martes, 30 de junio de 2026

Vergüenza informativa

Vivimos tiempos donde un monstruo vil y anaranjado bombardea países, secuestra presidentes, monta golpes de Estado, manipula elecciones, amenaza a Groenlandia, ejecuta militarmente a supuestos narcos o libera a otros como el expresidente de Honduras mientras mata o arresta a conciudadanos con su "Gestapo" (ICE). Además, nos obliga a endeudarnos comprándole armas y protege a genocidas como Netanyahu. Nuestros representantes se humillan ante él. Mientras, se blanquea el nuevo fascismo en canales de televisión privados y en redes sociales, justificándolo con palabras equidistantes como “polarización”. Presentadores de "naves del misterio" alzan el saludo nazi mientras impunemente sueltan bulos sin contrastar. Los estragos que en la profesionalidad de muchos medios informativos está produciendo el irrespirable clima político son incalculables. Nos encontramos ante un fraude informativo al servicio de los sesgos ideológicos en conflicto actualmente, lo cual dice muy poco en favor de quienes dirigen o se dejan manipular dentro de la clase periodística. Es época de mercenarios. Vicente Vallés, por ejemplo, es tenaz como pocos en su tarea de palanganero de la derecha, escudado en esa impecable elegancia jesuítica que le adorna. Otros, o no hablan de lo que realmente pasa, o lo hacen de un modo claramente sectario, o simplemente lo ocultan. En el terreno judicial se practica el lawfare a la luz del día, cuando no la prevaricación directamente. Se alaba y se libera a corruptores que deberían estar en la cárcel. En muchos medios se promociona el "negacionismo" de todo tipo (climático, antivacunas, anticiencia…). Todo ello sin consecuencias. Mientras España se convierte en un horno de mayo a octubre, habrá incendios cada vez más salvajes, vendrán futuras "danas" y sequías cada vez más destructivas, Vox -con el aplauso de cada vez más memos- exige la derogación de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, así como el desmantelamiento de normativas medioambientales y planes de movilidad sostenible. Y se siguen sin escuchar a científicos solventes, porque el mercado debe seguir engullendo. Y porque, en asuntos climáticos, es mejor dar voz a Jorge Rey, que con sus observaciones de las hormigas y las cabañuelas está muy por encima de los complejos procesos científicos y técnicos que sirven de base al pronóstico meteorológico. Y todo porque anticipó Filomena. Lástima que sólo viera venir la Dana de Valencia a toro pasado y en los periódicos ultras como La Nueva España, El Confidencial, La Razón, El Debate u OK Diario. Una vergüenza más, un menosprecio del primer deber de todo informador, que es contar la verdad, no invisibilizarla ni manipularla. Pero claro, Jorge Rey opina que "el cambio climático no lo está ocasionando la actividad humana y no es preocupante". No sé qué pensar, si este tipo es un imbécil útil, un facha redomado o ambas cosas.

lunes, 29 de junio de 2026

Catetos y disciplina

Paletos y provincianos hay en todas partes. Las ciudades están llenas de tales especímenes, aunque en Madrid creen que España es una ciudad cosmopolita -la suya- rodeada de catetos. Lo que es nuevo es esa exhibición alegre del espíritu pueblerino que invade pueblos y ciudades patrias, pues basta desparramar la vista para apreciar esa sobreabundancia de catetos en nuestros poblachones o en nuestras grandes urbes, bobos que conocen lo suyo -a veces ni eso- y con ello les basta, sin más altura de miras que la que les permite su vista cuando levantan el Barceló cola en el bar. Ahora el paleto se disfraza de moderno, de gente trendy, de intelectual cool digitalizado, de seguidor de tendencia fashion. Pero, al primer descuido, se colocan el tenedor del restaurante en la oreja entre plato y plato. Ahora triunfa el "cateto disciplinado", ese moderno que reconoces cuando suelta alguna frasecilla del estilo “cuando la motivación falla lo que queda es la disciplina”. Es la nueva plaga digital. Hasta los influencers conversos centran su discurso en hablar de cómo Dios pone orden en sus vidas. Mires por donde mires, encontrarás mensajes que ensalzan el sacrificio y el control. Se veía venir. Desde hace unos años vivimos en una demanda de optimización infinita. Queremos comer mejor, estar más guapos, hablar todos los idiomas. Hay que sacarle el máximo partido a todo: al cuarto de hora que se te queda libre entre recados, a las sobras de la cena o a unos pantalones que ya no usas. Además, para "perfeccionarnos" necesitamos volvernos rígidos e impermeables. Lo admirable es ser capaz de restringirse y dominarse, porque esa es la clave para lograr los objetivos. Para esto, hace falta disciplina. El nuevo modelo de ciudadano es un rebujito de estoicismo de Temu y un Funko Pop de Torquemada. Cabezón y perenne. La disciplina es un valor seguro. Parece ser que la dirijas hacia lo que la dirijas, siempre recibes una palmadita en la espalda por practicarla. Para sorpresa de nadie, en un contexto cada vez más virado hacia la derecha y en el que estamos asistiendo a un rearme generalizado, la disciplina es un valor cada vez más importante. ¡Qué casualidad!. Estamos todos de meritocracia hasta las cejas y nos la tragamos sin darnos cuenta. Tanto que, muchas veces, ni siquiera nos fijamos en el precio que se paga por esa "divina" fuerza de voluntad. Porque siempre, siempre, imponernos disciplina tiene un coste económico, algo que nos venden y por lo que hay que pagar. Y, sobre todo, esa exigencia de estar continuamente autoapatrullándonos, es otra vuelta de tuerca en el mirarnos a nosotros mismos y olvidar a los demás, salvo para compararnos insanamente con ellos.

