"Los alumnos españoles se hunden en el último Informe PISA y obtienen el peor resultado de su historia". Ante este titular, al menos en mi caso, sorpresa cero. Sin embargo, los "medios", a los que yo llamaría ya sin pudor "medio-cres manipuladores", aparcarán por un momento, y de manera hipócrita, su operación de acoso y derribo a un gobierno ya agotado para rasgarse las vestiduras y -¡Oh, sorpresa- atacar al gobierno. Por supuesto olvidarán, como tantas veces, que las competencias en educación están en manos de las Comunidades Autonómas, mientras éstas -a las del PP me refiero- se apresurarán a responsabilizar a la LOMLOE de los datos obtenidos. Como si ellos no tuvieran nada que ver con el desastre. Como si no gestionaran nada. Como si no fuesen ellos quienes planifican, dan directrices y dotan de recursos a "sus escuelas". Se han convertido en expertos en escurrir el bulto. Y la gente se lo traga. ¿Cómo explicarán las Comunidades del PP que Castilla-La Mancha -gobernada por el PSOE- haya sido la única comunidad autónoma que ha mejorado sus resultados en el último Informe PISA? ¿Es que allí no se aplica la LOMLOE? Y conste que desde la LODE (1985) y sus secuelas (LOGSE, LOPEG, LOCE, LOE, LOMCE y LOMLOE), muchos de los que nos dedicamos a la enseñanza ya advertíamos que todas estas reformas nos llevaban directamente a una sociedad de analfabetos funcionales. Los que nunca tienen tiempo para dedicarlo en serio a la educación, o sólo ven en ella un campo más de guerra cultural, o de enfrentamiento ideológico, o de sectarismo partidista, ya han declarado culpables al adversario político. Otros muchos ya le han echado la culpa a las "pantallas". Que lo han visto en su móvil. Y no faltan los miserables -cada vez hay más- que ya atribuyen responsabilidades a los maestros, a la escuela pública o las huelgas en educación, pues son tan cortitos de mente o están tan cargados de ponzoña ideológica que no saben distinguir causa de consecuencias. Por supuesto, ningún medio se atreverá a adjudicar su parte alícuota de responsabilidad a los padres, a la falta de respeto de los "chiquillos", al síndrome del niño emperador y la princesa déspota impulsada por muchas familias, a las AMPAS invasivas, a la bien vista picaresca estudiantil... Hasta ahí podíamos llegar: incomodar a tantos españoles de bien teniendo el chivo expiatorio del gobierno. Y, por supuesto, los de siempre, en sus ajustes de cuentas, digo tertulias, tocarán a rebato contra las leyes educativas de la izquierda mientras olvidarán mencionar siquiera que "La educación en Andalucía inicia el curso con más de 1.100 millones de euros para los centros concertados", que "Según el sindicato Ustea desde 2019 los centros públicos en Andalucía han perdido 2.758 aulas", que "PP y Vox han votado de forma conjunta en Extremadura para rechazar ampliar recursos en la red pública y modificar criterios en la enseñanza concertada", que "la Comunidad de Madrid suprimió 200 aulas públicas antes de que las familias pudiesen elegir centro, como maniobra para captar familias en la red privada-concertada". Se nos viene una avalancha de "olvidos", medias verdades y manipulaciones para justificar la laminación de la escuela pública a favor de la privada. La salvación como siempre, creen algunos, vendrá de la mano de la ultraderecha. De hecho Vox ya ha anunciado su medida educativa estrella: Llevar los toros a los colegios, es decir, "impulsar el conocimiento del mundo del toro en el ámbito educativo". Y que todos los libros lleven la bandera de España en la portada. Yo hago una propuesta: aplicar las pruebas PISA a todos esos jóvenes, maduritos y gente entrada en años que se escandaliza con los últimos resultados desde su ignorancia. Lo que nos vamos a reír. La próxima ley educativa será la "LO, LO, LO, LO, LO, OLE"
Vivir es intentarlo infinitas veces
martes, 8 de septiembre de 2026
lunes, 7 de septiembre de 2026
Leo va a la Uni
¡La que se nos viene encima! Después de una meteórica carrera militar de tres años por la que ha recibido las tres grandes cruces militares de los ejércitos de España -como una más- y que culminará en un futuro con el rango de capitán general de los tres ejércitos -como una más-, ahora Leonor ",la guapa" se nos va a la Uni. Estoy deseando ver el nuevo álbum de fotos que ya prepara la "lameculista" prensa dinástica para informarnos de su estreno universitario. Llegará "como una más": en coche oficial, con chófer y una comitiva de escoltas. Solo falta que el Rector y el Decano la reciban a pie de coche cuadrándose tras un firme taconazo. Unos organizadores de protocolo fuera de foco ya han seleccionado a un grupo de estudiantes alrededor de la nueva alumna. Todos ellos muy orgullosos de compartir pupitre con toda una princesa que, sin duda alguna, va a aprobarlo todo con excelentes notas y la mitad de la mitad de esfuerzo. Dicen las malas