viernes, 6 de marzo de 2026

Trump y el diablo

Es difícil encontrar una imagen más inmoral y obscena que la de Trump en el Despacho Oval rezando rodeado de pastores evangélicos. Podría titularse: "A Dios rogando e inocentes asesinando". Sólo puede definirse como un vomitivo espectáculo político-religioso. Es la religión convertida en escenografía de poder y propaganda para adular a un psicópata. Son los mismos que dicen que Irán es un régimen satánico dirigido por fanáticos religiosos. Lo más parecido a un aquelarre o a una liturgia inquisitorial. La reunión fue organizada por la "Oficina de Fe de la Casa Blanca". Sólo la existencia de un órgano como este demuestra el carácter irracional y putrefacto de la administración Trump. Las ideas religiosas de este energúmeno son otra muestra de sus taras mentales, su enfermizo narcisismo y su depravada moral. Su referencia es la Biblia "Dios bendiga a los Estados Unidos", también conocida como la Biblia de Trump, llamada así porque él mismo la promocionó en 2024, vendiéndolas a 60 dólares. El libro es un engendro propagandístico, sectario, manipulador y ultranacionalista. Incluye textos "patrióticos" estadounidenses como la Constitución o la Declaración de Independencia. El resto es una antología o compilación de textos, algunos de ellos manipuladoramente incompletos, en el ámbito de la religión civil estadounidense y el trumpismo, una edición de la versión King James de la Biblia cristiana y textos relacionados con la fundación y la política de EE.UU. ¡Apesta a panfleto ultra de tintes pseudo religiosos! Por su parte, la relación entre Trump y gran parte de la base evangélica blanca en Estados Unidos es también obscena. Estos líderes religiosos de abultada cartera le han prestado un sólido apoyo político, ignorando sus repetidas polémicas, escándalos sexuales, mentiras reiteradas y el uso de un lenguaje que muchos considerarían obsceno u ofensivo. Su apoyo es incondicional frente a los escándalos del sátrapa, con el argumento de que "todos somos pecadores" o han minimizado sus comportamientos al centrarse en sus logros políticos. Incluso tras la difusión de grabaciones con comentarios obscenos en 2016 o las condenas por abuso sexual en 2023, la lealtad de este grupo no se ha visto mermada.  Algunos líderes evangélicos, en su estulticia, han defendido a Trump comparándolo con figuras bíblicas como el rey David, argumentando que Dios puede utilizar a personas imperfectas o "pecadoras" para lograr fines divinos. En el fondo es una relación mercantil. A cambio de su apoyo Trump les "regala" el nombramiento de jueces conservadores, la lucha feroz contra el aborto, la defensa de la "libertad" religiosa y el traslado de la embajada estadounidense a Jerusalén.

Móviles y libros.

