viernes, 27 de marzo de 2026

Muerte o vida

Cada vez están más presentes. Yo les llamo los futuros derrotados en su lucha por alcanzar la eterna juventud. Son ridículos Peter Pan de cuerpo, pasados de bótox, detox y ketamina. Hay un síntoma que a las personas que todavía no perdieron del todo la cordura por el narcisismo digital les advierte de que ya dejaron de ser jóvenes y están envejeciendo: sentir la muerte como un final inevitable, demasiado cercano, real. Llega antes o después. Y llega acompañada de una inquietud no pocas veces tortuosa: esquivar el sufrimiento, la agonía. Tener una muerte lo más digna y plácida posible. Por momentos, y dependiendo de las circunstancias, aparece el vértigo, la vulnerabilidad del hombre insignificante, el miedo. Por eso soy partidario del derecho que deberíamos tener a decidir la relación que queremos tener con la muerte. No hay mayor acto de libertad que decidir sobre tu propia vida. Lamento que algunos lo vean como un pecado supremo de soberbia contra su Dios, pues -entienden- solo Él es el dueño de la vida. Por eso -digo yo- tendrá derecho a cargarla de enfermedad, de sufrimiento, de dolor. De terminar con ella con una larga enfermedad, por hambre, con violencia extrema... El principio del derecho a decidir, en estado de lucidez, de cada persona sobre su vida - no debería cuestionarse y, mucho menos, ser vulnerado en nombre de una creencia o superstición. Debería ser un derecho de toda sociedad democrática y contemporánea, pero que sigue sin estar garantizado. A no ser, en este mundo del negocio, que se tenga el suficiente dinero como para viajar a Suiza y poder, al fin, morir en paz. Me resulta obsceno que quienes hoy tienen continuamente en la boca la palabra libertad se reboten airados ante la eutanasia. Claman los obispos y sus organizaciones satélites -esas que algunos teólogos definen como cristoneofascistas-, berrea la prensa reaccionaria, denuncian los partidos de derecha y ultraderecha… Ante la eutanasia toca abstenerse de hablar de Libertad y "defender" la vida. Mientras, se aplauden los asesinatos selectivos de EE.UU. e Israel, se justifican genocidios, se mira a otro lado cuando se bombardean escuelas y hospitales, se ignora la muerte de inmigrantes en las travesías o se desea la muerte del político al que odias. A la postre, quién sabe si lo que llamamos muerte no es sino vida; y la muerte, en cambio, lo que juzgamos que es vida.

jueves, 26 de marzo de 2026

Liberemos la mano

Cómo en el título del libro de Colm Tóibín, vivimos en el tiempo de "La mirada cautiva". Y si nuestra mirada no es libre, nosotros tampoco. Eso dificulta la felicidad. Pensémoslo. La primera mirada del día ya no es al despertador, ni a la ventana. No es al cielo, ni a la persona que duerme a nuestro lado. Es a una pantalla. Nos despertamos y miramos el móvil. Desayunamos y miramos su pantalla. Caminamos y miramos el aparatito. Tenemos un descanso y volvemos a sumergirnos en ese pozo sin fondo. Almorzamos con una mano en la cuchara y la otra en el móvil. Nos acomodamos delante de la tele empuñando el smartphone que, insaciable, reclama continuamente nuestra atención. Nos acostamos y la última luz que vemos en el día también es una pantalla. Nunca en la historia de la humanidad habíamos tenido tanto acceso a la información, a la comunicación y al entretenimiento. Y, sin embargo, nunca habíamos estado tan distraídos, tan cansados y, paradójicamente, tan solos. Nunca habíamos tenido tanto acceso al mundo y, sin embargo, nunca había sido tan difícil estar presentes en nuestra propia vida. De hecho hay gente que carece de ella al margen de sus pantallas. La tecnología de las TIC apareció como una gran promesa de libertad. Todavía hay gente que lo cree. La posibilidad de acceder al conocimiento, de comunicarnos con cualquier persona en el mundo, de trabajar desde cualquier lugar, de aprender de manera autónoma. Todo parecía indicar que la tecnología ampliaría nuestra autonomía, nuestra libertad y nuestras posibilidades de vivir mejor. Pero una golondrina no hace verano y hoy estamos empezando a descubrir que la tecnología no solo nos da herramientas, también, sin darnos cuenta, moldea nuestros comportamientos, emociones y deseos a través del algoritmo, ese instrumento de manipulación discursiva, casi invisible, a través del cual se orientan nuestros deseos. Eso sí, a costa de la dificultad para estar presentes: Nos cuesta leer sin interrupciones, nos cuesta sostener una conversación larga, nos cuesta concentrarnos, nos cuesta estar en silencio. Y sin atención, sin presencia, es muy difícil construir una vida que podamos llamar feliz. Ante ello, resistencia. Resistencia es volver a prácticas simples, como las de leer con atención, conversar sin pantallas, caminar sin audífonos, agradecer lo que ya existe, aprender a estar en silencio, elegir con más cuidado lo que vemos, lo que consumimos y lo que deseamos. Hace 4 millones de años, en el proceso de hominización, liberamos la mano. Eso nos permitió un desarrollo cerebral significativo. Volvamos a hacerlo.

