lunes, 16 de febrero de 2026

No saber leer y admirar el franquismo

Leo las declaraciones de una profesora que dice: “Tengo alumnos de 3⁰ de la ESO que no saben leer. Enseño cosas que yo hacía en quinto de primaria”. Al menos para mí, sorpresa cero. Es el resultado de un sistema pusilánime, que ha comprado las recetas de laboratorio de gentes poco acostumbradas a la briega diaria en el aula, buenista sin límites, entregada a los deseos, exigencias y caprichos de progenitores y alumnos, plegada a los mandatos de interés económico de la OCDE y donde el aprendizaje real dejó de ser importante hace mucho tiempo. Y claro, todo esto acaba teniendo graves consecuencias sociales. O es que nadie relaciona -por ejemplo- está ignorancia sobrevenida de un sistema fallido con fenómenos como el crecimiento de los negacionismos o con aberraciones como que un porcentaje creciente de jóvenes crea que el franquismo fue bueno o muy bueno. Este sistema ha propiciado que la falta de conocimientos (y de falta de compresión, y reducida capacidad de análisis y razonamiento, y carencia de espíritu crítico...) cree un vacío que es rellenado por mensajes simples que llegan de espacios ajenos a la escuela: sobre todo de las redes sociales, internet... Y no tanto porque los adolescentes sean manipulables y no tengan capacidad crítica. La tienen. Sino porque cuando el conocimiento es borroso es más fácil llenarlo por quienes mandan mensajes claros y directos que están diseñados para manipular y adoctrinar. La enseñanza del franquismo en la escuela ha estado y sigue estando llena de ausencias y silencios. Gracias a ello se puede tener el título de la ESO sin saber prácticamente nada sobre el franquismo, sin haber reflexionado sobre qué supone vivir en un país en el que hubo una dictadura hace unas pocas décadas. Sin conocer qué había antes de la guerra ni qué la provocó. Sin saber que vivimos 40 años en un sistema de falta de derechos y libertades. Un alumno puede acabar la ESO habiendo dedicado más tiempo a estudiar el imperio bizantino que la dictadura franquista; conociendo más cosas de Anubis que de Franco; sabiendo más de cómo era la vida en una aldea de la baja Edad Media que de cómo se vivía en los años 40 o 50 en España. Y, claro, cuando un joven apenas sabe nada sobre ese periodo de la historia, cuando apenas ha dedicado tiempo para pensar, preguntar, debatir, interiorizar... cuando nadie, de manera objetiva, le ha hablado sobre una parte de la historia que duele, que debería doler. Sin entender qué significa que no puedas expresar tus ideas en voz alta, qué significa no tener libertad. Sin comprender qué es vivir en un país con censura. Sin saber qué supuso el exilio para quienes se vieron obligados a marcharse. Sin pensar sobre las torturas. Sin reflexionar sobre por qué hay personas asesinadas que siguen enterradas bajo tierra y familiares que las buscan... Entonces, cualquier imbécil le puede convencer de que todo eso era bueno.

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