lenguas bien informadas de la Carlos III que a los profesores "seleccionados" ya se les ha advertido de que la "princesa de la boca de fresa" tiene que sacar la carrera asistiendo solo dos días a la semana a clase y sólo en determinadas asignaturas. Seguramente a los docentes no les importará a cambio de poder alardear dentro de unos años en las sobremesas de haber dado clase a la reina de España. Habría que saber si el resto de alumnos de esas mismas asignaturas va a aprobar asistiendo solo dos días. Es que la chiquilla no dispone de mucho tiempo. Y eso que no tendrá que sufrir la odisea de buscar piso de estudiantes, ni de pagarlo, ni de mantener beca, ni pasar horas en transporte público, ni de tener que frecuentar la biblioteca, ni... "cómo una más". No sería mejor haberla matriculado en la UNED, y así se apañaría ella el tiempo de clases y de estudio? Por supuesto que no. Demasiado discreto. Se necesita propaganda. La más empalagosa y rastrera posible. Se nos hablará de meritocracia. Total, ya nadie se acuerda del servilismo de catedráticos y profesores que se prestaron a falsificar firmas y documentos para engordar el currículo de Cristina Cifuentes. Leonor irá a engordar la estadística de los malos estudiantes de las clases altas a los que nunca les va mal en los estudios. Y, mucho menos, después. Carlos Gil, que recibió el reconocimiento a la mejor tesis del año del Consorcio Europeo de Investigaciones Sociológicas, ya demostró en ella que a los malos estudiantes de las clases altas nunca les va mal, dejando claro que eso de la meritocracia es un fraude. No en vano -según sus datos-, el 90 por ciento de ellos triunfa pese a ser unos zoquetes o unos vagos. Y en el caso de la familia real triunfa el cien por cien. A lo mejor no, pero si Leonor sale un poco zoquete nunca nos vamos a enterar. Contará con la complicidad de alumnos a los que les gustará codearse con ella, de profesores fáciles de asimilar a la causa monárquica y de periodistas que silenciarán los datos a los que hayan podido acceder. Al final va a ser verdad lo que decía Jean de La Bruyère: "En las cortes reales, la verdad es la primera que se exilia y la adulación la primera que se corona."
Pesimista VS optimistas
Yo quiero ser optimista, pero no me dejan. Es más, me jode sobre todo que me lo intenten imponer. Vivimos en la era del "good vibes only" -en inglés, que suena más guay-. Lo del "sólo buen rollo" es una derivación más, ñoña e interesada, de la filosofía barata que adorna los envoltorios del azúcar y las tazas para regalo. El sistema sabe que el optimista es mejor consumidor porque gasta más y tiene menos remordimientos de compra. Así, la obligación de ser optimistas y mantener una actitud "positiva" constante se ha convertido en una nueva forma de presión social. Pero, ¡Ay!, los optimistas también se descalabran. Hemos sustituido la esperanza, rica y significativa, por un optimismo trivial que nos deja vacíos y desconectados de lo que realmente importa y nos aleja de una forma de vivir más auténtica. El optimismo es una fe -y como toda fe, irracional- que nos asegura que todo saldrá bien con solo mantener una actitud positiva. Es una promesa sencilla y seductora, pero también superficial y, sobre todo, alejada de la realidad. Personalmente prefiero la esperanza, un concepto mucho más complejo y enriquecedor. No promete un final feliz garantizado, pero ofrece algo más valioso: significado. La esperanza nos dice: "No sé cómo saldrán las cosas, pero sé que tienen sentido". El optimismo nos adormece con la promesa de un buen resultado, mientras que la esperanza nos fortalece para transitar la incertidumbre con la brújula del sentido. El problema es que estamos obsesionados con la búsqueda de resultados inmediatos y positivos, y eso nos deja sin espacio para reflexionar sobre qué sentido tiene lo que hacemos. Esta obsesión por el resultado rápido y positivo nos ha hecho acostumbrarnos a las promesas vacías del optimismo, abandonando la capacidad para cultivar la esperanza, que requiere de esfuerzo, paciencia y, sobre todo, una profunda reflexión sobre el “porqué” de nuestras acciones. Está bien ser optimista. Pero, coño, no todo el rato. No cuando un camión sin frenos se te viene encima. De hecho, iré un paso más allá: creo que es saludable sentir emociones negativas como frustración, duda, decepción, tristeza, ansiedad e incluso pesimismo. Ser optimista a tiempo completo es una forma poco saludable de ser optimista. Porque entonces simplemente reprimes los sentimientos negativos y te nublas con la ilusión de que todo es maravilloso. Te conviertes en un barril de pólvora de positividad tóxica. No es solo una forma poco saludable de pensar a través del optimismo, sino también una forma irreal, dañina y mentalmente agotadora. Al final es verdad que un pesimista no es otra cosa que un optimista bien informado.
