domingo, 5 de abril de 2026

Poedeotro

A veces, al chapotear

con mis manos en el agua oscura,

percibo que me encuentro

en un pozo habitado.

Aquí yazgo, aquí despierto.

Buceo entre aguas siniestras

con un estertor de oscuridad en la garganta.

Hablo. Mi voz es líquida,

nadie apenas la escucha.

Los sueños, que no saben nadar,

suben y bajan,

se ahogan entre aguas enlodadas.

Tampoco hay olas que mezan este hastío.

Desconoce el arrullo de los mares

la soledad confinada de habitante de un pozo.

Pero miro hacia arriba

y veo la luz asomada al brocal.

Aprovecho para educar la memoria,

para olvidar lo doliente.

Selecciono el pasado e hipoteco el presente.

Pongo precio al futuro

a fuerza de ocultarme de los hechos

intentando olvidar mi amnesia.

Miro hacia arriba y veo la Luna.

Para los condenados a muerte

y para los condenados a vida

no hay mejor estimulante que la luna

en dosis precisas y controladas

mientras esperas el día.


•Zorongo

Decía Lorca, en su poema "Zorongo": "La Luna es un pozo chico / las flores no valen nada / lo que valen son tus brazos / cuando de noche me abrazan". Ahora algunos se han empeñado en convertir la Luna en un pozo ciego. O, al menos, están empeñados en señalar a la Luna para que los bobos se fijen en ella en vez de en qué hace ese dedo que señala. Que no haya habido misiones en la Luna desde 1972 demuestra que hacerlas no tiene ninguna utilidad. Pero, ¿qué más da?. A EE.UU. le sirve para distraer la atención y lavar su imagen. Más allá, el objetivo último de tal empresa se encuadra en la competición por la hegemonía mundial -incluso en el espacio- desatada entre EE.UU. y China, donde aquellos quieren exhibir su liderazgo. Además, está misión colocaría a la "humanidad" más cerca de Marte, el sueño húmedo, el gran negocio de Elon Musk y Jeff Bezos. Por mucho que digan, el "viajecito" sólo sirve para que cuatro astronautas echen unas "fotitos". Mientras, caen misiles y bombas sobre Irán, Líbano o Ucrania; el pueblo palestino continúa sufriendo famélico, y la crisis energética provocada por el cierre del estrecho de Ormuz se ensaña con los más vulnerables de todo el planeta. Pero desde la prensa nos llegan ecos de un supuesto triunfo occidental, ocultando que, por ahora, "la escapada" ya ha costado unos 93.000 millones de dólares. La Luna, nos recalcan, tiene minerales y mucha agua; se podrían establecer bases -argumentan-. Se huele el futuro negocio. La decadente y servil prensa está narrando el montaje con un tono laudatorio y casi épico. Tan nocivo despliegue mediático, favorable a programas que en absoluto van a mejorar nuestras vidas, sólo sirve para blanquear a quien, obstinado, azuza la guerra aquí abajo.

•El monstruo del fascismo

Albert Camus afirmó que "un país vale lo que vale su prensa". Visto el panorama de la prensa nacional, hay motivos para tentarse la ropa. El monstruo que están creando terminará por devorarnos a todos. De momento han conseguido que mucha gente lo vea como si fuera un osito de peluche que agita un banderín rojigualda. No es difícil en estos tiempos de ignorancia y estulticia. Leo que en un trabajo periodístico en EE.UU. se mostraron artículos de su Constitución, y una proporción nada desdeñable de los consultados las tomaron por proclamas subversivas y hasta comunistas. Aquí pasaría igual. Pero ya sabemos que allá y acá, cuando la ultraderecha brama "Libertad", está reivindicando la perpetuación de las desigualdades sociales y defendiendo a mordiscos sus privilegios. Derogarían la Constitución mañana mismo. La meta de los fascistas y sus manipuladores es hacerse con el poder, destruir todo atisbo de discrepancia y liquidar por los métodos que sean a la izquierda, los sindicatos, la sociedad civil o la intelectualidad disidente. Y en eso están. Una sociedad está enferma cuando apoya a partidos que dedican toda su energía a eliminar a sus adversarios políticos. Es una estrategia para encubrir la carencia de programa -salvo el oculto de parasitar el Estado- pero también para escamotear la discusión sobre los verdaderos problemas y sus orígenes. Por eso, ante lacras como xenofobias, racismos, clasismos, machismos, homofobias y negacionismos -que vienen de la mano del fascismo- la neutralidad y la equidistancia son repugnantes. En un mundo donde la infantilización e idiocia de la ciudadanía desborda las previsiones más pesimistas, el blanqueamiento del fascismo es un crimen que, en multitud de ocasiones, se practica con premeditación, alevosía y ensañamiento. Cuando las semillas del mal producen sus frutos podridos, quienes las regaron con mentiras no pueden declararse inocentes. Tan culpables de la devastación son los bárbaros y sus cómplices como los miserables y bocazas que les allanan el camino.

