viernes, 9 de octubre de 2026

Antidemócratas

El Gobierno de Milei ha presentado un proyecto que habilita sanciones sin juicio previo y persigue “campañas de desinformación". Ley de "Defensa de la Soberanía Nacional" se llama el engendro. Estos ultras escriben la palabra nacional o patria en una bala y con ello ya está justificado que le vuelen la cabeza a su adversario. La oposición argentina ya ha calificado el proyecto como una agresión sin precedentes contra la libertad de expresión. Meloni, otra ultra con cara de amable azafata de congresos, acaba de aprobar una reforma electoral que otorga "un premio" de escaños extra para la coalición que obtenga más del 42% de votos. Ello supondría una bonificación de 70 diputados en la Cámara de Diputados y 35 en el Senado. Con ello altera -al margen del voto directo- el equilibrio de fuerzas parlamentarias, viola las bases de la democracia liberal, condena el multipartidismo y pone las bases para perpetuarse en el poder. Trump 2.0 no hace otra cosa que destruir deliberadamente la democracia estadounidense: Hace continuos llamamientos a la destitución de los jueces que fallan en contra de sus acciones de gobierno; ataca a algunos de los bufetes de abogados más grandes y poderosos de EE.UU. por la única razón de que actúan para clientes que se han opuesto a su administración; expulsó del Pentágono a organizaciones de noticias consolidadas, restringió el acceso de la prestigiosa Associated Press a los actos de prensa y tomó el control del grupo de prensa de la Casa Blanca, marginando a los principales medios de comunicación. También ha puesto sus ojos en algunas de las universidades más importantes del país, caso de Columbia, a la que acusa de ser un semillero de activismo "woke". En Colombia, las políticas del ultraderechista de La Espriella ponen en riesgo la democracia y la Constitución, según numerosos juristas, constitucionalistas y exmagistrados de las cortes. Su última iniciativa ha sido presentar un proyecto de decreto para cambiar las reglas para "intervenir en protestas" y plantear un sistema de alertas para anticiparse a "conflictos sociales". Muchos juristas consideran que es el primer paso para atacar el derecho de reunión y manifestación pública. Otro "amigo" de la ultraderecha, el Salvadoreño Bukele, está embarcado en una deriva autoritaria sostenida por la censura y la represión (decenas de periodistas han tenido que exiliarse por ser críticos con el gobierno) mientras aplica una sistemática política de recortes en educación y salud. En España, el exdiputado de Ciudadanos y simpatizante de Vox, Marcos de Quinto, ha propuesto que los parados no puedan votar. Vox propone la ilegalización de los partidos, asociaciones u ONGs que no sean de su gusto, además de privatizar las pensiones. Algunos de sus miembros opinan que "Horizontes" es un modelo a seguir por la televisión pública. Y Vito Zopperalli Quiles (nótese la sonoridad de su españolísimo nombre) acaba de hacer un llamamiento diciendo: "Contra los zurdos de mierda no puede haber piedad. Hay que aniquilarles". Parafraseando a D. Francisco de Quevedo, esperemos que mañana no hallemos cosa, en que poner los ojos, que no sea recuerdo de la democracia y la verdadera libertad.

