Vivir es intentarlo infinitas veces
jueves, 11 de junio de 2026
Oficio: apuntalar fragilidades.
Lawfare español not is diferent
El caso de Lula da Silva en Brasil es el ejemplo perfecto de "lawfare": acabó en la cárcel en 2018 por cargos de corrupción que le impidieron competir en las elecciones pero, luego, el Tribunal Supremo anuló las condenas por la parcialidad e irregularidades en el proceso. El "trabajo ya estaba hecho". Procesos similares de "guerra jurídica" vimos también contra Dilma Rousseff, Cristina Fernández de Kirchner, Gustavo Petro o Evo Morales. El modus operandi es siempre el mismo: operaciones desarrolladas al unísono por parte del poder judicial, la cúpula del ministerio fiscal y la policía judicial, con el apoyo incondicional de grandes medios del país y -que curioso- la colaboración de diversas agencias del Gobierno de EEUU. ¿A qué me suena a mi esto?. Aquí hay un interés evidente por derribar al presidente del gobierno, sea como sea. La técnica de lawfare aplicada en América Latina y que parecen seguir también los jueces en España, consiste en la apertura de juicios a partir de informes policiales indiciarios y confusos –o directamente poco fiables– cuyos autos de acusación por lo general carecen de pruebas determinantes de los delitos de que acusan, mientras que están repletos de afirmaciones rimbombantes de culpabilidad desde sus primeras líneas. La filtración a medios de comunicación afines de dichos informes policiales y autos judiciales, la participación de instituciones internacionales en las investigaciones o el sensacionalismo de las diligencias de entrada y registro, son usadas hasta la saciedad. Se establecen, además, conclusiones urgentes de culpabilidad a partir de meros indicios, optando por juicios inquisitoriales basados en suposiciones, de la Policía Federal, en Brasil, o de la UCO o la UDEF, en España. Para los interesados en que los procesos prosperen, el resultado final es lo de menos, pues saben que la "pena de telediario" desgasta más al adversario. Tampoco importan salvaguardas procesales como el principio contradictorio, la presunción de inocencia, el debate entre las partes, o la garantía de un juez imparcial. No, qué va. La culpabilidad está previamente decidida y el objetivo es crear un clamor de venganza en la sociedad que lleve indefectiblemente a la condena moral y política del acusado. En el proceso penal del espectáculo, el uso de la suposición prevalece en detrimento del conocimiento, el discurso usado tiene por objetivo agradar a las masas receptivas, los hechos son presentados con tintes sensacionalistas, como un duelo entre el bien y el mal y, para atender a los deseos de la audiencia, el juez puede castigar a "los malos". El objetivo es obtener una condena anticipada a través del shock social. El partido de Podemos fue laminado políticamente a partir de 33 querellas judiciales contra él o sus principales dirigentes. Hasta 2023 el Tribunal Supremo ha archivado un total de 29 querellas y las que siguen abiertas correrán la misma suerte. Pero el trabajo ya está hecho. Hoy Podemos está amortizado, igual que Baltasar Garzón, igual que el ex Fiscal general del Estado. Pronto lo estarán también Zapatero y Sánchez.
viernes, 5 de junio de 2026
¡Que viene el Papa!