Peinado y Bertín

Según una reciente encuesta de una de esas empresas demoscópicas expertas en despilfarrar el dinero planteando preguntas que oscilan entre la intrascendencia y la estupidez, el 90% de los españoles tiene ya dificultades para distinguir entre el calor y el bochorno cuando leen la prensa o ven los informativos de A3. Me lo creo. Si la encuesta se refiriese a la lectura de sentencias judiciales, el porcentaje se elevaría hasta el 140%. Hoy leemos que "Los conservadores del CGPJ insisten en bloquear la renovación de la Sala Segunda del Supremo". ¿Para qué, con lo bien que les va con la mayoría prevaricadora, digo conservadora? Feijoo, después de decir que él no habla inglés ni preside el Consejo General del Poder Judicial porque no quiere, ha propuesto a Aldama como presidente de dicho Consejo. "Por su capital aportación a la mejora de la eficacia de la justicia y el descubrimiento de delitos del gobierno", ha dicho. Aldama sólo sigue la línea del juez Peinado que, ahora, quiere abrir nuevas diligencias contra Begoña Gómez porque, dice, los papeles desclasificados del 23F la inculpan como autora intelectual del golpe de estado. "Que entonces sólo tuviera cinco años -dice Peinado- es un detalle menor". Sus compañeros "ultraindependientes" pretenden conseguir ahora que ser cónyuge, hermano, progenitor, vástago o vecino de un presidente o expresidente socialista sea considerado delito. Proponen, además, que su propuesta sea objeto de una iniciativa legislativa popular que se redacte en una tertulia de El Hormiguero con Iker Jiménez como invitado especial. Pero, mientras, el personal sigue preocupado por el calor. La patronal de fabricantes de ventiladores de techo advierte del estancamiento de sus ventas, debido a que cada vez más españoles no tienen un techo donde colocarlos o este es muy bajo y las aspas les rebanan el cuello. Por su parte, Bertín Osborne ha lanzado su compañía "España de climatización", con el lema "Las casas bien frescas, el fresco a la derecha y el cambio climático al carajo". Su producto estrella es un aire acondicionado portátil, extremadamente ruidoso, con etiqueta G de eficiencia energética, que incrementa la factura de la luz en 230 € mensuales y que enfría menos que un abanico roto. Pero lleva pintada la bandera de España. "Me la soplan las críticas. Solo me interesan los retrasados que se fijan en mi aparato", ha dicho el Conde de Donadío de Casasola, otro que nos vende que es un patriota que madruga.

martes, 23 de junio de 2026

A hacer puñetas

No pocos medios se han felicitado por la ejemplar contundencia que la "Justicia" ha tenido en el caso Mascarillas contra "los corruptos" Los 24 años de condena a Ábalos pueden hacérselo pensar a otros. Por mí parte, bien: Todo cerdo debería tener su San Martín. Pero me surgen dudas. Éstas se resolverán cuando se aplique el mismo rasero a todos, TODOS los corruptos. Porque, de momento, tenemos a un corrupto que pertenecía a un gobierno de izquierdas, condenado a 24 años de prisión. Pero, también, a un corruptor, convertido en héroe de la derecha, que se libra de la cárcel y le dan permiso para quedarse con el dinero. No es la idea que yo tengo de justicia. Aldama es tan corrupto como los condenados, fue el motor de la trama corrupta, el principal, corrompedor y un corrupto de libro pero, curiosamente, "le sale a devolver". Más aún, queda libre para que pueda continuar su "gira" de declaraciones y amenazas por los "medios afines": de Horizontes al programa de Ana Rosa, del Hormiguero al telediario de Franganillo... Y sigue haciendo caja. Caja de caudales y caja de resonancia para los intereses de la derecha. Quizás sea eso a lo que se refiere la sentencia cuando habla de "trabajos a la comunidad". Creeré en la podrida justicia española cuando el prevaricador juez Peinado sea sancionado por su esperpéntica instrucción del caso Begoña. Cuando en los casos de corrupción en curso o por venir del PP se apliquen condenas de 24 años. Cuando las escandalosas vinculaciones entre Quirón, Ayuso y su novio, que han metido millones en los bolsillos de éste, sean comenzadas a investigar por algún juez. Cuando el magistrado que mantiene durmiendo el sueño de los justos el caso González Amador decida mover el culo y avanzar algo. Cuando algún juez promueva la instrucción de un caso sobre las más de 7.000 víctimas en las residencias de la señora Ayuso durante la Pandemia. Cuando algún juez decida imputar al impresentable señor Mazón, que sigue aforado, cobrando sueldazo y riéndose de las víctimas. O cuando alguno de los togados implicados salga a dar explicaciones sobre las grabaciones del caso Villarejo -que siguen sin investigarse- que acreditan cómo Fernández Díaz -ministro de Interior de Rajoy- presumió en 2012 de "hablar" con el fiscal general para promover la guerra sucia contra independentistas. O lo que se oye al propio Villarejo decir a Fernández sobre la Operación Cataluña: "Hablé con los jueces Andreu y Pedraz y han tocado a otros". Me da que aquí la corrupción va mucho más allá de la economía. Pero mientras la base de toda instrucción siga viniendo de la "Nueva Escuela de Razonamiento" UCO/UDEF, cuya principal aportación a la investigación judicial es la mezcla en un totum revolutum de hechos, indicios, inferencias y sospechas, lo veo difícil. Un atestado policial justifica la agresión por la espalda del antidisturbios a la profesora jubilada en la huelga valenciana diciendo: “Usó la mínima fuerza”. ¿Qué apostamos a que se va de rositas?

