El radical capitalismo ha logrado fusionar la esfera emocional y la económica, de modo tal que las emociones se han convertido en una derivación de la conducta económica. El afán consumista invade, coloniza y parasita nuestros vínculos, tanto de las personas con los objetos como de ellas entre sí. Nuestra vida privada se satura de emociones -muchas veces artificiales, provocadas y hasta programadas- al tiempo que se hace pública y notoria, dejando así de ser privada. La intimidad se va difuminando y se exhibe sin pudor en el escenario público de las redes. Lo interior se da la vuelta, pasa a ser exterior y, por ende, contable y medible, carne de control social. Y sin darnos cuenta la mirada continua de los otros es el método de vigilancia perfecto, una jaula de cristal. La "ideología emocionalista" hace que, en la actualidad, el hedonismo esté hipotecado al dinero. La alegría y el placer se adocenan, se embotan al volverse normativos y regulados. Hacemos cosas porque están de moda. Aspiramos a hacer lo que todos hacen. Sólo hay que ver las colas de gente, móvil en ristre, para hacerse la misma foto, desde la misma perspectiva, con la misma pose y el mismo gesto. Y su prisa por subirla a redes, como si fuera algo único e irrepetible, aunque en el fondo late el deseo de proclamar: "yo, también lo hice". Así, las emociones y los sentimientos se producen en cadena, se diseñan, se comercializan, se consumen. Y también se fosilizan. Los que antes fueron oasis de libertad personal han sido desecados, asfaltados y reducidos a componente impersonal de una anodina circunvalación de acciones que siempre provocan la misma emoción. Es el resultado de una época de tecnodependencia, ligada a una borrachera sin fin de despilfarro, de consumo inmoderado espoleado por la publicidad, el espectáculo, Internet y las "mafias" de la información, que someten al individuo a un proceso constante de auto valoración de base económica. Ya no basta el bienestar interior de celosa intimidad. Necesitamos extrovertirlo para buscar aprobación. Nadie despierta interés en redes por leer un libro, dar un paseo, charlar pausadamente con un amigo o tumbarse a ver el cielo. No, hay que exhibirse con acciones y actividades que nos hagan ser envidiables. Las que llevamos a cabo en el escaso tiempo que nos deja cotillear las que los demás hacen e intentar descubrir cuáles están de moda para imitarlas. Y cuando el yo se ve despojado de carácter propio y constreñido a parecerse a los demás construyendo una personalidad-máscara a base de objetos y actividades que son los mismos para todos, la autonomía y la libertad se van a hacer puñetas.
domingo, 1 de febrero de 2026
sábado, 31 de enero de 2026
Kakistocracia
Casi sin darnos cuenta, en muchos sitios se está pasando de la democracia -imperfecta, pero el menos malo de los gobiernos posibles- a la Kakistocracia (derivado del griego kakistos -el peor), un sistema de gobierno gestionado por los ciudadanos menos adecuados, más incompetentes o más inescrupulosos. Líderes que priorizan la obediencia sobre la competencia, que desmantelan las instituciones a través de gobiernos percibidos como “destructores” de la institucionalidad democrática, aplicando el poder del Estado para destruir o eliminar estructuras gubernamentales o estatales que ellos consideran disfuncionales y hostiles. Líderes que coexisten con la falta de ética, donde la mala gestión se asocia a la promoción de prácticas antidemocráticas, falta de transparencia y el uso de la administración pública para beneficio personal o partidista. Líderes que ejercen una mala gobernanza en general, en la que las políticas públicas son frecuentemente ineficaces o diseñadas para beneficiar a un determinado grupo de interés en detrimento de la sociedad. La Kakistocracia captura el descontento y los temores de la ciudadanía y los aprovecha en beneficio propio. Elige candidatos que carecen de la experiencia o habilidades necesarias para desempeñar un gobierno para todos, con antecedentes de corrupción, malversación de fondos o involucrados en escándalos que demuestran falta de ética, pero que fascinan a mucha gente. Sí, el gobierno de los peores ya está aquí. El líder es sólo un figurante, no es el que toma decisiones, es el "elegido" para ser utilizado y, cuando interese, será desechado. No es casualidad que estemos siendo gobernados por los peores; es una elección de otros en la sombra que encumbran a los incompetentes e incapaces, los más inútiles, los que aceptan sin sonrojarse un cargo para el que no están preparados. A los que de verdad son válidos y honestos se hace todo lo posible para que no lleguen al poder: se les ignora, se les silencia, se