miércoles, 12 de agosto de 2026

FOMO

Hoy haces una bazofia musical con 2 acordes pegadizos y la misma frase repetida 750 veces y te haces millonario, y te llaman "artista talentoso". Nada que objetar a que a tanta gente le guste la bazofia. Pero llamar a eso cultura es otro tema. El problema es que la cultura se ha mercantilizado y ha caído en las fauces del negocio hiper consumista. Libros de todo tipo llenan las mesas de novedades en las librerías, libros fruto de la sobreproducción editorial que sufrirán la velocidad desbocada con la que se renuevan esas mesas. Mucha producción cinematográfica, y muchas salas de cine prácticamente vacías. Espectáculos teatrales por doquier. Estamos a la espera de que alguien convierta el telediario en un musical que se exhiba en la Gran Vía. Y conciertos hasta en la sopa. Parece una glotonería cultural irrefrenable aunque debajo del fenómeno está el síndrome FOMO: el miedo a perderse algo, impulsado a menudo por la necesidad de validación social, la hiperconectividad digital y una profunda inseguridad personal. Si no has estado, si no te has un hecho un selfie o grabado un video para demostrarlo, eres un Juan Lanas. Durante todo el año, las recomendaciones algorítmicas de las plataformas copan nuestra atención para que, en los meses de invierno, hagamos maratones de series con sofá y mantita. Y, en verano, más de lo mismo pero trocando la manta por el aire acondicionado. Podcasts de entrevistas y de ficción guardados "para escuchar después". Listas de reproducción casi infinitas en plataformas de streaming musical. Viajes, escapadas de fin de semana, vivir experiencias singulares... Somos unos tragaldabas sin un gramo de disciplina gracias a que la industria cultural (toma oxímoron), una de las más poderosas y tóxicas del planeta, mantiene equipos de genios cuyo único propósito es manipularnos para aumentar sus beneficios. En este contexto, las "creaciones culturales" tienden a asimilarse a objetos de consumo, que, como cualquier otro consumible y siempre según las leyes del mercado, deben ser adquiridos y desechados cuanto antes. Así, con nuestros cuerpos sumidos en un perpetuo estado de agotamiento y sobreestimulación, la industria cultural viene a llenar de contenido hueco nuestro espacio y tiempo de ocio, empujándonos al afán por aumentar nuestro capital social y cultural a base de consumo. El problema viene cuando la venta continuada de contenido provoca inseguridad, sobreestimulación, estrés, malestar, enganche durante horas, cansancio y sensación de vacío. Ante la ansiedad generalizada por querer llegar a todo, verlo todo, leerlo todo, estar en todo, nos queda el gusto de perdernos cosas pensando que la tranquilidad, la desconexión y el buen vivir son también importantes.

martes, 11 de agosto de 2026

Gafas de eclipse

Los expertos insisten en que no se mire directamente al Sol durante el eclipse y que se usen gafas homologadas. Esto, en un mundo plagado de negacionistas, conspiracionistas, ignorantes de baba, "cuñaos" de todo a cien y lelos entregados a las manipulaciones y paparruchas de Iker Jiménez, sólo puede invitar a que los más imbéciles ejerzan de tales. Ya puestos yo homologaba la inteligencia. Sólo el Ministerio de Ciencia e Innovación y la ONCE van a repartir gratuitamente 2 millones de gafas homologadas para poder observar el eclipse. Qué ganitas tengo de que una vez que la Luna y el Sol retomen sus órbitas los españoles volvamos a la normalidad. La pregunta es ¿y qué hacemos con tanta gafa para "no ver" Yo lo tengo claro. Me haré con unas para, por ejemplo, ignorar a los que dicen que no querer que a una mujer la degüellen es ideología. O para no ver a los que han paralizado un proyecto de Israel de rodear de cocodrilos una cárcel para palestinos por “bienestar animal”. O para no ver ni en pintura a Trump tras haber firmado una orden ejecutiva para reducir las vacunas infantiles en pleno aumento de casos de sarampión en EEUU y cuando aumentan las paperas y la rubéola. Éstas gafas son las mismas que se ponen los que ven bien que Figueredo, el dirigente de VOX, anime a salir a "cazar" a los inmigrantes que llegaron a Ceuta. Las mismas que usan los que se ríen leyendo un tuit del diputado del PP Sergio Sayas criticando a Sánchez por no asumir responsabilidades en el "asalto a Ceuta" y asegurando que "Esta semana nos entretendrá con el eclipse" Son las gafas que se ha puesto Felipe VI para el posado con el agitador ultra Javier Negre. O las que lleva
Elon Musk cuando difunde la clásica milonga de que "Hitler fue socialista". Las mismas que se calzan los que apoyan al
exdiputado de Ciudadanos Marcos de Quinto cuando propone que los parados no puedan votar. O las de los jóvenes que votan a la derecha en cualquiera de las comunidades del PP que bloquean solicitudes de zona tensionada en municipios con los precios de la vivienda disparados. O las que ven detrás de tipos como el vicepresidente de Mallorca -de Vox- a gente honesta pese a saber que la Fiscalía lo investiga por el uso fraudulento de los coches del Consell. Las mismas gafas de los que no se manifiestan ante la agresión homófoba a unas menores al grito de "Viva Franco" en Benialí. O las de los que no se inmutan porque los talibanes excluyan de la educación secundaria a 2,4 millones de niñas afganas. Al final el eclipse se recordará como el día cuando la gente subió 5 millones de memes de gatos con gafas oscuras y 14 millones de selfies en lugar de mirar el cielo.

