miércoles, 20 de mayo de 2026

Golpe judicial

Ya lo advertía Baltasar Garzón en su libro "Los disfraces del fascismo", donde alertaba de la deriva ultra que se había instalado en la judicatura española. Manifestaba allí que el 80% de los jueces y fiscales en España son ultraconservadores. Sabe bien de lo que habla porque el fue una de las primeras víctimas de esa "justicia facha". Garzón cometió dos graves pecados: intentó abrir una causa contra los crímenes del franquismo y demostró, con su investigación, quién era quién en el caso Gürtel. ¡Intolerable!, pensaron los jueces ultras y lo inhabilitaron. Lo condenaron por ordenar grabar las conversaciones de los acusados de la trama Gürtel con sus abogados en la cárcel. ¿Dónde vamos a llegar?, un juez ordenando grabaciones. Da igual que años después el dictamen fuese revocado por el Comité de Derechos Humanos de la ONU, a Garzón ya se lo habían cargado. Ahora el impulso ultra alcanza su cenit para colaborar en la conquista del poder de las derechas. El juez Marchena fue incapaz de averiguar quién podía ser ese tal M. Rajoy de los papeles de Bárcenas. Ángel Hurtado se aplicó en condenar sin pruebas concluyentes al ex Fiscal General del Estado para que fuese inhabilitado. Sin embargo, durante las dos horas de declaración de Rajoy por la trama Gürtel, Hurtado cortó todas las preguntas que, a su parecer, eran "impertinentes" y, pese a las numerosas y concluyentes pruebas, consideró que vincular la trama Gürtel a la dirección del Partido Popular era un "salto al vacío". El juez Peinado cree haber recibido un mandato divino para conseguir, sea como sea, que Begoña Gómez se siente en un banquillo. Sin embargo, y pese a las numerosas pruebas en su contra, los que han instruido y juzgan el caso Kitchen no han considerado oportuno sentar a Rajoy y Cospedal en el banquillo. Las 'ayuditas" judiciales al novio de Ayuso son un insulto a la inteligencia y, un tal Mazón sigue sin ser imputado por su criminal actuación durante la Dana y su posterior arquitectura de mentiras. Ahora, otro juez "amigo" a decidido imputar a Zapatero. La mecánica está perfectamente diseñada y engrasada: Una asociación ultra, preferentemente la fascista Manos Limpias, presenta una denuncia basándose en supuestos indicios, recortes de prensa, declaraciones de corruptos... Da igual. Después se reparten las causas para que caigan en los jueces adecuados a sus ideales. Sospechosamente los calendarios de las vistas coinciden con el interés político del PP. No es casualidad. El objetivo es derribar al gobierno. El poder mediático de las derechas se pone en marcha y acelera el proceso de las sospechas sin base, de la manipulación, de la crispación sin freno ni medida. Se diría que los jueces ultra de la judicatura son la primera linea de ataque cuando las cosas no le salen al PP como quisiera. Tras la pérdida de la mayoría absoluta en Andalucía y a la espera de la bajada de pantalones de Bonilla ante Vox, conviene poner el foco de atención en otro lado y aumentar el grado de crispación para conseguir, sea como sea, que se adelanten las elecciones. El pánico a una debacle electoral ha desata la cacería de la derecha contra Zapatero. El plan es hundir al PSOE para que el incapaz Feijoo pueda gobernar sin asumir el programa de Vox.

martes, 19 de mayo de 2026

Prioridad y ruina moral.

