Vivimos en un mundo de bocazas. Están por todas partes, hasta en los sitios más inesperados. Sólo hay que mirar a la Constitución, concretamente a su artículo 47 cuando dice eso de que "todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada" y atribuye a los poderes públicos la obligación de promover las condiciones necesarias para alcanzarlo. ¡Bocazas! En estos días, de los creadores de la frase "con Franco se vivía mejor", nos llega la de "con Franco todo el mundo tenía casa". Para qué te vas a molestar en consultar los datos del INE, concretamente el que dice que en 1975 -año de la muerte del dictador-, aproximadamente el 28,8% de la población (más de 10 millones) vivía en régimen de alquiler en España. Hoy, con 13 millones más de habitantes, es del 24,7%. Para qué considerar informes técnicos (como los de la Fundación FOESSA) que estimaban que en 1975 el déficit residencial crónico y las viviendas en condiciones severas de precariedad afectaban a cientos de miles de hogares, estimándose entre 100.000 y más de 300.000 infraviviendas y chabolas. Para qué recordar que ese año, en Córdoba, más de 20.000 personas se hacinaban en casi 3000 "casitas portátiles" de paredes de madera de conglomerado y techos de uralita en los barrios de tremendas carencias urbanísticas de Moreras y Palmeras. Para qué acordarse de que buena parte de la vivienda de protección oficial construida en Córdoba hasta 1976 corresponden a los actuales barrios de Sector Sur, Polígono Guadalquivir o La Fuensanta. Los dos primeros, junto a Moreras y Palmeras, forman parte de los quince barrios más pobres de España.
El problema de las mentes cerradas es que siempre tienen la boca abierta».
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