La vida no se mide por el número de respiraciones que tenemos, sino por los sitios y momentos que nos quitan la respiración.
Cuando viajo, sólo llevo una maleta muy pequeña, todo lo importante va dentro de mi.
Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cual es la estrella que lo guía. Antoine de Saint-Exupery.
Como todos lo grandes viajeros, yo he visto más cosas de las que recuerdo, y recuerdo más cosas de las que he visto.
Al iniciar este camino ten presente que: no vayas detrás de mi, que igual no te puedo guiar, no vayas delante de mi, que igual no te puedo seguir, simplemente ve a mi lado como un buen amigo.
El hombre inteligente viaja para enriquecer después su vida en los días sedentarios, que son más numerosos. Enrique Larreta.
Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos. Fernando Pessoa.
Los viajes son en la juventud una parte de educación y, en la vejez, una parte de experiencia. Francis Bacon.
Creo que el ojo del hombre debe ver las cosas por si mismo, respirar con sus propias narices los aromas de las plantas, de los animales y de los otros hombres. Tocar con sus manos las manos de otros hombres de otras razas. Pisar con sus propios pies las tierras mas lejanas. El alma del hombre tiene que recuperar la pasión de la aventura y no esperar a que se la sirvan en la pantalla de un televisor o en salas de un cinematógrafo. Y la gran aventura es siempre el viaje. Javier Reverte.
A veces es momento de parar el reloj y cambiar de escenario. Hay veces en que se siente la necesidad de recorrer caminos nuevos, pasear por calles en las que resuenan palabras con acento desconocido y encontrarnos y reencontrarnos en la distancia, sobre las nubes o más allá del océano.
Dos caminos se bifurcaban
en un bosque amarillo, y triste
al no poder viajar por ambos
y ser un solo viajero.
Largo rato me detuve a examinar uno
hasta donde me alcanzó la vista
en el punto en que se curvaba entre las hojas.
Tomé luego el otro, igual de hermoso,
pues abundaba la hierba y no aparentaba desgaste;
aunque en verdad el tránsito allí
los había desgastado de igual modo.
De vuelta, una mañana,
ambos yacían cubiertos de hojas
que ninguna pisada había mancillado.
Aun sabiendo que un camino lleva a otro
volví a dudar sobre cuál habría de tomar.
Dos caminos se bifurcaban en un bosque, y yo…
yo tomé el menos transitado,
y ello ha marcado la diferencia.
Aunque en muchos tramos
he tenido que caminar sólo.