lunes, 9 de febrero de 2026

Proyecto

El avance de la ultraderecha comienza cuando los medios de comunicación generalistas empiezan a incorporar en su agenda y a normalizar los temas que a aquella le interesan, además de abrir las puertas -en nombre de un falso pluralismo- a periodistas de trinchera, opinadores o ex políticos que difunden los mismos postulados políticos que la ultraderecha, haciendo que se difunda y se presente como alternativa válida la visión del mundo que tienen esos partidos que la representan. En cualquier caso, el elemento clave para entender por qué funciona la propaganda y las mentiras de la ultraderecha, es que ésta ofrece soluciones sencillas, falsas pero soluciones, y sobre todo una suerte de seguridad para ciertos miedos que existen en sectores de la población.


una seguridad ficticia, una construcción inventada. Es esa famosa Arcadia que también menciono en el libro, donde supuestamente, bajo esas determinadas condiciones, todos estaríamos mucho mejor, viviríamos en armonía y no habría conflictos. Se genera un gran eufemismo: lo que hace X cantidad de tiempo podría ser racismo ahora se transforma en una suerte de autodefensa respecto de lo que ellos consideran que pueden dañar la armonía. Esa es una de las claves también para entender esta epidemia ultra actualmente, y es que han logrado comunicar de manera mucho más efectiva, y transformar, insisto, estos componentes muy negativos como puede ser racismo, xenofobia en, entre comillas, expresiones positivas: “En realidad estoy defendiendo mi identidad, en realidad estoy cuidando a los míos

Idealizando un pasado imaginario.

Ahí es donde se empieza a construir esa idea de Arcadia: “Con nosotros vas a tener un mundo como el que era”. La pregunta es ¿el que era cuándo? Porque hay una mezcla muy rara, un Frankestein: un poco de edad media, pero sin las heces en la calle y sin la gente muriendo a los 20 años por tuberculosis, y al mismo tiempo hacer cherry picking y buscar a ver cuál fue el mejor momento de la historia de España, el mejor momento de la historia de Alemania... “Eso es lo que queremos. Ahí éramos exitosos ya y nos iba bien como país y éramos grandes y nos respetaba el mundo y demás”. De pronto ofrecen esa sociedad que nunca existió y se añora lo que nunca fue. Es algo que funciona muy bien, eso de querer vivir en el mundo de El Señor de los Anillos y pasarla bien porque bueno, estamos derrotando a Mordor, que son esos del otro lado de la colina. Llama mucho la atención, porque si lo piensas fríamente no tiene ningún sentido, pero para personas que, insisto, combinan la frustración con el miedo y posiblemente también con tendencias autoritarias, con odio, con desprecio por el otro y demás, funciona muy bien ese tipo de construcción.


Tecnología y epidemia ultra

Cuando uno lee a Peter Thiel, el gurú de Silicon Valley que trabajó mano con mano con Elon Musk, te explicas muchas cosas. Ya en 2009, Thiel publicó un artículo en el que defendía que la democracia y la libertad no son compatibles. Él cree que, a partir de la universalización del voto, el mundo ha caído en una decadencia interminable. Thiel dice que, desde que las mujeres pueden votar y los beneficiarios del Estado de bienestar también, el Estado se ocupa de cosas de las que no tendría que ocuparse. De ahí viene -según él- el gasto que no sirve, la malversación, la decadencia económica y por consiguiente -según él- la decadencia moral. Y propone construir otro tipo de sociedad donde la democracia no sea la que la que rija. Thiel planteaba en ese artículo que tal vez la solución a todo esto es la tecnología, que la tecnología puede suplantar a la política. Él defiende que la política no es la solución a ninguno de los problemas. Y no cree que haya que convencer a la gente de eso: lo que hay que hacer es desarrollar tecnologías para que esto cambie y punto. Trump es la bisagra fundamental para entender ese último paso en connivencia con políticos que no lo son. Él es la punta de lanza de la oleada ultra. Hemos llegado ya a la fase de la normalización de esa epidemia. Y en el fondo de todo esto está el miedo, la falta de de rumbo, la incertidumbre, la idea de que no hay futuro. Pero, al final, la gente se da cuenta de que la han vuelto a engañar: Trump está inmerso en una sucesión continua de derrotas electorales en prácticamente todas las elecciones menores que se han celebrado desde hace un año. A lo mejor, allí, la gente se empieza a dar cuenta que detener y encarcelar a un niño de cinco años para deportarlo no es una anécdota, sino una manera de entender el mundo.

 

 

Medios y ultraderecha.

