viernes, 8 de mayo de 2026

Hogar, dulce hogar

Dijo el gran Antonio Gala que un hogar es el lugar donde uno es esperado.  Tradicionalmente la palabra hogar tenía el significado de lugar emocional y seguro. Más allá de una estructura física, el hogar se refiere a un refugio seguro, una zona de confort y un lugar para compartir con los que quieres y sentirte en paz. Pero nos lo cambian todo. Mejor dicho, hasta las cosas más hermosas del mundo acaban colonizadas por la codicia capitalista. Hay algo inquietante en su idea de "hogar". Se ha convertido en un artefacto de consumo: cálido, funcional, pero vacío. En una criatura mitad objeto, mitad organismo, como si el mobiliario hubiese decidido emanciparse de su función y adquirir conciencia. No se trata de volver al concepto de hogar del franquismo, que entendió el hogar como célula moral: orden, jerarquía, silencio. Pero tampoco comprar la idea de hogar del capitalismo tardío que lo ha reformulado como escaparate: identidad a través del consumo. El hogar actual no es el lugar donde las piezas de tu vida encajan. Es un lugar para quedar con los más cercanos. Es un animal imposible, ensamblado con piezas heterogéneas, un ensamblaje precario. Una negociación constante entre lo propio y lo que ha de ser abandonado, entre lo íntimo y lo ajeno. La felicidad de los jóvenes ahora no puede residir en ninguna armonia, sino en la capacidad de habitar esa contradicción que siempre tiene algo que no encaja. Eso si tienes la suerte de poder acceder a algún habitáculo que puedas intentar convertir en un hogar. Porque al sistema lo único que le interesa de tu hogar es que lo hipoteques para que él le dé intereses, que lo asegures "para tu seguridad", que lo protejas con una alarma o que lo conviertas en una república donde tu eres el rey. Total, si cuela todo.

Lo Cortés no quita lo demente

Dijo Epicuro que "la manía de hablar siempre y sobre toda clase de asuntos es una prueba de ignorancia y de mala educación". Y, por su parte, Tirso de Molina afirmó que "peca de grosero quien aguarda que le digan que se vaya”. Pareciese que ambos pensaban en la marquesa de Quirón, esa mala copia en femenino de Donald Trump por inepta, maleducada, ignorante y patana. Sólo a alguien así se le puede ocurrir decir, dos meses antes de un viaje oficial a un país extranjero, que este -México en este caso- es un "narcoestado" dirigido por una "ultraizquierdista". Lo hizo, claro está, desde el club Mar-a-Lago de Donald Trump. Allí se va a lamerle el culo al amo, no a insultar al país que te recibe. Tras llegar a México, Ayuso, la falangista de pelo largo, lo primero que hace es ser tan grosera como para regodearse de que ella escribe México con J. Y, acto seguido, celebra un homenaje a Hernán Cortés. Es como si el gobernador de la provincia argelina de Aïn Témouchent viene a España a homenajear a Tariq Ibn Ziyad, el general bereber que venció a D. Rodrigo en Guadalete. Pues los patriotas lo corren a gorrazos. Y como los imbéciles nunca van solos, estuvo acompañada por un "intelectual" de mente triturada por los psicotrópicos y un ego tan gigante como el de su amiguita, esa que le financia con dinero público horrorosos espectáculos que ya están en concurso de acreedores. Me refiero a Nacho Cano, otro imbécil  engreído, ignorante y patán que llegó a reclamar que México debe darle su sitio a Cortés, porque "Sin Cristo no estaría el cristianismo, sin Cortés no estaría México. Eso es así, te guste o no te guste", dijo. Que lástima que estos zotes no sepan que entre sus "heroicidades", Cortés, tras su victoria, "había hecho apartar a cuatrocientos hombres que eran para pelear y los había hecho matar a todos; y a los que quedaban, mujeres y niños, hasta tres mil, los había hecho marcar en la frente con hierro como esclavos". Y no lo digo yo, lo menciona el mismísimo emperador Carlos I en un edicto de 1548. Total, que Ayusita se ha vuelto de México quejándose de que la han boicoteado, porque México no está lleno de meapilas que aplauden a rabiar sus provocaciones y memeces. Pero antes ha tenido tiempo de "despejar su agenda" para irse a dar un paseíto por la Riviera Maya. Por supuesto, pagado por los contribuyentes madrileños.

