miércoles, 4 de noviembre de 2026

Contradicción y cinismo en estado puro

Tras la necesaria dimisión de Óscar Puente, Ester Muñoz, portavoz del PP en el Congreso, ha sido la primera dirigente de su partido en reaccionar: "Ha llegado 116 muertos tarde", ha dicho. Esta señora pertenece al mismo partido que no pidió nunca la dimisión de Mazón por las 234 víctimas de la Dana. Este señor tardó más de un año en abandonar la presidencia de la Generalitat, protegido en todo momento por su partido. Lo hizo cinco días después del funeral de estado en que fue increpado por las víctimas que, en realidad, fueron las que lo obligaron a irse. Mazón dejó la presidencia, pero no su escaño. Conserva las prebendas de todo expresident de la Generalitat y, además, su partido le premiaba con un puesto en la comisión del reglamento de la cámara (otros 600 euros mensuales más a la saca) que nunca se ha reunido. El PP tampoco ha pedido nunca la dimisión de Ayuso por los 7291 fallecidos en sus residencias vinculados a su inhumano y criminal protocolo durante el COVID. Es más, se ha opuesto en todo momento a abrir una comisión de investigación sobre el tema con el apoyo de Vox. Eso sí, ahora, el partido de ultraderecha asegura que "va a hacer lo imposible" para que Puente "pague ante un tribunal por cada una de las 116 muertes" de los accidentes de Adamuz y Urda. Todo es cuestión de encontrar un juez "sensible" a sus ideas. Pero Vox también dice cosas que nos deberían preocupar. Y mucho. Si ya es estúpido que Feijóo pida a los sindicatos que "reconsideren" la huelga general, que él considera que está convocada "contra la oposición" -caso único en el mundo,- y "es un grave error" tras el accidente de Toledo (pues todos sabemos que el accidente ha hecho bajar los precios y ha resuelto el problema de la vivienda), Vox da una vuelta de tuerca y bordea la inconstitucionalidad, el fascismo más rampante y el matonismo al amenazar Abascal a los sindicatos por la huelga general del 11N y advertirles que "si la mantienen y el PP y Vox llegan al poder, "tomaremos nota". La frase suena a amenaza antidemocrática, a política de miedo, a listas negras, y anuncia lo que estos partidos harán cuando lleguen al poder con derechos considerados como el de huelga. Pero, para mí, lo más cínico es que el líder de la ultraderecha diga que la huelga atenta contra el derecho del ciudadano al uso de los servicios públicos cuando sus políticas están destinadas a machacar esos servicios y, a la vez, apoyan la huelga de maquinistas. Contradicción y cinismo en estado puro.

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