lunes, 10 de agosto de 2026

Las vacaciones no son lo que eran

¿Qué necesidad tenemos de joderlo todo? En estos días de asueto estival a uno le apetecería salirse del guion de la prisa, del agobio, de la crispación. Pero, coño, es que no te dejan y, mires donde mires, no puedes dejar de poner la lupa en las miserias cotidianas que nos rodean por todas partes. Hubo una época en la que irse de vacaciones era algo tan ridículamente sencillo y revolucionario como desaparecer y desconectar. No dabas explicaciones a nadie ni tenías que demostrarle nada a nadie. Bastaba con encontrar un rincón con sombra, una poza con agua fresca, abrir un libro en papel, echarte una siesta de tres horas sin remordimientos, hincharte a cervezas y volver a tu casa con la certeza absoluta de haber desconectado el cerebro. Ahora parece que salir a descansar sin mostrarle un show al resto del planeta es un fracaso social. Sales de vacaciones como el que va a una competición, como el que movilizan al frente de batalla. Tienes la sensación de que los lugares de vacaciones ya no son lo que eran. Ahora todos están mucho más petados. Hay gente en las playas, en la montaña, en cualquier capital europea, en los pueblos... ¿De dónde sale tanta gente?Y todo está mucho más preparado para sacarnos los cuartos. En las playas hay épicas batallas por la sombra y por la arena. La guerra de las sombrillas habla de la masificación del turismo. Hay más gente, menos espacio y la sensación de que todo está petado. Pero también cuenta que hemos convertido las vacaciones en otra carrera. El apartamento hay que reservarlo antes de Navidad, la mesa en el restaurante días antes, un taburete en el chiringuito es un tesoro y reservar una paella en cualquier sitio es una heroicidad. Pero si hay que hacer largas colas hasta para el helado en el paseo marítimo. Las calles de cualquier lugar turístico son un estruendo de chancletas y miles de cámaras de móvil te rodean por cualquier parte. Ahora la gente no va a descansar. Vacacionar requiere estrategia, planificación, madrugones, largas esperas y bulla en cualquier parte. Es la misma ansiedad con la que vivimos el resto del año, solo que en chanclas y con un look imposible. ¡Cómo hemos cambiado! Antes nos valía con la neverita y los filetes empanados en la playa. Ahora queremos que las vacaciones sean una experiencia única y viral, pero nunca están a la altura de lo que hemos pagado. Por eso casi siempre decepcionan. Antes volvías de vacaciones, revelabas las fotos y las enseñabas. Ahora no has salido del portal y ya has subido tres selfies. Y, al volver, acumulas miles de fotos que aburrirían al Santo Job. Al final, la mejor historia para contar es la bronca por ese metro de playa que te llevó a partirle el palo de la sombrilla en la cabeza a ese neopijo rural que quiso ponerte la toalla dentro de la sombra de tu parasol con publicidad de cervezas El Águila.

domingo, 9 de agosto de 2026

¿Austeri qué?

