martes, 6 de enero de 2026

Vendepatrias

La reacción de las derechas españolas ante la última cacicada de Trump pone los pelos de punta. Primero, celebrando casi de manera inmediata la intervención, sin peros ni matices, sin tacto diplomático, sin corrección política que valga. Al contrario, como auténticos hooligans. A alguno de sus dirigentes les faltó salir sin camiseta y con un casco de bisonte animando a asaltar La Moncloa para allanar el camino a los marines. Patriotas, se llaman ellos. Creen estar siempre en el "lado correcto de la historia" pero, curiosamente, siempre se alinean servilmente con los depravados. Recordemos a Aznar, el gran defensor de la sangrienta aventura imperial estadounidense al margen de Naciones Unidas en Irak. Recordemos el apoyo rocoso de Ayuso al criminal Netanyahu, la negación del genocidio en Gaza de Almeida... que Ayuso y Abascal, los alumnos aventajados del chiringuito ideológico del FAES de Aznar y, seguramente, sus herederos favoritos, han aplaudido a rabiar la intervención de Trump en Venezuela. Las Nuevas Generaciones del PP han deseado públicamente, en la red social de su admirado Elon Musk, el secuestro de Zapatero. Feijóo, que no gobierna porque no quiere, y que si quiere ser el líder del PP, pero no lo deja Ayuso, seguramente tratando de ser más ultra que Abascal, celebró inicialmente la intervención, para verse más tarde humillado y descolocado por la marginación inicial de la oposición venezolana por parte de Trump. “Las dictaduras no se derrocan a medias”, ha dicho ahora, sin especificar qué plan concreto propone él para terminar el golpe trumpista. Hazte Oír se querella contra Zapatero por su "presunta colaboración con la red criminal de Maduro", esperando encontrar un juez "comprensivo" como Peinado o que el asunto acabe en el prevaricador Tribunal Supremo. Todo muestra que el proyecto oligárquico corporativo de nuestra derecha no ve con malos ojos avanzar bajo la senda imperial marcada por Trump, aunque sea siendo sus lacayos, besándole el culo, vendiendo su Patria. Los une la senda "iliberal" hacia el fascismo, principalmente bajo el liderazgo de Abascal y Ayuso. A esta última se la pudo ver recientemente cantando con el grupo ultra Los Meconios, y junto a Infovlogger, conocido por sus discursos de odio contra colectivos vulnerables y por llamar “puta cerda” a Von der Leyen. Mientras, "Feijosito de mi vida" (tras tragar saliva ante la querella de Hazte Oír, recordando su foto en el yate de un narco) trata en todo momento de no perder el paso en esta enfebrecida escalada. Viendo el vídeo de Fran Rivera pidiendo a Trump que no pare y que mire a España, comprobamos que nuestra derecha práctica un fascismo cañí que, a diferencia del francés, exhibe sin rubor el vasallaje propio de los vendepatrias. Es preciso llamarlo así con todas sus letras, sin cometer el error del que ahora se lamentan en EE.UU. por no haber hecho caso de las múltiples e inequívocas señales que anunciaban lo que venía con Trump. A mí, el 2026 ya se me está haciendo largo.

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