lunes, 22 de junio de 2026

Usar

Pasa muy a menudo. Te enteras de que alguien cercano, alguien a quien aprecias, ha recibido un "diagnóstico" muy negativo. Tanto que hasta te da miedo nombrarlo, como si ponerle palabras fuera lo que lo hiciera verdad. Hasta ahora te consolaba pensar que es algo que le pasa a otra gente, en otra vida, en otra historia que no tiene nada que ver contigo. Pero entonces descubres que el dolor no discrimina, que también le afecta a gente cercana. Y no sabes cómo estar. No sabes qué decir. No sabes si lo que puedes decir ayuda o molesta, si el silencio reconforta o agobia, si es mejor hablar de ello o quitarle hierro y hacer como que la vida sigue normal, porque quizás eso es lo que necesita el "diagnosticado", normalidad. Pero tampoco sabes si la normalidad duele, si puede parecer que no te importa, si parece que es un libro que te incomoda y no quieres leerlo. Nadie nos prepara para esto. ¿Qué haces, qué dices?. Preguntarle qué necesita, cómo esta, qué está bien preguntarle y qué no. Quieres estar de la forma que esa persona necesita, con la intensidad exacta que necesita, en el momento exacto en que lo necesita. ¿Pero qué es lo que necesita? Y preguntar también da miedo. Da miedo ahondar en la herida. Da miedo que la pregunta duela más que el silencio, que nombrar las cosas las haga más grandes, que al preguntar estés poniendo el foco justo donde ella quizás estaba consiguiendo no mirarlo por un momento. Y luego te das cuenta de algo que es todavía más incómodo. Que cuando le preguntas cómo puedes ayudarla, quizá y sin querer, lo que estás haciendo en realidad es pedirle que te ayude ella a ti. Que traduzca su miedo a un idioma que tú puedas manejar. Que te dé instrucciones mientras está intentando aprender ella misma a respirar con todo lo que tiene encima. Llegas a pensar que le estás pidiendo que piense en ti. Y eso, viniendo de alguien que quiere acompañarla, es una carga más. Pequeña, invisible, bienintencionada. Pero una carga. Y entonces decides no preguntar. Y entonces tampoco sabes qué hacer. Y te quedas ahí, dándole vueltas a cómo vas a estar tú a la altura, como si eso fuera lo importante. Y eso genera culpa. Y la culpa no ayuda a nadie. Vivimos en una cultura que nos ha enseñado a afrontar lo usual, a proponer soluciones a problemas comunes, a decir algo mil veces ensayado. Pero hay situaciones en las que no hay nada útil que decir. Nadie nos enseña a acompañar. No hay asignatura, no hay manual, no hay momento en que alguien se siente contigo y te explique qué se hace cuando una persona a la que estimas recibe una noticia que le cambia la vida. No tenemos tiempo para ello. No tenemos tiempo para lo trascendente. Y lo descubrimos tarde.

Por todo esto, no te pregunto a diario, no te pregunto a la cara. Por todo esto no tengo nada inteligente que decir ni tengo consejos que darte. Solo puedo decirte que es en los momentos más oscuros cuando debemos esforzarnos en ver la luz. Aunque el camino sea duro y parezca incierto, nunca estamos solos. Juntos es como se pueden encontrar momentos de paz y esperanza entre el dolor. Porque cada momento que acompañamos a quienes queremos por un duro camino que no nos deja ver el final es un regalo precioso. Esos momentos, por más pequeños que sean, son los que forman un puente de apoyo inquebrantable, un soporte que, mejor que cualquier otra cosa, da consuelo y fuerza. En estos momentos, más que nunca, no hay que mirar atrás. Y cuando te preguntes: ¿Por qué? Mira adelante y pregúntate: ¿Por qué no? Porque si dejas salir tus miedos de tu vida, tendrás más espacio para vivir tus sueños. Quizás la vida os ha golpeado, pero seguro que todavía no ha logrado quitaros la sonrisa.

sábado, 20 de junio de 2026

Feijoo y el inglés

El mismo día que Zapatero fue a declarar ante el juez, Pablo Motos invitaba a Feijoo "a divertirse" a su Hormiguero. Y, como era de esperar, éste acudió con el objetivo de cargar contra el Gobierno y contra Zapatero, repitiendo su mantra favorito: España no aguanta más, Sánchez se esconde, la derecha viene a restaurar la decencia. Todo muy espontáneo. Todo muy natural. Todo cuidadosamente colocado en un decorado familiar. Un decorado amable. Una mesa cómoda. Dos hormigas. Un presentador que se auto identifica como el sentido común nacional. Y, alrededor, una maquinaria capaz de convertir la política en sobremesa emocional, la crítica al Gobierno en chascarrillo inocente y la propaganda conservadora en conversación de bar con presupuesto millonario. Cuando el entretenimiento se disfraza de neutralidad para hacerle el trabajo sucio a una opción política, deja de ser televisión inocente y empieza a ser poder político con risas enlatadas. Pero el uso del mando a distancia es libre. Lo mejor es que, incluso en esos publirreportajes disfrazados de entrevista, uno puede encontrar momentos donde, por despiste, el protagonista muestra lo que realmente piensa. Así, durante la entrevista, Feijoo culpó a "la escuela rural" de su poca habilidad con el inglés. ¡Hombre!, aunque es verdad que, el conocido en la comarca como "el hijo del cura" vivió hasta los 10 años en A Peroxa, una pequeña aldea gallega, después estudió en régimen de interno en el exclusivo colegio Maristas Champagnat de León, donde terminó la enseñanza reglada. ¿También la enseñanza privada es responsable de su incapacidad con los idiomas? ¿Tampoco en su etapa universitaria en Santiago pudo aprender algo de inglés? ¿Ni en los años donde mantuvo con Marcial Dorado, un conocido contrabandista y narcotraficante, una estrecha amistad, con compartiendo vacaciones, lujos y horas de navegación? Pero es que este señor tiene otros focos de interés. Ya lo aclaró, recordando su infancia, durante el III Congreso Internacional de Asociación de Familias y Mujeres del Medio Rural, con un peculiar relato sobre su interés en la "procreación de los conejos". En fin, espero que tras el revés del señor Feijoo a la escuela y el profesorado rural, nada más llegue a Moncloa incremente notablemente la inversión en la escuela rural. Aunque no lo creo, pues en sus 13 años al frente de la Xunta de Galicia, se cerraron más de un centenar de centros públicos en la comunidad.

jueves, 18 de junio de 2026

Gritas con cien mil lenguas.

