Dice Sánchez que hay que actuar contra los delitos en las redes sociales. ¿Pero qué dice este hombre? Qué pasa ¿que los robos de datos, el estímulo del odio, la xenofobia, la violencia machista, la pornografía infantil..., va a resultar que son ahora delitos?. El problema es que se ha dejado actuar a los fachotecnócratas y nos han comido la tostada. Y ellos ha pasado por una dejadez absoluta de las instituciones, una paleta fascinación por la infinitud virtual y ese simulacro de libertad, tan falso como patético, que tanto gusta a la ultraderecha y acompleja a las democracias. A las plataformas tecnológicas y a los dueños de las redes sociales se les ha dejado hacer negocio desde el mismo día de su nacimiento; sin leyes, sin normas, sin valores, sin democracia, sin límites. Y lo han hecho a costa de todos nosotros. Y ahora nos lamentamos, porque comprobamos que sólo ganan ellos y el mundo es un lugar mucho peor para una inmensa mayoría. La ultraderecha europea, que presume de patriotismo pero se somete al vasallaje trumpista actuando de lamebotas, han sido los primeros en rasgarse las vestiduras en un nuevo aquelarre fascista. Santi, que es vago hasta para copiar nuevas ideas, ha recurrido, como con la educación sexual en los colegios, a decir que el Gobierno quiere adoctrinar a nuestros hijos suplantando a las familias. Feijoo, de momento, no ha dicho nada. Posiblemente porque le han soplado que algunas encuestas dicen que más del 80% estarían de acuerdo con el control. Pero dadle tiempo. Bastan tres segundos después de que hable Ayuso
Vivir es intentarlo infinitas veces
miércoles, 4 de febrero de 2026
Chat promoción
Con la que está cayendo - y la que nos va a caer- deberíamos de abandonar el estéril campo de batalla del enfrentamiento de opiniones -que, al menos para mi, no son lo mismo ni tienen el mismo valor que las ideas-, pues en él solo fructifica la tirantez vital (ya no soporto el término crispación. ¡Me crispa!). Soy más partidario del "vive y deja vivir" que del "sacarse las tajadas". Del aceptemos que "ca' cual es ca' cual" y allá cada cual con sus opiniones. En materia de opiniones sólo hay dos cosas que me "incomodan": que alguien intente meterme con calzador y sin miramiento una opinión que no le he solicitado; y que aquellos que se pasea públicamente, de micrófono en micrófono, diciendo todo lo que le viene en gana terminen diciendo que "no hay libertad de expresión". Me parece ridículo. Por eso creo que hay que dejarse de duelos de opiniones y reivindicar las frases absurdas (o no) como medida de higiene mental y mejor arma frente a la irracionalidad que nos domina. Quizás sea la única manera seria de relajar el ambiente.
Aquí dejo varias propuestas. Algunas seguro que las conocéis. No están sujetas a opinión. Como mucho, a réplica con otra frase, pensamiento o aforismo absurdo (o no):
No renuncies a tus sueños, sigue durmiendo / Contra el hambre, come / El tiempo sin ti es sólo empo / El que ríe el ultimo piensa más lento / Me da mucha rabia que hablen cuando interrumpo/ Muchos de los que afirman que tienen la conciencia tranquila sólo tienen mala memoria / Algunos puede parecer que tienen pensamientos profundos, pero en realidad solo estan pensando en qué comerán hoy / La vida es aquello que pasa mientras buscas wifi / Necesito ir al oculista, pero no veo el momento /¿Una dieta equilibrada es un pastel en cada mano? / Odio ser bipolar, es algo maravilloso / Por favor, no interrumpas mientras te ignoro / Soy responsable de lo que digo, no de lo que entiendas / Madurar es estar triste y no publicarlo en Facebook / No soy un inútil total, sirvo de mal ejemplo / Si no puedes convencerlos, confúndelos / Eres tan tonto que se están empezando a dar cuenta hasta tus amigos / La esclavitud no se abolió, pasó a ocho horas diarias / La primavera está harta de El Corte Inglés / La inteligencia te persigue, pero creo que eres más rápido /¿Hasta dónde se lavan la cara los calvos? / Hombre invisible busca mujer transparente para hacer lo nunca visto / Luchar por tus derechos está bien, pero mejor es comer croquetas. ¡Dónde va a parar! / Estado civil: Cansado / ¡No pasa nada! Y si pasa, se le saluda. ¡Malditos cabrones, pero que jodidamente feos sois todos! (Carta de San Pablo a los adefesios). Y recordad siempre que cada uno de nosotros somos únicos. Absolutamente igual que todos los demás.