les ningunea, se miente o fabula para destruir su imagen... Y si, aún así, logran llegar, primero intentan doblegarlos y si se resisten, destruyen su imagen, los "derrocan", matan o secuestran. Pero, ¿por qué la ciudadanía vota a los incompetentes? Pues resulta que las técnicas de ingeniería social, aplicada a través de las redes y unos medios oligopolizados, han conseguido una sociedad saturada de información donde sobre abunda la falta de información veraz. Y sin ella no puede haber pensamiento crítico y criterio personal correctamente formado. Por eso la sociedad vota al relato y no al candidato. La caquistocracia se alimenta y es alimentada por una sistemática inmoralidad violenta del uso del poder que, poco a poco, reemplaza la democracia por un sistema falso, inmoral, astuto y cínico, a menudo abiertamente perverso. ¿Y ésto tiene solución?. Pues, visto lo visto, parece difícil. Quizá si intentásemos desterrar la kakistocracia dentro de nosotros mismos como individuos; si leyésemos un poquito para ignorar un poco menos; si no practicásemos el hooliganismo político y moral; si cultivásemos más la objetividad y la conciencia crítica; si no nos dejásemos gobernar por nuestros peores impulsos; si abjurásemos de la tiranía del bribón y del tonto que cada uno de nosotros alberga dentro, más o menos. Ah, y si mandásemos muchas de las aplicaciones de nuestros móviles a tomar viento y apagásemos esas cadenas y emisoras que parecen tener como única misión encabronar nuestra existencia a tiempo completo... Quizás entonces. Ya sé que un gobierno de poetas y utópicos visionarios no es viable pero, hombre, un poquito de decencia y racionalidad, no nos vendría nada mal.
viernes, 30 de enero de 2026
Cristianos no, Católicos.
Observo últimamente como los ultras españoles han emprendido una campaña para reivindicarse como católicos antes que como cristianos. Por una parte, supongo que en su huida hacia la "pureza de sangre", les produce repelús que les puedan identificar con esa -para ellos- "morralla" de "hermanos de creencias de base" que son los protestantes, los evangelistas, etc. Por otro lado, es obvio que ser católico resulta menos exigente moralmente que cumplir los valores esenciales del cristianismo. El mensaje original del cristianismo sitúa la defensa y ayuda a los pobres como un mandato central, reflejando el amor de Dios y el ejemplo de Jesús, quien se solidarizó con los marginados. La fe debería impulsar a la justicia social y a la acción concreta a favor de los necesitados. ¿Qué mierda de mensaje "zurdo" es ese?. El “ultracatólico” extrema y radicaliza su fe, exagera hasta la intransigencia. Su cristianismo es el del nacionalcatolicismo, no muy alejado del de Torquemada, caracterizado por un integrismo que defiende una interpretación rígida de la moral y contraria al laicismo. Estos católicos, a menudo asociados a la extrema derecha, buscan imponer valores tradicionales, rechazando derechos y diversidad social. Utilizan su interpretación del catolicismo para justificar la discriminación y promover una agenda de odio contra derechos civiles. No olvidemos que se han ido oponiendo a todo tipo de avances: al divorcio, a la despenalización del uso de anticonceptivos, al aborto, al matrimonio homosexual, a la igualdad de género, a la eutanasia... Para ellos, todo eso parece ser que destroza la familia como unidad básica de la sociedad. La suya. Ellos son muy cristianos -perdón, católicos-, pero no he visto nunca a estos ultra católicos manifestarse contra el hambre en el mundo, contra el paro, contra las guerras, contra los bajos salarios o pensione, contra la corrupción bancaria, contra los desahucios de viviendas de familias carcomidas por un sistema ultraliberal. No ahí nunca están. El amor al hermano, la lucha por una distribución más equitativa de la riqueza, los pobres como albaceas del reino de Dios, los suburbios como vergüenza de los lujosos barrios no hay que tomárselos muy en serio. Ante bocas hambrientas los ultracatólicos no se sienten aludidos y proclaman que siempre habrá pobres porque es ley de vida. Y seguro que así es. Pero ellos no moverán un dedo por ayudarles. Para todo tienen explicación, aunque sean sacrílegas. Mientras, cientos de sacerdotes jóvenes de mentalidad reaccionaria proliferan en muchas diócesis. Se les conoce en el ambiente religioso como la fachosfera católica: sacerdotes, relativamente jóvenes, formados en seminarios ultraconservadores, simpatizantes de la ultraderecha y defensores de la férrea moral de Juan Pablo II que, incluso, llegaron a pedir a Dios la muerte del Papa Francisco. Ya otro día hablo de la auto victimización de estos nacionalcatólicos.
