martes, 4 de agosto de 2026

Puto móvil

Las plataformas online pueden contribuir a la sensación de integración social. ¡Ya! También generan la percepción de tener multitud de amigos. Pero se trata, en la mayoría de los casos, de una simple agregación de contactos que no reemplazan las amistades más o menos íntimas, las auténticas. Se enmarcan en la instantaneidad y sus vínculos son frágiles, cuando no superficiales, inconsistentes o falsos. Por ello acaban generando sensación de vacío: de soledad entre la multitud. Se busca pertenencia, pero lo que se obtiene es una popularidad efímera en base a "me gustas" o a comentarios vacíos. Vivimos en el móvil. Agazapados y sumergidos en la pantalla que nos conecta con el más allá y nos desconecta del más acá. Somos yonkis del aparatito. Parafraseando a Quevedo (el poeta, no el rebuzna frases con rima facilona) "somos hombres a un móvil pegados". En solo una década, hemos pasado de caminar con los cinco sentidos, de observar a nuestro alrededor, de mirarnos a la cara y de prestarnos atención, a movernos cabizbajos y ausentes de la realidad presencial. Incapaces de despegar los ojos de las interfaces tecnológicas más de cinco minutos. Y, entre mirada y mirada al móvil, se nos va la vida.

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