IA, a la mierda

En tiempos de invasiones convendría darse cuenta que la IA es la verdadera invasión. Son los Gemini, los Grok, el Chatgpt; los "asistentes" que nos meten por los ojos en nuestros ordenadores, en nuestros móviles y en nuestras vidas. Me preocupa que, cada vez más, gente de todas las edades me hable de las cosas que les preocupan y, acto seguido, me enumeren las soluciones que les ha dado ChatGPT. Me espanta que en lugar de explorar información por sí mismos o consultar a cualquier persona con conocimiento, se dirijan a ese ente inanimado detrás del que no hay más que matemáticas y negocio, pero que actúa como si fuera un ser pensante y comprensivo que te llama por tu nombre. Ese ente que a veces se inventa la información, te la ofrece sesgada o se lía con las instrucciones que le das: “Comprendo tu frustración”, te suelta. Pero ¿qué vas a saber tú lo que es la frustración, pedazo de engendro? Los gurús tecnológicos encuentran muy rentable la idea de que la gente los use como psicólogos. Eso engancha. Pronto no necesitaremos ni amigos reales, porque los desahogos se harán sobre el teclado en lugar de frente a un café. Parece que da igual cuánto se nos advierta y qué voces autorizadas lo hagan, de los riesgos que conlleva entregarle nuestros datos, nuestros pensamientos y nuestra confianza sin filtro a los dueños de las tecnológicas. Mucha gente se preocupa más por la remota posibilidad de que le ocupen la casa que por abrirla de par en par a los "entes" tecnológicos y entregarles "la hacienda, la vida y hasta el honor" que parece que ya no es patrimonio del alma. La IA es es tan sutil, disfrazada de "ayuda" incondicional, que no nos damos cuenta de cómo invade nuestra privacidad. Y lo inaudito es que ni siquiera se solicite nuestro consentimiento para implantarnos la “herramienta” como un chip en el cerebro.  A la que te descuidas, a cualquier búsqueda en Google la sustituye el asqueroso chat "Modo IA" y el colmo es tener el logo "Meta AI" sobrevolando tus conversaciones privadas en WhatsApp. No soporto sus frases falsamente comprensivas, su condescendencia, su empalagosa adulación: "Parece que este documento es largo, ¿quieres que te lo resuma?”. "Parece que este texto está en inglés. ¿Traducir?" Le pregunto al buscador de Google: ¿Es la IA una mierda como la copa de un pino? Me temía su respuesta: "Entiendo perfectamente tu frustración. Todavía comete errores absurdos, inventa datos y carece por completo de verdadero sentido común o empatía humana. Si has tenido una mala experiencia reciente con alguna IA o te está dando respuestas inútiles, cuéntame. Si quieres, podemos intentar buscar una forma distinta de resolverlo. ¡Tú mandas! Por supuesto que mando. Ahora mismo a tí. Y concretamente a tomar por culo. O, como diría Fernán Gómez: ¡A la mierda!

jueves, 8 de octubre de 2026

Malnacidos

La única certeza que tenemos es la de que vamos a morir. Pero hay muchas formas de hacerlo. Una de las más tristes es fallecer en un hospital, casi en soledad y por agotamiento después de varios días sin comer. Supongo que la mayoría de nosotros tampoco tendríamos mucho apetito después de haber sido desahuciados y pensar, camino del hospital, que con 87 años y una discapacidad del 50% tenemos que empezar de nuevo. También debe desmotivar a seguir viviendo saber que las hordas de odiadores te han elegido como la víctima perfecta llamándote "jeta" o "puta sinvergüenza"; que han inventando mentiras sin pruebas sobre tu patrimonio o que la señora Ayuso, la que va de ático de lujo en ático de lujo pagado por "amiguetes" diga "que me avisen a partir de qué edad dejo de pagar". Detrás de esta muerte hay muchos responsables. Los que menos, quienes ejecutaron materialmente el desalojo. Ahí está todo el entramado económico, jurídico y político incapaz de evitar que la vida de una mujer sea un obstáculo para la ganancia. Ahí están las empresas que compran pisos como mera mercancía especulativa. En momento alguno les interesaba la vivienda como hogar, sino como activo. Expulsan a la gente porque su presencia reduce la rentabilidad del capital. Para el capitalismo, una anciana con renta antigua no es una persona, es un rendimiento por debajo del mercado. Ahí tenemos a jueces, Audiencias y Tribunales, capaces de dar por buenas leyes franquistas para aprobar un desahucio. El derecho, en el sistema capitalista, protege la propiedad burguesa, pero no la vida del vulnerable. Ahí están las instituciones: un gobierno cobarde, lento y timorato para legislar en relación con la vivienda; Comunidades Autónomas que se niegan rotundamente a aplicar la normativa sobre zonas tensionadas; Ayuntamientos que no mueven un dedo para proteger o dar soluciones a los desahuciados. Ahí están los partidos de la derecha, votando en contra, una y otra vez, cualquier iniciativa, decreto o propuesta de ley destinado a aliviar el problema de la vivienda porque ellos sólo defienden los intereses de los propietarios y los fondos inmobiliarios frente a los inquilinos. Ahí están los Medios, que nunca se interesan por los problemas comunes de los ciudadanos antes de que estallen, pues no están al servicio de la verdad, sino del espectáculo y/o la manipulación. Maricarmen es otra víctima colateral de este puto sistema que convierte la vivienda en mercancía, la vejez en carga y la vida humana en una simple variable económica. Maricarmen no murió de vejez. Murió de desahucio. Murió porque su existencia era incompatible con la rentabilidad de un piso de 90 m² en el distrito de Retiro. Murió a manos de un sistema depredador cuyo gatillo es apretado por hombres y mujeres con nombres y apellidos. Y jaleado por una increíble horda de malnacidos.