La piorrea nacional

Hay debates que no nacen de una urgencia real. Nacen de una operación política, de una ocurrencia para ganar votos. Un día aparece un concepto, se repite sin parar, y en poco tiempo todo el mundo discute sobre él validando su importancia. Estos días lo vemos con la prioridad nacional. Vox la lanza -posiblemente para alejar la mirada de su estercolero interno- el PP la sigue con su ambigüedad y el resto entra a combatirla. Y lo que parecía una ocurrencia acaba marcando toda la conversación política. El mecanismo es el que siempre ha usado el fascismo: fabricar un "nosotros" a base de señalar a un enemigo ficticio. Aquí lo traducen como prioridad nacional. El PP siempre comete el mismo error: "respetaremos la legalidad”, dicen, mientras dejan que Vox les marque el terreno y normalice la preferencia identitaria. Pero, al poco, aparece un barco afectado con hantavirus, vemos cómo reaccionan las derechas y decimos: ¡Anda coño, la prioridad nacional era esto, que 14 españoles no puedan ir a un hospital militar dependiente del Estado situado en Madrid. Entonces empezamos a entender que es para esta gente ser español. Tu puedes haber nacido en Covadonga, pero si se te ocurre estar enfermo, o ser pobre, o protestar contra el precio de los alquileres, o pensar, sentir, amar distinto a "ellos"..., pues pasas de ser español y muy español a una mierda pinchada en un palo que tiene que buscarse la vida solito. Conviene que todo el mundo lo tenga claro desde el principio. Ese invento de la prioridad nacional no pone un solo médico más en atención primaria, ni un solo profesor más en un aula, ni una ayuda más para quien la necesita. No amplía recursos ni mejora servicios. Solo desplaza el foco y vuelve a criminalizar a los diferentes. Y, lo peor, en lugar de exigir soluciones, nos empuja a competir por lo que hay y a discutir quién entra antes para picotear las migajas que quedarán cuando esta gente acabe machacando los servicios públicos 

jueves, 7 de mayo de 2026

•Brindis al sol ... que más calienta

Hace ya tiempo que navegamos por un océano de imbecilidad que nos conduce al abismo. Quizá el problema es que el panorama actual… no sé, yo lo veo torcido.  Igual es que quiero mirarlo de manera recta y eso es imposible. Me parece increíble que hayan logrado que en la jerarquía de valores tanta gente priorice los símbolos como algo esencial mientras convierten en accesorios los  valores éticos o sociales. Es el triunfo del relativismo más suicidamente egoísta, que nos arrastra sin remedio a la estupidez y el oscurantismo de tiempos que creíamos ya superados. No tengo nada contra los símbolos pero me inquieta cuando estos se abrazan como atajos cognitivos, cuando se adoptan y exhiben símbolos identitarios para disimular que se carece de identidad cultural y hasta personal. Que no me vendan como patriotas a esos obsesos de la cinta rojigualda en la muñeca, el espejo retrovisor interior, la correa del perro y hasta la gomilla de los calzoncillos, pero que después pagan -o les gustaría pagar- los impuestos en paraísos fiscales y se les llena la boca de España sólo cuando gana Alcaraz, o cuando hablan de un imperio que caducó hace más de 350 años, o cuando sacan el puro para "disfrutar" en una corrida de toros. Esos a los que, desde su más absoluta ignorancia, se les llena la boca de palabras huecas y absolutamente estúpidas cuando hablan de España. Quizá pase que sean personas con un nivel intelectual supremo, tanto que no los entiendo. Pero no creo viendo el "nivelazo" cognitivo y la mala baba de los políticos y políticas que enarbolan la bandera del patriotismo de pacotilla. En todo caso prefiero oír imbecilidades a propósito de ese constructo de conveniencia que es la patria que sobre asuntos importantes que afectan directamente a la vida de la gente. Fíjate lo que es seguir escuchando estupideces, de manera continuada, cada vez que se va a subir el salario mínimo, garantizar las pensiones, limitar la subida sin fin de los alquileres, o proteger los servicios públicos. Pero, ¿de qué Patria Me estás hablando?, bocachancla. Me parece de puta vergüenza. Realmente, los símbolos, la mayoría de ellos, me parecen un engañabobos vengan de donde vengan. Para mí un símbolo es la señora mayor del barrio que ha peleado toda su puñetera vida para sacar una familia numerosa adelante. A base de símbolos es como siempre nos han cerrado la boquita los vividores de distinto pelaje, los vendepatrias, los psicópatas que quieren vivir a costa de las hostias que nos damos entre nosotros. Para mí los únicos símbolos válidos son los de esos padres que se han sacrificado y han peleado toda su puñetera vida para sacar una familia numerosa adelante, el de esa anciana que sobrevive con una pensión asistencial, esos jóvenes que sin tener nada a favor no tiran la toalla, toda esa gente que al margen de sus propios problemas siempre tiene un momento para pensar en los demás o los que no les importa contribuir para que los menos favorecidos puedan cubrir sus necesidades básica. Todo lo demás es un brindis al sol..., que más calienta.

