En el camino de la vida, hay un lugar y un tiempo para cada cosa. En su naturaleza está que haya viajes que se emprenden, ciclos que se cierran, caminos que se inician y otros que concluyen.
Hoy toca cerrar una etapa, pero no para olvidarla sino para fijarla en la sección de recuerdos agradables. Hoy toca acompañar a Pepe Aumente hasta la puerta de su jubilación y alegrarnos con él.
Pepe, hoy te despedimos, sí, pero también te celebramos, te apreciamos, te atesoramos y te agradecemos. Aunque gratitud es una palabra pequeña para todo el esfuerzo, empeño y dedicación que has puesto durante tantos años, dejándote -seguro- jirones de tu piel en el intento. Y pasa que, cuando el agradecimiento es mucho, las palabras suelen ser pocas para expresar todo lo que uno siente en su corazón.
Siempre hemos admirado tú templanza, tú paciencia y tu dedicación. Pero también tú valor para aceptar retos difíciles. Y el empeño que has puesto en superarlos.
Nos consta que durante muchos años te has dedicado, no solamente a enseñar, sino también a educar a tus alumnos. Has trabajado para ayudarles, para marcarles un camino, para guiarles.
Sabemos que has sido más de guiarles que de conducirlos, de aconsejarles que de imponerles. Que has apostado por dar más sentido a su vida escolar, por mejorar sus vidas en alguna manera.
Tú voluntad inquebrantable de creer en ellos, incluso cuando a veces dudaban de ellos mismos, ha sido inspiradora para muchos de nosotros. Por eso te has ganado nuestro respeto y admiración.
Has sido de esos maestros que, con cada palabra, intentaba enseñar, no solo a pensar, sino también a creer en las propias capacidades, haciendo que tus clases fuesen siempre una puerta abierta hacia un mundo lleno de posibilidades.
Has sido de los que han creído que había que enseñar con la actitud, con el ejemplo, con el gesto y la palabra. De esos profesores que pueden cambiar vidas con la mezcla correcta de tiza y desafíos.
Tú sabes bien, porque lo has puesto en práctica, que la mejor parte de la enseñanza es tocar los corazones de tus pupilos y eso -estamos seguros- permanecerá contigo, como un tesoro, por el resto de tu vida.
Ahora que te toca guardar los trastos -porque maestro seguirás siendo siempre-te queremos dar las gracias por tu empeño en enseñar con el corazón, además de con la mente. Gracias por ser más que un maestro, por ser un guía, un compañero, en el viaje del conocimiento para tantos jóvenes. Gracias porque los maestros como tú no solo enseñan, inspiran y cambian vidas para siempre.
Como todos los buenos maestros permanecerás para siempre en los corazones de muchos de tus alumnos, porque reconocerán que has entregado mucho de tu tiempo y tu talento para ayudarles.
Ahora que emprendes tu regreso a Itaca puedes mirar hacia atrás con orgullo por todo lo que lograste. Ahora llega el momento de recordar y relajarse, pero también de mirar hacia el futuro con alegría y satisfacción, sabiendo que no pocas veces has logrado reemplazar una mente vacía con una mente abierta, como la tuya.
Ahora podrás saborear los muchos recuerdos que has creado a lo largo de los años mientras disfrutas cada momento de tu vida y los muchos días por venir.
El tiempo, como un río caudaloso y salvaje, nos arrastra y nos moldea según su designio. Pero en nuestro interior, residen nuestros anhelos, y con valentía, podemos forjar nuestro propio camino. Así que no receles del tiempo, y menos del tiempo nuevo. Acepta sus giros y sus nuevos retos, y crea una nueva historia que merezca ser contada
Hoy recibes el mejor regalo que da la jubilación: ser dueño de tu propio tiempo. Y con ello, tus saberes y tú imaginación, podrás dedicarte a buscar los tesoros que más te ilusionen a tiempo completo. ¡Disfrútalo!. Te lo mereces.
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