Cada vez oímos a más gente pronunciar esa frase tan de moda de 'No me da la vida". Lógico si tenemos en cuenta el ritmo de vida imparable y fugaz que nos han impuesto y hemos aceptado. Vivimos a diario en una espiral infinita de aceleración. Asumimos con normalidad horas, meses de trabajo extenuantes, compromisos y planes autoimpuestos. Hacemos grandes y pequeños sacrificios para llegar a todo. Y no tenemos tiempo para todo. El tiempo se ha convertido en un privilegio, sobre todo en las grandes ciudades. Pero el tiempo también está disponible. Sólo es cuestión de sacar la cartera y comprarlo. Si quieres ahorrar tiempo al cruzar tu ciudad, abres una app, pagas y solicitas un coche privado; si quieres saltarte días o semanas de espera para que te atiendan en tu centro de salud, pagas un seguro privado y te atienden antes; si optas por estudiar un grado o una FP de difícil acceso, pagas a una entidad privada que te ahorra meses de espera. Si puedes pagar un alquiler en el centro de la ciudad, es probable que te ahorres muchas horas semanales en desplazamientos hasta tu centro de trabajo. Esta dinámica es extrapolable a los cuidados, la salud, la educación, las actividades extraescolares y a la mayoría de los servicios que vertebran nuestra vida. Si quieres tiempo, paga para que te cuiden a los niños, para que se hagan cargo de tus mayores, para que te ordenen y limpien la casa, para que te traigan la compra a casa, para que te gestionen todo tipo de papeles y asuntos, para que un profesor particular "ayude" con los deberes a tus hijos, para que te sirvan la comida en un restaurante y no tengas que pisar la cocina, para contratar a un coach especialista en organización y gestión del tiempo. Si tienes dinero podrás tener más tiempo para hacer escapadas de fin de semana, tomarte vacaciones cuando te apetezca, organizar fiestas, acudir a conciertos en cualquier sitio... No es descabellada la idea de pagar por algunos de estos servicios; de hecho, algunos resultan accesibles para la mayoría. Pero si lo que quieres es tiempo de calidad, eso ya es algo realmente exclusivo. Tener tiempo "para tu" es un deporte de riesgo que consiste en costear su acumulación para poder elegir cómo invertirlo. Todo muy "economicista". Para aspirar a una “vida buena”, es necesario pasar por caja. Es evidente que, en este modelo, a menor nivel de renta, menor libertad de elección y, por tanto, menor tiempo de calidad. Si no tienes dinero te toca dedicar más tiempo al cuidado de los hijos, a las tareas domésticas, a autogestionar tus asuntos, a hacer colas interminables, frecuentar salas de espera abarrotadas en centros de salud, rellenar listas de espera... Y esperar que, los que sí tienen tiempo, quieran reducir la jornada laboral, mejorar la conciliación, las ayudas a la dependencia, los permisos por maternidad..., y dejar de machacar los servicios públicos.
Vivir es intentarlo infinitas veces
miércoles, 8 de abril de 2026
martes, 7 de abril de 2026
•Redes para atrapar yonkies
Existe una amplia evidencia documental, técnica, testimonial y hasta judicial que demuestra que las plataformas de redes sociales están diseñadas para maximizar el tiempo de permanencia, lo que genera adicción. Una reciente sentencia en California habla abiertamente de “diseño adictivo". Es la primera vez que la justicia reconoce que no estamos ante un uso problemático individual, sino ante productos diseñados para generar ese problema. Los algoritmos están diseñados para captar y retener la atención el mayor tiempo posible, porque de ello depende su negocio. No se trata simplemente de que se “use demasiado el móvil”, sino de que interactuamos con sistemas diseñados para que no podamos dejar de hacerlo. El mayor problema es que las redes sociales han pasado a ser, por encima de la familia o la escuela, el principal espacio donde los jóvenes construyen su identidad, se informan y se relacionan. Las consecuencias ya son visibles: Ansiedad, baja autoestima, frustración constante por no alcanzar ciertos estándares y una necesidad casi permanente de validación externa. Pero hay más: las plataformas también están influyendo en cómo los jóvenes entienden el mundo. En España, cerca del 80% consume información política a través de TikTok, Instagram o YouTube, donde prima lo emocional, lo visual y lo inmediato, sin análisis ni verificación, y donde la ultraderecha campa a sus anchas. No, la deriva de muchos jóvenes hacia la extrema derecha no es un accidente ni una simple “mala influencia”. Es el resultado de un ecosistema digital que monetiza la frustración, explota la inseguridad y convierte el malestar en ideología. Las plataformas no solo capturan atención: moldean emociones, ordenan deseos y, poco a poco, empujan a miles de jóvenes hacia relatos reaccionarios que les prometen identidad, fuerza y una explicación fácil para su rabia. Les dicen quién tiene la culpa de su frustración: el feminismo, las mujeres, la izquierda, los inmigrantes o el “sistema”. Esa lógica no educa; intoxica. No ayuda a madurar; radicaliza. El trabajo ya está casi hecho y las consecuencias las sufriremos pronto.