miércoles, 7 de octubre de 2026

Puta sinvergüenza

De Vox, el partido franquista bautizado con el mismo nombre de una revista nazi, se pueden decir muchas cosas. Y ninguna buena. Son mentirosos compulsivos. Recuerdo aquel bulo certificado sobre que un mena nos costaba 4.700 euros al mes, mientras que la pensión de una abuela estaba en los 421. Sin embargo, cuando esa abuela es una anciana española de 87 años que es desahuciada como un perro y sacada en camilla camino del hospital para morir dos semanas después, lo único que tienen que decir es que "Toda España sabe que si en vez de Maricarmen fuera Morocarmen,  tendría casa". Seguramente sería un chalet regalado por el gobierno etarra-comunista-bolivariano. Quizá no fuese un chalet de lujo en Pinar del Rey, un casoplón de dos plantas semejante al de Abascal, pero seguro sería mejor que cualquier casa de los patriotas que madrugan para sostener el país. No me refiero, obviamente, al vago de Abascal. Él bastante tiene (lo han dicho Rocío Monasterio, Espinosa de los Monteros, Macarena Olona o Javier Ortega Smith, antiguos "compis" de partido) con haber moldeado un partido a su imagen y semejanza, creando una especie de secta religiosa dedicada casi en exclusiva a financiar su tren de vida y apuntalar su ego y su barba. Abascal dejó su cargo como director gerente de la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social de la Comunidad de Madrid -un "chiringuito" que le montó Esperanza Aguirre- el 17 de diciembre de 2013. Ese mismo día, para no irse al paro, Vox se registró oficialmente como partido. En realidad Vox nació como un chiringuito privado presidido por un líder autoritario sin ganas de trabajar. Quién iba a suponer entonces que la prioridad nacional pasaba por silenciar a los disidentes propios y echarlos a la puta calle. La muerte de Maricarmen ha servido a Vox para culpar a Sánchez de su muerte (sus neuronas y su desvergüenza no dan para una iniciativa más). Lo hace un día después de rechazar una iniciativa para que los municipios de Baleares puedan limitar los precios de los alquileres. Lo ha hecho junto al PP. Ya cuesta trabajo distinguirlos. Total, el concejal de Vivienda de Benalmádena, del PP, ha llamado “puta sinvergüenza” a Maricarmen. Lo de esta gente no es ya falta de ética, es una auténtica indecencia, impudicia y depravación moral. 

