Tras la necesaria dimisión de Óscar Puente, Ester Muñoz, portavoz del PP en el Congreso, ha sido la primera dirigente de su partido en reaccionar: "Ha llegado 116 muertos tarde", ha dicho. Esta señora pertenece al mismo partido que no pidió nunca la dimisión de Mazón por las 234 víctimas de la Dana. Este señor tardó más de un año en abandonar la presidencia de la Generalitat, protegido en todo momento por su partido. Lo hizo cinco días después del funeral de estado en que fue increpado por las víctimas que, en realidad, fueron las que lo obligaron a irse. Mazón dejó la presidencia, pero no su escaño. Conserva las prebendas de todo expresident de la Generalitat y, además, su partido le premiaba con un puesto en la comisión del reglamento de la cámara (otros 600 euros mensuales más a la saca) que nunca se ha reunido. El PP tampoco ha pedido nunca la dimisión de Ayuso por los 7291 fallecidos en sus residencias vinculados a su inhumano y criminal protocolo durante el COVID. Es más, se ha opuesto en todo momento a abrir una comisión de investigación sobre el tema con el apoyo de Vox. Eso sí, ahora, el partido de ultraderecha asegura que "va a hacer lo imposible" para que Puente "pague ante un tribunal por cada una de las 116 muertes" de los accidentes de Adamuz y Urda. Todo es cuestión de encontrar un juez "sensible" a sus ideas. Pero Vox también dice cosas que nos deberían preocupar. Y mucho. Si ya es estúpido que Feijóo pida a los sindicatos que "reconsideren" la huelga general, que él considera que está convocada "contra la oposición" -caso único en el mundo,- y "es un grave error" tras el accidente de Toledo (pues todos sabemos que el accidente ha hecho bajar los precios y ha resuelto el problema de la vivienda), Vox da una vuelta de tuerca y bordea la inconstitucionalidad, el fascismo más rampante y el matonismo al amenazar Abascal a los sindicatos por la huelga general del 11N y advertirles que "si la mantienen y el PP y Vox llegan al poder, "tomaremos nota". La frase suena a amenaza antidemocrática, a política de miedo, a listas negras, y anuncia lo que estos partidos harán cuando lleguen al poder con derechos considerados como el de huelga. Pero, para mí, lo más cínico es que el líder de la ultraderecha diga que la huelga atenta contra el derecho del ciudadano al uso de los servicios públicos cuando sus políticas están destinadas a machacar esos servicios y, a la vez, apoyan la huelga de maquinistas. Contradicción y cinismo en estado puro.
Vivir es intentarlo infinitas veces
miércoles, 4 de noviembre de 2026
martes, 3 de noviembre de 2026
Capitalismo libidinal
La invención de la suma
Se ha hecho viral un mensaje, miles de veces reenviado por WhatsApp, que te presenta como inexplicable y extraordinario -sucede sólo una vez cada mil años, te dicen- el que si al año en que naciste le sumas tu edad te da como resultado el año en curso. La mayoría de la gente se queda misteriosamente sorprendida: Han descubierto ¡la suma!. Con cosas como ésta uno se explica por qué los bulos corren como la pólvora, por qué hay cada vez más negacionistas de lo evidente, porque la ultraderecha avanza imparable a base de mentir. La gente se cree todo lo que le echen. Y lo hace porque no se para un momento a pensar, a analizar y a sacar conclusiones propias. Eso lo aprovecha como nadie la extrema derecha. No lo inventaron ellos pero lo aplican a la perfección y sin vergüenza alguna. El mecanismo es simple: se parte de hechos reales que preocupan a la gente, como que los precios no paran de subir, que los sueldos no llegan, que la vivienda es ya un lujo, que los jóvenes no pueden emanciparse... Todo eso es verdad, y por eso el anzuelo funciona. La mentira no está en los hechos que sirven de base para fabricarla, está en la búsqueda de culpables y, todavía más, en la solución. Usan la misma lógica del timo: se parte de algo real, se dan cifras altas que nadie contrasta, se establece un agravio comparativo y se busca una víctima a la que señalar. Ahí está el truco, pero antes de pensarlo la gente ya ha mordido el anzuelo. El truco consiste en desviar la culpa. El discurso ultra busca siempre los culpables hacia abajo y hacia fuera. Que los precios se disparen, que el precio de la vivienda esté por las nubes, que los sueldos sean bajos..., para los ultras, no tiene nada que ver con un capitalismo salvaje, con unos ricos insaciables, con un sistema especulador, con unos bancos sacamantecas, con los rentistas que fijan el precio del alquiler, con los fondos buitre, con un empresariado