Se le atribuye a la mística Santa Catalina de Siena la frase: "¡Basta de silencios! ¡Gritad con cien mil lenguas! porque, por haber callado, ¡el mundo está podrido!. Estas palabras son como bálsamo para las heridas que voy arrastrando, vacunas contra ese virus de la mentira que nos inoculan permanentemente y que nos obliga a bajar la cabeza, amedrentados, darnos por vencidos y aceptar que la única alternativa a la corrupción es el único partido que ha sido condenado por corrupción. Y nada menos que con la ayuda, presencia activa y programa de la ultraderecha. En este extraño momento en el que se adentra nuestro país, las palabras de Santa Catalina son un acicate para mí. Un llamamiento a no creer las mentiras que inundan medios y redes, ni las procedentes de los gobiernos, ni de los poderes de una oposición que pasa las horas en la embajada de EE.UU., ni de algunos jueces que parecen estar más interesados en imputar que en desvelar verdades. Son un llamamiento a no seguir sus banderas podridas de codicia, corrupción y engaños. A no creer sus machacones mensajes de conspiraciones, alimentados por sus triquiñuelas legales, por su lawfare, aireados por una prensa que crea estados de opinión, que decide cambiar gobiernos cuando hay intereses de por medio, que confunde, difama, persigue, acosa. No, me he cansado de aguantar sus excesos dialécticos y sus mentiras, esa corrupción sistémica disfrazada de democracia y alentada desde los medios, unos más que otros, desde los desayunos en los que todas las mañanas se juntan para escuchar a tal o cual protagonista agónico de nuestra deprimente vida política, económica, social. voy a perseguir cada día la verdad, me cueste lo que me cueste. Voy a contar cada día la verdad. Y si hay que gritarla, la gritaré. Voy a deciros, cada día, quiénes son los míos y los voy a intentar distinguir en el campo de batalla, sin dejarme confundir por mayorías, minorías, tendencias, opiniones, tertulianos y provocadores profesionales. Voy a perseguir cada día la verdad, me cueste lo que me cueste, Y si hay que gritarla, la gritaré, sin dejarme confundir por mayorías, minorías, tendencias, opiniones, tertulianos y provocadores profesionales. Usaré sólo la palabra. La violencia es de ellos. La física, la policial, la militar, la de los tribunales, la psíquica, el bullying, el acoso. Todo eso es de ellos. Yo sólo tengo la palabra. Cualquiera que defienda la verdad, la libertad, la justicia, la solidaridad, será de los míos, de mi país, de mi patria. Un patriota. Cualquiera que no lo haga será un bárbaro. He elegido bando y voy a defenderlo, porque ya no es tiempo de racionalismo interesado, de aceptación impuesta del realismo del dinero y el poder por encima de todo. No voy a participar en la demencia de sustituir a pícaros y chorizos por corruptos, caciques y señoritos a caballo. Es tiempo de aferrarse a la vida y salir a defenderla. Es tiempo de filósofos y de poetas, de líderes honestos y decentes, porque como dijo Unamuno, "el silencio es la peor mentira".

miércoles, 17 de junio de 2026

Para Javier

Excmo. e Ilmo. Sr. D. Presidente de la FIFA: En primer lugar, agradecerle su valentía y saber estar por ser uno de los últimos de Filipinas en usar los números ordinales en vez de los cardinales. No sabe su excelencia cómo se lo agradezco. Supongo que es una de las ventajas de la edad. Y del saber. Ahí tiene vuecencia el caso del portero de Cabo Verde (no lo confunda con el cabo Gutierrez, número del puesto de la Benemérita de La Carlota) que hizo un partidazo con cuarenta años porque no se sabe los ordinales y no podía contar más allá del primer gol. Bueno, eso y que el seleccionado nacional tuvo menos ritmo que una gotera. Pero ahí están los periodistas manteniendo que España es una de las favoritas. Una de las ocho o diez favoritas. Cuánto echamos de menos al pulpo Paul. Ya podía León XIV haber echado mano de sus contactos divinos y habernos aclarado el futuro de La Roja.

Sin embargo, lo que más me consume en este -que amenaza- tórrido verano, lo que más me quema, lo que más me crispa, lo que más me jode, es la meretriz manía del personal de calificar cualquier chorrada o necedad de hecho histórico. ¡No puedo! Ante tamaña tontería el cuerpo sólo me pide empezar a arrimar hostias a diestro y siniestro, sin conocimiento ni medida. Para evitarlo me he puesto a repasar la Historia de España, llegando a inquietantes conclusiones. La fundamental es que la nación española no tiene poco más de 500 años de antigüedad. No, qué va. Su nacimiento ni tan siquiera fue inspirado por Jesucristo tras ingresar en el Frente Popular de Judea. ¡Qué va. Es mucho más antigua! Lo han demostrado los arqueólogos de Atapuerca, que han encontrado restos de un homínido con una pulserita con la bandera española en la muñeca y un cuenco para hacer gazpacho. Estarímos, sin duda, ante el "Homo Cañí". Yo, sin embargo, sospecho que Dios creó España un cuarto de hora después de separar la luz de las tinieblas. Desde entonces, un largo linaje de españoles ha mantenido viva la Ilama de la patria. Sin ir más lejos, en Altamira se ve la imagen de un fulano echándose la siesta. ¿Qué más pruebas queremos?. Después, Fenicios, Griegos y cartagineses se dieron una vuelta por aquí para visitar Madrid y se quedaron tostándose en nuestras playas, comiendo espetos y bebiendo sangría. Los romanos se pasaron por Iberia para conquistarla y les salió la gata gato. Los redujimos y los metimos en nuestras procesiones. El modo de vida hispano se impuso. Ya lo dijo Séneca: "vitreum parvum salmorejum et duorum flamenquinum dolores spiritus et rigorem fato levant". Los godos, como se sabe, no invadieron nada: brotaron de la tierra, y Leovigildo eligió Toledo como capital por el ruido que había en Madrid con las remontadas del Real. Desde entonces no hacemos más que dar lecciones al mundo como reserva espiritual, cultural, ideológica y folklórica de la Galaxia. ¿Y Abderramán? Ese no juega, por moro. Ya se sabe. Si mira para La Meca en vez de para Madrid, chungo, que lo único que vale es haber nacido en tierra de Isabel Santísima. Y es que la historia está ahí para lo mismo que otras cosas: para manipularla, falsearla, aprovecharte de ella y declarar histórica cualquier gilipollez con el objetivo de que los libros de historia de la ESO acaben pesando más que el Planeta.