domingo, 31 de mayo de 2026
Programa, Popgrama, Proclama
Programa, programa, programa..., decía Julio Anguita para exigir que la política se basara en ideas y se centrara en las medidas y proyectos concretos por encima de los intereses partidistas, los cargos y las luchas de poder. ¡Cómo ha cambiado el cuento! Se comprueba analizando cualquier discurso público de esa oposición con opciones de gobernar. No les hace falta. Han optado por una oposición cómoda, por sentarse a esperar a que pase el cadáver del gobierno porque contra Sánchez se vive muy bien. Han creado un ecosistema político y mediático confortable: no exige programa, ni esfuerzo intelectual. Basta con pronunciar su nombre para ordenar el mundo, justificar cualquier torpeza propia y convertir la pereza en forma de acción y supervivencia política. A Feijoo, el mejor ejemplo de mediocritacia, y al vago de Abascal les viene de perlas. Contra Sánchez se vive muy bien porque libera de la incomodidad de pensar políticamente. Solo es necesario inventase un par de insultos y renovarlos cuando se percibe el hartazgo y aburrimiento de la repetición. Esta oposición no construye, se refugia. Total, para qué, si ellos sólo quieren llegar al poder para parasitarlo. Este modelo tiene, además, una ventaja: Si no hablas de tu programa, de lo que quieres hacer, no asustarás a los incautos que creen que insultas a Sánchez para, Dios mediante, resolverás sus problemas. Pero viendo lo que hacen allí donde gobiernan, uno puede adivinar cuáles son sus intereses, sus verdaderas ideas, qué problemas resuelven y cuáles crean. La gente debería preguntarse por qué los docentes de la Comunidad Valenciana están en pie de guerra; por qué Andalucía es la comunidad autónoma con mayor tiempo medio de espera para operarse en la sanidad pública; por qué el gobierno de Ayuso ha recortado las prestaciones a los enfermos de ELA en torno a un 40% porque ha decidido no aportar la financiación que le corresponde para completar las ayudas del gobierno; por qué el Gobierno de la Comunidad de Madrid rechaza reiteradamente aplicar el tope a los precios del alquiler y declarar "zonas tensionadas" en una región donde el metro cuadrado construido ya supera los 4.000 euros; por qué las derechas votan sistemáticamente en contra de las mejoras laborales, la subida del salario mínimo o de las pensiones, el tope de los alquileres o el impuesto a la banca y las eléctricas; por qué el alcalde de Algete, del PP de Ayuso, ha fulminado el nombre de Joan Manuel Serrat de un edificio público para sustituirlo por el de un "ilustre ciudadano" del municipio... Eso si, para gobernar, no se ven obligados a firmar lo que Vox le ponga por delante. Los mismos que recientemente han llevado al Senado la propuesta de derogar la Ley contra la Violencia de Género. En fin, que cuando lo único que importa es acabar con Sánchez ya no hay que proponer soluciones contra la precariedad laboral, ni contra el problema de la vivienda, ni contra el deterioro de los servicios públicos, ni contra la incertidumbre del futuro de las pensiones, ni contra el problema de la caspa.
sábado, 30 de mayo de 2026
Opinadores y opinatrices.
Hoy en día todo el mundo opina, de todo y todo el rato. Emulando al Chiquilicuatre: opina Jose Luis, opina bien suave; opina Mariano, mi amor ya tú sabes; opinan los brothers; opina mi hermano; opina hasta el más tonto con las babas en la mano. Algunos sólo dejan de opinar para estirar las piernas mientras se desplazan del plató de una tertulia a otro. Es extenuante. Para el que escucha, no para el que opina. Parecen un disco rayado. Opinar parece haberse convertido en un acto de resistencia ante el ostracismo mediático. ¡Opina o revienta!, parece ser su lema. Opinadores y opinatrices parecen haberle cogido el gustillo a la multiplicación de las tertulias sin necesidad. Trabajo no les falta. Temas para opinar, tampoco. Cada veinte minutos aflora una nueva remesa de asuntos cruciales sobre los que urge opinar antes que se cumpla su fecha de caducidad, impresa en el margen de los análisis de audiencias. La opinión se convierte en una mercancía tan vulgar que es objeto de ofertas 3x2 o mercancía de "Liquidación Final" en el empobrecido ultramarinos de las tertulias. La cosa se degrada que se las pela y hemos pasado de proclamar aquello de "un hombre, un voto" a exigir "un hombre, una tertulia para que opine", aunque el lema de algunas de ellas debería ser "un hombre, un plátano". El opinador se