En Loja, la que no es puta es coja.

Está uno sentado plácidamente en una terraza cuando, invariablemente, alguien en otra mesa comienza a hablar, pero por su elevado tono de voz -algo muy típico de esos personajes que maltratan el lenguaje- habla para todas las mesas de la terraza y para las mesas de dos o tres terrazas cercanas. Es la manera tan mesetaria de hacerse notar a golpe de decibelios. Y lo malo no es sólo el volumen, es lo que dice. Perdón, lo que grita: un conjunto de frases incompletas, inconexas, sin estructura, de una simplicidad prehistórica y plagada de expresiones que ponen en duda que vengamos de la civilización de la oratoria de Demóstenes, del estilo natural y rico de Cervantes o de la "poesía pura" de Juan Ramón Jiménez, el maestro de la palabra exacta. Personalmente me da la risa escuchar expresiones que son un castigo para la lengua. Latiguillos con los que golpeamos el diccionario. Son frases, bueno, ni eso, son simples expresiones que se usan cada vez más como comodines y que arruinan el diálogo. Son esos horribles "ya te digo", "ya te vale", "ya, tú sabes" que no se sabe muy bien qué intentan expresar, salvo rematar un mensaje cuando se agotan las ideas y las palabras. Lo peor es que se ponen de moda y se abusa tanto de ellas que algunos como "en plan" o "... lo siguiente" han alcanzado ya la categoría de lacra lingüística. Cuando alguien intenta explicar algo y suelta, todo seguro, el mítico, "eso no, lo siguiente", tengo claro que lo hace para ahorrarse los adjetivos que no encuentra. Y si lo dice para quedar de coloquial y "enrollado", entonces es peor. Es un horror. ¿Qué problema hay en emplear malo, peor o pésimo; bueno, mejor o buenísimo; comparaciones o perífrasis sin tirar del espantoso "lo siguiente" como estribillo de vulgaridad? Y las pedradas lingüísticas se multiplican: "esto es lo que tiene"; "¿tu sabes a qué me refiero?"; "Completamente"; "Pues nada"; "No me da la vida", "Pues eso". Y si introducimos el factor generación eso es ya el acabose: "Random, Cringe, Mood, Me renta, De Chill"... y (usando una frase coloquial, tan vulgar como de uso frecuente) "su puta madre", que también hay que rendir honores al "hi de puta" de Cervantes, al "Gracias y desgracias del agujero del culo" de Quevedo o al "Tutee usted a su puta madre", de Pérez-Reverte. En fin, que "En Loja, la que no es puta, no es que sea lo siguiente, es que es coja”.

