domingo, 3 de mayo de 2026

Ruta Cabo de Gata

 RODALQUILAR

El pueblo de Rodalquilar tiene una gran importancia en el Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar por su origen minero.

Puedes disfrutar del Poblado minero en ruinas, Jardín Botánico, la Casa de los Volcanes y las Minas de Oro de Rodalquilar.

EL PLAYAZO

El Playazo es una playa virgen de arena fina y diría que es una de las mas bonitas de la zona rodeada de montañas. En esta misma playa podrás encontrar un castillo llamado Castillo de San Ramón.

Esta playa es de fácil acceso ya que el parking queda cerca.

Si vienes de Rodalquilar o vas, te recomiendo que pares en el Mirador de la Amatista que se encuentra entre los pueblos de la Isleta del Moro y Rodalquilar. 

ISLETA DEL MORO

La Isleta del Moro es un auténtico pueblo pesquero lleno de barcas junto al mar y como no, lleno de preciosas casas blanquitas. También muy recomendable para hospedarse.

En él podrás disfrutar de varias calas que se encuentran muy tranquilas y entre ellas está la Playa del Peñón Blanco, dos imprescindibles de Cabo de Gata para desconectar.

LOS ESCULLOS

Sin duda, Los Escullos, era uno de los imprescindibles de Cabo de Gata que más ganas tenía de visitar y se ha convertido en uno de mis favoritos. Su entorno es espectacular con arena oscura, acantilados y dunas fosilizadas. Incluso puedes visitar el Castillo de San Felipe.

En la Playa del Arco se encuentra la duna fósil de los Escullos que sobresale con unas espectaculares al mar.

SAN JOSÉ

San José es otro pueblo con casitas blancas como estamos acostumbrados a ver en esta zona. Aquí se encuentran dos de las playas vírgenes más conocidas: Los Genoveses y El Mónsul, dos imprescindibles de Cabo de Gata para desconectar.

Entre el Pozo de los Failes y San José, podréis visitar el Molino de San José, aunque en esta zona podéis encontrar por el camino unos cuantos más.

PLAYA DE LOS GENOVESES

La Playa de los Genoveses es una preciosa playa llena de vegetación con una longitud de 1 kilómetro.

Esta playa es de fácil acceso ya que el parking se encuentra a uno escasos pasos. Te recomiendo que madrugues y llegar un poco antes de las 9 de la mañana para aparcar ya que se llena rápidamente y una vez lleno cierran el paso y es imposible acceder ni llegar a la playa. El precio es de 5 euros de 9:00 a 20:00.

Otra forma de acceder es mediante los autobuses que salen desde San José.

PLAYA DE EL MÓNSUL

La Playa de el Mónsul es más pequeñita y en verano muy masificada. En mitad de esta playa se encuentra una roca enorme que le da un toque espectacular a la playa.

Al igual que ocurre con la Playa de los Genoveses te recomiendo que llegues un poco antes de las 9 de la mañana ya que el parking se llena pronto y cierran el acceso una vez lleno. El precio del parking es de 5 euros de 9:00 a 20:00.

También puedes llegar en autobús desde San José.

CABO DE GATA

El pueblo de Cabo de Gata se ha convertido en el lugar perfecto de vacaciones para muchos turistas, además de poder de disfrutar de una playa de 5 kilómetros de largo.

A día de hoy, este pueblo pesquero sigue viviendo de la pesca y por eso te recomiendo que pruebes su gastronomía. No hay nada mejor que degustar su pescado fresco y variado.

LAS SALINAS

Las Salinas de Cabo de Gata abarcan una superficie de 400 hectáreas y es muy importante porque es la única salina de Andalucía oriental que a día de hoy sigue estando en funcionamiento.

Además, es una parada obligatoria en la ruta África- Europa de migraciones de aves. Es muy fácil encontrar flamencos en esta zona entre gran variedad de aves.