caracteriza por su polimorfismo y su capacidad de cambiar de opinión según soplen los vientos o interese. A veces se disfrazan y pueden presentarse como expertos en algo, analistas políticos, periodistas mercenarios, políticos retirados o polemistas. Pero, a menudo, no son otra cosa que bustos parlantes encaramados a una mesa de debate. Aunque podía ser de wáter por las "deposiciones" a las que nos tienen acostumbrados. No llevan distintivo alguno pero se les reconoce en cuanto abren la boca. O cuando evidencian que les incomoda mucho que les interrumpan mientras intertuompen. La entrega de muchos de ellos al furor narrativo, la especulación, la fabulación, la opinión ficción o la mentira reiterada es un hecho notable. Es sospechoso que, siendo como son a veces, unos mostrencos, sepan de todo, pontifiquen de todo y se crean con el don de la infalibilidad. Para ellos cualquier opinión es fácilmente reciclable con los subterfugios adecuados. Por eso, las opiniones con las que comercian suelen estar siempre atestadas de trucos o vaporosamente definidas. En caso de "cagada" se niega la mayor o se responsabiliza al objeto de su opinión por haber mutado de idea o forma de acción. El lenguaje tiene siempre la capacidad de conjurar simulacros. Quizás por eso la Asociación Internacional de Opinadores ha convocado un congreso eucarístico para determinar hasta que momento insultar a la inteligencia, cepillarse la verdad y cagarse en la honestidad es una ofensa grave al espectador o sólo un pecadillo venial. Mientras, conviene ir con cuidado: un amigo se tropezó ayer con un espacio de análisis y opinión con Tamara Falcó y por poco se descalabra.
Opinadores y opinatrices.
Putos jueces golpistas
Muchos de los problemas de la sociedad española derivan de su falta de memoria. Uno puede no saber porque nunca ha aprendido. Pero cuando sabes y no recuerdas... ¡chungo!. La memoria colectiva es el marco que nos permite comprender el presente, aprender del pasado y proyectar el futuro. Sin ella, los hechos carecen de contexto, significado y continuidad. Después está el tema de la Justicia. Cuando me hablan de Dios como Juez Supremo me lo imagino en su estrado celestial, con su toga con puñetas y su birrete difícilmente acomodado sobre el nimbo triangular que corona su cabeza, impartiendo justicia a base de golpear con su mazo. Y, claro, así está la justicia en el mundo: hecha unos zorros. Los jueces terrenales, al menos en España, son como Dios, intocables. Es prácticamente imposible que en España a un juez que prevarica se le condene por prevaricación. No hace tanto que una avalancha de denuncias -impulsadas por organizaciones de extrema derecha-, causas judiciales abiertas y la labor diaria del periodismo mercenario logró reducir a Podemos a la insignificancia política. Desde su nacimiento en 2014, son muchas las causas abiertas contra el partido y sus figuras más destacadas. Grandes titulares y horas de radio y televisión crearon una idea muy negativa sobre la formación. Pero, ¿alguien se acuerda que pasó con estas causas judiciales?. Pues el Tribunal Supremo ha archivado un total de 29 querellas -casi todas- contra Podemos y sus líderes hasta 2023 y las que siguen abiertas, esperan, quizá, correr la misma suerte. Las querellas por Blanqueo de capitales y delito electoral, Desobediencia y organización criminal, financiación ilegal de partidos políticos, delito fiscal y blanqueo de capitales, las cuenta en Granadinas, el caso Dina, el caso Neurona... Todos archivados. El juez del caso Neurona, Juan José Escalonilla, tuvo que reconocer que incluyó "indebidamente" como investigado en la causa a Pablo Iglesias. Es un lawfare de libro, es la historia de decenas de acusaciones falsas, todas con el mismo objetivo: dar munición a las tertulias para difamar durante horas y horas, y así adulterar el sistema democrático mediante la intoxicación de la opinión pública con mentiras. Es corrupción periodística y es golpismo mediático. Aunque la acusación sea falsa, un juez activista, como Escalonilla, García Castellón o Peinado, pueden estirar el durante años para aplicar la "pena de telediario". Vaya como vaya el proceso judicial, el objetivo prioritario y que siempre se consigue es la difamación mediática y la intoxicación. Y, lo peor, ya hemos comprobado -caso del ex Fiscal General- que incluso sin pruebas estos jueces endiosados te pueden condenar. Conviene recordar todo esto cuando observamos lo que está pasando estos días.