Lo de la oposición política en España es un chollo. Para llegar al poder sólo tienen que sentarse a esperar ver pasar el cadáver del actual gobierno. No tienen por qué tener una alternativa de gobierno, ni un programa político. Su programa es, exclusivamente, un furioso y faltón antisanchismo. Su programa está convenientemente oculto. No hablan de él para no asustar a los incautos que están dispuestos a votarlos y que serán los primeros en sufrir sus consecuencias. El "Perro" es su capa de prestidigitador, la coartada que les sirve para que nadie vislumbre lo que pretenden hacer. Pero, de vez en cuando, su torpeza o el afán de protagonismo de sus gurús económicos, hace que se les escape alguna "perla". Lo vemos, con frecuencia, con el tema de las pensiones. Repiten, hasta aburrir, su mantra de que "son insostenibles". En su modelo, claro. Resulta curioso que para una gente a la que la economía sostenible se la trae al pairo, en relación con las pensiones la "sostenibilidad" les obsesiona. Sus soluciones son para echarse a temblar: aumentar la edad de jubilación, elevar los años de cotización y, sobre todo, privatizar el sistema. Sus principales argumentos son medias verdades que, utilizadas arteramente, se convierten en mentiras. Ahora la han tomado con la cuantía de las pensiones en España, como si éstas fueran un "regalo" excesivo. Tildar las pensiones de “demasiado generosas” es una perversión del lenguaje diseñada para reconvertir un derecho en una limosna que apenas sirva para amortiguar la miseria. Se apoyan en una verdad: En España la diferencia entre el último salario y la primera pensión roza el 80%, mientras que en otros países de nuestro entorno apenas llega al 60%. Lo que no dicen, lo que ocultan, es que los países con los que nos miden tienen sueldos medios y mínimos muy superiores a los nuestros: 77.000 euros anuales, Luxemburgo frente a los 33.000 euros en España. Eso, en el mejor de los casos. Y, claro, el 80% de un salario bajo da como resultado una pensión miserable. Pero lo más miserable es el último paso que han dado: decir que es injusto que un pensionista cobre más que una persona que está trabajando. Me ahorro los exabruptos. Sólo dos cosas. Primero, el problema no es el nivel de "algunas" pensiones, es la mierda de salarios que paga esta gente. Y, segundo, lo más asqueroso es que estos sembradores de odio lo único que pretenden es enfrentar a los jóvenes con los pensionistas. Pretenden que éstos se sientan culpables y agachen la cabeza para mirar abajo, a su propia sombra, mientras siguen anestesiando a jóvenes y no tan jóvenes con grandes dosis de patrioterismo barato envuelto en un frenesí de banderas rojigualdas; todas ellas, por supuesto, made in China. Pero esto no va de patrias, va de patrimonio de los más ricos.
domingo, 30 de agosto de 2026
viernes, 28 de agosto de 2026
Lo de Ceuta
jueves, 27 de agosto de 2026
Los héroes ya no son lo que eran
La antigüedad griega fue un tiempo mítico poblado de héroes de virtudes sobrenaturales, ya fueran los dioses homéricos, un Hércules de fuerza legendaria o el épico Ulises. Sus "herederos" clásicos: Alejandro Magno, Julio César, Adriano, Marco Aurelio... bajaron ya un escalón. Se humanizaron y entreveraron virtudes y defectos. En la edad media el referente, el modelo a seguir, fue el caballero medieval, hombre fuerte y aguerrido con un código moral basado en la lealtad, el valor, el sacrificio, la defensa de los débiles y unas virtudes morales intachables. Pero pasaron del heroico Roldán o el mítico Arturo al "loco" Don Quijote. La cosa se degradó con los monarcas feudales, primero, y los absolutos después. Y, a partir de ahí... El gran héroe del siglo XX es un antihéroe. Quizá por eso nos gusta, Cantinflas, Mortadelo y Filemón, Mr. Bean, Homer Simpson o Torrente. Y claro, pasa lo que pasa, que llegan las elecciones y votamos al primero que pasa, sea este un esperpento zafio, maleducado, narcisista, ruin y miserable como Trump, un economista lunático, despeluchado y sacado de una escena de La masacre de Texas como Milei, o un fantoche caribeño con ínfulas de tiktoker como De la Espriella. Nunca tantos candidatos políticos han parecido tan idiotas, tan malas personas y con tan mala leche. La gente vota más con el culo que con la cabeza. Por eso los gobiernos de medio mundo se van llenando de millonarios disfrazados de plebeyos. Son los capos neopopulistas que no acaban de creerse como hay gente que los aupa al poder para que los machaquen. Pero ahora, el que se lleva el gato al agua es el político zote y descerebrado que habla como algunos personajes de "La que se avecina", que usa un lenguaje de campechanía suburbial que confunde al votante que acaba creyendo que es de su cuerda. Ahora lo importante es regar el discurso público de boutades tabernarias, estupideces varias, ideas irracionales, mentiras a tutiplén y comentarios chulescos. Ahí tenemos a otra mediocre ilustre, la señorita Ayuso, que ejerce de chulapa castigadora vitalicia cada vez que le ponen delante un micrófono. Ahí están sus grandes aportaciones a la teoría política: "Me gusta la fruta", "Chao, pescao". Eso epata al moderno ciudadano cuya ignorancia le hace tener corazón de súbdito, que cree que la élite son los otros, la "Izquierda caviar" y que aborrece a esos "hijos de burgueses" que van de sabiondos por la vida. De ahí, a gritar "Que vivan los idiotas", hay sólo un paso. Y, mientras, esta gente está dispuesta a creer a la Marquesa de Quirón si les dice que los inmigrantes solo vienen a España a robarnos los áticos.
Hacer turismo no es viajar.