sábado, 4 de abril de 2026

•El nuevo opio del pueblo

"FOMO", lo llaman: Fear Of Missing Out. O lo que es lo mismo: miedo a perderse algo. Cómo no, tiene que ver con el móvil, que ha convertido a esta sociedad en un yonki del dichoso artefacto. La gente está de vacaciones, sentada en terrazas... y la pantalla delante. Se tumba sobre la arena de una playa... con la pantalla delante. Asiste a una procesión... con la pantalla delante. Comparte mesa en un restaurante... con la pantalla delante. Y mientras la miran, piensan en conciertos a los que no pudieron ir, cuerpos que nunca tendrán, lugares que jamás visitarán e incluso edades a las que es imposible que vuelvan. Es la nociva melancolía digital. Que nos atrapa, que no nos suelta, que crea adicción. Nos obliga a estar conectados hasta cuando nos agobia la sensación de ir quedándonos atrás. La hiperconexión de las redes sociales nos ha traído el chute de ansiedad por no estar en los sitios que otros publican. Por no hacer lo que otros hacen. O, directamente, por no ser aquello que dicen otros haber conseguido ser. Ya no sabemos qué hacemos porque nos apetece y qué hacemos para que se vea que lo hemos hecho. Los egos ultraestimulados por la viralidad hacen que personas con diez míseros seguidores terminen hablando a su cámara cual followers. Replicamos como estúpidos a los retos virales que otros necios nos lanzan desde Instagram o TikTok. Todo eso, después del "chute", nos frustra, inmersos en el hipnótico bucle sin fin de vídeos rápidos que vamos pasando con el dedito y que siempre animan otro plan más que desear. Ya no nos conformamos con imaginar otra vida. Y, mucho menos, tranquila. Queremos ser "productivos" hasta en vacaciones. Y que se vea. Y que el ritmo no pare. Hasta acabar echando de menos cosas que jamás hemos vivido salvo en una pantalla. Y, ya no sabemos si es más grande nuestro ego o nuestra envidia. ¿Por qué no prueba la gente a apagar el teléfono?. Quizá así se de cuenta que cuando uno es feliz no necesita nada que publicar, nada que scrollear, nada que imitar. Pero el móvil se ha convertido en el nuevo opio del pueblo.

viernes, 3 de abril de 2026

•Poema abril

Los hay pendientes del reloj

y se vuelven del tiempo feroces enemigos.

Los conozco gratuitos, pusilánimes

que simplemente están.

Ni son. Ni lo parecen.

Los hay que viven sin contar los dí­as

y se les vuelve el tiempo

felicidad sin prisa.

El que apaga la luz y el tiempo

no siempre busca el sueño.

A veces, en lo oscuro,

sus ojos se acostumbran a mirar

lo que no le muestra el dí­a.

A veces, cuando vuelve a mirar, ya no es el mismo.

A veces, es mejor olvidar lo que ya sabes,

vaciar tu memoria,

dejar la mente en blanco.

Sólo así­ podrás ser un hombre nuevo.

No te mientas a tí mismo

sólo así dejarás de sentir en tu nuca

el aliento de la perplejidad,

la palidez de aquellos

a quienes tu presencia desconcierta,

y verás en sus ojos reflejado el temor,

como una llama que despacio alimenta

la hoguera que provoca.

Incluso junto al mar arden recuerdos.

El agua siempre encuentra el camino de vuelta,

las señales efí­meras de una vida anterior.

No cargues nunca con maletas

que no son equipaje sino lastre.

Las llamas del recuerdo se elevan en la noche

buscando iluminar una certeza,

tratando de agrietar

un silencio más cómplice que la peor mentira.

Quien carece de sueños se queda sin futuro.

Quien niega a sus maestros un pedazo de tiza

niega a sus propios hijos

la posibilidad de una pizarra

donde escribir "Mañana".

