Definitivamente los necios, ignorantes y engreídos, sin principios ni moral, han asaltado el poder. Al parecer con el doble objetivo de satisfacer sus caprichos y jodernos a todos. En su desvergüenza no se cortan un pelo en soltar bravatas y emitir opiniones y sentencias que oscilan entre la estupidez y la chulería, pero que producen siempre vergüenza ajena. Ahí tenemos a Trump. Cualquier narcisista, en su necesidad de admiración, atención constante y validación de su importancia, habla de si mismo o presume de sus logros. Él ningunea a la comunidad internacional, insulta a otros mandatarios, secuestra jefes de estado o amenaza con intervenciones militares. Ahora reclama atención con la posibilidad de una operación militar contra Irán. El Pentágono le ha advertido de los riesgos de una operación que podría convertirse en una intervención prolongada y con múltiples bajas estadounidenses. Su respuesta ha sido "desmentir", con una mentira, la existencia de discrepancias internas y asegurar que, si decide ir a por ello, sería "una victoria fácil". Como si de un partido de fútbol o una mano de parchís se tratase. Cero preocupación por las víctimas que ello produciría. Ni propias ni, mucho menos, ajenas. El mismo día, el embajador de EE.UU. en Israel, Mike Huckabee, un "pájaro" que ejerce de pastor bautista, causa un enorme revuelo diplomático al defender que el Génesis es un contrato con el pueblo elegido que avala la violación del derecho internacional. Y para que no quepa duda de su estulticia mental y su nula empatía con las víctimas, añade: "Estaría bien si se lo quedaran todo". Este tipejo, avalado por el propio Trump, defiende la estúpida canallada de que el derecho bíblico de los judíos, el "pueblo elegido", a quedarse con la llamada Tierra Prometida. Este cenutrio entiende que el Génesis es un contrato de propiedad en toda regla y puede cumplirse. Es decir, antepone un estúpido derecho celestial por encima del derecho terrenal de otros pobladores, como los palestinos. Para qué queremos normas de derecho internacional pudiendo echar mano de la ridícula interpretación que de un texto bíblico pueda hacer un papanatas que se cree, como su jefe supremo, un iluminado.
Vivir es intentarlo infinitas veces
martes, 24 de febrero de 2026
lunes, 23 de febrero de 2026
Tiempos de anormalidad y caos.
Si algún término puede definir la época que vivimos ese es el de caos, real o simulado , que ese es otro tema. Pero el caos no es un accidente, es el campo de batalla favorable donde el liberalismo salvaje ha decidido librar la batalla por el futuro. Y va ganando por goleada. Día a día van abonando el caos. El objetivo es borrar la normalidad, tal como la conocíamos, y sembrar el camino de problemas que nos envuelvan y atosiguen para que lo establecido se desmorone, los paradigmas colapsen y la incertidumbre se convierte en la única constante. Un paso previo es estimular la sensación de desorden. Para ello la realidad se mezcla con la ficción y la posverdad en las noticias y en las redes sociales. Ambas se utilizan para lanzar fake news, ganar elecciones o normalizar realidades paralelas generadas por la inteligencia artificial al servicio de un tecnofeudalismo que redefine el trabajo, el ocio, las relaciones sociales y hasta las conciencias. Sus dueños diseñan los algoritmos "configurando" el escenario que más les favorece. Y este no es otro que un estado creciente de incertidumbre y caos. Las redes sociales se están volviendo incompatibles con un sistema democrático y unas relaciones sociales saludables. Esta es la esencia de nuestro tiempo. No es que hayan interrumpido la normalidad, es que la han desmantelado. El caos no es un accidente, es una condición necesaria. Nuestros tiempos se escriben con la gramática de la fuerza y el argumento de la mentira. La concentración violenta de los bienes globales en manos de una minoría es el objetivo. Los ciudadanos libres empiezan a ser una ficción. La mayoría apuesta por una falsa libertad basada en el consumo y el capricho de sus pulsiones y se entrega, en su condición de siervo, a los antojos de su señor.
¿Eternidad?, menudo planazo
A veces estoy tentado de envidiar esa fe irracional que busca consuelo en otra vida. Sin embargo, pronto derivó a pensar que la muerte no deja de ser lo que da sentido a nuestra vida. Sin ese término la existencia sería un "sin vivir" tremenda y eternamente aburrido. ¿Qué sería de la felicidad sin mediar las desdichas o de las alegrías sin conocer las penas? Concebir un estado en que no sentimos ni experimentamos padecimiento alguno no me parece ningún planazo. Al parecer cuando nos anestesian severamente ni siquiera soñamos. Eso parece ser la muerte, solo que ya no volvemos a despertar. Nadie ha dado testimonio directo de lo que ocurre al morir. Desde el más allá me refiero, pues no me fío de los que cuentan que vieron "luces" desde el más acá. Todo indica que con la muerte volvemos al origen previo a nuestro nacimiento, dado que perdemos la conciencia. Lo único demostrable es que la vida es el único paraíso que tenemos garantizado, pese a nuestro empeño por convertirlo en un infierno. No entiendo el concepto materialista de la "salvación" y siempre he considerado más meritorio comportarse bien sin esperar ninguna recompensa en diferido por ello. Transferir a una dudosa eternidad la resolución de las injusticias, nunca me ha parecido algo muy juicioso y es algo de lo que únicamente se han sólido beneficiar los poderosos, al sofocar con esa promesa posibles revoluciones. Reitero que una beatitud eterna sin sufrimiento ni preocupaciones no me parece un planazo. En el "mercado" del más allá algunas religiones prometen cosas más tangibles y concretas como 72 vírgenes. Pero nadie que esté en sus cabales u obsesionado por acabar con su sufrimiento, tiene prisa por abandonar este valle de lágrimas. Ni siquiera quienes aguardan verse recompensados por sus buenas obras y cuentan con entrar en el reino de los cielos.