Dijo G. K. Chesterton que "el viajero ve lo que ve y el turista ve lo que ha ido a ver". Y yo añado: y a veces ni eso. Seguimos hablando de viajar pero urge distinguir entre viajar y hacer turismo, pues cada vez más estos conceptos se parecen como un huevo a una castaña. Las mejores muestras que concentran historia, arte y cultura en el mundo, llevan camino de terminar convertidas en un monstruoso parque temático. Constantemente vemos el ir y venir, sin rumbo ni meta propia, de masas informes de cuerpos apelotonados a través de cualquier monumento o conjunto monumental. De los destinos de sol, playa y excesos gastronómicos y etílicos, mejor no hablar. Hoy cualquier sitio es válido para los rebaños itinerantes de turistas, esa marea de visitantes que no prestan la más mínima atención a lo que están viendo. Siempre, móvil en mano. Exquisitas exposiciones; lugares sagrados, religiosos o no; imponentes monumentos o espectaculares paisajes, son frecuentados con el mismo espíritu con el que se pasea por Ikea una tarde de sábado. El recuerdo, en Auschwitz, es mancillado a diario por multitudes ignorantes. Y la zona de acceso al Everest parece la cola para subir a una atracción de feria. Y todos, todos los que participan de la jauría, creen estar viviendo una experiencia única. Por mucho que se intente ocultar o disfrazar, es patente que la industria turística, cuando solo persigue la obtención rápida e intensa de lucro, es un factor depredador y desestabilizador. Aun así, hay almas falsamente cándidas que se extrañan de que en algunos lugares estén hasta el gorro de turismo. En este panorama atroz convergen la carencia de educación y de neuronas de muchos turistas, la insensatez de una hostelería dispuesta a cualquier abdicación moral en busca del euro, y la dejación de funciones de unas autoridades a las que en este tema solo parece preocupar el número de pernoctaciones y el correspondiente gasto per capita. Y siempre están ahí los aciagos predicadores de siempre que exigen a los damnificados por la plaga de pisos turísticos y demás lacras ligadas a este azote que sufran en silencio por el "bien" de la economía nacional. Y esos otros que mandan callar a los trabajadores que sufren las indignantes condiciones laborales que rigen en este tan puntero sector de la economía, con el sólido argumento de que "la gente no quiere trabajar". Antes, el turista sólo se llevaba recuerdos. Ahora sólo deja huellas, masificación, suciedad, ruido, problemas y hartazgo de mucha gente.
miércoles, 26 de agosto de 2026
Meta, nos la mete.
Meta nos la mete. La compañía ha acordado, tras un acuerdo con los fiscales, pagar casi 17.000 millones de dólares para cerrar un juicio masivo en Estados Unidos que la acusaba de diseñar plataformas adictivas para menores. Sin embargo, la compañía niega haber cometido una infracción o ser culpable. Esta gente piensa que todos somos tan idiotas como los millones de personas a las que sus productos han abducido y que tragan con todo. Tras el acuerdo las acciones de Meta subían más de un 3 % en Wall Street. Ello supone un incremento en el valor de mercado de la compañía de aproximadamente 40.000 a 50.000 millones de dólares. Estos insaciables tecno oligarcas ganan hasta cuando parecen perder. Según varios estudios, los menores de 12 a 18 años muestran niveles de bienestar mucho más bajos si pasan de las cinco horas diarias en redes sociales. A esa edad, para tener la autoestima en tu sitio antes bastaba con conseguir la validación de los amigos del "insti" que no era fácil. Ahora hay que sumar la que dan los likes de unas redes dominadas por un montón de influencers que te recuerdan en cada "reel", con dosis de falsa humildad, que tú no eres tan especial como ellos, que sólo eres el mierda que les permite vivir del cuento. Es de juzgado de guardia. Los expertos en cargarle a la escuela lidiar con cualquier morlaco con el que no saben qué hacer claman por potenciar la educación digital. Yo creo que es, simplemente, problema de educación. De los menores y de los padres. Éstos no pueden darle un móvil a un chaval con el pensamiento crítico en construcción esperando que no pase nada cuando, cada vez más adultos están enganchados a las redes. Empecemos por dar ejemplo, que se supone que los mayores sí tenemos criterio para no dejarnos abducir por los aparatitos. Y, ojo, que tampoco se trata de demonizarlo todo, rescatemos lo que hay de positivo en las redes y arrojemos a la basura al lugar que le corresponde. Sin olvidarnos de tirar después de la cadena.
Poner t8tulo
martes, 25 de agosto de 2026
Pensamiento mágico
lunes, 24 de agosto de 2026
La amigdala
Ante tantas cosas que se nos antojan inexplicables, quizá la explicación sea: "Es la amígdala, estúpido". Personalmente estoy fascinado. Tanto darle vueltas a las cosas y resulta que la respuesta a tantas dudas la tenían los neurocientíficos. Dicen estos que el estrés crónico y la dificultad para concentrarse forman parte de la experiencia cotidiana de millones de personas. Y esto, dicen los expertos, tiene consecuencias políticas directas pués -afirman- "las personas con tendencia a la ansiedad o a reaccionar de forma impulsiva bajo el estrés son más propensas a sentirse atraídas por ideologías autoritarias cuando perciben el mundo como amenazante o inestable". Parece así que los fachapobres de pulsera, o mejor, su neurodivergencia, les impide darse cuenta de que la verdadera amenaza son las ideologías autoritarias ante las que se postran siguiendo este proceso: la amígdala -el sistema de alarma del cerebro– se activa ante el miedo y la percepción de amenaza e inhibe el pensamiento crítico de la corteza prefrontal. Bajo este estado de debilidad neurológica, las personas se convierten en terreno abonado para las narrativas apoyadas en el miedo y en la neolengua apocalíptica, violenta y deshumanizadora de los líderes de las asilvestradas derechas y ultraderechas. En conclusión, la democracia depende de la salud cerebral de la ciudadanía y de su capacidad para mostrar espíritu crítico. Si este se esfuma crece entonces el reflejo tribal alimentado en parte por el algoritmo: el nosotros contra ellos, el instinto de la manada, la búsqueda del macho alfa -yo prefiero llamarlo alfalfa– que debe proteger al grupo. Hay, pues, una razón biológica más que ideológica en la patética subrogación de algunos humanos a ese pleistocénico autoritarismo de quienes han llegado a la política para destruir lo que tanto nos ha costado construir.
Fachapobres
Sin duda, el producto mejor acabado del neoliberalismo es el obrero de derechas. Éste se ha convertido en un producto de masas, el sistema lo ha moldeado y perfeccionado tanto que se ha convertido en un esperpento digno de ser exhibido en un museo. Son los "fachapobres", esos individuos que, en sentido estricto no lo son porque ni son ni actúan por sí mismos, sino que son un producto elaborado por la factoría de fachapobres que el capitalismo ha distribuido por el mundo, y que ha conseguido interiorizar primero, para defenderlos después, todos y cada uno de los elementos dialécticos que tradicionalmente han ido vertiendo los fachas naturales, es decir, los facharicos. La pregunta es: ¿cómo es posible que alguien defienda, a veces de forma vehemente, cosas, situaciones e ideas que objetivamente obran en contra de sus propios intereses? Pero, toda esta troupe, ¿qué son? ¿Desclasados? ¿Ignorantes dispuestos a autolesionarse? ¿Actualizaciones masificadas y replicantes del tradicional carajote de toda la vida que no sabe lo que es una clase social y, por tanto, ignora a la que pertenece. Seguramente son el resultado de un sistema educativo fallido y del impacto que provoca esa arma de destrucción cultural masiva, que se aloja en las redes sociales, que es el algoritmo diseñado y controlado por los dueños de la sociedad, un arma que opera sobre unas mentes a las que convenientemente se las educa para el letargo cognitivo. El resultado de este modelo acultural sobrepasa la tradicional e inherente al capitalismo división social, para adentrarse en algunos casos en ese peligroso territorio cultivado por los fascismos que desemboca en la violencia, primero verbal y después física, contra quienes no aceptan ese marco de hegemonía de la ignorancia. Son estos malos tiempos para el sentido común, el sistema ha puesto de moda al "canalla" como paradigma y parece que sobramos quienes aún guardamos un mínimo de sentido común y de decencia, pero adónde puñetas vamos a ir, tenemos que seguir aquí, no conviviendo sino enfrentándonos a toda esta excrecencia intelectual y moral.
