Últimamente detecto a mucha gente cansada. Es un cansancio producto de su agotamiento mental, que se manifiesta en irritabilidad, negativismo, desmotivación, ansiedad, incluso aislamiento. La base de su malestar es, simplemente, el hecho de vivir en este mundo y en esta época. Son ciudadanos "quemados". No tienen grandes problemas. Sólo tienen conciencia política aderezada con un poco de coherencia, un buen chorro de responsabilidad y una pizca de ética. Es comprensible. Te dispones a comer y enciendes la tele para ver las noticias. Y aquí empieza la espiral "destructiva". Abren con “Nacional”. Hablan de inmigración. Políticos sin escrúpulos vomitan eslóganes y consignas que no contienen ni un ápice de humanidad. El pulso y la respiración se empiezan a acelerar. ¿Cómo todavía hoy alguien puede relacionar color de piel y delincuencia? ¿Desde cuándo salvar a gente en alta mar es un delito?. Sientes asco. Pasan a vivienda. La irritabilidad va en aumento. Cuentan como mucha gente que trabaja ocho, diez horas, cinco y seis días a la semana, no puede ni comprar ni alquilar vivienda. Cuando exponen las causas y los mismos políticos de antes presentan sus soluciones, sientes que te toman el pelo. ¡Falta vivienda. Hay que construir!, proclaman. Pero, ¿cómo pueden mentir tan descaradamente cuando en España hay 3,8 millones de viviendas vacías y 400.000 pisos turísticos legalizados? No quieren resolver el problema de la vivienda sino seguir alimentando el negocio inmobiliario. Las noticias avanzan. Listas de espera. Centros de salud saturados. Falta de personal. Urgencias desbordadas. Atención primaria exprimida. Aulas masificadas. Profesorado quemado. La Dependencia atascada... ¿Es que sólo tu ves como merman los servicios públicos? Y, por si fuera poco, llegan los “liberales” de plató y de redes con su ruido perpetuo, presentando los impuestos como “robo”, los recortes como “eficiencia”, la 'libertad" como justificación de los canallas. Y la culpa siempre mirando hacia abajo. Todo ello adornado con noticias sueltas para repasar los pilares del catecismo del miedo: inseguridad ciudadana, precios, okupación... Cuando llega el tiempo de "internacional", el terror aumenta: Ya no hay respeto a las normas del derecho internacional, ni voluntad de acuerdos, nl de convivencia pacífica, la “seguridad” se esfuma, cada vez más países se entregan al veneno de la ultraderecha. Todo se descompone. Hasta "el tiempo" produce desasosiego. Es un "suceso" más, mientras prosperan los negacionistas del cambio climático, los medios "conservadores" dan más credibilidad a un tipo que predice con las cabañuelas y los ultras acosan y amenazan a los meteorólogos. Termina el informativo y te quedas con una mezcla rarísima: cansancio, irritabilidad, tristeza, cinismo, ganas de discutir, de gritar y ganas de desaparecer. Es el síndrome de burnout del ciudadano. Ese que surge de de ver cómo se normaliza lo que debería ser intolerable.
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