martes, 3 de noviembre de 2026

La invención de la suma

Se ha hecho viral un mensaje, miles de veces reenviado por WhatsApp, que te presenta como inexplicable y extraordinario -sucede sólo una vez cada mil años, te dicen- el que si al año en que naciste le sumas tu edad te da como resultado el año en curso. La mayoría de la gente se queda misteriosamente sorprendida: Han descubierto ¡la suma!. Con cosas como ésta uno se explica por qué los bulos corren como la pólvora, por qué hay cada vez más negacionistas de lo evidente, porque la ultraderecha avanza imparable a base de mentir. La gente se cree todo lo que le echen. Y lo hace porque no se para un momento a pensar, a analizar y a sacar conclusiones propias. Eso lo aprovecha como nadie la extrema derecha. No lo inventaron ellos pero lo aplican a la perfección y sin vergüenza alguna. El mecanismo es simple: se parte de hechos reales que preocupan a la gente, como que los precios no paran de subir, que los sueldos no llegan, que la vivienda es ya un lujo, que los jóvenes no pueden emanciparse... Todo eso es verdad, y por eso el anzuelo funciona. La mentira no está en los hechos que sirven de base para fabricarla, está en la búsqueda de culpables y, todavía más, en la solución. Usan la misma lógica del timo: se parte de algo real, se dan cifras altas que nadie contrasta, se establece un agravio comparativo y se busca una víctima a la que señalar. Ahí está el truco, pero antes de pensarlo la gente ya ha mordido el anzuelo. El truco consiste en desviar la culpa. El discurso ultra busca siempre los culpables hacia abajo y hacia fuera. Que los precios se disparen, que el precio de la vivienda esté por las nubes, que los sueldos sean bajos..., para los ultras, no tiene nada que ver con un capitalismo salvaje, con unos ricos insaciables, con un sistema especulador, con unos bancos sacamantecas, con los rentistas que fijan el precio del alquiler, con los fondos buitre, con un empresariado explotador... No, que va. La culpa la tienen los de abajo, los que son más pobres que tú. Y te dicen que tu eres cada vez más pobre por culpa del inmigrante mantero, el menor tutelado, la vecina con hiyab, el enfermo que cobra una paga de invalidez, la "paguita" que recibe el señor de 58 años al que ya nadie quiere contratar o esas falsas pagas que dicen los ultras que reciben los inmigrantes nada más llegar. Y tu no te preocupas en saber si es verdad. Porque, además, te dicen que es tu última oportunidad para "salvar España". La prisa anula la posibilidad de pensar. Ningún timador quiere que consultes a tu hijo antes de comprarle lo que te ofrece; ningún agitador quiere que compruebes si lo que dice el vídeo es verdad antes de compartirlo. La prisa es la condición del engaño. Pero nada de esto sería tan eficaz sin la maquinaria que lo distribuye. La extrema derecha ha perfeccionado la jugada. Primero desacredita a la prensa que no le baila el agua, a los jueces no afines, a los científicos, a cualquier experto independiente. Después ofrece, como única fuente limpia, sus propios canales, sus agitadores con micrófono que se hacen pasar por periodistas, sus vídeos basados en la manipulación y la mentira. El engaño tiene niveles. En el sótano, Telegram y los canales cerrados, donde se fabrica el material y se organiza la gente. En los pisos principales, X, TikTok, los reels, el vídeo corto que el algoritmo premia cuanto más indigna. En el último piso, el dirigente político que recoge lo que ha subido y lo legitima con su firma. Y en el ático, como eco, los medios que lo amplifican para condimentar su relato. El 29 de noviembre muchos votarán con el móvil todavía caliente en la mano, después de morder todos los anzuelos con la carnaza que la extrema derecha les ha echado. Sin pararse a pensar qué de lo que le han vendido es verdad o es mentira. Pero ya será tarde porque en ese momento su billetera ya estará en el bolsillo del carterista.

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