Debajo de las rimbombantes expresiones de las derechas siempre se esconde algo. Y casi siempre es engañoso. Y casi nunca es bueno. Salvo para ellos, claro. Ahora andan con la monserga de la "prioridad nacional". Para los cristianos despistados que votan derechas, decirles que eso no es ni más ni menos que exclusión, racismo y xenofobia, es discriminación de las personas por su origen, es exclusión hacia el diferente, es una patada en la boca al prójimo que no ha nacido donde tu. La trampa es sencilla: ante recursos escasos, nos dicen, los españoles primero. Y el personal lo compra de inmediato, sin caer en la cuenta que para las derechas los recursos siempre van a ser escasos, haya o no inmigrantes, porque se cargan los impuestos progresivos, y automáticamente desciende el dinero para invertir en servicios públicos, y estos quedan raquíticos, abriéndose paso a privatizaciones que siempre favorecen -es curioso- a empresas amigas. Es sistemático. Allí donde gobiernan las derechas, el deterioro de los servicios públicos va de su mano, porque su auténtica y real "prioridad nacional" es el negocio por encima del bienestar colectivo. Así que nadie se engañe, esa “prioridad” que han pactado las derechas significa dejar sin atención médica y sin vacunas a niños y niñas según su origen, o tal vez sin menú escolar. Significa dejar de atender a una mujer que ha sufrido violencia, porque sea peruana, armenia, marroquí o congoleña. O acaso dejar morir sin atención médica a un trabajador que ha sufrido un accidente laboral, porque le delata el color de su piel. Qué buenos cristianos son esta gente. Para ellos su verdadera urgencia es imponer su idea de Patria, esa patria cateta, casposa y reduccionista que se retrotrae al franquismo, la que sueña con regresar a los "valores tradicionales", al catolicismo de rancia sacristía y de única religión posible y "verdadera", a la escuela en manos de la Iglesia, al matrimonio como "dios manda", las mujeres en casa y obedientes, las personas gais y lesbianas perseguidas y encerradas, los pobres y los gitanos (ahora los inmigrantes) tratados como "vagos y maleantes" porque "ensucian" las calles y una sociedad de orden, en la que se sepa bien quién es el patrón y se agache la cabeza ante el señorito. El problema de algunos es que se creen señoritos y no van más allá de ser como Paco el bajo de los Santos Inocentes.
miércoles, 29 de abril de 2026
martes, 28 de abril de 2026
•Patógenos políticos
Hace ya años que la política nacional se nos va llenando de tipejos patógenos llegados a este mundo, primero, a medrar en beneficio propio y, después, a empozoñar la convivencia con mentiras sin fin y propaganda barata. Es fácil distinguirlos. Son los mismos que muestran sin pudor actitudes racistas, xenófobas, que rechazan el derecho a la igualdad de las mujeres, niegan los asesinatos y la violencia machista, califican de "fanatismo climático" el calentamiento del planeta y los efectos letales de las emisiones contaminantes, reniegan de Europa, acosan a periodistas o callan ante ello sin pudor. Son patógenos cínicos, fanáticos, canelos, perrunos que se mean en la ética y la razón sin sentir ningún pudor y actúan, viven y cobran buenos sueldos a cuenta del común -y algunos trincan por detrás- amparados por la Constitución democrática de 1978, que dicen defender pero que, en el fondo, ignoran y desprecian al igual que la democracia, la igualdad y el Estado de derecho. Son los fans del matón de la Casa Blanca y del genocida Netanyahu. Los que un día dicen que habría que "empezar a fusilar a 26 millones de hijos de puta", refiriéndose a personas con ideologías contrarias a la suya, y acto seguido prometen "echar de España a ocho millones de personas, inmigrantes e hijos de inmigrantes. Ahora han retomado su mensaje de odio rehabilitando el concepto empleado hace cuarenta años por el fascista francés Jean-Marie Le Pen: "La prioridad nacional", para hacernos creer que si algunos servicios de la sanidad pública están colapsados y funcionan mal o si faltan plazas escolares o si hay poca vivienda y es muy cara o si las ayudas a la dependencia llegan tarde y las pagas del mínimo vital, más tarde todavía, o que las pensiones corren peligro, o que el trabajo es precario y está mal pagado, no es debido a sus políticas de recortes, privatizaciones o apoyo incondicional a los buitres de la economía. No, qué va. Todo es culpa de los inmigrantes. Si no te llega para comprarte una casa o pagar el alquiler, si tú contrato indefinido vale lo que un yogurt caducado, si tu jefe te paga un sueldo insuficiente, si te han dado cita médica para dentro de año y medio, si en la clase de bachillerato de tu hija hay 39 alumnos, si no te toca la primitiva ni tienes ya el pelazo que tenías con 20 años, la culpa, que lo sepas, la tiene el "morito" que te vende klinex en el semáforo. Sólo hay que ver la que liaron los inmigrantes con los ancianos de las residencias de Ayuso durante la pandemia del coronavirus, o la pésima gestión que hicieron de la Dana de Valencia. Cuando los echemos a todos volverá a manar leche, miel y vino de los manantiales.
lunes, 27 de abril de 2026
§Vínculos
En algunos viajes me he detenido a observar esas placas que honran la memoria de las víctimas del fascismo en la segunda guerra mundial y rinden homenaje a los que lucharon por la libertad, la democracia y en contra de la barbarie nazi. Me produce una sana envidia. También me provoca calma estar en esos lugares de recuerdo. La calma que produce saber que hay personas empeñadas en no olvidar. En estos tiempos de neofascismos, guerras y barbaries, en los que es cada vez más posible no ver el daño que producen en las personas el odio, las bombas y los genocidios, ver nombres que resisten al silencio es una forma de no normalizar lo inasumible. A través de esos nombres desconocidos, que, en realidad, representan a mucha gente de muchos pueblos de muchos lugares, se puede ver cómo las guerras atacan no solo los cuerpos, sino también los vínculos. Las guerras dejan heridas en las personas que se arrastran muy lejos en el tiempo. Las guerras no son solo en el momento, se prolongan después. Impulsadas por una lógica en la que hay dos bandos para estar y, de ambos, solo uno es legítimo. La huella que queda después de la guerra es siempre larguísima. No únicamente en el territorio, también en los cuerpos, en las cicatrices, en la sangre que recuerda el miedo, en la posibilidad de hablar si estás del lado de quienes ganaron o de tener que permanecer callado, apretando los labios, si tu lugar es el otro. Reconstruir los vínculos desde esa lógica, con la rabia pegada al cuerpo y la tristeza y el miedo anidados en la cabeza, es difícil. Y más cuando se legitima que hay vidas que se pueden llorar y otras que no merecen ser lloradas. Nunca les pregunté a mis abuelas cómo lo hicieron, cuánto tiempo tardaron en reconstruir los vínculos, cómo pudieron intentarlo siquiera en un clima de terror, de dolor, de pena, de silencio impuesto. Solas, luchando sin medios para sobrevivir porque de eso dependía la supervivencia de sus hijos. Seguro que algunos de los vínculos quedaron definitivamente rotos. Incluso cuando, pasado el tiempo, seguía sin haber una tumba a la que ir a llorar, a honrar, a recordar. Pero sé que ellas, como muchas otras mujeres, que llevan la herencia de generaciones anteriores, buscaron formas de reconstruirlos, de volver a generar comunidades que otros quebraron. Porque ahí, justo ahí, en el vínculo, está la esencia de la posibilidad de sobrevivir. Sólo cuando todas las personas que sufrieron una guerra reconocen que hubieran querido que eso no pasase se dan las condiciones para la reconciliación. Qué lejos seguimos estando de esa posibilidad.
•¿Dónde la cagamos?
¿Cuándo la cagamos? ¿Quién pensó que la gran cantidad de datos disponibles en la era de la información digital iba a producir ciudadanos informados?. Los creyentes en que una ciudadanía informada era fundamental para la libertad y la democracia no dan crédito. ¿Cómo es posible que la mayor superpotencia del mundo esté poblada por una de las sociedades más estúpidas en su conjunto? La suposición fatídica fue la de que los ciudadanos, ellos solitos, elegirían pensar y aprender, en lugar de seleccionar cuidadosamente las aplicaciones, las plataformas, las redes, los posts, los podcast, los videos y los programas de televisión que reforzaran su ignorancia cultural, de consumo, científica o política. Especialmente la política. Nunca hubiese imaginado que íbamos a perseguir el espectáculo prefabricado, la ciencia basura, los rumores morbosos o los bulos en bucle. Al final la gente, en vez de aprender, niega. Se traga mentiras como ruedas de molino y llega a aceptar las "pruebas bíblicas" de que Adán y Eva pasearon por el Edén sobre el lomo de dinosaurios o las grandes aportaciones a la democracia que hizo el Emérito. Esto sucede cuando se equipara la democracia con el derecho de opinión de cada individuo, aunque sea la más ridícula. Al fin y al cabo, los tontos escogen tonterías, por eso se llaman tontos. La estupidez cultural no sería tan mala si no fuera autorreproductiva y viral, y propensa a colocar gente estúpida en el poder. Todos, en algún momento, mientras observábamos al jefe, nos hemos tratado de explicar cómo terminó ese tarado a cargo del lugar. Imaginemos −y no hace falta demasiada imaginación− a un tipo fondón, de mirada de lagarto con mala leche, con una arquitectura capilar de dudosa ingeniería que más bien parece un tupé plastificado, barnizado como un merengue industrial, que a diario se sienta en su despacho rodeado de lameculos dispuestos a ordenar guerras o derrocar gobiernos llamando a todo eso "defensa de la libertad", soltando a cada momento declaraciones infames, publicando vulgaridades, insultando a todo aquel que no le baila el agua y −sobre todo− contradiciéndose a sí mismo con la soltura de quien ha convertido la incoherencia en sistema e insultando a la inteligencia. Este personaje anuncia aranceles a diestro y siniestro, guerras comerciales, anexiones territoriales, invasiones, bloqueos... Y el mundo, una gran mayoría del mundo occidental, le obedece o le consiente. Pero como la mayoría se beneficia materialmente del sistema, pues no pasa nada. La ignorancia "intencional" te permite disfrutar de mercancías más baratas producidas por mano de obra esclavizada, tanto extranjera como -cada vez más- doméstica. Permite también el robo intimidatorio de recursos y bienes de países débiles, para no mencionar la capacidad destructiva del capitalismo tardío que agota todos los recursos planetarios indispensables para la conservación de la vida. Y no digas nada, porque la respuesta está servida: "Mira, rojo cabrón, nunca he visto una fábrica clandestina y no me creo que haya niños asiáticos encadenados en un sótano. Eso es tan mentira como el cambio climático, maldito fanático. Además, qué me importan a mi los chinos, los negros, los latinos... Puede que muera antes de tiempo por comer subproductos de carne no identificada ensopada en químicos residuales, ¡pero moriré teniendo un coche de alta gama, un iPhone, un televisor de alta definición de noventa pulgadas, un pisito con una hipoteca como dos grilletes y no se cuantísimos followers en mi patético perfil de Instagram. Es la gran huida hacia adelante de nuestra época: moverse para no tener que pensar, consumir para no tener que sentir, indignarse en las redes para no tener que actuar en las calles, tragarse las mentiras para no tener que enfrentarse a la verdad.
