jueves, 19 de marzo de 2026

•Fundamentalismo

No demonizo la fé. Es más, pienso que creer  en algo es algo natural de un cerebro que piensa, que sabe de su finitud y no la acepta. En lo que no creo es en un ser que controla todas tus acciones, que las juzga con severidad, que las castiga o no, según le tercie, que las premia o no, según le convenga, que impone, que se parece demasiado a lo que piensan los que "gestionan sus negocios" en el más acá. Nunca me ha gustado la denominación de "las religiones del libro". Y no porque no sea verdad, sino porque al contrario que otros libros que abren tu mente y te permiten pensar con mayor creatividad, abstracción y comprensión emocional, la Torá, la Biblia o el Corán son libros de naturaleza dogmática, adoctrinadores, que presentan mandatos divinos, leyes morales y narrativas de autoridad absoluta que no admiten discusión ni crítica racional. Y eso es lo malo, que las religiones imponen una verdad absoluta y fundamental y que lo rebelado desde un púlpito es irrebatible. Y no digamos ya cuando los "gestores" de la fe, los intermediarios, los intérpretes de la doctrina, hacen de su capa un sayo e interpretan los principios de sus religiones a la luz de su ideología. Y puede ser peor cuando los fundamentalistas van de la mano de políticos sin alma. En la Casa Blanca un idiota pedófilo, maltratador, tiene detrás al fundamentalismo religioso que cree que los ricos son los elegidos por dios y que adoran el Mercado. Israel, dice ser el pueblo elegido y, por tanto, tiene el derecho de arrasar territorios y masacrar a su gente para avanzar en su proyecto sionista del gran Israel. En Irán impera una teocracia fundamentalista en la que la mujer no tiene derecho a nada y llena de hombres dispuestos a morir por sus creencias porque ascenderán al paraíso prometido repleto de virgenes. Y muchos gobernantes ultras, también en lo religioso, recolectan votos proclamando su oposición al aborto, a la diversidad sexual, odiando al emigrante, estando en contra de la igualdad de mujeres y hombres, ahondando las desigualdad y la pobreza... Hemos abierto la puerta al fundamentalismo religioso de uno y otro confín, de distinto pelaje, pero igual fisiología, el que destruye el mundo desde dentro y no lo deja avanzar.

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