miércoles, 23 de septiembre de 2026

Reglas monásticas

Capítulo 1 Definir el tipo de monje que queremos ser. Cuatro clases de monjes: (1) Cenobitas, que son los que viven en un monasterio bajo la autoridad de un abad; (2) Anacoretas, o ermitaños, que después de una larga prueba en el monasterio viven una vida solitaria; (3) Sarabaítas, que agrupados de dos en dos o de tres en tres, viven sin estar sometidos a ninguna Regla establecida o algún superior legítimo, (4) Giróvagos, una clase de monjes errantes cuya vida se la pasan viajando de un monasterio a otro, sin más beneficio que el descrédito de la profesión monástica.

Capítulo 2 describe las condiciones necesarias que debe tener el abad y le prohíbe hacer en el monasterio discriminación de personas con la excepción de los méritos de cada cual, advirtiéndole al mismo tiempo, que deberá responder de la salvación de las almas que ha tenido bajo su cuidado.

El Capítulo 3. Define los órganos de gobierno de la Comunidad y establece la convocatoria de los hermanos a consejo para tratar todos los asuntos de importancia para la comunidad.

El Capítulo 4 resume las obligaciones de la vida cristiana en 72 preceptos a los que se denomina "instrumentos de las buenas obras", y que están basados principalmente en la Escritura, bien de forma espiritual o literal.

El Capítulo 5 prescribe la obediencia pronta, alegre, y absoluta al superior en todas las cosas legítimas, y la define como el primer grado de la humildad.

El Capítulo 6 trata del silencio, recomendando moderación en el uso de la palabra pero esto no significa que se prohíban las conversaciones saludables o necesarias.

El Capítulo 7 trata sobre la humildad, virtud que es dividida en doce grados o escalones en la escala que conduce hacia el cielo. Son los siguientes: (1) temor de Dios; (2) represión propia de la voluntad; (3) sometimiento de la voluntad al superior; (4) obediencia en las dificultades y en las mayores contrariedades; (5) la confesión de las faltas; (6) conocimiento de la propia indignidad; (7) preferir a los demás antes que a uno mismo; (8) evitar rarezas; (9) no hablar a destiempo, (10) evitar la risa indecorosa; (11) represión del orgullo; (12) humildad en el porte externo.

Los Capítulos 8-18 se ocupan de la regulación del Oficio Divino, el Opus Dei u Horas Canónicas, a lo que "nada debe anteponerse", siete diurnas y una nocturna. Un orden detallado referido al número de Salmos, etc., para recitar en invierno y en verano, los Domingos, los días laborables, los días festivos, y en otros tiempos.

El Capítulo 19 destaca la reverencia que hay que tener en presencia de Dios.

El Capítulo 20 señala que la oración comunitaria debe ser breve.

El Capítulo 21 estipula la elección de decanos por cada diez monjes, y prescribe la forma en que serán elegidos.

El Capítulo 22 regula todo lo relacionado con el dormitorio como, por ejemplo, que cada monje tiene que tener su propio lecho y que dormirá con hábito, con el fin de que estén dispuestos a levantarse sin dilación, y que una lámpara deberá arder continuamente en la estancia durante toda la noche.

Los Capítulos 23-30 se ocupan de las infracciones contra Regla y establecen un sistema graduado de faltas: en primer lugar, amonestación privada; luego, reprensión pública; después, exclusión de la comunidad durante la comida y en todas partes; después, azotes y finalmente, expulsión; sin embargo, a esta última no se debe recurrir hasta que hayan fallado todos los intentos de remisión del culpable. Incluso en este último caso, el proscrito debe ser admitido de nuevo si así lo desea, pero tras la tercera expulsión, al fin, se le denegará toda posibilidad de retorno al monasterio.

Capítulo 33 prohíbe poseer nada en propiedad sin autorización del abad, quien, sin embargo, está obligado a proporcionar todo lo necesario.

El Capítulo 34 establece una justa distribución de lo anterior.

El Capítulo 35 ordena el servicio de las cocinas del que ningún monje queda dispensado.


