Sin duda, el producto mejor acabado del neoliberalismo es el obrero de derechas. Éste se ha convertido en un producto de masas, el sistema lo ha moldeado y perfeccionado tanto que se ha convertido en un esperpento digno de ser exhibido en un museo. Son los "fachapobres", esos individuos que, en sentido estricto no lo son porque ni son ni actúan por sí mismos, sino que son un producto elaborado por la factoría de fachapobres que el capitalismo ha distribuido por el mundo, y que ha conseguido interiorizar primero, para defenderlos después, todos y cada uno de los elementos dialécticos que tradicionalmente han ido vertiendo los fachas naturales, es decir, los facharicos. La pregunta es: ¿cómo es posible que alguien defienda, a veces de forma vehemente, cosas, situaciones e ideas que objetivamente obran en contra de sus propios intereses? Pero, toda esta troupe, ¿qué son? ¿Desclasados? ¿Ignorantes dispuestos a autolesionarse? ¿Actualizaciones masificadas y replicantes del tradicional carajote de toda la vida que no sabe lo que es una clase social y, por tanto, ignora a la que pertenece. Seguramente son el resultado de un sistema educativo fallido y del impacto que provoca esa arma de destrucción cultural masiva, que se aloja en las redes sociales, que es el algoritmo diseñado y controlado por los dueños de la sociedad, un arma que opera sobre unas mentes a las que convenientemente se las educa para el letargo cognitivo. El resultado de este modelo acultural sobrepasa la tradicional e inherente al capitalismo división social, para adentrarse en algunos casos en ese peligroso territorio cultivado por los fascismos que desemboca en la violencia, primero verbal y después física, contra quienes no aceptan ese marco de hegemonía de la ignorancia. Son estos malos tiempos para el sentido común, el sistema ha puesto de moda al "canalla" como paradigma y parece que sobramos quienes aún guardamos un mínimo de sentido común y de decencia, pero adónde puñetas vamos a ir, tenemos que seguir aquí, no conviviendo sino enfrentándonos a toda esta excrecencia intelectual y moral.
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