La Primera Guerra Mundial fue, en gran medida, un conflicto por el dominio colonial, el resultado de la feroz competencia entre las potencias por expandir sus imperios en África y Asia. Sin despreciar el papel jugado por el nacionalismo. Jean Jaurès, el líder socialista francés que estaba haciendo todo lo posible por evitar la guerra, fue asesinado por un ultranacionalista el 31 de julio de 1914. El 4 de agosto Francia entra en la guerra. La lección es clara: para ir a la guerra, antes hay que eliminar a quienes se oponen a ella. En 1917 la revolución triunfó en Rusia. Pero su ideología ya corría por las venas de buena parte del cuerpo social europeo. Para derrotarla, la burguesía alentó el crecimiento del ultranacionalismo totalitario. La revolución fue cercenada por la socialdemocracia, aliada al nazismo, en Alemania; por el fascismo en Italia o por regímenes reaccionarios en Hungría y otros países del Este. En España, en 1936, el golpe militar no se produjo porque hubiera una revolución inminente. No había un plan insurreccional preparado. Fue el propio golpe, al romper el Estado republicano, el que desencadenó la "revolución": ocupaciones de tierras, colectivización de fábricas, entrada de los anarquistas en el gobierno..., mientras los comunistas llamaban a la moderación. El golpe no se hizo para evitar una revolución sino para garantizar el mantenimiento de los privilegios de la burguesía industrial, los grandes propietarios agrarios, el ejército o la Iglesia. Fue la brutal reacción de una derecha fascistizada para recuperar el poder en manos del Frente Popular. Deberíamos aprender de todo esto. Porque esos conflictos no han desaparecido. El nacionalismo, la tentación de la guerra como solución, el auge del fascismo... Tenemos que mirar al pasado, no como un cementerio de errores ajenos, sino como un laboratorio de posibilidades no cerradas. Debemos aprender del cielo de las utopías y de las ruinas de los fracasos. El pasado no está muerto y ni tan siquiera es pasado. Está ahí dispuesto a devorarnos.
Vivir es intentarlo infinitas veces
sábado, 23 de mayo de 2026
miércoles, 20 de mayo de 2026
Para Vicente
Si a veces no comprendemos ni nuestra propia vida, cómo vamos entonces a comprender la muerte. Quizá ésta no sea el final de todo sino el principio de algo nuevo. Lo cierto es que los que emprenden el último viaje nunca se van del todo, nunca desaparecen, nunca nos dejan solos, pues siguen habitando en nosotros y alimentando nuestra memoria. Más, cuanto más los hemos amado y más nos han querido, porque en realidad lo que más echamos de menos es su amor incondicional. Conviene expresarlo cuando ya no están. Sería bonito que escribieras algo sobre tu madre o, al menos, pensando en ello. Sería, sin duda, un gran acto de amor, porque escribir, recordar, pensar en ellos, contribuye a que sigan con nosotros, pues la única muerte real es el olvido. Hermano, en estos momentos de dolor sereno y contenido, piensa en las palabras del gran "Gabo": "La muerte deja una herida que nadie puede curar, el amor deja un recuerdo que nadie puede borrar". Un fuerte abrazo.
Golpe judicial
Ya lo advertía Baltasar Garzón en su libro "Los disfraces del fascismo", donde alertaba de la deriva ultra que se había instalado en la judicatura española. Manifestaba allí que el 80% de los jueces y fiscales en España son ultraconservadores. Sabe bien de lo que habla porque el fue una de las primeras víctimas de esa "justicia facha". Garzón cometió dos graves pecados: intentó abrir una causa contra los crímenes del franquismo y demostró, con su investigación, quién era quién en el caso Gürtel. ¡Intolerable!, pensaron los jueces ultras y lo inhabilitaron. Lo condenaron por ordenar grabar las conversaciones de los acusados de la trama Gürtel con sus abogados en la cárcel. ¿Dónde vamos a llegar?, un juez ordenando grabaciones. Da igual que años después el dictamen fuese revocado por el Comité de Derechos Humanos de la ONU, a Garzón ya se lo habían cargado. Ahora el impulso ultra alcanza su cenit para colaborar en la conquista del poder de las derechas. El juez Marchena fue incapaz de averiguar quién podía ser ese tal M. Rajoy de los papeles de Bárcenas. Ángel Hurtado se aplicó en condenar sin pruebas concluyentes al ex Fiscal General del Estado para que fuese inhabilitado. Sin embargo, durante las dos horas de declaración de Rajoy por la trama Gürtel, Hurtado cortó todas las preguntas que, a su parecer, eran "impertinentes" y, pese a las numerosas y concluyentes pruebas, consideró que vincular la trama Gürtel a la dirección del Partido Popular era un "salto al vacío". El juez Peinado cree haber recibido un mandato divino para conseguir, sea como sea, que Begoña Gómez se siente en un banquillo. Sin embargo, y pese a las numerosas pruebas en su contra, los que han instruido y juzgan el caso Kitchen no han considerado oportuno sentar a Rajoy y Cospedal en el banquillo. Las 'ayuditas" judiciales al novio de Ayuso son un insulto a la inteligencia y, un tal Mazón sigue sin ser imputado por su criminal actuación durante la Dana y su posterior arquitectura de mentiras. Ahora, otro juez "amigo" a decidido imputar a Zapatero. La mecánica está perfectamente diseñada y engrasada: Una asociación ultra, preferentemente la fascista Manos Limpias, presenta una denuncia basándose en supuestos indicios, recortes de prensa, declaraciones de corruptos... Da igual. Después se reparten las causas para que caigan en los jueces adecuados a sus ideales. Sospechosamente los calendarios de las vistas coinciden con el interés político del PP. No es casualidad. El objetivo es derribar al gobierno. El poder mediático de las derechas se pone en marcha y acelera el proceso de las sospechas sin base, de la manipulación, de la crispación sin freno ni medida. Se diría que los jueces ultra de la judicatura son la primera linea de ataque cuando las cosas no le salen al PP como quisiera. Tras la pérdida de la mayoría absoluta en Andalucía y a la espera de la bajada de pantalones de Bonilla ante Vox, conviene poner el foco de atención en otro lado y aumentar el grado de crispación para conseguir, sea como sea, que se adelanten las elecciones. El pánico a una debacle electoral ha desata la cacería de la derecha contra Zapatero. El plan es hundir al PSOE para que el incapaz Feijoo pueda gobernar sin asumir el programa de Vox.
