jueves, 18 de junio de 2026

Gritas con cien mil lenguas.

Se le atribuye a la mística Santa Catalina de Siena la frase: "¡Basta de silencios! ¡Gritad con cien mil lenguas! porque, por haber callado, ¡el mundo está podrido!. Estas palabras son como bálsamo para las heridas que voy arrastrando, vacunas contra ese virus de la mentira que nos inoculan permanentemente y que nos obliga a bajar la cabeza, amedrentados, darnos por vencidos y aceptar que la única alternativa a la corrupción es el único partido que ha sido condenado por corrupción. Y nada menos que con la ayuda, presencia activa y programa de la ultraderecha. En este extraño momento en el que se adentra nuestro país, las palabras de Santa Catalina son un acicate para mí. Un llamamiento a no creer las mentiras que inundan medios y redes, ni las procedentes de los gobiernos, ni de los poderes de una oposición que pasa las horas en la embajada de EE.UU., ni de algunos jueces que parecen estar más interesados en imputar que en desvelar verdades. Son un llamamiento a no seguir sus banderas podridas de codicia, corrupción y engaños. A no creer sus machacones mensajes de conspiraciones, alimentados por sus triquiñuelas legales, por su lawfare, aireados por una prensa que crea estados de opinión, que decide cambiar gobiernos cuando hay intereses de por medio, que confunde, difama, persigue, acosa. No, me he cansado de aguantar sus excesos dialécticos y sus mentiras, esa corrupción sistémica disfrazada de democracia y alentada desde los medios, unos más que otros, desde los desayunos en los que todas las mañanas se juntan para escuchar a tal o cual protagonista agónico de nuestra deprimente vida política, económica, social. voy a perseguir cada día la verdad, me cueste lo que me cueste. Voy a contar cada día la verdad. Y si hay que gritarla, la gritaré. Voy a deciros, cada día, quiénes son los míos y los voy a intentar distinguir en el campo de batalla, sin dejarme confundir por mayorías, minorías, tendencias, opiniones, tertulianos y provocadores profesionales. Voy a perseguir cada día la verdad, me cueste lo que me cueste, Y si hay que gritarla, la gritaré, sin dejarme confundir por mayorías, minorías, tendencias, opiniones, tertulianos y provocadores profesionales. Usaré sólo la palabra. La violencia es de ellos. La física, la policial, la militar, la de los tribunales, la psíquica, el bullying, el acoso. Todo eso es de ellos. Yo sólo tengo la palabra. Cualquiera que defienda la verdad, la libertad, la justicia, la solidaridad, será de los míos, de mi país, de mi patria. Un patriota. Cualquiera que no lo haga será un bárbaro. He elegido bando y voy a defenderlo, porque ya no es tiempo de racionalismo interesado, de aceptación impuesta del realismo del dinero y el poder por encima de todo. No voy a participar en la demencia de sustituir a pícaros y chorizos por corruptos, caciques y señoritos a caballo. Es tiempo de aferrarse a la vida y salir a defenderla. Es tiempo de filósofos y de poetas, de líderes honestos y decentes, porque como dijo Unamuno, "el silencio es la peor mentira".

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