Lo que quiero
Creo que el problema de mucha gente es que no sabe lo que quiere. Yo lo tengo claro. Yo lo que quiero es levantarme todos los días sin sobresaltos. Quiero no vivir días históricos ni que a cada hora no haya una "Última hora". Quiero dejar de etiquetar y de que me etiqueten. Quiero no seguir engañándome y que los demás tampoco se dejen engañar. Quiero huir de los que sólo hablan para imponerte su sectaria manera de entender el mundo. Quiero sobremesas hablando de libros, de viajes, de aventuras, de sueños o de bricolaje. Quiero que los teatros se llenen y los parlamentos se vacíen de teatro. Quiero que la gente vea la tele para formarse o para entretenerse, no para dejarse adoctrinar o para encabronarse. Quiero relatos más humanos y menos épicos. Quiero manifestaciones donde la gente acuda con el lema "Por ellos" y no que coree el "A por ellos". Quiero que nadie me dicte lo que tengo que pensar, que decir, que hacer o que sentir. Quiero que los opinadores esclerotizados dejen de opinar. Quiero que el Gran Hermano me deje de observar. Quiero que nadie se flipe por salir en el Tik Tok. Quiero que dejemos de perder tanta energía en temas estúpidos. Quiero que la represión se le aplique a los represores. Quiero que se castigue a los que usan el nombre de la Libertad en vano. dejar de vivir semanas decisivas. Quiero balcones con macetas, no con banderas. Quiero aburrirme. Quiero dejar de estar en un bar escuchando a gente insultando a otra gente. Quiero que haya más celos que recelos. Quiero que la astucia no sea la virtud de los que mandan. Quiero que los extraños dejen de velar por mis intereses. Quiero más autocrítica. Quiero menos prietas las filas. Quiero pasos atrás y escuchar más aquello de "vamos a hablar". Quiero que los que no quieren la paz me dejen en paz. Quiero pensar que vivo en el mejor país del mundo porque aquí está la gente más humana y solidaria. Quiero que lo más seguro de mi patria no sean sus fronteras. Quiero que mi patria sean mis amigos y la gente buena. Quiero que los salvapatrias se salven ellos solos, que es lo que ya acostumbran a hacer. Quiero dar menos vivas a las patrias y más vivas a los novios. Quiero que nacer en un sitio sea una casualidad y no te dé derecho a ser más que nadie. Quiero descansar en paz mucho antes de que a alguien se le ocurra deseármelo cuando ya no pueda oírlo.
domingo, 22 de febrero de 2026
Preguntas
Decía José Manuel Caballero Bonald que "el que no tiene dudas es lo más parecido a un imbécil". Ahí lo dejo. Pero, desde luego, yo no confío en la gente que sólo tiene certezas, en los que no creen necesario hacerse preguntas. Aunque, a veces, pienso si preguntar sirve para algo. Me refiero a preguntar sin más. Sabiendo no solo que no tienes la respuesta, sino que, quizás, ni siquiera quieres encontrarla porque te da miedo. Incluso que eso no es lo importante ahora, que no es tiempo de preguntas y respuestas sino de actuar. Porque lo que ocurre, fundamentalmente, es que no las hay. Respuestas acertadas. Certeras. No hay. Aún así me pregunto. ¿Por qué impacta más el sufrimiento de una persona que el de un pueblo? ¿Dónde se enganchan los sufrimientos ajenos que nos duelen? ¿No es, en realidad, la historia de la humanidad una historia de masacres? Preguntas. ¿Cuántos gritos son necesarios antes de decir basta? ¿Cuántos silencios? ¿Por qué siempre tengo la sensación de que, ante una agresión, hubo alguien que no contribuyó a frenarla? ¿Desde cuándo la injusticia puede contar con multitudes? Preguntas. ¿Se puede vencer al odio? ¿Tiene más fuerza el odio o el amor? ¿Cuál ayuda más a la vida? ¿Cuál regala más noches de insomnio? ¿A quién?. No sé. Quizás. No sé. Tal vez. Preguntas. No hay respuestas. Sólo un balbuceo. Otra pregunta. Un titubeo. El balbuceo de una pregunta. Fundamentalmente titubeante. Una pregunta certera. Sin respuesta. No cualquier pregunta. Una que plantea dudas. Vacilaciones. Pero la gran pregunta es si el balbuceo de una pregunta sirve para algo. Tal vez. Quizás. Pero así no vamos a ninguna parte.