Los Capítulos 36 y 37 decretan el cuidado de los enfermos, los viejos, y los niños. Se tendrá con ellos una cierta atenuación del rigor de la Regla, ante todo en materia de alimentación.

El Capítulo 38 prescribe la lectura en voz alta durante las comidas, obligación que será llevada a cabo por los hermanos cada semana, realizándose con edificación para el resto. Para cualquier cosa que se necesite durante las comidas se usarán signos, de tal manera que ninguna voz interrumpa la del lector. El lector comerá con los servidores después que la comunidad haya terminado pero le esta permitido tomar antes un refrigerio para disminuir el cansancio de la lectura.

Los Capítulos 39 y 40 regulan la cantidad y calidad de la comida. Se permiten dos comidas diarias, con dos platos de comida guisada, cada una. Cada monje recibe una libra de pan y una hemina (n. del t, medida que equivaldría aproximadamente a medio litro de vino) de vino por día. La carne queda prohibida excepto para los enfermos y los débiles, y el abad tiene potestad para incrementar la asignación diaria cuando lo considere conveniente.

El Capítulo 41 establece las horas de las comidas, que variaran según la época del año.

El Capítulo 42 manda la lectura de las "Conferencias" de Casiano o algún otro libro edificante al atardecer antes del oficio de completas y ordena que después de esta, se observe el más estricto silencio hasta la mañana siguiente.

Los Capítulos 43-46 cuentan las faltas menores como el llegar tarde a rezar o a las comidas y se establecen varias sanciones para estas infracciones.

El Capítulo 47 impone la obligación del abad de llamar a la comunidad a la "obra de Dios" en el coro, y la designación de los que van a cantar o leer.

El Capítulo 48 recalca la importancia del trabajo manual y ordena el tiempo que se le ha de dedicar a diario. Este varía con la estación pero claramente nunca debe ser inferior a 5 horas diarias. El horario en el que se debe rezar las menores de las "horas del día" (Prima, Tercia, Sexta y nona), rige en parte las horas de trabajo, y el abad está preparado no solamente para revisar todo el trabajo sino también para que los oficios se encuentren adaptados a la respectiva capacidad de cada uno.

El Capítulo 49 trata de la observancia de la Cuaresma, y recomienda algún tipo de renuncia personal voluntaria para este período, con la aprobación del abad.

Los Capítulos 50 y 51 contiene normas para los monjes que están trabajando en el campo o de viaje. Tratarán de unirse espiritualmente, lo mejor que puedan, con sus hermanos del monasterio en las horas prescritas de oración.

El Capítulo 52 ordena que el oratorio sea utilizado únicamente para fines devotos.

El Capítulo 53 se refiere al tratamiento de los huéspedes, a los que ha de acogérseles como "al propio Cristo". La hospitalidad benedictina es un rasgo que a lo largo de todas las épocas ha sido característica de la orden. Los huéspedes serán recibidos por el abad o su delegado, y durante su permanencia estarán bajo la protección especial de un monje designado para este fin, pero no se reunirán con el resto de la comunidad salvo con una autorización especial.

El Capítulo 54 prohíbe a los monjes recibir cartas o presentes sin autorización del abad.

El Capítulo 55 regula la vestimenta de los monjes. Será suficiente en cantidad y calidad y estará adaptada a las condiciones del clima del lugar, de acuerdo a la discreción del abad, pero al mismo tiempo debe ser tan sencilla y barata como conforme con la propia economía. Cada monje tendrá un vestido de recambio que le permita el lavado y cuando salgan de viaje recibirán ropas de mejor calidad. Las ropas viejas se destinarán para los pobres.

El Capítulo 56 señala que el abad comerá siempre con los huéspedes.

El Capítulo 57 prescribe la humildad de los artesanos del monasterio, y si sus productos son para vender será mejor un poco más barato que su precio normal de mercado.

