miércoles, 26 de agosto de 2026
Poner t8tulo
Vivimos tiempos de zozobra, incertidumbre y miedo. Muchos elementos se conjugan para provocar este estado: la Razón es ninguneada, la ignorancia crece como la espuma, el resentimiento se generaliza, algunos trabajan incansablemente para privarnos de memoria e identidad y prosperan los patrocinadores del odio y la violencia. Solo una auténtica educación - objetivo cada día más lejano- daría al traste con la moldeabilidad de una opinión pública peligrosamente encauzada. Haría falta algo similar a aquella "paideia" griega que era cultura y no aprendizaje práctico, como ahora. Parte de la población mira con recelo todo lo que huele a inquietud intelectual, hecho abonado por el populismo informativo. La desmesurada atención a lo "viral", lo friki, lo conflictivo, el ruido y la furia o a las historias contadas por idiotas establece las condiciones ideales para el irracionalismo más delirante. Dedicar horas y horas a asuntos llamativos, sean o no ciertos, tengan o no asiento racional, acaba por producir adicción en la audiencia. De agitar escándalos más o menos reales con tal de captar feligreses a crearlos de la nada, el paso es más pequeño de lo que parece. Si a esta carencia generalizada de ética profesional se añade el oligopolio mediático que reina en nuestro país, podríamos pensar que el pluralismo informativo está herido de muerte y que a él siguen el ideológico y, a medio plazo, el político. La tecnología, convertida en la nueva teología, coopera gustosamente en el vaciado de las mentes. Algunos creen que vamos hacia una sociedad del desconocimiento. Pero es peor: en esa ya estamos. Ahora vamos a la del pseudoconocimiento. Las personas creen saber mientras chapotean en la charca de la ignorancia más supina. La presunción de veracidad de los mensajes que llegan a través de los cachivaches electrónicos es dogma de fe. Su poder, sin ningún tipo de escrúpulos ni menos aún de control, consigue imponer cualquier versión de los hechos, por estrafalaria que sea. El simulacro, el engaño y la estafa intelectual constituyen el único horizonte accesible a una masa suficiente para mantener sujeto al rebaño. Por la mañana una idea parece ser descabellada. Al mediodía esa idea parece ignominiosa. A primera hora de la tarde, apta para ser debatida. A última hora de la tarde ya está asumida, y al caer la noche se torna obvia. Una vez, y otra, y otra, y otra. Hasta el aburrimiento y la desesperación.
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