Basta con quitarse las gafas del sectarismo ideológico y mirar un poco para darse cuenta que los pactos de PP y Vox nos salen caros, muy caros. En la Andalucía del falso Juanma Moreno empiezan a mostrar su cara. Los pactos han convertido la gestión pública en una operación de propaganda. Juanmita presume de austeridad mientras multiplica los altos cargos para beneficio propio, creando nuevos puestos de confianza y entregando competencias sensibles a la extrema derecha, mientras que miles de personas esperan una cita médica, una valoración de dependencia, una plaza residencial o una respuesta eficaz frente a la violencia machista. PP y VOX hablan de eficiencia mientras derivan recursos hacia "sus" empresas privadas; invocan la defensa de los ciudadanos mientras debilitan o privatizan los servicios públicos. La factura de esa contradicción la pagan siempre los mismos: las clases trabajadoras, las mujeres amenazadas, las personas mayores, quienes padecen enfermedades graves y las familias sin capacidad económica para "comprarse" una solución privada. El nuevo gobierno andaluz mantiene 13 consejerías, pero incorpora 13 altos cargos más. La explicación oficial es que se trata de una reorganización necesaria. Sí, necesaria para crear trece nuevos sueldazos, más los de asesores, secretarios, jefes de comunicación... que aquellos conllevan. Todo para tener contenta a la ultraderecha. Dicen que lo hacen para que la Administración funcione mejor pero se callan que ello implica menos medios y servicios públicos. El propio informe económico y financiero de la Consejería de Presidencia, contempla un incremento de costes de 2,7 millones de euros por las nuevas vicepresidencias y puestos eventuales, además de 730.000 euros por nuevas direcciones generales y cargos en consejerías. ¿De dónde sale el dinero? De la llamada “desdotación” de plazas y de la "minoración de otras partidas presupuestarias". O dicho de otra manera: "Quítalo del servicio a los ciudadanos y dáselo a VOX para que estén contentos y nos mantengan en el gobierno". La propaganda habla de "adelgazar la Administración" pero la realidad es otra: se recortan trabajadores y servicios mientras se multiplican los altos cargos. Se predica austeridad para los servicios públicos pero se practica la generosidad con el aparato político. En Madrid no se adopta una sola medida para paliar el problema de la vivienda, pero se le compra con el dinero de los madrileños un ático de lujo a su presidenta. Total, si sólo son 6,3 millones de euros de nada.


viernes, 7 de agosto de 2026

Riles

Pero, ¿qué mierda de mundo estamos creando? Con veintipocos años, un chaval empieza a imprimir brazos con una impresora 3D en su casa para personas amputadas. Poco después pública en redes una entrega de sus prótesis en Kenia. A partir de ahí le llueven las críticas, los comentarios desagradables y hasta los insultos: "¿Por qué te vas fuera si aquí también hay gente que lo necesita?", "primero ayuda a los tuyos", "¿y en España qué?", "¿te van los negritos?. Comentarios como éstos sólo pueden provenir de un inmenso montón de mierda. La poca tolerancia hacia quienes lo necesitan solo por haber nacido en otro lugar del mapa por absoluta casualidad sólo puede ser producto de auténticos sociópatas. Son, además, ignorantes patológicos. Les da igual saber o no que el 33% de las prótesis que el chaval fabrica se quedan aquí. Estoy seguro que estos imbéciles de mala baba no habran ayudado nunca a nadie. Ni a extranjeros ni a compatriotas. Ellos solo saben joder a los demás. Seguro que no tienen "riles" de criticar que una empresa española exporte a Kenia o fabrique en Marruecos, pero que un proyecto social cruce fronteras despierta en sus obtusas mentes sospechas y hasta xenofobia disfrazada de patriotismo. Esta gentuza es incluso capaz de dar un "me gusta" a un colega que fue a Kenia a pintar la fachada de un colegio para subirlo a Instagram, pero se encabronan si un chaval va a entregar algo que allí no existe: una prótesis funcional para alguien que nunca pudo agarrar un vaso de agua. En fin, no quiero calentarme porque se que la gente mezquina, como las alimañas, siempre ha existido. Los cretinos certificados muestran patrones universales pero, sobre todo, son reconocibles por su aplastante mediocridad, su mala leche innata y por tener la lengua muchísimo más larga que el conocimiento.