Me inquieta la pregunta: ¿se puede estar encantado de recibir en un solo año a cien millones de extranjeros -por supuesto, turistas-, y a la vez ser xenófobos? La respuesta es evidente para la ultraderecha y la derechita cobarde que le compra el discurso: Por supuesto. Si vienen con dinero, se llaman turistas y son bienvenidos; si son pobres se llaman inmigrantes y hay que echarlos. Eso es la prioridad nacional, lo mismo de siempre, la estrategia fascista de toda la vida: fabricar problemas y avivar el odio en torno a ellos para luego ofrecerse a apagar el fuego. El concepto no es nuevo. Ni original. "Nuestra" ultraderecha, siempre poco dada a trabajar, lo ha copiado de Jean-Marie Le Pen, el que fuese líder del partido de extrema derecha francés, Frente Nacional. Y tiene ya casi 40 años. La prioridad nacional va a ser que los "españolitos" necesitados van a dejar sus trabajos inseguros y mal pagados para servir en la hostelería, recoger las cosechas, trabajar en los invernaderos, la construcción, el cuidado de ancianos y niños, la limpieza de hoteles y demás en las mismas penosas condiciones que ahora tienen los inmigrantes. La auténtica prioridad de las derechas no es la nacional. Ellos priorizan a los fondos buitres extranjeros que hacen cada día más difícil a los españoles acceder a una vivienda. Ellos priorizan conceder becas a los ricos en vez de subir la cuantía a los que tienen menos ingresos. Ellos priorizan la eliminación de los impuestos a las rentas más altas. Ellos priorizan enriquecer a las empresas sanitarias privadas mientras asfixian la sanidad pública. Ellos priorizan  los conciertos con la enseñanza privada y la creación de universidades privadas mientras maltratan la enseñanza pública. Ellos defienden siempre las amenazas de un tipejo como Trump aunque afecte negativamente a los españoles. Ellos priorizan seguir defraudando y tener cuentas en paraísos fiscales aunque ello reste dinero a las políticas sociales. Ellos priorizan siempre el interés de los empresarios, oponiéndose a la subida de salarios y mejora de condiciones. Priorizan oponerse a la subida de las pensiones. Ellos dicen que los españoles deben tener prioridad para acceder a ayudas, pero a la vez claman por la eliminación de esas ayudas, a las que ellos llaman "paguitas". Su verdadera prioridad es recortar de forma salvaje el acceso a los servicios públicos a toda la población, da igual españoles que extranjeros. Quieren imponer, hasta donde sea posible, un "modelo americano", donde quien tenga dinero reciba atención sanitaria y pensión, y quien no lo tenga quede excluido. Que nadie se olvide que Vox es el único partido en España que defiende abiertamente la privatización de las pensiones y de la sanidad o la educación. La propuesta de VOX sólo persigue dividir a la población trabajadora, enfrentado a unos sectores contra otros, a los de abajo contra los de más abajo, en nombre del acceso a unos derechos y a unos servicios cada vez más escuálidos y que ellos sueñan con hacer desaparecer. Y lo peor, la prioridad nacional va precedida de una profunda corrupción moral.