En fin, que esperamos con nerviosismo la publicación de las bases de la convocatoria del II Concurso de Fotografía Peripatética. Solo espero que dicho concurso alcance, cuanto menos, la nonagésima novena edición y que, pese a ello, no se convierta nunca en un puñetero hecho histórico. En cualquier caso propongo que todas las fotos recibidas pasen a formar parte del fondo gráfico del futuro monasterio benedictino que pretendemos refundar. Y que las ganadoras presidan las paredes de su noble scriptorium o, en su defecto, de su prestigiosa bodega artesanal... ¡Que el combinado de Arabia Saudita nos pille confesados! Personalmente me encomiendo a San Drogón, San Simeón el Loco y San  Marc de Cucurella.

Menos prioridad y más humanidad.

No soy autoridad en nada. Solo reflexiono y opino con conocimiento de causa. En derecho, en las relaciones humanas, en la vida, las formas deberían ser fundamentales como mecanismo de expresión de ideas. No es relevante sólo lo que se dice -a veces ni eso-, sino también cómo se dice, a través de qué marco de comunicación, con qué herramientas. La cortesía y las fórmulas de respeto deberían formar parte de la educación básica y esencial de cualquier ser humano, ser un presupuesto irrenunciable que nos permita salvaguardar la vida en sociedad, de manera pacífica y cordial, desde la tranquilidad que supone saber el respeto del adversario hacia uno mismo. ¿Cómo vamos a respetar las instituciones si muchas de las personas que hemos designado para representarnos en ellas se comportan a diario como patanes políticos? Sus modales toscos, su lenguaje ofensivo, su falta de respeto o sus actitudes prepotentes y chulescas les delatan. Este tipo de comportamiento suele manifestarse a través de la polarización, el desprecio por el debate constructivo o la burla hacia los opositores, acabando por degradar el nivel del discurso cívico. Cualquier persona de bien debería, ante todo, poner en valor a las personas. Pero en un momento en que nuestra sociedad, tan polarizada, parece haber perdido su rumbo, ni siquiera nuestros representantes son capaces de conducirse dignamente. Admiro a las personas capaces, con voluntad de avanzar, con vocación de servicio y ayuda a los demás. A las que evitan la crispación, la confrontación y la agresividad y se muestran abiertas al diálogo constructivo. Ahora que parece que solo existe corrupción, que jugamos a ver quién ha sido más corrupto, menos decente, y que lo que parece importar es demostrar no lo buen gestor y honrado que soy, sino lo mal gestor y deshonesto que es el contrario, doy más valor a las personas que colaboran, que con profesionalidad, conocimiento y, sobre todo, humanidad, tratan de hacer más fácil la vida a quienes tienen a su alrededor, en especial a quienes más lo necesitan. Ahora que queremos todo y lo queremos ya; que la inteligencia artificial reemplaza a la natural; y a la que le pedimos, seguramente sin ser conscientes del todo de los riesgos, que nos resuelva rápido los problemas; yo quiero reivindicar el valor de las personas: de cada enfermera, de cada profesor y profesora, de los policías, periodistas, jueces y políticos honestos, de todos los trabajadores que hacen su trabajo calladamente, pero que, sin verlo, nos permiten al resto seguir adelante con nuestra vida. Es gracias a esas personas como construimos sociedad. Dejemos de lado diferencias y busquemos la unión en valores fundamentales. La diversidad enriquece. La honradez, la decencia, el respeto al diferente y abrirnos al pensamiento de los que piensan diferente nos aportan y mejoran. Es lo que nos hace más humanos. Menos "prioridad" que disimula la discriminación y mas humanidad.

lunes, 15 de junio de 2026

Del proletariado al precariado

El gran oxímoron de nuestros tiempos es que cuando todo quisque se autocalifica de clase media, ésta mengua más que el hielo de los glaciares. Era previsible. Cuando el voraz neocapitalismo ya ha esquilmado a los países pobres y está a punto de enviar a la miseria a los pobres de los países ricos, en su avaricia de beneficios había que dar el siguiente paso: parasitar, explotar y empobrecer a las clases medias globales. Su empobrecimiento, nos dicen los apóstoles del ultraliberalismo, tiene que ver con las sucesivas crisis financieras y económicas, bla, bla bla. Pero éstas parecen no haber afectado lo más mínimo a los más ricos. De ahí el escandaloso aumento de la desigualdad económica. Son muy listos. Emponzoñaron y laminaron el concepto de proletariado -y con él, el de clases sociales- para sustituirlo por el "precariado", integrado por ciudadanos condenados de por vida a la inestabilidad laboral y personal. Esto los hace vulnerables socioeconómicamente y empeora sus condiciones de vida, gracias, además, a las políticas de recortes sociales. Y, qué curioso, la reducción de rentas de las clases medias y bajas ha venido acompañada de una mayor acumulación de la renta total por parte de aquellos con niveles económicos más altos. El sistema político económico está descaradamente pensado para que muchos sufran mientras unos pocos -siempre los mismos- se forran. Lo hacen con total desfachatez, en nuestras narices, pero mucha gente no lo ve y les apoya. Un ejemplo: "Gracias" a la guerra de Irán, mientras los disparados precios del petróleo y el gas encarecen la vida de la mayoría, el patrimonio de los milmillonarios del sector energético no han dejado de crecer. Cuarenta y un milmillonarios del G7 han aumentado su riqueza en 23.500 millones de dólares desde que comenzó la guerra impulsada por Israel para eliminar a Irán y quedarse con el sur del Líbano. Y, mientras, el demagogo narcisista de Donald Trump se permite el lujo de decir: "Me encanta la inflación”. Y, a la vez, el precariado ha caído en la “trampa de la pobreza” y se echa en brazos de una ideología que, curiosamente, es la que más defiende a los saqueadores.