domingo, 26 de abril de 2026
•Patriotidad nacional
A muchos votantes de las derechas les parece obvio que la "prioridad nacional" les servirá para mejorar su situación; para, sin demostrar mérito alguno, adelantar en la "cola" a todos los inmigrantes, pues de eso se trata, de despojarlos de la categoría de personas y colocarles el distintivo de discriminados por ley. Estos votantes ilusos se equivocan doblemente. Por un lado porque esperan "heredar" ayudas, prebendas y privilegios que la derecha adjudica a los inmigrantes pero que en realidad no existen. Por otro lado porque nadie les dice que, de heredar algo, lo harán en las mismas miserables condiciones con las que lo "disfrutan" esas personas. Por ejemplo, ¿creen estos ilusos que podrán ocupar los trabajos que desempeñan los inmigrantes (nadie se lo impide ahora) pero eliminando las condiciones de precariedad, bajos salarios, nulos derechos y explotación laboral que los caracterizan?. La "prioridad nacional" es un nuevo bosque para que los ilusos no vean los árboles que la derecha tala. Sus partidos, da igual Vox, PP o Junts, basan su estrategia en acusar al más vulnerable de todos los problemas que ellos provocan con sus políticas de recortes de servicios públicos, sus bajadas de impuestos a los más ricos allá donde gobiernan y sus discursos de odio. Su reclamo electoral es la bajada y eliminación de impuestos sin explicar que, para cuadrar las cuentas, han de pasar las tijeras por todas las partidas presupuestarias que sostienen el estado del bienestar. Mientras, en paralelo, ayudan a fondos de inversión y élites económicas a ganar cada día más a costa de mermar los servicios públicos. Y en ese contexto aparece su estrategia de "prioridad nacional". Primero adelgazan el estado del bienestar todo lo que pueden allí donde gobiernan: recortan plazas y profesorado de la educación pública, degradan las condiciones de trabajo en la sanidad pública, recortan el presupuesto en ayudas de cualquier tipo, al estudio, al cuidado de personas dependientes, a la investigación… Porque, a ellos, los "nacionales" pobres les importan una mierda. Sólo hay que ver cómo votan sistemáticamente "no" a todas las medidas destinadas a ayudar a las familias, a reducir el impacto de las subidas de precios, a la subida de pensiones, de salarios, de ayudas al alquiler... La " prioridad nacional" es su nuevo eslogan publicitario, un señuelo que, como era de esperar, ha triunfado espectacularmente nada más nacer, pues parece prometer privilegios por el sólo hecho de haber nacido aquí. En realidad, iluso votante, te están diciendo, no que van a mejorar tu situación, sino que estarás por delante de otros a la hora de disputar las migajas de esas ayudas, de esos servicios, de esos derechos que ellos están machacando a diario con sus políticas. No te prometen que vayan a mejorar tu acceso a la vivienda, tus condiciones de jubilación, tu salario, la calidad de la educación de tus hijos o la atención sanitaria. No te dicen que vayan a acabar con el trabajo precario o la explotación laboral, sino que tú tienen más derechos que otros a ser explotado o a recibir servicios cada vez más precarios. Así que ve echando el ojo al semáforo "más rentable" de la ciudad, pues pronto podrás reclamarlo y ocuparlo por delante del "moreno" que ahora lo disfruta. Ya se están publicando ofertas de trabajo buscando "patriotas blancos" para recoger uva, con un salario de 400 euros al mes, 10 horas de trabajo diario, seis días a la semana, sin contrato, sin seguridad social, sin cotización, sin derecho a paro. Menudo chollo esto de la prioridad nacional.
viernes, 24 de abril de 2026
•Cristofascistas
La ultraderecha habla mucho de nuestras tradiciones. Por supuesto, ellos deciden por todos cuáles deben ser. Y algo en lo que insisten con frecuencia es en que nuestras tradiciones son esencialmente cristianas. Pero el cristianismo de la extrema derecha es de lo más selectivo. Se salta aquello de ayudar a los necesitados, de ser misericordiosos y de amar al prójimo. Es más, se salta prácticamente todo el Evangelio. Porque no es el mensaje de Cristo lo que interesa a los ultras, ni el cristianismo como sistema moral. Lo que les pone de verdad es el papel que ha desempeñado el catolicismo en la creación de regímenes de exclusión, jerarquización y opresión. Les encanta esa tradición cristiana que decide quién pertenece al grupo y quién está fuera, que establece o legitima jerarquías sociales, que disciplina moralmente al personal, coloca a la mujer "en su sitio" y persigue a los "disidentes", sean estos homosexuales, pro abortistas o partidarios de la eutanasia. El cristianismo de la ultraderecha es el de Torquemada y los carlistas. Es catolicismo de penitencias, castigos, hogueras, infiernos y deportaciones, salpicado con un poco de folklore: comuniones, bodas, bautizos, romerías y pasos de Semana Santa-. Quizá por eso ahora se han pasado de frenada y han chocado hasta con los obispos por aquello de la "prioridad nacional". Su secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal ha pedido "prioridad de Evangelio" frente a la "prioridad nacional" que propone Vox. Y ha asegurado que la Iglesia "no estará nunca" de acuerdo con medidas que traten de "excluir o anular al otro". Es igual. Los cristofascistas están abrazados al catolicismo de Torquemada y Teresa de Ávila, de la Inquisición y de los místicos a los que nunca han leído ni entendido. Su cristianismo es el de dictadura teocrática llamada nacionalcatolicismo, la que fundió la cruz y la espada para justificar una guerra civil. Para los nostálgicos del régimen, el Papa Francisco no era más que un marxista con sotana y creen -con Trump- que León XIV también les ha salido rana. La extrema derecha española ha llegado incluso a acusar a la Iglesia de lucrarse cuidando a migrantes. Ahora su fervor está del lado del dirigente genocida de Jerusalén que dice tener las escrituras del Gran Israel, firmadas por el de arriba con la sangre de sus enemigos. Esta gente lee los Evangelios por los bordes, a través, en diagonal, seleccionando palabras hasta que acaban diciendo exactamente lo que quieren que diga. La fe de esta gente, como la de Ayuso, vive en el barrio de Salamanca, en think tanks neocons, en podcasts de la fachosfera y en la teología política de los nuevos libertarios: esos que han revelado que Dios es, después de todo, un partidario del libre mercado y que la principal bienaventuranza comienza diciendo: "Bienaventurados los ricos..." Es lo que tiene despreciar a los Papás comprometidos, a los curas de barrio que se toman en serio la doctrina social. Desprecio por quienes hacen voluntariado en Cáritas o en Cruz Roja, por quienes hacen lo que el Sermón de la Montaña, leído sin filigranas, manda hacer. Ellos se cuelgan la cruz lo mismo que se adornan la muñeca con la banderita: sin importarles en absoluto el significado real del símbolo. Su cruz es un signo identitario, un adorno ideológico, la insignia de los que han decidido que su equipo ganó y que ahora el símbolo les pertenece.
jueves, 23 de abril de 2026
•Leer para vivir
Esto tenía que haber ido ayer, día del libro. Pero en vez de escribir me dediqué a leer. Leer con gusto, es decir, despacio, sin prisa, palabra a palabra, degustando cada frase, cada verso, saboreando cada uno de los componentes tan variados como heterogéneos que los componen. Suele decirse que los libros son "ventanas al mundo". Pero seamos sinceros: a veces el mundo está tan feo que lo que uno quiere es, precisamente, cerrar la ventana y refugiarse en ellos. Los libros, los de papel, poseen inverosímiles cualidades: no hay que cargarlos, no necesitan batería, no se quedan sin cobertura ni necesitan wifi y, si se nos cae al suelo, no se romperá la pantalla de cristal líquido. Los libros son como escafandras que nos ponemos para bucear en las aguas más o menos turbias, más o menos claras, de nuestras vidas. Pero, también, son alas que nos ayudan, a veces, a remontar el vuelo de una existencia un tanto arrastrada. Sólo les veo ventajas. La lectura cultiva el silencio. Grito y lectura son incompatibles. En una sociedad, especialista en ruidos como la nuestra, leer significa silencio, tranquilidad, paz. La lectura cultiva la soledad deseada. Leer es una decisión personal que exige quedarte solo ante el libro. En un mundo donde se lleva el grupo, el gregarismo, leer es aprender a estar solo, a ser autónomo, a no depender de nadie. La lectura es desinteresada, no exige nada. Leer es una actividad cordial y generosa. Un obsequio del corazón que no pide nada, que no exige nada. El premio de la lectura empieza y termina en uno mismo. Por leer no nos dan dinero, no facturamos. No nos dan diplomas, ni títulos, ni nos rebajan las hipotecas. Pero sabemos que al leer usamos nuestra inteligencia emocional por propia voluntad, sin que nadie nos obligue a hacerlo. Silencio, soledad, autonomía y cordialidad. He aquí las llaves que nos abren de verdad la puerta de los libros. Una vez abierta, lo que cada uno encuentre en ellos es algo que sólo le servirá a él mismo. Si el libro os ayuda a comprender el mundo o entenderte a ti mismo tras una mirada introspectiva, será un gran aliado. Sí te cura la melancolía, bienvenido sea. Si te ayuda a entender mejor a tu vecino, mejor que mejor. Y si solo te sirve para calzar una mesa coja, al menos habrá servido para dar equilibrio a vuestra casa. Lástima, como decía Umberto Eco, que el mundo esté lleno de libros preciosos que nadie lee.
•Prioridad nacional
Ahora parece que esto va de prioridades. Pero sólo mencionan las que sirven de señuelo para atraer el voto y "pillar cacho" en el reparto del poder. Ese que, al final, se traduce en beneficio económico. Para ellos. Esto no es nuevo. La prioridad nacional del nazismo fue el establecimiento de una comunidad racial pura y la conquista de espacio vital. Esto se basaba en la supremacía aria, el antisemitismo, el expansionismo militar -y, por tanto, la guerra- y la creación de un estado totalitario para convertir a Alemania en la potencia dominante. Las consecuencias las conocemos todos. La "prioridad nacional" es el nuevo eslogan de Vox, comprado por el PP. Vox nunca ofrece nada positivo. Sus propuestas, simplemente, se oponen a algo. Tienen una agenda antiecológica -basada en negar el cambio climático-, antifeminista, antihomosexual, anti violencia de género, anti niños inmigrantes, antiaborto, antieutanasia, antidiversidad... Se inventan lobbies gay, maltratadas de pega o una agenda verde de Bruselas que arruina a los agricultores de toda la vida para ser creíbles. Así consiguen atrapar el voto de una ciudadanía que ve como colapsa su rudimentaria moral posfranquista sin saber adaptarse, que anhelan volver a un mundo que ha dejado de existir y abren la puerta a otro, distópico, que los machacará. Del mundo de la ética y la moral nacional católica, la ultraderecha ha pasado al eje del bolsillo y la calidad de vida. Es muy sencillo: "La culpa de que a la gente le vaya mal no la tiene el capitalismo salvaje, ni las grandes corporaciones, ni los fondos buitre, ni los empresarios sin conciencia social, ni las políticas austericidas, ni los grandes defraudadores... No, que va. Le echan la culpa del empobrecimiento a los más desfavorecidos. El extranjero "nos roba". O delinque. O cambia los paisajes castellanos de España. O pretende reemplazarlos. Pero su preocupación por los afectados nacionales queda desmentida cuando se dedican a machacar los servicios públicos. Sorprende que la propuesta de VOX sea limitar los beneficiarios del estado del bienestar por razón de raza, papeles, cultura o nacionalidad, en lugar de trabajar en aumentar y mejorar el maltrecho estado del bienestar, reparar las grietas de la desigualdad o luchar contra el turbocapitalismo desbocado que crea pobreza y multiplica la emigración. Muchos están comprando la idea de "los españoles primero", pero no saben que las prioridades no se acaban ahí. Después viene también eso de los hombres primero, los heterosexuales primero, los empresarios primero, los ricos primero, los evasores, primero, las clases altas primero, los ultraconservadores primeros, los agresores de las mujeres primero, la moral católica primero, los antiabortistas primero, los antieutanasia primero, lo privado primero. Y, sobre todo, ellos primero.
martes, 21 de abril de 2026
•Cadenas ¿del váter?
