viernes, 20 de marzo de 2026

De sociedad a selva

Asistimos a un saqueo generalizado de la memoria. Es una buena metáfora de que a esta voracidad en la que vivimos no se le resisten ni los recuerdos. Y, claro, sin memoria el futuro se vuelve oscuro. Pero ya nada parece poder sorprendernos y la gente tiene unas tragaderas del tamaño de un agujero negro. Lo que juzgábamos hace poco tiempo como imposible, como producto de las distopías más enloquecidas de la ciencia ficción, hoy es realidad. Y da pavor pensar qué será lo siguiente. Todo está infectado por pensamientos -y hechos- de supremacía, de dominio, de explotación, de violencia, de odio, de abuso, de clasismo, de racismo, incluso de genocidio, de injusticia social, que han calado en el ciudadano de a pie. Todo está planificado por élites egoístas que cíclicamente vuelven a tejer la madeja de la historia para seguir exprimiendo todo en busca de satisfacer su avaricia incontenible. Y si encuentran resistencia, usan sus altavoces para que ese mismo ciudadano medio, al que previamente han esclavizado a través de las migajas de la mera subsistencia, tome la forma de machista, explotador, abusador, maltratador y odiador a tiempo completo. O de lo que convenga en cada momento. Aunque muchos intentan resistirse, el tsunami es tan fuerte que cada vez se sienten más inútiles, con menos fuerza para rebelarse ante la injusticia, pervirtiendo lo que un día creímos mecanismos democráticos y haciéndoles pensar en que la solución es, precisamente, la negación de la solidaridad y la igualdad. Sin darse cuenta que una sociedad justa se basa en estos dos pilares. Y que, cuando faltan, la sociedad pasa a ser una selva.

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