explotador... No, que va. La culpa la tienen los de abajo, los que son más pobres que tú. Y te dicen que tu eres cada vez más pobre por culpa del inmigrante mantero, el menor tutelado, la vecina con hiyab, el enfermo que cobra una paga de invalidez, la "paguita" que recibe el señor de 58 años al que ya nadie quiere contratar o esas falsas pagas que dicen los ultras que reciben los inmigrantes nada más llegar. Y tu no te preocupas en saber si es verdad. Porque, además, te dicen que es tu última oportunidad para "salvar España". La prisa anula la posibilidad de pensar. Ningún timador quiere que consultes a tu hijo antes de comprarle lo que te ofrece; ningún agitador quiere que compruebes si lo que dice el vídeo es verdad antes de compartirlo. La prisa es la condición del engaño. Pero nada de esto sería tan eficaz sin la maquinaria que lo distribuye. La extrema derecha ha perfeccionado la jugada. Primero desacredita a la prensa que no le baila el agua, a los jueces no afines, a los científicos, a cualquier experto independiente. Después ofrece, como única fuente limpia, sus propios canales, sus agitadores con micrófono que se hacen pasar por periodistas, sus vídeos basados en la manipulación y la mentira. El engaño tiene niveles. En el sótano, Telegram y los canales cerrados, donde se fabrica el material y se organiza la gente. En los pisos principales, X, TikTok, los reels, el vídeo corto que el algoritmo premia cuanto más indigna. En el último piso, el dirigente político que recoge lo que ha subido y lo legitima con su firma. Y en el ático, como eco, los medios que lo amplifican para condimentar su relato. El 29 de noviembre muchos votarán con el móvil todavía caliente en la mano, después de morder todos los anzuelos con la carnaza que la extrema derecha les ha echado. Sin pararse a pensar qué de lo que le han vendido es verdad o es mentira. Pero ya será tarde porque en ese momento su billetera ya estará en el bolsillo del carterista.
domingo, 1 de noviembre de 2026
Patriotas ignorantes
¿Sabes quién, ya en 1593, firmó un edicto limitando a 8 horas el trabajo de los obreros de fortificaciones y fábricas, adelantándose siglos a la Revolución Industria? ¿Sabes qué país se convirtió en el primer país de Europa Occidental en establecer por ley la jornada laboral máxima de ocho horas diarias (y 48 semanales) para todos los oficios? ¿Sabes qué país fue pionero en Europa en regular el descanso dominical obligatorio para todos los asalariados? ¿Sabes dónde se aprobó la primera ley de accidentes de Trabajo que hacía que el empresario pasase a ser civilmente responsable de la seguridad de sus empleados? ¿Sabes en qué país reconoció oficialmente la UNESCO que apareció el más antiguo sistema parlamentario europeo? ¿Sabes qué país se anticipó a gran parte de Europa al establecer la soberanía nacional, la división de poderes, la libertad de prensa y el sufragio universal masculino? ¿Sabes qué implementó las primeras leyes que son consideradas por los historiadores jurídicos como un precedente embrionario de los Derechos Humanos? ¿Sabes qué país redactó, ya en el siglo XIX, una ley general de sanidad muy avanzada que regulaba la higiene pública, las cuarentenas y la vacunación, sirviendo de base para lo que un siglo después se conocería formalmente como los modernos sistemas de salud pública universal? ¿Sabes qué país fue pionero a nivel europeo en la planificación hidrológica integrada? ¿Sabes qué país ha impulsado mecanismos pioneros de evacuación y asistencia Médica en el contexto de ayuda humanitaria y cooperación internacional? ¿Sabes qué país mantiene desde hace décadas el primer lugar mundial en donación y trasplante de órganos? ¿Sabes qué país lidera a nivel global el número de Reservas de la Biosfera de la UNESCO? Si no lo sabes, la respuesta es España. Y, no, ninguna de estas cosas se hicieron con Franco. Si no lo sabes y luces una pulserita de moda, entonces ¿qué mierda de patriotas eres? Si, además, tampoco sabes quiénes eran los Trastámaras, los Austrias o eres incapaz de mencionar y ordenar a los últimos diez reyes de España?, entonces, ¿qué mierda de monárquico eres? -"Es que no me lo han enseñado en la escuela" -Tampoco te han enseñado la alineación de la selección que ganó el mundial de Suráfrica, quiénes han sido los pichichis del Real Madrid desde Iván Zamorano o cuáles han sido los últimos diez balones de oro y esos sí que te los sabes, así que menos presumir de patriota y más estudiar las cosas que te pueden hacer sentirte orgulloso de España.