Irresponsabilidad y odio
Lo tengo claro: el odio es la principal enfermedad de nuestro tiempo, al menos en las sociedades occidentales. También es un signo inequívoco de decadencia. El hombre no nace odiando, son el medio en el que nace y las "enseñanzas" que recibe las que condicionan su devenir, su forma de ser, su proclividad hacia la indiferencia, la insolidaridad o el odio al diferente. La maquinaria de desinformación y adoctrinamiento global se ha hecho tan grande, tan reiterativa, tan rápida y efectiva, que de poco valen las voces de protesta que se alzan contra su forma de actuar. Hemos banalizado la guerra, el hambre, la injusticia. Permanecemos callados cuando se hacen las mayores atrocidades delante de nuestras narices, toleramos que nuestros hijos no sientan el menor miedo ante la amenaza del fascismo, nos da igual que no sepan que en el fascismo no existe la ley, ni la justicia, ni la palabra, sólo el silencio, la humillación y la muerte. Me dan pena esos jóvenes que se dedican a cantar en las discotecas el Cara al Sol. Pero más pena me dan esas personas mayores, de barrio obrero, con una vida de privaciones por detrás, un presente de carencias y necesidades para sus hijos y un futuro sin horizontes para sus nietos que han hecho del odio su principal bandera. Son gente que, atemorizada, pierde el norte y se dedica -como otros más jóvenes- a despotricar todo el tiempo contra todo y contra todos como si no hubiese un ayer, como si siempre hubiesen vivido en Jauja. Son personas que no se callan en ningún lado, que te exponen sus ideas y opiniones sin que se las pidas, sin miramiento, sin respeto a lo que tu puedas pensar, sin educación. Personas que hacen apostolado las veinticuatro horas del día, que sueñan con un pasado inexistente cara al sol, pero sobre todo con ver despellejado a Sánchez, el responsable de todos sus males -los reales y los ficticios-, el "antiespañol" por excelencia, el hombre que quiere destruir España para entregársela a los moros, a los rumanos, a los menas, a los comunistas, a los okupas, a vascos y catalanes, a los homosexuales, a los proabortistas, a ETA. Un tipejo -piensan- que lleva ya años "hundiendo" España, aunque a ellos no les va del todo mal. Todavía -al menos la mayoría- no hablan de matar, pero si de "limpiar" el país, de volver a lo que había antes. Pero no tienen clara la referencia temporal. ¿En qué momento antes?: ¿hace 40 años, cuando ellos eran jóvenes?, ¿hace 60, en plena dictadura, en un contexto de falta de derechos y libertades?, ¿hace 85 años, con una España destruida, hambrienta y comida de piojos? Tampoco saben, o recuerdan, que la última vez que se limpió España ésta se llenó de miles de fosas comunes. Pero se vive bien odiando, te sube el colesterol, los triglicéridos y la tensión, no es bueno para la salud cardiovascular, pero anestesia conciencias y te libera de responsabilidades: nada como culpar de tus problemas, de tus complejos, de tus miserias, de tus carencias a los que vienen del otro lado de la frontera, a los que son o piensan diferente. Nada como no asumir ninguna responsabilidad. Pero con ello, no entienden que eso no va sólo de asignar culpas a otros, sino también de entregar tú futuro a quienes sólo piensan en el suyo.