Quien bautizó a la tele, allá a finales de los cincuenta, como “caja tonta” no podía llegar a imaginarse lo idiota y lo tonta que iba a volverse la cajita. Entonces, todavía se pensaba que la televisión podía ser un buen instrumento educativo, una academia pública y gratuita, una ventana abierta al mundo. Sin embargo, los que realmente mandan se olieron el peligro de inmediato y transformaron el excelente instrumento educativo en una zambomba, convirtieron la academia en una jarana y abrieron la ventana a un retrete inmundo. No es nostalgia, pero recuerdo cuando encendías la tele y podías ver a José Mª Rodero interpretando el "Calígula"de Camus, una entrevista a Marguerite Duras o a Olof Palme, Severo Ochoa o Fernando Arrabal en un debate de "La Clave". Uno podía ver jazz en directo o variadas actuaciones musicales: de Duran Duran a Tina Turner; de Iron Maiden a Communards, pasando por los grupos de "la Movida" o el cantautor Franco Battiato. Programas como "Conciertos para jóvenes" con Leonard Bernstein y la Filarmónica de Nueva York; "El hombre y la tierra", de Rodríguez de la Fuente; "A fondo", con Joaquín Soler Serrano; "Cosmos", de Carl Sagan; o "Jazz entre amigos", son inimaginables en la tele actual. Aprendíamos a la vez que disfrutábamos, no como ahora, que basta hacer un recorrido por la parrilla (de Ferreras a Motos y de Iker Jiménez a Ana Rosa Quintana) para perder de golpe veinte puntos de cociente intelectual y preguntarse si habrá vida inteligente en la Tierra. Gracias a este interminable descenso hacia el abismo de la idiocia, el impresentable Nacho Abad llegó el otro día a la fosa de las Marianas de la estupidez, una fosa séptica en la que organizó un "debate" entre un dermatólogo y un entrenador de fútbol. Versaba sobre la incidencia del sol en el cáncer de piel. Al lado de esto, una discusión sobre física cuántica con el principal tonto del pueblo es una mierda pinchada en un palo. Resulta hipnótico contemplar la convicción con que el entrenador -que cree que el universo es una palangana- defendía que África y Asia no existen, mientras rechazaba las afirmaciones del médico con el principal argumento de los ignorantes que, además, son imbéciles: "¡Es mentira, es mentira, es mentira!". Vale que los tontos tengan voz, pero tampoco hace ninguna falta que tengan un megáfono. En todo caso, en referencia a la tele y la radio, ahora entiendo por qué se habla de "cadena". Es un nombre que le va muy bien, por los grilletes que impone a la inteligencia y por el váter. En fin, que la Tierra no es plana pero el encefalograma de mucha gente sí.
•Milei
Cuando el fascismo alcanza el poder, inmediatamente se hace evidente que el relato avanza por un lado y la realidad social por otro. Lo vemos en la Argentina torturada por Milei. Al principio le bastó una promesa sencilla, brutal y eficaz: soportar para salir del pozo. Es la pedagogía del sacrificio. Aguantar la reducción de ingresos, la poda del gasto, la demolición de lo público, con la expectativa de una recompensa futura. Es un contrato precario basado en falsedades, como demuestran los datos no manipulados. Tras más de dos años de gobierno la inflación interanual continúa en el 32,6%, machacando así la principal promesa de Milei. Los precios regulados subieron en marzo el 5,1%. Milei mismo reconoció en estos días "problemas económicos" y pidió "paciencia". Pero, claro, pedirle paciencia tras más de dos años de gobierno a una sociedad exhausta, asfixiada por la inflación y con bajos salarios y una falta de trabajo alarmante, resulta cínico. En febrero, la industria manufacturera cayó un 8,7% interanual. La tasa de desempleo creció casi un 10% en el último cuatrimestre de 2025. Cae el consumo. El "CIS" argentino señala que el 41,3% de las familias no llega a fin de mes; apenas el 15,3% afirma que puede ahorrar. Entre las principales preocupaciones aparecen también aquí los bajos ingresos, la pobreza y -cómo no- la corrupción. Milei ganó prometiendo "dinamitar la casta, exponer a los privilegiados, barrer con los acomodos". Pero lo único que ha hecho la corrupción es cambiar de bando, liderada por su propia familia y sus amigos. Mientras, Milei sigue despilfarrando el dinero de los argentinos viajando "de gorra" por todo el mundo para apoyar a políticos ultras, participar en aquelarres fascistas, besarle el culo a Trump o apoyar públicamente al genocida estado de Israel. Así, mientras en muchos barrios y pueblos argentinos se pasa hambre; mientras otros se ven obligados a comer carne de burro; donde tanta gente pasa enfermedades sin poder medicarse... el mandatario se dió un paseíto por Jerusalén para participar, junto al genocida Netanyahu, en la ceremonia por el Día de la Independencia de Israel, donde destrozó a gritos el hermoso tema 'Libre" de Nino Bravo. Es decir, volvió a ensuciar y prostituir el término "libertad". La libertad de Milei, Ayuso, Trump y "Cía" es una concepción miserable y caprichosa que sólo busca levantar un falso decorado para servir a una facción social e ideológica en lugar de ser un valor universal, beneficiando a los privilegiados y no a la sociedad en general. Esa que sigue sufriendo.
lunes, 20 de abril de 2026
•Un niño malcriado
Nunca he creído que EE.UU. haya sido jamás una verdadera democracia. Cómo puede serlo un país que mantuvo leyes de segregación racial hasta los años 60 y que todavía hoy sigue segregando socialmente. Un país que desde su creación ha vivido de las guerras, en muchos casos de exterminio. Un país que invade otros países cuando le viene en gana, que promueve y ejecuta guerras ilegales, que ha promovido golpes de estado, apoyado a sangrientas dictaduras, secuestrado o asesinado a líderes políticos extranjeros... Un país que no reconoce a la corte penal internacional, que muestra una creciente falta de respeto a los derechos humanos, que mantiene un apoyo incondicional a un estado genocida. Un país que mantiene centros de detención arbitraria e indefinida, como Guantánamo. Que mantiene la pena de muerte, que aplica inhumanas políticas anti inmigración, que se niega a aprobar leyes que evitan constantes actos de violencia con arma de fuego, que tolera la discriminación y la violencia contra las personas LGBTI, permitiendo incluso que la legislación contra ellas persista. Es, además, una sociedad bíblica tradicionalista, una sociedad en la que prima la venganza sobre la justicia, la violencia, el ojo por ojo, incapaz para la piedad. Una sociedad que lleva décadas promoviendo cazas de brujas contra los disidentes, persiguiendo policialmente a quienes defienden la democracia, la libertad y los derechos humanos, que habla de los que piensan o sienten diferente como enemigos a batir. Una sociedad que lleva años desprestigiando a quienes se dedican a la cosa pública y ensalzando a quienes no pagan impuestos o directamente roban. Un país donde, en los años 80, Isaac Asimov lamentaba su “cultura de la ignorancia”. Sólo así se puede entender que una sociedad confíe el gobierno a un tipejo del calibre de Donald Trump, un hombre que se cree enviado por Dios para retrotraer al mundo al tiempo de la Peste Negra. Un gobernantes de poca formación y menos escrúpulos. Una sociedad que ha elegido como su máximo mandatario a un verdadero loco, un malnacido, un loco de libro sin conocimiento diferente al de los ceros de las cuentas corrientes. El pueblo yanqui eligió hace un año y medio a un palurdo, a un canalla, a un ignorante de tal calibre, a un ególatra de tal tamaño que amenaza con destruir todo lo que toca. Los pueblos no son inocentes, tienen la obligación de informarse, de conocer, de saber en quien depositan su confianza. Son los únicos responsables de las calamidades que su decisión acarree. No sirven las rectificaciones, ni las disculpas, ni los "yo no sabía", porque todo el mundo, todo el que quiso, sabía que Trump era un perfecto canalla, un tipo sin escrúpulos, un niñato que ni sabe de política ni de derechos humanos, un salvaje malcriado.
miércoles, 15 de abril de 2026
•Carta a un imbécil
La respuesta en redes de un australiano al "ladrido" de Trump sobre que la OTAN "no estaba ahí para nosotros" es oro puro:
"Amigo, tú estás al frente de un país con 600.000 personas sin hogar durmiendo en la calle cada noche. Un país en que el 40% de los adultos no puede cubrir una emergencia de 400 dólares sin pedir dinero prestado. Un país donde la insulina cuesta más que una cuota del coche y la gente la raciona para sobrevivir. Un país donde las deudas médicas son la principal causa de quiebra personal. Un país donde las mujeres mueren en los aparcamientos de los hospitales porque los médicos tienen demasiado miedo a las leyes sobre el aborto como para tratar un aborto espontáneo. En términos relativos, mantienes en prisión a más ciudadanos que cualquier otra nación del mundo. Más que China. Más que Rusia. Más que Corea del Norte. La tierra de la libertad mantiene a dos millones de personas enjauladas, y una cuarta parte de ellos ni siquiera ha recibido una condena: son simplemente demasiado pobres para pagar la fianza". La esperanza de vida de tus ciudadanos está retrocediendo. La tuya es la única nación desarrollada en la que esto está ocurriendo. Tu tasa de mortalidad infantil es más alta que la de Cuba. Tus niños hacen simulacros de tiroteos escolares entre las clases de matemáticas e inglés, mientras tú vendes acciones de fabricantes de armas a tus amigos. Tu salario mínimo no se mueve desde hace quince años. Muchos de tus profesores desempeñan dos trabajos para poder mantenerse y numerosos veteranos de guerra duermen bajo los puentes, mientras acabas de dilapidar un billón de dólares para arrasar un país que no te había atacado. Y tú mismo eres un criminal condenado (p. ej. por falsificación de documentos en 2024), acusado de violación, protector de pedófilos (Jeffrey Epstein), que se acuesta con actrices porno e instigador de insurrección que culminó una desastrosa campaña electoral (alusión al asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021). ¿Y estás diciendo que Groenlandia está mal gobernada? Groenlandia tiene asistencia sanitaria universal. Educación gratuita. Y una de las tasas de encarcelamiento más bajas del mundo. Allí nadie se arruina por enfermarse. Nadie muere en una sala de espera porque su seguro dijo no". Pues poco más que añadir.