Intenta no desviar la mirada hacia tu móvil buscando la última y más estúpida declaración de Ayuso, o el último meme de los bodrios de programas de Iker Jiménez, o la última y manipulada polémica estéril en X. Verás entonces que estamos aquí porque el mundo se está cayendo a pedazos y gran parte de la sociedad sigue aplaudiendo y jaleando las memeces que le sirven como espectáculo. Mientras discutimos, por octavo año consecutivo, si España se hunde o si tenemos que echar a los inmigrantes, nos están robando la cartera y el futuro. Antes esto exigía una oleada de algaradas callejeras con cócteles Molotov. Aunque lo más revolucionario que se ha inventado es el libro. Ninguna revolución se ha hecho con el estómago lleno. Ahora podríamos decir que ninguna se hará con el móvil en la mano, porque quien sale a la calle con el móvil en la mano tiene las manos atadas, el estómago lleno y la cabeza vacía. Un libro llena la cabeza cuando no es para pasar el rato sino cuando es un ladrillo. Y ya sabemos que los ladrillos pueden servir, según el caso, para levantar muros o para reventar escaparates. Todo depende de quién tenga hambre y de qué y  de quién tenga miedo y de quién. El móvil no te dejará ver más allá de lo que quiera el algoritmo. El libro, por el contrario, te limpiará la mirada y te hará ver claro. Dijo Brecht que "la perra que parió al fascismo sigue en celo" . Y ha parido de nuevo, aquí en nuestros barrios. En todos. Hoy la "bestia" de fauces ensangrentadas ya no necesita uniformes, ahora lleva traje a medida, preside partidos, se disfraza de comunicador, gestiona fondos buitres, sonríe en Instagram y legisla desde los despachos con la bandera rojigualda en la muñeca. Por eso el libro resulta tan urgente. No porque leer cure el fascismo, que no lo hace, porque si lees el Mein Kampf estamos apañados, sino porque para parar un tanque hace falta saber distinguirlo de una ambulancia y dónde coño golpearlo. Conviene apagar las manipuladoras pantallas y encender un libro para abrir la carne, para que veamos la infección que afecta a nuestra realidad. Ya está bien de indocumentados propagando bulos, de ignorantes opinando. Porque no se limitan a opinar. Después, van y votan como si supiesen qué están haciendo, como un dulce -y estúpido- acto de recuerdo entrañable. Aquí la nostalgia no es inocente, es un producto de marketing para chavales y adultos desnortados que echan de menos una dictadura que no vivieron o no recuerdan correctamente, alimentados por youtubers andorranos y políticos fachas que dicen aquello de "esto con Franco esto no pasaba". Y tienen razón, con Franco no pasaba que pudieras leer, incluso esto, sin que te partieran la cara en la DGS. Pero eso es exactamente lo que muchos quieren que regrese. Eso sí, han cambiado los tanques por las togas, la censura previa por la manipulación más escandalosa, la Brigada Político-Social por la "Policía Patriótica", la "paz" del miedo por el culto al Mercado, ese dios que exige sacrificios humanos en el altar de la precariedad, al que todos rezamos cada vez que aceptamos condiciones de mierda porque "es lo que hay". Pero no les basta: el fascismo necesita un chivo expiatorio, un hueso que tirarle al perro hambriento para que muerda al vecino en vez de al amo. Y ahí entra el racismo, el odio al pobre, al diferente. Son las tripas del monstruo mediático, cómo se cocina el odio en los platós de televisión, cómo se sirve la mentira en bandeja de plata en los matinales plagados de tipejos como Ana Rosa o Nacho Abad, cómo consiguen que la víctima se convierta en objetivo. La maquinaria está engrasada para que odies al que llega en patera y ames al que te desahucia, para que admires al que se va a Andorra para no pagar impuestos y desprecies al que propone subir las pensiones. Acabaremos lapidando inocentes arrojándoles los móviles antiguos.

jueves, 5 de marzo de 2026

*Abusón Trump

Salvo para los que le adoran, le tienen por ejemplo o comparten sus podridas ideas, no cabe duda de que Trump es, además de un canalla, un psicópata. A los psicópatas no hay que tenerles pena. Es verdad que son individuos con un trastorno de la personalidad y que actúan de forma impulsiva, pero también de manera consciente y calculadora para obtener poder y control, viendo a las personas como simples instrumentos para alcanzar sus caprichos. A este miserable no le importa nada el dolor ajeno, no tiene un ápice de empatía. Trump es ese ególatra maleducado que piensa que Dios creó lo mejor del mundo para él, dejando la basura para el resto de la humanidad. No sé si es tonto o es listo, ni me interesa. Está claro que es un tipo primario, un gorila sin evolucionar al que sólo complace la riqueza y el poder sobre los demás. Para él y los que apoyan sus tropelías no existe la esperanza, ni la utopía, ni los derechos, ni tan siquiera las leyes. El "bien" le trae al fresco, sólo le interesa la supremacía de los ricos de su raza y la de su Biblia, libro que sigue justificando tanto sus decisiones como las del genocida de su amigo de Israel. Ellos sólo creen en un Dios vengativo, diabólico, psicopático, incapaz de amar. Un Dios que bendice la violencia como recurso de los más crueles para imponerse. Lideran el odio a la cultura, al conocimiento, a la diversidad, a la verdad, a la ternura. Sólo profesan el amor a la riqueza, la crueldad y al abuso, por mucho que se les llene la boca del nombre de Dios para salvar "su" idea de la Civilización. Trump no cree absolutamente en nada más que en su Dios y en el dinero, aunque en realidad es lo mismo. Sueña con un mundo libre de homosexuales, hispanos, negros y orientales, "zurdos", gentes que no fueron creados a imagen y semejanza de su Dios y que, por tanto, son una amenaza para su obra. Hitler también quería salvar la civilización occidental poniendo a Europa entera bajo el mando de una raza blanca superior que sabía lo que convenía a todos: a unos morir, a la inmensa mayoría sufrir y a una minoría disfrutar de los bienes terrenales. Quizá Trump no lo sabe, pero quienes manipulan a ese niñato abusón, primario, maleducado y cazurro, sí: Saben que la única manera que tiene su país de seguir siendo el amo es matando, asesinando a mansalva, en cualquier país del mundo, sin escrúpulos, sin remordimientos, sin mesura. Para eso está él ahí, para acabar con el Derecho Internacional, con la Democracia y los Derechos Humanos.