Junto a estas se encuentra la Iglesia de Las Salinas. Puedes parar en coche para admirar esta iglesia y disfrutar de la playa con sus barquitas de colores.

ARRECIFE DE LAS SIRENAS

El Arrecife de las Sirenas es uno de los imprescindibles de Cabo de Gata más bonitos que puedes encontrar.

Estas rocas que están formadas en mitad del mar tienen origen volcánico y sus vistas las puedes disfrutar desde arriba en el Faro de Cabo de Gata y el Mirador de las Sirenas.

También puedes avanzar por un sendero que empieza en el parking para tener una vistas desde arriba pero más cercanas o seguir el sendero por el que puedes bajar hasta encontrarte con unas guías de embarcaciones oxidadas donde tendrás unas vistas más cercanas al Arrecife.

No te puedes ir de Cabo de Gata sin visitar uno de los pueblos más bonitos España, NÍJAR. Este precioso pueblo también está lleno de casitas blancas con detalles de color en sus puertas y ventanas, fachadas con macetas y calles estrellas merece completamente la pena ser visitado.

miércoles, 29 de abril de 2026

Paco el Bajo

Debajo de las rimbombantes expresiones de las derechas siempre se esconde algo. Y casi siempre es engañoso. Y casi nunca es bueno. Salvo para ellos, claro. Ahora andan con la monserga de la "prioridad nacional". Para los cristianos despistados que votan derechas, decirles que eso no es ni más ni menos que exclusión, racismo y xenofobia, es discriminación de las personas por su origen, es exclusión hacia el diferente, es una patada en la boca al prójimo que no ha nacido donde tu. La trampa es sencilla: ante recursos escasos, nos dicen, los españoles primero. Y el personal lo compra de inmediato, sin caer en la cuenta que para las derechas los recursos siempre van a ser escasos, haya o no inmigrantes, porque se cargan los impuestos progresivos, y automáticamente desciende el dinero para invertir en servicios públicos, y estos quedan raquíticos, abriéndose paso a privatizaciones que siempre favorecen -es curioso- a empresas amigas. Es sistemático. Allí donde gobiernan las derechas, el deterioro de los servicios públicos va de su mano, porque su auténtica y real "prioridad nacional" es el negocio por encima del bienestar colectivo. Así que nadie se engañe, esa “prioridad” que han pactado las derechas significa dejar sin atención médica y sin vacunas a niños y niñas según su origen, o tal vez sin menú escolar. Significa dejar de atender a una mujer que ha sufrido violencia, porque sea peruana, armenia, marroquí o congoleña. O acaso dejar morir sin atención médica a un trabajador que ha sufrido un accidente laboral, porque le delata el color de su piel. Qué buenos cristianos son esta gente. Para ellos su verdadera urgencia es imponer su idea de Patria, esa patria cateta, casposa y reduccionista que se retrotrae al franquismo, la que sueña con regresar a los "valores tradicionales", al catolicismo de rancia sacristía y de única religión posible y "verdadera", a la escuela en manos de la Iglesia, al matrimonio como "dios manda", las mujeres en casa y obedientes, las personas gais y lesbianas perseguidas y encerradas, los pobres y los gitanos (ahora los inmigrantes) tratados como "vagos y maleantes" porque "ensucian" las calles y una sociedad de orden, en la que se sepa bien quién es el patrón y se agache la cabeza ante el señorito. El problema de algunos es que se creen señoritos y no van más allá de ser como Paco el bajo de los Santos Inocentes.