El Capítulo 58 impone las normas para la admisión de nuevos miembros, que no deben ser demasiado fáciles. Esta materia había sido regulada por la Iglesia desde hacia tiempo, pero en lo principal el esbozo de San Benito se adhiere a ella. El postulante pasa primero un corto tiempo como huésped; después es admitido al noviciado, donde bajo el cuidado del maestro de novicios, su vocación será puesta a prueba; durante este tiempo será siempre libre de marcharse. Si pasados los doce meses de probación, aún persevera, podrá ser admitido a los votos de Perseverancia, Conversión de costumbres y Obediencia, mediante los cuales el mismo se vincula de por vida al monasterio en el que profesa.

El Capítulo 59 permite la admisión de niños en el monasterio bajo ciertas condiciones.

El Capítulo 60 regula el lugar de los sacerdotes que puedan desear incorporarse a la comunidad. Tienen mandado dar a todos un ejemplo de humildad, y únicamente pueden ejercer sus funciones sacerdotales con el permiso del abad.

El Capítulo 61 estipula la recepción de monjes forasteros como huéspedes, y su admisión si desean incorporarse a la comunidad.

El Capítulo 62 establece que la preeminencia en la comunidad estará determinada por la fecha de entrada, el mérito de vida o por nombramiento del abad.

El Capítulo 64 ordena que el abad sea elegido por los monjes y que lo sea por su caridad, celo y discreción.

El Capítulo 65 autoriza, si es necesario, el nombramiento de un prepósito o prior, pero advierte que este está totalmente subordinado al abad y podría ser amonestado, depuesto o incluso expulsado en caso de mala conducta.

El Capítulo 66 estipula la designación de un portero, y recomienda que cada monasterio sea, en la medida de lo posible, autosuficiente, para evitar la necesidad de intercambio con el mundo exterior.

El Capítulo 67 da las instrucciones sobre el comportamiento de los monjes que sean enviados de viaje.

El Capítulo 68 manda que todos procurarán cumplir alegremente todo lo que se les ordene por muy difícil que pueda parecer.

El Capítulo 69 prohíbe a los monjes defender uno a otro.

El Capítulo 70 les prohíbe pegar a otro.

El Capítulo 71 anima a la comunidad a ser obedientes no solo con el abad y sus prepósitos sino también unos con otros.

El Capítulo 72 es una breve exhortación al buen celo y a la caridad fraterna.

El Capítulo 73 es un epílogo en el que se declara que esta Regla no se ofrece como un ideal de perfección, sino como simplemente como un medio hacia la piedad y está dirigida principalmente a los que se inician en la vida espiritual.

lunes, 21 de septiembre de 2026

Poética

Este mundo es, cada vez más, umbral hacia el precipicio y delirio colectivo. Un gran escenario de atrezo, un ejercicio de buceo en apnea donde casi nadie bucea, una búsqueda donde nadie busca, un ensayo continuo donde cada vez menos cosas se hacen de una manera honesta y sin ahorrarse nada. Navegamos por un laberinto de imágenes, de espejos derretidos, intentando romper con la linterna del móvil la oscuridad con sus pasadizos mientras nos perdemos en la multitud de capas de la realidad. Ya no quedan apenas lectores enfrascados en un libro bajo cualquier sombra que se encuentre en los días de fuego. Todos huyen ante un libro que sea una selva de preguntas que no se acaban. Ya no nos preguntamos lo que deberíamos: ¿Quién soy hoy? El agua de mis labios se quedó en el interior de alguna piedra. Lo sé porque si la muevo se escucha girar por dentro y para siempre. ¿Qué soy entonces? Ya no sé si soy un monstruo porque no encuentro agua donde reflejarme. Así es como ocurren las cosas. Pero vosotros ya no conoceréis este desierto porque hoy es ya sólo una voz que hablaba sin idioma. La gente ya no soporta las dudas porque cree que le parasitan la mente. Y necesita en ella espacio para llenarlo de ideas accesorias. La gente ya no quiere dudas y se dedica a comprar las certezas a los mercachifles y los sacamantecas. Habitamos un mundo acosado, onírico y en algunos casos surrealista que en algunos momentos llega a asfixiarnos. ¿Y qué nos queda? Quizá sólo pasear por las catacumbas con una única antorcha, y al final, de un soplo, apagarla, o atravesar la planicie bajo el sol y girar un poco la mirada para percibir el hueco donde podamos refugiarnos. Este es el umbral de la resistencia. Quizá sólo ya quepa hablar para lanzar cables salvavidas y para suturar el vacío que se abre por dentro, para reconocer la oscuridad que nos habita y pretender derrumbarla.

domingo, 20 de septiembre de 2026

No está de moda ser humano.