Una de las razones del auge de la ultraderecha tiene que ver con la nefasta confluencia de dos agentes: Por un lado la erosión de unos medios que han ido abandonando el rigor, la objetividad, el análisis independiente y hasta el compromiso con la verdad para plegarse al vicio de buscar el clic, ese “a ver qué barbaridad van a decir” para recibir más impacto. Y, por otro lado, una derecha ultra que ha entendido perfectamente que la verdad y el debate sosegado no venden y se ha convertido en una máquina de producir fango y miseria moral para alimentar a ese periodismo que, no sólo compra su relato y le sirve de altavoz, sino que a través de sus contratos de publicidad le somete a vasallaje. Proliferan así medios de comunicación militantes, activistas, que muchas veces están financiados por los partidos de ultraderecha, que promueven sus ideas, sus narrativas y disfrazan de noticias, de información, de datos, de estudios, las posturas ideológicas y las mentiras que sirven de andamiaje político a estos partidos. Estas son las que alimentan al electorado que apoya a la ultraderecha, ávido de leer más sobre las cosas con las que ya estaban de acuerdo previamente: ese es el sesgo de confirmación. Además, las redes sociales han acabado confundiendo información, comunicación y propaganda. Ya no hace falta el medio de comunicación para generar un discurso masivo, y la ultraderecha tiene la oportunidad de ir más allá, de alcanzar capas sociales que antes se le escapaban porque la tecnoligarquía es esencialmente ultra. Pero los medios de comunicación siguen siendo esenciales para crear focos de atención y servir de altavoz. Por eso, partidos como el PP están alimentando con fondos públicos a  pseudomedios, medios de la extrema derecha donde militan los principales agitadores: Vito Quiles, Bertrand Ndongo, Javier Negre, Eduardo Inda... Son medios como Periodista Digital, Estado de Alarma, OkDiario o The Objective, entre otros, regados con abundante dinero público por Ayuso, o Almeida. Pero están alimentando un monstruo, como acabamos de comprobar en Aragón. Allí el PP, en un alarde de estupidez política, no sólo ha comprado muchos de los postulados de VOX, sino que ha invitado a su meeting de fin de campaña al ultraderechista Vito Quiles. Resultado: aunque ha ganado las elecciones, ha perdido dos escaños, mientras que la ultraderecha dobla su representación. Ya sólo les queda auto disolverse e integrarse en el partido de extrema derecha.

sábado, 7 de febrero de 2026

Algoritmo rima con Tecnofeudalismo.

El problema vuelve a ser la ignorancia. Quien no ve un precipicio no tiene miedo de despeñarse por él. Un niño pequeño jugará sin precauciones con una pistola cargada porque ignora el terrible daño que le puede causar. “¿Y a mí qué me importa que el algoritmo sepa antes que yo lo que me va a gustar?”. Esto, ahora mismo, lo puede decir cualquiera. El peligro ni tan siquiera se intuye. Como el móvil es mío, como es una idea de mi cerebro la que elige una red, una aplicación, una página, como es mi dedo el que clikea..., creo que soy yo quien controla la situación. Ni tan siquiera intuimos el peligro. Lo primero que necesitaríamos es darnos cuenta de lo que está pasando. Qué es el algoritmo, qué hace, cómo funciona, cómo está cambiando la manera en que funciona nuestro cerebro. Básicamente el algoritmo está diseñado para que a un sitio digital venga mucha más gente y se quede mucho más tiempo. Al principio se enseñaban gatitos juguetones y poco más. Ahora la cosa es más compleja. Y más perversa. Pero los humanos, que somos muy poco "espabilaos, creemos que los efectos malévolos de este engendro sólo tienen que ver con los contenidos. Pocos entienden que esos contenidos eran -al menos al principio- lo de menos. Porque el algoritmo, en realidad, se dedica a conseguir que nuestros cerebros, poco a poco, vayan funcionando como a sus dueños les viene bien. Comienzas a procesar como a la máquina le conviene. Y los resultados están ahí. Miramos a los adolescentes y nos causa pena, vértigo, miedo, lo que les está pasando. El ciberacoso, el aumento de las agresiones sexuales, el empoderamiento del machismo, el hipermaterialismo, la pérdida de empatía, su absoluta dependencia de las redes, nos sumen en congoja; pero, sin llegar a tanto, es igual de triste descubrir que son incapaces de leer entero un artículo de un periódico, mantener la atención más de unos minutos o comprender procesos sencillos, interrelaciones, causas y consecuencias de los hechos... Y, llegados a este punto, políticos sin escrúpulos, que conocen y utilizan la mecánica del algoritmo, la emplean para troquelar votantes que jamás hubieran comulgado con sus intereses y alimentar un ambiente de polarización, de crispación, de enfrentamiento, de violencia verbal, de odio. Y a muchos esto les facilita la vida. Qué maravilla, no estar obligado a pensar, a tener ideas propias, poder vivir sin tener que tomar decisiones, sin asumir responsabilidades porque siempre hay alguien a quien echar la culpa. !¡Quién quiere una enclenque conciencia humana, si tiene dentro un poderoso algoritmo que lo justifica. En fin. Es el tecnofeudalismo. No es solo el futuro de internet, son nuestras vidas y son demasiado valiosas como para dejarlas al siniestro vaivén de los algoritmos. Pero muchos ya han vendido su alma a los oligarcas tecnofachas con lo que ellos conlleva.

