domingo, 31 de mayo de 2026

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Pantalones andar: cortos 3; largos: 1

Pantalones largos vestir: el puesto

Pantalones cortos vestir:…......... 1

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Pantalón corto y camiseta como pijama

Una prenda abrigo

Chubasquero

Paraguas plegable

Zapatillas andar

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Calzador

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2 botellas agua

Gafas de sol

Reloj

Gorra

Crema protectora

Tiritas

Material aseo: cepillo y pasta de dientes; desodorante, colonia, peine, espuma y maquinilla de afeitar, tapones, bote champú y gel.

Cargador móvil

Medicinas

 

 

Programa, Popgrama, Proclama

Programa, programa, programa..., decía Julio Anguita para exigir que la política se basara en ideas y se centrara en las medidas y proyectos concretos por encima de los intereses partidistas, los cargos y las luchas de poder. ¡Cómo ha cambiado el cuento! Se comprueba analizando cualquier discurso público de esa oposición con opciones de gobernar. No les hace falta. Han optado por una oposición cómoda, por sentarse a esperar a que pase el cadáver del gobierno porque contra Sánchez se vive muy bien. Han creado un ecosistema político y mediático confortable: no exige programa, ni esfuerzo intelectual. Basta con pronunciar su nombre para ordenar el mundo, justificar cualquier torpeza propia y convertir la pereza en forma de acción y supervivencia política. A Feijoo, el mejor ejemplo de mediocritacia, y al vago de Abascal les viene de perlas. Contra Sánchez se vive muy bien porque libera de la incomodidad de pensar políticamente. Solo es necesario inventase un par de insultos y renovarlos cuando se percibe el hartazgo y aburrimiento de la repetición. Esta oposición no construye, se refugia. Total, para qué, si ellos sólo quieren llegar al poder para parasitarlo. Este modelo tiene, además, una ventaja: Si no hablas de tu programa, de lo que quieres hacer, no asustarás a los incautos que creen que insultas a Sánchez para, Dios mediante, resolverás sus problemas. Pero viendo lo que hacen allí donde gobiernan, uno puede adivinar cuáles son sus intereses, sus verdaderas ideas, qué problemas resuelven y cuáles crean. La gente debería preguntarse por qué los docentes de la Comunidad Valenciana están en pie de guerra; por qué Andalucía es la comunidad autónoma con mayor tiempo medio de espera para operarse en la sanidad pública; por qué el gobierno de Ayuso ha recortado las prestaciones a los enfermos de ELA en torno a un 40% porque ha decidido no aportar la financiación que le corresponde para completar las ayudas del gobierno; por qué el Gobierno de la Comunidad de Madrid rechaza reiteradamente aplicar el tope a los precios del alquiler y declarar "zonas tensionadas" en una región donde el metro cuadrado construido ya supera los 4.000 euros; por qué las derechas votan sistemáticamente en contra de las mejoras laborales, la subida del salario mínimo o de las pensiones, el tope de los alquileres o el impuesto a la banca y las eléctricas; por qué el alcalde de Algete, del PP de Ayuso, ha fulminado el nombre de Joan Manuel Serrat de un edificio público para sustituirlo por el de un "ilustre ciudadano" del municipio... Eso si, para gobernar, no se ven obligados a firmar lo que Vox le ponga por delante. Los mismos que recientemente han llevado al Senado la propuesta de derogar la Ley contra la Violencia de Género. En fin, que cuando lo único que importa es acabar con Sánchez ya no hay que proponer soluciones contra la precariedad laboral, ni contra el problema de la vivienda, ni contra el deterioro de los servicios públicos, ni contra la incertidumbre del futuro de las pensiones, ni contra el problema de la caspa.

sábado, 30 de mayo de 2026

Opinadores y opinatrices.