Trillonarios

¡Extra, Extra!, "Elon Musk se ha convertido oficialmente en el primer trillonario del mundo". Como era de esperar, periódicos, cadenas de televisión y revistas de negocios plagadas de periodistas que buscan la recompensa del paraíso neoliberal, lo tratan como un logro histórico. Un monumento a la meritocracia. Un triunfo del genio. Prueba de que el capitalismo recompensa el talento. Con perdón: ¡Y una mierda!. Tenga el dinero que tenga, Elon Musk es un sociópata, un enfermo narcisista, un miserable y un fascista. Cuando me dicen que alguien se hizo rico gracias al trabajo duro, siempre pregunto: "¿De quién?". Y supongo que el nuevo rico es de los que interpretan mal la famosa frase del castigo divino al hombre atribuida a Dios en el Génesis y leen: "Te ganarás el pan con el sudor "del de enfrente". Un billón de dólares no es una medida de talento. Es, más bien, una medida de poder. Diría más, de abuso de poder. Nadie crea un billón de dólares. Un billón de dólares representa el trabajo de incontables trabajadores: mineros, ingenieros, técnicos, conductores, obreros, programadores, limpiadores, empleados de almacén..., cuyo trabajo colectivo se transforma en riqueza privada. El multimillonario aparece al final del proceso, se atribuye el mérito y se queda con la mayor parte del beneficio. Detrás de cada billón hay un ejército de trabajadores. Detrás de un billón hay, además, un sistema económico, político y social que permite que un individuo se apropie de la riqueza creada por millones de personas. Esta es la parte que los aduladores nunca mencionan. Nunca lo harán. Porque cuando los trabajadores exigen salarios más altos, nos dicen que no hay dinero. Cuando los hospitales necesitan financiación, no hay dinero. Cuando las escuelas públicas se deterioran, no hay dinero, aunque la enseñanza privada se amorra a la teta del Estado. Cuando las pensiones peligran, cuando las familias no llegan a pagar el alquiler, cuando otras no llegan a fin de mes, de repente no hay dinero. Sin embargo, de alguna manera hay siempre suficiente para el primer trillonario y muchos mileuristas "comprenden" que haya políticos que se apiaden de estos pobres ricos y prometan bajarles los impuestos.

domingo, 14 de junio de 2026

La política para mi

Dice una genial frase de Groucho Marx que "la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados". La ultraderecha se ha apropiado la idea y la ha ampliado con otro concepto: "La política es el arte de obtener el dinero de los ricos y el voto de los pobres con el pretexto de proteger y beneficiar a los primeros de los otros. Personalmente, lo que menos me gusta del actual panorama político es como ha normalizado la mentira, la grosería y la falta de respeto como estrategias para alcanzar el poder. Me molesta, primero, por una simple cuestión de educación, pero, además, porque este uso del insulto y la descalificación personal eclipsa los debates de fondo, no supone beneficio alguno para la ciudadanía y sólo busca anular al adversario, convirtiendo la confrontación en un triste y barriobajero espectáculo que degrada a las instituciones públicas y a la misma sociedad. Lo que nos ofrecen estos gañanes travestidos en políticos es la negación de la educación y de la cultura, tanto por la degradación que hacen del "otro" como por su lamentable expresión oral que, con muy pocas excepciones, sólo muestra la negación de toda decencia con sus términos vulgares y grotescos. Un degradante espectáculo para los que concebimos la política como un ejercicio de servicio a la comunidad regido por la honradez, la dignidad y la honestidad, destinado a luchar, arañar con lo que quede de conciencia y de recursos para lograr el objetivo de ser decentes, es decir, de respetar a los otros, y respetarnos a nosotros mismos como comunidad. Y respetar a nuestros semejantes significa valorarlos como seres humanos, sin prejuicios ni discriminación de ninguna clase, de lo contrario, a nuestros hijos y nietos, les entregaremos un mundo deshecho, sin futuro, y enseñándoles que lo único que vale es pisotear al "otro".



