martes, 3 de noviembre de 2026
Capitalismo libidinal
El capitalismo ya no solo produce mercancías. Desde hace tiempo también produce personalidades. Antes, el sujeto, con sus circunstancias, su contexto, sus vivencias, sus relaciones sociales y su acervo cultural, creaba su personalidad. Ahora las redes sociales, la mercantilización, la acumulación y la competencia son las que nos dictan cómo debemos ser y comportarnos, cómo debemos vivir, cómo nos relacionamos y cómo nos presentamos ante los demás. No descubro nada si digo que vivimos en un mundo de precariedad laboral, vivienda imposible, salarios a la baja, depauperación de los servicios públicos, deterioro de la democracia, pérdida de libertades, preocupación por el futuro..., pero el capitalismo ha conseguido que consideremos que la única solución es organizar la vida en torno a un deseo siempre insaciable de acumulación. Nos han convencido de que nuestra "salvación" está en tener más, mucho más: más dinero, más comodidades, un trabajo donde ganemos más, una casa más grande, el último iPhone, el coche de alta gama más vendido, la ropa más de moda, más viajes, más actividades… Pero también tener más capital social, medido en tener más relaciones amorosas, más seguidores en redes, más likes... La promesa de felicidad funciona, pero tiene su reverso en el endeudamiento, la frustración, el malestar y la pérdida de valores. Cada día mucha gente tiene un minuto de lucidez donde se reconoce infeliz con la vida que lleva, pero un segundo después, el sistema le "regalará" alguna pequeña conquista o una promesa de ilusión que mantenga vivo ese goce-enganche-repetición que nos lleva a organizar la vida en torno a un deseo siempre insaciable. Quizá por eso los españoles gastan en conjunto casi 12.000 millones de euros al año en el sector del juego, lo que equivale aproximadamente al 0,78% del PIB del país. Para hacerse una idea: el sector de la pesca (que incluye la captura y la acuicultura) supone menos del 0,2% del PIB. Pero más allá de los datos la pregunta es: ¿Cómo es posible que luchemos por mantener nuestra servidumbre al sistema como si fuera una salvación? Sobre todo cuando este sistema basado en el consumo y la acumulación también sedimentan un poso de frustración y ansia producidos por la falta constante que genera un deseo siempre insatisfecho, por el miedo de no conseguir lo que queremos, miedo a perdernos algo o sencillamente a quedarnos sin nada. El capitalismo ya no te prohíbe nada. Es más, te convence de que tú auténtica libertad consiste en poder elegir lo que él te ofrece. A cambio de tu dinero y casi de tu vida. Eso sí, te disciplina a través del exceso y del consumo, adoptando una nueva lógica de orden y control social. ¿No te suena ésto a esa la libertad de Ayuso y Milei que mientras engorda las cuentas de los ricos va ahondando la pobreza? Quizá por eso mientras tu temes por tu pensión, Amancio Ortega va a ganar cada día de este año 370.000 euros, sólo en dividendos.
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