domingo, 3 de mayo de 2026

•La precariedad como esteategia

Estoy con la sociología crítica en la idea de que "la precariedad no es un fallo del sistema, sino su estrategia". La precariedad permite al Capital dominar a la sociedad sin mayor dificultad al mantener a los trabajadores constantemente al borde del abismo, con la espada de Damocles del paro sobre su cabeza. Transformando el porvenir en un oscuro túnel sin atisbo de luz al final, hurta a los individuos la confianza en sus capacidades y, por tanto, lo priva no ya de la libertad de elegir, sino de la misma esperanza. Atenazados por el miedo, la ignorancia y la impotencia, se resignan a su suerte ante la sonrisa hipócrita de unas élites que han logrado alejar de sus mentes, no ya la urgencia de cambios estructurales profundos, sino la misma idea de que son explotados. ¿Cómo entender, si no, que las víctimas del problema de la vivienda, los alquileres, los bajos salarios o los recortes de los servicios públicos, voten a los mismos que crean, mantienen o incrementan sus problemas? El truco está en saber que la humillación permanente genera un malestar que, para evitarte problemas, exige ser canalizado. Y ahí hacen su aparición los profetas del odio, encargados de calmar el sentimiento de debilidad y frustración, enmascarando el propio sufrimiento. Es el nuevo opio del pueblo. Se trata de inculcar en la mente de los humillados a los individuos y colectivos que han de convertirse en las dianas ideales de su odio, su violencia verbal o física. El Sistema señala a cualquiera que cuestione sus planes y métodos como objeto de menosprecio y aversión de las masas. Los desposeídos se revuelven así con furia contra quienes intentan hacer algo contra la injusticia de esa desposesión. Es así cómo la cólera de los imbéciles llena el mundo. Nuestro profundo error ha sido creer que la estupidez era inofensiva, pero está claro que una vez en movimiento, puede con todo. Aunque para ello tenga que autolesionarse.