Proyecto monasterio
Reglas monásticas
Oportunidad para discutir algunas de las virtudes y prácticas esenciales para la vida religiosa tal como la entendió: enfatizó consideraciones tales como la caridad, la pobreza, la obediencia, el desapego del mundo, la distribución del trabajo, los deberes mutuos de los superiores e inferiores, la caridad fraterna, la oración en común, el ayuno y la abstinencia proporcional a la fuerza del individuo, el cuidado de los enfermos, el silencio y la lectura durante las comidas.
muy perturbado por la conducta de los monjes que se dedicaban a la ociosidad con el pretexto de la contemplación, y a petición suya, San Agustín publicó un tratado titulado De opere monachorum en el que demuestra por la autoridad de la Biblia, el ejemplo de los apóstoles, e incluso las exigencias de la vida, que el monje está obligado a dedicarse a trabajos serios. En varias de sus cartas y sermones se encuentra un complemento útil a su enseñanza sobre la vida monástica y los deberes que impone. En su tratado, De opere monachorum, inculca la necesidad del trabajo, sin embargo, sin someterlo a ninguna regla, la obtención del sustento lo hace indispensable. Los monjes, por supuesto, dedicados al ministerio eclesiástico observan, ipso facto, el precepto del trabajo, de cuya observancia se dispensan legítimamente los enfermos.
caridad y pobreza
II: oración
III: las formas de ascetismo
IV: castidad y custodia mutua
V: No consideres nada como propio, ni siquiera a ti mismo.
VI: Perdón de los delitos.
VII: autoridad y obediencia
VIII: Exhortación a observar la regla
Capítulo 1 define cuatro tipos de monjes:
Cenobitas, aquellos "en un monasterio, donde sirven bajo una regla y un abad".
Anacoretas, o ermitaños, que, después de un largo entrenamiento exitoso en un monasterio, ahora se las arreglan solos, con solo Dios para su ayuda.
Sarabaítas, que viven juntos de grupos de dos o tres, o incluso solos, sin experiencia, gobierno ni superior, y por lo tanto sin regla propiamente dicha.
Giróvagos, que, para no tener que someterse a la vida regular de los monjes cenobitas, vagan de un monasterio a otro sin destino definido
une de por vida al monasterio de su profesión.
El Capítulo 59 permite la admisión de niños al monasterio bajo ciertas condiciones.
El capítulo 60 regula la posición de los sacerdotes que se unen a la comunidad. Deben dar ejemplo de humildad, y solo pueden ejercer sus funciones sacerdotales con el permiso del abad.
El Capítulo 61 prevé la recepción de monjes extraños como invitados y su admisión a la comunidad.
El capítulo 62 trata de la ordenación de sacerdotes dentro de la comunidad monástica.
El Capítulo 63 establece que la precedencia en la comunidad estará determinada por la fecha de admisión, el mérito de la vida o el nombramiento del abad.
El Capítulo 64 ordena que el abad sea elegido por sus monjes, y que sea elegido por su caridad, celo y discreción.
El Capítulo 65 permite el nombramiento de un preboste, o anterior, pero advierte que debe estar completamente sujeto al abad y puede ser amonestado, depuesto o expulsado por mala conducta.
El Capítulo 66 nombra a un portero, y recomienda que cada monasterio sea autónomo y evite las relaciones con el mundo exterior.
El Capítulo 67 instruye a los monjes sobre cómo comportarse en un viaje.
El Capítulo 68 ordena que todos traten alegremente de hacer lo que se les ordena, por difícil que parezca.
El Capítulo 69 prohíbe a los monjes defenderse unos a otros.
El Capítulo 70 les prohíbe golpearse entre sí.
El Capítulo 71 alienta a los hermanos a ser obedientes no solo al abad y sus funcionarios, sino también entre ellos.
El capítulo 72 exhorta brevemente a los monjes al celo y la caridad fraterna.
El Capítulo 73 es un epílogo que declara que la Regla no se ofrece como un ideal de perfección, sino simplemente como un medio hacia la piedad, destinada principalmente a los principiantes en la vida espiritual.
Es indecente decir que España es un país fallido.
domingo, 23 de agosto de 2026
Farmear Aura
Me acabo de enterar. Lo llaman batallas de "aura farming" o "farmear aura". Se trata de jóvenes, en su mayoría de entre 14 y 20 años, que compiten haciendo gestos, poses y recreaciones de algunos de los memes y vídeos virales más reconocibles de internet. Vamos, otra "poyada" para hacer el canelo y perder el tiempo. También me entero de que está de moda el "Mewing", que consiste en fortalecer la barbilla en busca de "mememizar" tu rostro. Son cosas que no entiendo. Hay que estar muy aburrido. Hay que tener poca personalidad. Todas estas "paridas" de nombre inglés y encefalograma plana sólo sirven para idiotizar al personal. Y ahí estamos: chicos y chicas completamente lobotomizados por los móviles en búsqueda de ese concepto etéreo y estúpido llamado aura. No sé. Ellos, seguramente, tampoco saben mucho de nada. Esta semana también he leído algo sobre la caída de los influencers. Una caída que no existiría si no hubiésemos, entre todos, alzado a una generación de ignorantes, mediocres, ociosos y vacíos hasta un poder mediático y económico que nunca merecieron y difícilmente dejarán de tener. Las marcas invierten en "creadores" de contenido para vender más. Supongo que el que amasa y da forma a un montón de excrementos también puede ser llamado creador. Unos medios, cada vez más bajo mínimos, se hacen eco de lo que hacen estos vividores tratando de encontrar viralidad para subir "audiencias". Casi todos somos culpables de haber engendrado a los nuevos líderes mediáticos, tolerando su falta de escrúpulos a la hora de utilizar su influencia en adolescentes y hasta niños. Absolutos carroñeros que buscan monetizar cualquier nimiedad, cualquier asunto intrascendente, desgracia ajena o problemática politica. Hemos dado un altavoz a post adolescentes de plástico, sin cultura, educación, pero muy guapos y con muchos seguidores. Estos son los grandes referentes de esta sociedad. Así nos va.
