o la escalada de la magnitud de los incendios forestales tenga que ver con la intervención humana. Seguramente creen que la culpa la tiene -por este orden- el gobierno, los ecologistas, el feminismo, los inmigrantes, la cultura progre, el que mató a Manolete y el Chachachá. No hay que ser muy listo para darse cuenta de que el aumento de los días de calor extremo y los continuos récords de temperatura crean una situación crítica en gran parte del territorio con la proliferación de incendios forestales, incluso en años húmedos. Antes de que se iniciase el verano buena parte del territorio estaba ya más seco que el ojo de un tuerto. Por eso, el negacionismo climático de una parte de las derechas, además de estúpido, es de una irresponsabilidad insultante. Y los pactos firmados por PP y VOX, que incluyen el rechazo a lo que los ultras llaman la "agenda ideológica" medioambiental y la revisión o exigencia de derogación de normativas de cambio climático, son ya de una irresponsabilidad criminal. Pero a ellos les da igual. Saben que pase lo que pase, hagan lo que hagan, se van siempre de rositas. Sólo hay que acordarse de los más de 200 muertos de la Dana de Valencia y de las "risitas" de Mazón cuando le preguntan por su responsabilidad. Es más, ellos ven éstas catástrofes como una oportunidad de negocio político. Basta con sacudirse sus responsabilidades y echarle la culpa al Gobierno mientras se ocultan las propias. Conviene no olvidar que las CC.AA. tienen las competencias exclusivas en la prevención y extinción de incendios forestales en sus territorios. Madrid es una de las regiones que no ha aplicado la norma estatal de 2024 que garantiza una serie de derechos para los bomberos. Los bomberos denuncian carencias de dotaciones y efectivos, la falta de trabajos preventivos alrededor de las poblaciones y el escaso seguimiento de los planes de actuación municipal ante emergencias por incendios forestales. Estas personas se juegan la vida en su trabajo pero su convenio sectorial está caducado desde "2008"; sus salarios están congelados desde 2010 y se sitúan en torno a 1.300 euros. Aproximadamente, cuatro de cada diez bomberos en la Comunidad de Madrid trabajan únicamente en la temporada estival: cuatro meses al año. A partir de ahí, en vez de hacer labores de limpieza y mantenimiento de los bosques, al paro. Hay un dato demoledor: mientras la Comunidad de Madrid invierte 7 euros por habitante en la gestión de incendios, la de Castilla-La Mancha invierte 60 euros. Luego llega Ayuso con su chaleco de "estamos trabajando" y sus pantaloncitos cortos, como si estuviese de visita turística, y pide declarar el nivel 3. ¿Por qué alguien tan celoso de sus competencias las cede al gobierno, sabiendo además que el nivel 3 no dota de más medios, simplemente cambia la dirección operativa, que pasa de la comunidad autónoma al Estado?. Respuesta para despistados: Lo que si cambia es la responsabilidad penal en caso de que suceda algo, lo que significa que "apartarse de la gestión" puede tener beneficios penales en caso de que suceda algo grave. Ya aprendieron de lo de Mazón.