martes, 14 de abril de 2026
•El gran truco contra los pobres
El gran truco político y social de nuestra época ha consistido en convencer a los que no se ven lo suficientemente pobres para que crean que sus intereses están en apoyar a los que nunca son lo suficientemente ricos. Era de esperar en una sociedad donde se han abolido los ideales, los sueños de dignidad, de respeto a la vida y de convivencia pacífica entre las personas, que se enfanga en los intereses individuales y grupales y pierde el sentido del bien vivir en común. Quién iba a pensar hace unos años que hoy el relato dominante que moldea el sentido común social sería el de una reducida élite de multimillonarios sin empatía ni ética. Parte de las clases populares votan desigualdad, machismo, intolerancia, supremacía blanca y masculina, disminución del Estado del Bienestar, incultura, violencia, odio... ¿Lo saben? Supongo que si. Otra cosa es que lo entiendan. Milei despidió a 30.000 empleados públicos, redujo hasta un 74 por ciento el dinero destinado a pensiones, educación, salud, ciencia, cultura y desarrollo social y ha creado cinco millones de nuevos pobres. Pero ha ganado las últimas elecciones legislativas. Dale a un obrero un móvil de marca, ropa fake de mercadillo, un buen coche de renting, un poco de cash para tomar cañas, un traje barato para lucirlo en Semana Santa y en la feria, y convéncele de que es clase media, y tendrás votante de derechas asegurado. Antes se ha desprestigiado a la democracia, a toda ideología humanista, hundido sus valores, laminado el sentido común, trocado la convivencia por guerras culturales, cebado la confusión intelectual, trocado los ideales de igualdad y solidaridad -presentados como elementos perniciosos o demodé- por una falsa identidad nacionalista. Ha sido un engaño de destrucción masiva. Una vez le preguntaron al poeta alemán Heinrich Heine por qué los hombres ya no construyen catedrales. "La gente de aquellos tiempos tenía convicciones” -dijo-; nosotros los modernos sólo tenemos opiniones". Para eso no hay que pensar, basta con ver vídeos en Tik Tok que, como "tonto", tiene dos tes.
•Palo a la internacional populista
Hungría ha abierto una ventana a la esperanza. Cuando vemos cómo se suceden globalmente los triunfos de la ultraderecha, la derrota del fascista Orbán ha sido un soplo de esperanza. La clave para entender lo que allí ha pasado es muy sencilla: Orbán llevaba 16 años ininterrumpidos en el poder, tiempo suficiente para que los ciudadanos hayan podido apreciar el calibre de sus populistas mentiras y sufrir las consecuencias del fascismo activo. Esto no ha sido una cuestión de europeísmo sí, europeísmo no, como muchos blanqueadores del fascismo están interpretando. El cambio se debe a que hasta los ciegos acaban viendo. El panorama en Hungría no es limpio, ni democrático, ni edificante. Como en tantos otros sitios es un lodazal con algoritmo. Tras 16 años, Orbán deja una Hungría con un PIB que lleva años estancado; donde la reducción de impuestos a los ricos (tiene un impuesto de sociedades muy bajo, pero el IVA más alto de la UE) ha provocado una gran caída del consumo y una elevadísima inflación. Hungría tiene uno de los niveles de deuda más altos de Europa Central pese a las restrictivas políticas de gasto público. El paro -pese a ser bajo- está en continuo aumento desde hace diez años, afectando sobre todo a los jóvenes. Su salario medio es de 1.300 euros y el medio de 750. Muy similar a la pensión media: 750 euros. Su gasto en sanidad en 2024 fue de 9.800 millones de euros (España, 98.000), el 4,76% de su PIB (España, el 6,5%). Pese a las políticas anti inmigratorias, Hungría tiene más emigrantes (más del 7% de la población) que inmigrantes. Los húngaros se han fatigado de tanta patria. Mucho mensaje patriótico, mucho enemigo exterior, mucha épica de cartón piedra. Demasiado abuso de Photoshop político. Porque la inflación no se combate con patrioterismo de pulserita. Porque la corrupción, por mucho que se barnice de patria, sigue oliendo a corrupción. Y porque los servicios públicos, cuando se deterioran, tienen la fea manía de recordarle al ciudadano que la propaganda no cura, no educa y no llena la nevera. Pero no conviene idealizar nada. El poder ha pasado de la ultraderecha a una derecha poco liberal. El parlamento se lo reparte esa derecha y la ultraderecha. Ni un solo liberal. Ni un solo escaño para una izquierda que decidió no presentarse a las elecciones. Lo mejor es el revés a Trump, que apoyó a su "amigo" Orbán enviando a su vicepresidente, JD Vance. Y el revés a Putin, principal aliado de Orbán. Y el revés a Abascal, que ve desaparecer su principal fuente de oscuros préstamos millonarios.
domingo, 12 de abril de 2026
•Los trapos sucios de Netanyahu.
Netanyahu acusa a España de "difamar" a su ejército y amenaza con represalias. Es parte de la estrategia defensiva del sionismo genocida de Israel, que pretende llevar a cabo sus prácticas de exterminio y aniquilamiento en Gaza, Cisjordania y Líbano de manera plácida, sin oposición, sin crítica, sin comentarios molestos que pongan de relieve sus planes de apropiación territorial a partir de masacres etnocidas planificadas. De ahí la ofensiva verbal de Netanyahu contra España, a la que, en tono chulesco, le ha advertido que "pagará un precio". Además ha defendido la actuación de su ejército, al que ha definido como "el más moral del mundo". Es lo que tienen los canallas. Ya sabemos que la mayor desvergüenza es la de aquel que, siendo miserable, intenta enseñar ética a los demás. Este "señor" es experto en el desprecio a la vida y el derecho internacional. Su ejército ha asesinado a 70.000 gazatíes, la mayoría civiles, entre ellos 20.000 niños. Y su genocidio continua a día de hoy: en sólo un mes, solo en el Líbano, las fuerzas israelíes han matado a más de 2.000 personas en una guerra ilegal más. Netanyahu es un arrogante sociópata que se cree investido por la autoridad divina con el fin de realizar una misión histórica. Es un político profundamente corrupto acostumbrado a recibir "regalos" de magnates millonarios a cambio de "favores". Tras este personaje mentiroso, déspota y chulesco, se esconde un tipo depravado sobre el que la Corte Penal Internacional ha emitido ya órdenes de arresto por una larga lista de crímenes de guerra y de lesa humanidad. Este tipejo comenzó a ser investigado por la policía israelí en 2016, siendo acusado de soborno, fraude y abuso de confianza. El juicio estaba previsto para 2024 pero, ¡oh casualidad!, unos meses antes se produce el brutal atentado de Hamás, comienza el genocidio en Gaza y Netanyahu es investido de poderes especiales. El juicio se paraliza. El tribunal lo había citado a declarar el 19 de abril, pero este ha conseguido un nuevo aplazamiento alegando "motivos de seguridad" vinculados a la guerra que su país mantiene ahora con Irán. Los malpensados pueden creer que este canalla va de genocidio en genocidio para perpetuarse en el poder y escapar de la acción de la justicia. Seguramente están en lo cierto. Este infame personaje tiene muchos trapos sucios. Literalmente. Según el Washington Post Netanyahu y su esposa solían llevar maletas llenas de ropa sucia para lavar en sus visitas a la Casa Blanca. En fin, Netanyahu, lecciones de moral, ninguna.
sábado, 11 de abril de 2026
•Tono jocoso
Este mundo no hay quien lo entienda. Netanyahu ha firmado el alto el fuego con Irán, confundido, al creer que eso significaba que había que apuntar siempre a la cabeza. Por su parte, Trump acaba de batir el record mundial de contradecirse, al hacer una afirmación, refutarla, rebatir el resultado, impugnar la conclusión, ponerle objeciones, negarla y desmentirlo, todo antes de acabar una frase. Y como la estupidez va por barrios, la izquierda maoísta antisistema internacional ha creído buena idea y brillante estrategia llamar cobarde a Trump por no haber arrojado una bomba atómica sobre Irán. La prensa "ultraliberal" española, por su parte, en un alarde de patriotismo, ha decidido que la mejor manera de defender la soberanía de España en contra de las majaderías insultantes de Trump, es publicando que el ayatolá Sánchez insiste en atacar a Estados Unidos, insultar a su presidente y llevar la Guerra "Sancha" a su país. Pero así está el patio. Hasta la ONU se está contaminando del nivel barriobajero de la clase política, como demuestra su último comunicado dirigido a Putin, Trump y Netanyahu: "Respetad los jodidos Derechos Humanos, locos cabrones, o arderéis en el puto infierno". Así no vamos a ninguna parte. Tenemos que cambiar la forma de pensar para no contribuir a la crispación. Aceptar, por ejemplo, que Franco fue una bellísima persona que dió su vida para traer la democracia a España. O que el racismo es sólo una enfermedad, una especie de daltonismo mental. Tenemos que ayudar a los más necesitados, contribuyendo a incrementar la riqueza de los más ricos. Apostar por la solidaridad, sumándonos a los 22 millones de afiliados de la seguridad social que han decidido colaborar para comprarse un piso a medias en la periferia de Madrid. Y no molestarnos porque nos hayan obligado a posar con una sonrisa fingida para que la Tierra salga bien en las fotos de la Artemis II. Yo, por mi parte, he decidido apuntarme a un curso de FAES con el título de "¿Era Jesucristo feminista?". Total, que ninguno de sus doce apóstoles fuese mujer no quiere decir realmente nada. Que la mujer más decente y con más protagonismo en la Biblia fuese su madre, y la segunda, María Magdalena, según estableció el papa Gregorio I en el siglo VI, una prostituta redimida, tampoco habla de machismo en la Iglesia. Además, si no se hubiese falseado la historia, sabríamos que el Titulus Crucis sobre la cabeza de Jesús era INRI, pero sobre las cabezas de los ladrones figuraban, respectivamente, las cartelas de SPORT y LGTB.