viernes, 6 de febrero de 2026

Redes y mayores.

Una conocida de 80 años, móvil en mano,e interpela sobre "eso que quiere hacer Sánchez de prohibir que los jóvenes tengan móvil para que no puedan informarse". Esta persona tiene serias dificultades para manejarse con las funciones básicas de su smartphone. No sabe mandar o leer un Whatsapp, hacer una búsqueda de Google, encontrar la galería, modificar un solo ajuste y apenas acierta a encontrar a alguien en la agenda o contestar con prontitud a una llamada. No entiende este nuevo mundo y necesita una continua tutela digital. Aunque, me temo, que los mismos que se la prestan también tutelan sus ideas a través de las torticeras y sectarias explicaciones que de la actualidad política le dan. Ante la pregunta me limito a explicarle de qué va eso de las redes, poniéndole el ejemplo de Twitter, "o X como lo llama su dueño, Elon Musk, el hombre más rico del mundo", le digo. "Twitter -continúo- es como un foro que te permite casi gratuitamente interactuar con todos los demás usuarios, enviando y leyendo mensajes de texto cortos, incluir imágenes y vídeos. Vamos, un gigantesco patio de vecinos, el paraíso del chismorreo. Una mezcla entre radio macuto, la ventana indiscreta y el debate de la Isla de las Tentaciones. Un lugar de barra libre de mensajes, opiniones, comentarios...". 'Entonces -me dice- como en todo patio, se oirá más a la que más grita, a la más arrabalera, a la que parece que tiene menos que hacer..., y habrá muchas peleas". "Pues sí -le contesto- lo peor es que ese patio tiene un dueño, que impone las normas, decide quién puede y quién no puede hablar y dirige los temas de conversación. Al final, esta X es un lugar pensado para amplificar los discursos de odio y la polarización y donde un factor manipulador llamado algoritmo promueve a la extrema derecha sin ningún filtro ni moderación. Ahora, además, sabemos que la inteligencia artificial de X (tuve que hacer un inciso para explicar eso) favorece la sexualización de niñas y promueve el acoso o la pedofilia. Y termino diciéndole: En general las redes, todas, presentan peligros: exposición a contenido tóxico, ciberacoso, difusión de desinformación y bulos y el riesgo de infectarse con virus a través de enlaces maliciosos. Su uso excesivo, además, se asocia con ansiedad, depresión, problemas de autoestima, autoimagen, cognitivos y trastornos del sueño". "Por Dios -me dice-, esto no tiene nombre". "Sí -le digo-, se llama Enshittification, que se traduce como mierdificación, y es la reducción de la calidad de los contenidos de una red hasta convertirse en... en una auténtica mierda. Y, por cierto, cuando te digan que el móvil sirve, al menos, para aliviar la soledad de los mayores, que sepas que según un reciente estudio el tiempo que pasamos interactuando con amigos o familiares en la red se ha desplomado en los últimos años. A todas las edades". Tras ello depositó, con asco, el móvil sobre la mesa. Pero dejándolo al alcance de la mano. Por si acaso.