•Emociones, no devociones

En un mundo fuertemente materialista, hedonista, inclinado al egoísmo y donde la prevalencia de la imagen y la apariencia ha alcanzado cotas superlativas, era de esperar que todo eso afectase al sentimiento religioso. Esto es especialmente visible en la Semana Santa. En una sociedad cada vez más ignorante, superficial y con un grave déficit de educación emocional, no es de extrañar que mucha gente confunda las emociones con el sentimiento religioso. Esta confusión es un fenómeno muy común en la vida espiritual, donde se tiende a equiparar la espiritualidad o la fe con estados emocionales pasajeros. La Semana Santa es un espectáculo barroco vivo, donde la estética, el lujo y la teatralidad se fusionan en las calles. No le falta ningún ingrediente de un buen espectáculo: música, iluminación, vestuario, atrezzo, variados personajes, puesta en escena. Imágenes, sonidos, olores, subliman los sentidos. Las procesiones son auténticas puestas en escena con imaginería realista, música sacra y gran dramatismo. Están diseñadas para estimular los sentidos y transmitir emociones vívidas. Y ahí surge el problema, cuando se confunden las emociones sensoriales con el sentimiento religioso y la devoción. Esta confusión desemboca en un "emocionalismo", donde la fe se vuelve difusa, se diluye, se hace inestable al basarse únicamente en lo que se siente en un momento dado. Disuelta la procesión, apenas queda el regusto estético. La madurez espiritual implica ser indiferente a las evocaciones emocionales, aceptándolas si llegan, pero continuando la fe cuando no están. Y de ésto empieza a quedar muy poquito. La cosa se agrava cuando en el contexto de la Semana Santa se observa una creciente utilización de símbolos, que nada tienen que ver con la religión, con fines ideológicos. Es muy evidente que, en nombre de las tradiciones, la ultraderecha está parasitando estás celebraciones. El exhibicionismo superfluo y superlativo de la bandera de España en el atuendo costalero (pulseras, medallas, costales, camisetas, calcetines y hasta los cordones de las zapatillas) es buena muestra de ello. Hasta el arzobispo de Sevilla lo verbalizó el año pasado: "Una procesión no se puede convertir en un desfile, ni en una pasarela, ni en una coartada para exhibirse o ser admirado. En ellas se están multiplicando los símbolos, cada vez más exuberantes. Y muchos de ellos no tienen nada que ver con la creencia religiosa ni con la devoción popular".

jueves, 2 de abril de 2026

•2043

No me extraña nada que, en época de lunáticos, alguien haya decidido volver a la Luna. La NASA ha llamado a la misión Artemis II. Tiene su lógica. Artemisa era una de las principales deidades del Olimpo griego, una diosa virgen protectora de los animales, las mujeres jóvenes (menuda asociación), la luna y los partos. No obstante, esto tiene truco. Tal como están las cosas me da que solo es una estrategia de los asesores de Trump, una cortina de humo para distraer al personal de las canalladas de su jefe. Cuentan que la NASA consiguió que el esperpento de la Casa Blanca aceptara el proyecto de volver a la luna asegurándole que allí hay petróleo. A partir de ahí las opiniones están muy encontradas. Una parte de la humanidad agradece que, por una vez, el "ente anaranjado" apunte sus cohetes al cielo. Los terraplanistas no se creen nada. "¿Una luna esférica?, ¡Venga ya!", dicen. "Todo el mundo sabe que la luna es un farolillo decorativo de papel maché". Por su parte, los milenaristas más estúpidos creen que la nave Artemis va a chocar en el cielo con Jesucristo y lo va a destruir, iniciándose así el fin del mundo. Yo lo único que sé es que nada más empezar la misión los tripulantes tuvieron su primer inconveniente y anunciaron un fallo con el inodoro de la nave espacial Orion. ¡Me huele mal! Cómo eso explote nos va a poner bonitos de mierda a todos los que estamos debajo. Encima tiene uno que oír a periodistas encadenando estupideces a propósito de la cara oculta de la Luna, que algunos creen que es la de Carglass. Lo cierto es que el espacio vuelve a estar de moda. La prueba es que las entradas que el CSIC puso a la venta para contemplar el eclipse de agosto se agotaron en apenas quince minutos. Y lo que son las cosas, el eclipse solar que provocará el oscurecimiento del día en la banda de sombra, se producirá el día siguiente al de Santa Clara. No sé. La misión Artemis lleva a una tripulante. Todo un avance, sobre todo después de que el Vaticano haya confirmado que San Pedro lleva dos mil años sin permitir la entrada de mujeres en el cielo,"porque así es la tradición de la Iglesia". En fin, los tiempos que corren. Bueno, menos para un señor de Albacete que se ha liado al reprogramar el reloj del horno con el cambio de hora y ahora vive en 2043.