•Luna, lunáticos y aluniceros
El legendario diseñador aeronáutico y espacial Burt Rutan dijo hace tiempo: "Regresaremos a la luna por no aprender nada nuevo". Esa es la realidad de la sobrevalorada misión Artemis II. Nada nuevo. Ninguna aportación científica de interés. Un simple paseo espacial. Una operación de marketing para lavar la imagen de los EE.UU. más denostados de la historia gracias al miserable que los dirige. Ya dijo Julio Cortázar que "el hombre está llegando a la Luna, pero hace más de veinte siglos que un poeta supo de los ensalmos capaces de hacer bajar la Luna hasta la tierra". Para mi, la Luna no es un astro que ampare formas de conquista, colonizaciones para hacer de su superficie un espacio habitable o un nuevo nicho de explotación de recursos. Para mi sigue siendo un lugar para dirigir una mirada curiosa, o melancólica, o para formular un deseo callado. Me quedo con la Luna como un recurso profundamente literario capaz de activar nuestra sensibilidad y de modificar nuestros sentimientos. Para mi, los mejores viajes a la Luna fueron los descritos por Julio Verne o por Cyrano de Bergerac. Los que han dejado en los ojos de generaciones un camino para activar lo creativo, los que han construido literaturas para acompañar a la imaginación a mundos soñados, a nuevas tierras que se describen como imponentes paraísos inimaginables. La Luna era un lugar para reflexionar sobre los males de la Tierra: La ambición, el dolor, la culpa; en definitiva, la condición humana. Qué lástima que haya dejado de serlo. Ahora un viaje a la Luna significa una carrera de conquista, una lucha de intereses nacionalistas que ponen de manifiesto la capacidad y la fuerza de Estados Unidos ante los avances espaciales de China. La literatura, la imaginación que induce, se ha perdido a favor de una guerra tecnológica que refuerza la idea de colonización para ocupar territorios inexplorados y hacerlos nuestros por interés material. Que me dejen de historias. El viaje es antropología, literatura, imaginación y pasión. Todo lo demás está llamado a ser colonización, toma de posesión y guerra tecnológica. La Luna está ahí arriba para gozarla, no para ligarla a proyectos de dominio, a planes extractivistas o a nuevos nichos de negocio. Cuando al hablar de la Luna surgen los nombres de Trump, Elon Musk o Jeff Bezos, pienso que el hermoso viaje hasta ella también tiene una cara oculta. Y en ella se pretende reactivar el botón del deterioro de la naturaleza para beneficio propio. Es paradójico que la misión lunar de EE.UU. se denomine Artemis, diosa de la luz y poseedora de atributos que castigaban a quienes dañaban la naturaleza.
Patriotax
El pasado martes el Ejército de Israel mantuvo retenido durante una hora a un soldado español que actuaba como casco azul de la ONU. Formaba parte de un convoy que estaba llevando aprovisionamientos a la misión de paz en Líbano. Se trató de una acción totalmente ilegal, pues constituye una violación de la legalidad internacional. Después de "la protesta más enérgica" a Israel por parte de la diplomacia española, el soldado fue liberado. Se pidió depurar las responsabilidades pertinentes y las autoridades israelíes aseguraron que investigarían lo ocurrido "por si dicha conducta fuera sancionable". Sin embargo, poco después Netanyahu, en un rato libre entre órdenes de genocidio en Gaza, Líbano y Cisjordania, volvía a cargar contra España acusando a Pedro Sánchez de "librar una guerra diplomática contra Israel". Hay quien cree que el sionismo criminal, encabezado por el genocida Netanyahu, está muy cabreado por la postura contraria de Sánchez a los bombardeos en Líbano en pleno alto el fuego en Irán. Pero la cosa va más allá. Estos criminales, pues son responsables de crímenes de lesa humanidad, están muy cabreados con España. Con esa España que apoya la no participación en Eurovisión por no excluir a Israel; que se manifiesta en contra de la participación de un equipo israelí en la Vuelta Ciclista; que alza la voz en contra del genocidio sionista en Gaza; que se posiciona a favor del "No a las guerras" ilegales patrocinadas por el sionismo. Acostumbrados al apoyo incondicional, a la "comprensión" o -al menos- al silencio cómplice de los acomplejados y serviles países europeos, la actitud de España molesta especialmente a los sionistas. Su líder, Netanyahu, publicó en redes lo siguiente: "El Estado de Israel no guardará silencio ante quienes nos atacan. España ha difamado a nuestros héroes, los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel, los soldados del ejército más moral del mundo. Y por eso he ordenado expulsar a los representantes de España del centro de coordinación en Kiryat Gat, después de que España haya elegido una y otra vez posicionarse en contra de Israel". Está "diarrea" mental, plagada de mentiras y obscenidades que insultan a la inteligencia, sólo puede salir de ese montón de mierda que día a día demuestra ser Netanyahu. Un tipo que llama héroes a quienes colaboran con ganas y "creatividad" en sucesivos genocidios, escudándose en la idea del deber obligado, y que califica a un ejército brutal que tiene en el asesinato colectivo su principal tarjeta de presentación, como de "el más moral del mundo", sólo puede ser un canalla, un psicópata, un miserable y un infame. Pura escoria. Mientras, en España, la portavoz del PP compara la detención del soldado español con una retención de tráfico y es defendida a ultranza por su grupo. Y, mientras, el señor Abascal sigue desaparecido, guardando silencio y haciendo lo que más le gusta: no dar un palo al agua y disfrutar de las rentas económicas que le proporciona el cargo. El apoyo de VOX al sionismo es inquebrantable. Entre racistas, supremacistas y fascistas anda el juego.
•La nueva barbarie
Los que no viven absorbidos por alguna "ventana" tecnológica; los que, al menos de vez en cuando, enderezan las cervicales y miran alrededor, se dan cuenta: la barbarie está ganando. No la barbarie antigua, la de las hordas salvajes, la que conquistaba, saqueaba y pasaba a cuchillo. No, la actual es más sofisticada: viste traje de marca, cotiza en bolsa, tiene cuenta en Islas Caimán y vota fascismo. Es la barbarie que se mea en las normas de derecho internacional, la que pisotea los derechos humanos, la que replica por interés económico guerras ilegales, la que destruye el planeta con hojas de cálculo, mata con algoritmos y celebra la miseria ajena con champán francés. En Silicon Valley diseñan aplicaciones para que no tengas que mirar a los ojos a ningún trabajador y veas las miserias que el sistema crea. En las salas de juntas de las multinacionales se aplaude cuando suben las acciones después de despedir a miles de empleados. Esta es la nueva barbarie: eficiente, optimizada y con excelente marketing. Antes la barbarie podía disfrazarse de misión civilizadora; el saqueo, de progreso; el genocidio, de liberalización. Ahora ha cambiado el relato Pero el efecto es el mismo. Tienen el planeta en llamas, la desigualdad en máximos históricos, la democracia convertida en parodia, pero siguen pretendiendo convencernos de que la concentración obscena de poder es meritocracia, que la explotación infinita es crecimiento, que el orden será el resultado del caos que siembran, que el fascismo es liberalismo democrático, que el cambio climático no existe, que se preocupan de tu futuro mientras devoran tu presente. Han conseguido que ya no podamos debatir entre sistemas económicos alternativos pues sólo reina el suyo. Ya no podemos elegir entre revolución o reforma porque sus reformas nos llevan al pasado. Ahora la única resistencia posible es la de intentar defender los últimos restos de vida civilizada, la posibilidad misma de mantener lo común, lo público, lo compartido, lo que no es sólo negocio, frente a una barbarie que avanza sin siquiera necesitar una ideología clara. Aunque la sombra del fascismo lo sobrevuela todo y todo lo envenena. El tiempo se agota. Los científicos nos dan una década para cambiar el rumbo del cambio climático. Los economistas honestos advierten de que la próxima crisis hará palidecer a la de 2008. Los sociólogos documentan cómo se deshilachan los lazos que nos mantienen juntos. Los psicólogos ya no saben cómo decir que las aplicaciones de nuestros móviles están calcinando nuestras mentes. Los fascistas afilan sus cuchillos.
viernes, 10 de abril de 2026
•Imbéciles y gilipollas
Carlo M. Cipolla publicó hace algunos años un corto ensayo llamado "Leyes de la estupidez humana". Decía Cipolla que siempre infravaloramos el número de imbéciles que nos rodea. Que no llega a ser infinito, pero sí muy elevado. Y que, además, no le damos importancia suficiente al poder para hacer daño que tienen esos imbéciles, sobre todo porque el imbécil, a veces, por su propia estupidez, actúa en contra de sus intereses. Totalmente de acuerdo. En todo caso, yo hablaría no sólo de imbéciles sino también de gilipollas. Trump apareció el otro día en un balcón junto a un florero, perdón junto a Melania, y un conejo gigante. A nadie le pareció raro. Como tampoco nos extrañamos cuando empezó a sacarse aranceles de su bragueta neoliberal y a invadir países a voleo. Nos hemos habituado a ver sus bailecitos patéticos y sus gestos y muecas grotescas. Es un esperpento que se rodea de gente de su nivel, como un vicepresidente tan inepto como engreído o un secretario de Guerra que habla como un niño de seis años. El problema es que la peña no se toma en serio el peligro que esconde esta escoria y cuando todo acabe mal dirá, como en aquel chiste de Gila: "Me habéis matado al hijo, pero lo que me he reído". Trump es un portento: en Venezuela reemplazó el chavismo por el chavismo sin Chavez. En Irán ha cambiado el régimen de los ayatolás por el régimen de otros ayatolás. Este imbécil pasa de expresarse como si fuera un niño de primaria con retraso cognitivo a hacerlo como un chulo matón de taberna: "Abrid el puto estrecho, locos bastardos o el infierno os espera". Mientras, amenaza e insulta a diario a sus aliados, incluso a nivel personal, vitupera a todo el que osa criticar sus acciones y, ahora, ultraja hasta a los que ayer le daban su apoyo incondicional, sin faltarle tiempo para amenazar con "arrasar toda una civilización en una sola noche". A cambio, nos aboca a una crisis económica de incalculables consecuencias. Su megalomanía, excesos verbales, estilo de gobierno basado en la humillación de adversarios y su populismo autocrático y globalmente lesivo lo ponen a la altura de ese monstruo que fue Calígula. Menos mal que Rajoy, otro inepto con el mismo nivel discursivo que un repetidor de 3º de Diversificación, ha venido en su ayuda al decir que "Trump tiene razón". Es lo que pasa cuando el juez García Castellón no te imputa por corrupción porque no sabe quién demonios pueda ser el "M. Rajoy" de los papeles de Bárcenas. O cuando el mismo García Castellón -que casualidad- hace lo mismo con el caso Kitchen, pese a que unos audios de Cospedal lo involucran de lleno. Te acabas creyendo un genio intocable cuando sólo eres un imbécil que no sabe ordenar correctamente en una frase sujeto, verbo y predicado. Y ojo, porque el próximo gallego en Moncloa promete mejorar la apuesta.