No está de moda ser humano. Hay, incluso, cada vez más gente que hace gala de su inhumanidad. En sus actitudes, en sus ideas, en sus comentarios. Estoy harto de esas conversaciones donde siempre hay alguien que tiene que plantear asuntos, de antemano polarizados, y hacerlos partir de lugares muy muy bajos, muy sucios, con conceptos que se daban por superados y cuyas formas se suponían protegidas por unas mínimas normas de respeto hacia el otro. Estoy harto de que, sin pedir opinión, algunos interlocutores me "agredan" usando términos despectivos y deshumanizadores que manejan como insultos: "moritos, putos negros, panchitos, maricones, podemitas, paguitas, feminazis, escoria, invasión..." Es duro ver a los jóvenes, que por edad debían tener una mente abierta, caer tan rápido y fácil en el odio imperante. Pero también se puede decir lo mismo de "venerables" ancianos, que en poco tiempo han pasado de ser receptores de bonda a transformarse también en bestias. Los primeros se han convertido en una generación de cristal, ignorante, caprichosa, egoísta e intolerante -así los han educado- que teme y se ofende por todo y que ante el riesgo de perder su hegemonía ante la mujer, ante lo LGTBI, lo inmigrante, lo negro y en definitiva, lo "otro", lo que no es él, es capaz de envilecerlo todo. Y en la base de esta deplorable tendencia -aunque no la única- está la enorme presión mediática a todos los niveles, televisiva, radiofónica y por internet, cuyo único objetivo es hacernos peores personas para alimentar el crecimiento de una corriente ideológica que se sostiene en la discriminación y la deshumanización: Fomenta un nacionalismo extremo y agresivo que suele derivar en el racismo, la xenofobia y la persecución activa de minorías o colectivos -incluso nacionales-considerados "inferiores" o "enemigos de la nación". Está labor de los medios llega fácilmente a los sectores de la población con menos capacidades cognitivas y/o menos herramientas para hacer frente a los algoritmos y a los cantos de sirena de esa plaga de tertulianos despreciables vomitando en prime time consignas absolutamente antihumanas. La exposición diaria a la manipulación informativa que nos presenta la explicación de los problemas de una forma cada vez más ruda, basta y básica, utilizando insultos sin esconderse y planteando la realidad como un conflicto entre malos (los otros) y buenos (los míos) está generando un cacao mental extraordinario que permite hacer convivir en las cabezas de mucha gente la posibilidad de que estemos en una dictadura y que la extrema derecha traiga prosperidad para todos, derechos y libertades. ¡Qué error!