sábado, 13 de junio de 2026

Literatura

Me gusta la literatura que no acaricia, que no acompaña amable, que no ofrece consuelo; que se queda en el lugar donde la palabra todavía duele porque no ha sido domesticada. No debería dejarse al arbitrio de lo fugaz la frágil sustancia del lo narrado. La literatura no tiene que estar hecha de imágenes brillantes, sino de pensamiento en carne viva, ese que respira, se equivoca, retrocede y vuelve a intentar decir lo que pretende. Debería existir una ética del lenguaje. No todo vale. No todo puede decirse de cualquier manera. No todo debe decirse. O mejor dicho, no todo merece la pena decirse. La literatura debería enseñar las formas de estar en el mundo. Entiendo que es un objetivo incómodo, porque no acepta atajos. Porque no embellece lo que no lo es. Porque no convierte el libro en un lugar amable, pero si en un lugar verdadero. En tiempos de ruido, la buena literatura no grita. Resiste, como resisten ciertas telas: sin romperse, pero sin ceder. Y tal vez por eso permanece. Porque no busca gustar. Busca otra cosa: sostener un pensamiento y una mirada limpia cuando todo alrededor invita a cerrarla. Busca descubrír la fuerza, el dolor y el amor, la belleza y la resiliencia de un lucha justa y necesaria. Desde el río hasta el mar, desde la honestidad y el trabajo, a la solidaridad y la entrega. La pluma del escritor debería ser como la aguja que borda sobre la tela la memoria y el amor de un cuerpo y una mente que resisten, hilo a hilo, como quien escribe un poema sin papel. Y en el interior, el mundo. Todo libro debería abarcar ambos lenguajes —el del hilo y el de la palabra— y los dos alzarse contra el odio, la indiferencia, el egoísmo, la insolidaridad, la guerra, contra el olvido impuesto, contra cualquier forma de violencia humana. Amar, entonces, es resistir: cuidar del otro, del cercano y del distante, como quien protege un bordado antiguo que aún late, rojo y vivo, bajo la historia herida. Qué placer leer cosas como: "Qué tremendo engaño eso del esfuerzo, esa república dialéctica de que nos hace libres el trabajo cuando es fácil darse cuenta de que todo son daños colaterales, o una pequeña muerte cotidiana que produce tan sólo desánimo de lucro". En fin, que sólo busco que un libro acompañe la soledad buscada, que no se niegue a utopías ni quimeras, que remanse el flujo de la vida aunque revoluciones el pensamiento.

viernes, 12 de junio de 2026

El truco de la inmigración

Desde hace más de 500 años los países occidentales se han dedicado a esquilmar los recursos naturales de los "países pobres" y, en "sus" colonias, utilizaron mano de obra forzada o esclava para enriquecer a sus élites, empobreciendo así a aquellas. El reparto arbitrario de fronteras (como en la Conferencia de Berlín para África) destruyó estructuras sociales e impuso divisiones que provocaron conflictos étnicos y civiles que duran a día de hoy. Cuando terminó el colonialismo clásico, el capitalismo impuso el neocolonialismo económico, donde las instituciones financieras internacionales y los tratados de libre comercio a menudo favorecen a las empresas occidentales, manteniendo a los países en desarrollo como simples proveedores de materia prima barata. Y, por si fuera poco, los intereses geoestratégicos, económicos y políticos de las potencias occidentales han provocado continuas intervenciones militares, directas o indirectas, en regiones como África, Medio Oriente o América Latina, que desestabilizaron gobiernos para instalar corruptas dictaduras, dañaron infraestructuras y crearon crisis humanitarias que forzaron migraciones masivas. Solo tenemos que pensar en Irak, Siria, Libia, Líbano, Afganistán o muchos países de África o América Latina. Gobiernos y grandes multinacionales occidentales siguen saqueando los recursos de estos países y, a cambio, dejamos a sus poblaciones a merced de la miseria, la violencia y el dolor. Ahora, empujada por el auge de la miserable e inhumana ultraderecha, Europa restringe sus posibilidades de entrada, endurece las condiciones de estancia y admite los procesos de expulsión masiva. Pero hasta los más recalcitrantes adeptos de la estúpida teoría del Gran Reemplazo, saben que, aunque solo sea como mano de obra barata, los inmigrantes son imprescindibles. Ellos se debe al descarado uso de la inmigración con fines electoralistas. Pero también a algo que no nos cuentan: No es solo que "no quieran que lleguen". Es que, sobre todo, "no quieren que salgan". Las políticas extractivas neocoloniales exigen mantener en los países pobres grandes bolsas de mano de obra necesitada para que sea muy barata. Y si la bolsa se desinfla las empresas neocoloniales tendrían que subir los salarios. Además, los inmigrantes que trabajan en países que reconocen derechos laborales, son un mal ejemplo para los que se quedan. Y, por último, las remesas de los inmigrantes favorecen la posibilidad de crear "bolsas de resistencia" en hipotéticos conflictos laborales. Malas noticias para las empresas saqueadoras. Así, a los emigrantes de ahora, los náufragos de la globalización, los echamos de aquí para que puedan ser más y mejor explotados allí. Privatización de las fronteras, criminalización del migrante, subcontrata en países vecinos y un cínico mensaje: lo hacemos para mejorar la vida de los nacionales. Quizás por eso han pulverizado el estado del bienestar, machacan los servicios públicos, se oponen a la mejora de salarios o pensiones, sueñan con retrotraer los derechos laborales a los años 60 o no mueven un dedo para solucionar el problema de la vivienda. A ver si la gente se entera de que el enemigo viaja en yate o avión privado, no en patera.

jueves, 11 de junio de 2026

Oficio: apuntalar fragilidades.

Tengo un nuevo oficio: consiste en amontonar trocitos de luz y fingir un sol. Es un oficio simple, pero que exige no desplegar nunca el mapa de tus daños. Los daños personales, claro, pero es que éstos están conectados al daño genérico (si se pudiera hablar de un dolor general, común) gracias a la red invisible que compartimos, llámese tiempo, llámese ilusión, llámese miedo, llámese incertidumbre o esperanza. Este oficio exige recuperar la linea casi borrada que hilvana el mundo y sus peligros. Y también observar sereno las heridas, ya sin sangre, pero aún con dolor. No se trata de hacer un espectáculo del daño, tampoco un ejercicio de exuberancia de la resiliencia, sólo de ser honesto y releer con calma ese papel que aguanta a duras penas la catarata de cicatrices cosidas, heridas recientes o abismos de nostalgia. Y eso exige tiempo, pero no más que el que uno necesita para aprender su nombre. Tiene que convertirse uno en experto para apuntalar fragilidades. Fragilidades básicas, como podarte cada mañana hasta convertirte en un bonsái para tratar a los demás. O caer por el hueco que se abre entre tu corazón y tu edad. O la de doblar y guardar con cuidado, en un cajón, la palabra miedo. O componer toda una vida con una suma de parches. Familia, amor, identidad, trabajo, muerte son parte de esa fragilidad que compartimos, una aluminosis vital que pone en peligro la estabilidad del edificio que, pese a todo, resiste. Así que voy a seguir amontonando trocitos de luz para fingir un sol. Solo espero que ninguna nueva fragilidad me proyecte sombra.