viernes, 21 de agosto de 2026
Más memoria
Una mentira se instala como verdad por algo más complejo que por la sola repetición de una impostura. La tierra fértil de las mentiras se compone de capas heterogéneas de ignorancias, miedos y deseos colectivos que encuentran en ellas interpretaciones más cómodas, más creíbles que la verdad. La mentira, para prosperar, necesita hundir sus raíces en terrenos que los que están dispuestos a creerlas no frecuenten, no dominen ni estén dispuestos a explorar. De ahí el gusto ultra por "rememorar" el pasado, previa deformación y manipulación del mismo, para construir una imagen falsa del presente y proyectar un futuro tan distópico como falso. Por eso, y para evitarlo, es tan importante la memoria. Necesitamos la memoria, la memoria es tan importante que incluso, a nivel popular se dice que alguien no muere mientras se le recuerda. Decía Saramago que "somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos, sin responsabilidad quizá no merezcamos existir”. Para que no olvidemos lo que somos, detengámonos hoy y no perdamos de vista que muchos pretenden que vivamos en una sociedad construida sobre la mentira y la ambigüedad. Una sociedad que se está marchitando por falta de autenticidad, por falta de verdad, por exceso de personas dispuestas a aceptar y normalizar la mentira como método de espantar sus miedos, esconder sus mediocridades y protegerse emocionalmente contra la evidencia de que existen crueldades puras, es decir, irracionales y gratuitas, que ellos, simplemente, aceptan.
miércoles, 19 de agosto de 2026
La nueva caja de Pandora
Las pantallas se han convertido en la moderna caja de Pándora. De ellas salen guerras, genocidios, incendios, catástrofes humanitarias y naturales, mentiras, broncas continuas y odio. Pero deslizamos el dedo, olvidamos pronto y seguimos con nuestra vida. Así vivimos: rodeados de acontecimientos enormes y cada vez más alejados de aquello que los hace explica y hace posibles. Tan "tranquilos". Pero no nos damos cuenta que hasta la tierra sufre. Un lugar que durante generaciones fue hogar, cultivo, paisaje, memoria y pertenencia se ha convertido en un activo financiero. Con ello no desaparece solamente una forma de vivir y ganarse la vida; puede desaparecer una manera de habitar el mundo. Parece no inquietarnos. Dejamos correr el agua como si fuera infinita mientras los acuíferos se agotan, los ríos se pudten y las sequías se prolongan. A muchos, el cambio climático -nunca mejor dicho- "se la suda". No estalla como una bomba. A veces modifica una cosecha, seca un río, desplaza una comunidad o convierte lentamente un territorio en inhabitable. Un bosque o un glaciar pierde superficie, una especie deja de regresar, un insecto o un anfibio desaparece de nuestra vida y apenas nos damos cuenta. Mientras tanto, seguimos llamando progreso a una forma de vida que consume en décadas aquello que la naturaleza tardó siglos en construir. Cómo perfectos imbéciles hemos aprendido a contabilizar con extraordinaria precisión aquello que produce dinero, pero valoramos muy poco aquello que hace posible la vida. Estamos ciegos. Vemos cifras de muertos y desplazados, de migrantes ahogados, de víctimas de catástrofes, pero no reparamos en que detrás de cada cifra había una persona, una casa, una familia, una historia, una tragedia traducida en muerte. Y alrededor de la muerte existe una enorme economía: armas, drones, misiles, sistemas de vigilancia, satélites, tecnología militar, mafias, empresas que hacen negocio de las tragedias, políticos que las usan para conseguir votos. Mientras unos huyen o, lo peor, mueren, otros calculan contratos y beneficios. La muerte también tiene mercado. Podemos estar informados de todo y comprender cada vez menos. Una noticia desplaza a otra, una tragedia queda enterrada bajo una polémica y un desastre ambiental dura lo que tarda en aparecer el siguiente estímulo. Han secuestrado nuestro tiempo, nuestra atención y, en cierta medida, nuestros deseos. De ahí nace buena parte de la batalla por la popularidad, de la indignación permanente y de esos contenidos diseñados para provocarnos una reacción inmediata. No interesa que pensemos. Basta con que reaccionemos. Y lo hacemos de la peor manera posible. Necesitamos apartarnos de aquello que nos deslumbra para no mirar, romper el ruido que nos distrae y volver la mirada hacia lo que importa. Que nadie decida por nosotros qué merece nuestra atención, nuestra indignación o nuestro silencio.
lunes, 17 de agosto de 2026
Preguntas de verano
Lo bueno del verano es que, al obligarte a estar encerrado en tu casa tantas horas para evitar auto combustionar en la calle en las horas centrales del día y en todas las que las preceden y siguen, tienes mucho tiempo para hacerte preguntas. Y respondértelas. Dicen que es en verano cuando más gente acude a los cines. ¿Es el verano el paraíso de los cinéfilos? No, qué va. A esa gente lo que le gusta es el aire acondicionado de los cines. ¿Por qué en vacaciones la gente mira más el móvil? Pues está claro, para ver piscinas en Google Maps, que es lo más cerca que la mayoría estará de tener una. ¿Por qué tanta gente sale de las gasolineras triste, llorosa y compungida? ¿Son los efectos de los efluvios del combustible? ¡Qué va! Es que recuerdan a esos malvados que abandonan a sus mascotas y sus ancianos en las gasolineras y no pueden soportar la idea de que ellos acaban de abandonar allí casi 90 euros. ¿Por qué la gente no siente pena ni empatía por los jazmines secos? Pues porque saben que los jazmines secos van a una granja llena de jazmines donde hay mucha agua y son muy felices. ¿Por qué el sueño de un facha enclenque es pasar el día en la piscina pública? Pues porque saben que será el más chulo de la piscina infantil llena de niños. ¿Por qué Santiago Abascal proyecta una imagen de preocupación desde su yate de vacaciones? ¿Estará preocupado por el efecto de los incendios, por la subida de la inflación, por el problema de la vivienda? No, qué va. Lo que le pasa es que le inquietan sus futuros pactos de gobierno con el PP si éste partido sigue criminalizando el absentismo laboral. ¿Cómo puedo combatir el calor adoptando medidas eficaces de adaptación climática de mi vivienda? Pues, está claro, obligando a mi vecino a poner su aire acondicionado a tan baja temperatura que enfríe también la mía. Hay, lógicamente, preguntas sin respuesta. ¿Cómo puede ser que ese negacionista climático diga, ante las cenizas humeantes de su casa, que perder tu vivienda en un incendio forestal es normal en esta época del año y que eso ha pasado "toda la vida de Dios". ¿Por qué el portero de Cabo Verde se ha convertido en la principal esperanza de la izquierda española?. En fin, el verano encierra grandes paradojas, alberga el paraíso y el infierno, te eleva al cielo y, momentos después, hace que te estrelles de bruces contra el suelo. Es la única época del año que te permite, en segundos, conocer al amor de tu vida e, inmediatamente después, al amor de la vida del amor de tu vida. Yo, en la penumbra de la habitación y con el hipnótico ruido del ventilador, sueño con que suene el teléfono para poder quejarme del verano, del capitalismo depredador y de las rozaduras que me han hecho las chancletas del Carrefour. Aunque no sé si a la teleoperadora de Yoigo le van a importar lo más mínimo mis inquietudes.