viernes, 18 de septiembre de 2026

Ceuta Siete

El nombre de Ceuta viene del latín "Septem" (siete), debido a las siete colinas de la zona que los romanos llamaban Septem Fratres (siete hermanos). Como ha cambiado la película. Que lo que sucede en Ceuta es un problema nadie lo duda. Que el problema está siendo instrumentalizado por las derechas en beneficio propio, tampoco. Que los que más braman para solucionar el problema sean los que más hacen para que el problema se enquiste, es evidente. Me preocupa especialmente que los medios, que deberían tratar el problema desde una perspectiva de los derechos humanos, estén haciendo todo lo contrario: abordarlo desde los “antiderechos humanos”, desde el odio y la violencia. Pero claro, es que ahora muchos medios son armas de destrucción masiva de la democracia y la verdad. Más centrados en saber si el CNI sabía o no sobre la llegada de estas personas, si Marruecos lo orquestó o no, si detrás de esto están Israel y Estados Unidos, o -simplemente- en avivar la llama que acabará incinerando al gobierno, el trasfondo humano les importa una soberana mierda. No les interesa en absoluto la vida de las madres que llegaron con sus bebés. Ni lo que les ocurra a los menores y las menores desprotegidas. Les trae al pairo la historia de las dos chavalas de 17 años que suplican que les encuentren un sitio en el que dormir porque están recibiendo amenazas y las habían intentando violar, tanto inmigrantes como "heroicos" ceutíes. Les son indiferentes las personas trans que han sido agredidas y maltratadas por sus familias y por las autoridades marroquíes; el caso del inmigrante hostigado por su condición de cristiano; el de esa joven que busca a sus dos hermanos, de los que no sabe nada desde abril; el de ese padre de familia a quien la policía le reventó el móvil y ahora no puede hacer videollamadas con su hija de siete años; el de esa madre al que su hijo de seis años se le escurrió entre las manos poco antes de alcanzar la costa y murió ahogado... Son historias que parecen no importar a nadie. Solo parece interesar dar voz -o vox- a los que codifican, a los que deshumanizan, a los que vociferan, a los que acosan a los periodistas de los medios que no les gustan, a los que sólo saben agitar banderas... Hay medios que solo tienen espacio para "sus víctimas", esas que son los que aparecen en los programas de siempre, los que llevan las pulseritas como arma arrojadiza, los que no han comprendido absolutamente nada. Los que contribuyen a la hostilidad y la volatilidad. En un mundo cada vez más inhóspito e inhumano, escuchar al otro se está convirtiendo, cada vez más, en un acto de resistencia.

La dignidad humana no es negociable

"Ante la polarización, diálogo" Me parece bien la propuesta, pero dos no dialogan si uno no quiere. Además, ¿cómo es posible dialogar con aquellos que defienden -por ejemplo- cazar a las personas migrantes “una a una”? ¿En qué punto de un supuesto diálogo podríamos entender las razones de aquellos que califican a las personas migrantes como “plagas”? ¿Sobre qué bases vamos a acordar nada? ¿Conviniendo cuánto racismo es aceptable? ¿Sobre cuánto de lejos ha ido el feminismo? ¿Sobre cuántos gazatíes tiene derecho a masacrar Israel? ¿Cómo se puede dialogar con los que pretender rehabilitar la memoria de un señor bajito, de mostacho ridículo, que en la década de los 30 del siglo pasado llevó al mundo a la hecatombe mientras planeaba holocaustos y ejecutaba genocidios? ¿En qué momento podemos aceptar discutir una agenda reaccionaria que niega el papel de los derechos humanos como eje de nuestro sistema de convivencia y que se construye sobre el racismo, la xenofobia, el machismo, el supremacismo, el odio y la razón de la fuerza y la violencia? Personalmente me niego a dialogar en un marco polarizado y tramposo que no ofrece las condiciones éticas y morales mínimas para alcanzar ningún tipo de entendimiento en algún punto del camino que va desde posiciones de respeto de la dignidad humana a posiciones que deshumanizan a determinados grupos sociales. Hace casi un siglo los sectores conservadores, tradicionalmente vinculados a cierta cultura democrática fueron atraídos por un fascismo pujante que, previamente, ya había colonizado la agenda pública. El día después, no dejaron nada en pie. ¿Es que no somos capaces de aprender nada? Hoy volvemos a ver los esfuerzos de normalización del fascismo por parte de actores políticos, sociales y mediáticos que intentan, por convicción o por intereses espurios, favorecer la "tolerancia" moral de la sociedad hacia esas élites enriquecidas y sus formas extremas de violencia. La intransigencia con los intransigentes es una necesidad. La dignidad humana no es negociable.

