jueves, 3 de septiembre de 2026

Cumple Lolo

Nadie tiene claro en qué momento su cumpleaños deja de ser el día en el que piensa "ya soy otro año mayor" para pasar a ser el día donde piensas "ya soy otro año más viejo". Todo depende de la actitud que uno tenga ante la vida. Cuando tienes quince años quieres cumplir años, tienes prisa por hacerte mayor, ser independiente y comerte el mundo. Cuando pasas de los 55 los cumpleaños te empiezan a incomodar y empiezas a temer que sea el mundo el que te coma a ti. Aunque lo ves difícil, porque para eso el mundo tendría que tener una boca del tamaño de la puerta de un armario ropero. Lo mejor de envejecer es que no se pierden todas las edades que has tenido. Al contrario, los años los atesoras en forma de experiencia y, si eres listo, aprendes a olvidar los malos ratos y recordar los buenos. De joven tienes fuerza para todo. De mayor ya te duele la espalda, las rodillas, la artrosis hace que te cueste abrir el tapón de la litrona y, cuando vas al peluquero, ya sólo puedes decirle: "déjalo cortito". O, mejor, "haz lo que puedas". Pero, a cambio, con los años comprendes que la vida no se mide en metas, sino en momentos sencillos. Que cumplir años enseña a agradecer cada batalla superada y cada sonrisa en el camino. La vida es demasiado corta y demasiado importante para permitir que nada ni nadie nos la complique. Huyamos de los que viven siempre enfadados, alterados, encabronados y pretenden arrastrarnos a luchas que ni nos van ni nos vienen. Así que, Lolo, entiende que el tiempo es un regalo y que hoy es siempre el día más joven que te queda por vivir. Aprovéchalo. Todas las edades tienen sus frutos, pero hay que saberlos cosechar y no pedirle peras al olmo. En cualquier caso, haz como yo: piensa que los cumpleaños son la manera que tiene la naturaleza para decirnos que es totalmente necesario que comamos más tarta.

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