Después, porque las derechas lo ven como la posibilidad definitiva de acabar con el gobierno. Ésta, que nadie lo dude, es su prioridad. Muy por encima de resolver el problema de Ceuta. Sin embargo, como suele ser habitual, en el debate han predominado las cuestiones cosméticas sobre las estructurales, las apelaciones a la identidad sobre la razón, la distracción sobre la reflexión, la pseudohistoria sobre la realidad historiográfica y geopolítica, y la conspiración sobre el análisis. Ceuta está agotada, desbordada, asustada. Sería injusto no reconocer la desesperación de una ciudad que se siente abandonada, obligada a afrontar una crisis migratoria, humanitaria y de seguridad de enormes dimensiones sin que nadie parezca aportar soluciones. Los ceutíes tienen derecho a reclamar seguridad para sus calles, recursos para sus servicios públicos y soluciones inmediatas a unas administraciones que no han estado a la altura. No se puede descargar sobre una ciudad pequeña una responsabilidad que corresponde al Gobierno de España, a Marruecos y a la Unión Europea. Ceuta -como Melilla- es, ante todo, con o sin crisis migratoria, vulnerable. Es un territorio extrapeninsular y ello constituye, por sí mismo, una vulnerabilidad estructural. Es, además, un territorio pequeño: no llega a los 20 km². El casco urbano de la ciudad de Córdoba supera los 26. Hay otro factor clave: se trata de un territorio en disputa. Y no en disputa con cualquiera, sino con Marruecos, un país no democrático regido por un sátrapa que no dudaría en sacrificar a sus súbditos para satisfacer sus deseos. Por tanto, no estamos ante una cuestión coyuntural, sino ante una realidad geográfica y geopolítica permanente. Para colmo, Marruecos se sabe protegido por EE.UU. e Israel. ¿Qué une a estos países? Pues el profundo odio y animadversión de sus líderes contra el gobierno actual. EE.UU. sabe que con las derechas en el gobierno España acataría el papel de vasallo obediente. Israel no olvida la oposición activa del gobierno español contra su actividad genocida en Palestina. Qué bien les vendría a estos países la caída de Sánchez. Y Marruecos lo sabe. Como sabe de la debilidad de su gobierno gracias a que, cada vez más ciudadanos han comprado el mantra de su ilegitimidad, propagado por las derechas. Comprendo su miedo. Comprendo su indignación. Comprendo el hartazgo de Ceuta, de quienes llevan semanas conviviendo con una situación extraordinaria, viendo cómo se altera su vida cotidiana mientras las soluciones llegan tarde, mal o sencillamente no llegan. Pero comprender la desesperación no significa justificarlo todo. Promocionar "cacerías humanas" o impedir que un ser humano pueda beber agua potable o llevarse algo a la boca en medio de una tragedia humanitaria es propio de desalmados. No resuelve ningún problema. No devuelve la normalidad a Ceuta. Solo destruye nuestra humanidad. Ninguna ideología, ninguna bandera y ningún discurso político pueden justificar semejante crueldad.
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