domingo, 23 de agosto de 2026

Farmear Aura

Me acabo de enterar. Lo llaman batallas de "aura farming" o "farmear aura". Se trata de jóvenes, en su mayoría de entre 14 y 20 años, que compiten haciendo gestos, poses y recreaciones de algunos de los memes y vídeos virales más reconocibles de internet. Vamos, otra "poyada" para hacer el canelo y perder el tiempo. También me entero de que está de moda el "Mewing", que consiste en fortalecer la barbilla en busca de "mememizar" tu rostro. Son cosas que no entiendo. Hay que estar muy aburrido. Hay que tener poca personalidad. Todas estas "paridas" de nombre inglés y encefalograma plana sólo sirven para idiotizar al personal. Y ahí estamos: chicos y chicas completamente lobotomizados por los móviles en búsqueda de ese concepto etéreo y estúpido llamado aura. No sé. Ellos, seguramente, tampoco saben mucho de nada. Esta semana también he leído algo sobre la caída de los influencers. Una caída que no existiría si no hubiésemos, entre todos, alzado a una generación de ignorantes, mediocres, ociosos y vacíos hasta un poder mediático y económico que nunca merecieron y difícilmente dejarán de tener. Las marcas invierten en "creadores" de contenido para vender más. Supongo que el que amasa y da forma a un montón de excrementos también puede ser llamado creador. Unos medios, cada vez más bajo mínimos, se hacen eco de lo que hacen estos vividores tratando de encontrar viralidad para subir "audiencias". Casi todos somos culpables de haber engendrado a los nuevos líderes mediáticos, tolerando su falta de escrúpulos a la hora de utilizar su influencia en adolescentes y hasta niños. Absolutos carroñeros que buscan monetizar cualquier nimiedad, cualquier asunto intrascendente, desgracia ajena o problemática politica. Hemos dado un altavoz a post adolescentes de plástico, sin cultura, educación, pero muy guapos y con muchos seguidores. Estos son los grandes referentes de esta sociedad. Así nos va.

viernes, 21 de agosto de 2026

Más memoria

Una mentira se instala como verdad por algo más complejo que por la sola repetición de una impostura. La tierra fértil de las mentiras se compone de capas heterogéneas de ignorancias, miedos y deseos colectivos que encuentran en ellas interpretaciones más cómodas, más creíbles que la verdad. La mentira, para prosperar, necesita hundir sus raíces en terrenos que los que están dispuestos a creerlas no frecuenten, no dominen ni estén dispuestos a explorar. De ahí el gusto ultra por "rememorar" el pasado, previa deformación y manipulación del mismo, para construir una imagen falsa del presente y proyectar un futuro tan distópico como falso. Por eso, y para evitarlo, es tan importante la memoria. Necesitamos la memoria, la memoria es tan importante que incluso, a nivel popular se dice que alguien no muere mientras se le recuerda. Decía Saramago que "somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos, sin responsabilidad quizá no merezcamos existir”. Para que no olvidemos lo que somos, detengámonos hoy y no perdamos de vista que muchos pretenden que vivamos en una sociedad construida sobre la mentira y la ambigüedad. Una sociedad que se está marchitando por falta de autenticidad, por falta de verdad, por exceso de personas dispuestas a aceptar y normalizar la mentira como método de espantar sus miedos, esconder sus mediocridades y protegerse emocionalmente contra la evidencia de que existen crueldades puras, es decir, irracionales y gratuitas, que ellos, simplemente, aceptan.