Hoy en día todo el mundo opina, de todo y todo el rato. Emulando al Chiquilicuatre: opina Jose Luis, opina bien suave; opina Mariano, mi amor ya tú sabes; opinan los brothers; opina mi hermano; opina hasta el más tonto con las babas en la mano. Algunos sólo dejan de opinar para estirar las piernas mientras se desplazan del plató de una tertulia a otro. Es extenuante. Para el que escucha, no para el que opina. Parecen un disco rayado. Opinar parece haberse convertido en un acto de resistencia ante el ostracismo mediático. ¡Opina o revienta!, parece ser su lema. Opinadores y opinatrices parecen haberle cogido el gustillo a la multiplicación de las tertulias sin necesidad. Trabajo no les falta. Temas para opinar, tampoco. Cada veinte minutos aflora una nueva remesa de asuntos cruciales sobre los que urge opinar antes que se cumpla su fecha de caducidad, impresa en el margen de los análisis de audiencias. La opinión se convierte en una mercancía tan vulgar que es objeto de ofertas 3x2 o mercancía de "Liquidación Final" en el empobrecido ultramarinos de las tertulias. La cosa se degrada que se las pela y hemos pasado de proclamar aquello de "un hombre, un voto" a exigir "un hombre, una tertulia para que opine", aunque el lema de algunas de ellas debería ser "un hombre, un plátano". El opinador se caracteriza por su polimorfismo y su capacidad de cambiar de opinión según soplen los vientos o interese. A veces se disfrazan y pueden presentarse como expertos en algo, analistas políticos, periodistas mercenarios, políticos retirados o polemistas. Pero, a menudo, no son otra cosa que bustos parlantes encaramados a una mesa de debate. Aunque podía ser de wáter por las "deposiciones" a las que nos tienen acostumbrados. No llevan distintivo alguno pero se les reconoce en cuanto abren la boca. O cuando evidencian que les incomoda mucho que les interrumpan mientras intertuompen. La entrega de muchos de ellos al furor narrativo, la especulación, la fabulación, la opinión ficción o la mentira reiterada es un hecho notable. Es sospechoso que, siendo como son a veces, unos mostrencos, sepan de todo, pontifiquen de todo y se crean con el don de la infalibilidad. Para ellos cualquier opinión es fácilmente reciclable con los subterfugios adecuados. Por eso, las opiniones con las que comercian suelen estar siempre atestadas de trucos o vaporosamente definidas. En caso de "cagada" se niega la mayor o se responsabiliza al objeto de su opinión por haber mutado de idea o forma de acción. El lenguaje tiene siempre la capacidad de conjurar simulacros. Quizás por eso la Asociación Internacional de Opinadores ha convocado un congreso eucarístico para determinar hasta que momento insultar a la inteligencia, cepillarse la verdad y cagarse en la honestidad es una ofensa grave al espectador o sólo un pecadillo venial. Mientras, conviene ir con cuidado: un amigo se tropezó ayer con un espacio de análisis y opinión con Tamara Falcó y por poco se descalabra.

Opinadores y opinatrices.

Se llaman opiniones. Se expresan en bares, en el trabajo, en las colas. Se tuitean al calor de la última noticia o el meme de turno. Se susurran en corrillos como verdades que el sistema no quiere que sepas o se gritan en las terrazas de los bares para que todos te escuchen. Parecen inofensivas, pero a menudo están cargadas de frustración e incluso de odio. Son el ruido de fondo de una sociedad desnortada. Hoy las opiniones no se expresan; se escupen, se imponen. Te las endosan aunque no las hayas pedido. Me joden, especialmente, las que empiezan con un "nosotros" o un "ellos" porque te ves venir la monserga doctrinaria. Estoy hasta el occipucio de que el opinador aficionado me hable de la gente de bien, de la España real, de esa mayoría silenciosa a la que -al parecer- una minoría vociferante -casi siempre, reivindicativa, extranjera, separatista, feminista, progresista...- le roba "su" país, el trabajo, la tranquilidad. Estoy harto de aquellos para los que los vagos, corruptos, delincuentes..., son siempre los "otros". Está gente ha sido convenientemente adoctrinada. Para ellos el inmigrante no es una persona; es una cifra que nos colapsa la sanidad, una sombra que nos quita la vivienda, un riesgo que amenaza a nuestras mujeres, como si no hubiesen sido amenazadas y agredidas históricamente por nosotros mismos. El independentista no es un adversario con argumentos; es un traidor, un anti-España. El que piensa distinto no es un conciudadano; es un enemigo de la patria. Las palabras dejan de describir realidades para crear trincheras. Y en una trinchera, al que está al otro lado no se le convence; se le elimina. Los modernos opinadores desprecian el dato, ridiculizan el matiz, celebran el grito. Lo importante ya no es lo que es verdad, sino lo que ellos sienten como verdad. Si las estadísticas demuestran que la inmigración no colapsa servicios ni dispara la criminalidad, es que las estadísticas mienten. Se construye así una realidad paralela donde la única autoridad es la del que grita más fuerte, miente con más descaro y promete restaurar un orden que solo existe en el deseo y en el resentimiento. En este relato, emerge con fuerza la leyenda de los que viven de las paguitas, el parado que no quiere trabajar, el inmigrante que viene a cobrar subsidios... Pero el tonto útil no se entera de que el fraude fiscal en España supera los 90.000 millones de euros anuales y que el grueso de esa evasión se concentra en grandes empresas y grandes patrimonios, no en los perceptores de rentas mínimas. Mientras se señala al pobre como vago, se silencia cómo bancos, grandes comercios y sectores empresariales —especialmente aquellos que más emplean mano de obra migrante en condiciones precarias— se benefician de subvenciones, rescates públicos y desgravaciones millonarias. La distancia entre la opinión infundada y agresiva, el insulto en redes y la pedrada en la calle es más corta de lo que creemos. Qué ganitas tengo de soltarle a los opinadores a tiempo completo eso de "tienes la lengua más larga que el conocimiento, así que métete tú opinión donde te quepa".