sábado, 31 de octubre de 2026
Tóxicos
A la polarización ya no le quedan espacios por conquistar. Se ha instalado hasta el tuétano de esta sociedad. Entiendo que ante una tragedia propia haya tantos tipos de reacciones como tipos de personas. Cuando el destino te arrebata a alguien cercano puedes bloquearte, hundirte, desesperarte, sublevarte, estallar, arremeter contra todo, desear matar a alguien. ¿Quién puede juzgarlo cuando el intenso dolor personal puede derribar tus cimientos racionales y emocionales? Pero esto no puede ser aplicable cuando la tragedia sólo te afecta como sociedad. Desgraciadamente eso ocurre porque cada vez hay más gente irracional que ya ha derribado hasta la última pieza de su andamiaje ético. Gente que son de una toxicidad aniquiladora. Personas que sólo saben destruir, provocar, desgastar... y cuando el otro reacciona, lo insultan. Entiendo que el dolor cambia, que la falta de respuestas cambian, que las heridas no tratadas cambian a las personas. Pero no puede valer todo. Estoy hastiado de esa gente de perfil perjudicial o "tóxico" que ante una tragedia sólo sabe amplificar el sufrimiento y obstaculizar la recuperación colectiva. De los que sólo saben señalar responsables de forma apresurada sin esperar datos o investigaciones oficiales. De los que comparten imágenes explícitas, detalles escabrosos, bulos o narrativas exageradas del dolor ajeno. De los que utilizan las tragedias para beneficio personal, acumular atención en redes sociales o reforzar agendas ideológicas, esforzándose con su actuación en presionar a los afectados para que vean sólo el lado escabroso o multipliquen sus reacciones más irracionales. Admiro, por el contrario, a todas esas personas anónimas que se vuelcan en ayudar, sin esperar nada a cambio, sin reparar a quién ayudan, sin tender la mano mientras con la otra preparan su dedo acudador. Esas personas que no buscan notoriedad, que se apartan de las cámaras, que piensan que "ahora no importamos". Detrás de esas personas hay una misma historia, la de la solidaridad sin condiciones. Admiro al marido de una fallecida en Urda que, tragándose su dolor y controlando sus emociones más primarias, ha sido capaz de lanzar una valiosísima reflexión colectiva sobre lo ocurrido, apelando al conjunto de la sociedad. "Estos muertos son de todos, del tipo de sociedad en el que estamos viviendo. Estamos viviendo la peor época del capitalismo con prisas", ha afirmado. "Tenemos que cambiar este mundo entre todos", ha apuntado, al tiempo que ha insistido en la importancia de tomar conciencia sobre los fallecidos. "Tenemos que cambiar este mundo entre todos", ha opinado. Sobran los que ante una tragedia colectiva sólo saben esgrimir la hostilidad y el insulto; los que se esmeran ante una situación dolorosa para canalizar su odio en forma de ataques verbales; los que carecen de empatía; los que viven cómodos en la polarización; los expertos en deshumanizar al otro, convirtiendo una desgracia en un escenario de confrontación ideológica o personal. Hay gente tan simple, tan vacía, tan tóxica, que en lugar de ayudar a procesar el dolor o la complejidad de un evento, prefieren señalar, juzgar e insultar a un otros para aumentar la tensión emocional. Si está gente sigue estando omnipresente viviremos en una tragedia perpetua.
viernes, 30 de octubre de 2026
¿Qué ha pasado?
En una España que estaba aún sacudiéndose la caspa del franquismo y saliendo del tercermundismo técnico, la inauguración en 1992 de la primera linea de AVE supuso un orgullo tecnológico. Treinta y cuatro años después la Alta Velocidad española acumula una desconfianza que será difícil de superar. ¿Qué ha pasado para pasar de un estado a otro? Muy sencillo. Ha pasado España y su negativa evolución como sociedad. Ha pasado creernos nuevos ricos. Ha pasado morir de éxito. Ha pasado creernos que eso de bueno, bonito y barato es posible. Ha pasado querer tener unos lujos que no nos podemos permitir. Ha pasado que el nacionalismo barato sale caro; y que queremos ser punteros pero que lo paguen otros. Ha pasado que queremos servicios de primera a precio de saldo. Ha pasado que llevamos décadas invirtiendo para dar servicio al turismo sin pensar en los que aquí vivimos. Ha pasado que todo el mundo quiere máxima calidad y seguridad a precio de oferta. Ha pasado que la construcción de las infraestructuras de alta velocidad ha sido un negocio para los de siempre -con PSOE y PP en el gobierno- y nadie ha pedido fiscalizar. Ha pasado que cuando lo que hemos pagado todos se ha decidido "liberalizar" para dar paso al negocio privado nadie ha movido un dedo. Ha pasado que cuando la gente puede ir de Sevilla a Madrid volando en tren por poco más de 