viernes, 20 de febrero de 2026
Guardiola
María Guardiola se ha convertido en una campeona de la genuflexión. La elección ha sido fácil: gobernar o mantener tus principios. Eso, si es que alguna vez los ha tenido. Di que sí, Guardiola. Qué importa el feminismo. Qué importan tus palabras del pasado, tus principios y tus línea rojas. A la política se ha venido a gobernar, como sea, al precio que sea. Olvídate de tus antiguas declaraciones, de aquella dignidad impostada. Debían ser las hormonas de la política novel. En 2024 ya rebajaste tus exigencias éticas respecto a la ultraderecha. Entonces disfrazaste de "responsabilidad" lo que sólo fue una reducción voluntaria de tus estándares morales. ¡Al carajo tus principios de responsabilidad! Ocupar los salones de La Casa del Río bien vale una misa al diablo. Ahora, directamente, te has bajado las bragas. Para conseguir cerrar un acuerdo de gobierno, afirmas que tu feminismo es el feminismo que defiende Vox. Claro que si, ese feminismo que acabas de abrazar es como el antirracismo del ku klux klan (con X de Vox), el veganismo de los caníbales o el pro judaismo de los nazis. Qué lejos quedan, Guardiolita, aquellos días en que -decías- te resistías a dejar entrar el Gobierno "a quienes niegan la violencia machista". ¿Qué será lo próximo, Guardiola? En 2024 Vox rompió contigo porque aceptaste el reparto de menores no acompañados desde Canarias. Seguro que recuerdas las bazofia propagandística de Abascal: "No seremos cómplices ni de los robos, ni de los machetazos, ni de las violaciones". Entonces, tú clamaste "contra quienes están deshumanizando a los inmigrantes, contra los discursos que pretenden enfrentar a la sociedad utilizando a los más vulnerables". ¡Qué bonito! Pero, sigue haciendo memoria, Guardiola. También denunciaste a aquellos que "tiran a la papelera la bandera LGTBI". Ahora, tú y tu PP ultra, os plegáis ante una ultraderecha inmisericorde. Abascal se burla de las profesoras que padecen los chavales, esas que tratan de inculcar unos mínimos valores anti machistas. Adoctrinar, lo llama él. ¿A quién defiendes ahora, Guardiola? Ya sólo te falta decir, leyendo el guión de VOX, que te parece bien que la Gestapo, digo el ICE de Trump, deporte de un centro de migrantes a un bebé de dos meses que llegó vomitando y con bronquitis. Cosas veredes.
jueves, 19 de febrero de 2026
El fascismo prospera en sociedades trastornadas
Sucedió hace casi un siglo y vuelve a suceder ahora. La ultraderecha para llegar al poder necesita crear sociedades trastornadas por una combinación de odios, miedos imaginarios y confusionismo ideológico. Es una ideología que sólo prospera en terreno abonado por el trastorno colectivo: sociedades desorientadas, desesperanzadas por la incertidumbre y manipuladas por una maquinaria discursiva que sustituye la complejidad por la simplificación demagógica y la mentira. Ningún proyecto autoritario nació de la estabilidad. De ahí su obsesión por fabricar enemigos imaginarios: amenazas que no existen pero que logran resultar más reales que los hechos. La ultraderecha no necesita que exista un problema. Ya lo crea ella. Primero se inventa el peligro, después lo exagera con su propaganda y lo hace, no sólo real, sino prioritario para mucha gente. Cuando los demás partidos acuden a desmentir, matizar o rectificar, ya es tarde: la sociedad ya ha aceptado el terreno sobre el que se libra la batalla, con la inestimable ayuda de los medios ultras, los falsamente equidistantes y los que contribuyen a blanquear el fascismo. Las redes y los medios, necesitados de polémica continua, funcionan como altavoces voluntarios de la ficción. Cada réplica, cada comentario indignado, es una confirmación del guion. Y en el centro del escenario, los inventores del problema contemplan cómo el resto de actores giran en torno a su creación. La ultraderecha ha logrado colonizar el espacio del debate. La incertidumbre, abre una grieta en la realidad, la ultraderecha introduce su oferta de falsas certezas consoladoras mezcladas con una nostalgia por un pasado que nunca existió. Y lo hace siempre con un lenguaje de guerra cultural que niega toda racionalidad, apropiándose del léxico democrático para fines reaccionarios: llamar libertad a la explotación, patriotismo a la intolerancia, y sentido común al odio sistemático. La ultraderecha prescinde de razonar, de debatir, de convencer. Ellos sólo quieren aumentar el trastorno social hasta que la democracia pierda su sentido para liquidarla. Y lo están consiguiendo.