sábado, 16 de mayo de 2026

Hipernarcisismo

Vivimos el triunfo avasallante de la frivolidad, de lo banal, de lo insustancial y del ideal hedonista. Es el fruto de la imposición del "capitalismo de la seducción" y sus pilares: la hipernecedad consumista y el hiperindividualismo narcisista. El neoliberalismo, más que en receta económica, se ha convertido en una nueva religión política. La mayor proeza neoliberal ha sido la capacidad de imbricarse en todos los resquicios de la sociedad. Ha logrado que las grandes ideologías sucumban ante los livianos valores individuales. Que el individuo, fascinado con su propio ego, haya traspasado instituciones como la familia, la escuela, la democracia, las relaciones de pareja, el matrimonio, la política serena. Y ello ha traído el triunfo de la ligereza; la victoria aplastante de la vida fácil y la liviandad existencial. Toda idea, por elevada o prometedora que sea, queda descalificada ante el temblor del placer inmediato y la embestida del consumo incesante. Frente a la "promesa" de confort y el ocio todo se tambalea. Las nuevas tecnologías facilitan la uniformización ideológica. La inmediatez, el armamento suficiente para hacer trizas cualquier destello de invitación a mirar el pasado. Este tiempo de plenitud rápida y "goce simpar" lo domina todo. Se ha creado un nuevo tipo de ciudadano, un sujeto que debe ser resiliente -es decir, que aguante que el sistema lo putee- automotivado, egocéntrico, emprendedor, narcisista y gestor de sus emociones. Junto a este sujeto ensimismado aparece la "ciencia de la felicidad", con sermones viscosos, frases motivacionales, interesados consejeros y guías de autoayuda sin fin. En España la semilla ha caído en terreno abonado, porque ha sido siempre el país de la banalidad y el servilismo, donde el sueño es parecerse al señorito, esa figura tradicionalmente asociada a la vida cómoda y ociosa, el mando sin esfuerzo y el estatus social. El sistema sabe que mientras el individuo se mire el ombligo no levantará la vista para mirar alrededor y, por tanto, no será consciente de la realidad.

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