Estrés postraum-ático
Estamos tan acostumbrados a que en las películas siempre ganen los buenos que hemos acabado creyendo que, en el mundo real, los ganadores son los buenos. ¡Qué grave error! Quizá por eso, a veces tenemos la sensación de que por admirar y querer imitar a los "ganadores" cada vez más gente se pasa al "lado oscuro". Vemos, por todas partes, entre gente de toda edad y condición, a gente ejerciendo el odio, esa forma de maldad tan destructiva. Creo que, en la mayoría de los casos, ese odio no es intrínseco, sino que nos lo han ido inoculando a fuego lento, despacio, sin prisa. Y el virus del odio, por ignorancia, por miedo, por interés..., se ha metido en el tuétano de mucha gente, creando diferencias insalvables entre personas y grupos por asuntos a veces intrascendentes. Es evidente que el odio se cultiva, se siembra y abona. Hay grupos políticos expertos en hacerlo y todos conocemos quiénes son sus colaboradores necesarios. No es casualidad que en estos momentos odio y ultraderecha crezcan juntos. Ya lo dijo Jean Paul Sartre: "El fascismo no es una ideología, el fascismo es una metodología del odio". Y ahí tenemos a diario a esas jaurías que arropadas en cuatro ideas rudimentarias y adornados de símbolos patrióticos, dedican más tiempo a insultar, a odiar, que a vivir sus propias vidas. Me dan mucha pena esos jóvenes de sobrada ignorancia y engreimiento que van por el mundo con cara de perros encadenados dispuestos a comerse al primero que pase en cuanto el amo les quite la correa. Y ahí tenemos a esos "triunfadores", como Trump, como Milei, como Espriella, con su carácter agrio, polarizante y faltón, su total falta de empatía, siempre dispuesto a generar polémicas públicas, a insultar a los adversarios a maltratar verbalmente a los periodistas. Ahí están con sus caras de amargados y "malafollá" arrastrando a millones de personas al terreno del odio. La fascinación que causan entre los ignorantes les lleva al triunfo y se extienden por todo el planeta como el calor derivado del cambio climático, como la pobreza que no deja de crecer gracias a personajes como ellos que con su maldad intrínseca pretenden un mundo esencialmente libertario, es decir, injusto, en el que la bondad -"buenismo", lo llaman ellos- sea tan difícil como sonreír ante una tragedia colectiva. A este grupo de "ganadores" con mala leche pertenece la señora Ayuso, esa energúmena de ramplona inteligencia que teledirigida por MAR, el abyecto y alcohólico resentido, arremete estos días contra Sánchez y su gobierno para desviar la atención sobre el super escándalo de su ático de lujo. Su infantil sobreactuación sólo es superada por el arsenal de odio y falta de respeto que supuran sus palabras. Sólo le falta meter -otra vez- a ETA en su argumentario de niña malcriada, odiosa y repelente. Quizá todo lo explique que está pasando un episodio de estrés postraum-"ático". Pero ahí está ella, defendiendo al genocida estado de Israel, uno de cuyos ministros acaba de animar a " asesinar entre 30 y 40 personas cada noche en Gaza". Yo diría que eso es maldad en estado puro, aunque quizá me equivoque y eso sea prueba de que esta escoria y los que lo apoyan son buena gente.
viernes, 14 de agosto de 2026
Aquellos veranos
Hay lujos que no pueden comprarse. El mayor, quizá, disponer de tiempo. Tiempo para pensar sin interrupciones. Para leer sin mirar el reloj. Para conversar sin prisa. Para caminar sin destino. Para escuchar con calma. Para recordar quiénes somos cuando dejamos de ser la persona quienes los demás creen que somos. Quizá ese sea el verdadero lujo de nuestro tiempo. Cada verano me despierta recuerdos que permanecen intactos, aunque hayan pasado muchas décadas. Vengo de una familia humilde. En mi infancia las vacaciones no se parecían en nada a las que hoy llenan las redes sociales. No había hoteles, grandes viajes ni experiencias extraordinarias. El verano era, sencillamente, una pausa en el colegio. Días de piscina pública. Alguna excursión de un día. Alguna comida nocturna. Y horas interminables jugando con los amigos hasta que el sol desaparecía. Y, sobre todo, la sensación maravillosa de que el tiempo no tenía prisa y era tu principal capital. Éramos conscientes de que no podíamos permitirnos muchas cosas. Pero nunca tuve la sensación de que nos faltara lo esencial. Con los años he comprendido que, sin saberlo, aquella infancia me regaló una de las mayores riquezas que una persona puede recibir: aprender que el descanso no depende del lujo, sino de la serenidad. La tierra tiene sus ritmos. La lluvia tiene sus tiempos. La naturaleza nunca ha entendido la prisa. Quizá nosotros tampoco deberíamos hacerlo. Con el tiempo, he descubierto una constante. Las mejores decisiones casi nunca nacen de la precipitación, sino cuando alguien encuentra el valor de detenerse. Cuando deja de reaccionar para empezar a reflexionar. Cuando comprende que pensar es nuestro principal potencial. El principal problema de la prisa es que no tenemos tiempo de hacernos preguntas. Hay preguntas que solo aparecen cuando el silencio ocupa el lugar que normalmente pertenece al ruido. Y son, casi siempre, las preguntas importantes. Hay lujos que no son caros. Mejorar no consiste en tener más cosas, en ser más importante, en llegar más lejos. Consiste en vivir siendo un poco mejores cada día.
