Para no ser creyente me asalta con cierta recurrencia la reflexión sobre la existencia o no existencia de Dios. Quizá sea un mecanismo para liberar la presión que me provoca tanto y tan continuo argumento de que, en caso de existir, sería un ser poco recomendable. Pero, por otra parte, me fascina ver cómo esa entelequia divina es -lo ha sido siempre- objeto de explotación partidista. A muchos, el intento de magnicidio hacia Trump, que apenas le hizo una pupita en una oreja, es una prueba más que contundente de que Dios no existe. Pero en, caso de hacerlo, las derechas tendrían razón al pensar que es de derechas. Si pensamos en el genocidio de Gaza, los musulmanes tendrían razones más que fundadas para pensar que su Dios no existe. O es un vago. O un inútil. Los sionistas, por el contrario, pensarán que el suyo sí existe y, además, les ayuda. Aunque si fuera así, valiente mierda de Dios que favorece la matanza de inocentes. A lo largo de la historia han sido las derechas las que sin duda han sabido "ordeñar" mejor a Dios en beneficio propio. Mucho mejor que las izquierdas creyentes, que en este asunto han sido unos bisoños, unos dejados, pues jamás han utilizado a Dios para hacer políticas públicas de izquierdas. Han permitido así que las derechas hayan capitalizado a Dios, como si el evangelio no tuviera fundamentos más que sobrados para asentar una política a favor de los de los pobres de este mundo y en contra de los mercaderes del templo. Sin embargo las derechas se presentan como defensoras de los principios del cristianismo, pero rechazarían la moción de Jesús de Nazaret para proclamar que el Reino de Dios pertenece a los pobres y votarían en contra de sus medidas a favor de los necesitados, enfermos y oprimidos. En estos momentos, al menos para mí, el gran problema existencial no es si Dios existe o es sólo un plan de pensiones moral de cara al más allá para mucha gente. El problema es que Trump, Netanyahu, Milei o Putin existen. Y eso demuestra que el mal existe. Y, lo peor, existe porque hay gente que quiere que exista usando para ello su derecho a voto. En fin, que tenemos bastantes religiones para odiarnos unos a otros, pero no la útil para amarnos. Y Dios sigue descansando después de su creación del mundo. Pues Él verá, pero así no va a cotizar lo suficiente para una pensión contributiva. Se va a tener que conformar con una asistencial y aguantar que sus cristianísimos ultradeguidores le acusen de cobrar una "paguita".
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