miércoles, 19 de agosto de 2026

La nueva caja de Pandora

Las pantallas se han convertido en la moderna caja de Pándora. De ellas salen guerras, genocidios, incendios, catástrofes humanitarias y naturales, mentiras, broncas continuas y odio. Pero deslizamos el dedo, olvidamos pronto y seguimos con nuestra vida. Así vivimos: rodeados de acontecimientos enormes y cada vez más alejados de aquello que los hace explica y hace posibles. Tan "tranquilos". Pero no nos damos cuenta que hasta la tierra sufre. Un lugar que durante generaciones fue hogar, cultivo, paisaje, memoria y pertenencia se ha convertido en un activo financiero. Con ello no desaparece solamente una forma de vivir y ganarse la vida; puede desaparecer una manera de habitar el mundo. Parece no inquietarnos. Dejamos correr el agua como si fuera infinita mientras los acuíferos se agotan, los ríos se pudten y las sequías se prolongan. A muchos, el cambio climático -nunca mejor dicho- "se la suda". No estalla como una bomba. A veces modifica una cosecha, seca un río, desplaza una comunidad o convierte lentamente un territorio en inhabitable. Un bosque o un glaciar pierde superficie, una especie deja de regresar, un insecto o un anfibio desaparece de nuestra vida y apenas nos damos cuenta. Mientras tanto, seguimos llamando progreso a una forma de vida que consume en décadas aquello que la naturaleza tardó siglos en construir. Cómo perfectos imbéciles hemos aprendido a contabilizar con extraordinaria precisión aquello que produce dinero, pero valoramos muy poco aquello que hace posible la vida. Estamos ciegos. Vemos cifras de muertos y desplazados, de migrantes ahogados, de víctimas de catástrofes, pero no reparamos en que detrás de cada cifra había una persona, una casa, una familia, una historia, una tragedia traducida en muerte. Y alrededor de la muerte existe una enorme economía: armas, drones, misiles, sistemas de vigilancia, satélites, tecnología militar, mafias, empresas que hacen negocio de las tragedias, políticos que las usan para conseguir votos. Mientras unos huyen o, lo peor, mueren, otros calculan contratos y beneficios. La muerte también tiene mercado. Podemos estar informados de todo y comprender cada vez menos. Una noticia desplaza a otra, una tragedia queda enterrada bajo una polémica y un desastre ambiental dura lo que tarda en aparecer el siguiente estímulo. Han secuestrado nuestro tiempo, nuestra atención y, en cierta medida, nuestros deseos. De ahí nace buena parte de la batalla por la popularidad, de la indignación permanente y de esos contenidos diseñados para provocarnos una reacción inmediata. No interesa que pensemos. Basta con que reaccionemos. Y lo hacemos de la peor manera posible. Necesitamos apartarnos de aquello que nos deslumbra para no mirar, romper el ruido que nos distrae y volver la mirada hacia lo que importa. Que nadie decida por nosotros qué merece nuestra atención, nuestra indignación o nuestro silencio. 

lunes, 17 de agosto de 2026

Preguntas de verano

Lo bueno del verano es que, al obligarte a estar encerrado en tu casa tantas horas para evitar auto combustionar en la calle en las horas centrales del día y en todas las que las preceden y siguen, tienes mucho tiempo para hacerte preguntas. Y respondértelas. Dicen que es en verano cuando más gente acude a los cines. ¿Es el verano el paraíso de los cinéfilos? No, qué va. A esa gente lo que le gusta es el aire acondicionado de los cines. ¿Por qué en vacaciones la gente mira más el móvil? Pues está claro, para ver piscinas en Google Maps, que es lo más cerca que la mayoría estará de tener una. ¿Por qué tanta gente sale de las gasolineras triste, llorosa y compungida? ¿Son los efectos de los efluvios del combustible? ¡Qué va! Es que recuerdan a esos malvados que abandonan a sus mascotas y sus ancianos en las gasolineras y no pueden soportar la idea de que ellos acaban de abandonar allí casi 90 euros. ¿Por qué la gente no siente pena ni empatía por los jazmines secos? Pues porque saben que los jazmines secos van a una granja llena de jazmines donde hay mucha agua y son muy felices. ¿Por qué el sueño de un facha enclenque es pasar el día en la piscina pública? Pues porque saben que será el más chulo de la piscina infantil llena de niños. ¿Por qué Santiago Abascal proyecta una imagen de preocupación desde su yate de vacaciones? ¿Estará preocupado por el efecto de los incendios, por la subida de la inflación, por el problema de la vivienda? No, qué va. Lo que le pasa es que le inquietan sus futuros pactos de gobierno con el PP si éste partido sigue criminalizando el absentismo laboral. ¿Cómo puedo combatir el calor adoptando medidas eficaces de adaptación climática de mi vivienda? Pues, está claro, obligando a mi vecino a poner su aire acondicionado a tan baja temperatura que enfríe también la mía. Hay, lógicamente, preguntas sin respuesta. ¿Cómo puede ser que ese negacionista climático diga, ante las cenizas humeantes de su casa, que perder tu vivienda en un incendio forestal es normal en esta época del año y que eso ha pasado "toda la vida de Dios". ¿Por qué el portero de Cabo Verde se ha convertido en la principal esperanza de la izquierda española?. En fin, el verano encierra grandes paradojas, alberga el paraíso y el infierno, te eleva al cielo y, momentos después, hace que te estrelles de bruces contra el suelo. Es la única época del año que te permite, en segundos, conocer al amor de tu vida e, inmediatamente después, al amor de la vida del amor de tu vida. Yo, en la penumbra de la habitación y con el hipnótico ruido del ventilador, sueño con que suene el teléfono para poder quejarme del verano, del capitalismo depredador y de las rozaduras que me han hecho las chancletas del Carrefour. Aunque no sé si a la teleoperadora de Yoigo le van a importar lo más mínimo mis inquietudes.

