sábado, 31 de enero de 2026

Kakistocracia

Casi sin darnos cuenta, en muchos sitios se está pasando de la democracia -imperfecta, pero el menos malo de los gobiernos posibles- a la Kakistocracia (derivado del griego kakistos -el peor), un sistema de gobierno gestionado por los ciudadanos menos adecuados, más incompetentes o más inescrupulosos. Líderes que priorizan la obediencia sobre la competencia, que desmantelan las instituciones a través de gobiernos percibidos como “destructores” de la institucionalidad democrática, aplicando el poder del Estado para destruir o eliminar estructuras gubernamentales o estatales que ellos consideran disfuncionales y hostiles. Líderes que coexisten con la falta de ética, donde la mala gestión se asocia a la promoción de prácticas antidemocráticas, falta de transparencia y el uso de la administración pública para beneficio personal o partidista. Líderes que ejercen una mala gobernanza en general, en la que las políticas públicas son frecuentemente ineficaces o diseñadas para beneficiar a un determinado grupo de interés en detrimento de la sociedad. La Kakistocracia captura el descontento y los temores de la ciudadanía y los aprovecha en beneficio propio. Elige candidatos que carecen de la experiencia o habilidades necesarias para desempeñar un gobierno para todos, con antecedentes de corrupción, malversación de fondos o involucrados en escándalos que demuestran falta de ética, pero que fascinan a mucha gente. Sí, el gobierno de los peores ya está aquí. El líder es sólo un figurante, no es el que toma decisiones, es el "elegido" para ser utilizado y, cuando interese, será desechado. No es casualidad que estemos siendo gobernados por los peores; es una elección de otros en la sombra que encumbran a los incompetentes e incapaces, los más inútiles, los que aceptan sin sonrojarse un cargo para el que no están preparados. A los que de verdad son válidos y honestos se hace todo lo posible para que no lleguen al poder: se les ignora, se les silencia, se les ningunea, se miente o fabula para destruir su imagen... Y si, aún así, logran llegar, primero intentan doblegarlos y si se resisten, destruyen su imagen, los "derrocan", matan o secuestran. Pero, ¿por qué la ciudadanía vota a los incompetentes? Pues resulta que las técnicas de ingeniería social, aplicada a través de las redes y unos medios oligopolizados, han conseguido una sociedad saturada de información donde sobre abunda la falta de información veraz. Y sin ella no puede haber pensamiento crítico y criterio personal correctamente formado. Por eso la sociedad vota al relato y no al candidato. La caquistocracia se alimenta y es alimentada por una sistemática inmoralidad violenta del uso del poder que, poco a poco, reemplaza la democracia por un sistema falso, inmoral, astuto y cínico, a menudo abiertamente perverso. ¿Y ésto tiene solución?. Pues, visto lo visto, parece difícil. Quizá si intentásemos desterrar la kakistocracia dentro de nosotros mismos como individuos; si leyésemos un poquito para ignorar un poco menos; si no practicásemos el hooliganismo político y moral; si cultivásemos más la objetividad y la conciencia crítica; si no nos dejásemos gobernar por nuestros peores impulsos; si abjurásemos de la tiranía del bribón y del tonto que cada uno de nosotros alberga dentro, más o menos. Ah, y si mandásemos muchas de las aplicaciones de nuestros móviles a tomar viento y apagásemos esas cadenas y emisoras que parecen tener como única misión encabronar nuestra existencia a tiempo completo... Quizás entonces. Ya sé que un gobierno de poetas y utópicos visionarios no es viable pero, hombre, un poquito de decencia y racionalidad, no nos vendría nada mal.

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