Anton Chejov
Antón Chéjov, posiblemente el escritor que más capacidad ha demostró para captar la esencia de la vida cotidiana, dijo que “la felicidad no existe. Lo único que existe es el deseo de ser feliz". El escritor ruso formuló así una idea que hoy resulta sumamente incómoda: la felicidad no es un estado alcanzable, sino una aspiración constante, casi siempre frustrada, que empuja a los seres humanos a seguir adelante. Nada más y nada menos. Lo evidente es que los personajes que pueblan las obras de Chéjov son como la mayoría de los hombres y mujeres actuales, que sueñan con otra vida, con otro lugar o con otro tiempo, pero que rara vez logran materializar ese anhelo. Todos deberíamos entender que el deseo de ser feliz no es una antesala de la plenitud, sino una condición permanente, lo que parece demostrar que aquella no es nunca alcanzada. Cualquier persona "normal" -aunque empiezo a pensar que este espécimen es ya una rara avis- desea amar más, vivir con más sentido, escapar de la rutina o encontrar un sentido a su vida, un bienestar y una una paz que siempre parece pospuesta. Desea, pero raramente alcanza, al menos de forma plena y permanente. Por eso, la felicidad, entendida como un punto de llegada, queda descartada. En su lugar aparece una dinámica mucho más realista: la del ser humano moviéndose entre expectativas, frustraciones y pequeñas epifanías que nunca terminan de cuajar en un final feliz. Aunque, evidentemente, hay grados muy distintos de expectativas y exigencias. En cualquier caso deberíamos aprender de Chéjov y no buscar edenes inexistentes, redenciones milagrosas ni finales de cuento cerrados, sino proyectar una mirada honesta sobre la fragilidad humana. Pero, claro, en una época obsesionada con el bienestar -que, a menudo, se confunde con la felicidad-, la autoayuda y la búsqueda permanente de nuevas experiencias, la reflexión de Chéjov suena casi subversiva, pues plantea que el problema no es no ser felices, sino creer que deberíamos serlo todo el tiempo. Una frase apócrifa atribuida a Abderramán III, cuando tenía 70 años y estaba en el lecho de muerte, dice: "he anotado los días de pura y auténtica felicidad que he disfrutado: suman catorce, y no todos seguidos". Quizá no se trate de alcanzar la felicidad, al menos todo el tiempo, pues eso es utópico, sino de entender qué hacemos con ese deseo constante de serlo. Y procurar no dejarnos arrastrar ni que nadie lo manipule en beneficio propio.
Elon el sociópata
Elon Musk mira mucho últimamente a España, lo cual nos debería preocupar, y mucho. Ya en Davos dijo que las zonas de la "España Vaciada" serían ideales para convertirse en la "central eléctrica de Europa". A esta gentuza las personas les importa una soberana mierda. Con empatía cero, una absoluta falta de respeto y una pasmosa capacidad de meter sus narices en lo que no le importa, este tipejo no ve vidas ajenas sino beneficios económicos. Hace unos días, demostrando que trabaja poco, se dedicó de nuevo a meterse donde nadie le llama y criticó la regularización de inmigrantes que ya están en España pero aún sin papeles. Y, la última, ha sido insultar al presidente del gobierno español tras su anuncio de que España va a prohibir el acceso a redes sociales a los menores. Esto último le escuece directamente como dueño de la red X, la antigua Twitter, que él ha convertido en un lugar pestilente y nauseabundo, es decir, un reflejo de si mismo. Convendría recordar quién es Musk, el tipo al que su biógrafo lo llamó "psicópata" después de una sesión fotográfica en Auschwitz donde "no le importó en absoluto lo que presenció". Musk es el tipejo que describió la empatía como un "error en el sistema" de la civilización occidental. El que hizo el saludo nazi en la investidura de Trump. El empleado que explota, maltrata e insulta a sus empleados. Un imbécil que ha llamado a un hijo "Techno Mechanicus" y a otro le ha puesto el nombre de la contraseña del Wifi. Este monstruo es un sociópata de libro. Un ser despreciable, un misógino, un negacionista, un mentiroso compulsivo, un narcisista enfermizo. Es un antimodelo que, desafortunadamente, es aplaudido, entre otros, por Abascal y sus militantes de la ultraderecha. El problema es que este fachotecnócrata tiene mucho poder, sobre todo desde que compró Twitter para poder dominar la comunicación y el acceso a la gente más joven y la más ignorante, perdón, con menos "posiblidades". Porque es más fácil leer un mensaje o un vídeo que pensar, es más fácil rezar que leer. Musk es la cumbre de la colonización fascista de los medios de comunicación, es el gran muñidor del secuestro de las redes por la extrema derecha, que tiene, especialmente a los chavales, encantados con su discurso manipulador. Por eso Musk y Abascal coinciden en el insulto a cualquiera que quiera poner límites a la ola reaccionaria en redes sociales que empuja a la ultraderecha al poder mientras machaca la mente de los jóvenes.
