miércoles, 13 de mayo de 2026

¡Qué hartura!

¡Qué hartura! Estoy hasta el moño de crispación interesada. Estoy hastiado de que "la actualidad" dependa siempre de un numeroso grupo de energúmenos, hooligans, filibusteros políticos, mendaces y manipuladores periodistas mercenarios e imbéciles de variado pelaje. Lo ocurrido con el desembarco de los pasajeros del buque Hondius debería preocuparnos mucho más por la cavernaria reacción política y mediática que por el propio virus. Da igual que los científicos expliquen con serenidad que no existe riesgo de contagio comunitario, que las autoridades sanitarias actúen con los protocolos internacionales. Da igual, la derecha política y mediática española decide hacer exactamente lo contrario: sembrar alarma, alimentar miedo y convertir una actuación sanitaria alabada internacionalmente en un triste espectáculo de agitación. El presidente de Canarias ya no sabe como superar el ridículo, mostrándose más preocupado por encabezar un relato catastrofista, que cree le dará réditos políticos, que por transmitir serenidad institucional. Y las derechas utilizan el caso como una nueva oportunidad de escalar en su acción de acoso y derribo al gobierno. Saben que la prudencia no genera titulares. La calma no moviliza emocionalmente. Y la responsabilidad institucional parece haber dejado de cotizar en favor de la crispación. Los dirigentes de la derecha compiten por amplificar la sensación de caos. Sus medios afines convierten un episodio sanitario controlado en una película apocalíptica de sobremesa. Las tertulias sustituyen a los epidemiólogos por charlatanes. El ruido sustituye a los datos. La exageración sustituye deliberadamente a la información rigurosa. No importan los protocolos. No importa la OMS. No importan los informes técnicos. No importa la opinión de los especialistas. No importa la efectividad del operativo y el unánime reconocimiento internacional. Lo único que importa es infundir crispación y miedo. Porque el populismo necesita vivir en estado de ansiedad permanente. Necesita odio, enemigos invisibles, amenazas inmediatas y emociones simples. Ayer servían los inmigrantes. La solución era esa "prioridad nacional" que con el Hondius ha saltado por los aires. Al rato, la trágica muerte de dos guardias civiles también sirve para exacerbar la crispación. Los que no tienen absolutamente nada que decir de ninguno de los 735 fallecidos en accidentes de trabajo en España en 2025, se rasgan las vestiduras porque "lo de los guardias civiles" no es trabajo, sino "acto de servicio". Y a partir de ahí culpan al gobierno, acusan de asesino al presidente, piden dimisiones... crispan, crispan, crispan. Mañana servirá cualquier otra cosa que permita fabricar indignación instantánea, encabronamiento, odio y alimentar la sensación de que todo es un caos y está fuera de control. Es una forma profundamente irresponsable de hacer política. Y es, además, muy peligrosa.

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