¡Extra, Extra!, "Elon Musk se ha convertido oficialmente en el primer trillonario del mundo". Como era de esperar, periódicos, cadenas de televisión y revistas de negocios plagadas de periodistas que buscan la recompensa del paraíso neoliberal, lo tratan como un logro histórico. Un monumento a la meritocracia. Un triunfo del genio. Prueba de que el capitalismo recompensa el talento. Con perdón: ¡Y una mierda!. Tenga el dinero que tenga, Elon Musk es un sociópata, un enfermo narcisista, un miserable y un fascista. Cuando me dicen que alguien se hizo rico gracias al trabajo duro, siempre pregunto: "¿De quién?". Y supongo que el nuevo rico es de los que interpretan mal la famosa frase del castigo divino al hombre atribuida a Dios en el Génesis y leen: "Te ganarás el pan con el sudor "del de enfrente". Un billón de dólares no es una medida de talento. Es, más bien, una medida de poder. Diría más, de abuso de poder. Nadie crea un billón de dólares. Un billón de dólares representa el trabajo de incontables trabajadores: mineros, ingenieros, técnicos, conductores, obreros, programadores, limpiadores, empleados de almacén..., cuyo trabajo colectivo se transforma en riqueza privada. El multimillonario aparece al final del proceso, se atribuye el mérito y se queda con la mayor parte del beneficio. Detrás de cada billón hay un ejército de trabajadores. Detrás de un billón hay, además, un sistema económico, político y social que permite que un individuo se apropie de la riqueza creada por millones de personas. Esta es la parte que los aduladores nunca mencionan. Nunca lo harán. Porque cuando los trabajadores exigen salarios más altos, nos dicen que no hay dinero. Cuando los hospitales necesitan financiación, no hay dinero. Cuando las escuelas públicas se deterioran, no hay dinero, aunque la enseñanza privada se amorra a la teta del Estado. Cuando las pensiones peligran, cuando las familias no llegan a pagar el alquiler, cuando otras no llegan a fin de mes, de repente no hay dinero. Sin embargo, de alguna manera hay siempre suficiente para el primer trillonario y muchos mileuristas "comprenden" que haya políticos que se apiaden de estos pobres ricos y prometan bajarles los impuestos.
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