martes, 28 de abril de 2026

Patógenos políticos

Hace ya años que la política nacional se nos va llenando de tipejos patógenos llegados a este mundo, primero, a medrar en beneficio propio y, después, a empozoñar la convivencia con mentiras sin fin y propaganda barata. Es fácil distinguirlos. Son los mismos que muestran sin pudor actitudes racistas, xenófobas, que rechazan el derecho a la igualdad de las mujeres, niegan los asesinatos y la violencia machista, califican de "fanatismo climático" el calentamiento del planeta y los efectos letales de las emisiones contaminantes, reniegan de Europa, acosan a periodistas o callan ante ello sin pudor. Son patógenos cínicos, fanáticos, canelos, perrunos que se mean en la ética y la razón sin sentir ningún pudor y actúan, viven y cobran buenos sueldos a cuenta del común -y algunos trincan por detrás- amparados por la Constitución democrática de 1978, que dicen defender pero que, en el fondo, ignoran y desprecian al igual que la democracia, la igualdad y el Estado de derecho. Son los fans del matón de la Casa Blanca y del genocida Netanyahu. Los que un día dicen que habría que "empezar a fusilar a 26 millones de hijos de puta", refiriéndose a personas con ideologías contrarias a la suya, y acto seguido prometen "echar de España a ocho millones de personas, inmigrantes e hijos de inmigrantes. Ahora han retomado su mensaje de odio rehabilitando el concepto empleado hace cuarenta años por el fascista francés Jean-Marie Le Pen: "La prioridad nacional", para hacernos creer que si algunos servicios de la sanidad pública están colapsados y funcionan mal o si faltan plazas escolares o si hay poca vivienda y es muy cara o si las ayudas a la dependencia llegan tarde y las pagas del mínimo vital, más tarde todavía, o que las pensiones corren peligro, o que el trabajo es precario y está mal pagado, no es debido a sus políticas de recortes, privatizaciones o apoyo incondicional a los buitres de la economía. No, qué va. Todo es culpa de los inmigrantes. Si no te llega para comprarte una casa o pagar el alquiler, si tú contrato indefinido vale lo que un yogurt caducado, si tu jefe te paga un sueldo insuficiente, si te han dado cita médica para dentro de año y medio, si en la clase de bachillerato de tu hija hay 39 alumnos, si no te toca la primitiva ni tienes ya el pelazo que tenías con 20 años, la culpa, que lo sepas, la tiene el "morito" que te vende klinex en el semáforo. Sólo hay que ver la que liaron los inmigrantes con los ancianos de las residencias de Ayuso durante la pandemia del coronavirus, o la pésima gestión que hicieron de la Dana de Valencia. Cuando los echemos a todos volverá a manar leche, miel y vino de los manantiales.

lunes, 27 de abril de 2026

Vínculos

En algunos viajes me he detenido a observar esas placas que honran la memoria de las víctimas del fascismo en la segunda guerra mundial y rinden homenaje a los que lucharon por la libertad, la democracia y en contra de la barbarie nazi. Me produce una sana envidia. También me provoca calma estar en esos lugares de recuerdo. La calma que produce saber que hay personas empeñadas en no olvidar. En estos tiempos de neofascismos, guerras y barbaries, en los que es cada vez más posible no ver el daño que producen en las personas el odio, las bombas y los genocidios, ver nombres que resisten al silencio es una forma de no normalizar lo inasumible. A través de esos nombres desconocidos, que, en realidad, representan a mucha gente de muchos pueblos de muchos lugares, se puede ver cómo las guerras atacan no solo los cuerpos, sino también los vínculos. Las guerras dejan heridas en las personas que se arrastran muy lejos en el tiempo. Las guerras no son solo en el momento, se prolongan después. Impulsadas por una lógica en la que hay dos bandos para estar y, de ambos, solo uno es legítimo. La huella que queda después de la guerra es siempre larguísima. No únicamente en el territorio, también en los cuerpos, en las cicatrices, en la sangre que recuerda el miedo, en la posibilidad de hablar si estás del lado de quienes ganaron o de tener que permanecer callado, apretando los labios, si tu lugar es el otro. Reconstruir los vínculos desde esa lógica, con la rabia pegada al cuerpo y la tristeza y el miedo anidados en la cabeza, es difícil. Y más cuando se legitima que hay vidas que se pueden llorar y otras que no merecen ser lloradas. Nunca les pregunté a mis abuelas cómo lo hicieron, cuánto tiempo tardaron en reconstruir los vínculos, cómo pudieron intentarlo siquiera en un clima de terror, de dolor, de pena, de silencio impuesto. Solas, luchando sin medios para sobrevivir porque de eso dependía la supervivencia de sus hijos. Seguro que algunos de los vínculos quedaron definitivamente rotos. Incluso cuando, pasado el tiempo, seguía sin haber una tumba a la que ir a llorar, a honrar, a recordar. Pero sé que ellas, como muchas otras mujeres, que llevan la herencia de generaciones anteriores, buscaron formas de reconstruirlos, de volver a generar comunidades que otros quebraron. Porque ahí, justo ahí, en el vínculo, está la esencia de la posibilidad de sobrevivir. Sólo cuando todas las personas que sufrieron una guerra reconocen que hubieran querido que eso no pasase se dan las condiciones para la reconciliación. Qué lejos seguimos estando de esa posibilidad.