martes, 24 de marzo de 2026

No me lo creo

¿Pero qué nos habíamos creído? ¿Pensamos de verdad que el hecho de estar en manos de locos no iba a tener ninguna consecuencia? ¿De dónde narices parte la ingenua creencia de que delegar el poder en figuras inestables, extremistas o irracionales no va a tener consecuencias catastróficas?. La Historia nos dice que dejar el liderazgo de un país en tales manos suele llevar a crisis profundas, desmantelamiento de instituciones y sufrimiento. El problema deviene de que la gente no se entera de que todos los asuntos importantes suelen tener soluciones complejas y multifactoriales. Pero no le digas eso a nadie para convencerle, porque le "complicas" la vida y le induces a pensar que es cortito de entendederas. Por eso buscará a quien le dé la solución sencilla y rápida, aunque sea más falsa que un billete de tres euros. Y así acabamos creyendo que de los problemas que enturbian nuestro futuro tienen la culpa los inmigrantes, las feministas, la igualdad, el ecologismo y el toro que mató a Manolete, pero nunca los que dirigen el cotarro. Como los niños, necesitamos que nos cuenten cuentos para poder dormir o cerramos los ojos para no ver a los monstruos. No ansiamos la verdad, sino certezas, aunque no existan. Y la certeza total es la marca del idiota. Las decisiones de Trump no son sólo un apartado en la sección de "internacional" desde el momento que sus "guerras comerciales" nos encarecen la vida, perjudican nuestras exportaciones o dañan a nuestras empresas. Su apoyo a Israel contra Irán ya se ha colado en nuestra cesta de la compra y en el recibo del banco y aligeran nuestra cartera. La guerra de Irán ya ha disparado el coste energético. Eso actúa como un acelerador de partículas sobre la inflación -que se dispara- encareciéndolo todo, hasta los fertilizantes que terminan determinando el precio de los garbanzos. Además, ha aterrorizado a los mercados financieros: el Euríbor ha comenzado a escalar y, con ello, a encarecer las hipotecas. Las bolsas ya han empezado a darse los primeros batacazos. Las previsiones de crecimiento económico se recortan. La logística internacional enfrenta un escenario crítico y ya se habla de desabastecimiento de componentes estratégicos. Las aseguradoras han comenzado a aplicar primas de riesgo bélico sobre barcos y aviones, un sobrecoste que termina repercutiendo en el precio final de productos tecnológicos, textiles e industriales. Y, por si fuera poco, las medidas anticrisis, que suponen importantes rebajas fiscales y ayudas directas a transportistas, agricultores, ganaderos y pescadores, suponen una reducción de los ingresos del Estado y un aumento de los gastos, con el consecuente efecto negativo sobre la inversión y las políticas sociales. Pues nada, a disfrutar de lo votado.

No es un niño

Muchas gente piensa que Trump no es más que un niño malcriado que se negó a crecer. Un Peter Pan del lado oscuro que ya de niño disfrutaba abusando de los compañeros, acosando a las niñas y torturando animalitos. Es verdad que este tipejo habla como un niño, baila como un niño con algún tipo de tara y actúa como un niño insoportable. Pero no es un niño. Es un ser antropomorfo adulto, naranja sunshade tono Pantone FFA12B. Yo lo veo más como un adulto de mente deforme y comportamientos irracionales. Su gran activo es que sus payasadas nos hacen fijarnos tanto en él que no vemos los hilos que lo manejan como una marioneta. Que su discurso sea simple y rudimentario no prueba un desarrollo cognitivo incompleto. Es una estrategia retórica diseñada por los que lo manejan y dirigida al impacto y al recuerdo: frases cortas, repeticiones, eslóganes y polarización moral nivel preadolescente: ganadores/perdedores, nosotros/ellos, buenos/malos, y conmigo/contra mí. Son muchos los expertos en comunicación política que sostienen que la simplicidad es una eficaz herramienta populista. Un mensaje simple para una sociedad con cada vez menos entendederas. Algo parecido sucede con su concepto de la guerra. Puede dar la impresión de que para él es un juego. Pero no. Es una técnica negociadora con teatralidad y amenaza de dudosa viabilidad y cero humanidad. Una estrategia para conseguir titulares, crear incertidumbre y obligar a la otra parte a reaccionar, sabiendo que cualquier resultado será una victoria. Tampoco es infantilismo la amenaza al débil. Esa táctica es un cálculo de costes: castigar donde el coste de represalia es bajo y evitar choques donde es alto. Y menos infantilista es su idea de que el dinero lo puede todo. “Compro Groenlandia, construyo hoteles y cuando caigáis por aquí soltaréis una buena pasta”. Es su concepto Monopoly del negocio, el que siempre le ha ido bien pese a estar condenado por 34 delitos graves sin haber pisado la trena. Trump no tiene un cerebro infantil. Lo infantil es el pensamiento binario, no el fondo. Tiene un discurso pueril perfectamente pensado y difundido. Él y sus asesores son fascistas pero no tontos. Tontos son quienes le votan. Ellos elaboran mensajes simples y estúpidos pensando que van dirigidos para los y las estúpidas. Y le funciona. Porque o le votan o, como sus sucursales en cada vez más países, le lamen la suela de sus zapatos.

lunes, 23 de marzo de 2026

•Ayuso y América.

