La tendencia de vivir mirándonos el ombligo nos hace cada vez más incapaces de sentir la más mínima empatía por los que sufren. Quizás por eso tanta gente, que se percibe como buena persona, que presume de sus principios cristianos, no siente la necesidad existencial de reaccionar ante lo que ocurre en Gaza. Ni sienten ni padecen ante el fuego de los bombardeos que calcina viviendas, escuelas y hospitales, mientras el humo de la destrucción se mezcla con el polvo de los escombros que sepulta a miles de víctimas. Mientras ya no hay tierra para abrir nuevas tumbas y el aire huele a cadaverina. Las cifras de muertos aumentan a diario, frías y repetidas hasta la saciedad en los medios, ocultando una realidad insoportable: niños desmembrados, familias enteras asesinadas, personas rotas de dolor, destrucciones masivas, médicos que operan sin anestesia bajo la tenue luz de los teléfonos. En Gaza el horror se ha normalizado y el sufrimiento palestino se estrella contra un muro de indiferencia e inacción. Y seguimos esperando algo más. "Matar de hambre es una línea roja”, dicen ahora algunos. Porque los bombardeos diarios no lo son, el asesinato planificado de inocentes no lo es, la persecución y eliminación étnica no lo son, el borrado de cualquier organismo político o social internacional no lo es, como tampoco lo es el hacinamiento y reclusión de la población. Obviamente nada de eso ha sido una línea roja. Nos han acostumbrado a ver como un espectáculo como un misil vuela una escuela o un ejercito profesional acribilla a población civil en una cola de ayuda humanitaria. Y no nos inmutamos. Ya ni siquiera nos conmueve que los niños estén en el centro del horror. Ahora, algunos cínicos se posicionan a favor de "alimentar a los niños" gazatíes, que ver un cuerpo esquelético, coronado por una cabeza desproporcionada y unos ojos enormes que miran a la muerte es muy "desagradable". Nadie les va a tachar de radicales, no se les va a criticar el posicionarte en esto, porque cómo no vas a estar en contra del hambre en la infancia. ¡Qué mueran, pero bien alimentados!Pero eso ya no sirve para nada porque no está acompañado de una denuncia, de una crítica, y de una llamada a la acción. Porque que alguien muera de hambre no es algo que suceda de la nada, alguien ha llevado a la población hasta ese punto, en este caso, Israel es quien está matando de hambre a los gazatíes. Es Israel quien está llevando a cabo un genocidio contra el pueblo palestino. No enunciar eso es estar negando la realidad, es estar adoptando una posición tibia, inútil, cínica e inhumana.
jueves, 31 de julio de 2025
miércoles, 30 de julio de 2025
Los intereses ocultos de las derechas
A veces, los canallas son muy habilidosos a la hora de trazar sus estrategias para conseguir sus objetivos, sobre todo cuando sus verdaderos objetivos están ocultos, camuflados tras falsas apariencias. La obsesión de los neo y ultra liberales por desmontar "lo público" es un buen ejemplo. A ellos "lo público" no les incomoda, siempre que les proporcione oportunidad de negocio. Prueba de ello es que su sueño es llegar al poder para parasitar al Estado. A ellos lo que les molesta es que el Estado invierta en servicios públicos, es decir, que redistribuya la riqueza, esa que ellos consideran algo propio y exclusivo. Por eso nunca les oirás oponerse a que el Estado conceda ayudas y subvenciones a la banca, a las grandes empresas, a los empresarios y sus negocios. Pero también les jode que el Estado sea un "mal ejemplo". ¿Qué es eso de que los funcionarios tengan un trabajo fijo, salarios decentes, derechos laborales garantizados y no puedan ser explotados por empresarios sin escrúpulos?. Detrás de su antifeminismo no está, ante todo, la defensa de la familia tradicional -para ellos tradicional significa carca, como Dios manda- y evitar lo que ellos llaman la "imposición de la ideología de género", lo que hay es una defensa a ultranza de los principios de la extrema derecha, en alianza con sectores eclesiásticos ultras, para garantizar la supremacía patriarcal, el sometimiento de las mujeres y la defensa de los privilegios de los hombres blancos y heteros. Detrás de la política de imposición de aranceles del macarra Trump, en el centro de su interés, sólo está finiquitar el ya maltrecho estado de bienestar comunitario: sanidad, educación y un cierto colchón social que en EEUU solo alcanza la categoría de ciencia ficción. No sea que un día los tan engreídos como ignorantes norteamericanos se den cuenta que su país de las oportunidades es, en comparación, una monumental mierda pinchada en el palo de su narcisismo.