lunes, 18 de mayo de 2026

Frase Azaña

Recuerdo una célebre frase de Manuel Azaña: "Si cada español hablase sólo de lo que sabe, se haría un gran silencio entre nosotros que nos permitiría estudiar". Hoy decimos estar en plena sociedad del conocimiento, pero lo cierto es que cada vez son más los que presumen de su ignorancia y la predican a los cuatro vientos. La era del conocimiento y la razón mengua, tiene a desaparecer empujada por la sobreabundancia de cretinos, de imbéciles, de personajes que aprendieron a desaprender y a sentirse orgullosos de ello. La ignorancia se ha convertido en una marca de identidad y, ahora también, en una "prioridad nacional". Desde que apareció internet y los smartphones se convirtieron para muchos en los únicos maestros, todo el mundo sabe de todo, hasta el más ignorante. No hay necesidad de leer como bien dijo una pija inculta y engreída que influye en no sé cuantos cientos de miles de cenutrios. Leer, para qué, si no tenemos que reflexionar sobre nada, si nos dedicamos a seguir las consignas que lanzan unos cuantos politicastros, periodistas zafios y gentuza de variado pelaje, si el odio irreflexivo e irracional se antepone a la razón y al respeto, ¿para qué lo queremos? Los debates ya son estériles, los argumentos se ignoran, las mentiras se acatan, las discusiones parecen bofetadas, la opinión se exterioriza, pero no se piensa y un pensamiento cada vez más retrógrado se está imponiendo en amplios sectores de la sociedad que ya no considera necesario saber si lo que le dicen es verdad o mentira, sin molestarse en pensar si lo que decimos gratuitamente hace daño a terceros, si araña, hiere o mata. Mucha gente ha elegido vivir encabronada, frustrada, dando por perdido todo lo conseguido hasta ahora, sin lucha. Vivimos mejor que nunca pero pensamos que estamos muy mal. Decimos que hay corrupción y votamos a alternativas corruptas. Y como estamos tan mal dejamos que nos roben la Sanidad Pública, que machaquen la Educación, que privaticen la atención a la vejez, que maldigan el conocimiento, el saber y enaltezcan a Vito Quiles y a Ayuso. No somos nadie, y nos empeñamos en demostrarlo con eficacia, con nuestro voto cómplice, con nuestra ignorancia. Es nuestro complejo de señoritingos frustrados. Los auténticos señoritos nos hablan de prioridad nacional y mucha gente cree que eso significa que le tocará más parte del pastel. Y corren a votar a los que quieren acabar con los restos del estado del bienestar. Es una forma de suicidio colectivo como cualquier otra, pero sobre todo es un crimen generacional, una opción que no podemos permitirnos porque es negar a las siguientes generaciones lo que nosotros hemos disfrutado.

sábado, 16 de mayo de 2026

Hipernarcisismo

Vivimos el triunfo avasallante de la frivolidad, de lo banal, de lo insustancial y del ideal hedonista. Es el fruto de la imposición del "capitalismo de la seducción" y sus pilares: la hipernecedad consumista y el hiperindividualismo narcisista. El neoliberalismo, más que en receta económica, se ha convertido en una nueva religión política. La mayor proeza neoliberal ha sido la capacidad de imbricarse en todos los resquicios de la sociedad. Ha logrado que las grandes ideologías sucumban ante los livianos valores individuales. Que el individuo, fascinado con su propio ego, haya traspasado instituciones como la familia, la escuela, la democracia, las relaciones de pareja, el matrimonio, la política serena. Y ello ha traído el triunfo de la ligereza; la victoria aplastante de la vida fácil y la liviandad existencial. Toda idea, por elevada o prometedora que sea, queda descalificada ante el temblor del placer inmediato y la embestida del consumo incesante. Frente a la "promesa" de confort y el ocio todo se tambalea. Las nuevas tecnologías facilitan la uniformización ideológica. La inmediatez, el armamento suficiente para hacer trizas cualquier destello de invitación a mirar el pasado. Este tiempo de plenitud rápida y "goce simpar" lo domina todo. Se ha creado un nuevo tipo de ciudadano, un sujeto que debe ser resiliente -es decir, que aguante que el sistema lo putee- automotivado, egocéntrico, emprendedor, narcisista y gestor de sus emociones. Junto a este sujeto ensimismado aparece la "ciencia de la felicidad", con sermones viscosos, frases motivacionales, interesados consejeros y guías de autoayuda sin fin. En España la semilla ha caído en terreno abonado, porque ha sido siempre el país de la banalidad y el servilismo, donde el sueño es parecerse al señorito, esa figura tradicionalmente asociada a la vida cómoda y ociosa, el mando sin esfuerzo y el estatus social. El sistema sabe que mientras el individuo se mire el ombligo no levantará la vista para mirar alrededor y, por tanto, no será consciente de la realidad.