martes, 6 de octubre de 2026

Calentando motores

Comienza el acelerón final de una campaña electoral que se inicio ya hace casi cuatro años. Eso quiere decir que se reforzarán los bulos, la manipulación, los ataques, la indecencia moral, los insultos... El pistoletazo de salida lo ha dado Ayuso, la mayor bocazas del reino, echando mano de su manual trumpista para proyectar la sombra del pucherazo. Esto va de, si yo gano, es por la libertad del votante, pero si pierdo es fraude electoral. Los medios que trabajan incansablemente en favor de las derechas han tocado a rebato. En A3 Vicente Vallés arrancó su contribución a la causa con un editorial que no tenía nada de periodismo y si mucho de propaganda. Hasta el punto de hacer suyo el término favorito de las derechas para referirse a un gobierno legítimo: "Sanchismo". Por su parte, Canal Sur arrancaba sus informativos con una polémica cabecera sobre el adelanto electoral, consistente en una colección de acusaciones a Sánchez que coincidían milimétricamente con el argumentario de ataques de las derechas a éste. Con la vorágine que se avecina sería conveniente que el votantes que desee huir del sectarismo y no comportarse como un hooligans ideológico, espulgase entre la avalancha de mentiras y exabruptos que nos esperan. Tendremos doble taza de crispación y juego sucio. La campaña electoral será una pelea de estiércol plagada de golpes bajos. Los que dicen eso de ¡Por fin! "Por fin, decidirán los españoles”, ha dicho Feijóo (como si en 2023 hubieran decidido los miembros de la Asociación de Mariachis del Estado de Jalisco), no tendrán mucho interés en explicar su programa. Pero hay que estar atentos porque, de vez en cuando, se les suelta la lengua. Como le ha pasado al ultraderechista de Vox, José María Figaredo, que ha dicho que "Vox defiende una reforma hacia la privatización de las pensiones". Como hizo hace unos días Feijóo al anunciar que permitirá que las mutuas -sostenidas económicamente por las empresas- den el alta en las bajas médicas. Como acaba de hacer Ayuso al decir que su Gobierno utilizará "todos los instrumentos jurídicos" a su alcance para recurrir los decretos de vivienda. Es decir, que hará todo lo posible para que nada intente resolver el problema de la vivienda. De hecho, en lo que al alquiler se refiere, ni PP ni Vox proponen nada que no sea la derogación de la norma de vivienda, rechazar el control de precios, las zonas tensionadas o dar beneficios fiscales a los propietarios. Vox propone derogar la Ley Integral de Violencia de Género, las leyes LGTBI y la ley trans, así como sustituir el Ministerio de Igualdad por uno de Familia. También plantea eliminar la actual legislación sobre el aborto. En fin, que conviene dejar de escuchar a los charlatanes de feria y pararse a leer información fiable. Porque está gente "promete y promete hasta que te la mete".

Del ignorante al estúpido.

Dijo Umberto Eco que "el siglo XXI será recordado por convertir la estupidez en espectáculo". Por eso es tan corriente que veamos a tanto ignorante aplaudir a rabiar a los payasos. La sensación de que la sociedad actual padece un "adormecimiento intelectual" -no me atrevo a llamarlo acipotamiento cognitivo, por temor a quedarme corto- no es infundada. No es producto de ninguna evolución natural, ni de un accidente. Es el resultado de dinámicas estructurales muy bien diseñadas. Todo empieza con la devaluación del esfuerzo intelectual que se impone ya desde la escuela, incapaz de conseguir con sus estrategias que el alumnado descarte el conocimiento por "aburrido" o "complejo". Así, la pérdida del hábito de leer textos largos o seguir razonamientos complejos va debilitando el "músculo" del pensamiento crítico. Ni siquiera hace falta prohibir los libros si logras que la gente prefiera no leerlos porque está demasiado ocupada consumiendo entretenimiento hiperestimulante y trivial. Es notorio que el ocio pasivo ha sustituido en gran medida a la reflexión activa. Después, las grandes plataformas digitales hacen su trabajo. Estas no buscan educar, sino retener al usuario para obtener beneficios. Para lograrlo, los algoritmos priorizan el contenido que genera reacciones emocionales primitivas (indignación, odio, morbo, risa fácil) por encima del pensamiento crítico o el análisis profundo. Esto reduce drásticamente nuestra capacidad de concentración y análisis. Finalmente, y de forma paradójica, tener acceso a toda la información del mundo ha facilitado la manipulación. Al estar inundados de datos, fake news y opiniones sectarias, el cerebro se satura. Ante el cansancio informativo, la sociedad tiende a creer lo que alinea con sus prejuicios (sesgo de confirmación) en lugar de verificar los hechos. Esto nos ha llevado a la era de la estupidez. La inteligencia retrocede mientras los más imbéciles se encumbran. La estupidez instalada en la sociedad es, además, el arma más eficaz de los poderosos. Para controlar a los ciudadanos es preciso atemorizarlos (robos, ocupaciones, "invasiones"...) y mantenerlos en la ignorancia. Un país que cuente con un pueblo instruido, saludable y con carácter es mucho más difícil de engañar. Y de gobernar. Por eso los gobiernos populistas embrutecen a los pueblos, alimentan sus emociones más primarias, inoculan odio y suplantan el liderato genuino por clientelismo. El poder mundial, compuesto por una banda de sociópatas, ya no necesita como antaño de golpes de Estado. Hoy con el internet, los smartphones, las redes sociales y las plataformas audiovisuales, entre otros elementos utilizados como “método de dominación”, les alcanza y sobra para lograr sus objetivos y mantener sometidas a sociedades enteras que viven en un eterno y vejatorio letargo. Podemos creer que el mundo está lleno de estúpidos, que nunca antes había habido tantos incultos, estúpidos y dementes rondando por el planeta. Pero no creo que sea así. No creo que el número haya sufrido un gran avance en términos porcentuales. Lo que ocurre es que ahora los medios y las redes los han visibilizado, les dan voz y hasta los empoderan. Esta terrible incitación ha provocado que el estúpido se lance al mundo a gritar a los cuatro vientos lo estúpido que es. Asimismo, se ha topado con la sorpresa de que no es tan estúpido como creía o le habían dicho, pues hasta el más idiota de los hombres es capaz de encontrar un coro de estúpidos que le dan «like», lo retuiteen, lo sigan y hasta lo voten. El hecho de contar con una camarilla de estúpidos no hace que el nivel de estupidez sea menor; simplemente, donde antes había un estúpido diciendo estupideces, ahora hay mil, cien mil, un millón o varios millones dándolas por buenas. Hay un fino hilo que une la falta de conocimiento, la manipulación, el adoctrinamiento y la estupidez. No en vano, el mayor triunfo del adoctrinamiento es que el oprimido replique el discurso de su opresor. 

