viernes, 2 de octubre de 2026

Inconcluso

Hubo un tiempo, no tan lejano, donde la libertad, la igualdad, la solidaridad, la justicia y, en definitiva, la vida de la gente, parecían ser los faros que guiaban el rumbo de la mayor parte de la sociedad. Ahora, sin embargo, lo que importa parecen ser los balances de los fondos buitre o los beneficios de la usura. El neoliberalismo necesita la deshumanización. Solo así funcionan los trapicheos de los mercaderes del templo. Sólo así la clase trabajadora y media-baja (a la que necesitan para gobernar con un barniz democrático) se humilla a vivir con resignación el secuestro de sus derechos y de su supervivencia social. Hoy el neoliberalismo ha logrado, mediante la manipulación dialéctica en medios y redes, imponer la idea de que la persona con dificultades económicas es un fracasado social y el único responsable de su situación. Como si nadie, individualmente, pudiera luchar contra el sistema y sus circunstancias vitales. Ante fracasados e indigentes sociales -nos venden- la razón está en las grandes empresas con sus cohortes de picapleitos. Ellos -nos dicen- representan el "orden" y fuera sólo está el "caos". Y la judicatura, que lanza de sus casas a ancianos y niños, siempre está con ese orden y no con los harapientos sociales

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