Putos jueces golpistas

Muchos de los problemas de la sociedad española derivan de su falta de memoria. Uno puede no saber porque nunca ha aprendido. Pero cuando sabes y no recuerdas... ¡chungo!. La memoria colectiva es el marco que nos permite comprender el presente, aprender del pasado y proyectar el futuro. Sin ella, los hechos carecen de contexto, significado y continuidad. Después está el tema de la Justicia. Cuando me hablan de Dios como Juez Supremo me lo imagino en su estrado celestial, con su toga con puñetas y su birrete difícilmente acomodado sobre el nimbo triangular que corona su cabeza, impartiendo justicia a base de golpear con su mazo. Y, claro, así está la justicia en el mundo: hecha unos zorros. Los jueces terrenales, al menos en España, son como Dios, intocables. Es prácticamente imposible que en España a un juez que prevarica se le condene por prevaricación. No hace tanto que una avalancha de denuncias -impulsadas por organizaciones de extrema derecha-, causas judiciales abiertas y la labor diaria del periodismo mercenario logró reducir a Podemos a la insignificancia política. Desde su nacimiento en 2014, son muchas las causas abiertas contra el partido y sus figuras más destacadas. Grandes titulares y horas de radio y televisión crearon una idea muy negativa sobre la formación. Pero, ¿alguien se acuerda que pasó con estas causas judiciales?. Pues el Tribunal Supremo ha archivado un total de 29 querellas -casi todas- contra Podemos y sus líderes hasta 2023 y las que siguen abiertas, esperan, quizá, correr la misma suerte. Las querellas por Blanqueo de capitales y delito electoral, Desobediencia y organización criminal, financiación ilegal de partidos políticos, delito fiscal y blanqueo de capitales, las cuenta en Granadinas, el caso Dina, el caso Neurona... Todos archivados. El juez del caso Neurona, Juan José Escalonilla, tuvo que reconocer que incluyó "indebidamente" como investigado en la causa a Pablo Iglesias. Es un lawfare de libro, es la historia de decenas de acusaciones falsas, todas con el mismo objetivo: dar munición a las tertulias para difamar durante horas y horas, y así adulterar el sistema democrático mediante la intoxicación de la opinión pública con mentiras. Es corrupción periodística y es golpismo mediático. Aunque la acusación sea falsa, un juez activista, como Escalonilla, García Castellón o Peinado, pueden estirar el durante años para aplicar la "pena de telediario". Vaya como vaya el proceso judicial, el objetivo prioritario y que siempre se consigue es la difamación mediática y la intoxicación. Y, lo peor, ya hemos comprobado -caso del ex Fiscal General- que incluso sin pruebas estos jueces endiosados te pueden condenar. Conviene recordar todo esto cuando observamos lo que está pasando estos días.

