Antes de que los que brindan y se echan unas risas con lo sucedido impongan su relato, hay que decir que lo lo ocurrido en Venezuela constituye una violación grave del derecho internacional. No se trata de una cuestión ideológica ni de afinidades políticas, sino de normas básicas que sostienen el orden internacional desde 1945. El artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas prohíbe de forma expresa el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado. El secuestro del ínclito Maduro y de su esposa supone, además, una vulneración directa del principio de soberanía estatal y de la inmunidad de los jefes de Estado. No es una cuestión simbólica, es una línea roja absoluta. Cuando se cruza, el derecho deja de existir y lo sustituye la chulería y la fuerza. El ataque militar sin agresión previa y detención forzosa de un jefe de Estado configura jurídicamente una agresión internacional. No es una operación preventiva, no es una acción humanitaria, no es una intervención legal. Es una agresión en toda regla a la comunidad internacional que cumple las reglas. Y las consecuencias van más allá de Venezuela. Si se normaliza que una potencia pueda intervenir militarmente, capturar a un jefe de Estado y violar la soberanía de un país sin consecuencias, cualquier Estado con recursos estratégicos que interesen a EE.UU. queda expuesto. Lo sucedido en Venezuela es un acto de barbarie que rememora las peores épocas del intervencionismo imperial norteamericano. No solo viola la soberanía de una nación independiente, sino que amenaza la paz en toda América Latina y el Caribe. ¿Quién será el siguiente, Cuba, Nicaragua, Colombia? O, ya puestos, ¿Irán, Groenlandia? Esta acción está enmarcada en el plan para saquear los recursos naturales de un Estado. Pocas horas después de su intervención militar Trump no oculta su intención de controlar el petróleo del país. En el fondo es su único interés. De hecho ya ha anunciando que compañías estadounidenses se "harán cargo" de la industria petrolera de Venezuela. Hoy es un gran día para los que admiran a esa excrecencia humana que es Trump. Hoy habrá brindis en los cenáculos ultraderechistas de todo el mundo. Hoy, en España, los mismos que mintieron con Irak, con los atentados del 11M, con la crisis, con las preferentes, con el rescate a la banca, con el Prestige, con el Yak-42, con el Metro de Valencia, con las 7.291 personas abandonadas en las residencias de Madrid, con la DANA, con los incendios y con Gaza, trabajan ya a destajo para volver a vincular el régimen de Maduro con el gobierno de su país.
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