jueves, 19 de marzo de 2026

•Creer en Dios no es de listos

Hace ya un siglo, el psicólogo James H. Leuba se propuso demostrar la hipótesis de que cuanto más instruida es la gente, menos probable es que crea en Dios. Para ello, realizó una encuesta entre científicos estadounidenses, y sus respuestas confirmaron la hipótesis. En 1998 se publicaron dos artículos en Nature mostrando los resultados de sendos estudios en los que se repitieron las encuestas de Leuba. La mayor propensión a la increencia de los “grandes” científicos, Leuba la atribuyó a su “superior conocimiento, entendimiento y experiencia” y los resultados de 1998 confirmarían sus predicciones. Sus autores señalaban: "Hoy, cuanto mayor es el nivel educativo de los individuos, o mejores sus resultados en test de inteligencia o de rendimiento, menos probable es que sean cristianos”. Los datos de que disponemos en España apuntan en el mismo sentido: conforme aumenta el nivel de estudios, disminuye la creencia en Dios; el 90,4 % de los españoles sin estudios creen en Dios, pero sólo el 55,5 % de quienes tienen estudios superiores. Entre éstos, no reza nunca el 43,7 %, pero sólo el 15,8 % de quienes carecen de estudios. Que las creencias religiosas tienen más de intuitivo y emocional que de racional y analítico es algo que -al menos- sospecha cualquiera que sepa lo que significan estos términos. Que la gente cree en Dios con graduaciones diferentes es evidente. La espiritualidad personal tiene que ver con una combinación de factores complejos, y uno de ellos parece ser que el sistema cognitivo, relacionado con el pensamiento analítico, es un factor que puede influir en la incredulidad. Tal vez ello influya también en el hecho que entre los científicos tiende a haber más ateos que creyentes, y que esa proporción aumente a medida de que la excelencia del científico también se incrementa. Un dato demoledor: entre los miembros de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU., la creencia en Dios se desploma a un 7 %. Un 72 % no cree en Dios. Y un 21 % es agnóstico. No en vano decía Einstein: "La palabra Dios es para mí nada más que la expresión y producto de la debilidad humana; y la Biblia, una colección de leyendas venerables, pero bastante primitivas".

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