15 € nadie se pregunta dónde está el truco ni si eso se traduce en riesgos. Ha pasado que aquí solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Y que nadie piensa que cuando las llanuras manchegas y las campiñas andaluzas se fríen a 40⁰ -algo que pasa cada vez más días al año- el acero de los raíles alcanza los 70⁰ y eso no hay infraestructura que lo resista. Y que en esta puñetera sociedad todo el mundo se queja, pide, exige, pero nadie quiere pagar impuestos pensando que los servicios nos los regalan. Y que después de Angrois y Adamuz todos tienen prisa por pasar página de la bronca política para abrir la siguiente. Ha pasado que aquí todos exigimos seguridad pero montamos el pollo si no me abren las vías para el próximo puente. Y que todos piden responsabilidades políticas, pero sólo si el que tiene que dimitir es "de los otros". Ha dicho el señor Bonilla que el corredor de alta velocidad de Andalucía ha dejado de ser seguro y ha exigido su inmediata revisión. Qué lastima que, sabiéndolo, no lo hubiese pedido ya este verano. O antes del puente del 12 de octubre. O antes del de los Santos. Pero claro, si lo hubiera hecho los agentes turísticos lo hubieran crucificado, porque el negocio es lo primero. Yo hubiera preguntado a Bonilla: ¿Cuándo cree usted que el Corredor será seguro? Yo respondo: "cuando el próximo Ministro de Transportes, del PP o de Vox, ocupe su despacho y le dé a la palanca de hacer dinero". Porque, además, mucho tiempo después seguirán culpando a los que se han ido de cualquier problema que pudiera haber. Pero, que conste, todos tenemos algo de culpa.
Ha ocurrido que...
En una España que estaba todavía sacudiéndose la caspa del franquismo y saliendo del tercermundismo técnico al que ese régimen la sometió, la inauguración de la primera linea del AVE fue un orgullo tecnológico. Treinta y cuatro años después la Alta Velocidad española acumula una desconfianza que será difícil de superar. ¿Qué ha pasado para pasar de un estado a otro? Muy sencillo, ha pasado España y su negativa evolución como sociedad. Ha pasado creernos nuevos ricos. Ha pasado morir de éxito. Ha pasado creer que eso de bueno, bonito y barato es posible. Ha pasado que el nacionalismo barato sale caro. Ha pasado que queremos ser punteros pero que lo paguen otros. Ha pasado que queremos servicios de primera a precio de saldo. Ha pasado que llevamos años haciendo cosas pensando en dar servicio al turismo sin pensar en los que aquí vivimos. Ha pasado que todo el mundo quiere calidad pero nadie quiere pagarla. Ha pasado que la construcción de las infraestructuras de Alta Velocidad ha sido un negocio para los mismos de siempre, gobernando los dos grandes partidos, y nadie ha pedido fiscalizar. Ha pasado que cuando lo que hemos pagado todos se ha decidido "liberalizar" nadie ha abierto la boca. Ha pasado que nadie piensa, cuando puede hacer un viaje de Córdoba a Madrid en Alta Velocidad por apenas 15 euros, que aquí tiene que haber truco y eso se traduce en riesgos. Ha pasado que cuando cuatro se sientan a la vez en una silla ésta se rompe. Ha pasado cuando en las llanuras manchegas y las campiñas andaluzas alcanzamos los 40° -y eso cada vez ocurre más días y más tiempo-, el acero negro de las vías se pone a 70 °C. Y eso no hay infraestructura que lo resista. Ha pasado que en esta puñetera sociedad todo el mundo se queja, pide, exige, pero nadie quiere pagar impuestos porque cree que los servicios se regalan. Ha ocurrido que después de Angrois (80 muertos) y Adamuz, y una vez pasada la página de la bronca política para enzarzarnos en la siguiente, nadie se vuelve a preocupar. Ha ocurrido que aquí sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Ha ocurrido que todos exigimos máxima seguridad pero montamos el pollo si no me abren las vías para el próximo puente. Ha ocurrido que todos piden responsabilidades políticas pero sólo si los que tienen que dimitir son de "los otros". На dicho Juanma Moreno que el AVE Madrid-Andalucía ha dejado de ser un medio de transporte seguro. Y ha solicitado una inmediata revisión de todas las línea de alta velocidad. Qué lástima que, sabiéndolo, no lo haya dicho durante todo el verano, o antes del puente del 12 de octubre, o una semana antes del de 'los Santos". Pero claro, los agentes turísticos lo hubiesen corrido a gorrazos y, oiga, el negocio es lo primero. Yo hubiera preguntado al señor Bonilla: ¿Cuándo cree usted que el corredor andaluz será seguro? La respuesta la doy yo: "cuando el próximo Ministro de Transportes, del PP o de Vox, ocupe su despacho". Porque, además, cuando eso ocurra podrán durante mucho tiempo culpar de lo que pase a los que se han ido. Pero, que conste, la culpa la tenemos todos.