miércoles, 29 de abril de 2026

•Paco el Bajo

Debajo de las rimbombantes expresiones de las derechas siempre se esconde algo. Y casi siempre es engañoso. Y casi nunca es bueno. Salvo para ellos, claro. Ahora andan con la monserga de la "prioridad nacional". Para los cristianos despistados que votan derechas, decirles que eso no es ni más ni menos que exclusión, racismo y xenofobia, es discriminación de las personas por su origen, es exclusión hacia el diferente, es una patada en la boca al prójimo que no ha nacido donde tu. La trampa es sencilla: ante recursos escasos, nos dicen, los españoles primero. Y el personal lo compra de inmediato, sin caer en la cuenta que para las derechas los recursos siempre van a ser escasos, haya o no inmigrantes, porque se cargan los impuestos progresivos, y automáticamente desciende el dinero para invertir en servicios públicos, y estos quedan raquíticos, abriéndose paso a privatizaciones que siempre favorecen -es curioso- a empresas amigas. Es sistemático. Allí donde gobiernan las derechas, el deterioro de los servicios públicos va de su mano, porque su auténtica y real "prioridad nacional" es el negocio por encima del bienestar colectivo. Así que nadie se engañe, esa “prioridad” que han pactado las derechas significa dejar sin atención médica y sin vacunas a niños y niñas según su origen, o tal vez sin menú escolar. Significa dejar de atender a una mujer que ha sufrido violencia, porque sea peruana, armenia, marroquí o congoleña. O acaso dejar morir sin atención médica a un trabajador que ha sufrido un accidente laboral, porque le delata el color de su piel. Qué buenos cristianos son esta gente. Para ellos su verdadera urgencia es imponer su idea de Patria, esa patria cateta, casposa y reduccionista que se retrotrae al franquismo, la que sueña con regresar a los "valores tradicionales", al catolicismo de rancia sacristía y de única religión posible y "verdadera", a la escuela en manos de la Iglesia, al matrimonio como "dios manda", las mujeres en casa y obedientes, las personas gais y lesbianas perseguidas y encerradas, los pobres y los gitanos (ahora los inmigrantes) tratados como "vagos y maleantes" porque "ensucian" las calles y una sociedad de orden, en la que se sepa bien quién es el patrón y se agache la cabeza ante el señorito. El problema de algunos es que se creen señoritos y no van más allá de ser como Paco el bajo de los Santos Inocentes.

martes, 28 de abril de 2026

•Patógenos políticos

Hace ya años que la política nacional se nos va llenando de tipejos patógenos llegados a este mundo, primero, a medrar en beneficio propio y, después, a empozoñar la convivencia con mentiras sin fin y propaganda barata. Es fácil distinguirlos. Son los mismos que muestran sin pudor actitudes racistas, xenófobas, que rechazan el derecho a la igualdad de las mujeres, niegan los asesinatos y la violencia machista, califican de "fanatismo climático" el calentamiento del planeta y los efectos letales de las emisiones contaminantes, reniegan de Europa, acosan a periodistas o callan ante ello sin pudor. Son patógenos cínicos, fanáticos, canelos, perrunos que se mean en la ética y la razón sin sentir ningún pudor y actúan, viven y cobran buenos sueldos a cuenta del común -y algunos trincan por detrás- amparados por la Constitución democrática de 1978, que dicen defender pero que, en el fondo, ignoran y desprecian al igual que la democracia, la igualdad y el Estado de derecho. Son los fans del matón de la Casa Blanca y del genocida Netanyahu. Los que un día dicen que habría que "empezar a fusilar a 26 millones de hijos de puta", refiriéndose a personas con ideologías contrarias a la suya, y acto seguido prometen "echar de España a ocho millones de personas, inmigrantes e hijos de inmigrantes. Ahora han retomado su mensaje de odio rehabilitando el concepto empleado hace cuarenta años por el fascista francés Jean-Marie Le Pen: "La prioridad nacional", para hacernos creer que si algunos servicios de la sanidad pública están colapsados y funcionan mal o si faltan plazas escolares o si hay poca vivienda y es muy cara o si las ayudas a la dependencia llegan tarde y las pagas del mínimo vital, más tarde todavía, o que las pensiones corren peligro, o que el trabajo es precario y está mal pagado, no es debido a sus políticas de recortes, privatizaciones o apoyo incondicional a los buitres de la economía. No, qué va. Todo es culpa de los inmigrantes. Si no te llega para comprarte una casa o pagar el alquiler, si tú contrato indefinido vale lo que un yogurt caducado, si tu jefe te paga un sueldo insuficiente, si te han dado cita médica para dentro de año y medio, si en la clase de bachillerato de tu hija hay 39 alumnos, si no te toca la primitiva ni tienes ya el pelazo que tenías con 20 años, la culpa, que lo sepas, la tiene el "morito" que te vende klinex en el semáforo. Sólo hay que ver la que liaron los inmigrantes con los ancianos de las residencias de Ayuso durante la pandemia del coronavirus, o la pésima gestión que hicieron de la Dana de Valencia. Cuando los echemos a todos volverá a manar leche, miel y vino de los manantiales.