martes, 3 de febrero de 2026
Guerra cognitiva.
La gente no lo sabe pero estamos en guerra. No es una guerra convencional, es la guerra cognitiva. Según fuentes de la OTAN, ésta se define como: “El conflicto en el que la mente humana es el campo de batalla y cuyo objetivo es el de cambiar no solamente lo que la gente piensa, sino también cómo actúa, lo que, llevado a cabo con éxito, moldea e influye en las creencias y comportamientos individuales y grupales". En su forma extrema tiene el potencial de fracturar y fragmentar a toda una sociedad, de modo que ya no tenga la voluntad colectiva de resistir a las intenciones del adversario. Pero, ¿quién nos ha declarado esta guerra y por qué? Pues el ultraliberalismo para, por un lado, obtener el control individual y colectivo de las sociedades y, por otro, eliminar toda alternativa antisistémica, especialmente el progresismo en todas sus formas. Con ese fin, está en curso un despliegue de operaciones de adoctrinamiento anti-alternativas y de disciplinamiento a los dogmas del libre mercado, que se implementan principalmente a través de las redes digitales. Distintos expertos advierten de las funestas consecuencias (algunas ya muy visibles) de esta guerra: desde la pérdida de la voluntad colectiva y la fractura o implosión de una sociedad, hasta diversos niveles de autodestrucción individual y colectiva, pasando por daños irreversibles en el funcionamiento mental de las personas. Esta guerra acaba teniendo un carácter civil, pues es fundamental en ella la militarización de la opinión pública. De ahí el ambiente de polarización y crispación extrema. Sus armas son muy diversas. Se ha llegado incluso a desarrollar nuevas disciplinas, por ejemplo, la agnotología, que es la ciencia de la producción de la ignorancia. Sus instrumentos son muy variados, desde el fomento de ludopatías o la dependencia de las redes sociales, que subyugan el intelecto con ideas obsesivas, temas estereotipados y circunstancias triviales, hasta la manipulación informativa para conseguir que intervengan más los estímulos emocionales que el uso de las neuronas. Además, mucha gente ya es incapaz de distinguir la información del relato interesado o la simple propaganda; la realidad de la ficción; la verdad de la mentira. Ésta se ha convertido en palanca de la manipulación social. Esto último se verifica cotidianamente en el campo de la información, donde las noticias falsas o la difusión de datos apócrifos se han posicionado como una forma de hacer comunicación. Igualmente, una batería de inexactitudes, datos sesgados, opiniones interesadas, "olvidos" y ocultaciones, figuran como elementos constitutivos de una información especulativa y militante. "El objetivo es lograr que el "enemigo" se destruya a sí mismo desde adentro, dejándolo incapaz de resistir, disuadir o desviar nuestros objetivos”, dice un estudio de la OTAN. Los procedimientos para fomentar la autodestrucción y la polarización extrema son variados, pero se priorizan aquellos destinados a fragilizar los procesos organizativos y de unidad social, acelerando las divisiones preexistentes o introduciendo nuevas, propiciando el enfrentamiento entre los diferentes grupos que conforman una sociedad y el incremento constante de la polarización. Con el recurso a la agnotología y el individualismo se persigue el desinterés en lo colectivo, principalmente en la política, pero también en lo social e incluso en las expresiones culturales que no se organizan desde el mercado. ¿A qué todo esto explica muchas cosas?
lunes, 2 de febrero de 2026
La AVE: despilfarro y ruina.