Palabras y fascismo
Uno no se levanta una mañana y decide asaltar el Capitolio de EE.UU. vestido de bisonte para defender a tu presidente "injustamente depuesto". Para llegar hasta ahí, hace falta ser muy imbécil y años de inmersión en un mundo paralelo, donde un gesto semejante se entienda como un acto heroico y no ridículo. Ese mundo es, hoy por hoy, fundamentalmente digital. Las redes trabajan, usando la manipulación y la mentira, por la contrainformación, al servicio siempre de realidades completamente ficticias, por no decir falsas. El robo del lenguaje es su táctica maestra. Hablan de "libertad" mientras construyen estados policiales, blindan fronteras, quieren prohibir el matrimonio homosexual, censuran libros y obras de teatro y organizan cacerías contra los inmigrantes. Usan el término "justicia social" para justificar deportaciones. Hablan de "familia" para aniquilar derechos LGTBI. Ultrajan a las mujeres asesinadas por sus parejas negando la violencia de género Y usando el eufemismo "violencia intrafamiliar ". Y gritan "feminazi" o machirulo para ridiculizar a las mujeres que luchan por sus derechos. Hoy las derechas han aprendido a usar el lenguaje para su propio proyecto reaccionario. Ahora se disfrazan incluso de revolucionarios, de antisistema, de pueblo indignado. Pero debajo del disfraz siguen queriendo lo mismo: desmantelar derechos, blindar privilegios y eternizar el miedo como forma de gobierno. En todos los sitios siguen el mismo manual: Vox se presenta como la voz de los olvidados, pero vota contra limitar los precios del alquiler y contra subir el salario mínimo. Trump se erige como campeón de la clase obrera, pero prioriza bajar impuestos a los multimillonarios y destroza los sindicatos. Milei dice luchar contra la "casta" mientras privatiza lo público a manos de especuladores de élite. No están en contra del poder, solo quieren hacerse con él, venderlo a los poderosos y parasitarlo a perpetuidad. Como siempre han hecho. Colaboran para mutar el capitalismo en tecnofeudalismo y sus populismos autoritarios se hacen pasar por alternativas. El resultado es un "fascismo blando" que no necesita represión directa porque ya ha ganado la batalla del sentido común. La gente vota contra sus intereses porque es ignorante, pero también porque le han enseñado a nombrar la injusticia con palabras que le agradan. La razón y la decencia será aplastada, no por las urnas, sino por las palabras. Y entonces el silencio no será una metáfora: será nuestra tumba.
martes, 29 de julio de 2025
Hasta los cojones. O mejor, hasta el chichi.
En las palabras caben muchas cosas. Se enreda en ellas la vida de cada persona a lo largo del tiempo y el espacio, y su significado se mezcla con la memoria, las razones y los sentimientos que conforman una identidad. Son las palabras las que hacen de la vida un estado de ánimo. Hay palabras que forman parte del amor y sus ilusiones, otras del dolor y la derrota. Hay palabras que se entreveran en medio de un abrazo, un beso o una morada compartida. Hay palabras que se atreven incluso a definir los silencios. Lo que no pueden hacer las palabras es apoyar un genocidio, cerrar los ojos ante la persecución a las personas migrantes, negar la violencia de género, emitir bulos, llenar de basura el periodismo y hasta la vida, defender la desigualdad y ponerse de parte de los miserables. Sospecho que pensaré como pienso hasta que la muerte me separe de mí mismo. "Hasta", la palabra que nos acompaña siempre, la que participa a la vez de nuestras certezas, nuestras dudas, nuestros sueños, nuestros miedos. Pero con tanta demagogia, tanto cinismo, tanta mentira, tanta violencia, tanta basura..., pueden hacernos acabar "hasta" los cojones. Aunque vigilante de los peligros del micromachismo ahora me atrevo a decir que la gentuza con la que comparto mundo me tiene hasta el coño. Aunque para ser más fino diré, en estado de calma, que la zafiedad del mundo me tiene hasta el chichi.
Escribir poesía después de Auschwitz, después de Gaza.
Dijo Adorno que "escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”. Quizá sí, pero es necesario seguir escribiendo. Es casi un deber cuando asistimos a un acto de indignidad tras otro, cuando todos los días nos sirven un genocidio, cuando corremos el peligro de bloquearnos tras alguna frase hecha. No podemos, avergonzados, acogernos al silencio, porque eso nos hace cómplices de los verdugos y nos iguala a las otras muchas gentes que se encierran en la indiferencia. Y el mundo sigue dando vueltas, pero parece que con su eje cada vez más inclinado, porque las calles se llenan de cuerpos vivos, pero los suburbios de las ciudades se llenan de zombis y los cadáveres se acumulan entre los escombros de cualquier ciudad bombardeada. Defiendo la necesidad de la palabra ante las infamias de la historia. Hay que narrar una y otra vez la barbarie humana, aunque sólo sea para incomodar la conciencia de los canallas. Tenemos muchos motivos para sentir vergüenza del ser humano. Y hay que gritarlo, hay que ponerle nombre a lo que ocurre, empezando por los laberintos de los sentimientos propios. Esa es la vieja voluntad de la poesía. Hay que mantenerse vivo, aunque sólo sea para poder contar la verdad del crimen, mantener la denuncia y la memoria. La poesía es como esa madre que necesita ponerle nombre a las cosas para negarse al olvido. Simon Wiesenthal, judío superviviente del campo de concentración de Mauthausen, dijo que sobrevivir es un privilegio que conlleva obligaciones. Escribir poesía después de Gaza es una obligación de compromiso con la palabra que quiere seguir poniéndole nombre al dolor, al amor, a las ilusiones y a los miedos de los seres humanos. Necesitamos que la poesía continúe con sus palabras y sus compromisos humanos después de Auschwitz, después de Gaza. Reforcemos el deseo de buscar palabras para contar la vida, esa vida que resiste y sueña.