Gaia
En 1969, James Lovelock expuso por primera vez su hipotesis de "Gaia", que postula que la Tierra funciona como un superorganismo vivo que se autorregula para mantener las condiciones aptas para la vida. Después predijo que las manifestaciones extremas del clima se convertirían en la nueva norma porque la Tierra, "sintiéndose" atacada ante la presión humana y el aumento descontrolado de la temperatura reaccionaría como un organismo vivo ante el daño acumulado amenazando la supervivencia de nuestra civilización, pues es ésta la que la pone en peligro. Y lo estamos viendo casi a diario. Algunos señalarán que la naturaleza se recupera. Es verdad. El problema es que la civilización no la deja. Y Gaia se retuerce, sabedora de que hay cosas que no puede sostener, no puede autorregularse y deja de ser un espacio seguro para la vida. La de todos los seres vivos y no sólo los humanos que la atacan. De manera lenta van muriendo recursos vitales. Todo se explota. Todo se altera y deteriora. A través de una pantalla el mundo mira, pero el dolor ya no alcanza. ¿Cómo es posible que la codicia y el poder nos estén arrancando el grito ante el horror? El mundo se está volviendo irrespirable. Los agresores están logrando destruir los principios básicos de la vida: confianza, seguridad, empatía y cuidados. Cada vez que alguien renuncia a ellos y compra la deshumanización del vulnerable, se convierte en la carcoma que arrasa las vigas de un edificio. La exhibición obscena de la destrucción de Gaia, en la que estamos inmersos, y el desafío a las normas internacionales que protegen a las personas y al medio natural están dejando un clima de desamparo e indefensión que amenaza con borrar cualquier intento de rebelión ante este empuje de destrucción y muerte. Inmersos en quehacer diarios, tal vez por agotamiento o vértigo, por egoísmo o por la adopción de estúpidas ideologías, vamos dejando de mirar la destrucción de nuestro mundo, cómo van devastando la tierra, las reglas que nos han unido y hasta nuestra humanidad. Estamos firmando nuestra acta de defunción.
domingo, 6 de septiembre de 2026
Educación.
