viernes, 30 de enero de 2026

Cristianos no, Católicos.

Observo últimamente como los ultras españoles han emprendido una campaña para reivindicarse como católicos antes que como cristianos. Por una parte, supongo que en su huida hacia la "pureza de sangre", les produce repelús que les puedan identificar con esa -para ellos- "morralla" de "hermanos de creencias de base" que son los protestantes, los evangelistas, etc. Por otro lado, es obvio que ser católico resulta menos exigente moralmente que cumplir los valores esenciales del cristianismo. El mensaje original del cristianismo sitúa la defensa y ayuda a los pobres como un mandato central, reflejando el amor de Dios y el ejemplo de Jesús, quien se solidarizó con los marginados. La fe debería impulsar a la justicia social y a la acción concreta a favor de los necesitados. ¿Qué mierda de mensaje "zurdo" es ese?. El “ultracatólico” extrema y radicaliza su fe, exagera hasta la intransigencia. Su cristianismo es el del nacionalcatolicismo, no muy alejado del de Torquemada, caracterizado por un integrismo que defiende una interpretación rígida de la moral y contraria al laicismo. Estos católicos, a menudo asociados a la extrema derecha, buscan imponer valores tradicionales, rechazando derechos y diversidad social. Utilizan su interpretación del catolicismo para justificar la discriminación y promover una agenda de odio contra derechos civiles. No olvidemos que se han ido oponiendo a todo tipo de avances: al divorcio, a la despenalización del uso de anticonceptivos, al aborto, al matrimonio homosexual, a la igualdad de género, a la eutanasia... Para ellos, todo eso parece ser que destroza la familia como unidad básica de la sociedad. La suya. Ellos son muy cristianos -perdón, católicos-, pero no he visto nunca a estos ultra católicos manifestarse contra el hambre en el mundo, contra el paro, contra las guerras, contra los bajos salarios o pensione, contra la corrupción bancaria, contra los desahucios de viviendas de familias carcomidas por un sistema ultraliberal. No ahí nunca están. El amor al hermano, la lucha por una distribución más equitativa de la riqueza, los pobres como albaceas del reino de Dios, los suburbios como vergüenza de los lujosos barrios no hay que tomárselos muy en serio. Ante bocas hambrientas los ultracatólicos no se sienten aludidos y proclaman que siempre habrá pobres porque es ley de vida. Y seguro que así es. Pero ellos no moverán un dedo por ayudarles. Para todo tienen explicación, aunque sean sacrílegas. Mientras, cientos de sacerdotes jóvenes de mentalidad reaccionaria proliferan en muchas diócesis. Se les conoce en el ambiente religioso como la fachosfera católica: sacerdotes, relativamente jóvenes, formados en seminarios ultraconservadores, simpatizantes de la ultraderecha y defensores de la férrea moral de Juan Pablo II que, incluso, llegaron a pedir a Dios la muerte del Papa Francisco. Ya otro día hablo de la auto victimización de estos nacionalcatólicos.

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