•Los del sí a la guerra
Salvo para los que todavía nos indignamos ante las ignominias, para el resto "lo de Irán" es una noticia molesta más, algo que les importa poco porque sucede lejos. Y a otros. Ellos prefieren atacar a su gobierno porque no apoya a unos genocidas, aunque ello afecte a sus bolsillos. Se encuentran cómodos apoyando a un psicópata sólo porque es el mayor símbolo de los poderosos y sus intereses. Les importa poco tragarse nauseabundos relatos e infantiles justificaciones. La narrativa inicial era que los ciudadanos iraníes podrían rebelarse contra el régimen talibán al descabezarlo. Ya sabemos que hace meses EE.UU. financió la entrega de armas a los disidentes iraníes. Pero los daños infligidos a las infraestructuras iraníes y el asesinato selectivo de sus dirigentes no ha dado pie a ninguna restauración democrática. No es eso lo que se busca. A Trump la "libertad" del pueblo iraní o el sometimiento de sus mujeres le importan lo mismo que un inmigrante latino. Este tipejo desprecia la cultura y evita cualquier mínimo esfuerzo de su pobre intelecto en pésima forma. Su escuálida mentalidad no da para mucho. Él prefiere ejercer a tontas y a locas un poder inmenso y ponerlo todo patas arriba siempre que obtenga beneficio económico. Lo hemos visto en Gaza, en Venezuela. Lo veremos en Cuba. Cada vez que Trump habla con los periodistas la borrachera del poder acentúa el narcisismo de su talante infantiloide y le hace creer que sus caprichos debe cumplirse como por arte de magia, pese a quién pese, sufra quien sufra, muera quien muera, sencillamente porque su dopada industria militar y su costosísimo ejército puede imponerlos al mundo. Que alguien se oponga a sus caprichos le parece algo totalmente inadmisible a este nuevo Calígula. Europa molesta a Trump y sus secuaces porque son el último baluarte del Estado de bienestar, pues esto vulnera esa cosmovisión trumpista que desprecia lo público en aras de la propiedad privada. Prefiero ser un europeo independiente que el cipayo de un un pollo sin cabeza, que actúa frenética e irracionalmente dando tumbos porque no hace ningún plan que no pase por incrementar el propio patrimonio, saqueando los recursos propios y ajenos. La prisa que Trump tiene por acabar con la guerra de Irán, o simplemente con Irán, tiene que ver con que los drones iraníes de bajo coste se interceptan con misiles tan sofisticados como carísimos. Y eso -gastar dinero- molesta mucho a sus incondicionales, como demuestra la caída en picado del índice de popularidad del sátrapa americano. Y eso, para un narcisista patológico, es insultante. Y peligrosísimo para todos.
•Apoyar a Trump mientras se toman cañas.
Durante mucho tiempo, toda una generación de alemanes negó que conocieran la máquina genocida puesta en marcha por los nazis. Al parecer, el exterminio de 6 millones de judíos y centenares de miles de gitanos, discapacitados, opositores políticos, prisioneros de guerra..., que suponía el desplazamiento de millones de personas, podía ser ignorado. Pero al menos aquellos alemanes podían alegar que no sabían porque era una operación que no se desarrollaba en público. Hoy, en Gaza o Líbano, Israel lleva a cabo un brutal genocidio en toda regla. Esos canallas de Trump y Netanyahu están ejecutando una guerra injusta y cometiendo crímenes de guerra, uno tras otro, con luz y taquígrafos en Irán. Y, sin embargo, son muchos los que apoyan a Israel, los que ríen las gracias a EE.UU., los que prefieren atacar a su gobierno demandando apoyo para que un genocida y un psicópata puedan alcanzar sus objetivos cometiendo crímenes de lesa humanidad. Y se llaman cristianos. Se autodenominan gentes de bien. Dicen estar en el lado correcto de la historia. Pero en el fondo son gentes de moral "confusa", de erróneos principios éticos. Son personas serviles que prefieren estar siempre a la sombra de los poderosos. Son "vendepatrias" que cuando hablan de los "intereses de los españoles" sólo piensan en sus propios intereses, en su seguridad, su comunidad y su beneficio económico. A esta gente, que millones de personas sufran, que decenas de miles sean asesinadas, que se masacre a niños, que se destruya sus hogares, que se les empuje al hambre, que se arrase sus países..., y todo ello ignorando por completo las más mínimas normas del derecho internacional y los más básicos derechos humanos, les da igual. Son gentes amorales, egoístas, que empiezan a practicar una suerte de sociopatía selectiva, importándoles un bledo lo que les pase a los más pobres, a los más necesitados, a los más indefensos, a los más débiles, a los que sufren el ataque de los poderosos. No tienen nada que decir sobre las amenazas de Trump de "destruir toda una civilización". Antes al contrario, seguirán reclamando el apoyo a los genocidas mientras practican lo que ellos creen que es la mayor aportación de España a la civilización occidental: tomar cañas.
