Vivir es intentarlo infinitas veces
viernes, 9 de octubre de 2026
Antidemócratas
IA, a la mierda
jueves, 8 de octubre de 2026
Malnacidos
La única certeza que tenemos es la de que vamos a morir. Pero hay muchas formas de hacerlo. Una de las más tristes es fallecer en un hospital, casi en soledad y por agotamiento después de varios días sin comer. Supongo que la mayoría de nosotros tampoco tendríamos mucho apetito después de haber sido desahuciados y pensar, camino del hospital, que con 87 años y una discapacidad del 50% tenemos que empezar de nuevo. También debe desmotivar a seguir viviendo saber que las hordas de odiadores te han elegido como la víctima perfecta llamándote "jeta" o "puta sinvergüenza"; que han inventando mentiras sin pruebas sobre tu patrimonio o que la señora Ayuso, la que va de ático de lujo en ático de lujo pagado por "amiguetes" diga "que me avisen a partir de qué edad dejo de pagar". Detrás de esta muerte hay muchos responsables. Los que menos, quienes ejecutaron materialmente el desalojo. Ahí está todo el entramado económico, jurídico y político incapaz de evitar que la vida de una mujer sea un obstáculo para la ganancia. Ahí están las empresas que compran pisos como mera mercancía especulativa. En momento alguno les interesaba la vivienda como hogar, sino como activo. Expulsan a la gente porque su presencia reduce la rentabilidad del capital. Para el capitalismo, una anciana con renta antigua no es una persona, es un rendimiento por debajo del mercado. Ahí tenemos a jueces, Audiencias y Tribunales, capaces de dar por buenas leyes franquistas para aprobar un desahucio. El derecho, en el sistema capitalista, protege la propiedad burguesa, pero no la vida del vulnerable. Ahí están las instituciones: un gobierno cobarde, lento y timorato para legislar en relación con la vivienda; Comunidades Autónomas que se niegan rotundamente a aplicar la normativa sobre zonas tensionadas; Ayuntamientos que no mueven un dedo para proteger o dar soluciones a los desahuciados. Ahí están los partidos de la derecha, votando en contra, una y otra vez, cualquier iniciativa, decreto o propuesta de ley destinado a aliviar el problema de la vivienda porque ellos sólo defienden los intereses de los propietarios y los fondos inmobiliarios frente a los inquilinos. Ahí están los Medios, que nunca se interesan por los problemas comunes de los ciudadanos antes de que estallen, pues no están al servicio de la verdad, sino del espectáculo y/o la manipulación. Maricarmen es otra víctima colateral de este puto sistema que convierte la vivienda en mercancía, la vejez en carga y la vida humana en una simple variable económica. Maricarmen no murió de vejez. Murió de desahucio. Murió porque su existencia era incompatible con la rentabilidad de un piso de 90 m² en el distrito de Retiro. Murió a manos de un sistema depredador cuyo gatillo es apretado por hombres y mujeres con nombres y apellidos. Y jaleado por una increíble horda de malnacidos.