jueves, 13 de agosto de 2026
Textos
Cómo la vida corre tan rápidamente, hoy -tu día, pero también de nuestra madre y abuela, aunque ya no estén- quiero dedicarte, despacio, unas cuantas palabras que nacen de mi corazón. Un hermano es un regalo del tiempo y un refugio del alma. Ni tu ni yo tuvimos en nuestro poder la decisión de ser hermanos, fue el Destino quien así lo dispuso, fue él quien nos eligió para que compartiéramos los mismos padres, el mismo hogar, la misma sangre. Nos hemos visto crecer el uno al otro casi de manera imperceptible, hemos tenido muchos cambios a lo largo de nuestra vida, cambios físicos, cambios de pensamientos, de gustos, de personalidades, en fin. Sin embargo, a pesar de todos estos cambios hay algo que ha permanecido siempre intacto; el cariño de hermanos que nuestros padres siempre nos enseñaron. La sangre nos hizo cercanos, pero el tiempo nos hizo amigos. Pero eso, a la vida, le da igual y llena el camino que tenemos que seguir de dificultades y enemigos. Estos, a veces, son invisibles y te pillán por sorpresa. Llegan sin avisar. Tu sabes mucho de eso. He sido testigo remoto de tu lucha diaria contra esos enemigos y aunque a veces parezca que nadie lo nota, quiero que sepas que tu esfuerzo y tu coraje me inspiran. Eres un ejemplo de fortaleza. Has aprendido a levantarte cada mañana, aun cuando el cansancio pesa más que el propio cuerpo, y a mirar hacia adelante, aunque el horizonte se vea borroso. Es de seres humanos desfallecer, sentirse débil, triste o en soledad. También es normal sentir miedo, tristeza o enojo. Eres una madre fabulosa; una esposa increíble, una extraordinaria amiga y mejor confidente. Eres la suma de múltiples virtudes que te definen como una persona de gran valía completísima. Sé que, a veces, el dolor es tan agudo que parece imposible de soportar. Sé que hay días oscuros y la esperanza parece lejana. Sin embargo, incluso en esos momentos, tu espíritu guerrero se rehúsa a rendirse. Has aprendido a convivir con el dolor, a transformar la angustia en aprendizaje y a convertir la vulnerabilidad en fortaleza. Eres más fuerte de lo que sientes, más valiente de lo que crees y más querida de lo que imaginas. No te rindas nunca, haz de cada pequeño avance una victoria. Cada día que luchas es una victoria. Cada paso es necesario y te llevará a alguna meta, aunque a veces el camino parezca largo y difícil. No eres completamente valiente: a menudo tienes miedo, pero sigues respirando, luchando, cuidando y confiando. Esa es la verdadera valentía, la que se manifiesta en la perseverancia diaria, en la capacidad de seguir adelante a pesar de las adversidades. Para mí eres un ejemplo de lucha y perseverancia. Como quisiera construir atajos para detener tu lucha contra los enemigos invisibles, pero no es posible. Tu vida es una lección de humildad y coraje. Hoy, más que nunca, quiero que sepas que te admiro. Cada paso que das, por pequeño que parezca, cada día de lucha, es un triunfo sobre los enemigos que atacan sin avisar. Así que, felicidades por el día de tu santo pero sobre todo, por todas estas cosas. Gracias por caminar conmigo y hacer más suave este viaje de la vida.
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Eres la rama fuerte del mismo viejo árbol.
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Una persona nunca es lo que dice ser, sino lo que demuestra ser. Las palabras pueden ser bonitas, pueden endulzar momentos y prometer mundos enteros, pero al final, son los hechos los que realmente importan. Porque cualquiera puede decir "te quiero" pero solo tiene valor demostrarlo. Cualquiera puede prometer estar ahí, pero pocos realmente se quedan cuando los necesitas. Cualquiera puede decirte que te echa de menos, pero no todos sienten una pérdida irreparable cuando te vas, no todos te buscan entonces, se interesan por ti y desean tu vuelta sin explicaciones ni condiciones. El valor de alguien no está en lo que dice, en lo que aparenta, sino en lo que respalda con sus acciones. Porque el amor, la lealtad, el apoyo y el compromiso no se dicen, se demuestran. Hasta las palabras más bellas, como padres, hijos, compañeros o amigos pueden estar vacías de contenido si las personas no se comportan como padres, hijos, compañeros, amigos... Los lazos de sangre no son nada si no van acompañados de respeto y amor incondicional. Si no nos proporcionan apoyo y refugio cuando lo necesitamos. Si no están dispuestos a acompañarnos en un viaje al mismísimo infierno. No confíes en quienes en vez de tenderte la mano, te empujan. En quienes en vez de escucharte con atención, te gritan. En quienes en vez de aliviar tus tareas, te cargan gratuitamente con las suyas. En quienes en vez de preocuparse por tus sentimientos, los manipulan para obtener un beneficio propio. Decía en una canción Joaquín Sabina: "antes de que me quieras como se quiere a un gato, me largo con cualquiera..." Porque hay que amar a padres, a hijos, a hermanos, a parejas, a amigos..., no por la obligación ni la costumbre. No, hay que querer desde la independencia y el orgullo, un cariño libre que no puede aceptar la indiferencia de la otra persona. Siempre he tenido claro que lo que una persona debe querer y proteger por encima de todo es su dignidad, porque si perdemos la dignidad dejamos de ser personas. Y es entonces cuando acabamos aceptando que nos quieran como se quiere a un gato. Y la mejor arma para defender nuestra dignidad es aprendiendo a decir ¡No! A nosotros, como hermanos, la sangre nos hizo cercanos, pero después el tiempo y la vida, con sus vaivenes, con sus errores y sus aciertos, con el deseo que cada uno tiene de seguir su camino, nos alejo o acercó según cada momento. Pero siempre he tenido claro que somos ramas del mismo viejo árbol. Y siempre he querido respetarte. Y siempre he disfrutado con tus alegrías y sufrido con tus penas. Y siempre te he deseado y te deseo que puedas dar las gracias a los más cercanos por caminar contigo y hacer más suave este viaje de la vida que nunca es fácil. Hoy, más que nunca, debes tener claro que cada paso que das, por pequeño que parezca, cada día de lucha, es un triunfo sobre los enemigos que se esconden en cualquier esquina. Y tú mayor fortaleza debe ser estar segura que ninguno es mejor que tu.