jueves, 29 de enero de 2026
Expulsar inmigrantes y otras mierdas
Los mismos de siempre siguen con su campaña permanente de acoso y deseo de expulsión de las personas migrantes. Su principal argumento como siempre son las mentiras, como que son quienes más usan los servicios médicos o municipales, que viven de ayudas sociales, que "quitan" el trabajo a los nacidos en España, o la falacia del concepto del "gran reemplazo". ¿Pero de qué mierda me estáis hablando? Los datos económicos les quitan la razón. Un reciente informe de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos, al hablar de los nuevos afiliados a su régimen concluye que sin los extranjeros no habría ni crecimiento del autoempleo ni nuevas aportaciones a la Seguridad Social (S.S.) Y da un dato: de los nuevos afiliados en 2025 en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos, el 77% corresponde a personas de procedencia extranjera. Según la asociación, cada nueva alta aporta una media anual superior a 3.500 € en cotizaciones, es decir, 3.500 € más de lo que aportó Abascal en toda su vida laboral hasta que empezó a cotizar como político. La S.S. ha superado ya los 3,1 millones de trabajadores extranjeros afiliados, superando el 14% del total de cotizantes. Más datos demoledores: el Banco de España calcula que el 25% del crecimiento del PIB español lo genera la población migrante, y se calcula que aporta el 10% del total de ingresos a la S.S, suponiendo -por contra- sólo un 1% del gasto. Otro dato: el Banco de España calcula que nuestra economía necesitará entre 24 y 25 millones de inmigrantes adicionales hasta 2053 para mantener la relación actual entre trabajadores y pensionistas ante el envejecimiento demográfico. Ante estos datos a muchos se les debería caer la cara de vergüenza porque desenmascaran sus mentiras. Otros deberían reconocer su ignorancia. Y muchos otros deberían darse cuenta de lo ilusos que son permitiendo que les tomen el pelo. Pero los que proclaman las mentiras no cejarán en su empeño, porque a ellos "se la suda" la verdad, la economía española, España y los españoles. A ellos les da igual qué sería de las personas dependientes, como niños o mayores, qué sería de la agricultura, de la construcción, de la hostelería, del comercio..., sin inmigrantes. A estos muñidores de la mentira les da igual que los expertos adviertan que hay profesiones que ya no están teniendo reemplazo generacional, que digan que la única fórmula válida para revertir el vaciamiento rural es la llegada de inmigrantes, aunque después vendan su falsa preocupación por la España vaciada. El 40% de los autónomos españoles tienen más de 60 años, es decir que en 5 años se pueden jubilar medio millón de profesionales. ¿Quiénes esperan los que mandan mensajes xenófobos que cubran sus vacantes? Y un último dato: las prestaciones sociales son recibidas en su 85% del total por españoles, yendo a extranjeros sólo el 15%. Los extranjeros son hoy el 14,1% del total de los empadronados en España. Y, finalmente, es mentira que existan en España ayudas exclusivas para inmigrantes. Lo que si va a misa es que los migrantes irregulares no tienen acceso a ayudas del Estado. Aquí el único reemplazo que se planea es el de la explotación de españoles cuando se expulse a los extranjeros. Y ojalá pudiéramos también reemplazar la ignorancia por conciencia crítica.
miércoles, 28 de enero de 2026
No sé si Dios existe, pero Trump sí existe.