jueves, 17 de septiembre de 2026

Crisis migratoria y fascismo

El 11-S convirtió el terrorismo en el concepto idóneo para justificar cualquier decisión gubernamental por muy impopular que fuera. La guerra contra el "terror" sirvió para alcanzar unos fines muy específicos para el sistema y que sus defensores políticos aprovechasen para cosechar éxitos electorales, reducir derechos y acometer profundas reformas económicas. Siempre -qué curioso- lesivas para la mayoría. A la gente parece que le gusta cambiar derechos por banderas. Hoy está pasando lo mismo con la inmigración, utilizando unos mecanismos de manipulación mediática y tecnológica avanzada que están resultando muy efectivos para "moldear" las emociones colectivas. El problema -esto es evidente,-migratorio es un chollo para los fines racistas de los ultras: la inmigración -pronto la simple diferencia- les provee de un catalizador político muy potente para hacerles llegar al poder y, a partir de ahí, ejecutar su agenda económica, aquella que facilita a los multimillonarios capitalistas a acumular más riquezas y que, a su vez, empobrece y suprime derechos a la clase trabajadora. Acabaremos oyendo eso de, "Ahora, comed banderas". La internacional fascista liderada por Donald Trump, defendida y financiada por la clase multimillonaria, a través de sus filiales políticas en el mundo, ha logrado penetrar en las democracias a través de un mensaje xenófobo y racista contra la inmigración. Esto no sería posible sin esa gran inversión económica previa que facilita la inclusión de mensajes ultras en los medios de comunicación, que hace de la manipulación su modus operandi para generar confusión y que disemina el odio en las redes sociales valiéndose del uso de algoritmos para monitorizar, predecir y rentabilizar las emociones humanas por medio de la polarización e instrumentalización del miedo. Y, a la par, la estrategia de deshumanización de la inmigración. Todo para -no lo olvidemos- poner sobre la mesa medidas que proponen reducir el bienestar general y restringir derechos de la mayoría social. Vamos, lo que siempre ha hecho el fascismo. Pero hay gente que aceptará ser agredido por una bandera. Ahora bien, la pregunta que más debería de inquietar a los que conservan un ápice de humanidad sería la de hasta dónde son capaces de llegar estas ultraderechas y sus seguidores en el proceso deshumanizante del migrante. Así, mientras muchos votantes encuentran enormes dificultades para unir la línea de puntos que conduce al empeoramiento del bienestar y el encarecimiento de la vida actual exactamente con las políticas neoliberales que los partidos ultras defienden a ultranza, éstos han logrado sembrar en la calle mensajes que hablan de cazar migrantes, de meterles en campos de concentración o de disparar a matar a aquellos que intenten cruzar la frontera. No se dan cuenta que, tras los inmigrantes, ellos son los siguientes en la escala social.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Abuelito Dimetú

Nuestra sociedad está fracasando miserablemente en la educación de ciudadanos libres, solidarios, demócratas, tolerantes y racionales. Sería conveniente plantearnos que la clonación acelerada de "cuñaos" no puede traer nada bueno en el futuro. Hoy el personal sufre una inflación de "deslices" cognitivos que tienden a arrastrarlo al abismo de los prejuicios, dogmatismos, supersticiones y fanatismos. Y el panorama se torna aún más tenebroso en cuanto el cerebro reptiliano asoma la cola. El neoirracionalismo está hoy rabiosamente de moda, aunque adopta otros nombres y otras vestiduras. La peste del totalitarismo amenaza con desatar otra epidemia, favorecida por el sistemático desprecio al pensamiento, el sentimiento, la empatía y todo lo que nos hace humanos. Estamos asistiendo impávidos a una reedición corregida, y no se sabe si aumentada, del asalto a la Razón. La razón necesita del intercambio de id as, del debate, de la discusión. Se dice que dos no discuten si uno no quiere, pero es necesario que los dos quieran para entablar un diálogo fructífero y no de sordos o de besugos. Es necesario recuperar ese hábito pero, en nuestra época, eso es casi un imposible. Hay que recuperar la voluntad de entendimiento, pero las posturas políticas, sociales o intelectuales tienden a volverse irreconciliables por el auge de la soberbia y el egoísmo. Es norma en todo tipo de debates que muchos se adhieran a las posturas extremas en base única y exclusivamente a los colores de su equipo ideológico. Que le den a la objetividad, la razón, la ética y la verdad. Pero, a pesar del océano de ignorancia que nos rodea, debemos estar orgullosos del acervo acumulado por la Humanidad en su andadura relativamente corta a nivel cósmico. Eso me da esperanzas. Pese a toda esa gente que se obsesiona en llevarte siempre la contraria. Como el colega que me quiere convencer a estas alturas que que el abuelo de Heidi no se llamaba "Dimetú"