Llevo años diciendo, ante la mirada entre incrédula y compasiva del personal, que el modelo de la Alta Velocidad en España es un despilfarro, un soberano disparate. Esto me ha debido crear una sólida fama de "rarito", de zumbado, de aguafiestas. Pero, ¡tengo datos!. El problema es que mucha gente sabe de infraestructuras ferroviarias lo mismo que la vaca que mira asombrada pasar el tren. Y, lo peor, ignora que el mundo ferroviario en España es una larga historia para llorar. La construcción de la red la hicieron compañías privadas, de capital mayoritariamente extranjero, para responder a sus intereses, especialmente mineros, y no a los nacionales; que no hubo un plan general sino que se construía a tramos, muchas veces inconexos, que la "cagamos" con la elección del mayor ancho de vía; que nos pegamos un tiro en el pie con el diseño centralizado que aún hoy mantenemos; que las compañías privadas, cubiertos sus intereses, dejaron de invertir y nos legaron una red tercermundista; que la guerra civil fue el remate para la red; que el franquismo, con la falta de inversiones, nos legó un ferrocarril obsoleto y con pésimo servicio; que, desde los tecnócratas, todos los sucesivos gobiernos apostaron por el transporte por carretera abandonando a su suerte el ferroviario; que cuando PSOE y PP se obsesionaron con la Alta Velocidad se comenzó a abandonar y cerrar líneas ferroviarias convencionales por todo el país, dejando -al margen de los grandes corredores- a amplias zonas sin servicio ferroviario. Sin que nadie dijese ni pío. Y llegó la obsesión por la Alta Velocidad. El resultado fue una red de casi 4.000 km de longitud (casi tantos como Francia y Alemania juntas), con otros 1.661 en construcción. Lo ya construido nos ha costado 57.000 millones de euros y el coste total será de unos 73.148 millones. El coste por km de AVE construido es de unos 16 millones de euros. Presumimos de ser el país con mayor red de Alta Velocidad de Europa, pero no pensamos en que eso hay que mantenerlo a base de dinero: cada km de AVE anualmente cuesta 120.000 euros en su mantenimiento. Y un último dato para la reflexión: la única línea de AVE rentable en Europa es la de Lyon – París. Todas las españolas son deficitarias. El coste de billete de Lyon – París es casi tres veces el de Madrid – Barcelona. ¿Tendrá algo que ver?. Todos los informes económicos nos dicen que el AVE es una ruina económica. ADIF tiene una deuda de unos 25.000 millones de euros. Todo el mundo pide, exige, se queja. Todos queremos buenos servicios, que funcionen como un reloj; que haya puntualidad... Pero, ¡ay!, después nadie quiere aflojar el bolsillo. Todos queremos tener donde vivimos lo mejor. Y los políticos prometen Aves, aeropuertos, polideportivos, centros culturales, iluminaciones navideñas de ensueño... Pero se nos olvida que la función del político es servir a la sociedad dando buenos servicios sanitarios, educativos, de asistencia... Y que cada euro invertido en cuestiones no esenciales se retrase de una mejor inversión en las que sí lo son.
domingo, 1 de febrero de 2026
¿Culpable, yo?
Nos gusta buscar culpables. De lo que sale mal. De lo que nos frustra. De los anhelos que no se materializan. De los sentimientos no correspondidos. De la incomprensión. O de que la vida se perciba de maneras distintas. Culpables de que la realidad no sea como nos gustaría. De que el tiempo no vaya a nuestro ritmo, y a veces toque esperar. Tener alguien a quien señalar, contra quien dirigir nuestro enfado, decepción o crítica parece que al menos permite pensar que las cosas podrían ser distintas. Más aún, que deberían ser distintas, y si no lo son, es por culpa de quienes no actúan como tendrían que hacerlo. La asignación de culpas permite convertir la frustración en algo más manejable, al poder descargar contra alguien nuestro malestar. Entonces convertimos la decepción en enfado, en reproche (público o silencioso), y en algunos casos, en conflicto. Y demasiadas veces también, puestos a repartir culpas o asignar responsabilidades, nos cuesta empezar por nosotros mismos. Asumir las propias opciones también es importante. Y la auto-crítica es necesaria. Para no andar pensando que es el universo -o los demás- quien conspira contra uno. En todo caso, aunque es posible que en algunas ocasiones sí podamos incidir en la responsabilidad que alguien tiene, ya seamos nosotros mismos u otros, muchas veces no hay culpables. No hay responsables. Y no hay mala intención detrás de esa realidad esquiva. Es, sencillamente, que nosotros no somos el centro del mundo. Y que la realidad es más compleja que nuestras expectativas. Es que las personas somos diferentes y no siempre podemos amoldarnos a las expectativas ajenas.