•¿Dónde la cagamos?

¿Cuándo la cagamos? ¿Quién pensó que la gran cantidad de datos disponibles en la era de la información digital iba a producir ciudadanos informados?. Los creyentes en que una ciudadanía informada era fundamental para la libertad y la democracia no dan crédito. ¿Cómo es posible que la mayor superpotencia del mundo esté poblada por una de las sociedades más estúpidas en su conjunto? La suposición fatídica fue la de que los ciudadanos, ellos solitos, elegirían pensar y aprender, en lugar de seleccionar cuidadosamente las aplicaciones, las plataformas, las redes, los posts, los podcast, los videos y los programas de televisión que reforzaran su ignorancia cultural, de consumo, científica o política. Especialmente la política. Nunca hubiese imaginado que íbamos a perseguir el espectáculo prefabricado, la ciencia basura, los rumores morbosos o los bulos en bucle. Al final la gente, en vez de aprender, niega. Se traga mentiras como ruedas de molino y llega a aceptar las "pruebas bíblicas" de que Adán y Eva pasearon por el Edén sobre el lomo de dinosaurios o las grandes aportaciones a la democracia que hizo el Emérito. Esto sucede cuando se equipara la democracia con el derecho de opinión de cada individuo, aunque sea la más ridícula. Al fin y al cabo, los tontos escogen tonterías, por eso se llaman tontos. La estupidez cultural no sería tan mala si no fuera autorreproductiva y viral, y propensa a colocar gente estúpida en el poder. Todos, en algún momento, mientras observábamos al jefe, nos hemos tratado de explicar cómo terminó ese tarado a cargo del lugar. Imaginemos −y no hace falta demasiada imaginación− a un tipo fondón, de mirada de lagarto con mala leche, con una arquitectura capilar de dudosa ingeniería que más bien parece un tupé plastificado, barnizado como un merengue industrial, que a diario se sienta en su despacho rodeado de lameculos dispuestos a ordenar guerras o derrocar gobiernos llamando a todo eso "defensa de la libertad", soltando a cada momento declaraciones infames, publicando vulgaridades, insultando a todo aquel que no le baila el agua y −sobre todo− contradiciéndose a sí mismo con la soltura de quien ha convertido la incoherencia en sistema e insultando a la inteligencia. Este personaje anuncia aranceles a diestro y siniestro, guerras comerciales, anexiones territoriales, invasiones, bloqueos... Y el mundo, una gran mayoría del mundo occidental, le obedece o le consiente. Pero como la mayoría se beneficia materialmente del sistema, pues no pasa nada. La ignorancia "intencional" te permite disfrutar de mercancías más baratas producidas por mano de obra esclavizada, tanto extranjera como -cada vez más- doméstica. Permite también el robo intimidatorio de recursos y bienes de países débiles, para no mencionar la capacidad destructiva del capitalismo tardío que agota todos los recursos planetarios indispensables para la conservación de la vida. Y no digas nada, porque la respuesta está servida: "Mira, rojo cabrón, nunca he visto una fábrica clandestina y no me creo que haya niños asiáticos encadenados en un sótano. Eso es tan mentira como el cambio climático, maldito fanático. Además, qué me importan a mi los chinos, los negros, los latinos... Puede que muera antes de tiempo por comer subproductos de carne no identificada ensopada en químicos residuales, ¡pero moriré teniendo un coche de alta gama, un iPhone, un televisor de alta definición de noventa pulgadas, un pisito con una hipoteca como dos grilletes y no se cuantísimos followers en mi patético perfil de Instagram. Es la gran huida hacia adelante de nuestra época: moverse para no tener que pensar, consumir para no tener que sentir, indignarse en las redes para no tener que actuar en las calles, tragarse las mentiras para no tener que enfrentarse a la verdad.


