El gran oxímoron de nuestros tiempos es que cuando todo quisque se autocalifica de clase media, ésta mengua más que el hielo de los glaciares. Era previsible. Cuando el voraz neocapitalismo ya ha esquilmado a los países pobres y está a punto de enviar a la miseria a los pobres de los países ricos, en su avaricia de beneficios había que dar el siguiente paso: parasitar, explotar y empobrecer a las clases medias globales. Su empobrecimiento, nos dicen los apóstoles del ultraliberalismo, tiene que ver con las sucesivas crisis financieras y económicas, bla, bla bla. Pero éstas parecen no haber afectado lo más mínimo a los más ricos. De ahí el escandaloso aumento de la desigualdad económica. Son muy listos. Emponzoñaron y laminaron el concepto de proletariado -y con él, el de clases sociales- para sustituirlo por el "precariado", integrado por ciudadanos condenados de por vida a la inestabilidad laboral y personal. Esto los hace vulnerables socioeconómicamente y empeora sus condiciones de vida, gracias, además, a las políticas de recortes sociales. Y, qué curioso, la reducción de rentas de las clases medias y bajas ha venido acompañada de una mayor acumulación de la renta total por parte de aquellos con niveles económicos más altos. El sistema político económico está descaradamente pensado para que muchos sufran mientras unos pocos -siempre los mismos- se forran. Lo hacen con total desfachatez, en nuestras narices, pero mucha gente no lo ve y les apoya. Un ejemplo: "Gracias" a la guerra de Irán, mientras los disparados precios del petróleo y el gas encarecen la vida de la mayoría, el patrimonio de los milmillonarios del sector energético no han dejado de crecer. Cuarenta y un milmillonarios del G7 han aumentado su riqueza en 23.500 millones de dólares desde que comenzó la guerra impulsada por Israel para eliminar a Irán y quedarse con el sur del Líbano. Y, mientras, el demagogo narcisista de Donald Trump se permite el lujo de decir: "Me encanta la inflación”. Y, a la vez, el precariado ha caído en la “trampa de la pobreza” y se echa en brazos de una ideología que, curiosamente, es la que más defiende a los saqueadores.
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