Servilismo del PPOX
Hace unos días el genocida ejército israelí detuvo durante casi una hora a un sargento español desplegado como casco azul en la misión de la ONU en el sur de Líbano. El militar formaba parte de un convoy que transportaba alimentos y suministros a compañeros indonesios. Es un paso más en la escalada de flagrantes violaciones del derecho internacional por parte del sionismo. La detención ilegal del soldado español solo terminó tras la enérgica protesta diplomática de España, que exigió explicaciones inmediatas. La ministra de Defensa lo describió como un incidente y un agravio inaceptable. Tan inaceptable como la reacción de PP y VOX. Ante un hecho tan grave -un soldado español, uniformado bajo bandera de la ONU, retenido por fuerzas extranjeras en territorio de misión-, cabría esperar de los autoproclamados "patriotas" de Vox y el PP una condena rotunda, una defensa sin fisuras de la soberanía, la dignidad y la integridad del ejército que representa a España. Sin embargo, lo que hemos presenciado es el silencio de VOX y una minimización vergonzante por parte del PP. Su portavoz parlamentaria tuvo la ocurrencia de equiparar la detención con un control de tráfico: "Yo he estado retenida en controles de tráfico más tiempo", dijo. Frivolidad y desvergüenza absoluta. Vox, por su parte, ha optado por el silencio sepulcral por parte de Vox: Ni un tuit, ni una nota de prensa, ni una declaración. Lo mismo es que siguen de vacaciones y sin trabajar. El partido "más patriota del universo", cuando un soldado español es humillado, guarda un silencio elocuente. Un silencio que, como la frivolidad del PP, grita servilismo y vasallaje hacia los poderosos y un alineamiento incondicional con el sionismo, incluso cuando ese agrede directamente a España.Este no es un incidente aislado. Es su "modus operandi". El "patriotismo" de Vox y PP solo vale cuando no choca con sus afinidades ideológicas. Defienden a capa y espada la "seguridad de Israel" aunque esté país humille a un soldado español. Entonces miran para otro lado. Hablan de "soberanía" y "orgullo nacional", pero ante un agravio real a la bandera y al uniforme que dicen defender, se convierten en mudos servidores. Un soldado español retenido. Una nación agraviada. Y dos partidos que, en vez de alzar la voz, bajan la cabeza. Ese es el verdadero rostro de su patriotismo de cartón piedra. Como siempre, dicen una cosa y hacen lo contrario.
miércoles, 8 de abril de 2026
•Dualidad de la Humanidad.
Hemos vuelto a la Luna. Bueno, nos hemos dado un paseo fotográfico por su periferia, que no es lo mismo. Para muchos es un nuevo hito para la Humanidad, otro hecho más que incluir en los anales de la Historia. Para mí es un símbolo de cómo, en tantas cosas, vamos para atrás como el cangrejo. ¡Vamos a ver!, que sí, que a mí también me fascina apreciar la grandeza del ser humano desafiando a la naturaleza, imaginando, descubriendo, ampliando fronteras. Aunque después las llenemos de muros, de vallas de alambre espinoso y pongamos el cartel de "Reservado el derecho de admisión". Es humana esa fascinación por explorar lo desconocido, por superar los límites, por conocer más, por aprender, por ser cada vez más sabios, más capaces. Lo malo es cuando uno escucha al mandatario más poderoso del mundo decir cosas como "Abrid el puto estrecho, locos cabrones, o vais a vivir en el infierno. Voy a volar todo por los aires y apoderarme del petróleo". Ahí reniega uno de su especie y le gustaría tener la nobleza de un lobo estepario. Cuesta aceptar que el mismo ser que es capaz de explorar el espacio, se está destruyendo a sí mismo y está destruyendo el Planeta. Paso por la puerta de un colegio y me pregunto ¿Cómo le explicamos a estos "enanos" que podemos llegar a la Luna pero somos incapaces de darnos una vida digna y en paz en la Tierra? ¿Cómo hacerles comprender que la ciencia, la tecnología y todo el saber adquirido ha mejorado nuestras vidas, pero que también gran parte de todo este aprendizaje se usa para someternos, controlarnos o destruirnos de una manera más eficiente; que somos capaces de curar enfermedades, de construir artefactos increíbles, de transformar el mundo y poner todos sus recursos a nuestro servicio?. Y a la vez, que usamos un alto porcentaje de toda esta sabiduría para hacernos daño, para el beneficio de unos pocos. Es la dualidad del ser humano, capaz de lo mejor y de lo peor. De la ternura y de la tortura. Y esto es jodido de asumir, pero más todavía de explicar a quien empieza a ser consciente de que vive en este mundo, de que forma parte de esa especie, de que le va a tocar elegir bando. O te comprometes y eres solidario o te sumas a los egoístas. O asumes responsabilidades o refuerzas el bando de los irresponsables. O apoyas la democracia o votas a la ultraderecha. Así es el mundo: siempre hay a quienes les va bien jodiéndole la vida a los demás. Hace unas semanas, las bombas mataron a casi 200 niñas en una escuela. Hay gente con cáncer que no puede ser tratada en su país porque no tiene seguro médico, niños encarcelados y deportados por ser inmigrantes o pasando hambre en una Gaza destruida. Pero, chicos y chicas, no ha importado gastarnos casi 100.000 millones de dólares para fotografiar en directo la cara oculta de la Luna. Esa que, sospecho, no quiere ni mirarnos a la cara.
•El oro es tiempo.
Cada vez oímos a más gente pronunciar esa frase tan de moda de 'No me da la vida". Lógico si tenemos en cuenta el ritmo de vida imparable y fugaz que nos han impuesto y hemos aceptado. Vivimos a diario en una espiral infinita de aceleración. Asumimos con normalidad horas, meses de trabajo extenuantes, compromisos y planes autoimpuestos. Hacemos grandes y pequeños sacrificios para llegar a todo. Y no tenemos tiempo para todo. El tiempo se ha convertido en un privilegio, sobre todo en las grandes ciudades. Pero el tiempo también está disponible. Sólo es cuestión de sacar la cartera y comprarlo. Si quieres ahorrar tiempo al cruzar tu ciudad, abres una app, pagas y solicitas un coche privado; si quieres saltarte días o semanas de espera para que te atiendan en tu centro de salud, pagas un seguro privado y te atienden antes; si optas por estudiar un grado o una FP de difícil acceso, pagas a una entidad privada que te ahorra meses de espera. Si puedes pagar un alquiler en el centro de la ciudad, es probable que te ahorres muchas horas semanales en desplazamientos hasta tu centro de trabajo. Esta dinámica es extrapolable a los cuidados, la salud, la educación, las actividades extraescolares y a la mayoría de los servicios que vertebran nuestra vida. Si quieres tiempo, paga para que te cuiden a los niños, para que se hagan cargo de tus mayores, para que te ordenen y limpien la casa, para que te traigan la compra a casa, para que te gestionen todo tipo de papeles y asuntos, para que un profesor particular "ayude" con los deberes a tus hijos, para que te sirvan la comida en un restaurante y no tengas que pisar la cocina, para contratar a un coach especialista en organización y gestión del tiempo. Si tienes dinero podrás tener más tiempo para hacer escapadas de fin de semana, tomarte vacaciones cuando te apetezca, organizar fiestas, acudir a conciertos en cualquier sitio... No es descabellada la idea de pagar por algunos de estos servicios; de hecho, algunos resultan accesibles para la mayoría. Pero si lo que quieres es tiempo de calidad, eso ya es algo realmente exclusivo. Tener tiempo "para tu" es un deporte de riesgo que consiste en costear su acumulación para poder elegir cómo invertirlo. Todo muy "economicista". Para aspirar a una “vida buena”, es necesario pasar por caja. Es evidente que, en este modelo, a menor nivel de renta, menor libertad de elección y, por tanto, menor tiempo de calidad. Si no tienes dinero te toca dedicar más tiempo al cuidado de los hijos, a las tareas domésticas, a autogestionar tus asuntos, a hacer colas interminables, frecuentar salas de espera abarrotadas en centros de salud, rellenar listas de espera... Y esperar que, los que sí tienen tiempo, quieran reducir la jornada laboral, mejorar la conciliación, las ayudas a la dependencia, los permisos por maternidad..., y dejar de machacar los servicios públicos.
martes, 7 de abril de 2026
•Redes para atrapar yonkies
Existe una amplia evidencia documental, técnica, testimonial y hasta judicial que demuestra que las plataformas de redes sociales están diseñadas para maximizar el tiempo de permanencia, lo que genera adicción. Una reciente sentencia en California habla abiertamente de “diseño adictivo". Es la primera vez que la justicia reconoce que no estamos ante un uso problemático individual, sino ante productos diseñados para generar ese problema. Los algoritmos están diseñados para captar y retener la atención el mayor tiempo posible, porque de ello depende su negocio. No se trata simplemente de que se “use demasiado el móvil”, sino de que interactuamos con sistemas diseñados para que no podamos dejar de hacerlo. El mayor problema es que las redes sociales han pasado a ser, por encima de la familia o la escuela, el principal espacio donde los jóvenes construyen su identidad, se informan y se relacionan. Las consecuencias ya son visibles: Ansiedad, baja autoestima, frustración constante por no alcanzar ciertos estándares y una necesidad casi permanente de validación externa. Pero hay más: las plataformas también están influyendo en cómo los jóvenes entienden el mundo. En España, cerca del 80% consume información política a través de TikTok, Instagram o YouTube, donde prima lo emocional, lo visual y lo inmediato, sin análisis ni verificación, y donde la ultraderecha campa a sus anchas. No, la deriva de muchos jóvenes hacia la extrema derecha no es un accidente ni una simple “mala influencia”. Es el resultado de un ecosistema digital que monetiza la frustración, explota la inseguridad y convierte el malestar en ideología. Las plataformas no solo capturan atención: moldean emociones, ordenan deseos y, poco a poco, empujan a miles de jóvenes hacia relatos reaccionarios que les prometen identidad, fuerza y una explicación fácil para su rabia. Les dicen quién tiene la culpa de su frustración: el feminismo, las mujeres, la izquierda, los inmigrantes o el “sistema”. Esa lógica no educa; intoxica. No ayuda a madurar; radicaliza. El trabajo ya está casi hecho y las consecuencias las sufriremos pronto.
•Los del sí a la guerra
Salvo para los que todavía nos indignamos ante las ignominias, para el resto "lo de Irán" es una noticia molesta más, algo que les importa poco porque sucede lejos. Y a otros. Ellos prefieren atacar a su gobierno porque no apoya a unos genocidas, aunque ello afecte a sus bolsillos. Se encuentran cómodos apoyando a un psicópata sólo porque es el mayor símbolo de los poderosos y sus intereses. Les importa poco tragarse nauseabundos relatos e infantiles justificaciones. La narrativa inicial era que los ciudadanos iraníes podrían rebelarse contra el régimen talibán al descabezarlo. Ya sabemos que hace meses EE.UU. financió la entrega de armas a los disidentes iraníes. Pero los daños infligidos a las infraestructuras iraníes y el asesinato selectivo de sus dirigentes no ha dado pie a ninguna restauración democrática. No es eso lo que se busca. A Trump la "libertad" del pueblo iraní o el sometimiento de sus mujeres le importan lo mismo que un inmigrante latino. Este tipejo desprecia la cultura y evita cualquier mínimo esfuerzo de su pobre intelecto en pésima forma. Su escuálida mentalidad no da para mucho. Él prefiere ejercer a tontas y a locas un poder inmenso y ponerlo todo patas arriba siempre que obtenga beneficio económico. Lo hemos visto en Gaza, en Venezuela. Lo veremos en Cuba. Cada vez que Trump habla con los periodistas la borrachera del poder acentúa el narcisismo de su talante infantiloide y le hace creer que sus caprichos debe cumplirse como por arte de magia, pese a quién pese, sufra quien sufra, muera quien muera, sencillamente porque su dopada industria militar y su costosísimo ejército puede imponerlos al mundo. Que alguien se oponga a sus caprichos le parece algo totalmente inadmisible a este nuevo Calígula. Europa molesta a Trump y sus secuaces porque son el último baluarte del Estado de bienestar, pues esto vulnera esa cosmovisión trumpista que desprecia lo público en aras de la propiedad privada. Prefiero ser un europeo independiente que el cipayo de un un pollo sin cabeza, que actúa frenética e irracionalmente dando tumbos porque no hace ningún plan que no pase por incrementar el propio patrimonio, saqueando los recursos propios y ajenos. La prisa que Trump tiene por acabar con la guerra de Irán, o simplemente con Irán, tiene que ver con que los drones iraníes de bajo coste se interceptan con misiles tan sofisticados como carísimos. Y eso -gastar dinero- molesta mucho a sus incondicionales, como demuestra la caída en picado del índice de popularidad del sátrapa americano. Y eso, para un narcisista patológico, es insultante. Y peligrosísimo para todos.