domingo, 26 de abril de 2026

•Patriotidad nacional

A muchos votantes de las derechas les parece obvio que la "prioridad nacional" les servirá para mejorar su situación; para, sin demostrar mérito alguno, adelantar en la "cola" a todos los inmigrantes, pues de eso se trata, de despojarlos de la categoría de personas y colocarles el distintivo de discriminados por ley. Estos votantes ilusos se equivocan doblemente. Por un lado porque esperan "heredar" ayudas, prebendas y privilegios que la derecha adjudica a los inmigrantes pero que en realidad no existen. Por otro lado porque nadie les dice que, de heredar algo, lo harán en las mismas miserables condiciones con las que lo "disfrutan" esas personas. Por ejemplo, ¿creen estos ilusos que podrán ocupar los trabajos que desempeñan los inmigrantes (nadie se lo impide ahora) pero eliminando las condiciones de precariedad, bajos salarios, nulos derechos y explotación laboral que los caracterizan?. La "prioridad nacional" es un nuevo bosque para que los ilusos no vean los árboles que la derecha tala. Sus partidos, da igual Vox, PP o Junts, basan su estrategia en acusar al más vulnerable de todos los problemas que ellos provocan con sus políticas de recortes de servicios públicos, sus bajadas de impuestos a los más ricos allá donde gobiernan y sus discursos de odio. Su reclamo electoral es la bajada y eliminación de impuestos sin explicar que, para cuadrar las cuentas, han de pasar las tijeras por todas las partidas presupuestarias que sostienen el estado del bienestar. Mientras, en paralelo, ayudan a fondos de inversión y élites económicas a ganar cada día más a costa de mermar los servicios públicos. Y en ese contexto aparece su estrategia de "prioridad nacional". Primero adelgazan el estado del bienestar todo lo que pueden allí donde gobiernan: recortan plazas y profesorado de la educación pública, degradan las condiciones de trabajo en la sanidad pública, recortan el presupuesto en ayudas de cualquier tipo, al estudio, al cuidado de personas dependientes, a la investigación… Porque, a ellos, los "nacionales" pobres les importan una mierda. Sólo hay que ver cómo votan sistemáticamente "no" a todas las medidas destinadas a ayudar a las familias, a reducir el impacto de las subidas de precios, a la subida de pensiones, de salarios, de ayudas al alquiler... La " prioridad nacional" es su nuevo eslogan publicitario, un señuelo que, como era de esperar, ha triunfado espectacularmente nada más nacer, pues parece prometer privilegios por el sólo hecho de haber nacido aquí. En realidad, iluso votante, te están diciendo, no que van a mejorar tu situación, sino que estarás por delante de otros a la hora de disputar las migajas de esas ayudas, de esos servicios, de esos derechos que ellos están machacando a diario con sus políticas. No te prometen que vayan a mejorar tu acceso a la vivienda, tus condiciones de jubilación, tu salario, la calidad de la educación de tus hijos o la atención sanitaria. No te dicen que vayan a acabar con el trabajo precario o la explotación laboral, sino que tú tienen más derechos que otros a ser explotado o a recibir servicios cada vez más precarios. Así que ve echando el ojo al semáforo "más rentable" de la ciudad, pues pronto podrás reclamarlo y ocuparlo por delante del "moreno" que ahora lo disfruta. Ya se están publicando ofertas de trabajo buscando "patriotas blancos" para recoger uva, con un salario de 400 euros al mes, 10 horas de trabajo diario, seis días a la semana, sin contrato, sin seguridad social, sin cotización, sin derecho a paro. Menudo chollo esto de la prioridad nacional.