jueves, 5 de febrero de 2026

Musk, Durov, iros a la mierda

Corría el año 2007. Durante la sesión de clausura de la XVII Cumbre Iberoamericana en Chile. Hugo Chávez atacaba al expresidente José Mª Aznar, llamándolo fascista. Zapatero defendió la legitimidad de Aznar y pidió respeto, pero Chávez continuó interrumpiendo. El hoy rey emérito se dirigió entonces a Chávez, de manera poco diplomática, y le espetó el ya famoso ¡¿Por qué no te callas?! Ay, qué tiempos aquellos cuando había españoles que defendían a otros españoles de la mala educación y los insultos de un extranjero, aunque no coincidiesen ideológicamente con ellos. No han pasado veinte años y ahora los españoles que presumen de patriotas, no sólo no defienden, o por lo menos afean y censuran las formas, sino que aplauden y se suman a los ataques que un sociópata salpicado de escándalos dirige hacia el presidente de su país. Lo mismo hace la "prensa patriótica": utilizar los insultos del tecnofacha como palanca para seguir su campaña total contra Sánchez. Por eso, para compensar la balanza, tenemos que echar mano de los comentarios que sobre el tema hacen los extranjeros sin interés directo sobre el tema. Gente diversa, muy diversa y poco sospechosa de intereses partidistas en el tema. Así, el rector de la Universidad de Oxford, William Hague, ha dicho al respecto: "Las redes sociales se están volviendo incompatibles con un sistema democrático saludable". Hague es, además, una figura histórica del Partido Conservador británico. ¡Cuanto tiene que aprender la derecha española! Salvo que su su carácter democrático sea solo una pose. Otro británico, David Pearce, un prestigioso filósofo, respecto a los insultos de Musk ha dicho: "El primer ministro español, Pedro Sánchez, fue elegido democráticamente. No es ni un tirano ni un traidor. Las redes sociales tradicionales están inundadas de desinformación y provocación". El ex primer ministro de Francia, Gabriel Attal, ha dicho que Francia fue pionera en la protección de los menores frente a la influencia de las redes sociales, y que España sigue ese mismo camino. Recalcó que la salud de los niños no puede convertirse en moneda de cambio para ningún país, sin importar la presión de los gigantes tecnológicos". Por otro lado, Martina Navratilova, icono del tenis femenino y activista de la lucha por los derechos de las mujeres y las personas homosexuales a lo largo de su vida, por lo que ha sido ridiculizada, insultada, acosada y vejada en redes durante años, se ha limitado a compartir las declaraciones de Sánchez, añadiendo un escueto: "Bravo!!!!". En fin, resulta tan ridículo como cínico que un tipejo como Musk, que respaldó al partido ultraderechista Alternativa para Alemania y va por ahí haciendo en público el saludo nazi, acuse de "fascista" al presidente español, con el apoyo del ultraderechista Abascal. También Pavel Durov, cofundador de Telegram, ha atacado a Sánchez, advirtiendo en un mensaje a los usuarios de esta red, que las regulaciones que pretende impulsar el Gobierno de España "amenazan" sus "libertades en internet" y se pretende convertir el país "en un estado de vigilancia bajo el pretexto de protección. Yo, haciendo uso de mi libertad en internet, he respondido amablemente al mensaje no solicitado de Durov, diciéndole: "Sin conocerme de nada, ¿quién coño te crees tu para considerar que tienes derecho a meter tus narices en mi vida mandándome un mensaje? Y he acabado aconsejándole sobre en qué conducto interno de su anatomía podría alojarlo. Eso sí, sin actitud.

No sabemos ser ricos

Al problema de la falta de memoria se une el de que no sabemos gestionar "ser ricos". Uno recuerda cuando sólo había un plato en la mesa y una fruta. Cuando merendábamos pan con aceite y azúcar. Cuando una jícara de chocolate, de vez en cuando, era un regalo y un helado o un pastel un  lujo. Cuando no hartarnos de comer nos hacía delgados y bajitos. Cuando los pantalones -sin marca- llevaban rodilleras y los jerseys coderas. Cuando mucha ropa era heredada de nuestros hermanos y hacíamos la comunión con el traje de nuestros primos. Cuando casi nadie llegaba a fin de mes, a veces ni a fin de día, porque todo eran estrecheces. Cuando la sala de juegos era tu calle y ésta era tu casa. Cuando tus vecinos eran una extensión de la familia porque solían estar ahí para lo que hiciese falta cuando las carencias venían, que era muy a menudo, porque hoy por mi y mañana por ti. Cuando no éramos clase media, cuando casi todos comíamos lo mismo porque no había otra cosa, cuando no teníamos envidia porque las casas del barrio -menos las de cuatro gatos- eran casi todas iguales, con las mismas carencias, con el mismo frío, con las mismas goteras, con la despensa semivacía, con las orejas llenas de sabañones, los calcetines zurcidos y los zapatos rozados. Cuando éramos así de poca cosa, pero éramos también muchísimo más generosos, comprensivos y solidarios porque siempre se dependía de alguien. Sin embargo, conforme más tenemos, más egoístas somos, más avariciosos, más insolidarios, más clasistas, más brutos, más ignorantes, sin más ambición que tener más coches, más autos, más trajes, más mierda.