martes, 19 de mayo de 2026
Prioridad y ruina moral.
Me inquieta la pregunta: ¿se puede estar encantado de recibir en un solo año a cien millones de extranjeros -por supuesto, turistas-, y a la vez ser xenófobos? La respuesta es evidente para la ultraderecha y la derechita cobarde que le compra el discurso: Por supuesto. Si vienen con dinero, se llaman turistas y son bienvenidos; si son pobres se llaman inmigrantes y hay que echarlos. Eso es la prioridad nacional, lo mismo de siempre, la estrategia fascista de toda la vida: fabricar problemas y avivar el odio en torno a ellos para luego ofrecerse a apagar el fuego. El concepto no es nuevo. Ni original. "Nuestra" ultraderecha, siempre poco dada a trabajar, lo ha copiado de Jean-Marie Le Pen, el que fuese líder del partido de extrema derecha francés, Frente Nacional. Y tiene ya casi 40 años. La prioridad nacional va a ser que los "españolitos" necesitados van a dejar sus trabajos inseguros y mal pagados para servir en la hostelería, recoger las cosechas, trabajar en los invernaderos, la construcción, el cuidado de ancianos y niños, la limpieza de hoteles y demás en las mismas penosas condiciones que ahora tienen los inmigrantes. La auténtica prioridad de las derechas no es la nacional. Ellos priorizan a los fondos buitres extranjeros que hacen cada día más difícil a los españoles acceder a una vivienda. Ellos priorizan conceder becas a los ricos en vez de subir la cuantía a los que tienen menos ingresos. Ellos priorizan la eliminación de los impuestos a las rentas más altas. Ellos priorizan enriquecer a las empresas sanitarias privadas mientras asfixian la sanidad pública. Ellos priorizan los conciertos con la enseñanza privada y la creación de universidades privadas mientras maltratan la enseñanza pública. Ellos defienden siempre las amenazas de un tipejo como Trump aunque afecte negativamente a los españoles. Ellos priorizan seguir defraudando y tener cuentas en paraísos fiscales aunque ello reste dinero a las políticas sociales. Ellos priorizan siempre el interés de los empresarios, oponiéndose a la subida de salarios y mejora de condiciones. Priorizan oponerse a la subida de las pensiones. Ellos dicen que los españoles deben tener prioridad para acceder a ayudas, pero a la vez claman por la eliminación de esas ayudas, a las que ellos llaman "paguitas". Su verdadera prioridad es recortar de forma salvaje el acceso a los servicios públicos a toda la población, da igual españoles que extranjeros. Quieren imponer, hasta donde sea posible, un "modelo americano", donde quien tenga dinero reciba atención sanitaria y pensión, y quien no lo tenga quede excluido. Que nadie se olvide que Vox es el único partido en España que defiende abiertamente la privatización de las pensiones y de la sanidad o la educación. La propuesta de VOX sólo persigue dividir a la población trabajadora, enfrentado a unos sectores contra otros, a los de abajo contra los de más abajo, en nombre del acceso a unos derechos y a unos servicios cada vez más escuálidos y que ellos sueñan con hacer desaparecer. Y lo peor, la prioridad nacional va precedida de una profunda corrupción moral.