•Apoyar a Trump mientras se toman cañas.
Durante mucho tiempo, toda una generación de alemanes negó que conocieran la máquina genocida puesta en marcha por los nazis. Al parecer, el exterminio de 6 millones de judíos y centenares de miles de gitanos, discapacitados, opositores políticos, prisioneros de guerra..., que suponía el desplazamiento de millones de personas, podía ser ignorado. Pero al menos aquellos alemanes podían alegar que no sabían porque era una operación que no se desarrollaba en público. Hoy, en Gaza o Líbano, Israel lleva a cabo un brutal genocidio en toda regla. Esos canallas de Trump y Netanyahu están ejecutando una guerra injusta y cometiendo crímenes de guerra, uno tras otro, con luz y taquígrafos en Irán. Y, sin embargo, son muchos los que apoyan a Israel, los que ríen las gracias a EE.UU., los que prefieren atacar a su gobierno demandando apoyo para que un genocida y un psicópata puedan alcanzar sus objetivos cometiendo crímenes de lesa humanidad. Y se llaman cristianos. Se autodenominan gentes de bien. Dicen estar en el lado correcto de la historia. Pero en el fondo son gentes de moral "confusa", de erróneos principios éticos. Son personas serviles que prefieren estar siempre a la sombra de los poderosos. Son "vendepatrias" que cuando hablan de los "intereses de los españoles" sólo piensan en sus propios intereses, en su seguridad, su comunidad y su beneficio económico. A esta gente, que millones de personas sufran, que decenas de miles sean asesinadas, que se masacre a niños, que se destruya sus hogares, que se les empuje al hambre, que se arrase sus países..., y todo ello ignorando por completo las más mínimas normas del derecho internacional y los más básicos derechos humanos, les da igual. Son gentes amorales, egoístas, que empiezan a practicar una suerte de sociopatía selectiva, importándoles un bledo lo que les pase a los más pobres, a los más necesitados, a los más indefensos, a los más débiles, a los que sufren el ataque de los poderosos. No tienen nada que decir sobre las amenazas de Trump de "destruir toda una civilización". Antes al contrario, seguirán reclamando el apoyo a los genocidas mientras practican lo que ellos creen que es la mayor aportación de España a la civilización occidental: tomar cañas.
•Privatiza y machaca el Estado
"La Junta de Andalucía aprueba la LUPA, una ley universitaria al servicio de la privatización"; "Ayuso gasta más de un millón de euros en privatizar la gestión de becas de Educación"; "La Junta quiere privatizar el servicio de ambulancias en Huelva"; "La crisis de los cribados de cáncer en Andalucía pone en cuestión la privatización sanitaria"... Todos los días nos desayunamos con titulares como éstos. Mientras nos agotamos en polémicas absurdas, como la de si mover o no el Guernica; mientras nos inducen a enfrentarnos con problemas sobredimensionados como la inmigración o la okupación; mientras nos vuelven a servir debates tan estériles como rancios, caso del aborto o la eutanasia..., ellos se dedican a desmantelar el estado del bienestar por la vía de la privatización. Da igual que la llamen "externalización" de servicios o "colaboración público-privada". Es un saqueo del Estado. Se pone en manos del negocio privado lo que es de todos, pues todos lo hemos pagado con nuestros impuestos. La privatización afecta especialmente a la sanidad, con aumentos en derivaciones a clínicas privadas que, en absoluto frenan el aumento de listas de espera. Pero también a las residencias de mayores, destacando comunidades como Andalucía y Madrid. Se subcontratan servicios públicos, desde emergencias 112 hasta educación, buscando -dicen- eficiencia y reducir costes. Pero provocan problemas, desigualdad y deterioro de la calidad del servicio público. Su privatización supone, sencillamente, convertir en puro negocio lo que son derechos básicos incluidos en la Constitución. Así, lo que prima e importa es que empresas privadas obtengan el mayor beneficio posible; desde la sanidad y los servicios públicos de todo tipo, hasta los servicios de seguridad y de la justicia. Las subcontrataciones de importes millonarios, que en buena parte se adjudican a dedo, quedan, además, al margen de cualquier control público y, mucho más, cuando las cesiones se hacen por décadas, caso de las concesiones de agua, de limpieza, de recogida de basuras... En los procesos de privatización ganan todos los agentes implicados menos el ciudadano, que está pagando impuestos para que el beneficio de lo que con ellos se crea se lo repartan empresas privadas que, casi siempre, "saben agradecer" convenientemente al que privatiza. Sólo hay que ver la relación entre Quirón Salud y la familia Ayuso. Además de favorecer el negocio privado, el interés por privatizar está en debilitar el sector público, sobre todo porque éste es el último reducto que garantiza el cumplimiento de los derechos laborales, contrarios al deterioro de las condiciones salariales, la inestabilidad y la precarización laboral, el aumento de la carga de trabajo y los riesgos... El empleo público, con su estabilidad en el puesto de trabajo o los derechos de carrera profesional, es muy mal ejemplo para los intereses neoliberales.
domingo, 5 de abril de 2026
Poedeotro
A veces, al chapotear
con mis manos en el agua oscura,
percibo que me encuentro
en un pozo habitado.
Aquí yazgo, aquí despierto.
Buceo entre aguas siniestras
con un estertor de oscuridad en la garganta.
Hablo. Mi voz es líquida,
nadie apenas la escucha.
Los sueños, que no saben nadar,
suben y bajan,
se ahogan entre aguas enlodadas.
Tampoco hay olas que mezan este hastío.
Desconoce el arrullo de los mares
la soledad confinada de habitante de un pozo.
Pero miro hacia arriba
y veo la luz asomada al brocal.
Aprovecho para educar la memoria,
para olvidar lo doliente.
Selecciono el pasado e hipoteco el presente.
Pongo precio al futuro
a fuerza de ocultarme de los hechos
intentando olvidar mi amnesia.
Miro hacia arriba y veo la Luna.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas
mientras esperas el día.
•Zorongo
•El monstruo del fascismo
Albert Camus afirmó que "un país vale lo que vale su prensa". Visto el panorama de la prensa nacional, hay motivos para tentarse la ropa. El monstruo que están creando terminará por devorarnos a todos. De momento han conseguido que mucha gente lo vea como si fuera un osito de peluche que agita un banderín rojigualda. No es difícil en estos tiempos de ignorancia y estulticia. Leo que en un trabajo periodístico en EE.UU. se mostraron artículos de su Constitución, y una proporción nada desdeñable de los consultados las tomaron por proclamas subversivas y hasta comunistas. Aquí pasaría igual. Pero ya sabemos que allá y acá, cuando la ultraderecha brama "Libertad", está reivindicando la perpetuación de las desigualdades sociales y defendiendo a mordiscos sus privilegios. Derogarían la Constitución mañana mismo. La meta de los fascistas y sus manipuladores es hacerse con el poder, destruir todo atisbo de discrepancia y liquidar por los métodos que sean a la izquierda, los sindicatos, la sociedad civil o la intelectualidad disidente. Y en eso están. Una sociedad está enferma cuando apoya a partidos que dedican toda su energía a eliminar a sus adversarios políticos. Es una estrategia para encubrir la carencia de programa -salvo el oculto de parasitar el Estado- pero también para escamotear la discusión sobre los verdaderos problemas y sus orígenes. Por eso, ante lacras como xenofobias, racismos, clasismos, machismos, homofobias y negacionismos -que vienen de la mano del fascismo- la neutralidad y la equidistancia son repugnantes. En un mundo donde la infantilización e idiocia de la ciudadanía desborda las previsiones más pesimistas, el blanqueamiento del fascismo es un crimen que, en multitud de ocasiones, se practica con premeditación, alevosía y ensañamiento. Cuando las semillas del mal producen sus frutos podridos, quienes las regaron con mentiras no pueden declararse inocentes. Tan culpables de la devastación son los bárbaros y sus cómplices como los miserables y bocazas que les allanan el camino.
sábado, 4 de abril de 2026
•El nuevo opio del pueblo
"FOMO", lo llaman: Fear Of Missing Out. O lo que es lo mismo: miedo a perderse algo. Cómo no, tiene que ver con el móvil, que ha convertido a esta sociedad en un yonki del dichoso artefacto. La gente está de vacaciones, sentada en terrazas... y la pantalla delante. Se tumba sobre la arena de una playa... con la pantalla delante. Asiste a una procesión... con la pantalla delante. Comparte mesa en un restaurante... con la pantalla delante. Y mientras la miran, piensan en conciertos a los que no pudieron ir, cuerpos que nunca tendrán, lugares que jamás visitarán e incluso edades a las que es imposible que vuelvan. Es la nociva melancolía digital. Que nos atrapa, que no nos suelta, que crea adicción. Nos obliga a estar conectados hasta cuando nos agobia la sensación de ir quedándonos atrás. La hiperconexión de las redes sociales nos ha traído el chute de ansiedad por no estar en los sitios que otros publican. Por no hacer lo que otros hacen. O, directamente, por no ser aquello que dicen otros haber conseguido ser. Ya no sabemos qué hacemos porque nos apetece y qué hacemos para que se vea que lo hemos hecho. Los egos ultraestimulados por la viralidad hacen que personas con diez míseros seguidores terminen hablando a su cámara cual followers. Replicamos como estúpidos a los retos virales que otros necios nos lanzan desde Instagram o TikTok. Todo eso, después del "chute", nos frustra, inmersos en el hipnótico bucle sin fin de vídeos rápidos que vamos pasando con el dedito y que siempre animan otro plan más que desear. Ya no nos conformamos con imaginar otra vida. Y, mucho menos, tranquila. Queremos ser "productivos" hasta en vacaciones. Y que se vea. Y que el ritmo no pare. Hasta acabar echando de menos cosas que jamás hemos vivido salvo en una pantalla. Y, ya no sabemos si es más grande nuestro ego o nuestra envidia. ¿Por qué no prueba la gente a apagar el teléfono?. Quizá así se de cuenta que cuando uno es feliz no necesita nada que publicar, nada que scrollear, nada que imitar. Pero el móvil se ha convertido en el nuevo opio del pueblo.
viernes, 3 de abril de 2026
•Poema abril
Los hay pendientes del reloj
y se vuelven del tiempo feroces enemigos.
Los conozco gratuitos, pusilánimes
que simplemente están.
Ni son. Ni lo parecen.
Los hay que viven sin contar los días
y se les vuelve el tiempo
felicidad sin prisa.
El que apaga la luz y el tiempo
no siempre busca el sueño.