miércoles, 7 de octubre de 2026
Puta sinvergüenza
De Vox, el partido franquista bautizado con el mismo nombre de una revista nazi, se pueden decir muchas cosas. Y ninguna buena. Son mentirosos compulsivos. Recuerdo aquel bulo certificado sobre que un mena nos costaba 4.700 euros al mes, mientras que la pensión de una abuela estaba en los 421. Sin embargo, cuando esa abuela es una anciana española de 87 años que es desahuciada como un perro y sacada en camilla camino del hospital para morir dos semanas después, lo único que tienen que decir es que "Toda España sabe que si en vez de Maricarmen fuera Morocarmen, tendría casa". Seguramente sería un chalet regalado por el gobierno etarra-comunista-bolivariano. Quizá no fuese un chalet de lujo en Pinar del Rey, un casoplón de dos plantas semejante al de Abascal, pero seguro sería mejor que cualquier casa de los patriotas que madrugan para sostener el país. No me refiero, obviamente, al vago de Abascal. Él bastante tiene (lo han dicho Rocío Monasterio, Espinosa de los Monteros, Macarena Olona o Javier Ortega Smith, antiguos "compis" de partido) con haber moldeado un partido a su imagen y semejanza, creando una especie de secta religiosa dedicada casi en exclusiva a financiar su tren de vida y apuntalar su ego y su barba. Abascal dejó su cargo como director gerente de la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social de la Comunidad de Madrid -un "chiringuito" que le montó Esperanza Aguirre- el 17 de diciembre de 2013. Ese mismo día, para no irse al paro, Vox se registró oficialmente como partido. En realidad Vox nació como un chiringuito privado presidido por un líder autoritario sin ganas de trabajar. Quién iba a suponer entonces que la prioridad nacional pasaba por silenciar a los disidentes propios y echarlos a la puta calle. La muerte de Maricarmen ha servido a Vox para culpar a Sánchez de su muerte (sus neuronas y su desvergüenza no dan para una iniciativa más). Lo hace un día después de rechazar una iniciativa para que los municipios de Baleares puedan limitar los precios de los alquileres. Lo ha hecho junto al PP. Ya cuesta trabajo distinguirlos. Total, el concejal de Vivienda de Benalmádena, del PP, ha llamado “puta sinvergüenza” a Maricarmen. Lo de esta gente no es ya falta de ética, es una auténtica indecencia, impudicia y depravación moral.
martes, 6 de octubre de 2026
Calentando motores
Comienza el acelerón final de una campaña electoral que se inicio ya hace casi cuatro años. Eso quiere decir que se reforzarán los bulos, la manipulación, los ataques, la indecencia moral, los insultos... El pistoletazo de salida lo ha dado Ayuso, la mayor bocazas del reino, echando mano de su manual trumpista para proyectar la sombra del pucherazo. Esto va de, si yo gano, es por la libertad del votante, pero si pierdo es fraude electoral. Los medios que trabajan incansablemente en favor de las derechas han tocado a rebato. En A3 Vicente Vallés arrancó su contribución a la causa con un editorial que no tenía nada de periodismo y si mucho de propaganda. Hasta el punto de hacer suyo el término favorito de las derechas para referirse a un gobierno legítimo: "Sanchismo". Por su parte, Canal Sur arrancaba sus informativos con una polémica cabecera sobre el adelanto electoral, consistente en una colección de acusaciones a Sánchez que coincidían milimétricamente con el argumentario de ataques de las derechas a éste. Con la vorágine que se avecina sería conveniente que el votantes que desee huir del sectarismo y no comportarse como un hooligans ideológico, espulgase entre la avalancha de mentiras y exabruptos que nos esperan. Tendremos doble taza de crispación y juego sucio. La campaña electoral será una pelea de estiércol plagada de golpes bajos. Los que dicen eso de ¡Por fin! "Por fin, decidirán los españoles”, ha dicho Feijóo (como si en 2023 hubieran decidido los miembros de la Asociación de Mariachis del Estado de Jalisco), no tendrán mucho interés en explicar su programa. Pero hay que estar atentos porque, de vez en cuando, se les suelta la lengua. Como le ha pasado al ultraderechista de Vox, José María Figaredo, que ha dicho que "Vox defiende una reforma hacia la privatización de las pensiones". Como hizo hace unos días Feijóo al anunciar que permitirá que las mutuas -sostenidas económicamente por las empresas- den el alta en las bajas médicas. Como acaba de hacer Ayuso al decir que su Gobierno utilizará "todos los instrumentos jurídicos" a su alcance para recurrir los decretos de vivienda. Es decir, que hará todo lo posible para que nada intente resolver el problema de la vivienda. De hecho, en lo que al alquiler se refiere, ni PP ni Vox proponen nada que no sea la derogación de la norma de vivienda, rechazar el control de precios, las zonas tensionadas o dar beneficios fiscales a los propietarios. Vox propone derogar la Ley Integral de Violencia de Género, las leyes LGTBI y la ley trans, así como sustituir el Ministerio de Igualdad por uno de Familia. También plantea eliminar la actual legislación sobre el aborto. En fin, que conviene dejar de escuchar a los charlatanes de feria y pararse a leer información fiable. Porque está gente "promete y promete hasta que te la mete".
