miércoles, 7 de octubre de 2026

Puta sinvergüenza

De Vox, el partido franquista bautizado con el mismo nombre de una revista nazi, se pueden decir muchas cosas. Y ninguna buena. Son mentirosos compulsivos. Recuerdo aquel bulo certificado sobre que un mena nos costaba 4.700 euros al mes, mientras que la pensión de una abuela estaba en los 421. Sin embargo, cuando esa abuela es una anciana española de 87 años que es desahuciada como un perro y sacada en camilla camino del hospital para morir dos semanas después, lo único que tienen que decir es que "Toda España sabe que si en vez de Maricarmen fuera Morocarmen,  tendría casa". Seguramente sería un chalet regalado por el gobierno etarra-comunista-bolivariano. Quizá no fuese un chalet de lujo en Pinar del Rey, un casoplón de dos plantas semejante al de Abascal, pero seguro sería mejor que cualquier casa de los patriotas que madrugan para sostener el país. No me refiero, obviamente, al vago de Abascal. Él bastante tiene (lo han dicho Rocío Monasterio, Espinosa de los Monteros, Macarena Olona o Javier Ortega Smith, antiguos "compis" de partido) con haber moldeado un partido a su imagen y semejanza, creando una especie de secta religiosa dedicada casi en exclusiva a financiar su tren de vida y apuntalar su ego y su barba. Abascal dejó su cargo como director gerente de la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social de la Comunidad de Madrid -un "chiringuito" que le montó Esperanza Aguirre- el 17 de diciembre de 2013. Ese mismo día, para no irse al paro, Vox se registró oficialmente como partido. En realidad Vox nació como un chiringuito privado presidido por un líder autoritario sin ganas de trabajar. Quién iba a suponer entonces que la prioridad nacional pasaba por silenciar a los disidentes propios y echarlos a la puta calle. La muerte de Maricarmen ha servido a Vox para culpar a Sánchez de su muerte (sus neuronas y su desvergüenza no dan para una iniciativa más). Lo hace un día después de rechazar una iniciativa para que los municipios de Baleares puedan limitar los precios de los alquileres. Lo ha hecho junto al PP. Ya cuesta trabajo distinguirlos. Total, el concejal de Vivienda de Benalmádena, del PP, ha llamado “puta sinvergüenza” a Maricarmen. Lo de esta gente no es ya falta de ética, es una auténtica indecencia, impudicia y depravación moral. 

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