viernes, 10 de abril de 2026

•Imbéciles y gilipollas

Carlo M. Cipolla publicó hace algunos años un corto ensayo llamado "Leyes de la estupidez humana". Decía Cipolla que siempre infravaloramos el número de imbéciles que nos rodea. Que no llega a ser infinito, pero sí muy elevado. Y que, además, no le damos importancia suficiente al poder para hacer daño que tienen esos imbéciles, sobre todo porque el imbécil, a veces, por su propia estupidez, actúa en contra de sus intereses. Totalmente de acuerdo. En todo caso, yo hablaría no sólo de imbéciles sino también de gilipollas. Trump apareció el otro día en un balcón junto a un florero, perdón junto a Melania, y un conejo gigante. A nadie le pareció raro. Como tampoco nos extrañamos cuando empezó a sacarse aranceles de su bragueta neoliberal y a invadir países a voleo. Nos hemos habituado a ver sus bailecitos patéticos y sus gestos y muecas grotescas. Es un esperpento que se rodea de gente de su nivel, como un vicepresidente tan inepto como engreído o un secretario de Guerra que habla como un niño de seis años. El problema es que la peña no se toma en serio el peligro que esconde esta escoria y cuando todo acabe mal dirá, como en aquel chiste de Gila: "Me habéis matado al hijo, pero lo que me he reído". Trump es un portento: en Venezuela reemplazó el chavismo por el chavismo sin Chavez. En Irán ha cambiado el régimen de los ayatolás por el régimen de otros ayatolás. Este imbécil pasa de expresarse como si fuera un niño de primaria con retraso cognitivo a hacerlo como un chulo matón de taberna: "Abrid el puto estrecho, locos bastardos o el infierno os espera". Mientras, amenaza e insulta a diario a sus aliados, incluso a nivel personal, vitupera a todo el que osa criticar sus acciones y, ahora, ultraja hasta a los que ayer le daban su apoyo incondicional, sin faltarle tiempo para amenazar con "arrasar toda una civilización en una sola noche". A cambio, nos aboca a una crisis económica de incalculables consecuencias. Su megalomanía, excesos verbales, estilo de gobierno basado en la humillación de adversarios y su populismo autocrático y globalmente lesivo lo ponen a la altura de ese monstruo que fue Calígula. Menos mal que Rajoy, otro inepto con el mismo nivel discursivo que un repetidor de 3º de Diversificación, ha venido en su ayuda al decir que "Trump tiene razón". Es lo que pasa cuando el juez García Castellón no te imputa por corrupción porque no sabe quién demonios pueda ser el "M. Rajoy" de los papeles de Bárcenas. O cuando el mismo García Castellón -que casualidad-  hace lo mismo con el caso Kitchen, pese a que unos audios de Cospedal lo involucran de lleno. Te acabas creyendo un genio intocable cuando sólo eres un imbécil que no sabe ordenar correctamente en una frase sujeto, verbo y predicado. Y ojo, porque el próximo gallego en Moncloa promete mejorar la apuesta.

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