domingo, 4 de octubre de 2026

¡Qué peligro tiene Maricarmen!

Sería para mondarse de la risa si no fuera porque convencen a toda una legión de "tragacionistas": ilusos, cándidos, párvulos, pánfilos y pardillos dispuestos a creerse cualquier imbecilidad. Y sabiendo que estos especímenes abundan, tanto la oficialidad como la tropa de las huestes de las derechas han sacado toda su artillería para hacerle el caldo gordo a sus señores. Se trata de inventar mentiras, propagar bulos, sobredimensionar las cosas o retorcer la realidad con el único objetivo de ridiculizar, desprestigiar, vilipendiar y atacar a personas, grupos o colectivos que molestan a sus intereses. La primera en el punto de mira fue la ya famosa Maricarmen. Rápidamente salieron voces y medios dispuestos a machacarla: que si había tenido toda la vida para ahorrar, que si era mala vecina, que si dejaba compras a deber, que si viajaba… y hasta que iba al bingo. El Español, ese bodrio pestilente que se hace pasar por periódico, dedicó un reportaje entero a recoger testimonios de supuestos vecinos y comerciantes para desprestigiarla. Sólo queda que Ayuso y Tellado la vinculen con ETA. La ola de ataques, empujada desde "esos" programas de Cuatro, Telecinco y A3 que se han convertido en punta de lanza de las derechas, continuaron contra otros posibles desahuciados o los que pretendían ayudarles, caso de James Rhodes. Después llegó el turno de la acampada de Sol y comenzó la búsqueda del temible "lado oscuro" de sus "invasores": Porros, cervezas, basura, suciedad, falta de aseo, tensión, radicales... Cualquier cosa servía para dibujar una especie de Mad Max del radicalismo bolivariano-comunista en pleno kilómetro cero de la amada Patria. Almeida se apresuró a denunciar que en la acampada había armas de destrucción masiva: "adoquines", "cuchillos de grandes dimensiones" y hasta un peligroso hornillo. Después aparecieron las fotografías: cuchillos junto a trozos de pan y hummus y adoquines usados como contrapesos de las tiendas de campaña. Por suerte no apareció una olla exprés, porque habría tenido que intervenir la OTAN. Después le llegó el turno al portavoz del Sindicato de Inquilinas: Supuestamente, su familia tiene dinero y vínculos con la nobleza. Algunas webs pasaron directamente a llamarlo "el marquesito". Tal es el peligro que la chavalería, representada por violentos comandos de ultraderecha y el líder neonazi de desokupa, han tenido que ofrecerse a pasarse a "limpiar" la plaza a base de hostias. En el fondo todos ellos, de Iker Jiménez y su bocazas compañera, a Eduardo Inda, pasando por Antonio Naranjo, Nacho Abad o Ana Rosa Quintana, sólo son una banda de mafiosos, unos mercenarios a sueldo de quienes destrozan la vida de los españoles para forrarse. Ellos lideran a toda esa gorda de odiadores que solo buscan acojonar a quien ose levantar la voz contra sus intereses con un mensaje: iremos a por ti. En resumen: que España está amenazada por una anciana que jugaba al bingo, un "marquesito" que pide que la gente pueda vivir en una casa, radicales, porros, adoquines, hummus y hasta la ETA. De hablar del precio de la vivienda ya, si eso, otro día.

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