Lo tengo claro: el odio es la principal enfermedad de nuestro tiempo, al menos en las sociedades occidentales. También es un signo inequívoco de decadencia. El hombre no nace odiando, son el medio en el que nace y las "enseñanzas" que recibe las que condicionan su devenir, su forma de ser, su proclividad hacia la indiferencia, la insolidaridad o el odio al diferente. La maquinaria de desinformación y adoctrinamiento global se ha hecho tan grande, tan reiterativa, tan rápida y efectiva, que de poco valen las voces de protesta que se alzan contra su forma de actuar. Hemos banalizado la guerra, el hambre, la injusticia. Permanecemos callados cuando se hacen las mayores atrocidades delante de nuestras narices, toleramos que nuestros hijos no sientan el menor miedo ante la amenaza del fascismo, nos da igual que no sepan que en el fascismo no existe la ley, ni la justicia, ni la palabra, sólo el silencio, la humillación y la muerte. Me dan pena esos jóvenes que se dedican a cantar en las discotecas el Cara al Sol. Pero más pena me dan esas personas mayores, de barrio obrero, con una vida de privaciones por detrás, un presente de carencias y necesidades para sus hijos y un futuro sin horizontes para sus nietos que han hecho del odio su principal bandera. Son gente que, atemorizada, pierde el norte y se dedica -como otros más jóvenes- a despotricar todo el tiempo contra todo y contra todos como si no hubiese un ayer, como si siempre hubiesen vivido en Jauja. Son personas que no se callan en ningún lado, que te exponen sus ideas y opiniones sin que se las pidas, sin miramiento, sin respeto a lo que tu puedas pensar, sin educación. Personas que hacen apostolado las veinticuatro horas del día, que sueñan con un pasado inexistente cara al sol, pero sobre todo con ver despellejado a Sánchez, el responsable de todos sus males -los reales y los ficticios-, el "antiespañol" por excelencia, el hombre que quiere destruir España para entregársela a los moros, a los rumanos, a los menas, a los comunistas, a los okupas, a vascos y catalanes, a los homosexuales, a los proabortistas, a ETA. Un tipejo -piensan- que lleva ya años "hundiendo" España, aunque a ellos no les va del todo mal. Todavía -al menos la mayoría- no hablan de matar, pero si de "limpiar" el país, de volver a lo que había antes. Pero no tienen clara la referencia temporal. ¿En qué momento antes?: ¿hace 40 años, cuando ellos eran jóvenes?, ¿hace 60, en plena dictadura, en un contexto de falta de derechos y libertades?, ¿hace 85 años, con una España destruida, hambrienta y comida de piojos? Tampoco saben, o recuerdan, que la última vez que se limpió España ésta se llenó de miles de fosas comunes. Pero se vive bien odiando, te sube el colesterol, los triglicéridos y la tensión, no es bueno para la salud cardiovascular, pero anestesia conciencias y te libera de responsabilidades: nada como culpar de tus problemas, de tus complejos, de tus miserias, de tus carencias a los que vienen del otro lado de la frontera, a los que son o piensan diferente. Nada como no asumir ninguna responsabilidad. Pero con ello, no entienden que eso no va sólo de asignar culpas a otros, sino también de entregar tú futuro a quienes sólo piensan en el suyo.
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