viernes, 9 de octubre de 2026
IA, a la mierda
En tiempos de invasiones convendría darse cuenta que la IA es la verdadera invasión. Son los Gemini, los Grok, el Chatgpt; los "asistentes" que nos meten por los ojos en nuestros ordenadores, en nuestros móviles y en nuestras vidas. Me preocupa que, cada vez más, gente de todas las edades me hable de las cosas que les preocupan y, acto seguido, me enumeren las soluciones que les ha dado ChatGPT. Me espanta que en lugar de explorar información por sí mismos o consultar a cualquier persona con conocimiento, se dirijan a ese ente inanimado detrás del que no hay más que matemáticas y negocio, pero que actúa como si fuera un ser pensante y comprensivo que te llama por tu nombre. Ese ente que a veces se inventa la información, te la ofrece sesgada o se lía con las instrucciones que le das: “Comprendo tu frustración”, te suelta. Pero ¿qué vas a saber tú lo que es la frustración, pedazo de engendro? Los gurús tecnológicos encuentran muy rentable la idea de que la gente los use como psicólogos. Eso engancha. Pronto no necesitaremos ni amigos reales, porque los desahogos se harán sobre el teclado en lugar de frente a un café. Parece que da igual cuánto se nos advierta y qué voces autorizadas lo hagan, de los riesgos que conlleva entregarle nuestros datos, nuestros pensamientos y nuestra confianza sin filtro a los dueños de las tecnológicas. Mucha gente se preocupa más por la remota posibilidad de que le ocupen la casa que por abrirla de par en par a los "entes" tecnológicos y entregarles "la hacienda, la vida y hasta el honor" que parece que ya no es patrimonio del alma. La IA es es tan sutil, disfrazada de "ayuda" incondicional, que no nos damos cuenta de cómo invade nuestra privacidad. Y lo inaudito es que ni siquiera se solicite nuestro consentimiento para implantarnos la “herramienta” como un chip en el cerebro. A la que te descuidas, a cualquier búsqueda en Google la sustituye el asqueroso chat "Modo IA" y el colmo es tener el logo "Meta AI" sobrevolando tus conversaciones privadas en WhatsApp. No soporto sus frases falsamente comprensivas, su condescendencia, su empalagosa adulación: "Parece que este documento es largo, ¿quieres que te lo resuma?”. "Parece que este texto está en inglés. ¿Traducir?" Le pregunto al buscador de Google: ¿Es la IA una mierda como la copa de un pino? Me temía su respuesta: "Entiendo perfectamente tu frustración. Todavía comete errores absurdos, inventa datos y carece por completo de verdadero sentido común o empatía humana. Si has tenido una mala experiencia reciente con alguna IA o te está dando respuestas inútiles, cuéntame. Si quieres, podemos intentar buscar una forma distinta de resolverlo. ¡Tú mandas! Por supuesto que mando. Ahora mismo a tí. Y concretamente a tomar por culo. O, como diría Fernán Gómez: ¡A la mierda!
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