miércoles, 4 de marzo de 2026

*Crónica de una agresión

Sucedió como suceden siempre las infanias: cuando Irán estaba sentado a la mesa de negociaciones, dispuesto a utilizar la diplomacia para evitar la guerra, las bombas ya estaban cargadas. Ha sido la crónica de una traición anunciada que vuelve a escribirse con sangre sobre el polvo de Oriente Medio. Se hablaba de negociación, pero EE.UU. e Israel pensaban en destrucción. Trump, el fascista y Netanyahu, el genocida, esa hidra de dos cabezas que se alimenta del petróleo ajeno y del supremacismo propio, no conocen otra diplomacia que la del asesinato. No hubo ultimátum. Hubo, simplemente, la decisión de Israel de destruir Irán, otro país árabe, otro país comprometido con la causa palestina. Como ya se destruyó a Líbano, a Irak, a Libia, a Siria. Es el sueño húmedo del sionismo asesino, aderezado con abundantes barriles de petróleo barato. Y, mientras, las empresas americanas de armamento haciendo caja, porque el 5% del PIB de cada uno de los países miembros de la OTAN se les queda corto. Había que darse prisa. Había que aprovechar el efecto de las "revueltas populares" en Irán, esas revoluciones de bandera, esos teatrillos financiados por la CIA para debilitar al régimen y dar cancha al neofascista Reza Pahlaví. Ya contaban con el apoyo incondicional de la ultraderecha internacional, de las acomplejadas y serviles potencias europeas y de esta sociedad de principios derrotados y moral cínica y turbia. A esta sociedad no le gusta Irán. Pero no porque sea un régimen totalitario, teocrático y represivo. No le gusta porque no es una democracia liberal, es decir, sometida a los plutócratas; porque hay turbantes y no corbatas; porque rezan a un Dios que no es el Mercado ni la Socialdemocracia. Prefiere que gane el imperialismo, el que bombardea sin negociar, el que no se inmuta tras asesinar a 150 niñas, el que te chantajea, te amenaza, te desprecia, te somete y te vende el petróleo y el gas que roba mucho más caro que lo que marca el mercado. Así es la gente que se somete a esos sátrapas que habitan los salones climatizados donde no se huele la sangre de los pueblos.

*Historia, memoria y guerra..

No es lo mismo historia que memoria. La historia es esa señora desmemoriada, y a veces impostada, que siempre escriben los vencedores. Pero la memoria es esa cicatriz que nos queda cuando la historia miente. Acabamos de asistir al inicio de una nueva guerra. Aunque yo, más que de guerra, hablaría de agresión. Siempre es lo mismo: estalla un "conflicto" (útil eufemismo para esconder la violencia, el sufrimiento, el dolor y la muerte que genera la guerra) y el que lo provoca impone su relato para justificarlo. Usa términos grandilocuentes (realmente, los babosea) como libertad, democracia, defensa..., inventa un "casus belli", controla y esconde la información y la falsea en beneficio propio. Pasado el tiempo la verdad acaba conociéndose. O, mejor dicho, la mentira queda al desnudo. El responsable, entonces, seguirá con sus falacias y dirá cosas como "que fue un error de cálculo", que fue una "escalada inevitable", una "acción necesaria"; que si las "víctimas colaterales" son inevitables, bla, bla bla. Las únicas que nunca dirán nada son las víctimas. A ellas sólo les toca sufrir. Y enterrar a sus familiares y amigos. Y dejar de vivir. Lo único que siempre escuchamos es el discurso falso y viciado de plutócratas, estrategas, tecnócratas y politicastros de alma podrida que confunden el mundo con un mapa de riesgos, una cartera de inversión, un juego de geoestrategia, una oportunidad de especulación o un campo de enfrentamiento ideológico para conseguir rentas electorales. Pero, lo peor, es cómo ha cambiado la sociedad. Ante situaciones similares hemos pasado en poco tiempo de una reacción general del "No a la guerra" a un limbo de silencio, de indiferencia, de "comprensión", incluso de apoyo a la agresión. Importan más la propia ideología que las víctimas inocentes, el ajuste de cuentas políticas que la ética personal, los intereses económicos que los valores y hasta las creencias religiosas, la falsa seguridad que da la actitud servil hacia el poderoso que la dignidad. Cuando a tanta gente la guerra "le trae al fresco", el futuro deja de existir.