viernes, 24 de abril de 2026

•Cristofascistas

La ultraderecha habla mucho de nuestras tradiciones. Por supuesto, ellos deciden por todos cuáles deben ser. Y algo en lo que insisten con frecuencia es en que nuestras tradiciones son esencialmente cristianas. Pero el cristianismo de la extrema derecha es de lo más selectivo. Se salta aquello de ayudar a los necesitados, de ser misericordiosos y de amar al prójimo. Es más, se salta prácticamente todo el Evangelio. Porque no es el mensaje de Cristo lo que interesa a los ultras, ni el cristianismo como sistema moral. Lo que les pone de verdad es el papel que ha desempeñado el catolicismo en la creación de regímenes de exclusión, jerarquización y opresión. Les encanta esa tradición cristiana que decide quién pertenece al grupo y quién está fuera, que establece o legitima jerarquías sociales, que disciplina moralmente al personal, coloca a la mujer "en su sitio" y persigue a los "disidentes", sean estos homosexuales, pro abortistas o partidarios de la eutanasia. El cristianismo de la ultraderecha es el de Torquemada y los carlistas. Es catolicismo de penitencias, castigos, hogueras, infiernos y deportaciones, salpicado con un poco de folklore: comuniones, bodas, bautizos, romerías y pasos de Semana Santa-. Quizá por eso ahora se han pasado de frenada y han chocado hasta con los obispos por aquello de la "prioridad nacional". Su secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal ha pedido "prioridad de Evangelio" frente a la "prioridad nacional" que propone Vox.  Y ha asegurado que la Iglesia "no estará nunca" de acuerdo con medidas que traten de "excluir o anular al otro". Es igual. Los cristofascistas están abrazados al catolicismo de Torquemada y Teresa de Ávila, de la Inquisición y de los místicos a los que nunca han leído ni entendido. Su cristianismo es el de dictadura teocrática llamada nacionalcatolicismo, la que fundió la cruz y la espada para justificar una guerra civil. Para los nostálgicos del régimen, el Papa Francisco no era más que un marxista con sotana y creen -con Trump- que León XIV también les ha salido rana. La extrema derecha española ha llegado incluso a acusar a la Iglesia de lucrarse cuidando a migrantes. Ahora su fervor está del lado del dirigente genocida de Jerusalén que dice tener las escrituras del Gran Israel, firmadas por el de arriba con la sangre de sus enemigos. Esta gente lee los Evangelios por los bordes, a través, en diagonal, seleccionando palabras hasta que acaban diciendo exactamente lo que quieren que diga. La fe de esta gente, como la de Ayuso, vive en el barrio de Salamanca, en think tanks neocons, en podcasts de la fachosfera y en la teología política de los nuevos libertarios: esos que han revelado que Dios es, después de todo, un partidario del libre mercado y que la principal bienaventuranza comienza diciendo: "Bienaventurados los ricos..." Es lo que tiene despreciar a los Papás comprometidos, a los curas de barrio que se toman en serio la doctrina social. Desprecio por quienes hacen voluntariado en Cáritas o en Cruz Roja, por quienes hacen lo que el Sermón de la Montaña, leído sin filigranas, manda hacer. Ellos se cuelgan la cruz lo mismo que se adornan la muñeca con la banderita: sin importarles en absoluto el significado real del símbolo. Su cruz es un signo identitario, un adorno ideológico, la insignia de los que han decidido que su equipo ganó y que ahora el símbolo les pertenece.