viernes, 15 de mayo de 2026

Distopía que ya no lo es

La distopía ha pasado de ser tema de novelas y películas de ciencia ficción a convertirse en norma, gracias a esa alianza de tecnoligarcas, gobiernos de ultraderecha y élites económicas que manejan el mundo y a las que poco importa la vida si sus bolsillos se llenan. Los conflictos e invasiones, los territorios arrasados, las personas migrantes maltratadas o los servicios públicos desmantelados forman parte de la nueva cadena de extracción y lucro. Vemos, impotentes, como los gobiernos ultraconservadores avanzan de manera imparable apoyados en la ignorancia, el algoritmo y la brutal manipulación mediática, cercenando todo tipo de políticas sociales. Es el sufrimiento humano convertido en oportunidad de negocio, un sistema al que no le importa destrozar cuerpos, recursos, derechos y vidas para seguir y seguir creciendo. Y, lo peor de todo, con el beneplácito y apoyo de muchos que son y serán sus víctimas sin tan siquiera saberlo. Todo se monetiza, hasta el dolor. El plan es acabar con lo público, arrasar con los mecanismos de protección de derechos, azuzar el miedo y la criminalización de “los y las otras”... y todo ello con el objetivo último de devorar los recursos. Todos. Y la gente, pendiente de sus vídeos de Tik Tok, de sus cuentas de Instagram, de los memes, de las estúpidas propuestas de influencers, de la bazofia de muchos creadores de contenido, del vacío entretenimiento de tantos y tantos youtubers..., no de da por aludida y vive una realidad paralela, permitiendo que la salud, la educación, la vivienda, los cuidados ya no se entiendan como derechos, sino como mercados financieros con los que seguir alimentando al necrocapitalismo y sus secuaces. A esta maquinaria depredadora no le gustan los frenos, le incomodan las leyes, la democracia, las instituciones supranacionales y la sociedad civil crítica. Todo grupo, asociación, organización civil o activista que se muestre crítico o denuncie es atacado de forma feroz: los que sostienen la certeza del cambio climático porque piden poner límites al modelo energético, las organizaciones ecologistas porque cuestionan la destrucción del territorio, los sindicatos porque combaten la explotación laboral, los movimientos feministas y antirracistas porque desafían un sistema heteropatriarcal y racista, las organizaciones de cooperación internacional porque denuncian las consecuencias globales de un modelo colonial que necesita países empobrecidos, extractivismo y fronteras militarizadas. El necrocapitalismo trabaja incansablemente para que las sociedades sean cada vez más individualistas, egoístas, insolidarias, ignorantes y miedosas porque es el marco perfecto para que puedan desarrollar sus planes, no ya con total impunidad, sino incluso con el apoyo de sus víctimas.

miércoles, 13 de mayo de 2026

¡Qué hartura!

¡Qué hartura! Estoy hasta el moño de crispación interesada. Estoy hastiado de que "la actualidad" dependa siempre de un numeroso grupo de energúmenos, hooligans, filibusteros políticos, mendaces y manipuladores periodistas mercenarios e imbéciles de variado pelaje. Lo ocurrido con el desembarco de los pasajeros del buque Hondius debería preocuparnos mucho más por la cavernaria reacción política y mediática que por el propio virus. Da igual que los científicos expliquen con serenidad que no existe riesgo de contagio comunitario, que las autoridades sanitarias actúen con los protocolos internacionales. Da igual, la derecha política y mediática española decide hacer exactamente lo contrario: sembrar alarma, alimentar miedo y convertir una actuación sanitaria alabada internacionalmente en un triste espectáculo de agitación. El presidente de Canarias ya no sabe como superar el ridículo, mostrándose más preocupado por encabezar un relato catastrofista, que cree le dará réditos políticos, que por transmitir serenidad institucional. Y las derechas utilizan el caso como una nueva oportunidad de escalar en su acción de acoso y derribo al gobierno. Saben que la prudencia no genera titulares. La calma no moviliza emocionalmente. Y la responsabilidad institucional parece haber dejado de cotizar en favor de la crispación. Los dirigentes de la derecha compiten por amplificar la sensación de caos. Sus medios afines convierten un episodio sanitario controlado en una película apocalíptica de sobremesa. Las tertulias sustituyen a los epidemiólogos por charlatanes. El ruido sustituye a los datos. La exageración sustituye deliberadamente a la información rigurosa. No importan los protocolos. No importa la OMS. No importan los informes técnicos. No importa la opinión de los especialistas. No importa la efectividad del operativo y el unánime reconocimiento internacional. Lo único que importa es infundir crispación y miedo. Porque el populismo necesita vivir en estado de ansiedad permanente. Necesita odio, enemigos invisibles, amenazas inmediatas y emociones simples. Ayer servían los inmigrantes. La solución era esa "prioridad nacional" que con el Hondius ha saltado por los aires. Al rato, la trágica muerte de dos guardias civiles también sirve para exacerbar la crispación. Los que no tienen absolutamente nada que decir de ninguno de los 735 fallecidos en accidentes de trabajo en España en 2025, se rasgan las vestiduras porque "lo de los guardias civiles" no es trabajo, sino "acto de servicio". Y a partir de ahí culpan al gobierno, acusan de asesino al presidente, piden dimisiones... crispan, crispan, crispan. Mañana servirá cualquier otra cosa que permita fabricar indignación instantánea, encabronamiento, odio y alimentar la sensación de que todo es un caos y está fuera de control. Es una forma profundamente irresponsable de hacer política. Y es, además, muy peligrosa.