Envejecer

Se pregunta un proverbio chino: ¿Si la gente se arregla todos los días el cabello, por qué no hace lo mismo con el corazón? Pues me temo que por qué le preocupa más su aspecto externo que si alma interior. Es otro de los grandes logros del sistema: el triunfo del narcisismo, aunque en el fondo late una monumental insatisfacción con nuestras propias vidas. En España hay unas 4.600 bibliotecas públicas frente a los más de 6.300 centros autorizados de medicina estética. En tiempos de mi abuela el cuidado estético no iba más allá de untarse Nivea. Ahora los tratamientos más demandados son las infiltraciones de bótox y ácido hialurónico. La edad para comenzar a pincharse ya no importa. El llamado baby bótox se inyecta incluso en rostros libres de arrugas con una finalidad supuestamente preventiva. La toxicidad del bótox es "seiscientas" veces superior a la del cianuro pero, ¡qué más da!. Yo veo lo del bótox como una metáfora de nuestra sociedad: una bonita imagen para ocultar la pérdida de identidad y de los más nobles sentimientos. El bótox inhibe o borra las microexpresiones que permiten leer el ánimo, la duda, el desacuerdo o la empatía, esas emociones mínimas inscritas en un rostro, y las caras se convierten en superficies lisas, neutras, impermeables y, sobre todo, homogéneas. Además, puede llevarnos a evitar ciertas emociones, ya que los gestos faciales mandan información al cerebro y contribuyen a cómo sentimos. Algunos malpensados dicen que cuando el bótox hace que, por ejemplo, dejemos de fruncir el ceño en situaciones de desacuerdo está ayudando a reforzar ciertos ideales tradicionales de feminidad basados en la docilidad y la complacencia. Vaya usted a saber. Las redes están llenas de vídeos de niñas y preadolescentes mostrando rutinas de cuidado de la piel, las mismas que hacen enormes compras de productos estéticos como sérums con retinol. En el otro extremo, las multinacionales de la estética llevan años bombardeando a las mujeres con expresiones como “antiedad” o “antienvejecimiento”, reforzando así prejuicios y fomentando una visión negativa del proceso natural de envejecer. Curiosamente, un reciente trabajo científico ha demostrado, tras estudiar a 700 mujeres, que aquellas más preocupadas por envejecer parecían mostrar señales de envejecimiento biológico acelerado. Pero esa preocupación es general y está ahí: Photoshop, los filtros de Instagram, los rostros Deep Beauty creados por IA, las amigas insistiendo en que probemos estas maravillosas inyecciones de autoestima... ¿Es que nadie está de acuerdo en cómo es? ¿Tan insatisfechos estamos con nuestra imagen, con nuestra edad, con nuestra vida? Quizá el verdadero acto de rebeldía hoy sea aceptar nuestra identidad y el paso del tiempo sin convertir el cuerpo en un campo de batalla.

jueves, 28 de mayo de 2026

Ignorancia

Al menos antes, para ser de izquierdas había que leer y pensar más. Hoy, y siempre, para ser de derechas basta con estar orgulloso de tu propia ignorancia. En España algo que nunca ha faltado son los defensores de la ignorancia. Por un lado porque las clases más reaccionarias han coartado la difusión del conocimiento para preservar sus privilegios y someter a las mayorías. Por otro porque la izquierda, tras haber luchado durante mucho tiempo y apasionadamente por la educación, en el periodo más reciente ha abandonado "su viejo fervor por la instrucción pública" para sumarse a la derecha en la celebración de la ignorancia. La coartada ha sido la igualdad, la imposibilidad de segregar, no ya por capacidades, sino por actitudes e intereses. Hace ya demasiado la izquierda política decidió, erróneamente, que la ignorancia era liberadora y el conocimiento, cuando menos, sospechoso, incluso reaccionario. De aquellos lodos... La derecha necesita masas ignorantes para manipularlas y capitalizar su ignorancia. Es, además, maestra en maniobrar para moldear el pensamiento de multitudes, porque la gente no lee, pero si recibe memes, vídeos de Youtube y Tik Tok, sigue a influencers de tres al cuarto o ve El Hormiguero, Horizontes, En boca de todos y otros productos de la morralla mediática. Y, vaya por delante que, calzada por intereses mezquinos y gracias a la depreciación de títulos universitarios, doctorados y másteres, la ignorancia puede cabalgar sobre cualquier caballo formativo. Hoy las mayores falacias las sostienen poderosos medios desinformativos ayudados por la ignorancia de masas cosificadas por la corriente hegemónica, esto es, la de las grandes corporaciones que manejan armas, dinero, tecnología y mentiras. Quizá los medios no puedan lavar cerebros, pero son expertos en emporcarlos hasta asfixiarlos. A mí me basta con escuchar el odio que inyectan unos contra todo lo que huela a igualdad, solidaridad, diálogo, diversidad, respeto... para saber qué, sin asignar etiquetas, mi campo de juego está en todo aquello que sea bueno para los seres humanos. Para todos, sin discriminación de sexo, raza, orientación ideológica o sexual, creencias, nacionalidad... Mi lucha está con los que quieren terminar con la jerarquía de los opresores, los explotadores, los colonizadores, los sin escrúpulos, para alcanzar un sistema capaz de erradicar el interés del capital sobre los seres humanos y difuminar todo el fardo individualista, egoísta, racista, excluyente y opresor que nos ha amargado la existencia durante demasiado tiempo y que promete volver. Y procuro evitar a esos que, de tan miserables, sólo puedo calificar de enfermos mentales. Muchos de ellos, más que mala ortografía, lo que tienen una heterografía espantosa, además de disfrutar su amargura usando el lenguaje más soez.