sábado, 7 de febrero de 2026

Algoritmo rima con Tecnofeudalismo.

El problema vuelve a ser la ignorancia. Quien no ve un precipicio no tiene miedo de despeñarse por él. Un niño pequeño jugará sin precauciones con una pistola cargada porque ignora el terrible daño que le puede causar. “¿Y a mí qué me importa que el algoritmo sepa antes que yo lo que me va a gustar?”. Esto, ahora mismo, lo puede decir cualquiera. El peligro ni tan siquiera se intuye. Como el móvil es mío, como es una idea de mi cerebro la que elige una red, una aplicación, una página, como es mi dedo el que clikea..., creo que soy yo quien controla la situación. Ni tan siquiera intuimos el peligro. Lo primero que necesitaríamos es darnos cuenta de lo que está pasando. Qué es el algoritmo, qué hace, cómo funciona, cómo está cambiando la manera en que funciona nuestro cerebro. Básicamente el algoritmo está diseñado para que a un sitio digital venga mucha más gente y se quede mucho más tiempo. Al principio se enseñaban gatitos juguetones y poco más. Ahora la cosa es más compleja. Y más perversa. Pero los humanos, que somos muy poco "espabilaos, creemos que los efectos malévolos de este engendro sólo tienen que ver con los contenidos. Pocos entienden que esos contenidos eran -al menos al principio- lo de menos. Porque el algoritmo, en realidad, se dedica a conseguir que nuestros cerebros, poco a poco, vayan funcionando como a sus dueños les viene bien. Comienzas a procesar como a la máquina le conviene. Y los resultados están ahí. Miramos a los adolescentes y nos causa pena, vértigo, miedo, lo que les está pasando. El ciberacoso, el aumento de las agresiones sexuales, el empoderamiento del machismo, el hipermaterialismo, la pérdida de empatía, su absoluta dependencia de las redes, nos sumen en congoja; pero, sin llegar a tanto, es igual de triste descubrir que son incapaces de leer entero un artículo de un periódico, mantener la atención más de unos minutos o comprender procesos sencillos, interrelaciones, causas y consecuencias de los hechos... Y, llegados a este punto, políticos sin escrúpulos, que conocen y utilizan la mecánica del algoritmo, la emplean para troquelar votantes que jamás hubieran comulgado con sus intereses y alimentar un ambiente de polarización, de crispación, de enfrentamiento, de violencia verbal, de odio. Y a muchos esto les facilita la vida. Qué maravilla, no estar obligado a pensar, a tener ideas propias, poder vivir sin tener que tomar decisiones, sin asumir responsabilidades porque siempre hay alguien a quien echar la culpa. !¡Quién quiere una enclenque conciencia humana, si tiene dentro un poderoso algoritmo que lo justifica. En fin. Es el tecnofeudalismo. No es solo el futuro de internet, son nuestras vidas y son demasiado valiosas como para dejarlas al siniestro vaivén de los algoritmos. Pero muchos ya han vendido su alma a los oligarcas tecnofachas con lo que ellos conlleva.

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