Sorprende que todavía haya gente que identifica a un país dirigido por un cruel matón de barrio, con complejo de déspota coronado, con el guardián de la democracia. Un país esquizofrénico que fue una vez cuna de las libertades y, ahora, su sepulcro. EE.UU. fue, desde sus orígenes, amante de la libertad: libertad de exterminar indios y robarles sus tierras, esclavizar negros, emprender guerras injustas, promover golpes de estado, patrocinar sangrientas dictaduras y desvalijar a quien se les ocurra, ya sean americanos, africanos, europeos o asiáticos. Ahora ha tocado un flagrante atentado, una burla total al derecho internacional. La novedad es el desparpajo de Trump al reconocer que la democracia le importa una mierda y que le da igual quién gobierne Venezuela mientras él se quede con su petróleo. Lo hizo en una conferencia de prensa dada en su club privado de Florida, porque él no distingue entre lo público y lo privado. Fue una auténtica concatenación de gilipolleces que sus acólitos nacionales y globales iban acogiendo con reverencia servil, asintiendo con una sonrisa bobalicona cuando en su delirante patanería aseguró que los venezolanos habían robado "su" petróleo. La derecha española ha aplaudido a rabiar y se ha apresurado a desempolvar su infantil tabarra del vínculo de la izquierda con la dictadura bolivariana. Los antidemocráticos cachorros de nuevas generaciones del PP han llegado a acusar a Zapatero de cómplice de narcotráfico. La ultraderechista Hazte Oír se ha querellado contra él por su "presunta colaboración con la red criminal de Maduro". Y el vividor y franquista declarado, Fran Rivera, da las gracias a Trump y le pide que "no pare" y "mire a España". A todos ellos su ídolo neofascista les ha meado la cara cuando, porque él manda, descartó de un plumazo a la premio Nobel de la Paz, Mª Corina Machado, diciendo: "No tiene el apoyo ni el respeto del pueblo". Un poco más y la manda a fregar escaleras. Si se tiene un mínimo de dignidad, debe de ser muy jodido aplaudir que pisoteen el derecho internacional para deponer a un tirano que te cae mal y descubrir luego que la libertad consiste en obedecer al invasor: el mamarracho alfa de la manada. Pero, claro, que dignidad le cabe a un "patriota" que pide al mamarracho que pisotee la soberanía de su propio país.
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