miércoles, 7 de enero de 2026

Fascismo y vacío existencial

El liberal capitalismo hace mucho tiempo que convenció a una mayoría de que el objetivo básico de nuestra vida es la seguridad material, la acumulación de bienes, el dinero. El problema surge cuando empezamos a percibir que la abundancia está vacía de significado. Dostoyevski creía que la supervivencia biológica no bastaba, sino que el alma exigía un "para qué". Para él, sin un "porqué", la vida se vuelve insoportable. La búsqueda de propósito sería así, para el ser humano, su mayor virtud y, a su vez, su mayor angustia, ya que hay una certeza comprobable: el ser humano es débil y prefiere que le den "pan", es decir, seguridad material, a cambio de su propia libertad. Quizá por eso el vacío existencial de las sociedades modernas se ensancha. Se intenta llenar con fruslerías que ahondan la falta de sentido y ello provoca miedo. Miedo a perder lo que tienes, mucho o poco. Y ahí es donde el fascismo encuentra el campo abonado para su expansión. Para ello fomenta y explota el miedo para construir su base identitaria y justificar su autoritarismo, convenciendo a los incautos de que determinados grupos -casi siempre minorías-, como inmigrantes, feministas, homosexuales, ecologistas... son sus enemigos internos, tienen por objetivo "quitarles lo suyo" y son su principal amenaza existencial. Por eso sus campañas de odio se dirigen especialmente contra los migrantes en general, el feminismo, la diversidad sexual y de género, así como contra cualquier forma de pluralismo social que desafíe "su" orden patriarcal y nacionalista. Por eso el fascismo es un movimiento articulado mediante un lenguaje agresivo que exalta la fuerza -incluso la violencia-, la supremacía de la raza blanca, de la religión cristiana y una forma de masculinidad hegemónica y opresiva, caracterizada por la violencia, la dominación, la represión emocional y la intolerancia. La desigualdad económica y la precarización laboral son hoy los factores estructurales fundamentales del auge del fascismo, pese a que está ideología defienda a los causantes de esos problemas. Umberto Eco ya advirtió que el fascismo no era un vestigio del pasado, que seguía vivo y dispuesto a renacer. Eso ocurre cuando confluyen ansiedad colectiva, miedos grupales, crisis y desorientación social. Y, no lo olvidemos, vacío existencial.

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