Ayuso, como todo gran ignorante, hace gala de una lenguaraz osadía. Cuanto menos sabe, más habla y, por tanto, más necedades salen de su boca. Es experta en coleccionar charcos. En todos se mete y en todos la caga. Pero sus electores votan fanatismo, no conocimiento y coherencia, por tanto nada importa. En una reciente entrevista en Ok Diario -la prensa "amiga" está para eso- Ayuso se quitó cualquier disfraz de demócrata y dejó una ristra de declaraciones que retratan con crudeza su proyecto ideológico ultra: defensa de la colonización como empresa “civilizadora”, falsas sospechas sobre el sistema electoral, ataques a la inmigración, consignas contra el aborto y una apelación constante a una España católica supuestamente asediada. Cuando las celebraciones religiosas ocupan la calle cada dos por tres, esto último mueve a la risa. En fin, más que una entrevista, fue una exhibición descarnada de revisionismo, agitación y deslegitimación política. Su "discurso" sobre la colonización de América, donde reivindica el papel de "los de la cruz" mientras minimiza los abusos históricos, es bochornoso por sus contradicciones, su uso político de la historia y su conexión con una agenda ideológica que enlaza directamente con el trumpismo. Su comparación de los movimientos indígenas con el comunismo o su afirmación de que la hispanidad solo llevó "libertad, paz y prosperidad" al continente, son de un nivel de estupidez difícil de superar. Si esta señora hubiese leído algo serio sobre este tema, en vez de hablar de paz y libertad, hablaría de genocidio, esclavitud y exterminio de indígenas para enriquecer con oro las arcas de la monarquía y los nobles conquistadores. El colonialismo español -como el inglés, el francés o el holandés- fue violencia integral, una violencia que integró destrucción cultural, abuso económico y desaparición física, no una una colonización evangelizadora y benigna. Baste un dato: 79 millones de amerindios fueron reducidos a 3,5 millones en siglo y medio. Estos fanáticos de las gestas del pasado deben entender que si se compra el relato de la grandeza imperial también se heredan las responsabilidades históricas de sus protagonistas, y no caben excusas sobre "que eran otros tiempos", rupturas institucionales o prescripciones temporales que blanqueen genocidios pasados. Pero claro, los que son como Ayuso manipulan la historia protegiendo su relato con el silencio y no con la Verdad.

domingo, 22 de marzo de 2026

•Esto es un simulacro

El simulacro es el pan nuestro de cada día. Asistimos, sumidos en el estupor, al imperio de la insignificancia, al triunfo de lo efímero. Infinidad de personas, en lugar de vivir, dejan que la pantalla viva por ellas. Sustituyen el intento de ser felices por el deseo de serlo. Se refugian en la ilusión, constantemente desmentida por los hechos, de que los que mandan saben lo que hacen. Piensan que al final todo irá bien gracias a los desvelos de las élites, mientras el mundo se derrumba ante sus ojos cegados. La sociedad del espectáculo y la pulsión consumista es la perpetuación de la religión por otros procedimientos. Todo está condicionado para que no percibamos más que los efectos de superficie. Se nos invita a olvidar lo verdaderamente importante. No es que sea difícil separar las palabras del ruido, es que solo tenemos ruido. Nos anega una marea de populismo cultural de bajísima estofa que entroniza lo mediocre y vulgar como el non plus ultra. Lejos de trabajar por elevar el nivel intelectual y estético de la mayoría, se pugna por mostrarse servil hacia su gusto alienado y degradado. Lo vemos en la literatura, en el cine, en la música, en el entretenimiento, en la información. Dar gato por liebre es una estrategia de las élites en su afán de obtener el máximo provecho y monopolizar cualquier poder. Lo triste es que haya tantos prestos a aceptar gustosamente el gato, e incluso a pagarlo como si fuera liebre. Esto afecta tanto a las masas alienadas como a sectores supuestamente concienciados. No es extraño cuando la información está en manos de fundamentalistas, de mercenarios, de gacetilleros complacientes –y bien retribuidos– que manejan de forma descarada la mentira, la insidia y la falacia para servir a sus amos. Dándole la vuelta a lo que dijo Sir Horace Mann: este mundo es una tragedia para los que piensan y una comedia para los que sienten.