A veces, en lo oscuro,
sus ojos se acostumbran a mirar
lo que no le muestra el día.
A veces, cuando vuelve a mirar, ya no es el mismo.
A veces, es mejor olvidar lo que ya sabes,
vaciar tu memoria,
dejar la mente en blanco.
Sólo así podrás ser un hombre nuevo.
No te mientas a tí mismo
sólo así dejarás de sentir en tu nuca
el aliento de la perplejidad,
la palidez de aquellos
a quienes tu presencia desconcierta,
y verás en sus ojos reflejado el temor,
como una llama que despacio alimenta
la hoguera que provoca.
Incluso junto al mar arden recuerdos.
El agua siempre encuentra el camino de vuelta,
las señales efímeras de una vida anterior.
No cargues nunca con maletas
que no son equipaje sino lastre.
Las llamas del recuerdo se elevan en la noche
buscando iluminar una certeza,
tratando de agrietar
un silencio más cómplice que la peor mentira.
Quien carece de sueños se queda sin futuro.
Quien niega a sus maestros un pedazo de tiza
niega a sus propios hijos
la posibilidad de una pizarra
donde escribir "Mañana".
•Emociones, no devociones
En un mundo fuertemente materialista, hedonista, inclinado al egoísmo y donde la prevalencia de la imagen y la apariencia ha alcanzado cotas superlativas, era de esperar que todo eso afectase al sentimiento religioso. Esto es especialmente visible en la Semana Santa. En una sociedad cada vez más ignorante, superficial y con un grave déficit de educación emocional, no es de extrañar que mucha gente confunda las emociones con el sentimiento religioso. Esta confusión es un fenómeno muy común en la vida espiritual, donde se tiende a equiparar la espiritualidad o la fe con estados emocionales pasajeros. La Semana Santa es un espectáculo barroco vivo, donde la estética, el lujo y la teatralidad se fusionan en las calles. No le falta ningún ingrediente de un buen espectáculo: música, iluminación, vestuario, atrezzo, variados personajes, puesta en escena. Imágenes, sonidos, olores, subliman los sentidos. Las procesiones son auténticas puestas en escena con imaginería realista, música sacra y gran dramatismo. Están diseñadas para estimular los sentidos y transmitir emociones vívidas. Y ahí surge el problema, cuando se confunden las emociones sensoriales con el sentimiento religioso y la devoción. Esta confusión desemboca en un "emocionalismo", donde la fe se vuelve difusa, se diluye, se hace inestable al basarse únicamente en lo que se siente en un momento dado. Disuelta la procesión, apenas queda el regusto estético. La madurez espiritual implica ser indiferente a las evocaciones emocionales, aceptándolas si llegan, pero continuando la fe cuando no están. Y de ésto empieza a quedar muy poquito. La cosa se agrava cuando en el contexto de la Semana Santa se observa una creciente utilización de símbolos, que nada tienen que ver con la religión, con fines ideológicos. Es muy evidente que, en nombre de las tradiciones, la ultraderecha está parasitando estás celebraciones. El exhibicionismo superfluo y superlativo de la bandera de España en el atuendo costalero (pulseras, medallas, costales, camisetas, calcetines y hasta los cordones de las zapatillas) es buena muestra de ello. Hasta el arzobispo de Sevilla lo verbalizó el año pasado: "Una procesión no se puede convertir en un desfile, ni en una pasarela, ni en una coartada para exhibirse o ser admirado. En ellas se están multiplicando los símbolos, cada vez más exuberantes. Y muchos de ellos no tienen nada que ver con la creencia religiosa ni con la devoción popular".
jueves, 2 de abril de 2026
•2043
No me extraña nada que, en época de lunáticos, alguien haya decidido volver a la Luna. La NASA ha llamado a la misión Artemis II. Tiene su lógica. Artemisa era una de las principales deidades del Olimpo griego, una diosa virgen protectora de los animales, las mujeres jóvenes (menuda asociación), la luna y los partos. No obstante, esto tiene truco. Tal como están las cosas me da que solo es una estrategia de los asesores de Trump, una cortina de humo para distraer al personal de las canalladas de su jefe. Cuentan que la NASA consiguió que el esperpento de la Casa Blanca aceptara el proyecto de volver a la luna asegurándole que allí hay petróleo. A partir de ahí las opiniones están muy encontradas. Una parte de la humanidad agradece que, por una vez, el "ente anaranjado" apunte sus cohetes al cielo. Los terraplanistas no se creen nada. "¿Una luna esférica?, ¡Venga ya!", dicen. "Todo el mundo sabe que la luna es un farolillo decorativo de papel maché". Por su parte, los milenaristas más estúpidos creen que la nave Artemis va a chocar en el cielo con Jesucristo y lo va a destruir, iniciándose así el fin del mundo. Yo lo único que sé es que nada más empezar la misión los tripulantes tuvieron su primer inconveniente y anunciaron un fallo con el inodoro de la nave espacial Orion. ¡Me huele mal! Cómo eso explote nos va a poner bonitos de mierda a todos los que estamos debajo. Encima tiene uno que oír a periodistas encadenando estupideces a propósito de la cara oculta de la Luna, que algunos creen que es la de Carglass. Lo cierto es que el espacio vuelve a estar de moda. La prueba es que las entradas que el CSIC puso a la venta para contemplar el eclipse de agosto se agotaron en apenas quince minutos. Y lo que son las cosas, el eclipse solar que provocará el oscurecimiento del día en la banda de sombra, se producirá el día siguiente al de Santa Clara. No sé. La misión Artemis lleva a una tripulante. Todo un avance, sobre todo después de que el Vaticano haya confirmado que San Pedro lleva dos mil años sin permitir la entrada de mujeres en el cielo,"porque así es la tradición de la Iglesia". En fin, los tiempos que corren. Bueno, menos para un señor de Albacete que se ha liado al reprogramar el reloj del horno con el cambio de hora y ahora vive en 2043.
•Perder la fe
Un recién nacido carece de fe. Esta no es algo genético, algo que nos viene dado. Por el contrario, como la misma religión, es un proceso que se propone y comparte, siendo la familia quien la transmite por contagio y testimonio. Podríamos decir que la fe se hereda. Crecemos en un mundo donde la fe no es una opción, sino un paisaje. El individuo no elige. Se le trasmite, se le enseña, se le impone la fe. Es verdad que Dios está en todas partes: en las palabras de tus padres, en los libros, en la Historia del arte, en la cultura, en las festividades, en los convencionalismos sociales, en el lenguaje, en los silencios solemnes de la iglesia y en sus imágenes, en la estructura moral que ordena lo que está bien y lo que está mal. No podemos escapar de Él. Así, creer es casi tan natural como respirar, mientras que dudar, en cambio, te parece una especie de traición. Además, tener fe es cómodo: encuentras consuelo en la idea de un sentido último, en la promesa de justicia más allá de la vida, en la certeza de que no estábamos solos. La deriva hacia la no creencia llega -al menos en mi caso- cuando la razón comienza a reclamar su espacio, no como un enemigo de la fe sino como una voz persistente que pide coherencia. Para mí fue definitivo empezar a observar contradicciones generalizadas en discursos de amor al prójimo que convivían con actitudes de exclusión, proclamaciones de humildad sostenidas por estructuras de poder, condenas morales selectivas que parecían más humanas que divinas. La hipocresía no es una excepción y a menudo parece formar parte del sistema al tiempo que el fanatismo, disfrazado de certeza, anula cualquier intento de diálogo honesto. La no creencia no llega como una revelación súbita, pero sí como una creciente incomodidad lúcida. Durante años nos dicen qué debemos y en qué debemos creer. Pero algunos decidimos no conformarnos con creer por inercia, y ese gesto, aparentemente sencillo, es transformador, pues te hace darte cuenta entonces de que tus creencias no son el resultado de una búsqueda personal sino de una herencia. Dicho de otro modo, no eliges tu fe, pues te fue dada, como una lengua materna, como una forma de mirar el mundo que parecía la única posible. Tus padres te transmiten lo que a su vez habían recibido, sin malicia, sin cuestionamiento, como quien entrega un legado que considera valioso. Pero la toma de conciencia introduce en tí una nueva incomodidad: Durante años habías vivido con la tranquilidad de que el final de esta vida no era el fin. Pero al cuestionar la base que justifica esta presunción, todo lo demás se tambalea y la fe da paso a la duda. ¿Me mantendré en esta incertidumbre serena o, como les sucede a tantos, sentiré el impulso casi instintivo de desear que haya algo más? Pero ya digo "algo", no "alguien".
miércoles, 1 de abril de 2026
•Conciencia cauterizada
La mayoría serían incapaces de detallar cuáles son los diez Mandamientos; de precisar cuántos son los sacramentos -no digamos ya de explicar su sentido-; de recordar cuáles son los pecados veniales, mencionar el nombre de más de cinco o seis personajes bíblicos. O de los Evangelistas. Se verían en serios aprietos para explicar el significado de conceptos como Encarnación, Redención o Trinidad. Términos como IHS, XP o INRI les resultarán ignotos. Y no les preguntes por qué la Semana Santa es variable en el calendario, qué son la Cuaresma o la Pascua, dónde crucificaron a Jesús o por qué aparecen romanos en las procesiones. Sin embargo saben perfectamente lo que es una trabajadera, un costal o las funciones del capataz. Te explicarán al detalle en qué consiste una levantá, rachear o completar una chicotá. Son capaces de reconocer una marcha procesional tras los primeros acordes y distinguir a un gran número de Vírgenes, pues como todos sabemos hay muchas. Es lo que tiene el fervor religioso de todo a cien, la devoción popular de temporada y la falsa religiosidad, esa expresión de fe superficial, sentimentalista o artificial que carece de consistencia práctica y ética en la vida diaria. Que se manifiesta como un celo exagerado por los ritos externos, mientras que interiormente hay un clamoroso vacío espiritual. Es la desconexión entre la fe cristiana y las tradiciones populares, donde la puesta en escena, el espectáculo, las supersticiones, las modas, el sesgo de creencia, la sugestión colectiva, el folklore y las ganas de divertirse, a menudo eclipsan el auténtico sentido religioso. La Semana Santa hace ya mucho que es, casi exclusivamente, un fenómeno estético, de "moda" o de "primavera", más que un acto de auténtica devoción cristiana. La sobriedad religiosa que debería ser inherente a la celebración de la pasión y muerte de Jesús ha saltado por los aires, dando paso a un patético espectáculo de narcisismo, de auto lucimiento, de adopción de costumbres clasistas. A veces, el exhibicionismo adquiere tintes ridículos, el postureo resulta grotesco y el culto a lo material, a la riqueza de los oropeles y al gusto estético resulta casi obsceno. Desgraciadamente para los verdaderos creyentes a menudo se prioriza la "puesta en escena" sobre el mensaje evangélico. Es el triunfo del sentimentalismo sin compromiso. A diferencia del fervor genuino, que implica devoción, piedad y compromiso, el falso fervor es una "enfermedad" espiritual que limita el crecimiento y la verdadera religiosidad. La desconexión entre la conducta y los mandatos de la fe, lo que la Iglesia denomina metafóricamente como "conciencia cauterizada", queda así reforzada.