viernes, 6 de noviembre de 2026

Peña y la hija de puta de su hija

Uno podría pensar que nadie se arriesgaría a hacerse daño viendo cómo se lo ha hecho otro antes. Pero, claro, estamos hablando de la sociedad en la que vivimos. Una sociedad donde los procesos electorales han adoptado las lógicas del libre mercado, los partidos practican el marketing político y el ciudadano acepta la mercantilización de la democracia. En este sentido muchos políticos son meros vendedores, sus promesas funcionan como mercancia y los electores son simples consumidores. Es fácil verlo: las campañas electorales son proyectos publicitarios, los debates políticos profundos se sustituyen por eslóganes pegadizos, videos en redes sociales de pocos segundos trufados de exageraciones, medias verdades y bulos. Lo importante son las narrativas emocionales diseñadas para captar la atención en un mercado saturado de información. Y, como en todos los mercados, hay charlatanes, trileros y timadores expertos en vender humo, mercancía averiada o, incluso, capaces de estafarte en la venta. Gentuza que, además, tiene mucho éxito en una sociedad plagada de sectarios, ilusos, ignorantes, gentes polarizadas, adultos asustados, jóvenes desorientados, obreros desclasados... En menos de un mes estamos convocados a votar. Sería buena idea ver lo que los equivalentes ideológicos a nuestros candidatos están haciendo en sus países. Sería bueno que la gente pensara en la situación económica y social a la que Trump -el ídolo de las derechas patrias- ha arrastrado a su país para darse el monumental batacazo en las elecciones de medio mandato. Sería bueno que la gente pensara por qué en la Argentina de Milei -el amiguísimo de Abascal y Ayuso- en apenas seis meses ha aumentado la pobreza un 4,1% hasta afectar ya a uno de cada tres argentinos. Sería bueno que la gente supiera por qué acaba de dimitir el presidente de Paraguay, Santiago Peña, un político que tiene a Trump como referencia y confiesa admiración mutua con Milei. Otro de esos políticos que forma parte de ese club de las derechas radicales americanas que están llevando a sus países al marasmo. El señor Peña ha dimitido tras la crisis desatada por el cierre de uno de los mayores bancos del país, donde dos de cada tres paraguayos tenían su dinero. Tras esto, tres detallitos para que la gente reflexione: Peña entregó a este banco -privado, por supuesto- millonarios recursos de organismos públicos. Peña había mantenido con este banco vínculos patrimoniales a través del grupo que la controlaba. Curiosamente retiró todos sus activos en él hace unos meses. Y, por último, la quiebra del banco ha dejado a miles de paraguayos sin pensión. Y lo que es peor, el Instituto de Previsión Social, que gestiona el sistema de pensiones de la mayoría de los trabajadores del país, mantiene inversiones por unos 355 millones de dólares en este banco. Esta suma equivale alrededor del 9% de la cartera total. Ese dinero de las pensiones seguramente ha volado y dibuja un futuro muy negro para los pensionistas. Ese modelo es el qué proponen nuestras derechas. Peña es amigo personal y aliado del líder de Abascal. Y, lo mejor de todo, la hija del presidente, Constanza Peña, ha encontrado la solución al problema: ha publicado un tuit donde aparece con una camiseta en la que reclama "poner impuestos a los pobres". Cuando las barbas de tu vecino...


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