miércoles, 12 de agosto de 2026
FOMO
Hoy haces una bazofia musical con 2 acordes pegadizos y la misma frase repetida 750 veces y te haces millonario, y te llaman "artista talentoso". Nada que objetar a que a tanta gente le guste la bazofia. Pero llamar a eso cultura es otro tema. El problema es que la cultura se ha mercantilizado y ha caído en las fauces del negocio hiper consumista. Libros de todo tipo llenan las mesas de novedades en las librerías, libros fruto de la sobreproducción editorial que sufrirán la velocidad desbocada con la que se renuevan esas mesas. Mucha producción cinematográfica, y muchas salas de cine prácticamente vacías. Espectáculos teatrales por doquier. Estamos a la espera de que alguien convierta el telediario en un musical que se exhiba en la Gran Vía. Y conciertos hasta en la sopa. Parece una glotonería cultural irrefrenable aunque debajo del fenómeno está el síndrome FOMO: el miedo a perderse algo, impulsado a menudo por la necesidad de validación social, la hiperconectividad digital y una profunda inseguridad personal. Si no has estado, si no te has un hecho un selfie o grabado un video para demostrarlo, eres un Juan Lanas. Durante todo el año, las recomendaciones algorítmicas de las plataformas copan nuestra atención para que, en los meses de invierno, hagamos maratones de series con sofá y mantita. Y, en verano, más de lo mismo pero trocando la manta por el aire acondicionado. Podcasts de entrevistas y de ficción guardados "para escuchar después". Listas de reproducción casi infinitas en plataformas de streaming musical. Viajes, escapadas de fin de semana, vivir experiencias singulares... Somos unos tragaldabas sin un gramo de disciplina gracias a que la industria cultural (toma oxímoron), una de las más poderosas y tóxicas del planeta, mantiene equipos de genios cuyo único propósito es manipularnos para aumentar sus beneficios. En este contexto, las "creaciones culturales" tienden a asimilarse a objetos de consumo, que, como cualquier otro consumible y siempre según las leyes del mercado, deben ser adquiridos y desechados cuanto antes. Así, con nuestros cuerpos sumidos en un perpetuo estado de agotamiento y sobreestimulación, la industria cultural viene a llenar de contenido hueco nuestro espacio y tiempo de ocio, empujándonos al afán por aumentar nuestro capital social y cultural a base de consumo. El problema viene cuando la venta continuada de contenido provoca inseguridad, sobreestimulación, estrés, malestar, enganche durante horas, cansancio y sensación de vacío. Ante la ansiedad generalizada por querer llegar a todo, verlo todo, leerlo todo, estar en todo, nos queda el gusto de perdernos cosas pensando que la tranquilidad, la desconexión y el buen vivir son también importantes.
martes, 11 de agosto de 2026
Gafas de eclipse
lunes, 10 de agosto de 2026
Las vacaciones no son lo que eran
domingo, 9 de agosto de 2026
¿Austeri qué?
Basta con quitarse las gafas del sectarismo ideológico y mirar un poco para darse cuenta que los pactos de PP y Vox nos salen caros, muy caros. En la Andalucía del falso Juanma Moreno empiezan a mostrar su cara. Los pactos han convertido la gestión pública en una operación de propaganda. Juanmita presume de austeridad mientras multiplica los altos cargos para beneficio propio, creando nuevos puestos de confianza y entregando competencias sensibles a la extrema derecha, mientras que miles de personas esperan una cita médica, una valoración de dependencia, una plaza residencial o una respuesta eficaz frente a la violencia machista. PP y VOX hablan de eficiencia mientras derivan recursos hacia "sus" empresas privadas; invocan la defensa de los ciudadanos mientras debilitan o privatizan los servicios públicos. La factura de esa contradicción la pagan siempre los mismos: las clases trabajadoras, las mujeres amenazadas, las personas mayores, quienes padecen enfermedades graves y las familias sin capacidad económica para "comprarse" una solución privada. El nuevo gobierno andaluz mantiene 13 consejerías, pero incorpora 13 altos cargos más. La explicación oficial es que se trata de una reorganización necesaria. Sí, necesaria para crear trece nuevos sueldazos, más los de asesores, secretarios, jefes de comunicación... que aquellos conllevan. Todo para tener contenta a la ultraderecha. Dicen que lo hacen para que la Administración funcione mejor pero se callan que ello implica menos medios y servicios públicos. El propio informe económico y financiero de la Consejería de Presidencia, contempla un incremento de costes de 2,7 millones de euros por las nuevas vicepresidencias y puestos eventuales, además de 730.000 euros por nuevas direcciones generales y cargos en consejerías. ¿De dónde sale el dinero? De la llamada “desdotación” de plazas y de la "minoración de otras partidas presupuestarias". O dicho de otra manera: "Quítalo del servicio a los ciudadanos y dáselo a VOX para que estén contentos y nos mantengan en el gobierno". La propaganda habla de "adelgazar la Administración" pero la realidad es otra: se recortan trabajadores y servicios mientras se multiplican los altos cargos. Se predica austeridad para los servicios públicos pero se practica la generosidad con el aparato político. En Madrid no se adopta una sola medida para paliar el problema de la vivienda, pero se le compra con el dinero de los madrileños un ático de lujo a su presidenta. Total, si sólo son 6,3 millones de euros de nada.
viernes, 7 de agosto de 2026
Riles
martes, 4 de agosto de 2026
Puto móvil
Las plataformas online pueden contribuir a la sensación de integración social. ¡Ya! También generan la percepción de tener multitud de amigos. Pero se trata, en la mayoría de los casos, de una simple agregación de contactos que no reemplazan las amistades más o menos íntimas, las auténticas. Se enmarcan en la instantaneidad y sus vínculos son frágiles, cuando no superficiales, inconsistentes o falsos. Por ello acaban generando sensación de vacío: de soledad entre la multitud. Se busca pertenencia, pero lo que se obtiene es una popularidad efímera en base a "me gustas" o a comentarios vacíos. Vivimos en el móvil. Agazapados y sumergidos en la pantalla que nos conecta con el más allá y nos desconecta del más acá. Somos yonkis del aparatito. Parafraseando a Quevedo (el poeta, no el rebuzna frases con rima facilona) "somos hombres a un móvil pegados". En solo una década, hemos pasado de caminar con los cinco sentidos, de observar a nuestro alrededor, de mirarnos a la cara y de prestarnos atención, a movernos cabizbajos y ausentes de la realidad presencial. Incapaces de despegar los ojos de las interfaces tecnológicas más de cinco minutos. Y, entre mirada y mirada al móvil, se nos va la vida.