Lawfare español not is diferent

El caso de Lula da Silva en Brasil es el ejemplo perfecto de "lawfare": acabó en la cárcel en 2018 por cargos de corrupción que le impidieron competir en las elecciones pero, luego, el Tribunal Supremo anuló las condenas por la parcialidad e irregularidades en el proceso. El "trabajo ya estaba hecho". Procesos similares de "guerra jurídica" vimos también contra Dilma Rousseff, Cristina Fernández de Kirchner, Gustavo Petro o Evo Morales. El modus operandi es siempre el mismo: operaciones desarrolladas al unísono por parte del poder judicial, la cúpula del ministerio fiscal y la policía judicial, con el apoyo incondicional de grandes medios del país y -que curioso- la colaboración de diversas agencias del Gobierno de EEUU. ¿A qué me suena a mi esto?. Aquí hay un interés evidente por derribar al presidente del gobierno, sea como sea. La técnica de lawfare aplicada en América Latina y que parecen seguir también los jueces en España, consiste en la apertura de juicios a partir de informes policiales indiciarios y confusos –o directamente poco fiables– cuyos autos de acusación por lo general carecen de pruebas determinantes de los delitos de que acusan, mientras que están repletos de afirmaciones rimbombantes de culpabilidad desde sus primeras líneas. La filtración a medios de comunicación afines de dichos informes policiales y autos judiciales, la participación de instituciones internacionales en las investigaciones o el sensacionalismo de las diligencias de entrada y registro, son usadas hasta la saciedad. Se establecen, además, conclusiones urgentes de culpabilidad a partir de meros indicios, optando por juicios inquisitoriales basados en suposiciones, de la Policía Federal, en Brasil, o de la UCO o la UDEF, en España. Para los interesados en que los procesos prosperen, el resultado final es lo de menos, pues saben que la "pena de telediario" desgasta más al adversario. Tampoco importan salvaguardas procesales como el principio contradictorio, la presunción de inocencia, el debate entre las partes, o la garantía de un juez imparcial. No, qué va. La culpabilidad está previamente decidida y el objetivo es crear un clamor de venganza en la sociedad que lleve indefectiblemente a la condena moral y política del acusado. En el proceso penal del espectáculo, el uso de la suposición prevalece en detrimento del conocimiento, el discurso usado tiene por objetivo agradar a las masas receptivas, los hechos son presentados con tintes sensacionalistas, como un duelo entre el bien y el mal y, para atender a los deseos de la audiencia, el juez puede castigar a "los malos". El objetivo es obtener una condena anticipada a través del shock social. El partido de Podemos fue laminado políticamente a partir de 33 querellas judiciales contra él o sus principales dirigentes. Hasta 2023 el Tribunal Supremo ha archivado un total de 29 querellas y las que siguen abiertas correrán la misma suerte. Pero el trabajo ya está hecho. Hoy Podemos está amortizado, igual que Baltasar Garzón, igual que el ex Fiscal general del Estado. Pronto lo estarán también Zapatero y Sánchez.

viernes, 5 de junio de 2026

¡Que viene el Papa!

El Papa está en España, ese país donde -en contra de lo que pueda parecer- apenas el 55% de la población adulta se identifica hoy como católica. De ellos, menos de un 20%. se declaran católicos practicantes frente al 27,7 que se definen como ateos o agnósticos. Pero la cobertura mediática y el interés político despertado parecen indicar lo contrario. Pareciese que seguimos siendo, como solía señalar la propaganda franquista, la guía espiritual de occidente. ¡Viaje histórico!, proclaman los periodistas de menguado vocabulario e ideas pret a porter. Recibimos a León XIV como jefe espiritual y jefe de estado. Y le abrimos las puertas del Parlamento, la sede de la soberanía nacional, para que el pontífice lo utilizará como púlpito para vocear la doctrina de una institución religiosa en un Estado supuestamente aconfesional según la Constitución española. ¡Ya!. El discurso papal -no es su culpa- traspasó los límites de la cortesía diplomática para convertirse en una injerencia directa en asuntos legislativos. Bajo un tono aparentemente conciliador, el Papa se atrevió a señalarnos “límites morales” basados en dogmas religiosos y en una supuesta "ley natural" que la Iglesia católica reclama como propia. Ya sabemos: el derecho a la vida, las decisiones sobre la propia muerte, el modelo de familia... Pero sólo recuerdo que la Iglesia se ha opuesto histórica y sistemáticamente a avances sociales como la anticoncepción, el divorcio, el matrimonio igualitario, la interrupción voluntaria del embarazo o la eutanasia. Me inquieta la incoherencia que supone que un Parlamento que ha impulsado la igualdad de género rinda honores al líder de una institución que excluye estructuralmente a las mujeres y patrocina un "machismo institucionalizado", un Estado teocrático donde ninguna mujer puede acceder al pontificado, ni a la curia, ni tan siquiera al sacerdocio. Una institución que, todavía hoy, tolera que los más intolerantes, sigan citando desde los púlpitos textos bíblicos para justificar la obediencia y silencio a las mujeres. Y me indigna que se le rinda pleitesía desde el estado a quien defiende el secreto de confesión como una exigencia de mantener el sigilo sacramental por encima de las obligaciones con la justicia en casos de abusos sexuales. Eso en un país donde, según un informe del defensor del pueblo, unas 445.000 españoles habrían sido víctimas de la pederastia en la Iglesia. En 2018 la jerarquía eclesiástica sólo admitía 4 casos. Pero, mientras el pontífice no dudó en utilizar un tono beligerante para censurar las leyes civiles del país que lo acoge, pasó de puntillas, con una frialdad y una tibieza desoladoras, sobre la herida sangrante y abierta de la pederastia institucionalizada dentro de los sectores religiosos. ¡Histórico!