lunes, 18 de mayo de 2026
Frase Azaña
Recuerdo una célebre frase de Manuel Azaña: "Si cada español hablase sólo de lo que sabe, se haría un gran silencio entre nosotros que nos permitiría estudiar". Hoy decimos estar en plena sociedad del conocimiento, pero lo cierto es que cada vez son más los que presumen de su ignorancia y la predican a los cuatro vientos. La era del conocimiento y la razón mengua, tiene a desaparecer empujada por la sobreabundancia de cretinos, de imbéciles, de personajes que aprendieron a desaprender y a sentirse orgullosos de ello. La ignorancia se ha convertido en una marca de identidad y, ahora también, en una "prioridad nacional". Desde que apareció internet y los smartphones se convirtieron para muchos en los únicos maestros, todo el mundo sabe de todo, hasta el más ignorante. No hay necesidad de leer como bien dijo una pija inculta y engreída que influye en no sé cuantos cientos de miles de cenutrios. Leer, para qué, si no tenemos que reflexionar sobre nada, si nos dedicamos a seguir las consignas que lanzan unos cuantos politicastros, periodistas zafios y gentuza de variado pelaje, si el odio irreflexivo e irracional se antepone a la razón y al respeto, ¿para qué lo queremos? Los debates ya son estériles, los argumentos se ignoran, las mentiras se acatan, las discusiones parecen bofetadas, la opinión se exterioriza, pero no se piensa y un pensamiento cada vez más retrógrado se está imponiendo en amplios sectores de la sociedad que ya no considera necesario saber si lo que le dicen es verdad o mentira, sin molestarse en pensar si lo que decimos gratuitamente hace daño a terceros, si araña, hiere o mata. Mucha gente ha elegido vivir encabronada, frustrada, dando por perdido todo lo conseguido hasta ahora, sin lucha. Vivimos mejor que nunca pero pensamos que estamos muy mal. Decimos que hay corrupción y votamos a alternativas corruptas. Y como estamos tan mal dejamos que nos roben la Sanidad Pública, que machaquen la Educación, que privaticen la atención a la vejez, que maldigan el conocimiento, el saber y enaltezcan a Vito Quiles y a Ayuso. No somos nadie, y nos empeñamos en demostrarlo con eficacia, con nuestro voto cómplice, con nuestra ignorancia. Es nuestro complejo de señoritingos frustrados. Los auténticos señoritos nos hablan de prioridad nacional y mucha gente cree que eso significa que le tocará más parte del pastel. Y corren a votar a los que quieren acabar con los restos del estado del bienestar. Es una forma de suicidio colectivo como cualquier otra, pero sobre todo es un crimen generacional, una opción que no podemos permitirnos porque es negar a las siguientes generaciones lo que nosotros hemos disfrutado.
sábado, 16 de mayo de 2026
Hipernarcisismo
viernes, 15 de mayo de 2026
Distopía que ya no lo es
La distopía ha pasado de ser tema de novelas y películas de ciencia ficción a convertirse en norma, gracias a esa alianza de tecnoligarcas, gobiernos de ultraderecha y élites económicas que manejan el mundo y a las que poco importa la vida si sus bolsillos se llenan. Los conflictos e invasiones, los territorios arrasados, las personas migrantes maltratadas o los servicios públicos desmantelados forman parte de la nueva cadena de extracción y lucro. Vemos, impotentes, como los gobiernos ultraconservadores avanzan de manera imparable apoyados en la ignorancia, el algoritmo y la brutal manipulación mediática, cercenando todo tipo de políticas sociales. Es el sufrimiento humano convertido en oportunidad de negocio, un sistema al que no le importa destrozar cuerpos, recursos, derechos y vidas para seguir y seguir creciendo. Y, lo peor de todo, con el beneplácito y apoyo de muchos que son y serán sus víctimas sin tan siquiera saberlo. Todo se monetiza, hasta el dolor. El plan es acabar con lo público, arrasar con los mecanismos de protección de derechos, azuzar el miedo y la criminalización de “los y las otras”... y todo ello con el objetivo último de devorar los recursos. Todos. Y la gente, pendiente de sus vídeos de Tik Tok, de sus cuentas de Instagram, de los memes, de las estúpidas propuestas de influencers, de la bazofia de muchos creadores de contenido, del vacío entretenimiento de tantos y tantos youtubers..., no de da por aludida y vive una realidad paralela, permitiendo que la salud, la educación, la vivienda, los cuidados ya no se entiendan como derechos, sino como mercados financieros con los que seguir alimentando al necrocapitalismo y sus secuaces. A esta maquinaria depredadora no le gustan los frenos, le incomodan las leyes, la democracia, las instituciones supranacionales y la sociedad civil crítica. Todo grupo, asociación, organización civil o activista que se muestre crítico o denuncie es atacado de forma feroz: los que sostienen la certeza del cambio climático porque piden poner límites al modelo energético, las organizaciones ecologistas porque cuestionan la destrucción del territorio, los sindicatos porque combaten la explotación laboral, los movimientos feministas y antirracistas porque desafían un sistema heteropatriarcal y racista, las organizaciones de cooperación internacional porque denuncian las consecuencias globales de un modelo colonial que necesita países empobrecidos, extractivismo y fronteras militarizadas. El necrocapitalismo trabaja incansablemente para que las sociedades sean cada vez más individualistas, egoístas, insolidarias, ignorantes y miedosas porque es el marco perfecto para que puedan desarrollar sus planes, no ya con total impunidad, sino incluso con el apoyo de sus víctimas.