domingo, 2 de agosto de 2026
Ceuta
Aunque la gente tiene mala memoria, lo ocurrido hace unos días en la frontera entre España y Marruecos no es nada nuevo. Ya ocurrió algo similar en mayo de 2021, cuando Marruecos abrió deliberadamente los controles y dejó entrar a miles de personas como represalia diplomática por la acogida de un líder saharaui en un hospital español. Y ocurrió también mucho antes. Lo siento por los que aburren con su frase "con Franco, esto no pasaba". En octubre y noviembre de 1975, el rey Hassan II de Marruecos organizó el paso de unas 300.000 personas civiles hacia la frontera del Sáhara español para exigir la soberanía del territorio. A aquello se le llamó la Marcha Verde y supuso la "entrega" del Sáhara Occidental a Marruecos. Después llegaron años donde Juan Carlos I y Hassan II se consideraban mutuamente como hermanos. Y pelillos a la mar. Lo ocurrido en la frontera de Ceuta el 31 de julio no es espontáneo, es un pulso político del infame rey de Marruecos que no ha surgido de la nada. España lleva desde 1992, con gobiernos del PSOE y el PP, externalizando el control de su frontera sur en la policía marroquí, y desde entonces esa dependencia se ha pagado cara. Cada vez que el rey de Marruecos tiene problemas internos, quiere presionar en las negociaciones con Europa, no le gustan los acuerdos de España con sus vecinos, o quiere dinero, sucede algo parecido. El 31 de julio se celebraba el 27 aniversario del acceso al trono del rey de Marruecos. ¡Qué casualidad! La mayoría de los que han cruzado la frontera son jóvenes marroquíes, los que más molestan al régimen marroquí. ¡Qué casualidad! Unos días antes el gobierno español firmó un acuerdo con Argelia -rival histórico de Marruecos- que, entre otras cosas, confirma a Argelia como el principal proveedor de gas de España y abaratará este producto. En contra de los espurios intereses de EE.UU. Días después, la frontera de Ceuta se desborda. ¡Qué casualidad! Las críticas más duras contra el gobierno español por lo sucedido han venido de EE.UU., Israel, la fascista Meloni, Elon Musk y los "patriotas españoles". Marruecos consolidó su posición internacional gracias a los Acuerdos de Abraham impulsados en el primer mandato de Trump, que llevaron a Estados Unidos e Israel a reconocer su soberanía sobre el Sáhara Occidental. Ambos países son los mejores aliados de Marruecos. Sus líderes, los que tienen más cuentas pendientes con Sánchez. ¡Qué casualidad! Meloni saca pecho de su mano dura migratoria y aprovecha lo de Ceuta para amenazar con romper Schengen. Se le "pasa" que desde 2021 han entrado de forma irregular en Italia 478.600 personas, más del doble de llegadas irregulares que a España. Meloni tiene elecciones presidenciales en pocos meses. ¡Qué casualidad! En España las derechas radicales, sus medios afines y algún tonto suelto, no cejan en su intento de forzar el adelanto de elecciones. Aprovechan cualquier cosa. Y esta semana lo hemos vuelto a ver. En cuanto miles de personas cruzaron la frontera de Ceuta no necesitaron datos, ni contexto, ni memoria, les bastó una imagen impactante y un titular. La maquinaria ya estaba lista para repetir el mismo mantra de siempre: “nos invaden por culpa de Sánchez”. “Sánchez es un traidor". "Sánchez, corrupción”. Feijoo culpa a Sánchez de la "invasión" a Ceuta y dice que conocía la amenaza desde principios de semana. Entonces, ¿por qué él no lo hizo público para evitarlo? Aparte de un mentiroso patológico y un estadista de chichinabo, éste tío no es más tonto porque él no quiere.
sábado, 1 de agosto de 2026
Bares y esperanza de vida.
Expliqué mil veces a mis alumnos que España, desde el punto de vista geográfico, es un país de contrastes. Pues anda, que desde el humano. Somos capaces de lo mejor y de lo peor. España es líder mundial en donación de órganos desde hace más de treinta años, sostiene uno de los sistemas públicos de salud más admirados del planeta, y se espera que alcance para 2040 la esperanza de vida más alta de la Tierra. A partir de ahí... Sorprende que España tiene más bares que camas de hospital: unos 260.000 bares frente a unas 140,000 camas hospitalarias. O sea, un país mejor equipado para servirte una caña que para hospitalizarte. Un país frívolo. Un país, aparentemente, condenado. Aquí hay un misterio. Y los misterios, a diferencia de los problemas, no se resuelven: se habitan. Pero aquí nos adaptamos a todo. El himno nacional no tiene letra oficial; así que, en los estadios, la gente simplemente lo tararea con un lo,lo,lo. Además, por vagos, nos conformamos con poco: Diseñamos una bandera con tres franjas y repetimos un color. La pregunta obvia sería: ¿cómo es posible que un país que dedica tanto tiempo a estar sentado en un bar viva tanto y tan bien? Pero es que el bar español es algo más que un establecimiento de despacho de bebidas. Los pubs ingleses cierran por miles cada año. Las cafeterías americanas fueron reemplazadas por los drive-through, esa metáfora perfecta de una civilización que ya no se detiene ni para comer. O dieron paso a esa ñoñez de urbanita a la última que son los Starbucks. En España, contra todo pronóstico, contra la lógica del rendimiento, contra el dogma de la productividad, contra el algoritmo sacamantecas, mantiene abiertas las puertas de los bares. Es verdad que el bar español ha perdido alguna de sus virtudes. Ahora, en ellos, ya no se lee el periódico -ni en ellos no en ningún lado-, ni se puede echar una partida en la máquina de pinball, ni hacer dibujos con el pie en el serrín para absorber la humedad los días de lluvia. Pero queda esa convicción no escrita de que la vida sin bar, sin plaza pública, sin sobremesa, sin ese vermut que no lleva a ninguna parte, sin esa primera caña del día, no es vida más eficiente. Es simplemente menos vida. El bar nos inocula "malas costumbres": beber como norma social, tapear, comer tarde, alargar la sobremesa, porque la mesa es un altar, no una estación de recarga. En tiempos de anillos que miden el sueño; relojes que cuentan los pasos, las pulsaciones, miden la tensión arterial, la temperatura corporal, la glucosa en sangre...; de dietas diseñadas por inteligencia artificial; de gimnasios empetados..., el bar es una "rara avis" que escapa al control de una industria de la longevidad que promete añadir años a la vida de personas que hace tiempo dejaron de preguntarse para qué la quieren. Creo que las sociedades más obsesionadas con la salud son, con frecuencia, las más enfermas de soledad. Y en los bares se combate esa enfermedad moderna. Bueno, menos los memos que comparten la mesa de un bar para dedicarse a mirar el móvil.