jueves, 3 de septiembre de 2026
Compartir destino
Antes, la gente que se aburría se distinguía por estar de pie, con las manos en los bolsillos y mirándose la punta de los zapatos. Ahora la gente no se aburre: está sentada, de pie, tendida, o lo que sea; tiene las manos en un smartphone y mira de todo menos el mundo que le rodea. Son los tiempos. Así nos va. A todos nos convendría levantar la cabeza. Y, sobre todo, mirar. Mirar lejos. Han conseguido que vivamos obsesionados con la actualidad. Con la declaración de esta mañana, el escándalo de esta tarde, el bulo de esta noche y la polémica que habrá cambiado mañana. Han convertido la información en una especie de máquina tragaperras: metemos nuestra atención, tiramos de la palanca y esperamos que salga indignación. A veces sale miedo. Casi siempre alguien gana con su manipulación. La actualidad está sobrevalorada porque confunde movimiento con dirección. Han logrado que sepamos perfectamente qué ha ocurrido durante las últimas horas y que cada vez entendamos menos lo qué está pasando de verdad. Y eso es peligroso. Porque mientras discutimos sobre quién dijo qué o quién hizo o no hizo qué, el mundo cambia, los malvados se adueñan de él y los poderosos planifican como quedarse hasta con nuestra alma. Nos hablan de orden y están creando el mundo del desorden, del caos. Nos animan a atacar lo que nos ha permitido llegar a donde hemos llegado. De la mano de la socialdemocracia europea hemos construido algo excepcional: sociedades donde enfermar no significa arruinarse, estudiar no depende exclusivamente del patrimonio familiar o hacerse viejo no equivale necesariamente a caer en la pobreza. Oímos a los de siempre quejarse mucho y demonizar a Europa. Pero ésta sigue siendo probablemente el mejor lugar del mundo para nacer sin saber previamente cuánto dinero habrá en tu cuenta bancaria. El problema es que mantener ese modelo cuesta dinero. Mucho dinero. Y eso supone pagar impuestos para repartir solidariamente la riqueza. Y eso es lo que le jode a esta sociedad cada vez más materialista, más egoísta, más insolidaria, más estúpida. Yo quiero que la gente piense, que pensar no cuesta dinero. Pero, sobre todo, deberíamos empezar a exigir algo extraordinariamente revolucionario a nuestros gobernantes. Que sean ellos los primeros en pensar. No en las próximas elecciones. No en el próximo titular. No en el próximo vídeo de 20 segundos. No en el siguiente bulo que van a propagar. No, que piensen en los ciudadanos, en la vida de todos en los próximos 20 años. Sobre todo en los más débiles, en los más necesitados, no en los más poderosos, en los más ricos. Porque la Patria no es una bandera. Una bandera es un trapo de colorines. La Patria debería ser una gran familia donde los padres velan por todos, todos, sus hijos. Y donde todos colaboran y ayudan, sobre todo, a los hermanos más débiles o que más lo necesitan. Vivimos momentos difíciles. Habrá quien responda buscando culpables. Es lo más barato. Otros propondrán levantar muros. Otros -o los mismos- te convencerán de que la educación, la sanidad, las pensiones o la vivienda son cosas secundarias, que lo importante es la bandera. Pero lo importante es compartir destino.
Cumple Lolo
Nadie tiene claro en qué momento su cumpleaños deja de ser el día en el que piensa "ya soy otro año mayor" para pasar a ser el día donde piensas "ya soy otro año más viejo". Todo depende de la actitud que uno tenga ante la vida. Cuando tienes quince años quieres cumplir años, tienes prisa por hacerte mayor, ser independiente y comerte el mundo. Cuando pasas de los 55 los cumpleaños te empiezan a incomodar y empiezas a temer que sea el mundo el que te coma a ti. Aunque lo ves difícil, porque para eso el mundo tendría que tener una boca del tamaño de la puerta de un armario ropero. Lo mejor de envejecer es que no se pierden todas las edades que has tenido. Al contrario, los años los atesoras en forma de experiencia y, si eres listo, aprendes a olvidar los malos ratos y recordar los buenos. De joven tienes fuerza para todo. De mayor ya te duele la espalda, las rodillas, la artrosis hace que te cueste abrir el tapón de la litrona y, cuando vas al peluquero, ya sólo puedes decirle: "déjalo cortito". O, mejor, "haz lo que puedas". Pero, a cambio, con los años comprendes que la vida no se mide en metas, sino en momentos sencillos. Que cumplir años enseña a agradecer cada batalla superada y cada sonrisa en el camino. La vida es demasiado corta y demasiado importante para permitir que nada ni nadie nos la complique. Huyamos de los que viven siempre enfadados, alterados, encabronados y pretenden arrastrarnos a luchas que ni nos van ni nos vienen. Así que, Lolo, entiende que el tiempo es un regalo y que hoy es siempre el día más joven que te queda por vivir. Aprovéchalo. Todas las edades tienen sus frutos, pero hay que saberlos cosechar y no pedirle peras al olmo. En cualquier caso, haz como yo: piensa que los cumpleaños son la manera que tiene la naturaleza para decirnos que es totalmente necesario que comamos más tarta. Muchas felicidades.