Del ignorante al estúpido.
Dijo Umberto Eco que "el siglo XXI será recordado por convertir la estupidez en espectáculo". Por eso es tan corriente que veamos a tanto ignorante aplaudir a rabiar a los payasos. La sensación de que la sociedad actual padece un "adormecimiento intelectual" -no me atrevo a llamarlo acipotamiento cognitivo, por temor a quedarme corto- no es infundada. No es producto de ninguna evolución natural, ni de un accidente. Es el resultado de dinámicas estructurales muy bien diseñadas. Todo empieza con la devaluación del esfuerzo intelectual que se impone ya desde la escuela, incapaz de conseguir con sus estrategias que el alumnado descarte el conocimiento por "aburrido" o "complejo". Así, la pérdida del hábito de leer textos largos o seguir razonamientos complejos va debilitando el "músculo" del pensamiento crítico. Ni siquiera hace falta prohibir los libros si logras que la gente prefiera no leerlos porque está demasiado ocupada consumiendo entretenimiento hiperestimulante y trivial. Es notorio que el ocio pasivo ha sustituido en gran medida a la reflexión activa. Después, las grandes plataformas digitales hacen su trabajo. Estas no buscan educar, sino retener al usuario para obtener beneficios. Para lograrlo, los algoritmos priorizan el contenido que genera reacciones emocionales primitivas (indignación, odio, morbo, risa fácil) por encima del pensamiento crítico o el análisis profundo. Esto reduce drásticamente nuestra capacidad de concentración y análisis. Finalmente, y de forma paradójica, tener acceso a toda la información del mundo ha facilitado la manipulación. Al estar inundados de datos, fake news y opiniones sectarias, el cerebro se satura. Ante el cansancio informativo, la sociedad tiende a creer lo que alinea con sus prejuicios (sesgo de confirmación) en lugar de verificar los hechos. Esto nos ha llevado a la era de la estupidez. La inteligencia retrocede mientras los más imbéciles se encumbran. La estupidez instalada en la sociedad es, además, el arma más eficaz de los poderosos. Para controlar a los ciudadanos es preciso atemorizarlos (robos, ocupaciones, "invasiones"...) y mantenerlos en la ignorancia. Un país que cuente con un pueblo instruido, saludable y con carácter es mucho más difícil de engañar. Y de gobernar. Por eso los gobiernos populistas embrutecen a los pueblos, alimentan sus emociones más primarias, inoculan odio y suplantan el liderato genuino por clientelismo. El poder mundial, compuesto por una banda de sociópatas, ya no necesita como antaño de golpes de Estado. Hoy con el internet, los smartphones, las redes sociales y las plataformas audiovisuales, entre otros elementos utilizados como “método de dominación”, les alcanza y sobra para lograr sus objetivos y mantener sometidas a sociedades enteras que viven en un eterno y vejatorio letargo. Podemos creer que el mundo está lleno de estúpidos, que nunca antes había habido tantos incultos, estúpidos y dementes rondando por el planeta. Pero no creo que sea así. No creo que el número haya sufrido un gran avance en términos porcentuales. Lo que ocurre es que ahora los medios y las redes los han visibilizado, les dan voz y hasta los empoderan. Esta terrible incitación ha provocado que el estúpido se lance al mundo a gritar a los cuatro vientos lo estúpido que es. Asimismo, se ha topado con la sorpresa de que no es tan estúpido como creía o le habían dicho, pues hasta el más idiota de los hombres es capaz de encontrar un coro de estúpidos que le dan «like», lo retuiteen, lo sigan y hasta lo voten. El hecho de contar con una camarilla de estúpidos no hace que el nivel de estupidez sea menor; simplemente, donde antes había un estúpido diciendo estupideces, ahora hay mil, cien mil, un millón o varios millones dándolas por buenas. Hay un fino hilo que une la falta de conocimiento, la manipulación, el adoctrinamiento y la estupidez. No en vano, el mayor triunfo del adoctrinamiento es que el oprimido replique el discurso de su opresor.