*Porque ella lo vale

Vivimos en un mundo donde cada vez hay más gente pero menos personas. Empiezan a ser legión los que van por la vida con el único objetivo de preocuparse de ellos mismos y esparcir toda la mierda que llevan dentro. Observo cada vez más gente -da igual su edad- que vive en un eterno "su majestad el bebé"; es decir, que no quieren abandonar la fantasía narcisista de haberlo sido todo para sus padres. Con tanto egoísta, con tanto narcisista, es imposible que esta sociedad viva en armonía. Eso es ya una utopía y la realidad, a grandes rasgos, todo lo contrario al altruismo y a la empatía. La gente no deja de mirarse el ombligo. Antes aspiraba a ser la más guapo, la más rica, la más guay... Ahora no. Ahora hay que procurar joder a todos los que no piensen, no sientan, no crean, no amen como tu. Y si son diferentes, son minoría, son más pobres o más débiles, hay que intentar joderlos con más saña. Centrando la atención en ellos nadie reparará en lo absolutamente mierda que eres tu y te sentirás superior. Estoy harto de escuchar a necios egoístas, engreídos y malcriados. Una influencers -otra vividora improductiva más de esta plaga moderna de crear tendencia siendo un imbécil- que vive en Dubai para no pagar impuestos, inmediatamente después de iniciarse la guerra contra Irán, criticó al Gobierno de España por no ponerse en contacto con ella -yo, yo, yo- para repatriarla ipso e hizo un llamamiento a no pagar impuestos. Ofelia Hentschel, se llama este engendro de egoísmo superlativo, que solo tiene el dinero como patria y la necedad por bandera. Sinceramente, a mi preocupan más "los civiles asesinados en cualquier lugar por esta nueva guerra, o las ciento cincuenta niñas que han muerto bajo las bombas en una escuela (porque EE.UU. y el carnicero Israel llevan la "libertad" por igual a un hospital que a un colegio) que lo que le esté pasando a esta cría egoísta, ególatra, lerda y podrida de dinero en el hotel de lujo de un país al que se larga para evitar contribuir a que en el suyo se mantenga la educación, la sanidad, las pensiones públicas... porque 'ella lo vale".

martes, 3 de marzo de 2026

Lo que pasa en Irán

Lo que está ocurriendo en Irán demuestra que estamos ya viviendo, no en una cruel distopía, sino en una realidad indeseable, peligrosa en extremo, caracterizada por la alienación humana, la opresión totalitaria, el colapso ambiental... Vivimos un presente de deshumanización,​ de avance de los totalitarismos, de degeneración de los comportamientos sociales. Estamos sometidos a los caprichos de un tirano sin modales, sin principios ni moral. Nos mienten a cada paso. Y lo que es peor, las masas se rinden alborozadas a la mentira. Se agrede ilegal e impunemente a un estado soberano, justificándolo con mentiras: "El objetivo es acabar con un régimen sangriento, un estado terrorista. Devolverle la libertad y la democracia", dicen. Pero la verdad es que ha sido un ataque jaleado por el genocida estado de Israel para acabar con el último escollo para desarrollar su plan de construir el "Gran Israel". Y, de camino, apropiarse del petróleo iraní, como ya se ha hecho con el de Venezuela. El candidato de Trump para liderar el nuevo Irán es Reza Pahlavi, un títere de EE.UU e Israel que promete vender Irán al capital extranjero. Ya su padre, regaló hasta el 40% de los campos petroleros de Irán a compañías estadounidenses y británicas tras llegar al poder después de un golpe de Estado apoyado por la CIA en 1953. De nuevo Trump ignora, ningunea, chantajea y chulea a los que se creen sus aliados, pero que sólo son sus servidores o sus esbirros. Europa vuelve a practicar el servilismo y el vasallaje respecto al "matón" americano y se suicida moralmente al callar -incluso apoyar- frente a crímenes y violaciones graves del derecho internacional y humanitario. Europa cree que la defensa de los derechos humanos, del imperio de la ley y de la paz, pueden asumirse selectivamente, olvidándolos cuando interesa al sátrapa Yankee. Con ello dan otra vuelta de tuerca al auge del fascismo que, por cierto, está disfrutando con la tragedia de Irán.