Una parte importante del "facherío" actual está producido por la notable incapacidad de una parte -no menos notable- de la sociedad para procesar de forma correcta la realidad y por una cultura política paupérrima. Creo que este facherío es más una expresión "cultural" del tecnocapitalismo y una actitud reactiva y rencorosa que un programa político elaborado. Unos entran en este universo empujados por el miedo, por la vía conspiranoica, el individualismo o el antiintelectualismo practicado por los ignorantes. Todos ellos suelen carecer de un pensamiento político articulado, pero terminan orbitando alrededor de figuras y marcos de ultraderecha. Este ecosistema se fabrica en redes, programas y tertulias donde se mezclan denuncias contra "las élites" con historias sin contrastar sobre inmigración, okupación, feminismo o "dictadura progre". Se ha creado un circuito donde circulan contenidos negacionistas, conspiranoides y antiintelectuales, todo adobado con emociones básicas, bulos y mentiras a tutiplén. Los referentes políticos e ideológicos son personajes mediocres, interesados, sin ideas propias y con unos principios más débiles que el blandiblú, que van de Santiago Abascal a Iker Jiménez, pasando por influencers, deportistas, cantantes y famosillos de tres al cuarto. Un par de eslóganes ocurrentes, un manojo de frases hechas -da igual que reflejen o no la verdad-, unas cuantas citas sacadas de los envoltorios de azúcar de los bares y unos cuantos "enemigos" claramente señalados, y sobra para ir tirando ideológicamente. El resultado es una subjetividad reaccionaria que se siente "libre pensadora", cuando no sabe lo que es la libertad ni piensa, mientras rechaza sistemáticamente la ciencia, la verdad, la solidaridad y la justicia social. Esta fusión entre atraso cognitivo, cultura de la conspiración, narcisismo individualista y deriva hacia posiciones de ultraderecha, es el caldo de cultivo del facherío. No se trata de militantes doctrinarios de la ultraderecha, sino de personas formadas en un ecosistema donde el pensamiento crítico ha sido anulado y sustituido por una mezcla de autoayuda, conspiracionismo de baja intensidad, narcisismo, un individualismo que -paradójicamente- empuja al gregarismo servil y odio al saber experto. En esa burbuja, la política entra como merchandising: un eslógan mil veces repetido, una pulsera, una bandera, un tuit faltón, un meme, un vídeo adoctrinante... El resultado es un espécimen que desprecia la lectura, que ridiculiza el conocimiento y la investigación social pero que da por buenas noticias sin fuente y comentarios compartidos en un canal de mensajería cifrada.
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