martes, 4 de agosto de 2026

Puto móvil

Las plataformas online pueden contribuir a la sensación de integración social. ¡Ya! También generan la percepción de tener multitud de amigos. Pero se trata, en la mayoría de los casos, de una simple agregación de contactos que no reemplazan las amistades más o menos íntimas, las auténticas. Se enmarcan en la instantaneidad y sus vínculos son frágiles, cuando no superficiales, inconsistentes o falsos. Por ello acaban generando sensación de vacío: de soledad entre la multitud. Se busca pertenencia, pero lo que se obtiene es una popularidad efímera en base a "me gustas" o a comentarios vacíos. Vivimos en el móvil. Agazapados y sumergidos en la pantalla que nos conecta con el más allá y nos desconecta del más acá. Somos yonkis del aparatito. Parafraseando a Quevedo (el poeta, no el rebuzna frases con rima facilona) "somos hombres a un móvil pegados". En solo una década, hemos pasado de caminar con los cinco sentidos, de observar a nuestro alrededor, de mirarnos a la cara y de prestarnos atención, a movernos cabizbajos y ausentes de la realidad presencial. Incapaces de despegar los ojos de las interfaces tecnológicas más de cinco minutos. Y, entre mirada y mirada al móvil, se nos va la vida.

domingo, 2 de agosto de 2026

Ceuta

Aunque la gente tiene mala memoria, lo ocurrido hace unos días en la frontera entre España y Marruecos no es nada nuevo. Ya ocurrió algo similar en mayo de 2021, cuando Marruecos abrió deliberadamente los controles y dejó entrar a miles de personas como represalia diplomática por la acogida de un líder saharaui en un hospital español. Y ocurrió también mucho antes. Lo siento por los que aburren con su frase "con Franco, esto no pasaba". En octubre y noviembre de 1975, el rey Hassan II de Marruecos organizó el paso de unas 300.000 personas civiles hacia la frontera del Sáhara español para exigir la soberanía del territorio. A aquello se le llamó la Marcha Verde y supuso la "entrega" del Sáhara Occidental a Marruecos. Después llegaron años donde Juan Carlos I y Hassan II se consideraban mutuamente como hermanos. Y pelillos a la mar. Lo ocurrido en la frontera de Ceuta el 31 de julio no es espontáneo, es un pulso político del infame rey de Marruecos que no ha surgido de la nada. España lleva desde 1992, con gobiernos del PSOE y el PP, externalizando el control de su frontera sur en la policía marroquí, y desde entonces esa dependencia se ha pagado cara. Cada vez que el rey de Marruecos tiene problemas internos, quiere presionar en las negociaciones con Europa, no le gustan los acuerdos de España con sus vecinos, o quiere dinero, sucede algo parecido. El 31 de julio se celebraba el 27 aniversario del acceso al trono del rey de Marruecos. ¡Qué casualidad! La mayoría de los que han cruzado la frontera son jóvenes marroquíes, los que más molestan al régimen marroquí. ¡Qué casualidad!  Unos días antes el gobierno español firmó un acuerdo con  Argelia -rival histórico de Marruecos- que, entre otras cosas, confirma a Argelia como el principal proveedor de gas de España y abaratará este producto. En contra de los espurios intereses de EE.UU. Días después, la frontera de Ceuta se desborda. ¡Qué casualidad! Las críticas más duras contra el gobierno español por lo sucedido han venido de EE.UU., Israel, la fascista Meloni, Elon Musk y los "patriotas españoles". Marruecos consolidó su posición internacional gracias a los Acuerdos de Abraham impulsados en el primer mandato de Trump, que llevaron a Estados Unidos e Israel a reconocer su soberanía sobre el Sáhara Occidental. Ambos países son los mejores aliados de Marruecos. Sus líderes, los que tienen más cuentas pendientes con Sánchez. ¡Qué casualidad! Meloni saca pecho de su mano dura migratoria y aprovecha lo de Ceuta para amenazar con romper Schengen. Se le "pasa" que desde 2021 han entrado de forma irregular en Italia 478.600 personas, más del doble de llegadas irregulares que a España. Meloni tiene elecciones presidenciales en pocos meses. ¡Qué casualidad! En España las derechas radicales, sus medios afines y algún tonto suelto, no cejan en su intento de forzar el adelanto de elecciones. Aprovechan cualquier cosa. Y esta semana lo hemos vuelto a ver. En cuanto miles de personas cruzaron la frontera de Ceuta no necesitaron datos, ni contexto, ni memoria, les bastó una imagen impactante y un titular. La maquinaria ya estaba lista para repetir el mismo mantra de siempre: “nos invaden por culpa de Sánchez”. “Sánchez es un traidor". "Sánchez, corrupción”. Feijoo culpa a Sánchez de la "invasión" a Ceuta y dice que conocía la amenaza desde principios de semana. Entonces, ¿por qué él no lo hizo público para evitarlo? Aparte de un mentiroso patológico y un estadista de chichinabo, éste tío no es más tonto porque él no quiere.