lunes, 11 de mayo de 2026

Turismofobia

Turismofobia lo llaman. Así es más fácil desacreditar a quienes lo defienden, pues ellos parecen ser los agentes, el núcleo del conflicto. Sobre ellos recae la carga de prueba. Y después está el chantaje: "El turismo es el motor de la economía -dicen-. Hay que protegerlo, no atacarlo". Al final, como siempre, todo es cuestión de beneficio económico. Como todo es relativo, yo prefiero llamarlo urbanofilia, pues de proteger a las ciudades y los pueblos turísticos se trata. El turismo será muy bueno, pero cuando grandes zonas se quedan sin vecinos, el tejido comercial desaparece y se rompen barrios y lazos sociales, entonces tenemos un problema. El modelo turístico es responsable de masificación, problemas sociales y ambientales. Más allá de las "molestias" que la actividad turística causa, el encarecimiento del precio de la vivienda y la pérdida de identidad de muchas ciudades está en el centro del mayor problema. Se habla de turismofobia pero, en realidad, los enemigos son los de siempre: el ansia ilimitada de beneficios del sector privado; unas administraciones incapaces de poner límites a la actividad y de velar por los intereses comunes; y, por supuesto, el "Homo Mochufis Dominguensis". Hablo de ese espécimen que entiende que hacer turismo es irse de juerga, pero más lejos. Ese, ante cuyos ojos, papeleras y contenedores se vuelven invisibles. El que no ve lugares ni rincones con encanto sino sólo decorados para sus selfies. El que tiene que hacerse notar a voz en grito y convertir cualquiera de sus acciones en un número de circo. El que, por norma, se cree superior a los locales pero es capaz de preguntar en un bar de Córdoba: "Estos boquerones son de aquí, verdad?". El que es capaz de entrar en una casa particular a hacerse una foto porque cree que todo forma parte de un parque temático y está a su disposición. Gracias a ellos pasear tranquilamente por la zona histórica es imposible, igual que tomar algo en tu bar de siempre. Los antiguos comercios son ahora tiendas de recuerdos y franquicias. Y de los precios de las cosas ni hablamos… El turismo no solo transforma las calles. También afecta a cómo sienten los vecinos su ciudad. El cansancio emocional provocado por el turismo es real. La turismofobia no expresa odio al visitante. Refleja el cansancio de quienes sienten que su ciudad ya no les pertenece. Hay que buscar un equilibrio donde la convivencia, el respeto por el espacio público y la vida cotidiana sean lo más importante. Hay que procurar que la ciudad deje de ser solo un lugar turístico y vuelve a ser un hogar compartido. En lugar de hablar solo de competitividad o atracción de visitantes, se debería empezar a hablar de bienestar local. Cada vez que llegan los "bárbaros" acaba hundiéndose una civilización. Antes se decía que la ignorancia, la intolerancia, el fascismo..., se curaban viajando. Ahora parece que ya no es así.