•Privatiza y machaca el Estado
"La Junta de Andalucía aprueba la LUPA, una ley universitaria al servicio de la privatización"; "Ayuso gasta más de un millón de euros en privatizar la gestión de becas de Educación"; "La Junta quiere privatizar el servicio de ambulancias en Huelva"; "La crisis de los cribados de cáncer en Andalucía pone en cuestión la privatización sanitaria"... Todos los días nos desayunamos con titulares como éstos. Mientras nos agotamos en polémicas absurdas, como la de si mover o no el Guernica; mientras nos inducen a enfrentarnos con problemas sobredimensionados como la inmigración o la okupación; mientras nos vuelven a servir debates tan estériles como rancios, caso del aborto o la eutanasia..., ellos se dedican a desmantelar el estado del bienestar por la vía de la privatización. Da igual que la llamen "externalización" de servicios o "colaboración público-privada". Es un saqueo del Estado. Se pone en manos del negocio privado lo que es de todos, pues todos lo hemos pagado con nuestros impuestos. La privatización afecta especialmente a la sanidad, con aumentos en derivaciones a clínicas privadas que, en absoluto frenan el aumento de listas de espera. Pero también a las residencias de mayores, destacando comunidades como Andalucía y Madrid. Se subcontratan servicios públicos, desde emergencias 112 hasta educación, buscando -dicen- eficiencia y reducir costes. Pero provocan problemas, desigualdad y deterioro de la calidad del servicio público. Su privatización supone, sencillamente, convertir en puro negocio lo que son derechos básicos incluidos en la Constitución. Así, lo que prima e importa es que empresas privadas obtengan el mayor beneficio posible; desde la sanidad y los servicios públicos de todo tipo, hasta los servicios de seguridad y de la justicia. Las subcontrataciones de importes millonarios, que en buena parte se adjudican a dedo, quedan, además, al margen de cualquier control público y, mucho más, cuando las cesiones se hacen por décadas, caso de las concesiones de agua, de limpieza, de recogida de basuras... En los procesos de privatización ganan todos los agentes implicados menos el ciudadano, que está pagando impuestos para que el beneficio de lo que con ellos se crea se lo repartan empresas privadas que, casi siempre, "saben agradecer" convenientemente al que privatiza. Sólo hay que ver la relación entre Quirón Salud y la familia Ayuso. Además de favorecer el negocio privado, el interés por privatizar está en debilitar el sector público, sobre todo porque éste es el último reducto que garantiza el cumplimiento de los derechos laborales, contrarios al deterioro de las condiciones salariales, la inestabilidad y la precarización laboral, el aumento de la carga de trabajo y los riesgos... El empleo público, con su estabilidad en el puesto de trabajo o los derechos de carrera profesional, es muy mal ejemplo para los intereses neoliberales.
domingo, 5 de abril de 2026
Poedeotro
A veces, al chapotear
con mis manos en el agua oscura,
percibo que me encuentro
en un pozo habitado.
Aquí yazgo, aquí despierto.
Buceo entre aguas siniestras
con un estertor de oscuridad en la garganta.
Hablo. Mi voz es líquida,
nadie apenas la escucha.
Los sueños, que no saben nadar,
suben y bajan,
se ahogan entre aguas enlodadas.
Tampoco hay olas que mezan este hastío.
Desconoce el arrullo de los mares
la soledad confinada de habitante de un pozo.
Pero miro hacia arriba
y veo la luz asomada al brocal.
Aprovecho para educar la memoria,
para olvidar lo doliente.
Selecciono el pasado e hipoteco el presente.
Pongo precio al futuro
a fuerza de ocultarme de los hechos
intentando olvidar mi amnesia.
Miro hacia arriba y veo la Luna.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas
mientras esperas el día.