Para no ser creyente me asalta con cierta recurrencia la reflexión sobre la existencia o no existencia de Dios. Quizá sea un mecanismo para liberar la presión que me provoca tanto y tan continuo argumento de que, en caso de existir, sería un ser poco recomendable. Pero, por otra parte, me fascina ver cómo esa entelequia divina es -lo ha sido siempre- objeto de explotación partidista. A muchos, el intento de magnicidio hacia Trump, que apenas le hizo una pupita en una oreja, es una prueba más que contundente de que Dios no existe. Pero en, caso de hacerlo, las derechas tendrían razón al pensar que es de derechas. Si pensamos en el genocidio de Gaza, los musulmanes tendrían razones más que fundadas para pensar que su Dios no existe. O es un vago. O un inútil. Los sionistas, por el contrario, pensarán que el suyo sí existe y, además, les ayuda. Aunque si fuera así, valiente mierda de Dios que favorece la matanza de inocentes. A lo largo de la historia han sido las derechas las que sin duda han sabido "ordeñar" mejor a Dios en beneficio propio. Mucho mejor que las izquierdas creyentes, que en este asunto han sido unos bisoños, unos dejados, pues jamás han utilizado a Dios para hacer políticas públicas de izquierdas. Han permitido así que las derechas hayan capitalizado a Dios, como si el evangelio no tuviera fundamentos más que sobrados para asentar una política a favor de los de los pobres de este mundo y en contra de los mercaderes del templo. Sin embargo las derechas se presentan como defensoras de los principios del cristianismo, pero rechazarían la moción de Jesús de Nazaret para proclamar que el Reino de Dios pertenece a los pobres y votarían en contra de sus medidas a favor de los necesitados, enfermos y oprimidos. En estos momentos, al menos para mí, el gran problema existencial no es si Dios existe o es sólo un plan de pensiones moral de cara al más allá para mucha gente. El problema es que Trump, Netanyahu, Milei o Putin existen. Y eso demuestra que el mal existe. Y, lo peor, existe porque hay gente que quiere que exista usando para ello su derecho a voto. En fin, que tenemos bastantes religiones para odiarnos unos a otros, pero no la útil para amarnos. Y Dios sigue descansando después de su creación del mundo. Pues Él verá, pero así no va a cotizar lo suficiente para una pensión contributiva. Se va a tener que conformar con una asistencial y aguantar que sus cristianísimos ultradeguidores le acusen de cobrar una "paguita".
Vivienda y vividores
Me dan grima los que se hacen cruces cuando se publica el dato de la edad media con la que se independizan los jóvenes españoles. Y, directamente, asco cuando en su papel de cuñado borracho en la barra del bar tiran de argumentos como que "es que en casa de tus padres se vive mejor"; "no piensan en el futuro" o "sólo les gusta divertirse y no ahorran". Estos memos creen que independizarse tarde es una cuestión cultural española y muy española, casi una elección. Son tan cortitos que no entienden que el acceso a la vivienda se ha convertido en un problema estructural que condiciona toda la vida adulta. No es una cuestión de prioridades ni de sacrificio personal: es una cuestión de números que no cuadran porque se prefiere proteger el derecho de algunos. Y la "cortedad de miras" está muy extendida. La prueba es que mucha gente se ha creído el bulo de la derecha de que el principal problema de la vivienda es la okupación, convirtiéndolo de consecuencia en causa. Da igual que les digas que la okupación en España afecta a un porcentaje muy bajo del total de viviendas: en torno al 0,05% , y que sin embargo, un 60% de los hogares españoles experimenta problemas relacionados con la vivienda. Los "de siempre" tienen la clave del problema: hace falta suelo. Y la solución perfecta: hay que liberalizarlo y construir más. De nuevo sus soluciones benefician a los que hacen negocio con la construcción. Además, les da igual la experiencia del estallido de la burbuja inmobiliaria. Quieren vender que el problema de la vivienda es su falta, cuando en España hay 3,8 millones de viviendas vacías, cuando las nuevas viviendas a precio de mercado seguirían siendo inaccesibles para una mayoría. Pero ellos saben que el problema es que el motor del mercado ya no es la necesidad residencial, sino la rentabilidad. Se compra para invertir, no para habitar. Esta dinámica es la que reduce la oferta real y presiona los precios al alza, tanto en la compra como en el alquiler. Y el problema de la vivienda ya es la base de otros de igual gravedad: La deuda hipotecaria y los precios de los alquileres empobrecen a un alto porcentaje de población; ya hay zonas donde estos precios están expulsando a los funcionarios, que, tras pagar el alquiler, no les llega para vivir. Cada vez más universitarios están empezando a renunciar a sus estudios porque no pueden pagarse un alquiler. El problema de la vivienda tiene un impacto directo en la salud mental, afecta a las relaciones personales, a la autoestima... Con salarios bajos, contratos precarios y un paro juvenil que sigue siendo elevado, la emancipación se retrasa más allá de los 30 años o se convierte en un proyecto frágil. Ahorrar resulta casi imposible y cualquier imprevisto pone en riesgo la estabilidad. Y muchos menos siguen preguntándose, por ejemplo, por qué es tan baja la natalidad en España. Parece evidente que resolver la crisis de la vivienda no es solo una cuestión económica, es una cuestión de dignidad y justicia social. Pues ya verás como muchos afectados correrán a coger la papeleta de los que creen que la justicia social es una aberración.