Jóvenes falangistas
Es tendencia. Las gentes de bien no logran conciliar el sueño ante la pregunta de por qué muchos chicos, en su mayoría blancos y heteros, de entre 16 y 27 años se están volviendo profundamente reaccionarios. Se lo pregunta Gregorio en las profundas cavilaciones que acompañan a sus esfuerzos por hacer de vientre: "¿Por qué mi Borjamari se está volviendo falangista? ¡Lo intuyo, pero no tengo ni puta idea de por qué! Lo cierto es que los mozalbete pillan el reaccionarismo como quien coge un virus. Malgastamos mucho tiempo en culpar al TikTok, a los influencers e incluso al colapso cognitivo de las inteligencias que provocan las pantallas, pero muy poco en hacer autocrítica. Que sí, que hay mucho de ignorancia, de borreguismo, de falsa rebeldía y de egoísmo XXL, pero ¿no será también que les estamos arrojando a un futuro anunciado de neblina y mierda asegurada?. Igual es que les hemos matado con hechos la fe y los "otros" se la han resembrado con palabrerío vacío y falsas promesas envueltas en pulseritas rojigualdas. Total, que la mierda les impide ver el bosque donde están perdidos y, mucho menos, el lobo con piel de cordero que les devorará. Quizá todo empieza en un sistema educativo que hace mucho tiempo comenzó a priorizar la promoción de curso sobre el aprendizaje real y al que los aprendizajes significativos les importan una soberana mierda. Hoy leo que expertos en juventud advierten del especial euroescepticismo que cunde entre los jóvenes. ¿Y se extrañan? Pero si tienen un brutal desconocimiento, no ya sobre los procesos y el funcionamiento de la Unión y los enormes beneficios que nos trae ser de ella parte, sino que son incapaces de nombrar más de cuatro o cinco de sus países o un par de capitales. Pero si a mí me han llegado a decir que U.E. significa Unión Española. Pero claro, cuando uno ve que que la bicha rastrera y quintacolumnista que nos preside -Von der Leyen- acaba de firmar un acuerdo con el bufón histriónico de Washington después de bajarse las bragas, el euroescepticismo te comienza a correr por las venas.
sábado, 26 de julio de 2025
Los medios si pagan mentirosos
Antes era muy común escuchar aquello de "es verdad, que lo han dicho en la tele". Eso era antes de que muchos medios se hayan convertido en una charca pútrida y pestilente. En este sentido la peor política y los peores medios se retroalimentan. Lo hemos visto esta semana. La exdiputada Noelia Núñez ha sido fichada por el programa "En boca de todos", del telecarroñero Nacho Abad, tan rápido como ha dimitido por descubrirse que falseó su currículum. Sus mentiras han sido premiadas con un micrófono en un programa propagandístico. El tipo de programas que ejercen el dicho de “cuanto peor, mejor para mis intereses económicos y políticos”. Es toda una declaración de intenciones: hasta cuando la mentira es delatada, sentenciada e incluso termina con tu carrera política te ofrecerán un chiringuito al que amorrarte. Ya estamos acostumbrados. Recordemos a Cristina Cifuentes, otra falseadora de títulos y ladrona de cremas. Los medios afines sí pagan a traidores a la decencia y la verdad. Núñez y un determinado tipo de tele demuestran como el pseudo periodismo prevalece y el ruido arrasa con la preparación. Mientras magníficos periodistas jóvenes viven sirviendo copas la morralla periodística y política copa las tertulias televisivas, evidenciando que la meritocracia del estudio no existe. Muchos medios eligen a sus colaboradores meramente por su capacidad de calentar cabezas. Da igual el conocimiento o la profesionalidad, lo importante es el odio o fervor que despierten en los ciudadanos. El show y el rédito político está por encima de la verdad. La mentira ni siquiera está mal vista, ahora se premia. Muchos medios de comunicación ya no se diferencian de las cloacas de las redes sociales, donde la opinión indocumentada e interesada, sin filtros, sin contextos, sin tregua, sin verdad, pero con mucho odio, sectarismo y crispación, triunfan sin paliativos.