viernes, 9 de enero de 2026

Una nueva especie

A lo mejor no es la polarización. A lo mejor no tiene nada que ver con la moral, ni tampoco se trata de una patología global que pudre a la sociedad. A lo mejor no es ya una parte estructural de un sistema que alimenta y se basa en la desigualdad. Ni tan siquiera que ésta favorezca la corrupción y, para cerrar el círculo, a la polarización misma. A lo mejor es que la evolución conduce a la especie humana por un camino aciago. A lo mejor es que, como en la novela "La máquina del tiempo", ya existen dos especies humanas: los que vivimos en la utopía de buscar un mundo mejor y los nuevos "Morlocks", criaturas ignorantes, egoístas, brutales, que depredan irracionalmente el medio y explotan a los primeros. El prototipo de los Morlocks es Donal Trump, un espécimen que, pese a portar chaqueta y corbata está asilvestrado, como demuestran sus continuos excesos gestuales, su lenguaje corporal propio de un mandril, su engorilamiento psíquico o su gusto por ejecutar pantomimas y danzas tribales para regocijo de su tribu. Si el Homo Erectus se cubría ya la cara con pigmentos para sus expediciones de caza, el Homo Trumpus (primo hermano del Homo Netanyahus) se embadurna la jeta con espray naranja y se peina a portazos. Esta nueva especie ha logrado el cenit evolutivo en su empeño en exterminar especies, desertizar hábitats y aniquilar congéneres. Su mayor avance ha sido anular cualquier rastro de conciencia moral. Al Homo Trumpus le apetece el petróleo del otro lado del mar y no se corta un pelo: va, le suelta un garrotazo a su dueño, y se lo queda. Toda esa farfolla de la diplomacia y el derecho internacional se la trae al fresco. Eso es cosa del pusilánime Homo Progre. Un atraso. A su primo, el Homo Netanyahus, le da por arrasar Gaza y se porta exactamente igual que Gengis Kanh incendiando las estepas asiáticas, asesinando niños y aplicando la brutalidad y el terror. Muchos lamentan el grotesco espectáculo de contemplar a este homínido cítrico dando saltitos, ejecutando estúpidos bailes, haciendo mohines insólitos, insultando a jefes de estado, periodistas, personas con discapacidad y, en fin, haciendo el imbécil, pero olvidan que lo han votado millones de compatriotas y lo aplauden muchos más millones de homínidos fuera de su tribu, encantados con la exhibición de poderío irreflexivo que supone dejar el botón rojo al alcance de semejante botarate. Desde luego la inteligencia artificial lo tiene fácil ante el patético estado de la natural.

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