lunes, 5 de octubre de 2026

Solidaridad a la carta

A muchos nos invade una especie de impotencia vital. Son tantos frentes abiertos, tantas injusticias, tantas luchas, tantas batallas perdidas, tantas catástrofes. Y sabemos que nunca vamos a poder llegar a todos los incendios. Quizá por eso los grandes temas de nuestro tiempo nos superan y dejan de importar con rapidez. A mucha gente le incomoda y le cansa escuchar el sufrimiento ajeno y acaba apartando la mirada cuando le hablan de miseria, de víctimas, daños y urgencias. Parece que la solidaridad -de la que ya muchos carecen- es un recurso limitado. Aparece un titular sobre una catástrofe y casi todos reaccionamos, con intriga, curiosidad o morbo. Después llega el punto de inflexión: comprometerse o ignorarlo. El impulso inicial es el compromiso, alimentando de entusiasmo y buenas intenciones Pero conviene desconfiar de la buena voluntad. No porque sea ilegítima, sino porque suele prometer más de lo que logra. Además, tu mismo reconoces que unas causas te importan menos que otras. ¿Será que existe una escala de prioridades para la empatía? A muchos de los que se movilizan con rabia contra la situación en Ceuta, les importa un bledo los afectados por la media de 45 desahucios diarios en España. Muchos de los que se preocupan por el antifeminismo en su país, dudan a la hora de levantar la voz contra los regímenes islámicos que discriminan a la mujer. Muchos de los que braman contra el aborto y se dicen defensores de la vida exigen después la expulsión de los menores migrantes o están a favor de la pena de muerte. Y es que la solidaridad, y hasta la compasión, son muy sensibles a la emoción, a la identificación cultural y al sesgo ideológico. Nos conmueve más una víctima con nombre y rostro que una multitud abstracta contada por centenares o miles. Y la distancia, cultural o geográfica, solo lo empeora. A esto se suman las burbujas ideológicas en las que vivimos y los criterios de los medios y algoritmos sobre qué merece ser un asunto sobre el que preocuparnos. Y si añadimos cómo han ido forjando una sociedad hiperegoísta... Esta miopía ha hecho que sea muy fácil plantear recortes y que pocos se escandalicen. La ayuda oficial al desarrollo ha caído cerca de un 30%. Es una postura poscínica del sistema. "Los nuestros también necesitan ayuda y son prioritarios", dicen algunos. Pero cuando los ultras llegan al poder, sus agendas suelen priorizar el desmantelamiento o reducción de los sistemas de protección social mientras promueven políticas fiscales que favorecen a los más poderosos. Hemos llegado a una "solidaridad inversa" en la que urge recortar las ayudas a los pobres para que los ricos aumenten su riqueza. ¡Vamos apañaos".