Estrés postraum-ático

Estamos tan acostumbrados a que en las películas siempre ganen los buenos que hemos acabado creyendo que, en el mundo real, los ganadores son los buenos. ¡Qué grave error! Quizá por eso, a veces tenemos la sensación de que por admirar y querer imitar a los "ganadores" cada vez más gente se pasa al "lado oscuro". Vemos, por todas partes, entre gente de toda edad y condición, a gente ejerciendo el odio, esa forma de maldad tan destructiva. Creo que, en la mayoría de los casos, ese odio no es intrínseco, sino que nos lo han ido inoculando a fuego lento, despacio, sin prisa. Y el virus del odio, por ignorancia, por miedo, por interés..., se ha metido en el tuétano de mucha gente, creando diferencias insalvables entre personas y grupos por asuntos a veces intrascendentes. Es evidente que el odio se cultiva, se siembra y abona. Hay grupos políticos expertos en hacerlo y todos conocemos quiénes son sus colaboradores necesarios. No es casualidad que en estos momentos odio y ultraderecha crezcan juntos. Ya lo dijo Jean Paul Sartre: "El fascismo no es una ideología, el fascismo es una metodología del odio". Y ahí tenemos a diario a esas jaurías que arropadas en cuatro ideas rudimentarias y adornados de símbolos patrióticos, dedican más tiempo a insultar, a odiar, que a vivir sus propias vidas. Me dan mucha pena esos jóvenes de sobrada ignorancia y engreimiento que van por el mundo con cara de perros encadenados dispuestos a comerse al primero que pase en cuanto el amo les quite la correa. Y ahí tenemos a esos "triunfadores", como Trump, como Milei, como Espriella, con su carácter agrio,  polarizante y faltón, su total falta de empatía, siempre dispuesto a generar polémicas públicas, a insultar a los adversarios a maltratar verbalmente a los periodistas. Ahí están con sus caras de amargados y "malafollá" arrastrando a millones de personas al terreno del odio. La fascinación que causan entre los ignorantes les lleva al triunfo y se extienden por todo el planeta como el calor derivado del cambio climático, como la pobreza que no deja de crecer gracias a personajes como ellos que con su maldad intrínseca pretenden un mundo esencialmente libertario, es decir, injusto, en el que la bondad -"buenismo", lo llaman ellos- sea tan difícil como sonreír ante una tragedia colectiva. A este grupo de "ganadores" con mala leche pertenece la señora Ayuso, esa energúmena de ramplona inteligencia que teledirigida por MAR, el abyecto y alcohólico resentido, arremete estos días contra Sánchez y su gobierno para desviar la atención sobre el super escándalo de su ático de lujo. Su infantil sobreactuación sólo es superada por el arsenal de odio y falta de respeto que supuran sus palabras. Sólo le falta meter -otra vez- a ETA en su argumentario de niña malcriada, odiosa y repelente. Quizá todo lo explique que está pasando un episodio de estrés postraum-"ático". Pero ahí está ella, defendiendo al genocida estado de Israel, uno de cuyos ministros acaba de animar a " asesinar entre 30 y 40 personas cada noche en Gaza". Yo diría que eso es maldad en estado puro, aunque quizá me equivoque y eso sea prueba de que esta escoria y los que lo apoyan son buena gente.

viernes, 14 de agosto de 2026

Frases adaptadas

 Ayuso sufre, la "pobre," estrés postraum-ático.


Aquellos veranos

Hay lujos que no pueden comprarse. El mayor, quizá, disponer de tiempo. Tiempo para pensar sin interrupciones. Para leer sin mirar el reloj. Para conversar sin prisa. Para caminar sin destino. Para escuchar con calma. Para recordar quiénes somos cuando dejamos de ser la persona quienes los demás creen que somos. Quizá ese sea el verdadero lujo de nuestro tiempo. Cada verano me despierta recuerdos que permanecen intactos, aunque hayan pasado muchas décadas. Vengo de una familia humilde. En mi infancia las vacaciones no se parecían en nada a las que hoy llenan las redes sociales. No había hoteles, grandes viajes ni experiencias extraordinarias. El verano era, sencillamente, una pausa en el colegio. Días de piscina pública. Alguna excursión de un día. Alguna comida nocturna. Y horas interminables jugando con los amigos hasta que el sol desaparecía. Y, sobre todo, la sensación maravillosa de que el tiempo no tenía prisa y era tu principal capital. Éramos conscientes de que no podíamos permitirnos muchas cosas. Pero nunca tuve la sensación de que nos faltara lo esencial. Con los años he comprendido que, sin saberlo, aquella infancia me regaló una de las mayores riquezas que una persona puede recibir: aprender que el descanso no depende del lujo, sino de la serenidad. La tierra tiene sus ritmos. La lluvia tiene sus tiempos. La naturaleza nunca ha entendido la prisa. Quizá nosotros tampoco deberíamos hacerlo. Con el tiempo, he descubierto una constante. Las mejores decisiones casi nunca nacen de la precipitación, sino cuando alguien encuentra el valor de detenerse. Cuando deja de reaccionar para empezar a reflexionar. Cuando comprende que pensar es nuestro principal potencial. El principal problema de la prisa es que no tenemos tiempo de hacernos preguntas. Hay preguntas que solo aparecen cuando el silencio ocupa el lugar que normalmente pertenece al ruido. Y son, casi siempre, las preguntas importantes. Hay lujos que no son caros. Mejorar no consiste en tener más cosas, en ser más importante, en llegar más lejos. Consiste en vivir siendo un poco mejores cada día.