miércoles, 29 de abril de 2026

Paco el Bajo

Debajo de las rimbombantes expresiones de las derechas siempre se esconde algo. Y casi siempre es engañoso. Y casi nunca es bueno. Salvo para ellos, claro. Ahora andan con la monserga de la "prioridad nacional". Para los cristianos despistados que votan derechas, decirles que eso no es ni más ni menos que exclusión, racismo y xenofobia, es discriminación de las personas por su origen, es exclusión hacia el diferente, es una patada en la boca al prójimo que no ha nacido donde tu. La trampa es sencilla: ante recursos escasos, nos dicen, los españoles primero. Y el personal lo compra de inmediato, sin caer en la cuenta que para las derechas los recursos siempre van a ser escasos, haya o no inmigrantes, porque se cargan los impuestos progresivos, y automáticamente desciende el dinero para invertir en servicios públicos, y estos quedan raquíticos, abriéndose paso a privatizaciones que siempre favorecen -es curioso- a empresas amigas. Es sistemático. Allí donde gobiernan las derechas, el deterioro de los servicios públicos va de su mano, porque su auténtica y real "prioridad nacional" es el negocio por encima del bienestar colectivo. Así que nadie se engañe, esa “prioridad” que han pactado las derechas significa dejar sin atención médica y sin vacunas a niños y niñas según su origen, o tal vez sin menú escolar. Significa dejar de atender a una mujer que ha sufrido violencia, porque sea peruana, armenia, marroquí o congoleña. O acaso dejar morir sin atención médica a un trabajador que ha sufrido un accidente laboral, porque le delata el color de su piel. Qué buenos cristianos son esta gente. Para ellos su verdadera urgencia es imponer su idea de Patria, esa patria cateta, casposa y reduccionista que se retrotrae al franquismo, la que sueña con regresar a los "valores tradicionales", al catolicismo de rancia sacristía y de única religión posible y "verdadera", a la escuela en manos de la Iglesia, al matrimonio como "dios manda", las mujeres en casa y obedientes, las personas gais y lesbianas perseguidas y encerradas, los pobres y los gitanos (ahora los inmigrantes) tratados como "vagos y maleantes" porque "ensucian" las calles y una sociedad de orden, en la que se sepa bien quién es el patrón y se agache la cabeza ante el señorito. El problema de algunos es que se creen señoritos y no van más allá de ser como Paco el bajo de los Santos Inocentes.

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